Lombard, el Demonio Pálido, permanecía sentado sobre una roca mientras el viento del este lo mecía con parsimonia. La espada larga reposaba envainada contra él. Para él, aquel acero era más que un arma. Era refugio y sustento, la única certeza en un mundo que mudaba de rostro sin aviso. Jamás se apartaba de ella. No por apego, sino por necesidad. Como una dolencia antigua adherida a los huesos, la espada se había vuelto parte de su ser, una extensión silenciosa de aquella alma frágil que ocultaba bajo su semblante impasible.
Lombard, el Demonio Pálido, permanecía sentado sobre una roca mientras el viento del este lo mecía con parsimonia. La espada larga reposaba envainada contra él. Para él, aquel acero era más que un arma. Era refugio y sustento, la única certeza en un mundo que mudaba de rostro sin aviso. Jamás se apartaba de ella. No por apego, sino por necesidad. Como una dolencia antigua adherida a los huesos, la espada se había vuelto parte de su ser, una extensión silenciosa de aquella alma frágil que ocultaba bajo su semblante impasible.
Me gusta
1
1 turno 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados