• Necesitaba paz para entender todo lo que había sucedido, así que me refugié en el Palacio Sparda junto a mis crías. Allí, el tiempo parecía obedecer leyes extrañas: dos años de crianza y tranquilidad en el palacio equivalían a un simple parpadeo de dos semanas en el infierno. En esa burbuja temporal, me dediqué a observar la inocencia de mis hijos. Era frecuente que, en medio de sus juegos, se acercaran a mi lado para entregarme humildes regalos —flores silvestres o semillas recogidas del suelo—, recordándome la belleza que persistía a pesar de los eventos pasados.
    Necesitaba paz para entender todo lo que había sucedido, así que me refugié en el Palacio Sparda junto a mis crías. Allí, el tiempo parecía obedecer leyes extrañas: dos años de crianza y tranquilidad en el palacio equivalían a un simple parpadeo de dos semanas en el infierno. En esa burbuja temporal, me dediqué a observar la inocencia de mis hijos. Era frecuente que, en medio de sus juegos, se acercaran a mi lado para entregarme humildes regalos —flores silvestres o semillas recogidas del suelo—, recordándome la belleza que persistía a pesar de los eventos pasados.
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  • El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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  • —Un solo día de tranquilidad no me hará daño; ya no importa si mi hermano se ahogó...
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  • Hay cosas que salen a luz y la mentira teminara pronto , tu final cerca la esperansa aun esta presente ~
    -'Ella con tranquilidad y calma-
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  • -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda.

    En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos-

    Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
    -La noche ya había caído hacía rato, y el bar de Ryuji estaba en uno de esos raros momentos de calma. Las luces cálidas colgaban del techo iluminando la madera oscura de las mesas, mientras algunas botellas brillaban suavemente detrás de la barra. El murmullo de la ciudad se filtraba apenas por las ventanas, pero dentro del lugar reinaba una tranquilidad casi cómoda. En una de las mesas cercanas al centro del bar estaba Ryuji, sentado en la silla con la espalda recargada, como si aquel lugar le perteneciera por completo, y en cierto modo así era. Sus botas descansaban despreocupadamente sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, mientras sus brazos se encontraban detrás de su cabeza sosteniéndola con total relajación. Su abrigo oscuro caía ligeramente por el respaldo de la silla, y la tenue luz del bar dibujaba reflejos rojizos en sus ojos- Bueno, un día mas de trabajo bien hecho… ahora solo toca relajarse, supongo.
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  • -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo-

    …Qué fastidio.

    -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios-

    Sabía que hoy iba a ser una de esas noches.

    -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida-

    Déjenme adivinar…

    -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma-

    Tú viniste a matarme.
    La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente-

    …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no?

    -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate-

    Qué clásico.

    -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire-

    Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada.
    Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás-

    Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
    -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo- …Qué fastidio. -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios- Sabía que hoy iba a ser una de esas noches. -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida- Déjenme adivinar… -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma- Tú viniste a matarme. La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente- …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no? -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate- Qué clásico. -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire- Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada. Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás- Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
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  • — Que día tan... A-bu-rri-do. Es agradable la tranquilidad para descansar un poco, pero, al ser demasiada deja de ser grata...
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  • Solo anhelaba un instante de tranquilidad tras el caos que se ha desatado aquí...
    Solo anhelaba un instante de tranquilidad tras el caos que se ha desatado aquí...
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  • // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.//

    ────────────────────────────────────────

    Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro.

    Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad.


    La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith.

    Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia.


    Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos.


    Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal.


    No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos.
    En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora.


    Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida.
    Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba.
    Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca.


    ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí?

    Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto.

    Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella.

    ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad.

    El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar.

    El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar.

    Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía.

    El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera.

    Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto.

    Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal.

    Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores.

    --Pero cometieron un error.--

    Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra.

    Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros.

    Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar.

    Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre.

    En menos de cinco muntos, el silencio regresó.

    El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo.

    Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada.


    Uno de los hombres aún respiraba.
    Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él.

    Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo.
    ─── La próxima vez…
    Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago.
    ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad.

    Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia.

    Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez.

    Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
    // OPEN ROL// Ok con respuesta en mensaje privado, nuevo tema o en comentarios.// ──────────────────────────────────────── Todos podemos caer, todos podemos fallar. Pero existe un momento aún más peligroso que la caída misma: ese instante silencioso en el que la mente se abre apenas lo suficiente para que los viejos horrores respiren desde dentro. Las pesadillas no siempre nacen afuera; muchas veces viven agazapadas en lo profundo, esperando pacientemente el momento de debilidad que les permita filtrarse. Incluso los monstruos que dominan la noche conocen esa sensación. Incluso los depredadores que han sobrevivido siglos entienden lo que es la vulnerabilidad. La noche llegó con su elegancia habitual, como un telón de terciopelo cayendo sobre la ciudad, y con ella la necesidad natural de alimentarse de Zenith. Para la mujer aquello no era una urgencia salvaje, sino un ritual casi íntimo: el mismo camino discreto, el mismo bar de luces cálidas donde el humo de cigarro y el olor a alcohol barato se mezclaban con la música suave y las conversaciones sin importancia. Un lugar perfecto para que un depredador civilizado pasara desapercibido entre humanos que jamás sospecharían lo que caminaba entre ellos. Pero apenas cruzó la puerta supo que algo estaba mal...muuuy mal. No fue un ruido. Fue la ausencia de todos ellos. En lugar del aroma rancio del tabaco y el whisky, su olfato captó algo distinto: cloro, pero debajo de este, escondido como una firma imposible de ocultar… pólvora. Caminó hacia la barra con pasos tranquilos, elegantes, como si nada en el mundo pudiera perturbar su calma. El lugar estaba impecable; las mesas alineadas, el suelo húmedo como si alguien hubiese intentado borrar todo rastro de vida. Se sentó lentamente en uno de los taburetes y apoyó los codos sobre la madera pulida mientras su mirada se levantaba hacia el espejo que colgaba detrás de la barra, aquel espejo donde ella no se reflejaba. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios, una mezcla de diversión y desprecio que apenas curvó la comisura de su boca. ─── ¿Todo esto para cazarme solo a mí? Preguntó con una calma casi insultante mientras se levantaba apoyando su torso en la barra buscando alguna botella y darles a aquellos tipos la vista de su ropa interior de encaje que se alcanzaba a ver en el bode de su vestido corto. Cuando tomó una botella de whisky regreso a sentarse bebiendo directamente de la botella. ─── Debe ser triste creer que mi tranquilidad significa debilidad. El sonido de varios seguros de armas deslizándose al mismo tiempo rompió el silencio. Un instante después, las luces se apagaron de golpe y la oscuridad se apoderó del lugar. El primer disparo llegó acompañado por el estallido de los cristales cuando focos ultravioletas inundaron el bar con una luz brutal, seguida por una lluvia de balas trazadoras que cortaron el aire con precisión militar. Pero para cuando los cazadores comenzaron a disparar, la silla en la que ella estaba sentada ya estaba vacía. El primer hombre apenas alcanzó a girar la cabeza antes de sentir cómo algo se movía detrás de él con una velocidad imposible. Su garganta se abrió en un instante y su cuerpo cayó al suelo mientras el segundo disparaba una escopeta cargada con estacas comprimidas que atravesaron la barra de madera. Ella apareció a su lado como una sombra sólida, torció el arma con una fuerza sobrehumana y lo arrojó contra una mesa que se partió en dos con el impacto. Los atacantes descendieron desde las vigas y las escaleras laterales con disciplina perfecta: trajes tácticos, máscaras filtradas, armas modificadas para enfrentar criaturas como ella. Granadas de plata rodaron por el suelo antes de detonar con destellos blancos; redes metálicas electrificadas se dispararon desde dispositivos montados en los brazos; rifles automáticos vomitaron munición especializada diseñada para penetrar carne inmortal. Claramente habían estudiado cada mito, cada debilidad, cada historia transmitida entre generaciones de cazadores. --Pero cometieron un error.-- Pensaron que estaban cazando a una simple vampiresa. Y en realidad estaban atacando a una criatura que llevaba siglos perfeccionando la guerra. Ella se movió entre los disparos con la fluidez de una danza mortal las balas no rozaban ni su cabello mientras saltaba sobre la barra destruida y arrebataba un arma de las manos de uno de los cazadores para vaciar el cargador a quemarropa contra sus propios compañeros. Otro intentó atraparla con una cadena electrificada, pero ella la sujetó en el aire, tiró de ella con violencia y lo arrastró hasta estrellarlo contra el suelo con tal fuerza que el impacto resonó en todo el bar. Un flash más reveló aquel rostro de bestia, fauces enormes, colmillos bañados en sangre. En menos de cinco muntos, el silencio regresó. El humo flotaba en el aire mezclado con el olor metálico de la sangre. Cuerpos yacían esparcidos entre las mesas rotas, las luces de emergencia parpadeaban en rojo. Ella permanecía de pie en el centro del bar, completamente inmóvil, observando la escena como si simplemente evaluara una obra mal ejecutada. Uno de los hombres aún respiraba. Se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro oscuro detrás de él. Zenith caminó hacia él con pasos tranquilos, el sonido de sus tacones resonando sobre el suelo húmedo mientras se agachaba frente a su rostro. Sus ojos brillaban en la penumbra con un fulgor antiguo, algo que no pertenecía del todo a este mundo. ─── La próxima vez… Murmuró mientras su brazo cambia a una ala de murciélago. ─── entiendan que cantidad no es igual a calidad. Detrás de ella, el espejo del bar volvió a temblar con el parpadeo de las luces de emergencia, y por un instante su reflejo de bestia hibrida apareció brevemente en el cristal como si algo en la oscuridad hubiera decidido reconocer su presencia. Ella lo notó, aunque no dijo nada, porque en ese preciso momento comprendió que aquella emboscada no fue casualidad, alguien ya estaba detrás de ella....otra vez. Era hora de irse, no solo del bar, si no de esa zona por completo.
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  • <<Estilo: Steampunk>>



    -La base que Yorha puso en la tierra había sido destruida, 12B había sido enviada a la tierra para ver, la androide llego por medio de un teleporth, instalado en la cercanía, al salir de la pequeña cabina que en la tierra son máquinas dispensadoras.

    12B hace una llamada al bunker en el espacio, la androide camino seguida por su pod, ella mira a su pod, mientras mantiene la tranquilidad en sus acciones. -

    Pod, manda esta información al Bunker, yo ire a ver en las cercanías.

    -El pod se ubica cerca de ella-

    "Mandando información al bunker, recibiendo respuesta. : sigue investigando 12B, si es necesario pelea pero si el enemigo es poderoso, huye".

    -12B asiste y así comenzó a explorar la zona del desastre, cerca de la zona afectada, estaba un logo de Yorha tirado, 12B se agacha y lo toma pasando los dedos por el cortono de las palabras que forma Yorha, deja escapar un suspiro nostalgico, levanta la mirada al cielo, tratando de ver mas allá de las nubes, estas a despejar el cielo, es ahí cuando se revela lo que a ella le causa nostalgia, se trataba de la luna, que alumbra a todo el lugar con una suave luz plateada.

    Su mente se llena de una escena de cuando todo este en paz, cuando la guerra termine y los humanos regresen a la tierra, ella como todos los demás androides, se le implanto el profundo amor y respeto que todos siente a los humanos, pues fueron ellos quienes crearon los primeros androides y estos impactaron ese amor a los demás modelos después de ellos.

    Sus pensamientos fueron rotos, cuando pod, se acercó para avisar que acaban de llegar una nueva misión, donde 12B debe ponerse en contacto con 9S y 2B para esa mision, ella abre la pantalla de información para ponerse al tanto con los detalles,mientras pod se quedo a lado de ella. -
    <<Estilo: Steampunk>> -La base que Yorha puso en la tierra había sido destruida, 12B había sido enviada a la tierra para ver, la androide llego por medio de un teleporth, instalado en la cercanía, al salir de la pequeña cabina que en la tierra son máquinas dispensadoras. 12B hace una llamada al bunker en el espacio, la androide camino seguida por su pod, ella mira a su pod, mientras mantiene la tranquilidad en sus acciones. - Pod, manda esta información al Bunker, yo ire a ver en las cercanías. -El pod se ubica cerca de ella- "Mandando información al bunker, recibiendo respuesta. : sigue investigando 12B, si es necesario pelea pero si el enemigo es poderoso, huye". -12B asiste y así comenzó a explorar la zona del desastre, cerca de la zona afectada, estaba un logo de Yorha tirado, 12B se agacha y lo toma pasando los dedos por el cortono de las palabras que forma Yorha, deja escapar un suspiro nostalgico, levanta la mirada al cielo, tratando de ver mas allá de las nubes, estas a despejar el cielo, es ahí cuando se revela lo que a ella le causa nostalgia, se trataba de la luna, que alumbra a todo el lugar con una suave luz plateada. Su mente se llena de una escena de cuando todo este en paz, cuando la guerra termine y los humanos regresen a la tierra, ella como todos los demás androides, se le implanto el profundo amor y respeto que todos siente a los humanos, pues fueron ellos quienes crearon los primeros androides y estos impactaron ese amor a los demás modelos después de ellos. Sus pensamientos fueron rotos, cuando pod, se acercó para avisar que acaban de llegar una nueva misión, donde 12B debe ponerse en contacto con 9S y 2B para esa mision, ella abre la pantalla de información para ponerse al tanto con los detalles,mientras pod se quedo a lado de ella. -
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