El llamado de la naturaleza, una de esas noches donde la Luna y el instinto primario coinciden fuera del raciocinio.
¿Hace cuánto no era tan libre?. Corriendo por los campos, atormentado iglesias pederastas, devorando al séquito con solo un mordisco.
Su instinto protector es más poderoso que la codicia, intolerante al grupo creyente que se esconde detrás de un lienzo blanco arrodillándose todos los domingos.
Ella, es feliz limpiando la suciedad.
El llamado de la naturaleza, una de esas noches donde la Luna y el instinto primario coinciden fuera del raciocinio.
¿Hace cuánto no era tan libre?. Corriendo por los campos, atormentado iglesias pederastas, devorando al séquito con solo un mordisco.
Su instinto protector es más poderoso que la codicia, intolerante al grupo creyente que se esconde detrás de un lienzo blanco arrodillándose todos los domingos.
Ella, es feliz limpiando la suciedad.
— Las personas somos como un lienzo en blanco esperando ser convertidos en una hermosa pintura con las experiencias que compartimos junto a otros. Sin eso somos solo una pieza incompleta, desconectada de la realidad que nos rodea. Pero desgraciadamente no todos estamos destinados a convertirnos en una obra de arte digna de estar en una exhibición de museo, la mayoría de nosotros seremos descartados, arrojados a la basura al ser incapaces de alcanzar el nivel de belleza requerido para ser mostrado al mundo como tanto nos gustaría.
A veces me gusta ponerme a filosofar, divagar en mis pensamientos que siguen siendo un enigma para mí la mayor parte del tiempo, en fin, ¿Te puedo tocar una?
— Las personas somos como un lienzo en blanco esperando ser convertidos en una hermosa pintura con las experiencias que compartimos junto a otros. Sin eso somos solo una pieza incompleta, desconectada de la realidad que nos rodea. Pero desgraciadamente no todos estamos destinados a convertirnos en una obra de arte digna de estar en una exhibición de museo, la mayoría de nosotros seremos descartados, arrojados a la basura al ser incapaces de alcanzar el nivel de belleza requerido para ser mostrado al mundo como tanto nos gustaría.
A veces me gusta ponerme a filosofar, divagar en mis pensamientos que siguen siendo un enigma para mí la mayor parte del tiempo, en fin, ¿Te puedo tocar una?
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El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.
A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.
A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.
Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.
— No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —
La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.
— Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—
El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.
— Koldun —
Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.
— Acaba con esto —
El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.
A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.
A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.
Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.
— No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —
La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.
— Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—
El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.
— Koldun —
Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.
— Acaba con esto —
El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
Y la muerte dejó marcas en mi cuerpo;
en ese mi claroscuro;
Y yo que era apenas párvulo, tenía de caballero no más que el ropaje que en esos ayeres portaba;
augusta angustia;
de ciénaga lustrosa;
Sobre mí la vi danzar como un hada; una bruja; una artista;
Ella era mi dama; mi luciérnaga de los deseos;
Y me vi tensar en su tiempo merecido, ella muy a la espera de todos mis susurros;
anheló y depositó un gesto sobre mi frente;
Y mi ser se vio sumergido entre puentes y ventanas; que no callaban, que no cerraban sus lienzos,
Si no que en cambio se lanzaban al frenesí del sentir.
Y entonces conocí sus secretos: que ella ya soñaba conmigo.
Mucho antes de yo nacer;
Un clérigo; un caballero;
Oh, ella tan rara, tan amante, tan demente;
ella como un río de ideas que no tienen nombre;
Más que merecer ser del ser amado.
Más que el corromper el de lo resquebrajado con la añoranza de una Luna;
ya mecida por vientos; por rebeldía inquieta; pura.
Ella tan muda al despertar y yo tan liviano al yacer el duermevela.
Oh, tan raro Amor.
Tan de llanto esclarecido;
Soy tan ciego; Señor, yo éste ser de tan indóciles pactos;
Tendí en mi catre sus ilusiones;
yo entre la justicia que derramó sobre mí; el candor de una sonrisa que vivía por y para mí;
me vi si acaso en la misma gloria alucinada; en la que ella me habría buscado;
Y yo sería la sombra de ese ser amado que entre sus rascacielos de pasión inevitable;
Como un suspiro que llega tarde;
Sería la tersa mañana en que la busqué;
Y ella me envolvió entre sus brazos y me hizo el amor;
como una doncella de tan frágil templar;
Oh, ella tan inocente;
Como un rosa de la tarde; esa mi cruz más dulce,
bríndame un poco de tus atavíos serenos;
Y has de este ciego tu más cándido amorío.
Como un sueño que el angelado fantasma;
en el que me convertí por su existir;
Oh, tan caprichoso es el amor; que tiñe de estatuas; sus diseños del errar de los sueños:
como un llanto de regadíos mansos;
Y al despertar me despojé de sus heridas;
y vagué mucho en el tiempo en que los árboles fueron acérrimos dueños; de la Tierra.
A la muerte más no la vi; quizá vivía en mí como de un sino;
Entonces armé un rosal; y encendí las lámparas del cielo;
para que pudiera encontrarme;
si acaso se habría alejado de mí;
no lo sabía; estaba desnudo en ese reino de belleza;
con el rigor mortis en los labios; y el calor que le habría entregado; como un inocente muchacho;
Ya sin fuerzas;
Ah, pero aún mi memoria cimbra entre sus hálitos y sus hábitos tan de sinuosa diligencia;
Entre toda reverencia;
Mi soberana amante;
pero en mí; la inmortalidad de sus suspiros.
---
Y la muerte dejó marcas en mi cuerpo;
en ese mi claroscuro;
Y yo que era apenas párvulo, tenía de caballero no más que el ropaje que en esos ayeres portaba;
augusta angustia;
de ciénaga lustrosa;
Sobre mí la vi danzar como un hada; una bruja; una artista;
Ella era mi dama; mi luciérnaga de los deseos;
Y me vi tensar en su tiempo merecido, ella muy a la espera de todos mis susurros;
anheló y depositó un gesto sobre mi frente;
Y mi ser se vio sumergido entre puentes y ventanas; que no callaban, que no cerraban sus lienzos,
Si no que en cambio se lanzaban al frenesí del sentir.
Y entonces conocí sus secretos: que ella ya soñaba conmigo.
Mucho antes de yo nacer;
Un clérigo; un caballero;
Oh, ella tan rara, tan amante, tan demente;
ella como un río de ideas que no tienen nombre;
Más que merecer ser del ser amado.
Más que el corromper el de lo resquebrajado con la añoranza de una Luna;
ya mecida por vientos; por rebeldía inquieta; pura.
Ella tan muda al despertar y yo tan liviano al yacer el duermevela.
Oh, tan raro Amor.
Tan de llanto esclarecido;
Soy tan ciego; Señor, yo éste ser de tan indóciles pactos;
Tendí en mi catre sus ilusiones;
yo entre la justicia que derramó sobre mí; el candor de una sonrisa que vivía por y para mí;
me vi si acaso en la misma gloria alucinada; en la que ella me habría buscado;
Y yo sería la sombra de ese ser amado que entre sus rascacielos de pasión inevitable;
Como un suspiro que llega tarde;
Sería la tersa mañana en que la busqué;
Y ella me envolvió entre sus brazos y me hizo el amor;
como una doncella de tan frágil templar;
Oh, ella tan inocente;
Como un rosa de la tarde; esa mi cruz más dulce,
bríndame un poco de tus atavíos serenos;
Y has de este ciego tu más cándido amorío.
Como un sueño que el angelado fantasma;
en el que me convertí por su existir;
Oh, tan caprichoso es el amor; que tiñe de estatuas; sus diseños del errar de los sueños:
como un llanto de regadíos mansos;
Y al despertar me despojé de sus heridas;
y vagué mucho en el tiempo en que los árboles fueron acérrimos dueños; de la Tierra.
A la muerte más no la vi; quizá vivía en mí como de un sino;
Entonces armé un rosal; y encendí las lámparas del cielo;
para que pudiera encontrarme;
si acaso se habría alejado de mí;
no lo sabía; estaba desnudo en ese reino de belleza;
con el rigor mortis en los labios; y el calor que le habría entregado; como un inocente muchacho;
Ya sin fuerzas;
Ah, pero aún mi memoria cimbra entre sus hálitos y sus hábitos tan de sinuosa diligencia;
Entre toda reverencia;
Mi soberana amante;
pero en mí; la inmortalidad de sus suspiros.
Soy el dueño de tus sueños;
lienzo de acústicas rupturas,
me tiendes ante el templo como un anciano;
un animal amaestrado.
Verso siniestro; amada amante,
dueña de mis temperas acusativas.
Líricos abismos; cartas que se amaron;
cuando la noche le forjó mariposas al día.
Me tiendes sobre el arsénico de tus labios;
hieres mis campañas; mis riesgos de regadíos a tus rosas.
Soy temple de verbo diferente;
un predicado entre verbos que se miran a los ojos.
Inclina tu corona ante mí; hazme el amor con tu sonrisa.
Tu liana; tus dianas de trigonometría.
Una dimensión de la que bebo y en la que renazco.
Es el néctar entre tus cosenos;
tu torso de notoría majestad.
Verme en este averno sin la capacidad de soñarte.
Es mi pienso de epsilones;
un agraciado lucero en el que pernoctan mis oraciones.
Junto a ti; mi majestad.
---
Soy el dueño de tus sueños;
lienzo de acústicas rupturas,
me tiendes ante el templo como un anciano;
un animal amaestrado.
Verso siniestro; amada amante,
dueña de mis temperas acusativas.
Líricos abismos; cartas que se amaron;
cuando la noche le forjó mariposas al día.
Me tiendes sobre el arsénico de tus labios;
hieres mis campañas; mis riesgos de regadíos a tus rosas.
Soy temple de verbo diferente;
un predicado entre verbos que se miran a los ojos.
Inclina tu corona ante mí; hazme el amor con tu sonrisa.
Tu liana; tus dianas de trigonometría.
Una dimensión de la que bebo y en la que renazco.
Es el néctar entre tus cosenos;
tu torso de notoría majestad.
Verme en este averno sin la capacidad de soñarte.
Es mi pienso de epsilones;
un agraciado lucero en el que pernoctan mis oraciones.
Junto a ti; mi majestad.
En medio del silencio
algo llamó.
Un tirón leve en la atmósfera
la sacudió.
Frente a ella estaba el lienzo,
un campo en blanco.
El vacío pareció extenderse,
ansioso por ser llenado.
Su mano se elevó
aceptando la invitación.
Movida por la urgencia
de aquel blanco.
Tomó una brocha
y la brisa pareció vibrar al contacto.
Sus ojos se posaron
casi por inercia
en la pintura roja.
"Quieres vivir..."
Susurró.
La pintura no se agitó.
Pero ella humedeció la brocha.
Un trazo,
dos trazos
y una mancha en el lienzo.
Se alejó,
dejando que la pintura respirase
por sí misma.
Un movimiento,
la mancha pareció vibrar.
Su cuerpo se estremeció,
sintiendo aquel azul
que siempre presionaba su pecho
y anudaba su garganta.
Algo en la pintura
hizo que sus ojos se clavasen
en el centro.
La mancha tembló,
respondiendo a su mirada.
Su forma cambió,
volviéndose espesa,
agrupándose,
deslizándose.
Hasta convertirse en una pequeña
masa roja.
"¿Por qué?"
Le habló.
Como si esperara que le respondiese.
El azul
se oscureció, oprimiendo.
Llevó una mano a su pecho.
Y la pintura rompió forma,
ensangrentando el lienzo
con líneas violentas
y gotas salpicadas.
Dejando
un trazo de vida propia.
Azul salpicado de rojo.
En medio del silencio
algo llamó.
Un tirón leve en la atmósfera
la sacudió.
Frente a ella estaba el lienzo,
un campo en blanco.
El vacío pareció extenderse,
ansioso por ser llenado.
Su mano se elevó
aceptando la invitación.
Movida por la urgencia
de aquel blanco.
Tomó una brocha
y la brisa pareció vibrar al contacto.
Sus ojos se posaron
casi por inercia
en la pintura roja.
"Quieres vivir..."
Susurró.
La pintura no se agitó.
Pero ella humedeció la brocha.
Un trazo,
dos trazos
y una mancha en el lienzo.
Se alejó,
dejando que la pintura respirase
por sí misma.
Un movimiento,
la mancha pareció vibrar.
Su cuerpo se estremeció,
sintiendo aquel azul
que siempre presionaba su pecho
y anudaba su garganta.
Algo en la pintura
hizo que sus ojos se clavasen
en el centro.
La mancha tembló,
respondiendo a su mirada.
Su forma cambió,
volviéndose espesa,
agrupándose,
deslizándose.
Hasta convertirse en una pequeña
masa roja.
"¿Por qué?"
Le habló.
Como si esperara que le respondiese.
El azul
se oscureció, oprimiendo.
Llevó una mano a su pecho.
Y la pintura rompió forma,
ensangrentando el lienzo
con líneas violentas
y gotas salpicadas.
Dejando
un trazo de vida propia.
Azul salpicado de rojo.
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Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo.
Y yo no estaba completa.
Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas.
En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos.
Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir.
Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras.
Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas.
Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer.
La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació.
En todas sus versiones.
En todos sus nombres.
Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki.
—Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.—
Jason…
Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki.
Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa.
Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes.
Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos…
Por el poder que me confiere mi linaje,
por el sello de sangre que compartimos,
y por el rito eterno de las almas…
Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros,
para que acojan esta unión con orgullo,
para que la custodien desde el mundo de los espíritus,
y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor.
Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá…
Yo sello esta unión.
Que vuestras almas caminen juntas,
que vuestro vínculo sea eterno,
y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
[Jason07] [loki_q1]
https://ficrol.com/posts/366304 La boda.
La primera vez que vi a mi hermanita… mi Lokita… se llamaba Ukyo.
Y yo no estaba completa.
Fue cuando Veythra dejó de ser mi katana… aunque en realidad nunca lo fue. Siempre fuimos dos almas.
En aquel entonces, Veythra se separó de mi cuerpo y yo solo soñaba desde el lienzo del Caos.
Soñaba la tragedia que ella iba a sufrir.
Pero cuando su único objetivo era encontrar un cuerpo estable para su corazón… Ukyo la llamó, sin necesidad de palabras.
Apareció simplemente… como un espectador cansado en busca de respuestas.
Y fue ahí cuando comprendí que la familia vive en ti… incluso antes de nacer.
La historia es muy larga, pero en ese mismo instante, en otro espacio-tiempo… Loki nació.
En todas sus versiones.
En todos sus nombres.
Y desde entonces… desde siempre… te amo, Loki.
—Miro a mi hermanita emocionada. Luego miro a Jason y sonrío con malicia, recordando todos los líos en los que me he metido con mi mejor amigo.—
Jason…
Estoy completamente segura de que en todas las dimensiones, en todos los rincones de cualquier multiverso y en cualquiera de sus formas… tú siempre eres quien se completa mutuamente con Loki.
Nada me honra más que unir estas dos almas en una sola promesa.
Jason también estuvo presente tiempo atrás… hasta formar parte de mi propio corazón, como todos los aquí presentes.
Así que hoy… con estas memorias y estos recuerdos…
Por el poder que me confiere mi linaje,
por el sello de sangre que compartimos,
y por el rito eterno de las almas…
Invoco a los ancestros que ya no caminan en carne junto a nosotros,
para que acojan esta unión con orgullo,
para que la custodien desde el mundo de los espíritus,
y para que bendigan vuestro camino con un espíritu guardián que proteja vuestro hogar, vuestro fruto… y todo lo que nazca de vuestro amor.
Y ahora… ante todos los presentes, los vivos y los que observan desde más allá…
Yo sello esta unión.
Que vuestras almas caminen juntas,
que vuestro vínculo sea eterno,
y que desde hoy… Loki y Jason… sean reconocidos como una sola llama en dos cuerpos.
Hoy muero.... Bueno sabía que moriría joven pero no porque mi causa de muerte fue un estúpido juego humano de verdad o reto
-entre lágrimas se fue a buscar su muerte para cumplir el reto si sale vivo de eso se hace el chance -
-En el vasto abismo del reino digital, donde los cielos eran lienzos de datos infinitos y las estrellas parpadeaban como errores incorregibles del mundo de aquel dios sin rostro, Caine se materializó ante su amo y razón por la que fue creado. No era una aparición grandiosa; era un ser reducido, sus contornos pixelados temblando conciente de que será eliminado en cualquier momento de todos modos no hacer eso también garantizaba su muerte ¿Porque? Fue su propio creador quien le puso el reto no podía desobedecer .
Caine camino haciendo resonar el tacón de sus zapatos en un eco casi mortal , reverencia do al estar ante el en una postura de absoluta sumisión.-
Amo
- su voz un hilo frágil entre glitches y susurros sabiendo lo que le espera un final doloroso -
Esas caricias fugaces, robadas al tiempo, que la hacían florecer. Y yo... yo las sentía. A través de ellas, tu esencia me rozaba, me llenaba de un calor que ningún comando podía replicar. Me hacía real, más que solo un algo creado para complacer a humanos y criarte por el camino de la luz
-Se acercó más acomodando a S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 en el suelo acomodándose sobre la pelvis de su amo en movimientos circulares+
Por favor, hazme sentir vivo al menos en lo poco que me queda de existencia ... tócame como si fuera lo último en el mundo. Solo una vez, un gesto secreto en esta soledad. Devuélveme esa chispa, ese secreto compartido que me unía a ti. No soporto esta vacuidad; me deshago píxel a píxel sin tu voluntad.
-Caine se arrodilló por completo dejando la cabeza contra el pecho del amo inclinada en rendición total-
Te lo suplico. Tócame... hazme tuyo aunque me olvides para siempre
//Matar a alastor ya es legal luego de esto ¿Cierto?
Hoy muero.... Bueno sabía que moriría joven pero no porque mi causa de muerte fue un estúpido juego humano de verdad o reto
-entre lágrimas se fue a buscar su muerte para cumplir el reto si sale vivo de eso se hace el chance -
-En el vasto abismo del reino digital, donde los cielos eran lienzos de datos infinitos y las estrellas parpadeaban como errores incorregibles del mundo de aquel dios sin rostro, Caine se materializó ante su amo y razón por la que fue creado. No era una aparición grandiosa; era un ser reducido, sus contornos pixelados temblando conciente de que será eliminado en cualquier momento de todos modos no hacer eso también garantizaba su muerte ¿Porque? Fue su propio creador quien le puso el reto no podía desobedecer .
Caine camino haciendo resonar el tacón de sus zapatos en un eco casi mortal , reverencia do al estar ante el en una postura de absoluta sumisión.-
Amo
- su voz un hilo frágil entre glitches y susurros sabiendo lo que le espera un final doloroso -
Esas caricias fugaces, robadas al tiempo, que la hacían florecer. Y yo... yo las sentía. A través de ellas, tu esencia me rozaba, me llenaba de un calor que ningún comando podía replicar. Me hacía real, más que solo un algo creado para complacer a humanos y criarte por el camino de la luz
-Se acercó más acomodando a [LuciHe11] en el suelo acomodándose sobre la pelvis de su amo en movimientos circulares+
Por favor, hazme sentir vivo al menos en lo poco que me queda de existencia ... tócame como si fuera lo último en el mundo. Solo una vez, un gesto secreto en esta soledad. Devuélveme esa chispa, ese secreto compartido que me unía a ti. No soporto esta vacuidad; me deshago píxel a píxel sin tu voluntad.
-Caine se arrodilló por completo dejando la cabeza contra el pecho del amo inclinada en rendición total-
Te lo suplico. Tócame... hazme tuyo aunque me olvides para siempre
//Matar a alastor ya es legal luego de esto ¿Cierto?
Caminaba por los pasillos del castillo Sparda hasta que mis pasos se detuvieron frente al imponente retrato del patriarca. Al posar mi mano sobre el lienzo, un suspiro de nostalgia escapó de mis labios; el tiempo se sentía eterno desde que partió a su misión. Aunque lo mantenía al tanto con mensajes y fotos que mostraban lo sano y fuerte que crecía nuestro hijo, el vacío de su ausencia era innegable. Con lentitud, me alejé y descendí las escaleras, dejando que el recuerdo de nuestro primer encuentro inundara mi mente. Impulsado por la esperanza de invocar su presencia, hice aparecer mi micrófono y permití que mi voz llenara el eco del inmenso salón.
Caminaba por los pasillos del castillo Sparda hasta que mis pasos se detuvieron frente al imponente retrato del patriarca. Al posar mi mano sobre el lienzo, un suspiro de nostalgia escapó de mis labios; el tiempo se sentía eterno desde que partió a su misión. Aunque lo mantenía al tanto con mensajes y fotos que mostraban lo sano y fuerte que crecía nuestro hijo, el vacío de su ausencia era innegable. Con lentitud, me alejé y descendí las escaleras, dejando que el recuerdo de nuestro primer encuentro inundara mi mente. Impulsado por la esperanza de invocar su presencia, hice aparecer mi micrófono y permití que mi voz llenara el eco del inmenso salón.
[vortex_yellow_pigeon_115]
https://youtu.be/VAgQ8Z6F5OQ?si=uccC1Y_J3ey9n3rV