• ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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  • ⸻ ¡AAAAHHHHHHHHHHH! ¿¡Por qué es todo tan aburrido?! ¡Soy una dragón! ¡Se supone que hay leyendas sobre mi! ¡¿Dónde está la ambición que había antes?! ¡Hagan algo, traten de matarme o lo que sea! ⸻
    ⸻ ¡AAAAHHHHHHHHHHH! ¿¡Por qué es todo tan aburrido?! ¡Soy una dragón! ¡Se supone que hay leyendas sobre mi! ¡¿Dónde está la ambición que había antes?! ¡Hagan algo, traten de matarme o lo que sea! ⸻
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    Categoría Slice of Life
    Bonesy The Necromancer

    Oh, el aburrimiento de una vigilia eterna, un deber que, si bien al inicio, cuando los aventureros trataban de adentrarse a la torre, era entretenido, se fue volviendo más y más aburrido a medida que las leyendas de la torre iban cayendo en el olvido...

    ⸻ Otro día más sin visitantes. ⸻ Como de costumbre ¿Cuántos años iban ya que nadie venía, estaba claro que se habían olvidado del lugar. Miró al cielo. ⸻ ¡Agh! ¡Sabes perfectamente que no va a venir nadie! ¡¿Para qué me quieres todavía aquí?! ⸻ Le gritó aparentemente a la nada, pero no hubo respuesta, como era de esperar.

    Bajó la mirada. ⸻ No tiene caso quejarse. ⸻ Suspiró, sería momento de una de sus escapadas, que, a día de hoy, seguía sin entender cómo era que le permitían hacer eso... ⸻ En fin. ⸻ Realmente no tenía pertenencias, así que simplemente podía irse en cualquier momento, es por eso que, sin siquiera echar un vistazo atrás, desaparecería durante un tiempo...

    [Timelapse - En alguna ciudad desconocida para Eve.]

    Caminaba por las calles, todo parecía un mundo diferente, incluso de noche la gente abundaba, los coches hacían ruido y si no fuera porque tomó una forma algo más humana, los transeúntes seguramente se pararían a mirarla. "Si que ha avanzado el mundo humano en... ¿100 años?¿200?" Pensó para si misma, pero no había mucho que hacer o decir al respecto, incluso si ella seguía en su propio mundo, el resto continuaría avanzando.

    Fue entonces que lo sintió. Se paró en seco, alguien diferente, único, interesante... Quizás fue solo una corazonada, pero sabía que cerca en algún lado había alguien que no encajaba en una sociedad tan corriente como esta. ⸻ Bueno. ⸻ Esbozó una sonrisa de dientes afilados. ⸻ A ver que tiene el mundo preparado para mi. ⸻ Y sin más se guiaría por instinto, así era ella.

    Dio unas cuantas vueltas, sin éxito, pero en la última decidió adentrarse en un parque cercano. Con ojos vigilantes y atentos comenzó a recorrer el lugar, hasta que... ⸻ Hmm. ⸻ Una figura encapuchada que parecía desprender un aura diferente al resto. ⸻ Habrá que probar. ⸻ Y sin más, se dirigió hacia dicha figura. ⸻ ¡Oye!¡Tú! ⸻ Alzó la voz, quizás no era la más educada, pero no lo hacía con mala intención.
    [Necr0MANcer] Oh, el aburrimiento de una vigilia eterna, un deber que, si bien al inicio, cuando los aventureros trataban de adentrarse a la torre, era entretenido, se fue volviendo más y más aburrido a medida que las leyendas de la torre iban cayendo en el olvido... ⸻ Otro día más sin visitantes. ⸻ Como de costumbre ¿Cuántos años iban ya que nadie venía, estaba claro que se habían olvidado del lugar. Miró al cielo. ⸻ ¡Agh! ¡Sabes perfectamente que no va a venir nadie! ¡¿Para qué me quieres todavía aquí?! ⸻ Le gritó aparentemente a la nada, pero no hubo respuesta, como era de esperar. Bajó la mirada. ⸻ No tiene caso quejarse. ⸻ Suspiró, sería momento de una de sus escapadas, que, a día de hoy, seguía sin entender cómo era que le permitían hacer eso... ⸻ En fin. ⸻ Realmente no tenía pertenencias, así que simplemente podía irse en cualquier momento, es por eso que, sin siquiera echar un vistazo atrás, desaparecería durante un tiempo... [Timelapse - En alguna ciudad desconocida para Eve.] Caminaba por las calles, todo parecía un mundo diferente, incluso de noche la gente abundaba, los coches hacían ruido y si no fuera porque tomó una forma algo más humana, los transeúntes seguramente se pararían a mirarla. "Si que ha avanzado el mundo humano en... ¿100 años?¿200?" Pensó para si misma, pero no había mucho que hacer o decir al respecto, incluso si ella seguía en su propio mundo, el resto continuaría avanzando. Fue entonces que lo sintió. Se paró en seco, alguien diferente, único, interesante... Quizás fue solo una corazonada, pero sabía que cerca en algún lado había alguien que no encajaba en una sociedad tan corriente como esta. ⸻ Bueno. ⸻ Esbozó una sonrisa de dientes afilados. ⸻ A ver que tiene el mundo preparado para mi. ⸻ Y sin más se guiaría por instinto, así era ella. Dio unas cuantas vueltas, sin éxito, pero en la última decidió adentrarse en un parque cercano. Con ojos vigilantes y atentos comenzó a recorrer el lugar, hasta que... ⸻ Hmm. ⸻ Una figura encapuchada que parecía desprender un aura diferente al resto. ⸻ Habrá que probar. ⸻ Y sin más, se dirigió hacia dicha figura. ⸻ ¡Oye!¡Tú! ⸻ Alzó la voz, quizás no era la más educada, pero no lo hacía con mala intención.
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  • 𝔼𝕟 𝕦𝕟 𝕝𝕦𝕘𝕒𝕣 𝕕𝕠𝕟𝕕𝕖 𝕝𝕠𝕤 𝕙𝕦𝕞𝕒𝕟𝕠𝕤 𝕥𝕣𝕒𝕥𝕒𝕟 𝕕𝕖 𝕒𝕔𝕖𝕣𝕔𝕒𝕣𝕤𝕖 𝕒 𝔻𝕚𝕠𝕤, 𝕒𝕝𝕝í 𝕖𝕤𝕥𝕒́𝕟 𝕝𝕒𝕤 𝕣𝕖𝕤𝕡𝕦𝕖𝕤𝕥𝕒𝕤 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕦𝕤𝕔𝕒𝕤...

    𝕌𝕟 𝕝𝕦𝕘𝕒𝕣 𝕕𝕖 𝕝𝕖𝕪𝕖𝕟𝕕𝕒 𝕕𝕠𝕟𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕞𝕦𝕖𝕣𝕥𝕖 𝕟𝕠 𝕖𝕤 𝕖𝕝 𝕗𝕚𝕟𝕒𝕝.
    ℍ𝕚𝕤𝕥𝕠𝕣𝕚𝕒𝕤 𝕔𝕠𝕟𝕥𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕖𝕟 𝕤𝕦 𝕡𝕦𝕖𝕓𝕝𝕠,
    𝕞𝕚𝕥𝕠𝕤 𝕡𝕒𝕣𝕒 𝕒𝕥𝕣𝕒𝕖𝕣 𝕒 𝕝𝕠𝕤 𝕧𝕒𝕝𝕚𝕖𝕟𝕥𝕖𝕤...
    𝕋𝕠𝕕𝕠 𝕣𝕖𝕤𝕦𝕝𝕥𝕠́ 𝕤𝕖𝕣 𝕔𝕚𝕖𝕣𝕥𝕠.

    ⸻ Te encontré. ⸻

    Un lugar escondido al ojo humano, imposible de percibir para la persona promedio, pero que, de alguna manera, conocían en su pueblo.
    Un lugar rodeado de mitos y leyendas, una torre que se alzaba a los cielos, sin un final visible.
    Intrusa que se adentraba en el cielo como si le perteneciera, sin ningún tipo de información sobre la era de la que provenía.

    Si en algún lugar hallaría respuestas, ahí debía ser. La desaparición de su pueblo, la muerte de su familia, el origen de su propio poder; todo debería hallar respuesta en esa torre de leyenda pero ¿Qué retos esperarían dentro? ⸻ Es momento de saldar deudas. ⸻ Poco importaba el precio, Nagi tenía un destino claro y ahora mismo, difícilmente se la convencería de lo contrario.

    Era momento de iniciar los preparativos, la brújula apuntaba en una nueva dirección; era momento de alumbrar su pasado y si para ello debía desenvainar su espada, con gusto cortaría el mismo cielo.
    𝔼𝕟 𝕦𝕟 𝕝𝕦𝕘𝕒𝕣 𝕕𝕠𝕟𝕕𝕖 𝕝𝕠𝕤 𝕙𝕦𝕞𝕒𝕟𝕠𝕤 𝕥𝕣𝕒𝕥𝕒𝕟 𝕕𝕖 𝕒𝕔𝕖𝕣𝕔𝕒𝕣𝕤𝕖 𝕒 𝔻𝕚𝕠𝕤, 𝕒𝕝𝕝í 𝕖𝕤𝕥𝕒́𝕟 𝕝𝕒𝕤 𝕣𝕖𝕤𝕡𝕦𝕖𝕤𝕥𝕒𝕤 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕦𝕤𝕔𝕒𝕤... 𝕌𝕟 𝕝𝕦𝕘𝕒𝕣 𝕕𝕖 𝕝𝕖𝕪𝕖𝕟𝕕𝕒 𝕕𝕠𝕟𝕕𝕖 𝕝𝕒 𝕞𝕦𝕖𝕣𝕥𝕖 𝕟𝕠 𝕖𝕤 𝕖𝕝 𝕗𝕚𝕟𝕒𝕝. ℍ𝕚𝕤𝕥𝕠𝕣𝕚𝕒𝕤 𝕔𝕠𝕟𝕥𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕖𝕟 𝕤𝕦 𝕡𝕦𝕖𝕓𝕝𝕠, 𝕞𝕚𝕥𝕠𝕤 𝕡𝕒𝕣𝕒 𝕒𝕥𝕣𝕒𝕖𝕣 𝕒 𝕝𝕠𝕤 𝕧𝕒𝕝𝕚𝕖𝕟𝕥𝕖𝕤... 𝕋𝕠𝕕𝕠 𝕣𝕖𝕤𝕦𝕝𝕥𝕠́ 𝕤𝕖𝕣 𝕔𝕚𝕖𝕣𝕥𝕠. ⸻ Te encontré. ⸻ Un lugar escondido al ojo humano, imposible de percibir para la persona promedio, pero que, de alguna manera, conocían en su pueblo. Un lugar rodeado de mitos y leyendas, una torre que se alzaba a los cielos, sin un final visible. Intrusa que se adentraba en el cielo como si le perteneciera, sin ningún tipo de información sobre la era de la que provenía. Si en algún lugar hallaría respuestas, ahí debía ser. La desaparición de su pueblo, la muerte de su familia, el origen de su propio poder; todo debería hallar respuesta en esa torre de leyenda pero ¿Qué retos esperarían dentro? ⸻ Es momento de saldar deudas. ⸻ Poco importaba el precio, Nagi tenía un destino claro y ahora mismo, difícilmente se la convencería de lo contrario. Era momento de iniciar los preparativos, la brújula apuntaba en una nueva dirección; era momento de alumbrar su pasado y si para ello debía desenvainar su espada, con gusto cortaría el mismo cielo.
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  • No lleva mucho tiempo de haber llegado a aquel pueblo junto a Deirdre, sin embargo, Keira se ha pasado la mayoría del tiempo afuera para poder investigar sobre lo que ocurre en el pueblo.

    Ha hablado con los panaderos, los soldados, las mujeres que lavan su ropa en los lavaderos públicos, los mineros, todo lo suficiente para saber todo el movimiento que ocurre en el pueblo. Con toda la información ha comenzado a montar un muro con información, dibujos, notas, todo unido por algunos hilos de distintos colores que conectan una cosa con otra.

    Cualquiera que pudiera ver aquel muro se sorprendería del enorme trabajo puesto, pero también, se podría asustar de la cantidad de información que ha obtenido y ha formado a partir de teorías. Su curiosidad la hace querer tener completa información sobre el lugar donde se encuentra, desde mitos y leyendas urbanas hasta chismes sobre las personas.
    No lleva mucho tiempo de haber llegado a aquel pueblo junto a Deirdre, sin embargo, Keira se ha pasado la mayoría del tiempo afuera para poder investigar sobre lo que ocurre en el pueblo. Ha hablado con los panaderos, los soldados, las mujeres que lavan su ropa en los lavaderos públicos, los mineros, todo lo suficiente para saber todo el movimiento que ocurre en el pueblo. Con toda la información ha comenzado a montar un muro con información, dibujos, notas, todo unido por algunos hilos de distintos colores que conectan una cosa con otra. Cualquiera que pudiera ver aquel muro se sorprendería del enorme trabajo puesto, pero también, se podría asustar de la cantidad de información que ha obtenido y ha formado a partir de teorías. Su curiosidad la hace querer tener completa información sobre el lugar donde se encuentra, desde mitos y leyendas urbanas hasta chismes sobre las personas.
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  • Bajo el manto estelar, mientras sus compañeros se entregan al sueño, él monta guardia con una misión silenciosa: transcribir cada detalle de la jornada.

    No lo mueve la soberbia ni el deseo de gloria, sino el miedo punzante a que sus vidas se disuelvan en el olvido o se deformen en leyendas vagas.

    Lo siente en el aire...la guerra acecha
    Aunque portan el estandarte blanco de la paz, recorren estas tierras buscando aliados y protección, con una urgencia desesperada por evitar que la llama de la vida se extinga en el continente.
    Bajo el manto estelar, mientras sus compañeros se entregan al sueño, él monta guardia con una misión silenciosa: transcribir cada detalle de la jornada. No lo mueve la soberbia ni el deseo de gloria, sino el miedo punzante a que sus vidas se disuelvan en el olvido o se deformen en leyendas vagas. Lo siente en el aire...la guerra acecha Aunque portan el estandarte blanco de la paz, recorren estas tierras buscando aliados y protección, con una urgencia desesperada por evitar que la llama de la vida se extinga en el continente.
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  • The Price of Evil
    Fandom Original
    Categoría Suspenso

    ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀[Illán] - Marzo de 2026.


    ⠀⠀Los vampiros eran criaturas atemorizantes, sin duda. Pero, contrario a la creencia popular, no eran unos espantos sedientos de sangre que se desligan de la razón por la lujuria de beber sangre humana, son inteligentes, buenos pasando desapercibidos y sobre todo... excelentes adaptándose al entorno que les rodea.

    ⠀⠀Internet. Sí, la red era una herramienta como cualquier otra, sea para enviar información o buscar presas, los vampiros también eran seres racionales, tienen intereses, y sus propias leyendas urbanas. En los más recónditos foros se narran historias de una ciudadela abandonada por debajo de las alcantarillas de Nueva York, un sitio lúgubre que se dice está encantado; quien quiera entrar, deberá ser despojado de su identidad, pero a cambio, entrará en la sociedad de los vampiros más antigua, una logia a la que pocos acceden, pero poseen una mística magia de sangre, vieja y poderosa.

    ⠀⠀Tomó tiempo, una misión en solitario que le tomó más de un mes en juntar las pistas necesarias. Disfrazado de turista diurno, cambió de identidad varias veces en varias regiones de la ciudad, investigó como pudo y con la más alta calidad de artificios. Calles que no existían en mapas, drenajes que no llevaban a ninguna parte, rumores y hasta charlas "amistosas" con engendros chupasangre.

    ⠀⠀El pelirrojo puso un pie delante del otro. Era medianoche del día de la fecha, encima de la cornisa de un edificio, seguía los rastros de un supuesto grupo de un importante vampiro con lazos directos, dirigiéndose directamente a la ciudad de Nosferatu. ¿Iba a entrar directamente en una encarnizada pelea con cientos, quizá miles de vampiros él solo? Sí, se tenía mucha confianza.

    ⠀⠀Pero algo en el aire le hizo perder el rastro, una presencia. Volteó con una sutileza sobrenatural, un filo celeste que se reflejó en la luna apareció en su mano, apuntando al cuello de una silueta femenina. Claramente, no humana...

    ⠀⠀Se mantuvo silente, pero atento. ⸻¿Se te ofrece algo?⸻ Aunque su mirada parecía hostil, su aura estaba en calma, era un río, uno que fluía con la pelea y el diálogo. Daba igual cuál.

    𝙀𝙧𝙞𝙣
    ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀[Illán] - Marzo de 2026. ⠀⠀Los vampiros eran criaturas atemorizantes, sin duda. Pero, contrario a la creencia popular, no eran unos espantos sedientos de sangre que se desligan de la razón por la lujuria de beber sangre humana, son inteligentes, buenos pasando desapercibidos y sobre todo... excelentes adaptándose al entorno que les rodea. ⠀⠀Internet. Sí, la red era una herramienta como cualquier otra, sea para enviar información o buscar presas, los vampiros también eran seres racionales, tienen intereses, y sus propias leyendas urbanas. En los más recónditos foros se narran historias de una ciudadela abandonada por debajo de las alcantarillas de Nueva York, un sitio lúgubre que se dice está encantado; quien quiera entrar, deberá ser despojado de su identidad, pero a cambio, entrará en la sociedad de los vampiros más antigua, una logia a la que pocos acceden, pero poseen una mística magia de sangre, vieja y poderosa. ⠀⠀Tomó tiempo, una misión en solitario que le tomó más de un mes en juntar las pistas necesarias. Disfrazado de turista diurno, cambió de identidad varias veces en varias regiones de la ciudad, investigó como pudo y con la más alta calidad de artificios. Calles que no existían en mapas, drenajes que no llevaban a ninguna parte, rumores y hasta charlas "amistosas" con engendros chupasangre. ⠀⠀El pelirrojo puso un pie delante del otro. Era medianoche del día de la fecha, encima de la cornisa de un edificio, seguía los rastros de un supuesto grupo de un importante vampiro con lazos directos, dirigiéndose directamente a la ciudad de Nosferatu. ¿Iba a entrar directamente en una encarnizada pelea con cientos, quizá miles de vampiros él solo? Sí, se tenía mucha confianza. ⠀⠀Pero algo en el aire le hizo perder el rastro, una presencia. Volteó con una sutileza sobrenatural, un filo celeste que se reflejó en la luna apareció en su mano, apuntando al cuello de una silueta femenina. Claramente, no humana... ⠀⠀Se mantuvo silente, pero atento. ⸻¿Se te ofrece algo?⸻ Aunque su mirada parecía hostil, su aura estaba en calma, era un río, uno que fluía con la pelea y el diálogo. Daba igual cuál. [Black.Rose]
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  • *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga 𝑲𝒂𝒊𝒅𝒂 𝒊𝒄𝒉𝒊𝒓𝒚𝒖𝒔𝒂𝒊 aquel día que me acompañó a mirar las estrellas.

    Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores.

    Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'.

    Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas.

    Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
    *Dicen por ahí que las promesas hay que cumplirlas. Había Sido una semana complicada y no lograba planear con claridad aquella promesa que le hice a mi buena amiga [Dragon_Blood] aquel día que me acompañó a mirar las estrellas. Ambos tenemos sangre dracónica en las venas y por el legado de nuestra especie prometí que si encontraba algún lugar que fuese interesante la invitaría, sin embargo, no sabía qué tipo de lugares serían de su agrado, así que opté por proponerle ir a aquellas tierras donde dicen las leyendas, los Dragones primordiales nacían para que también ella pudiera conocer el origen de ambos antepasados. Aquel plano existencial tenía vistas preciosas y un paisaje único donde se podían ver 5 soles de distintos colores. Pero.....¿Sería un buen panorama? ¿Frecuentará ella este tipo de lugares? Tal vez no sea de su agrado, Tal vez ni siquiera sería algo novedoso, o interesante, tal vez se termine aburriendo, como si la invitase una especie de "nerd" que va a museos y hace cosas que puedan parecer 'ñoñas'. Muy pocas veces he invitado a nadie a ningún lado y la poca sociabilidad que manejo hacía esta, una labor bastante difícil para mí, juntando primero el valor para poder invitarla, a la vez que me planteaba dichas preguntas. Finalmente decidí preguntarle directamente si le apetece dicho plan, o quizás tenga alguna propuesta mejor. Si le llegase a gustar la idea bien, pero si ya de plano rechaza el plan, no pasa nada y tan amigos como siempre. Así que dependiendo de su respuesta veremos si se lleva a cabo esta salida o no.*
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    \

    Esto es lo que leeré en el recital:

    \

    Paraíso de liebre submarina.

    Se cuenta, entre tantas danzantes leyendas, que una vez fue creada una Luna por el soplo de una pipa encantada.

    Y ella al ser ingenua se hallaba inmersa en un océano sin cielo, que engarzaba sus ojos entre las almenaras de sus sigilosos sueños. Ahí y justo ahí, el cielo se encargaba de cuidarla; y peinaba sus cabellos y la consentía y la Luna misma posaba su cabeza en el regazo del imberbe.

    A ella la había mandado pedir una flor de loto, como deseo de nacimiento, ya que crecía en un lago marchito. Ella no conocía más que el hedor de ese lugar, al que llamaba hogar mismo.

    Y el lago al ser marchito la volvía siempre egoísta.

    No reía, sólo codiciaba lo bello.

    Un día como cualquier otro, la flor de loto contempló hacia arriba, tras verse iluminada y arropada por una luz muy bella, como los rayos que la hacían vislumbrar las profundidades de su propio seno, y, con el ver nacarado de sus ojos, posados en los cabellos de esa doncella de plata, anheló su majestad y su sosiego. Y pidió y pidió y pidió ser criatura corpórea para poder hacerle el amor al menos una vez.

    Se dice que la flor y la pipa implementaron el tiempo para gobernar ya sus pasos, y, los pasos del loto se hicieron tardes, noches y mañanas. Ya que, al ser la flor más poderosa, construyó un barco para derramar sus sollozos en forma de gotas de sal, como si la sal se esgrimiera en forma y voto por proa desde el augurio de sus lágrimas.

    Aunaba un plan. Estas le permitieran alcanzar a la luna de su anhelo. Porque el anhelo por tenerla, y el querer tenerla, le hizo maquinar en su quehacer cosas terribles, y se olvidó de pensarla con el bienestar de un ser de noble corazón.

    Así que pensó, y pensó, y pensó en apagar la luminaria de las estrellas que la acompañaban.

    Porque las estrellas apagarían el cobijo de su risa y con su Solo de los susurros que, dedicada sólo a ella, una escalera se presentó al tiempo ante sus pies; amorosa y rebelde. Pero también se hizo turbia y deferente.

    Y la flor se tornó caballero de rigor, pesadilla y desesperanza.

    Así sucedió que la flor de loto, tocó una ventisca venidera de una lamparilla de hueso que pasaba, por allí y por allá. Una costilla de anciana virtud. Porque de los huesos que contenía el lago en el que descansaba la flor, ahí, y justo allí, al alcanzar la Luna con un beso, desde lejos, la cortó en varias tiras.

    Y la luna se derramó en casas, océanos y valles, hasta despojarse de su manto coronado.

    Y de la flor desgraciada y desabrida, emergió una doncella con el crepúsculo bañándole el rostro. Porque había permitido que su luna se presentase en sus aposentos, como ante la sorpresa de la Luna misma.

    Cayó en sus brazos, y, al tocar su rostro, cuando en el cuándo, leyó en la flor arrepentimiento. Ah, el arrepentimiento siempre es nacido del amor más pudiente, y orilló a ambos a fragmentarse y de sus fragmentos nació el océano de Valeria. El de más peligros y de más maravillas.

    Y en Valeria, se decía, que todas las cosas sucedían con errados suelos y erradas prosas y prisas, porque ellos cayeron allí y, el todo y la nada se hicieron sendos relojes de oro, bronce y plata. Hasta que, acabados por sus infamias y símiles, el tiempo se detuvo y existió una densa niebla, y, ante la niebla, se dio por presentada al nupcial mundo de la Aurora.

    Aurora, la Ciudad que nunca de los nunca dormiría.

    Aurora conmovida le abrió los brazos a la flor de loto hecha caballero, pero, a cambio de devolverle a su Luna le hizo ver su caparazón. Y la hizo llenarla con fuego: el fuego de los relojes.

    Entonces Valeria y Aurora orillaron a ese nuevo ser, al que llamaron en secreto Diomedes, a otorgarle el tiempo de su destiempo, pues Diomedes era ya santo, pero también anciano. Y entonces Diomedes presentó dos expresiones ante sí mismo. Una de ellas la posó en el cuerpo de la Luna, y, la otra al callarse, sólo hablaría el idioma de las bestias que habitarían, ese, empero nuevo mundo recién descubierto y conocido. Bestias que no lo traicionaron.


    Así y sólo así, se dice pues que, Diomedes izó el tiempo para que retuviera su soplo de amor, ese no tan verdadero, arropó a su Luna con las cicatrices de ese nuevo paraíso tejedor. Ese que nacía de sus propios dedos pinchados con las agujas de su propio tapizar de destinos.

    Y en el ahora del Ahora, Diomedes vio su suerte y se echó a llorar pues escapaba de la realidad que es fantasía, para guiar a su Luna al culmen del cielo, ya que creía, que al menos así, con su fuego horadado, se tejerían los fragmentos que le faltarían. Esos que debe, expiar y espiar, en cada rincón orillado por su propia mano y fuerza.

    Pero la Luna no retornó a los cielos; porque con el pisar de las pisadas de cerdas de su propia vigilia, Diomedes la lloró y convocó un conjuro que permitiría que esa niña mujer, mujer niña tocara el cielo siquiera una vez. Y por esta razón que Ifigenia, la barca de las líricas se abre paso en el mar de tinta que retiene la esperanzada de uno, y tan sólo uno, que anheló ser maestro de maestros.
    De su nacimiento.

    https://youtu.be/B6s3q2pbYYk?si=pw-MIVud5twowHQK
    \ Esto es lo que leeré en el recital: \ Paraíso de liebre submarina. Se cuenta, entre tantas danzantes leyendas, que una vez fue creada una Luna por el soplo de una pipa encantada. Y ella al ser ingenua se hallaba inmersa en un océano sin cielo, que engarzaba sus ojos entre las almenaras de sus sigilosos sueños. Ahí y justo ahí, el cielo se encargaba de cuidarla; y peinaba sus cabellos y la consentía y la Luna misma posaba su cabeza en el regazo del imberbe. A ella la había mandado pedir una flor de loto, como deseo de nacimiento, ya que crecía en un lago marchito. Ella no conocía más que el hedor de ese lugar, al que llamaba hogar mismo. Y el lago al ser marchito la volvía siempre egoísta. No reía, sólo codiciaba lo bello. Un día como cualquier otro, la flor de loto contempló hacia arriba, tras verse iluminada y arropada por una luz muy bella, como los rayos que la hacían vislumbrar las profundidades de su propio seno, y, con el ver nacarado de sus ojos, posados en los cabellos de esa doncella de plata, anheló su majestad y su sosiego. Y pidió y pidió y pidió ser criatura corpórea para poder hacerle el amor al menos una vez. Se dice que la flor y la pipa implementaron el tiempo para gobernar ya sus pasos, y, los pasos del loto se hicieron tardes, noches y mañanas. Ya que, al ser la flor más poderosa, construyó un barco para derramar sus sollozos en forma de gotas de sal, como si la sal se esgrimiera en forma y voto por proa desde el augurio de sus lágrimas. Aunaba un plan. Estas le permitieran alcanzar a la luna de su anhelo. Porque el anhelo por tenerla, y el querer tenerla, le hizo maquinar en su quehacer cosas terribles, y se olvidó de pensarla con el bienestar de un ser de noble corazón. Así que pensó, y pensó, y pensó en apagar la luminaria de las estrellas que la acompañaban. Porque las estrellas apagarían el cobijo de su risa y con su Solo de los susurros que, dedicada sólo a ella, una escalera se presentó al tiempo ante sus pies; amorosa y rebelde. Pero también se hizo turbia y deferente. Y la flor se tornó caballero de rigor, pesadilla y desesperanza. Así sucedió que la flor de loto, tocó una ventisca venidera de una lamparilla de hueso que pasaba, por allí y por allá. Una costilla de anciana virtud. Porque de los huesos que contenía el lago en el que descansaba la flor, ahí, y justo allí, al alcanzar la Luna con un beso, desde lejos, la cortó en varias tiras. Y la luna se derramó en casas, océanos y valles, hasta despojarse de su manto coronado. Y de la flor desgraciada y desabrida, emergió una doncella con el crepúsculo bañándole el rostro. Porque había permitido que su luna se presentase en sus aposentos, como ante la sorpresa de la Luna misma. Cayó en sus brazos, y, al tocar su rostro, cuando en el cuándo, leyó en la flor arrepentimiento. Ah, el arrepentimiento siempre es nacido del amor más pudiente, y orilló a ambos a fragmentarse y de sus fragmentos nació el océano de Valeria. El de más peligros y de más maravillas. Y en Valeria, se decía, que todas las cosas sucedían con errados suelos y erradas prosas y prisas, porque ellos cayeron allí y, el todo y la nada se hicieron sendos relojes de oro, bronce y plata. Hasta que, acabados por sus infamias y símiles, el tiempo se detuvo y existió una densa niebla, y, ante la niebla, se dio por presentada al nupcial mundo de la Aurora. Aurora, la Ciudad que nunca de los nunca dormiría. Aurora conmovida le abrió los brazos a la flor de loto hecha caballero, pero, a cambio de devolverle a su Luna le hizo ver su caparazón. Y la hizo llenarla con fuego: el fuego de los relojes. Entonces Valeria y Aurora orillaron a ese nuevo ser, al que llamaron en secreto Diomedes, a otorgarle el tiempo de su destiempo, pues Diomedes era ya santo, pero también anciano. Y entonces Diomedes presentó dos expresiones ante sí mismo. Una de ellas la posó en el cuerpo de la Luna, y, la otra al callarse, sólo hablaría el idioma de las bestias que habitarían, ese, empero nuevo mundo recién descubierto y conocido. Bestias que no lo traicionaron. Así y sólo así, se dice pues que, Diomedes izó el tiempo para que retuviera su soplo de amor, ese no tan verdadero, arropó a su Luna con las cicatrices de ese nuevo paraíso tejedor. Ese que nacía de sus propios dedos pinchados con las agujas de su propio tapizar de destinos. Y en el ahora del Ahora, Diomedes vio su suerte y se echó a llorar pues escapaba de la realidad que es fantasía, para guiar a su Luna al culmen del cielo, ya que creía, que al menos así, con su fuego horadado, se tejerían los fragmentos que le faltarían. Esos que debe, expiar y espiar, en cada rincón orillado por su propia mano y fuerza. Pero la Luna no retornó a los cielos; porque con el pisar de las pisadas de cerdas de su propia vigilia, Diomedes la lloró y convocó un conjuro que permitiría que esa niña mujer, mujer niña tocara el cielo siquiera una vez. Y por esta razón que Ifigenia, la barca de las líricas se abre paso en el mar de tinta que retiene la esperanzada de uno, y tan sólo uno, que anheló ser maestro de maestros. De su nacimiento. https://youtu.be/B6s3q2pbYYk?si=pw-MIVud5twowHQK
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  • "Ayúdame"
    Fandom Sobrenatural ~ Crónicas Vampíricas
    Categoría Crossover
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: 𝐒A𝐌 W𝐈N𝐂H𝐄S𝐓E𝐑

    Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado.

    Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado…

    Hasta aquella luna llena…

    Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada.

    Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino.

    Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla.

    Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir.

    Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche.

    >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría.

    Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí.

    Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque.

    Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia..

    “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación”

    Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible.

    Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque…

    Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta.

    Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero…

    -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
    sᴛᴀʀᴛᴇʀ ᴘᴀʀᴀ: [SAM.MY] Las manadas de hombres lobo ya no eran tan escasas como lo fueron antaño. Siglos atrás los hombres lobo eran una de las especies dominantes sobre la tierra, pero la proliferación de vampiros y cazadores habia obligado a las manadas a esconderse. A ocultarse en pueblos, en las montañas, en lugares donde poder pasar desapercibidos. Y asi, poco a poco, el gen del hombre lobo durmió. No todos los descendientes de las grandes manadas activaban su maldición lupina. Hombres y mujeres vivían y morían sin activar nunca su maldición y, poco a poco, se perdió el legado. Pero ese no habia sido el caso de los Wood. De las familias licántropas, los pertenecientes a la manada Apisi, ahora disgregada por el país, los Wood eran los únicos que todavia reconocían y recordaban su legado, sus leyendas. Asentados en Kansas, disfrutaban de la licantropía y no la consideraban una maldición. El dolor de la transformación, a diferencia de para otras familias, se tornaba cada vez más soportable con cada luna llena. Y, en lugar de encerrarse y encadenarse en sótanos y celdas, la familia Wood corría por el bosque. Libres. Aullando a la luna y disfrutando del instinto y las horas lupinas. Asi habia sido desde que Hazel tenia uso de razón. Desde que desatara su maldición a los diecisiete años se habia transformado con cada luna llena al resguardo y cobijo de sus padres y su familia. Su padre, era el alfa de la manada o al menos, de aquel grupo de lobos y, algún día, esperaba que su hija ocupara su lugar. Para ello la habia criado… Hasta aquella luna llena… Hazel corría por el bosque, olfateando, sintiendo el aire en su pelaje, sintiéndose libre. Sus patas parecían volar sobre el suelo, corriendo a tal velocidad que nada podía pararla. Nada salvo… Aquel sonido estridente y desgarrador. La loba alzó sus orejas irguiendo el cuello, alarmada, preocupada. Un aullido de dolor y muerte llegó hasta ella. Cercano y fulminante. Y supo que habia perdido a alguien de su manada. Un nuevo disparo. Un nuevo aullido mortecino. Hazel no se quedó a esperar su turno. Echó a correr en dirección contraria sabiendo que no podía regresar a casa. Porque si esos cazadores los habían encontrado allí era porque sabían exactamente cómo y dónde Vivian. Asi que Hazel corrió a toda velocidad, huyendo de los disparos y la muerte que amenazaba con alcanzarla. Un proyectil le acertó en el costado en plena carrera y la loba, herida y magullada, cayó estrepitosamente contra el suelo. Resollaba, asustada. Dolía, quemaba. Aquella herida le habia quitado el aliento y sabia que se desangraba. Pero no podía dejar que su manada terminara asi. Tenia que vivir. Asi que tratando de hacer caso omiso a los disparos que llenaban el ambiente, Hazel volvio a erguirse sobre sus cuatro patas. Sanaria. Aquella herida sanaría gracias a la magia de la luna llena. Sanaria… Echó a correr de nuevo, esta vez algo más cansada, algo más lenta. Pero corrió todo cuanto daban sus patas. Y corrió toda la noche, cruzando pueblos, atravesando bosques mientras aquella ultima noche de luna llena duraba. Corrió hasta que los disparos ya eran inexistentes en el eco de la noche. >> Despertó desnuda en medio del bosque. Con la salida del sol su cuerpo habia recuperado su forma humana y ella se habia desmayado entre ramas y pequeños arbustos. Profirió un quejido llevándose una mano al costado allí donde la herida de bala aun sanaba lentamente. La sangre teñía su piel bronceada. Pero sabia que, aunque dolía, estaba fuera de peligro. Sobreviviría. Lo haría. Era la única superviviente de su manada. Y la certeza y la soledad de aquel pensamiento la abrumaron haciendo que la muchacha dejara ir un ligero y corto sollozo. Por todos los que queria, que habia perdido y que no volvería a ver. Se llevó una mano a los labios y se encogió sobre si misma, llorando a los caídos, a aquella terrorífica noche. Y cuando sintió que se quedaba sin aire, decidió que tenia que salir de allí. Desnuda recorrió el bosque hasta encontrar civilización. Y cuando el cansancio hizo que sus piernas temblaran, finalmente encontró un pequeño camping de caravanas. Le llegaban voces. Niños, familias. Salpicaduras de agua en una piscina. El olor de una barbacoa, podía ver la pequeña columna de humo alzarse entre algunas caravanas… Y allí, delante de ella, desprotegida… una cuerda de tender con algo de ropa. No se paró a ver qué era. Llegó hasta allí, y cogió lo primero que pilló. Una camiseta blanca de manga corta, una chaqueta vaquera y unos pantalones de chándal. Y, con las mismas, salió de allí volviendo a internarse en el bosque. Porque habia algo que no os he contado. Y es que la familia Wood tenia una leyenda. Una leyenda inmemorial. Su padre siempre le habia contado que la razon por la que su bisabuelo se habia instalado allí con su manada era una muy sencilla. Protección. La manada protegía a un grupo de Hombres. Los Hombres de Letras. Y ellos los protegían tambien. Un acuerdo del pasado, un pacto de no dañarse mutuamente nunca más. Un pacto de hermandad. No estaba firmado en ninguna parte y nadie podía corroborar que fuera real. Pero tenia una localización. Lebanon. Y hasta allí le habían conducido sus pisadas. Si quedaba alguien allí, habrían de ayudarla, darle cobijo o un lugar donde averiguar quién le habia arrebatado a su familia.. “A las puertas de Lebanon, interno en el bosque, accesible por pocos caminos, se yergue el orgulloso bastión. Lobos y hombres lo consideran su salvación” Era una mierda de rima y parecía demasiado barata para ser una leyenda demasiado antigua, pero Hazel siempre habia creído que su bisabuelo no tendría demasiada idea de mensajes crípticos. Hubiera sido un espía terrible. Pero al menos tenia una pista. A las afueras de Lebanon, en el bosque… Caminó descalza por la tierra, indemne a las ramas o piedras. Cansada, desolada y sangrando. La sangre se habia transferido a su camiseta, y sin alimento y descanso correcto, aquella herida no sanaba de forma correcta. Escuchó los pasos de una carrera. Cerca de ella. Pero no lo advirtió tan a tiempo como podría haberlo hecho en pleno uso de sus facultades físicas. Antes de que la vista se le nublase pudo ver como un hombre se acercaba a ella haciendo footing y se detenía al verla en el camino. Quizás se lo habia imaginado, quizás no. Pero… -Ayuda… me… -dijo Hazel antes de perder el sentido y caer, desmayada, en medio del camino.
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