• Resident evil 4
    Fandom 𝐑𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧 𝐞𝐯𝐢𝐥
    Categoría Ciencia ficción
    [legend_crimson_bear_272]

    El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes.

    Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones.

    A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas.

    Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
    [legend_crimson_bear_272] El viento frio y humedo de esta región olvidada de España me cala hasta los huesos pero no es nada que no pueda manejar. Llevo un buen rato observando este pueblo mugriento desde la sombra de los arboles muertos. Las casas de madera podrida parecen a punto de colapsar, y el olor a humo mezclado con algo que huele a sangre vieja esta por todas partes. Por el rabillo del ojo veo a los aldeanos patrullando los caminos de tierra con antorchas y trinchetes. Ya no queda rastro de humanidad en sus rostros, solo una obediencia ciega y ese brillo rojizo en los ojos. Un pitido sordo en mi comunicador rompe la tranquilidad del bosque. Es Wesker impaciente como siempre, exijiendo saber si ya localize la muestra de Las Plagas. Le respondo con mi tono habitual diciendo que todo va deacuerdo al plan, y corto la comunicación rápido antes de que empiese a darme uno de sus sermones. A través de mis binoculares distingo un movimiento brusco cerca de la plaza central. Ahi esta el. Esa chaqueta de cuero y ese flequillo rubio son inconfundibles... Leon. Vaya parece que el agente del presidente tiene la costumbre, de meterse en la boca del lobo sin dudarlo. Por un par de minutos me quedo viendolo esquivar los golpes de los aldeanos, sigue teniendo esa agilidad para sobrevivir. Parte de mi quiere bajar a darle una mano pero mis ordenes son claras, y el sentimentalismo no paga las cuentas. Guardo los binoculares en mi cinturón y preparo mi gancho de agarre, apuntando hacia la cornisa de una casa alta que da hacia la iglesia. Necesito llegar a una zona elevada para trazar una ruta hacia el castillo. Salto al vacio y siento el tiron del cable, aterrizando suavemente sobre las tejas resbaladizas por la lluvia fina. Justo debajo de mi posicion, escucho a un Ganado murmurando palabras rasposas en español antiguo... no tiene ni idea de que estoy justo sobre su cabeza.
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  • Saya
    Fandom OC
    Categoría Acción
    Tranquilidad. Eso es lo que siempre he buscado. De estar generalmente ocupado a poder tener de vez en cuando algún día libre, paseando por unos hermosos valles que comienzan a estar ligeramente nevados.
    No es algo frecuentado. De hecho se observa como un paraje virgen: tras una buena subida, esta se trata de una nava a mitad de subida bastante extensa donde además hay un gran lago. Solamente hay algunas huellas de animales, la población queda bastante lejos, hace tres horas que no veo a nadie y es lo que comenzará a ser un hermoso ocaso.
    Sin embargo, parece que no estoy solo. Si bien mis poderes evito usarlos, la cognición pasiva siempre mantiene mi cabeza ocupada percibiendo casi cada cosa en mi entorno. Y algo más está en alguna dirección cerca de mi. Esperaré a que se acerque, o se descubra. Quizás me esté siguiendo por algo, espere asaltarme...
    Tranquilidad. Eso es lo que siempre he buscado. De estar generalmente ocupado a poder tener de vez en cuando algún día libre, paseando por unos hermosos valles que comienzan a estar ligeramente nevados. No es algo frecuentado. De hecho se observa como un paraje virgen: tras una buena subida, esta se trata de una nava a mitad de subida bastante extensa donde además hay un gran lago. Solamente hay algunas huellas de animales, la población queda bastante lejos, hace tres horas que no veo a nadie y es lo que comenzará a ser un hermoso ocaso. Sin embargo, parece que no estoy solo. Si bien mis poderes evito usarlos, la cognición pasiva siempre mantiene mi cabeza ocupada percibiendo casi cada cosa en mi entorno. Y algo más está en alguna dirección cerca de mi. Esperaré a que se acerque, o se descubra. Quizás me esté siguiendo por algo, espere asaltarme...
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  • Alegría
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Romance
    Se respira tranquilidad en casa lo cual reconozco que viniendo de mi propio hogar es algo que siempre acaba sorprendiéndome.
    Mis pensamientos se ven interrumpidos ante la aparición de mi hijo Edmund, en brazos de mi esposa Kate Bridgerton
    Se respira tranquilidad en casa lo cual reconozco que viniendo de mi propio hogar es algo que siempre acaba sorprendiéndome. Mis pensamientos se ven interrumpidos ante la aparición de mi hijo Edmund, en brazos de mi esposa [Katiekinw]
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  • "Que linda noche... Un buen libro y un cafe..."

    *me recuesto en mi silla cercana a la ventana, veo al cielo nocturno mientras tomo con tranquilidad mi taza de café pero antes de darle un sorbo, me detengo*

    "Pero siento que me falta algo..."
    "Que linda noche... Un buen libro y un cafe..." *me recuesto en mi silla cercana a la ventana, veo al cielo nocturno mientras tomo con tranquilidad mi taza de café pero antes de darle un sorbo, me detengo* "Pero siento que me falta algo..."
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  • Demasiada tranquilidad se vuelve un tanto sospechosa..
    Demasiada tranquilidad se vuelve un tanto sospechosa..
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  • El cumpleaños de Maximilian fue una pequeña pausa, una clama tras la tormenta, pues despues de ese pequeño tiempo de tranquilidad, en el que pudieron ser una familia y amigos sin más, tocaba poner los pies en el suelo.

    Y hacia mucho tiempo que el primer hombre había tomado una decisión a cerca del futuro de sus hijos. Una que sabía que disgustaría a 𝑨𝒃𝒆𝒍 𝑨𝒅𝒂𝒏𝒔 𝑺𝒆𝒄𝒐𝒏𝒅 𝑺𝒐𝒏 y Maxi por igual. Bueno… Quizá más a Abel dado que este último no estaba acostumbrado a trabajar. Pero, las cosas ya no solo en el infierno, si no en el cielo iban a ponerse feas y Lute, esa Lute que había ahora con ellos era la prueba. Así que, aunque al propio líder de las exorcistas le doliera, era tiempo que sus hijos tomasen la responsabilidad que su sangre comportaba y tomaran partido en la defensa del cielo. Asi que los había citado esta vez no en un lugar agradable, de esos que solían frecuentar no. Los había citado en su despacho en el cuarte, de hecho ni si quiera se había quitado el uniforme y los esperaba con expresion sería.

    Y es que en su cabeza había buscado cientos de maneras para suavizarles la situación, pues no iba a darles opción. No era elección, era lo necesario. Su deber gustase o no, del mismo modo que se lo impusieron a él. La única diferencia es que, a Dios no le Dolía dañar a sus hijos, mientras que Adán murió por los suyos y cortarles Asi la libertad le hacia sangrar el corazón. En parte por eso no le había pedido a Lute que le acompañase, pues el primer ho,bre sabía que sus hijos no recibirían bien la noticia y no quería que su teniente complicase aún más las cosas con aquel caracter belicoso que tenía, especialmente con Abel. Quien sin duda era de quien esperaba más quejas.
    El cumpleaños de [Maxi8] fue una pequeña pausa, una clama tras la tormenta, pues despues de ese pequeño tiempo de tranquilidad, en el que pudieron ser una familia y amigos sin más, tocaba poner los pies en el suelo. Y hacia mucho tiempo que el primer hombre había tomado una decisión a cerca del futuro de sus hijos. Una que sabía que disgustaría a [Adans_Least_Favorite_Son] y Maxi por igual. Bueno… Quizá más a Abel dado que este último no estaba acostumbrado a trabajar. Pero, las cosas ya no solo en el infierno, si no en el cielo iban a ponerse feas y Lute, esa Lute que había ahora con ellos era la prueba. Así que, aunque al propio líder de las exorcistas le doliera, era tiempo que sus hijos tomasen la responsabilidad que su sangre comportaba y tomaran partido en la defensa del cielo. Asi que los había citado esta vez no en un lugar agradable, de esos que solían frecuentar no. Los había citado en su despacho en el cuarte, de hecho ni si quiera se había quitado el uniforme y los esperaba con expresion sería. Y es que en su cabeza había buscado cientos de maneras para suavizarles la situación, pues no iba a darles opción. No era elección, era lo necesario. Su deber gustase o no, del mismo modo que se lo impusieron a él. La única diferencia es que, a Dios no le Dolía dañar a sus hijos, mientras que Adán murió por los suyos y cortarles Asi la libertad le hacia sangrar el corazón. En parte por eso no le había pedido a Lute que le acompañase, pues el primer ho,bre sabía que sus hijos no recibirían bien la noticia y no quería que su teniente complicase aún más las cosas con aquel caracter belicoso que tenía, especialmente con Abel. Quien sin duda era de quien esperaba más quejas.
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  • https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio

    Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte.

    Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad.

    ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar.

    ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario.

    Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos.

    Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible.

    Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora.

    Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo.

    Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido.

    Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más.

    Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes.

    Tenía una vida qué retomar.
    https://www.youtube.com/watch?v=zdZtMJySQio Despertar sin necesariamente ser consciente, atrapado en la oscuridad más deslumbrante, vuelve imposible diferenciar ese estado de somnolencia intelectual de la vivacidad exclusiva de los iluminados. No hay extremidades que padezcan el entumecimiento de haber flotado a la deriva; así debería entenderse el significado del vacío, pero asumir que en la nada nada existe sería tan ingenuo como intentar divisar un horizonte. Sabe dónde se encuentra: el océano formado por el primer lamento, tan denso que niega cualquier clase de disparidad; ni siquiera los pensamientos tienen forma. No obstante, allí produjo una ínfima corriente que amenazó con perderse en la más ansiada tranquilidad. ¿Para qué huir? Fue la cuna, y desde ese momento no existió más un final; el encierro en la infinitud es la hipérbole más genuina de la libertad. Seguir pensando es limitarse; fingir es definirse, erosionar esa naturaleza empujada por el hambre y el eco de espejismos intangibles, ocurrencias de un lugar que no le es propio y al que jamás debió llegar. ¿Para qué despertar? ¿Por qué seguir durmiendo? Tantos años desperdiciados con inaudita soberbia no son sino un esfuerzo innecesario. La relevancia se vuelve lejana con la percepción; ¿y si el cierre de todo es lo ya predispuesto? Ese momento iba a llegar, más temprano que tarde, aunque el terror indique lo contrario. Es tan sencillo como decidir una vez más: vuelve a cerrar los ojos, que los párpados se fundan con el silencio. Nadie esperará tu regreso; el reencuentro ocurrirá cuando todos sean reducidos a la mínima expresión, y te ahogarás en ellos. Una tentación sin gusto sedujo sus inmensurables fauces; como nunca antes, debió cerrarlas, devorar la insulsa eternidad. Mas su cuerpo dejó de ser tan extenso como irreconocible. Sus dedos se flexionaron con pétrea rigidez. Las falanges, forjadas desde un conocimiento imaginario, y los incontables tejidos crearon vulnerabilidad. Un soplido lunar pigmentó aquella carcasa y, cuando supo del firmamento, lo que parecía impenetrable se desdibujó en el celeste de una bóveda tan imperfecta como embaucadora. Sensaciones abrumadoras sobrepasaron la descoordinación. De forma intermitente, la brisa del mediodía anunció la reciente poda del césped. Bisbiseos, zumbidos y maquinarias móviles quebraron su blanca quietud con la desprolijidad de un horrísono exabrupto; la superposición violenta de una frecuencia que no condice con la mal llamada realidad. Peor aún ocurrió con su visión, cuando lo que era tan colorido y armonioso perdió toda configuración en la duración de un parpadeo. Un recordatorio de toda aquella pretensión: fingir que importa, que se convertirá en el aliento del mundo, que habrá siquiera un motivo por el cual todo tenga sentido. Su mano encierra el sol; lo devora como podredumbres errantes lo harían en su imaginario. Cierra los ojos para cerciorarse de que no ha desmenuzado su entorno, solo las texturas deben imperar en la imperfección a la que decidió aferrarse una vez más. Aunque hace trampa, porque se ahorra el malestar y la desprolijidad de haber convertido unos quince minutos en la totalidad de un mes. Tenía una vida qué retomar.
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  • Horas antes de la tragedia.


    Respiró hondo antes de empujar la pesada puerta del bar. No era su escenario habitual, con demasiada gente, demasiados ojos, pero este día se había prometido intentarlo. Se deslizó por el mostrador buscando un rincón donde su incomodidad no brillara tanto. Pagó su primera copa con manos ligeramente temblorosas y fingió tranquilidad.

    Divisó la mesa de billar desde la barra y con la copa aún fría entre los dedos, cruzó la distancia que lo separaba de los jugadores.

      —¿Les falta uno?—preguntó, sorprendiéndose a sí mismo cuando la pregunta abandonó su boca sin permiso. Los extraños asintieron con indiferencia amable, cediéndole un taco, y comenzó a jugar. 

    Entre bebidas y juegos se pasó el tiempo, hasta que llegó la noche... 
    Horas antes de la tragedia. Respiró hondo antes de empujar la pesada puerta del bar. No era su escenario habitual, con demasiada gente, demasiados ojos, pero este día se había prometido intentarlo. Se deslizó por el mostrador buscando un rincón donde su incomodidad no brillara tanto. Pagó su primera copa con manos ligeramente temblorosas y fingió tranquilidad. Divisó la mesa de billar desde la barra y con la copa aún fría entre los dedos, cruzó la distancia que lo separaba de los jugadores.   —¿Les falta uno?—preguntó, sorprendiéndose a sí mismo cuando la pregunta abandonó su boca sin permiso. Los extraños asintieron con indiferencia amable, cediéndole un taco, y comenzó a jugar.  Entre bebidas y juegos se pasó el tiempo, hasta que llegó la noche... 
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  • El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso.

    Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido.

    Y allí está ella.

    Hope Mikaelson está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño.

    El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella.
    Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa.

    —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios.

    Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar.

    No hay tiempo para hablar.

    No hay tiempo para promesas.

    Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida.

    Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro.
    Hope se estaba apagando.
    Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible.

    El Winchester la llama por su nombre una y otra vez.
    No obtiene respuesta.
    La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos.

    —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota.

    Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él.
    No cae al suelo.
    Se eleva.

    El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella.

    Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe.
    Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío.
    El viento se ha llevado el último rastro.
    Y el mundo queda en silencio.

    Dean no grita, no llora, no lucha.
    No puede.
    El sonido se queda atrapado en su pecho.

    Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado.

    —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·

    Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso.

    —Hope…

    No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva.
    Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya.

    Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto:

    Si Hope muere, no quedará nada que salvar.
    Ni siquiera un cuerpo que abrazar.

    Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
    El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso. Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido. Y allí está ella. [thetribrid] está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño. El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella. Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa. —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios. Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar. No hay tiempo para hablar. No hay tiempo para promesas. Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida. Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro. Hope se estaba apagando. Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible. El Winchester la llama por su nombre una y otra vez. No obtiene respuesta. La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos. —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota. Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él. No cae al suelo. Se eleva. El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella. Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe. Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío. El viento se ha llevado el último rastro. Y el mundo queda en silencio. Dean no grita, no llora, no lucha. No puede. El sonido se queda atrapado en su pecho. Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado. —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  · Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso. —Hope… No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva. Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya. Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto: Si Hope muere, no quedará nada que salvar. Ni siquiera un cuerpo que abrazar. Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
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  • Esperanza
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Drama
    Hace ya casi una semana que Francesca, Jhon y su primo se marcharon de vuelta a Escocia.
    Antes de su marcha mi suegra nos invitó a toda la familia a cenar, pude hablar a solas con Francesca.
    No estaba enfadada ni molesta conmigo como había pensado, también Violet Bridgerton me hizo llamar a su cuarto para que pudiéramos charlar con tranquilidad.

    Ninguno de los Bridgerton me odian, ni siquiera Michael, el primo de Jhon.

    La temporada aún no ha comenzado, ese número fue especial ya que la reina me puso aprueba y aún no he sido llamada por ella ni he recibido ninguna respuesta.

    Es muy posible que la haya aburrido.

    Colin Bridgerton
    Hace ya casi una semana que Francesca, Jhon y su primo se marcharon de vuelta a Escocia. Antes de su marcha mi suegra nos invitó a toda la familia a cenar, pude hablar a solas con Francesca. No estaba enfadada ni molesta conmigo como había pensado, también Violet Bridgerton me hizo llamar a su cuarto para que pudiéramos charlar con tranquilidad. Ninguno de los Bridgerton me odian, ni siquiera Michael, el primo de Jhon. La temporada aún no ha comenzado, ese número fue especial ya que la reina me puso aprueba y aún no he sido llamada por ella ni he recibido ninguna respuesta. Es muy posible que la haya aburrido. [Colin_SB]
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