𝖨𝖿 𝗅𝗈𝗏𝖾 𝖼𝖺𝗇 𝗅𝖺𝗌𝗍 𝖿𝗈𝗋𝖾𝗏𝖾𝗋, 𝖨 𝗁𝗈𝗉𝖾 𝗂𝗍 𝗅𝗈𝗈𝗄𝗌 𝗅𝗂𝗄𝖾 𝗎𝗌.

Ha-Rin había escuchado muchas veces que el amor eterno se parecía a los grandes gestos.

A las promesas bajo la lluvia.

A los besos dramáticos en aeropuertos.

A las declaraciones capaces de detener el tiempo.

Pero, mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la espalda de Ji-Hyun en medio de la sala, llegó a la conclusión de que quizás todos estaban equivocados.

—No te muevas —ordenó con una sonrisa mientras extendía los brazos y se inclinaba ligeramente hacia adelante.

Aquella escena, vista desde afuera, debía parecer absurda. Cualquiera pensaría que estaban jugando o perdiendo el tiempo de la forma más ridícula que se les podría haber ocurrido. Y, tal vez, era exactamente eso y, sin embargo, ninguno quería estar en otro lugar o hacer otra cosa.

—¿Sabes qué es gracioso? —preguntó el joven artista, aún concentrado en no caer.

—Antes de que existiera un nosotros, pensaba que las parejas felices hacían cosas mucho más interesantes que esto: viajes románticos, cenas elegantes, flores, promesas solemnes, momentos perfectos... Cosas de películas y, a pesar de que hacemos esas cosas, luego tenemos momentos como estos y me gustan mucho más.

Años atrás, ambos habían creído que el amor se medía por los momentos extraordinarios. Ahora sabían que se trataba de cosas simples.

En las mañanas compartidas.

En las compras del supermercado.

En las series que nunca terminaban porque se quedaban dormidos a mitad del capítulo.

En las fotografías borrosas.

En los silencios cómodos.

En una mirada compartida.

En la confianza absoluta de poder ser ridículos frente al otro sin sentir vergüenza.

En la tranquilidad de saber que siempre habría alguien esperando al final del día.

Ha-Rin volvió a centrar su atención en Ji-Hyun. Lo observó allí, relajado, sin ninguna prisa por levantarse, como si aquella posición fuese lo más cómodo del mundo.

Entonces comprendió algo.

Quizás el amor eterno no tenía una apariencia espectacular.

Quizás no era una fotografía perfecta ni una historia extraordinaria.

Quizás era esto.

Porque, al final, el amor no se medía en la intensidad de un instante.

Se medía en la permanencia.

En las risas compartidas sin motivo.

En la facilidad de existir juntos a pesar de la rutina.

En la confianza.

En no sentir la necesidad de demostrar nada.

En los años pasando sin que ninguno deje de elegir al otro.

Ha-Rin sonrió una vez más y finalmente se dejó caer de rodillas al lado de Ji-Hyun. Acomodó alguno de los mechones rebeldes del cabello de su pareja y luego besó suavemente su sien.

—Si el amor puede durar para siempre, espero que se parezca a nosotros.


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💕 𝖨𝖿 𝗅𝗈𝗏𝖾 𝖼𝖺𝗇 𝗅𝖺𝗌𝗍 𝖿𝗈𝗋𝖾𝗏𝖾𝗋, 𝖨 𝗁𝗈𝗉𝖾 𝗂𝗍 𝗅𝗈𝗈𝗄𝗌 𝗅𝗂𝗄𝖾 𝗎𝗌. Ha-Rin había escuchado muchas veces que el amor eterno se parecía a los grandes gestos. A las promesas bajo la lluvia. A los besos dramáticos en aeropuertos. A las declaraciones capaces de detener el tiempo. Pero, mientras intentaba mantener el equilibrio sobre la espalda de Ji-Hyun en medio de la sala, llegó a la conclusión de que quizás todos estaban equivocados. —No te muevas —ordenó con una sonrisa mientras extendía los brazos y se inclinaba ligeramente hacia adelante. Aquella escena, vista desde afuera, debía parecer absurda. Cualquiera pensaría que estaban jugando o perdiendo el tiempo de la forma más ridícula que se les podría haber ocurrido. Y, tal vez, era exactamente eso y, sin embargo, ninguno quería estar en otro lugar o hacer otra cosa. —¿Sabes qué es gracioso? —preguntó el joven artista, aún concentrado en no caer. —Antes de que existiera un nosotros, pensaba que las parejas felices hacían cosas mucho más interesantes que esto: viajes románticos, cenas elegantes, flores, promesas solemnes, momentos perfectos... Cosas de películas y, a pesar de que hacemos esas cosas, luego tenemos momentos como estos y me gustan mucho más. Años atrás, ambos habían creído que el amor se medía por los momentos extraordinarios. Ahora sabían que se trataba de cosas simples. En las mañanas compartidas. En las compras del supermercado. En las series que nunca terminaban porque se quedaban dormidos a mitad del capítulo. En las fotografías borrosas. En los silencios cómodos. En una mirada compartida. En la confianza absoluta de poder ser ridículos frente al otro sin sentir vergüenza. En la tranquilidad de saber que siempre habría alguien esperando al final del día. Ha-Rin volvió a centrar su atención en Ji-Hyun. Lo observó allí, relajado, sin ninguna prisa por levantarse, como si aquella posición fuese lo más cómodo del mundo. Entonces comprendió algo. Quizás el amor eterno no tenía una apariencia espectacular. Quizás no era una fotografía perfecta ni una historia extraordinaria. Quizás era esto. Porque, al final, el amor no se medía en la intensidad de un instante. Se medía en la permanencia. En las risas compartidas sin motivo. En la facilidad de existir juntos a pesar de la rutina. En la confianza. En no sentir la necesidad de demostrar nada. En los años pasando sin que ninguno deje de elegir al otro. Ha-Rin sonrió una vez más y finalmente se dejó caer de rodillas al lado de Ji-Hyun. Acomodó alguno de los mechones rebeldes del cabello de su pareja y luego besó suavemente su sien. —Si el amor puede durar para siempre, espero que se parezca a nosotros.                                                    ≽(•⩊ •マ≼  𖾕𖾝꙼ᩚ𛲕𖾟
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