El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana.
●Cuanto más lo intento, más siento que fallo
Murmuró con voz queda.
●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno?
Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana.
●Cuanto más lo intento, más siento que fallo
Murmuró con voz queda.
●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno?
Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común.
El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica.
Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica.
Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos.
Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar.
— ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. —
Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra.
La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno.
El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego.
Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos.
No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente.
Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor.
No cabía ninguna duda, lo había sentido en aquel planeta; era una presencia fuera de lo común.
El espacio profundo, con su silencio absoluto que tanto deleitaba sus sentidos, se vio interrumpido por una perturbación invisible en el tejido de la energía cósmica.
Valerius detuvo su avance en el vacío. Sus ojos carmesí, profundos como brasas moribundas en la oscuridad, destellaron con la intensidad de una supernova. Sus venas doradas se traslucieron bajo sus escamas brillando con fuerza a medida que su mente procesaba el estímulo de forma clínica.
Como un maestro estratega analizando un tablero de ajedrez, calculó la trayectoria el pulso magnético no pertenecía a ninguna de las razas inferiores que usualmente infectaban el cosmos.
Aquella firma térmica, aunque distante y amortiguada por la atmósfera de un mundo desconocido, poseía la misma vibración de alta densidad que su propio plasma solar.
— ¿Un remanente? —murmuró — ¿Alguien de mi propia sangre? Imposible. —
Su lógica le dictaba que su linaje dinástico había sido extirpado por completo en el pasado. Sin perder un solo segundo en vacilaciones emocionales, trazó la ruta hacia el tercer planeta de un sistema solar joven y promedio: la Tierra.
La llegada al planeta fue silenciosa, un acto de infiltración perfecto a pesar de su tamaño, el aire alrededor de su cuerpo vibraba con violencia debido al calor residual de sus células, pero para los radares humanos, solo fue una estrella fugaz desvaneciéndose en el cielo nocturno.
El contraste entre la frialdad del aire terrestre y el aura ardiente que arrastraba tras de sí creó una leve neblina a su alrededor. Dio un paso al frente y extendió sus alas, permitiendo que sus escamas doradas respiraran el aire de este nuevo tablero de juego.
Se dio un momento para recobrar energías y adaptarse al sol en aquel sitio, solo para de nuevo elevarse hacia los cielos.
No había prisa en sus movimientos, comenzó a planear sobre el territorio, cortaba las nubes mientras volaba por el sitio, sus ojos escudriñaban la superficie del planeta con una sonrisa ladina y autosuficiente.
Era cuestión de tiempo para encontrar al dueño de aquella radiación de calor.
FT: [sun.dragon]
─ ─ Siempre es lo mismo. Tener que fingir ser normal, no levantar sospechas, si, si todo eso de dragon que odia las otras razas.
ᑦᵘᵃⁿᵈᵒ ᵗᵒᵈᵒ ˡᵒ ۹ᵘᵉ ᵈᵉˢᵉᵒ ᵉˢ ᵉˢᵗᵃʳ ᵉⁿ ᵉˡ ʳᵉᵍᵃᶻᵒ ᵈᵉ ᵃˡᵍᵘⁱᵉⁿ ۹ᵘᵉ ᵐᵉ ᵖʳᵒᵗᵉʲᵃˑ
─ ─ Siempre es lo mismo. Tener que fingir ser normal, no levantar sospechas, si, si todo eso de dragon que odia las otras razas.
ᑦᵘᵃⁿᵈᵒ ᵗᵒᵈᵒ ˡᵒ ۹ᵘᵉ ᵈᵉˢᵉᵒ ᵉˢ ᵉˢᵗᵃʳ ᵉⁿ ᵉˡ ʳᵉᵍᵃᶻᵒ ᵈᵉ ᵃˡᵍᵘⁱᵉⁿ ۹ᵘᵉ ᵐᵉ ᵖʳᵒᵗᵉʲᵃˑ
-Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.-
S: A-agh!! Espera... P-podemos habl-
-Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.-
S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor...
-Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.-
Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente...
-Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.-
S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a-
-El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.-
Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
-Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.-
S: A-agh!! Espera... P-podemos habl-
-Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.-
S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor...
-Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.-
Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente...
-Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.-
S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a-
-El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.-
Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
Amar a alguien especial es algo que sucede en todas las razas por igual, es algo hermoso a lo que no se le puede poner precio.
Para nosotros los dragones antes era posible formar pareja con alguien de nuestra misma raza sin importar el poder que cada uno controlará.
Entre nosotros no existe la infidelidad ya que los dragones solo nos enamoramos una vez en la vida y nos aferramos a la idea de siempre querer estar con esa persona.
Pero después de que los humanos nos atacarán todo eso cambio.. ahora encontrar pareja se vuelve más difícil con cada día que pasa y algunos incluso nos rendimos y formamos pareja con otras razas.
Es algo que está prohibido hacer pero no podemos evitarlo.. un dragón siempre se enamora tarde o temprano.
Solo queremos ser felices y formar una familia, ¿Tan difícil fue para los humanos aceptar nuestra existencia? Supongo que es una pregunta a la que jamás le encontraré respuesta.
Amar a alguien especial es algo que sucede en todas las razas por igual, es algo hermoso a lo que no se le puede poner precio.
Para nosotros los dragones antes era posible formar pareja con alguien de nuestra misma raza sin importar el poder que cada uno controlará.
Entre nosotros no existe la infidelidad ya que los dragones solo nos enamoramos una vez en la vida y nos aferramos a la idea de siempre querer estar con esa persona.
Pero después de que los humanos nos atacarán todo eso cambio.. ahora encontrar pareja se vuelve más difícil con cada día que pasa y algunos incluso nos rendimos y formamos pareja con otras razas.
Es algo que está prohibido hacer pero no podemos evitarlo.. un dragón siempre se enamora tarde o temprano.
Solo queremos ser felices y formar una familia, ¿Tan difícil fue para los humanos aceptar nuestra existencia? Supongo que es una pregunta a la que jamás le encontraré respuesta.
3
0
turnos
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.
Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.
-¡Los Dioses finalmente se escondieron!
-¡Temen al gran Ozma!
-¡La princesa del Caos los hizo retroceder!
Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.
-Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.
Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.
A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.
Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.
Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.
-Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*
*Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.
La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.
No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.
Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.
-Son ellos!
-¡Los héroes!
-¡Salvaron la caravana!
-¡Derrotaron a los monstruos del bosque!
Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.
La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.
-¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.
La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.
-¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.
*Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.
Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.
-S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
-Solo hicimos lo que cualquiera haría.
Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.
-Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.
Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada
Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.
Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.
-Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
****Edad del Caos.****
"Encuentro inesperado"
La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.
Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.
-¡Los Dioses finalmente se escondieron!
-¡Temen al gran Ozma!
-¡La princesa del Caos los hizo retroceder!
Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.
-Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.
Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.
A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.
Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.
Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.
-Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*
*Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.
La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.
No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.
Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.
-Son ellos!
-¡Los héroes!
-¡Salvaron la caravana!
-¡Derrotaron a los monstruos del bosque!
Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.
La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.
-¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.
La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.
-¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.
*Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.
Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.
-S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
-Solo hicimos lo que cualquiera haría.
Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.
-Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.
Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada
Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.
Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.
-Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
1
0
comentarios
1
compartido
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
La guerra había cambiado, desde el enfrentamiento contra aquellos dos seres alados, ni Ozma ni Yen habían vuelto a verlos. No conocían sus nombres, tampoco entendían del todo qué eran realmente. Para Yen, eran guerreros bendecidos por los Dioses. Ozma, en cambio, comprendía algo más aterrador: aquellos seres no habían nacido, habían sido creados. Y eso significaba que los Dioses habían dado un paso más allá.
Mientras Ozma continuaba sus campañas y Yen lideraba ataques contra fortalezas Elunai, los dos seres alados comenzaron una misión completamente distinta, una orden directa de las entidades que observaban desde la isla flotante en los cielos.
No debían destruir, debían conquistar los corazones. Los dos descendieron a las tierras bajas ocultando sus halos y alas, tomando apariencias similares a las de los humanoides comunes. Caminaban entre aldeas, hablaban con la gente, ayudaban a enfermos y protegían caravanas. Allí donde aparecían, ocurrían ataques de monstruos. Ataques demasiado oportunos, bestias surgían de los bosques o las montañas, aterrorizando pueblos enteros, y justo cuando todo parecía perdido, aquellos dos guerreros aparecían para salvar a la población.
Poco a poco, la gente comenzó a llamarlos Héroes. Los rumores se extendieron con rapidez.
Decían que los Héroes eran enviados celestiales, que escuchaban las plegarias, que protegían a los débiles sin pedir nada a cambio y lo más peligroso de todo… La gente comenzó a compararlos con Ozma.
Los Héroes no tardaron en sembrar dudas. Nunca hablaban directamente en contra él al principio. Eran más inteligentes que eso. Simplemente hacían preguntas.
-¿Por qué un rey necesita un ejército tan grande?
-¿Por qué siguen existiendo guerras si Ozma realmente quiere salvarlos?
-¿Por qué toma demasiadas provisiones de cada ciudad que libera?
Las semillas de la desconfianza comenzaron a crecer. Era cierto que el ejército de Ozma tomaba alimentos y materiales de las ciudades liberadas, pero jamás en cantidades abusivas. Nunca dejaban morir de hambre a la población, ni saqueaban hogares como hacían antiguamente los Elunai. Sin embargo, los nuevos Héroes manipulaban cada situación para hacer parecer que Ozma no era un libertador sino un conquistador.
Decían que aquel supuesto salvador solo estaba preparando más guerras, que los jóvenes terminarían muriendo por una cruzada absurda.
Que Ozma utilizaba a las razas libres como herramientas para su venganza personal.
Lo peor era que las nuevas generaciones comenzaron a creerlo. La guerra había durado demasiado tiempo, los ancianos aún recordaban los días en que los Elunai marcaban personas como ganado, cuando pueblos enteros desaparecían por órdenes divinas o eran usados como experimentos. Pero muchos de esos ancianos ya habían muerto.
Los jóvenes nacidos durante la guerra jamás vivieron esa opresión, ellos nacieron libres, crecieron escuchando historias sobre los Elunai, pero nunca sintieron el miedo real de aquellos tiempos. Para ellos, la guerra de Ozma era algo lejano, interminable… una carga heredada de generaciones pasadas.
Los pueblos comenzaron a levantar pequeños altares, las madres enseñaban a sus hijos a rezar por los Héroes, incluso algunos soldados liberados empezaron a desertar silenciosamente para seguirlos.
Desde la distancia, ocultos entre las montañas, los dos seres alados observaban aquello con tranquilidad. Su bendición estaba funcionando.
El don que los Dioses les habían otorgado influía lentamente sobre los corazones débiles. No era control absoluto, sino una suave manipulación que hacía crecer admiración, confianza y devoción.
Pero existían seres inmunes: Los Ogros, los Kijin y especialmente Ozma y Yen. Por eso jamás se acercaban demasiado a ellos. Sabían que si Ozma descubría la verdad detrás de aquella influencia, la cacería comenzaría de inmediato.
Aun así… Los Dioses sonreían desde la ciudad flotante, porque por primera vez en siglos, el mundo comenzaba a apartarse del Monstruo por voluntad propia.
****Edad del Caos.****
"Las Alas del Engaño"
La guerra había cambiado, desde el enfrentamiento contra aquellos dos seres alados, ni Ozma ni Yen habían vuelto a verlos. No conocían sus nombres, tampoco entendían del todo qué eran realmente. Para Yen, eran guerreros bendecidos por los Dioses. Ozma, en cambio, comprendía algo más aterrador: aquellos seres no habían nacido, habían sido creados. Y eso significaba que los Dioses habían dado un paso más allá.
Mientras Ozma continuaba sus campañas y Yen lideraba ataques contra fortalezas Elunai, los dos seres alados comenzaron una misión completamente distinta, una orden directa de las entidades que observaban desde la isla flotante en los cielos.
No debían destruir, debían conquistar los corazones. Los dos descendieron a las tierras bajas ocultando sus halos y alas, tomando apariencias similares a las de los humanoides comunes. Caminaban entre aldeas, hablaban con la gente, ayudaban a enfermos y protegían caravanas. Allí donde aparecían, ocurrían ataques de monstruos. Ataques demasiado oportunos, bestias surgían de los bosques o las montañas, aterrorizando pueblos enteros, y justo cuando todo parecía perdido, aquellos dos guerreros aparecían para salvar a la población.
Poco a poco, la gente comenzó a llamarlos Héroes. Los rumores se extendieron con rapidez.
Decían que los Héroes eran enviados celestiales, que escuchaban las plegarias, que protegían a los débiles sin pedir nada a cambio y lo más peligroso de todo… La gente comenzó a compararlos con Ozma.
Los Héroes no tardaron en sembrar dudas. Nunca hablaban directamente en contra él al principio. Eran más inteligentes que eso. Simplemente hacían preguntas.
-¿Por qué un rey necesita un ejército tan grande?
-¿Por qué siguen existiendo guerras si Ozma realmente quiere salvarlos?
-¿Por qué toma demasiadas provisiones de cada ciudad que libera?
Las semillas de la desconfianza comenzaron a crecer. Era cierto que el ejército de Ozma tomaba alimentos y materiales de las ciudades liberadas, pero jamás en cantidades abusivas. Nunca dejaban morir de hambre a la población, ni saqueaban hogares como hacían antiguamente los Elunai. Sin embargo, los nuevos Héroes manipulaban cada situación para hacer parecer que Ozma no era un libertador sino un conquistador.
Decían que aquel supuesto salvador solo estaba preparando más guerras, que los jóvenes terminarían muriendo por una cruzada absurda.
Que Ozma utilizaba a las razas libres como herramientas para su venganza personal.
Lo peor era que las nuevas generaciones comenzaron a creerlo. La guerra había durado demasiado tiempo, los ancianos aún recordaban los días en que los Elunai marcaban personas como ganado, cuando pueblos enteros desaparecían por órdenes divinas o eran usados como experimentos. Pero muchos de esos ancianos ya habían muerto.
Los jóvenes nacidos durante la guerra jamás vivieron esa opresión, ellos nacieron libres, crecieron escuchando historias sobre los Elunai, pero nunca sintieron el miedo real de aquellos tiempos. Para ellos, la guerra de Ozma era algo lejano, interminable… una carga heredada de generaciones pasadas.
Los pueblos comenzaron a levantar pequeños altares, las madres enseñaban a sus hijos a rezar por los Héroes, incluso algunos soldados liberados empezaron a desertar silenciosamente para seguirlos.
Desde la distancia, ocultos entre las montañas, los dos seres alados observaban aquello con tranquilidad. Su bendición estaba funcionando.
El don que los Dioses les habían otorgado influía lentamente sobre los corazones débiles. No era control absoluto, sino una suave manipulación que hacía crecer admiración, confianza y devoción.
Pero existían seres inmunes: Los Ogros, los Kijin y especialmente Ozma y Yen. Por eso jamás se acercaban demasiado a ellos. Sabían que si Ozma descubría la verdad detrás de aquella influencia, la cacería comenzaría de inmediato.
Aun así… Los Dioses sonreían desde la ciudad flotante, porque por primera vez en siglos, el mundo comenzaba a apartarse del Monstruo por voluntad propia.
En la constelación de Tauro, mas exactamente en el cúmulo de las Híades, yace un planeta desolado en un sistema solar de dos soles, donde solo un lugar es habitable.
Carcosa, un reino que se ejerce en contra toda lógica, con grandes edificaciones, un reino prospero de alguna forma, donde habitan diferentes razas, desde humanos hasta seres mas haya del cosmos.
En su castillo yace el Rey, esperando que algún humano se encuentre con el Signo Amarillo o lea alguno de los cuentos del libro "El Rey de Amarillo", todo con la finalidad de poder manifestarse en el mundo humano y continuar por la búsqueda de romper el sello que lo tiene prisionero en la ciudad que él mismo erigió. Esas fuerzas cósmicas que incluso le dieron al Rey la cualidad de generar locura a los mortales.
En la constelación de Tauro, mas exactamente en el cúmulo de las Híades, yace un planeta desolado en un sistema solar de dos soles, donde solo un lugar es habitable.
Carcosa, un reino que se ejerce en contra toda lógica, con grandes edificaciones, un reino prospero de alguna forma, donde habitan diferentes razas, desde humanos hasta seres mas haya del cosmos.
En su castillo yace el Rey, esperando que algún humano se encuentre con el Signo Amarillo o lea alguno de los cuentos del libro "El Rey de Amarillo", todo con la finalidad de poder manifestarse en el mundo humano y continuar por la búsqueda de romper el sello que lo tiene prisionero en la ciudad que él mismo erigió. Esas fuerzas cósmicas que incluso le dieron al Rey la cualidad de generar locura a los mortales.
3
1
turno
0
maullidos
Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.
****Edad del Caos****
"Elun’Kaor, la Hija del Monstruo"
La guerra había cambiado, ya no era solo Ozma contra los dioses ahora eran pueblos enteros luchando por sobrevivir, razas obligadas a elegir un bando y traiciones nacidas del miedo.
Yen lo sabía por eso, cuando recibió el aviso de que una de las ciudades liberadas estaba a punto de caer, no dudó.
Ozma no iría con ella, Helior Prime había aparecido y eso solo significaba una cosa:
era una trampa. Los Dioses querian dividir sus fuerzas pero aun asi Yen avanzó.
No tenía opción, los ciudadanos no corrían, no gritaban, esperaban. Fue entonces cuando lo entendió.
Esto no es un rescate -Murmuró Yen.-
Las puertas se abrieron s lo que salió de ellas no eran refugiados, eran enemigos, humanos armados, criaturas deformadas, Demonios con marcas que no les pertenecían.
Nos vendieron… -Susurró uno de los Kijin.-
No... No nos vendieron, eligieron un bando. -Respondio Yen.-
Los dioses les habían ofrecido poder y ellos aceptaron. La batalla comenzó sin tregua. Fue un día entero sin descanso, sin pausas.
Yen luchaba al frente, como siempre, su espada cortaba, su cuerpo resistía, su mente calculaba pero no era suficiente. Los demonios no caían como deberían, se regeneraban, se retorcían y se levantaban. El poder de los dioses mezclado con el poder oscuro de estos. Era una aberración.
Al caer la noche los Kijin empezaron a caer uno a uno, Onix seguía en pie, cubierta de sangre y agotada. Yen respiraba con dificultad, su brazo mecánico crujía, su cuerpo ya no respondía igual y por primera vez en años penso que esta vez nadie de su grupo se salvaría
-Pero entonces levanto la vista a la luna llena observándola.- Padre… -Susurró, apretando los dientes- Dame fuerza.
-Pero no fue a él a quien sintió, fue calor suave y familiar.- Madre…?! -La luz la envolvió, su piel cambió, la oscuridad verde desapareció y en su lugar… una figura de luz plateada emergio
Su cabello era plateado y brillante, ojos claros... Una Elunai completa. Los Kijin retrocedieron, porque no entendían lo que veían pero aun asi, lo sabian en el fondo.
"Es ella…"
Yen no dudó, se lanzó, ahora diferente, su espada ya no solo cortaba, Quemaba y purificaba. La magia de sanación fluía por su cuerpo pero no sanaba... Destruía.
Los demonios gritaban, sus cuerpos se deshacían bajo una luz que no debería matar. Y ahí, algo comenzó a romperse dentro de ella. La luna no estaba hecha para eso, ese poder no era para destruir, Yen lo forzó, lo torció y lo usó como arma.
-Su cabello plateado se oscureció, al lado de sus ojos se marcaba en rojo. Los Elunai que observaban desde lejos lo entendieron al instante.- "Elun’Kaor… Una corrupta… La hija del monstruo".
Pero Yen ya no escuchaba, ni siquiera era consiente de su propio apariencia, solo avanzaba y destruía. Un demonio mayor cargó contra ella.
Gigantesco, deforme, gritando, Yen levantó su brazo mecánico y lo detuvo en seco con un poderoso golpe. El impacto rompió el suelo, el aire explotó y luego del golpeó el cuerpo del demonio se desintegró.
Pero algo más también se rompió, su brazo mecánico estalló en pedazos. Onix lo vio y grito asustada: ¡YEN!
Pero Yen no se detuvo, gritó. Fue un grito que no era de este mundo, su poder se disparó, su cuerpo creció, músculos, fuerza, furia y entonces… sintió algo nuevo donde no había nada. Algo nació, era carne, hueso, sangre... Su brazo regenerándose demasiado rápido,, demasiado violento.
Yen estaba completa, vio a sus enemigos y sonrió con sed de sangre... La batalla terminó poco después no porque ganaran, sino porque no quedó nada con que combatir.
Yen cayó de rodillas, su cuerpo volvió a la normalidad. Piel verde, respiración rota.
Había ganado, sí, pero en el fondo algo no estaba bien.