• 𝙲𝙰𝙿𝙸𝚃𝚄𝙻𝙾 [𝙸] ──── 𝙽𝙴𝙶𝙾𝙲𝙸𝙾𝚂 𝚈 𝙽𝚄𝙴𝚅𝙰𝚂 𝙲𝙰𝚁𝙰𝚂.
    Categoría Acción
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : 𝙀𝙧𝙞𝙣

    La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer.

    El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros.

    Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos.

    Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida.

    Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora.

    Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión.

    Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia.

    Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo.

    ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ────

    Su con voz baja y grave resonando en el ambiente.

    El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas.

    Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    𝚆𝚒𝚝𝚑 : [Black.Rose] La niebla se enredaba entre las columnas de piedra agrietada del viejo mausoleo olvidado, un rincón oculto en el cementerio de las afueras donde ni siquiera los más osados mortales se atrevían a entrar después del anochecer. El lugar olía a tierra húmeda, musgo y décadas de abandono. Apenas un par de velas negras titilaban sobre un altar improvisado, proyectando sombras largas que bailaban sobre los nombres borrados de los sepulcros. Santiago permanecía de pie, inmóvil como una estatua, con las manos entrelazadas a la espalda y la mirada fija en la única entrada visible entre los muros derruidos. Su traje oscuro se confundía con la penumbra, y solo el leve brillo plateado de sus ojos delataba su impaciencia contenida. Había elegido aquel sitio precisamente porque casi nadie acudía allí; ni vivos ni muertos. Un terreno neutral, discreto y cargado de historia. Era un punto de encuentro por ahora. Por varios medios se entero de la existencia de Erin y tenía en cuenta que era un elemento importante en la política vampírica actual, y Santiago no tenía intención de desperdiciar esta reunión. Los negocios que debían tratar eran delicados, de aquellos que podían inclinar balanzas de poder si se manejaban con astucia. Sacó un reloj de bolsillo antiguo, lo miró un instante y lo guardó de nuevo. ──── 𝘠𝘢 𝘭𝘭𝘦𝘨𝘢𝘳á. . . 𝘌𝘴𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘧𝘦𝘤𝘵𝘰. ──── Su con voz baja y grave resonando en el ambiente. El silencio del mausoleo era absoluto, roto solo por el ocasional aleteo de algún murciélago en las alturas. Sonrió ligeramente, paciente, pero con esa tensión propia de quien sabe que está a punto de jugar una partida peligrosa. No sabe lo que le espera; no sabe como será ella, solo espera no llevarse una desilusión y no llegar a un acuerdo mutuo.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    10
    0 turnos 0 maullidos
  • *La presencia de Stolas era el refugio donde mis días se volvían apacibles, y no hubo gesto de cariño suyo que no lograra embriagarme y renovar mi alma con una intensidad infinita.*
    *La presencia de Stolas era el refugio donde mis días se volvían apacibles, y no hubo gesto de cariño suyo que no lograra embriagarme y renovar mi alma con una intensidad infinita.*
    Me gusta
    Me encocora
    3
    1 turno 0 maullidos
  • 100 a 150 líneas por Semana
    Fandom
    Stranger Things
    Búsqueda de
    Rol
    Estado
    Disponible
    𝗦𝗲 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮

    -Para OTP con Magnus Abernathy
    -Con ganas de hacer un rol largo y con mucha tensión, historias
    -Interes en el desarrollo de su relación así como de todo lo que se oculta en el Upside down.
    -Con historias llenas de drama, acción y suspenso, dándole un toque adicional al terror y suspenso.
    -Libertad para desarrollar la historia en conjunto.
    𝗦𝗲 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮 -Para OTP con Magnus Abernathy -Con ganas de hacer un rol largo y con mucha tensión, historias -Interes en el desarrollo de su relación así como de todo lo que se oculta en el Upside down. -Con historias llenas de drama, acción y suspenso, dándole un toque adicional al terror y suspenso. -Libertad para desarrollar la historia en conjunto.
    Me gusta
    1
    0 comentarios 2 compartidos
  • X: Noticias nocturnas, después de 5 horas de no dar señales tenemos información sobre lo sucedió con el diseñador Theo Bennet.

    Xx: Y es cámaras de seguridad afirman que el joven salió del hospital universitario de NY, como se aprecia no iba en sus 5 sentidos, después de una hora caminando sin rumbo topo con pared y al darse la vuelta fue cuando una motocicleta le impacto por el costado

    El vídeo en la pantalla mostraba el accidente obviamente censurado pero se entia claramente la gravedad

    X:Después de algunas horas en reviso y espera a que saliera de un mini coma por fin despertó y está en estos momentos en cuidados intensiva, el doctor Ledesma Romo que estuvo atendiéndolo en todo este momento no trae más detalles

    Dr.Ledesma: Bueno el joven fue impactado, fue el golpe en la cabeza lo más grabe, aún que no uno lesión tuvimos que darle algunos medicamentos para bajar la inchason cerebral, por suerte no tuvimos que llegar a cirujia, por lo que de veía en las cámaras de puede dar paso a opinióned parecidas pero no, el joven no iba en estado de ebriedad ni mucho menos bajo efecto de las drogas, lo que ocasiono este estado fue que el joven entro en un ataque de panico, afortunadamente ya está fuera de peligro, solo hacen falta hacerle unos estudios para descsrtar cualquier secuela.

    X: Y en otras noticias un tráiler de carga fue abatido por fuerzas...

    Theo se encontraba en la habitación comiendo lo que parecía ser una sopa de garbanzos y un pudin de chocolate cuando sus padres entraron a su habitación, desde que se lo llevaron al hospital jamás pudieron verlo

    Arthur Bennet Stefano Sforza
    X: Noticias nocturnas, después de 5 horas de no dar señales tenemos información sobre lo sucedió con el diseñador Theo Bennet. Xx: Y es cámaras de seguridad afirman que el joven salió del hospital universitario de NY, como se aprecia no iba en sus 5 sentidos, después de una hora caminando sin rumbo topo con pared y al darse la vuelta fue cuando una motocicleta le impacto por el costado El vídeo en la pantalla mostraba el accidente obviamente censurado pero se entia claramente la gravedad X:Después de algunas horas en reviso y espera a que saliera de un mini coma por fin despertó y está en estos momentos en cuidados intensiva, el doctor Ledesma Romo que estuvo atendiéndolo en todo este momento no trae más detalles Dr.Ledesma: Bueno el joven fue impactado, fue el golpe en la cabeza lo más grabe, aún que no uno lesión tuvimos que darle algunos medicamentos para bajar la inchason cerebral, por suerte no tuvimos que llegar a cirujia, por lo que de veía en las cámaras de puede dar paso a opinióned parecidas pero no, el joven no iba en estado de ebriedad ni mucho menos bajo efecto de las drogas, lo que ocasiono este estado fue que el joven entro en un ataque de panico, afortunadamente ya está fuera de peligro, solo hacen falta hacerle unos estudios para descsrtar cualquier secuela. X: Y en otras noticias un tráiler de carga fue abatido por fuerzas... Theo se encontraba en la habitación comiendo lo que parecía ser una sopa de garbanzos y un pudin de chocolate cuando sus padres entraron a su habitación, desde que se lo llevaron al hospital jamás pudieron verlo [meteor_charcoal_turtle_877] [ember_pearl_mule_670]
    Me gusta
    1
    43 turnos 0 maullidos
  • 𝖨𝖿 𝗅𝗈𝗏𝖾 𝖼𝖺𝗇 𝗅𝖺𝗌𝗍 𝖿𝗈𝗋𝖾𝗏𝖾𝗋, 𝖨 𝗁𝗈𝗉𝖾 𝗂𝗍 𝗅𝗈𝗈𝗄𝗌 𝗅𝗂𝗄𝖾 𝗎𝗌.

    Ha-Rin había escuchado muchas veces que el amor eterno se parecía a los grandes gestos.

    A las promesas bajo la lluvia.

    A los besos dramáticos en aeropuertos.

    A las declaraciones capaces de detener el tiempo.

    Pero, mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la espalda de Ji-Hyun en medio de la sala, llegó a la conclusión de que quizás todos estaban equivocados.

    —No te muevas —ordenó con una sonrisa mientras extendía los brazos y se inclinaba ligeramente hacia adelante.

    Aquella escena, vista desde afuera, debía parecer absurda. Cualquiera pensaría que estaban jugando o perdiendo el tiempo de la forma más ridícula que se les podría haber ocurrido. Y, tal vez, era exactamente eso y, sin embargo, ninguno quería estar en otro lugar o hacer otra cosa.

    —¿Sabes qué es gracioso? —preguntó el joven artista, aún concentrado en no caer.

    —Antes de que existiera un nosotros, pensaba que las parejas felices hacían cosas mucho más interesantes que esto: viajes románticos, cenas elegantes, flores, promesas solemnes, momentos perfectos... Cosas de películas y, a pesar de que hacemos esas cosas, luego tenemos momentos como estos y me gustan mucho más.

    Años atrás, ambos habían creído que el amor se medía por los momentos extraordinarios. Ahora sabían que se trataba de cosas simples.

    En las mañanas compartidas.

    En las compras del supermercado.

    En las series que nunca terminaban porque se quedaban dormidos a mitad del capítulo.

    En las fotografías borrosas.

    En los silencios cómodos.

    En una mirada compartida.

    En la confianza absoluta de poder ser ridículos frente al otro sin sentir vergüenza.

    En la tranquilidad de saber que siempre habría alguien esperando al final del día.

    Ha-Rin volvió a centrar su atención en Ji-Hyun. Lo observó allí, relajado, sin ninguna prisa por levantarse, como si aquella posición fuese lo más cómodo del mundo.

    Entonces comprendió algo.

    Quizás el amor eterno no tenía una apariencia espectacular.

    Quizás no era una fotografía perfecta ni una historia extraordinaria.

    Quizás era esto.

    Porque, al final, el amor no se medía en la intensidad de un instante.

    Se medía en la permanencia.

    En las risas compartidas sin motivo.

    En la facilidad de existir juntos a pesar de la rutina.

    En la confianza.

    En no sentir la necesidad de demostrar nada.

    En los años pasando sin que ninguno deje de elegir al otro.

    Ha-Rin sonrió una vez más y finalmente se dejó caer de rodillas al lado de Ji-Hyun. Acomodó alguno de los mechones rebeldes del cabello de su pareja y luego besó suavemente su sien.

    —Si el amor puede durar para siempre, espero que se parezca a nosotros.


                                                       ≽(•⩊ •マ≼  𖾕𖾝꙼ᩚ𛲕𖾟
    💕 𝖨𝖿 𝗅𝗈𝗏𝖾 𝖼𝖺𝗇 𝗅𝖺𝗌𝗍 𝖿𝗈𝗋𝖾𝗏𝖾𝗋, 𝖨 𝗁𝗈𝗉𝖾 𝗂𝗍 𝗅𝗈𝗈𝗄𝗌 𝗅𝗂𝗄𝖾 𝗎𝗌. Ha-Rin había escuchado muchas veces que el amor eterno se parecía a los grandes gestos. A las promesas bajo la lluvia. A los besos dramáticos en aeropuertos. A las declaraciones capaces de detener el tiempo. Pero, mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la espalda de Ji-Hyun en medio de la sala, llegó a la conclusión de que quizás todos estaban equivocados. —No te muevas —ordenó con una sonrisa mientras extendía los brazos y se inclinaba ligeramente hacia adelante. Aquella escena, vista desde afuera, debía parecer absurda. Cualquiera pensaría que estaban jugando o perdiendo el tiempo de la forma más ridícula que se les podría haber ocurrido. Y, tal vez, era exactamente eso y, sin embargo, ninguno quería estar en otro lugar o hacer otra cosa. —¿Sabes qué es gracioso? —preguntó el joven artista, aún concentrado en no caer. —Antes de que existiera un nosotros, pensaba que las parejas felices hacían cosas mucho más interesantes que esto: viajes románticos, cenas elegantes, flores, promesas solemnes, momentos perfectos... Cosas de películas y, a pesar de que hacemos esas cosas, luego tenemos momentos como estos y me gustan mucho más. Años atrás, ambos habían creído que el amor se medía por los momentos extraordinarios. Ahora sabían que se trataba de cosas simples. En las mañanas compartidas. En las compras del supermercado. En las series que nunca terminaban porque se quedaban dormidos a mitad del capítulo. En las fotografías borrosas. En los silencios cómodos. En una mirada compartida. En la confianza absoluta de poder ser ridículos frente al otro sin sentir vergüenza. En la tranquilidad de saber que siempre habría alguien esperando al final del día. Ha-Rin volvió a centrar su atención en Ji-Hyun. Lo observó allí, relajado, sin ninguna prisa por levantarse, como si aquella posición fuese lo más cómodo del mundo. Entonces comprendió algo. Quizás el amor eterno no tenía una apariencia espectacular. Quizás no era una fotografía perfecta ni una historia extraordinaria. Quizás era esto. Porque, al final, el amor no se medía en la intensidad de un instante. Se medía en la permanencia. En las risas compartidas sin motivo. En la facilidad de existir juntos a pesar de la rutina. En la confianza. En no sentir la necesidad de demostrar nada. En los años pasando sin que ninguno deje de elegir al otro. Ha-Rin sonrió una vez más y finalmente se dejó caer de rodillas al lado de Ji-Hyun. Acomodó alguno de los mechones rebeldes del cabello de su pareja y luego besó suavemente su sien. —Si el amor puede durar para siempre, espero que se parezca a nosotros.                                                    ≽(•⩊ •マ≼  𖾕𖾝꙼ᩚ𛲕𖾟
    Me encocora
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte.
    A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen.
    Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror".
    En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan.

    Capítulo 1:
    Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente.
    Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano.
    Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío.
    —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal.
    Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad.
    Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid.
    Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa.
    A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto.
    Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás.
    —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes.
    Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47.
    El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje.
    Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones.
    Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra.
    —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono.
    —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta.
    —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores.
    —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita.
    Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas.
    —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo.
    —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano.
    Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla.
    —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto.
    Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Leila Ferrari, la indomable líder de la mafia siciliana en Neo-Madrid, se enfrenta a un torbellino de desafíos que ponen a prueba su fuerza y determinación. Desde emboscadas sangrientas por parte de la mafia rusa hasta traiciones internas que amenazan su imperio, Leila debe navegar un mundo brutal donde cada decisión es cuestión de vida o muerte. A pesar de su fría exterioridad y su educación en la crueldad, los reproches de su padre, Matteo Ferrari, y la ausencia de Gianluca, el hombre del que se ha enamorado y que está en prisión, la persiguen. Mientras Leila lucha por mantener el control de sus negocios y la lealtad de su gente, la presión de su linaje y las dolorosas memorias de su infancia la empujan al límite. Con su cumpleaños número veinte marcado por la búsqueda de contactos y la consolidación de su poder, Leila se debate entre el deseo de dominar y la vulnerabilidad que intenta ocultar. Massimo Marttini, un aliado enigmático, observa de cerca sus luchas internas, decidido a romper las barreras emocionales de la "principessa del terror". En este trepidante relato de lealtad, amor y poder, Leila Ferrari descubrirá si puede forjar su propio destino en un mundo que siempre ha intentado quebrarla, o si sucumbirá a las sombras que la acechan. Capítulo 1: Leila se miró al espejo, ultimando los detalles de su atuendo antes de partir hacia el CADS. A pesar de su juventud, su sola presencia imponía una autoridad y una experiencia que parecían trascender sus años. Su tez de un tono oliva dorado, testamento de su herencia siciliana, resplandecía bajo la luz. Su rostro de simetría perfecta, con pómulos altos y definidos, le otorgaba un aire de elegancia innata, pero eran sus ojos verde esmeralda los que delataban su verdadera naturaleza. Ocultos parcialmente tras unas gafas polarizadas estilo Cat-Eye de Lens Luxe, escrutaban el reflejo con una intensidad calculadora. Sus labios carnosos formaban una ligera sonrisa, una fina línea que separaba la sensualidad del peligro inminente. Vestida con un diseño corto de encaje y chifón de la firma Lilith Supreme que abrazaba sus curvas, irradiaba poder. Cada detalle había sido meticulosamente seleccionado: desde las uñas cuadradas en tono azul cobalto, pasando por los pendientes Orion y la pulsera led que brillaban con un pulso eléctrico, hasta el anillo de oro amarillo y zafiros que coronaba su mano. Exhaló un suspiro profundo, cargado de hastío. —Con el mal ánimo que me ha dejado la visita a Gian —murmuró para sí misma, arrastrando las vocales con el inconfundible deje de su tierra natal. Salió del cuarto y recorrió el pasillo de la segunda planta. La majestuosa casa colonial de la mafia italiana irradiaba un lujo asfixiante. Los suelos de majólicas en tonos terracota, los candelabros de cristal veneciano y los pesados cortinajes de terciopelo burdeos quedaron atrás mientras descendía por la escalera hacia el sótano. El ambiente en el garaje era radicalmente distinto; frío, con un eco resonante y bañado en luces tenues que sugerían un refugio diseñado para huidas en la oscuridad. Se acercó a su Ferrozzi Siracusa, una máquina imponente de color vino tinto metalizado. Abrió la puerta, se acomodó en los asientos de cuero y se ajustó el cinturón. Con un ronroneo profundo, el motor cobró vida, y el vehículo abandonó el encierro para devorar las calles de Neo-Madrid. Era una mañana fresca. El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de la urbe, pero las sombras de la ciudad ya albergaban sus propios monstruos. En la esquina de la calle Embajadores, Raiza Romanova, líder de una de las facciones más temidas de la mafia rusa, aguardaba en completo silencio. Sus sicarios la rodeaban como espectros, tensos, con la mirada clavada en la intersección, esperando la señal de su jefa. A lo lejos, el Ferrozzi de Leila se deslizaba por el asfalto con la arrogancia de quien se sabe dueña del territorio. Conducía sola, una temeraria demostración de su poder que, aquella mañana, le costaría un precio muy alto. Cuando el deportivo se acercó a la intersección de la Plaza de Cascorro, frente a la imponente estatua de Eloy Gonzalo, Raiza alzó una mano. En fracción de segundos, la trampa se cerró. Uno de los vehículos de los rusos salió disparado de una bocacalle, frenando en seco frente a Leila y bloqueando por completo su avance. Ella hundió el pedal del freno; las manos se le agarrotaron en el volante mientras el instinto de supervivencia afilaba sus sentidos. Antes de que pudiera meter la reversa, un segundo coche le cortó la huida por detrás. —No seré yo quien muera, maldita... —siseó entre dientes, con la sangre latiéndole en las sienes. Lejos de paralizarse, abrió la puerta de una patada, se parapetó tras el metal del coche y desenfundó su pistola M9. Dos automóviles más se aproximaron por los flancos. La orden de Romanova era clara, y fue ella misma quien rompió la quietud matutina abriendo fuego con su rifle de asalto AK-47. El estruendo de los disparos destrozó la tranquilidad del barrio. Leila devolvió el fuego con una precisión feroz, el rostro desencajado por la concentración mientras defendía su vida a capa y espada. Pero la inferioridad numérica era abrumadora. Un proyectil enemigo encontró su blanco, perforándole el brazo. El impacto le arrancó un grito sordo de dolor, pero no se rindió. Aún herida y sangrando profusamente, mantuvo la posición, disparando con una determinación salvaje. Satisfecha con el daño infligido y consciente de que el estruendo pronto atraería miradas indeseadas, Raiza gritó la orden de retirada. La emboscada había cumplido su propósito: quebrar la coraza de invulnerabilidad de la reina siciliana. Los motores rugieron, y los vehículos rusos se esfumaron entre las sombras de los callejones. Leila se quedó sola. Apoyó la espalda contra el chasis magullado de su Ferrozzi, respirando por la boca mientras el dolor punzante le subía por el hombro. Rebuscó torpemente en su bolso con la mano ilesa hasta dar con el teléfono. Marcó a emergencias, sabiendo que el tiempo corría en su contra. —¿Ciao? ¿Hablo a la policía? —preguntó en cuanto la línea dio tono. —¿Policía Nacional? Así es —respondió una voz masculina, sobria y atenta. —Necesito ayuda. Estoy herida, me dispararon. Estoy en la Plaza de Cascorro, esquina con Embajadores. —Entendido. Van una unidad y una ambulancia para allá, señorita. Cortó la comunicación y se dejó caer un poco más contra el coche, apretando los dientes. Minutos después, el chirrido de unos neumáticos anunció la llegada de una patrulla. El oficial apagó el motor y salió rápidamente del vehículo, acercándose a ella con paso firme. Leila alzó la vista, evaluándolo tras los cristales rotos de sus gafas. —Ciao... —murmuró, la voz tensa por el esfuerzo. —Agente Emilio Cruz, señorita. ¿Dónde fue la herida? —inquirió él, con un tono de urgencia matizado por su deje mexicano. Leila señaló su brazo ensangrentado con un leve cabeceo. Emilio soltó un suspiro pesado al comprobar la gravedad de la lesión. Sin perder un segundo, se despojó de su gruesa camiseta negra de cuero y la apretó con fuerza alrededor de la herida para contener la hemorragia. Leila tensó cada músculo de su escultural cuerpo, luchando por disimular la agonía y la rabia hirviente que amenazaba con desbordarla. —¿Vamos? —preguntó ella, irguiendo el mentón con orgullo herido pero intacto. Con sumo cuidado, Emilio la sostuvo por el lado sano, escoltándola hasta el asiento trasero de la patrulla. Cerró la puerta tras ella, rodeó el coche y se puso al volante, acelerando de inmediato para alejarla del eco metálico y la sangre que manchaba la plaza.
    Me encocora
    1
    2 turnos 0 maullidos
  • Lilithia Feu 🪷🌸

    -La inmensa sala del trono permanecia en un profundo silencio, solo el sonido del crepitar de las velas que iluminaban esa oscura sala, como tambien el latir del corazon de ambos individuos, no necesitaban palabras, la cercania era suficiente para transmitir lo que ambos sentian en ese momento, el calor de sus cuerpos, la cercania y confianza entre ambos, el amor que ambos sentian entre si. Lilithia descansaba sobre el regazo de Vaelith, con la cabeza apoyada sobre su pecho mientras el la observaba en silencio con una serenidad totalmente absoluta. Sus brazos se encontraban recostados en el apoya brazos de su trono-

    -Sin embargo, una tercera extremidad estaba colocada sobre la cintura de Lilithia Feu 🪷🌸, sosteniendole con delicadeza, con un cariño profundo. No era un brazo de carne y hueso, sino una manifestacion de su propia alma. Aquella extension solo aparecia cuando Vaelith dejaba caer la mascara de Monarca implacable, era la oscuridad misma tomando la forma para proteger lo que mas amaba, esa misma extremidad daba un sentimiento de profundo amor y lealtad, solo aparecia con la persona indicada, como un lazo de alma, como una proteccion, como una marca que indicaba, que ella le pertenecia a el, y solo a El-
    [Lili_Feu80] -La inmensa sala del trono permanecia en un profundo silencio, solo el sonido del crepitar de las velas que iluminaban esa oscura sala, como tambien el latir del corazon de ambos individuos, no necesitaban palabras, la cercania era suficiente para transmitir lo que ambos sentian en ese momento, el calor de sus cuerpos, la cercania y confianza entre ambos, el amor que ambos sentian entre si. Lilithia descansaba sobre el regazo de Vaelith, con la cabeza apoyada sobre su pecho mientras el la observaba en silencio con una serenidad totalmente absoluta. Sus brazos se encontraban recostados en el apoya brazos de su trono- -Sin embargo, una tercera extremidad estaba colocada sobre la cintura de [Lili_Feu80], sosteniendole con delicadeza, con un cariño profundo. No era un brazo de carne y hueso, sino una manifestacion de su propia alma. Aquella extension solo aparecia cuando Vaelith dejaba caer la mascara de Monarca implacable, era la oscuridad misma tomando la forma para proteger lo que mas amaba, esa misma extremidad daba un sentimiento de profundo amor y lealtad, solo aparecia con la persona indicada, como un lazo de alma, como una proteccion, como una marca que indicaba, que ella le pertenecia a el, y solo a El-
    Me gusta
    Me encocora
    5
    3 turnos 0 maullidos
  • *La pasión que despierta la copa del mundo es muy grande. El deporte más hermoso y popular del planeta reúne a los mejores, y por eso cada partido es verdadera emoción e intensidad.
    Desgraciadamente no está exento de polémica...*

    —¡Era roja! ¡Una plancha al tobillo por la espalda es roja directa!

    *Al ser creación humana, el futbol puede no ser perfecto. Sin embargo, a veces, la negligencia y la falta de seriedad pueden manchar las cosas.*

    —¿Dónde está la tecnología que tanto presumen? ¿Por qué no revisaron la jugada? ¡Ese jugador está jugando de a gratis!
    *La pasión que despierta la copa del mundo es muy grande. El deporte más hermoso y popular del planeta reúne a los mejores, y por eso cada partido es verdadera emoción e intensidad. Desgraciadamente no está exento de polémica...* —¡Era roja! ¡Una plancha al tobillo por la espalda es roja directa! :STK-77: *Al ser creación humana, el futbol puede no ser perfecto. Sin embargo, a veces, la negligencia y la falta de seriedad pueden manchar las cosas.* —¿Dónde está la tecnología que tanto presumen? ¿Por qué no revisaron la jugada? ¡Ese jugador está jugando de a gratis! :STK-77:
    Me emputece
    1
    4 turnos 0 maullidos
  • * Al principio, le costaba admitir que le interesaba asistir al evento mundialista; sinceramente, la idea de pasar horas frente a un partido no le resultaba nada estimulante. Sin embargo, no pudo resistirse a la energía electrizante que flotaba en el aire; era un ambiente tan vibrante y contagioso que terminó por absorberlo por completo. Eso sí, tenía una regla inquebrantable: bajo ninguna circunstancia volvería a asistir en solitario. Había aprendido la lección tras las amargas experiencias de antaño, así que ahora siempre se aseguraba de estar bien acompañado por su pareja.
    De pronto, rompiendo la tensión del momento, lanzó un tono despreocupado: *

    — Oye, 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗 𝖒𝖔𝖗𝖓𝖎𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 , ¿me alcanzas una cerveza? —

    *Acto seguido, rodeó la cintura de su compañero con firmeza, atrayéndolo hacia sí en un gesto posesivo y protector, como si quisiera marcar territorio ante el resto de la multitud y asegurar que nadie más se atreviera a acercársele.*
    * Al principio, le costaba admitir que le interesaba asistir al evento mundialista; sinceramente, la idea de pasar horas frente a un partido no le resultaba nada estimulante. Sin embargo, no pudo resistirse a la energía electrizante que flotaba en el aire; era un ambiente tan vibrante y contagioso que terminó por absorberlo por completo. Eso sí, tenía una regla inquebrantable: bajo ninguna circunstancia volvería a asistir en solitario. Había aprendido la lección tras las amargas experiencias de antaño, así que ahora siempre se aseguraba de estar bien acompañado por su pareja. De pronto, rompiendo la tensión del momento, lanzó un tono despreocupado: * — Oye, [Luzbel666] , ¿me alcanzas una cerveza? — *Acto seguido, rodeó la cintura de su compañero con firmeza, atrayéndolo hacia sí en un gesto posesivo y protector, como si quisiera marcar territorio ante el resto de la multitud y asegurar que nadie más se atreviera a acercársele.*
    Me gusta
    Me encocora
    5
    1 turno 0 maullidos
  • Lombard, el Demonio Pálido, permanecía sentado sobre una roca mientras el viento del este lo mecía con parsimonia. La espada larga reposaba envainada contra él. Para él, aquel acero era más que un arma. Era refugio y sustento, la única certeza en un mundo que mudaba de rostro sin aviso. Jamás se apartaba de ella. No por apego, sino por necesidad. Como una dolencia antigua adherida a los huesos, la espada se había vuelto parte de su ser, una extensión silenciosa de aquella alma frágil que ocultaba bajo su semblante impasible.
    Lombard, el Demonio Pálido, permanecía sentado sobre una roca mientras el viento del este lo mecía con parsimonia. La espada larga reposaba envainada contra él. Para él, aquel acero era más que un arma. Era refugio y sustento, la única certeza en un mundo que mudaba de rostro sin aviso. Jamás se apartaba de ella. No por apego, sino por necesidad. Como una dolencia antigua adherida a los huesos, la espada se había vuelto parte de su ser, una extensión silenciosa de aquella alma frágil que ocultaba bajo su semblante impasible.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    1 turno 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados