• -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.-

    -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.-

    -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.-

    -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
    -La biblioteca prohibida se encontraba bajo el Reino del Eclipse, oculta en las profundidades de la montaña negra sobre la que se alzaba el castillo. No había guardianes. No hacian falta. Pocos seres poseian el valor suficiente para descender hasta aquel lugar donde se almacenaban conocimientos olvidados por los dioses.- -Vaelith caminaba entre los interminables pasillos de piedra oscura con una lampara antigua en una mano. No buscaba armas, tesoros ni secretos para aumentar su poder. Buscaba historias. Miles de libros cubrian las estanterias, algunos escritos por imperios desaparecidos, otros por pueblos cuyos nombres ya no existian en ningun mapa. Alli, entre el polvo y el silencio, el Rey del Eclipse Carmesi parecia mas un estudioso solitario que un monarca inmortal.- -Finalmente encontro un volumen pequeño, gastado por el tiempo. Al abrirlo, una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro. No contenía magia ni profecías. Era el diario de un campesino que había vivido hacía más de mil años. Sus páginas hablaban de cosechas, lluvias, amores sencillos y preocupaciones mundanas. Vaelith tomó asiento sobre una vieja escalera de madera y comenzó a leer.- -Las horas transcurrieron sin que él lo notara. Mientras el reino dormía y las estrellas giraban sobre las torres del Eclipse, el soberano permaneció allí, pasando páginas con cuidado. Había contemplado guerras capaces de destruir continentes y observado el nacimiento de civilizaciones enteras. Sin embargo, eran aquellas pequeñas vidas olvidadas las que más captaban su atencion. Porque para alguien que había vivido demasiado tiempo, los verdaderos tesoros no eran las coronas ni los imperios. Eran los recuerdos de quienes el mundo había olvidado.-
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  • "Y es esa la ironía de la Santa de la Tez Dorada que por décadas ha inspirado a sus fieles a someterse al más puro, cruel, intenso dolor: Ella no lo quería. Ella no quería nada de esto. Ella quería, pura y llanamente, lo opuesto a esto.

    Porque ella no quería ser una Santa. Porque el rostro divino y perfecto con el que nació, que le valió una vida de lujos, privilegios y tratos de realeza que no pidió, era insulsa y vacía.

    Ella quería ser una más, quería ser normal, equivocarse, labrar la tierra como sus padres, vender hortalizas en el mercado como sus hermanas. Que le gritaran y regañaran como a ellas, tener amigos como ellas, permitirse perder y sufrir, gozar y reír, llorar y soñar.

    Estéril era su vida llena de lujos y comodidades, pues era más una figura de yeso que una persona. Adorada por miles, pero comprendida por nadie, una prisión sin rejas de la que sólo encontró una forma de escapar: Desfigurando esa malditamente preciosa cara con aceite hirviendo.

    ¿Dolió? Oh, no imaginas cuánto. Por siete días luchó por su vida. Las quemaduras que hicieron de su tez divina una cruel parodia, además, la dejaron ciega.

    Pero sobrevivió. Sobrevivió para ser, por fin, libre... o eso es lo que ella creía. Pues convencidos de que su suplicio autoinfligido era obra de una epifanía que desde lo alto venía, sus fieles no hicieron sino multiplicarse.

    Así nació la Santa de la Tez Dorada, que a sus seguidores inspira a torturar su cuerpo de hórridas, brutales maneras. Creyentes de que el dolor, y sólo el dolor, es el camino a la salvación, se hizo más fuerte su devoción.

    Y se hizo más impenetrable la jaula".
    "Y es esa la ironía de la Santa de la Tez Dorada que por décadas ha inspirado a sus fieles a someterse al más puro, cruel, intenso dolor: Ella no lo quería. Ella no quería nada de esto. Ella quería, pura y llanamente, lo opuesto a esto. Porque ella no quería ser una Santa. Porque el rostro divino y perfecto con el que nació, que le valió una vida de lujos, privilegios y tratos de realeza que no pidió, era insulsa y vacía. Ella quería ser una más, quería ser normal, equivocarse, labrar la tierra como sus padres, vender hortalizas en el mercado como sus hermanas. Que le gritaran y regañaran como a ellas, tener amigos como ellas, permitirse perder y sufrir, gozar y reír, llorar y soñar. Estéril era su vida llena de lujos y comodidades, pues era más una figura de yeso que una persona. Adorada por miles, pero comprendida por nadie, una prisión sin rejas de la que sólo encontró una forma de escapar: Desfigurando esa malditamente preciosa cara con aceite hirviendo. ¿Dolió? Oh, no imaginas cuánto. Por siete días luchó por su vida. Las quemaduras que hicieron de su tez divina una cruel parodia, además, la dejaron ciega. Pero sobrevivió. Sobrevivió para ser, por fin, libre... o eso es lo que ella creía. Pues convencidos de que su suplicio autoinfligido era obra de una epifanía que desde lo alto venía, sus fieles no hicieron sino multiplicarse. Así nació la Santa de la Tez Dorada, que a sus seguidores inspira a torturar su cuerpo de hórridas, brutales maneras. Creyentes de que el dolor, y sólo el dolor, es el camino a la salvación, se hizo más fuerte su devoción. Y se hizo más impenetrable la jaula".
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  • # Expediente de Miembro del Culto

    ### Nombre

    Humphrey Moriarty

    ### Estado

    Fallecido

    ### Edad

    40 años

    ### Altura

    180 cm

    ### Complexión

    Robusta y corpulenta.

    ---

    ## Antecedentes

    Humphrey Moriarty ingresó en el culto a la edad de veinticinco años. Antes de su reclutamiento ejercía como instructor de combate, profesión en la que acumuló una reputación controvertida. Diversos rumores sostienen que se aprovechaba de su posición de autoridad para obtener favores de alumnas e incluso de algunos alumnos masculinos, prometiendo oportunidades dentro de competiciones profesionales a cambio de su obediencia.

    Por azares del destino conoció a un miembro del culto que lo introdujo en la doctrina de la organización. Considerado un sujeto idóneo para pruebas experimentales, fue expuesto al Drive mediante inyección directa. Contra todo pronóstico sobrevivió al procedimiento y despertó habilidades anómalas vinculadas al fenómeno.

    Durante los años siguientes perfeccionó sus capacidades y, en un lapso aproximado de cinco años, logró convertirse en un miembro funcional dentro de los estratos inferiores de la jerarquía. Aunque jamás destacó por su liderazgo ni por su intelecto, su utilidad operativa resultó innegable.

    ---

    ## Evaluación Interna

    A pesar de su lealtad y eficiencia, sus excesos y perversiones eran considerados desagradables incluso por los propios fundadores del culto. Numerosos informes internos lo describen como un individuo impulsivo, depravado y proclive a cruzar límites que otros miembros consideraban inaceptables.

    ---

    ## Fallecimiento

    Fecha de defunción: 13 de junio.

    Causa: Eliminado por los ladrones del pendrive durante una operación de recuperación.

    Si bien Moriarty perdió la vida en el cumplimiento de su misión, los resultados obtenidos fueron considerados satisfactorios. Gracias a la información proporcionada por Boris Madai y a las acciones coordinadas de otros agentes, el pendrive fue recuperado exitosamente.

    La investigación posterior permitió identificar a casi todos los enemigos involucrados en el incidente.

    Las pesquisas prosiguen.

    ---

    ## Resultado Operacional

    Objetivo principal: Recuperación del pendrive.

    Resultado: Cumplido.

    Estado de la investigación: En curso.

    Nivel de amenaza actual: Mínima.

    ---

    "Humphrey Moriarty fue muchas cosas: útil, brutal y profundamente desagradable. Su muerte no representa una pérdida significativa para la organización, pero su último servicio resultó provechoso para nuestros intereses."
    # Expediente de Miembro del Culto ### Nombre Humphrey Moriarty ### Estado Fallecido ### Edad 40 años ### Altura 180 cm ### Complexión Robusta y corpulenta. --- ## Antecedentes Humphrey Moriarty ingresó en el culto a la edad de veinticinco años. Antes de su reclutamiento ejercía como instructor de combate, profesión en la que acumuló una reputación controvertida. Diversos rumores sostienen que se aprovechaba de su posición de autoridad para obtener favores de alumnas e incluso de algunos alumnos masculinos, prometiendo oportunidades dentro de competiciones profesionales a cambio de su obediencia. Por azares del destino conoció a un miembro del culto que lo introdujo en la doctrina de la organización. Considerado un sujeto idóneo para pruebas experimentales, fue expuesto al Drive mediante inyección directa. Contra todo pronóstico sobrevivió al procedimiento y despertó habilidades anómalas vinculadas al fenómeno. Durante los años siguientes perfeccionó sus capacidades y, en un lapso aproximado de cinco años, logró convertirse en un miembro funcional dentro de los estratos inferiores de la jerarquía. Aunque jamás destacó por su liderazgo ni por su intelecto, su utilidad operativa resultó innegable. --- ## Evaluación Interna A pesar de su lealtad y eficiencia, sus excesos y perversiones eran considerados desagradables incluso por los propios fundadores del culto. Numerosos informes internos lo describen como un individuo impulsivo, depravado y proclive a cruzar límites que otros miembros consideraban inaceptables. --- ## Fallecimiento Fecha de defunción: 13 de junio. Causa: Eliminado por los ladrones del pendrive durante una operación de recuperación. Si bien Moriarty perdió la vida en el cumplimiento de su misión, los resultados obtenidos fueron considerados satisfactorios. Gracias a la información proporcionada por Boris Madai y a las acciones coordinadas de otros agentes, el pendrive fue recuperado exitosamente. La investigación posterior permitió identificar a casi todos los enemigos involucrados en el incidente. Las pesquisas prosiguen. --- ## Resultado Operacional Objetivo principal: Recuperación del pendrive. Resultado: Cumplido. Estado de la investigación: En curso. Nivel de amenaza actual: Mínima. --- "Humphrey Moriarty fue muchas cosas: útil, brutal y profundamente desagradable. Su muerte no representa una pérdida significativa para la organización, pero su último servicio resultó provechoso para nuestros intereses."
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    //gracias a todos los que se acordaron del cumpleaños de Freya. No tenía pensado hacerle nada en especial porque no estoy en buenas condiciones como para hacerlo
    //gracias a todos los que se acordaron del cumpleaños de Freya. No tenía pensado hacerle nada en especial porque no estoy en buenas condiciones como para hacerlo :STK-23:
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  • - Lo fácil me resulta aburrido, prefiero la difícil, la complicada con apariencia de una sencilla dama, soy el Basilio, soy el Rey y me complace poseer aquello que otros creen imposible de obtener .
    - Lo fácil me resulta aburrido, prefiero la difícil, la complicada con apariencia de una sencilla dama, soy el Basilio, soy el Rey y me complace poseer aquello que otros creen imposible de obtener .
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  • -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-

    -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-

    -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-

    -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-

    -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-

    -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-

    |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
    -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.- -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.- -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.- -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."- -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.- -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.- |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
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  • Dos hombres transitaban con parsimonia por la avenida, enfrascados en una conversación trivial.

    ○¿Te has enterado?

    □¿De qué?

    Replicó el otro.

    El primero se detuvo al ver el semáforo en rojo y, tras cerciorarse de que nadie prestaba atención, respondió:

    ○Boris Madai fue depuesto y enviado a la misma penitenciaría que Howlett.

    Su compañero soltó una carcajada incrédula.

    □¿Me estás tomando el pelo? ¡Eso es magnífico!

    La risa le arrancó una diminuta lágrima que limpió de su ojo de cristal.

    □Ese malnacido por fin conoció el infortunio. En fin... ¿debemos eliminarlo?

    ○En absoluto

    Respondió el primero.

    ○¿Quién crees que somos? No ejecutamos a los nuestros salvo que incurran en traición.

    El semáforo cambió a verde y ambos reanudaron la marcha con absoluta tranquilidad.

    □Lo sé, lo sé...

    Musitó el segundo.

    □Entonces, ¿quién se hará cargo del pendrive? Y ya que estamos, ¿quién demonios nos está saboteando?

    Al llegar a la esquina adquirieron un par de refrescos y un hot dog. Mientras pagaba, el primero respondió:

    ○Humphrey Moriarty se encargará del asunto. Parece que pretende subsanar su cagada.

    El otro dio un largo trago a su bebida antes de contestar.

    □¿Ese depravado? Por favor... No quisiera ser el pobre infeliz que se cruce en su camino. Si nuestra "empresa"...

    Hizo un gesto de comillas con los dedos al pronunciar aquella palabra.

    □...quedara expuesta públicamente, saldríamos muy mal parados. Eso es lo que los ignorantes creen que somos.

    Pagó la comida y continuaron avanzando entre la multitud.

    ○Ya ves, viejo.

    □Ya ves...

    Ambos cultistas se alejaron sin llamar la atención. A simple vista parecían ciudadanos corrientes, hombres comunes inmersos en la rutina diaria. Y precisamente ahí residía la verdadera fortaleza del culto: sus miembros podían ser cualquiera. Tu padre, tu vecino o incluso un desconocido que cruzara la calle junto a ti. Bajo la apariencia de vidas ordinarias ocultaban una vasta red de influencias que se extendía desde los rincones más humildes hasta las más altas esferas. Aquella discreción garantizaba el éxito de sus designios y volvía casi imposible medir la magnitud de su alcance.
    Dos hombres transitaban con parsimonia por la avenida, enfrascados en una conversación trivial. ○¿Te has enterado? □¿De qué? Replicó el otro. El primero se detuvo al ver el semáforo en rojo y, tras cerciorarse de que nadie prestaba atención, respondió: ○Boris Madai fue depuesto y enviado a la misma penitenciaría que Howlett. Su compañero soltó una carcajada incrédula. □¿Me estás tomando el pelo? ¡Eso es magnífico! La risa le arrancó una diminuta lágrima que limpió de su ojo de cristal. □Ese malnacido por fin conoció el infortunio. En fin... ¿debemos eliminarlo? ○En absoluto Respondió el primero. ○¿Quién crees que somos? No ejecutamos a los nuestros salvo que incurran en traición. El semáforo cambió a verde y ambos reanudaron la marcha con absoluta tranquilidad. □Lo sé, lo sé... Musitó el segundo. □Entonces, ¿quién se hará cargo del pendrive? Y ya que estamos, ¿quién demonios nos está saboteando? Al llegar a la esquina adquirieron un par de refrescos y un hot dog. Mientras pagaba, el primero respondió: ○Humphrey Moriarty se encargará del asunto. Parece que pretende subsanar su cagada. El otro dio un largo trago a su bebida antes de contestar. □¿Ese depravado? Por favor... No quisiera ser el pobre infeliz que se cruce en su camino. Si nuestra "empresa"... Hizo un gesto de comillas con los dedos al pronunciar aquella palabra. □...quedara expuesta públicamente, saldríamos muy mal parados. Eso es lo que los ignorantes creen que somos. Pagó la comida y continuaron avanzando entre la multitud. ○Ya ves, viejo. □Ya ves... Ambos cultistas se alejaron sin llamar la atención. A simple vista parecían ciudadanos corrientes, hombres comunes inmersos en la rutina diaria. Y precisamente ahí residía la verdadera fortaleza del culto: sus miembros podían ser cualquiera. Tu padre, tu vecino o incluso un desconocido que cruzara la calle junto a ti. Bajo la apariencia de vidas ordinarias ocultaban una vasta red de influencias que se extendía desde los rincones más humildes hasta las más altas esferas. Aquella discreción garantizaba el éxito de sus designios y volvía casi imposible medir la magnitud de su alcance.
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  • - Por hoy solo te daré un consejo muy simple pero al parecer todos lo olvidan, no dejes que los envidiosos arruinen tu día, tómalo de esta manera, si siempre está intentando burlarse de ti sin lograrlo nunca entonces solo que como aquel estúpido que intenta llamar la atención de quién es un rey inamovible ante el y su estúpida manera de actuar -

    *Luego volvió a mirar por la ventana mientras la brisa hacia ondear su cabello suavemente como quien recuerda algo y lo intenta mantener consigo mientras se pueda*
    - Por hoy solo te daré un consejo muy simple pero al parecer todos lo olvidan, no dejes que los envidiosos arruinen tu día, tómalo de esta manera, si siempre está intentando burlarse de ti sin lograrlo nunca entonces solo que como aquel estúpido que intenta llamar la atención de quién es un rey inamovible ante el y su estúpida manera de actuar - *Luego volvió a mirar por la ventana mientras la brisa hacia ondear su cabello suavemente como quien recuerda algo y lo intenta mantener consigo mientras se pueda*
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa.

    En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma.

    Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible.

    Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación.

    Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros.

    Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento.

    Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local.

    La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral.

    Y entonces la volvió a ver...

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: Jane
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa. En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma. Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible. Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación. Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros. Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento. Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local. La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral. Y entonces la volvió a ver... ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [solar_sapphire_turtle_967]
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    -: 〩 :- 𝕃𝕠𝕤 𝕙𝕚𝕝𝕠𝕤 𝕕𝕖 𝕦𝕟𝕒 𝕒𝕞𝕚𝕤𝕥𝕒𝕕
    ℂ𝕒𝕡𝕚𝕥𝕦𝕝𝕠 𝟙: 𝕞𝕒𝕤 𝕒𝕝𝕝𝕒 𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕡𝕒𝕟𝕥𝕒𝕝𝕝𝕒

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El cielo sobre el distrito comercial no difería mucho del que cubría los muelles de Kanagawa: una amalgama de nubes bajas y densas que amenazaban con una llovizna fina, tiñendo el hormigón de los edificios de un gris monótono y convencional. El tiempo marcaba las cuatro y cincuenta y ocho de la tarde, Saito ya se encontraba de pie junto a la salida norte de la estación de trenes, inmóvil como una columna de granito en mitad del flujo constante de peatones. No vestía su traje de oficina habitual, pero la camisa de lino de color azul pálido, perfectamente planchada, y los pantalones oscuros delataban que el concepto de "ropa informal" era algo que su mente estructurada todavía no terminaba de asimilar.

    Con dos dedos de la mano izquierda, deslizó las gafas de carey un milímetro arriba sobre el puente de su nariz, observando el gigantesco cartel luminoso que colgaba del edificio de enfrente. La pantalla digital parpadeaba con violencia, mostrando espadas de píxeles, criaturas mitológicas y tipografías góticas ensangrentadas que anunciaban el lanzamiento de medianoche de una de las sagas más vendidas del mercado global. Para el rubio, toda esa parafernalia visual no era más que ruido innecesario.

    Pero comencemos desde el principio...

    Su incursión en el mundo digital jamás había tenido que ver con la fantasía, la evasión o el coleccionismo de figuras de resina. Para él, la pantalla era un tablero de ajedrez hipertrófico; un entramado de algoritmos, matrices de probabilidad y optimización de recursos donde la eficiencia matemática dictaba quién vivía y quién moría en los servidores de alta estrategia.

    Había terminado liderando uno de los clanes más antiguos y respetados de la comunidad de WoW no por carisma, sino porque trataba la logística de doscientos jugadores virtuales con la misma rigidez militar con la que un general coordina un suministro de campaña.

    Sabía cuántos segundos tardaba en regenerarse una barra de energía y el porcentaje exacto de rendimiento de una formación defensiva bajo condiciones adversas dentro del juego. Fuera de esa aritmética pura, el universo del gaming le resultaba un territorio tan ajeno como caótico.

    Y sin embargo, allí estaba. Convencido por una de las pocas anomalías que su lógica no había descartado a lo largo de los años.

    Lenore figuraba como su contraparte, desafiando su orden y estructura ortodoxa. Se conocían desde hacía el tiempo suficiente como para que Kenji tolerara sus excentricidades y asimilara su compañía, habituado a sus intervenciones en los canales de voz donde ella saltaba de un género interactivo a otro con una pasión que él consideraba un gasto ineficiente de energía mental.

    Por esa razón, cuando lo citó con la condición innegociable de que la acompañara a la apertura de un comercio especializado con el fin de adquirir esa nueva entrega, Saito no supo cómo negarse sin recurrir a una descortesía que su estricta educación le impedía perpetrar. Después de todo, ella comprendía los problemas de lógica que él planteaba en los foros, incluso si los envolvía en un entusiasmo que a él le daba dolor de cabeza.

    Fue entonces cuando el reloj de pulsera de Kenji emitió un clic sordo al marcar exactamente las cinco de la tarde. El aire del callejón lateral traía el olor a aceite quemado de los puestos de comida rápida y el zumbido eléctrico de las consolas de demostración que ya empezaban a atraer a las primeras filas de fanáticos.

    Saito exhaló un suspiro imperceptible, el aire frío condensándose apenas frente a sus labios, mientras guardaba las manos en los bolsillos y mantenía la mirada fija en la marea de personas en busca del rostro familiar de Lenore sumergido entre la multitud que comenzaba a agolparse bajo los neones.

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    Co: 𝔏𝔢𝔫𝔬𝔯𝔢 𝔊𝔯𝔞𝔳𝔢𝔰
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: 〩 :- 𝕃𝕠𝕤 𝕙𝕚𝕝𝕠𝕤 𝕕𝕖 𝕦𝕟𝕒 𝕒𝕞𝕚𝕤𝕥𝕒𝕕 ℂ𝕒𝕡𝕚𝕥𝕦𝕝𝕠 𝟙: 𝕞𝕒𝕤 𝕒𝕝𝕝𝕒 𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕡𝕒𝕟𝕥𝕒𝕝𝕝𝕒 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El cielo sobre el distrito comercial no difería mucho del que cubría los muelles de Kanagawa: una amalgama de nubes bajas y densas que amenazaban con una llovizna fina, tiñendo el hormigón de los edificios de un gris monótono y convencional. El tiempo marcaba las cuatro y cincuenta y ocho de la tarde, Saito ya se encontraba de pie junto a la salida norte de la estación de trenes, inmóvil como una columna de granito en mitad del flujo constante de peatones. No vestía su traje de oficina habitual, pero la camisa de lino de color azul pálido, perfectamente planchada, y los pantalones oscuros delataban que el concepto de "ropa informal" era algo que su mente estructurada todavía no terminaba de asimilar. Con dos dedos de la mano izquierda, deslizó las gafas de carey un milímetro arriba sobre el puente de su nariz, observando el gigantesco cartel luminoso que colgaba del edificio de enfrente. La pantalla digital parpadeaba con violencia, mostrando espadas de píxeles, criaturas mitológicas y tipografías góticas ensangrentadas que anunciaban el lanzamiento de medianoche de una de las sagas más vendidas del mercado global. Para el rubio, toda esa parafernalia visual no era más que ruido innecesario. Pero comencemos desde el principio... Su incursión en el mundo digital jamás había tenido que ver con la fantasía, la evasión o el coleccionismo de figuras de resina. Para él, la pantalla era un tablero de ajedrez hipertrófico; un entramado de algoritmos, matrices de probabilidad y optimización de recursos donde la eficiencia matemática dictaba quién vivía y quién moría en los servidores de alta estrategia. Había terminado liderando uno de los clanes más antiguos y respetados de la comunidad de WoW no por carisma, sino porque trataba la logística de doscientos jugadores virtuales con la misma rigidez militar con la que un general coordina un suministro de campaña. Sabía cuántos segundos tardaba en regenerarse una barra de energía y el porcentaje exacto de rendimiento de una formación defensiva bajo condiciones adversas dentro del juego. Fuera de esa aritmética pura, el universo del gaming le resultaba un territorio tan ajeno como caótico. Y sin embargo, allí estaba. Convencido por una de las pocas anomalías que su lógica no había descartado a lo largo de los años. Lenore figuraba como su contraparte, desafiando su orden y estructura ortodoxa. Se conocían desde hacía el tiempo suficiente como para que Kenji tolerara sus excentricidades y asimilara su compañía, habituado a sus intervenciones en los canales de voz donde ella saltaba de un género interactivo a otro con una pasión que él consideraba un gasto ineficiente de energía mental. Por esa razón, cuando lo citó con la condición innegociable de que la acompañara a la apertura de un comercio especializado con el fin de adquirir esa nueva entrega, Saito no supo cómo negarse sin recurrir a una descortesía que su estricta educación le impedía perpetrar. Después de todo, ella comprendía los problemas de lógica que él planteaba en los foros, incluso si los envolvía en un entusiasmo que a él le daba dolor de cabeza. Fue entonces cuando el reloj de pulsera de Kenji emitió un clic sordo al marcar exactamente las cinco de la tarde. El aire del callejón lateral traía el olor a aceite quemado de los puestos de comida rápida y el zumbido eléctrico de las consolas de demostración que ya empezaban a atraer a las primeras filas de fanáticos. Saito exhaló un suspiro imperceptible, el aire frío condensándose apenas frente a sus labios, mientras guardaba las manos en los bolsillos y mantenía la mirada fija en la marea de personas en busca del rostro familiar de Lenore sumergido entre la multitud que comenzaba a agolparse bajo los neones. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [Lenore_Graves13]
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