* Al principio, le costaba admitir que le interesaba asistir al evento mundialista; sinceramente, la idea de pasar horas frente a un partido no le resultaba nada estimulante. Sin embargo, no pudo resistirse a la energía electrizante que flotaba en el aire; era un ambiente tan vibrante y contagioso que terminó por absorberlo por completo. Eso sí, tenía una regla inquebrantable: bajo ninguna circunstancia volvería a asistir en solitario. Había aprendido la lección tras las amargas experiencias de antaño, así que ahora siempre se aseguraba de estar bien acompañado por su pareja.
De pronto, rompiendo la tensión del momento, lanzó un tono despreocupado: *
— Oye, 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗 𝖒𝖔𝖗𝖓𝖎𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 , ¿me alcanzas una cerveza? —
*Acto seguido, rodeó la cintura de su compañero con firmeza, atrayéndolo hacia sí en un gesto posesivo y protector, como si quisiera marcar territorio ante el resto de la multitud y asegurar que nadie más se atreviera a acercársele.*
De pronto, rompiendo la tensión del momento, lanzó un tono despreocupado: *
— Oye, 𝕷𝖚𝖈𝖎𝖋𝖊𝖗 𝖒𝖔𝖗𝖓𝖎𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 , ¿me alcanzas una cerveza? —
*Acto seguido, rodeó la cintura de su compañero con firmeza, atrayéndolo hacia sí en un gesto posesivo y protector, como si quisiera marcar territorio ante el resto de la multitud y asegurar que nadie más se atreviera a acercársele.*
* Al principio, le costaba admitir que le interesaba asistir al evento mundialista; sinceramente, la idea de pasar horas frente a un partido no le resultaba nada estimulante. Sin embargo, no pudo resistirse a la energía electrizante que flotaba en el aire; era un ambiente tan vibrante y contagioso que terminó por absorberlo por completo. Eso sí, tenía una regla inquebrantable: bajo ninguna circunstancia volvería a asistir en solitario. Había aprendido la lección tras las amargas experiencias de antaño, así que ahora siempre se aseguraba de estar bien acompañado por su pareja.
De pronto, rompiendo la tensión del momento, lanzó un tono despreocupado: *
— Oye, [Luzbel666] , ¿me alcanzas una cerveza? —
*Acto seguido, rodeó la cintura de su compañero con firmeza, atrayéndolo hacia sí en un gesto posesivo y protector, como si quisiera marcar territorio ante el resto de la multitud y asegurar que nadie más se atreviera a acercársele.*