• Incluso él era capaz de buscar esos pequeños momentos para desconectar.

    Kazuo era un ser muy disciplinado. Se levantaba con los primeros rayos del alba para iniciar sus tareas diarias. Su templo, aunque no fuera excesivamente grande, requería un mantenimiento y cuidado diario.

    Además de aquellas tareas matutinas, atendía a aquellos que viniesen de visita o a rezar. Aunque esto último era casi inexistente a causa del frío y la nieve.

    Y no solo su templo; también se ocupaba de todo el territorio que abarcaba su amado bosque. Este lo pratullaba y velaba por él, a veces con la noche acariciando su lomo. Era su guardián, su rey, su protector.

    Pero a pesar de todo esto. Siempre buscaba tener tiempo de calidad con su amada. Este la buscaba en cada esquina con la mirada, intentando encontrar cualquier escusa para estar a su lado.

    Y otras veces, cuando la soledad azotaba, realizaba otro tipo de actividades. Kazuo amaba pintar; trazar finas líneas, dando forma a aquello que se plasmaba en su mente. Era meticuloso; creando siluetas de trazos exquisitamente medidos. Los siglos le habían otorgado el tiempo suficiente como para haber perfeccionado dicha habilidad.

    Era por eso que aquella tarde, bajo un sol despejado, el zorro pintaba en el cristal de un porta velas. Pensando que sería un regalo hermoso para el amor de su vida; 𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉 ✴ 𝑩𝒍𝒐𝒐𝒅𝒇𝒍𝒂𝒎𝒆 .
    Incluso él era capaz de buscar esos pequeños momentos para desconectar. Kazuo era un ser muy disciplinado. Se levantaba con los primeros rayos del alba para iniciar sus tareas diarias. Su templo, aunque no fuera excesivamente grande, requería un mantenimiento y cuidado diario. Además de aquellas tareas matutinas, atendía a aquellos que viniesen de visita o a rezar. Aunque esto último era casi inexistente a causa del frío y la nieve. Y no solo su templo; también se ocupaba de todo el territorio que abarcaba su amado bosque. Este lo pratullaba y velaba por él, a veces con la noche acariciando su lomo. Era su guardián, su rey, su protector. Pero a pesar de todo esto. Siempre buscaba tener tiempo de calidad con su amada. Este la buscaba en cada esquina con la mirada, intentando encontrar cualquier escusa para estar a su lado. Y otras veces, cuando la soledad azotaba, realizaba otro tipo de actividades. Kazuo amaba pintar; trazar finas líneas, dando forma a aquello que se plasmaba en su mente. Era meticuloso; creando siluetas de trazos exquisitamente medidos. Los siglos le habían otorgado el tiempo suficiente como para haber perfeccionado dicha habilidad. Era por eso que aquella tarde, bajo un sol despejado, el zorro pintaba en el cristal de un porta velas. Pensando que sería un regalo hermoso para el amor de su vida; [Liz_bloodFlame].
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  • —No soy guardián ni maestro. No llevo a nadie de la mano. Solo soy el eco de un lugar donde los que se caen de la realidad aterrizan un momento antes de seguir cayendo… o de aprender a volar.

    —Algunos llegan con preguntas. Otros con miedo. Algunos ni siquiera saben que han llegado.

    —No soy yo quien da respuestas. Las respuestas ya estaban dentro de ustedes. Yo solo señalo dónde buscar.
    —A veces alguien se encuentra. A veces alguien se pierde más. Ambas cosas son lo mismo.

    —Porque al final, no importa cuánto busques… la única verdad es que todo sigue.

    —Incluso cuando crees que has llegado al final.
    —No soy guardián ni maestro. No llevo a nadie de la mano. Solo soy el eco de un lugar donde los que se caen de la realidad aterrizan un momento antes de seguir cayendo… o de aprender a volar. —Algunos llegan con preguntas. Otros con miedo. Algunos ni siquiera saben que han llegado. —No soy yo quien da respuestas. Las respuestas ya estaban dentro de ustedes. Yo solo señalo dónde buscar. —A veces alguien se encuentra. A veces alguien se pierde más. Ambas cosas son lo mismo. —Porque al final, no importa cuánto busques… la única verdad es que todo sigue. —Incluso cuando crees que has llegado al final.
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  • Jimoto surcaba los cielos con velocidad, su aura ardía como una llama viva a su alrededor mientras avanzaba sin descanso hacia el templo celestial. Las nubes se apartaban a su paso y la brisa fría golpeaba su rostro, pero nada de eso importaba. Había sentido aquella energía desde hace tiempo, una presencia nueva en el lugar que alguna vez perteneció al viejo Kamisama.

    Cuando aterrizó en la plataforma flotante del templo, sus botas resonaron contra el suelo de mármol. Frente a él, con la túnica blanca ondeando levemente por el viento de las alturas, estaba el hombre que ahora ocupaba el puesto de guardián de la Tierra. Era alto, de complexión delgada pero firme, con una larga melena blanca que descendía hasta su espalda y ojos dorados que parecían ver más allá de la simple realidad.

    —Sabía que vendrías, Jimoto —dijo con una voz tranquila, sin necesidad de elevarla.

    Jimoto entrecerró los ojos. —Tú… no eres un namekiano. ¿Qué hiciste con el Kamisama anterior?

    El hombre esbozó una leve sonrisa y cruzó los brazos detrás de su espalda. —El antiguo Kamisama eligió partir. Se dio cuenta de que su tiempo aquí había terminado y decidió regresar con los suyos. Antes de irse, necesitaba alguien que protegiera este mundo… y así fui elegido.

    Jimoto apretó los puños, su energía vibró un instante antes de calmarse. —¿Y qué te hace digno de ese título?

    —No es cuestión de dignidad —respondió el nuevo Kamisama con serenidad—. Es cuestión de propósito. Yo no soy un dios ni un namekiano, pero tengo el poder y el conocimiento para guiar a quienes buscan alcanzar su verdadero potencial.

    Jimoto sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía si era por la autoridad en su voz o por la calma absoluta que irradiaba su presencia.

    —¿Eso significa que…?

    —Sí —asintió Kamisama—. Puedo mostrarte el camino hacia tu máximo poder. Pero solo si estás dispuesto a enfrentarte a lo que realmente eres.

    El viento volvió a soplar con fuerza, como si el cielo mismo anticipara la respuesta de Jimoto.

    //Nota: si ya se que ése no es un personaje de Dragón Ball pero me gustó su diseño//
    Jimoto surcaba los cielos con velocidad, su aura ardía como una llama viva a su alrededor mientras avanzaba sin descanso hacia el templo celestial. Las nubes se apartaban a su paso y la brisa fría golpeaba su rostro, pero nada de eso importaba. Había sentido aquella energía desde hace tiempo, una presencia nueva en el lugar que alguna vez perteneció al viejo Kamisama. Cuando aterrizó en la plataforma flotante del templo, sus botas resonaron contra el suelo de mármol. Frente a él, con la túnica blanca ondeando levemente por el viento de las alturas, estaba el hombre que ahora ocupaba el puesto de guardián de la Tierra. Era alto, de complexión delgada pero firme, con una larga melena blanca que descendía hasta su espalda y ojos dorados que parecían ver más allá de la simple realidad. —Sabía que vendrías, Jimoto —dijo con una voz tranquila, sin necesidad de elevarla. Jimoto entrecerró los ojos. —Tú… no eres un namekiano. ¿Qué hiciste con el Kamisama anterior? El hombre esbozó una leve sonrisa y cruzó los brazos detrás de su espalda. —El antiguo Kamisama eligió partir. Se dio cuenta de que su tiempo aquí había terminado y decidió regresar con los suyos. Antes de irse, necesitaba alguien que protegiera este mundo… y así fui elegido. Jimoto apretó los puños, su energía vibró un instante antes de calmarse. —¿Y qué te hace digno de ese título? —No es cuestión de dignidad —respondió el nuevo Kamisama con serenidad—. Es cuestión de propósito. Yo no soy un dios ni un namekiano, pero tengo el poder y el conocimiento para guiar a quienes buscan alcanzar su verdadero potencial. Jimoto sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía si era por la autoridad en su voz o por la calma absoluta que irradiaba su presencia. —¿Eso significa que…? —Sí —asintió Kamisama—. Puedo mostrarte el camino hacia tu máximo poder. Pero solo si estás dispuesto a enfrentarte a lo que realmente eres. El viento volvió a soplar con fuerza, como si el cielo mismo anticipara la respuesta de Jimoto. //Nota: si ya se que ése no es un personaje de Dragón Ball pero me gustó su diseño//
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  • Dos delincuentes corrían a toda velocidad por la acera, uno de ellos sosteniendo un bolso que acababan de arrebatar a su dueña. Justo cuando creían haber escapado, una sombra descendió frente a ellos, bloqueando su camino con una pose dramática.

    —¡Alto ahí, villanos! —proclamó con voz potente—. ¡Porque ante ustedes está el guardián de la justicia, el defensor de los inocentes, el inigualable… **Gran Saiyaman Omega**!

    Los ladrones frenaron en seco, observando al peculiar héroe con incredulidad.

    —¿Gran qué? —soltó uno, arqueando una ceja.

    —¡No puede ser real! —dijo el otro, soltando una carcajada—. ¡Mira su capa, parece sacado de un show de televisión!

    Uno de los delincuentes intentó empujarlo para seguir corriendo, pero antes de que pudiera reaccionar, Gran Saiyaman Omega se movió con una velocidad impresionante. Con un ágil giro, lo desarmó y lo lanzó al suelo con un movimiento limpio. El otro trató de huir, pero Jimoto saltó por encima de él y, con una patada giratoria, lo derribó en el acto.

    La multitud observaba atónita mientras el héroe recogía el bolso robado.

    —¡No tema más, honorable ciudadana! —exclamó, entregándole el bolso con un gesto noble—.
    Dos delincuentes corrían a toda velocidad por la acera, uno de ellos sosteniendo un bolso que acababan de arrebatar a su dueña. Justo cuando creían haber escapado, una sombra descendió frente a ellos, bloqueando su camino con una pose dramática. —¡Alto ahí, villanos! —proclamó con voz potente—. ¡Porque ante ustedes está el guardián de la justicia, el defensor de los inocentes, el inigualable… **Gran Saiyaman Omega**! Los ladrones frenaron en seco, observando al peculiar héroe con incredulidad. —¿Gran qué? —soltó uno, arqueando una ceja. —¡No puede ser real! —dijo el otro, soltando una carcajada—. ¡Mira su capa, parece sacado de un show de televisión! Uno de los delincuentes intentó empujarlo para seguir corriendo, pero antes de que pudiera reaccionar, Gran Saiyaman Omega se movió con una velocidad impresionante. Con un ágil giro, lo desarmó y lo lanzó al suelo con un movimiento limpio. El otro trató de huir, pero Jimoto saltó por encima de él y, con una patada giratoria, lo derribó en el acto. La multitud observaba atónita mientras el héroe recogía el bolso robado. —¡No tema más, honorable ciudadana! —exclamó, entregándole el bolso con un gesto noble—.
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  • **El Errante y el Dragón Azul**

    El mundo se abría ante Jimoto como un lienzo infinito, cada viaje una pincelada de experiencias, cada encuentro una historia por contar. Había recorrido valles dorados donde el trigo bailaba con el viento, selvas densas donde la vida vibraba en cada sombra, y desiertos tan vastos que las estrellas parecían más cercanas. Pero fue en las Montañas Esmeralda donde su destino se entrelazó con el de una criatura legendaria.

    El día en que conoció a Shunrei, el Dragón Azul, la neblina cubría los riscos como un manto. Jimoto había oído rumores sobre un ser majestuoso que protegía esas tierras, pero lo que encontró fue una batalla injusta.

    Un grupo de cazadores y taladores clandestinos había invadido el bosque sagrado de la montaña, armados con armas y sierras, listos para acabar con todo lo que se interpusiera en su camino. En el centro del conflicto, Shunrei rugía con furia, su enorme cuerpo de escamas azul celeste reflejando la luz entre los árboles. Su aliento crepitaba con energía, pero algo no estaba bien: sus alas estaban heridas, y aunque peleaba con fiereza, los cazadores lo superaban en número.

    Jimoto no lo pensó dos veces. Se lanzó entre los atacantes con la destreza que había perfeccionado en sus viajes. Con movimientos rápidos, derribó a los taladores más cercanos, arrebatándoles sus herramientas. Usó su velocidad y fuerza para confundir a los cazadores, derribando sin causar mayor daño pues solo quería auyentarles, cuando el líder de los invasores intentó atacar con una daga envenenada, Jimoto la interceptó con su propia mano, partiéndola en dos con un solo movimiento.

    El bosque quedó en silencio. Los cazadores, atónitos, entendieron que no podrían ganar. Uno a uno, huyeron dejando atrás su equipo y su orgullo.

    Shunrei, aún receloso, lo observó con ojos de un azul profundo. Jimoto sintió algo extraño en su mente, como un murmullo antiguo, un lenguaje que no debería entender… pero lo hizo.

    —*Tú… ¿puedes oírme?* —la voz de Shunrei resonó en su mente, profunda y sabia.

    Jimoto parpadeó, sorprendido.

    —Sí… ¿cómo es posible?

    Shunrei inclinó su gran cabeza, inspeccionándolo con curiosidad.

    —*Durante siglos, los humanos han intentado hablarme, pero nunca han comprendido mis palabras. Eres el primero… el único.*

    Desde ese día, Jimoto y Shunrei forjaron una amistad única. El dragón, antiguo guardián de las montañas, compartía con él los secretos de la naturaleza y la historia de los tiempos olvidados. Jimoto, a su vez, le contaba sobre el mundo de los humanos, sobre los lugares que había visto y las maravillas que aún deseaba conocer.

    Juntos, viajaron más allá de las montañas, explorando lo desconocido. Donde Jimoto encontraba peligro, Shunrei lo protegía. Donde el dragón hallaba desesperanza en la humanidad, Jimoto le mostraba la bondad que aún existía.

    Eran diferentes en todo sentido, pero en su soledad compartida encontraron un lazo irrompible. Un viajero de las estrellas y un guardián ancestral, unidos por un destino que aún estaba por escribirse.
    **El Errante y el Dragón Azul** El mundo se abría ante Jimoto como un lienzo infinito, cada viaje una pincelada de experiencias, cada encuentro una historia por contar. Había recorrido valles dorados donde el trigo bailaba con el viento, selvas densas donde la vida vibraba en cada sombra, y desiertos tan vastos que las estrellas parecían más cercanas. Pero fue en las Montañas Esmeralda donde su destino se entrelazó con el de una criatura legendaria. El día en que conoció a Shunrei, el Dragón Azul, la neblina cubría los riscos como un manto. Jimoto había oído rumores sobre un ser majestuoso que protegía esas tierras, pero lo que encontró fue una batalla injusta. Un grupo de cazadores y taladores clandestinos había invadido el bosque sagrado de la montaña, armados con armas y sierras, listos para acabar con todo lo que se interpusiera en su camino. En el centro del conflicto, Shunrei rugía con furia, su enorme cuerpo de escamas azul celeste reflejando la luz entre los árboles. Su aliento crepitaba con energía, pero algo no estaba bien: sus alas estaban heridas, y aunque peleaba con fiereza, los cazadores lo superaban en número. Jimoto no lo pensó dos veces. Se lanzó entre los atacantes con la destreza que había perfeccionado en sus viajes. Con movimientos rápidos, derribó a los taladores más cercanos, arrebatándoles sus herramientas. Usó su velocidad y fuerza para confundir a los cazadores, derribando sin causar mayor daño pues solo quería auyentarles, cuando el líder de los invasores intentó atacar con una daga envenenada, Jimoto la interceptó con su propia mano, partiéndola en dos con un solo movimiento. El bosque quedó en silencio. Los cazadores, atónitos, entendieron que no podrían ganar. Uno a uno, huyeron dejando atrás su equipo y su orgullo. Shunrei, aún receloso, lo observó con ojos de un azul profundo. Jimoto sintió algo extraño en su mente, como un murmullo antiguo, un lenguaje que no debería entender… pero lo hizo. —*Tú… ¿puedes oírme?* —la voz de Shunrei resonó en su mente, profunda y sabia. Jimoto parpadeó, sorprendido. —Sí… ¿cómo es posible? Shunrei inclinó su gran cabeza, inspeccionándolo con curiosidad. —*Durante siglos, los humanos han intentado hablarme, pero nunca han comprendido mis palabras. Eres el primero… el único.* Desde ese día, Jimoto y Shunrei forjaron una amistad única. El dragón, antiguo guardián de las montañas, compartía con él los secretos de la naturaleza y la historia de los tiempos olvidados. Jimoto, a su vez, le contaba sobre el mundo de los humanos, sobre los lugares que había visto y las maravillas que aún deseaba conocer. Juntos, viajaron más allá de las montañas, explorando lo desconocido. Donde Jimoto encontraba peligro, Shunrei lo protegía. Donde el dragón hallaba desesperanza en la humanidad, Jimoto le mostraba la bondad que aún existía. Eran diferentes en todo sentido, pero en su soledad compartida encontraron un lazo irrompible. Un viajero de las estrellas y un guardián ancestral, unidos por un destino que aún estaba por escribirse.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Para ser gemelos, seguir siendo el más chiquito de los dos es irónico.
    Aunque entiende más aún que Michael estaba destinado a ser guerrero y guardián a diferencia suyo, por algo son similares y diferentes a la vez.
    Para ser gemelos, seguir siendo el más chiquito de los dos es irónico. Aunque entiende más aún que Michael estaba destinado a ser guerrero y guardián a diferencia suyo, por algo son similares y diferentes a la vez.
    Adivinen cual es cual de los hermanos jajajjajajjajsjja
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  • Desde que se convirtió en su guardián, él ya no había derramado más sangre.
    Robin eran tan querida que nisiquiera los villanos intentaban lastimarla, por otra parte, sus admiradores solían ser tanto respetuosos, y de ello no ocurrir, solían comprender las miradas hostiles del rubio.
    Ya no había cacerías sangrientas, cruzadas contra los vestigios de los eones malditos, ni hablar de la ejecución de criminales amorales. Su vida se había reducido a acompañar a la artista durante sus giras y luego en sus vida cotidiana.
    Le costó mucho entender que nadie en ese universo lo esperaba, que entre las estrellas era el único de su gente y que estos habían alcanzado horizontes que él tenía predestinados. A ojos de muchos era un monstruo que jamás había logrado salvar a nadie, excepto a una sola, alguien que se convirtió en un ancla, atada a sus tobillos y que lo arrastraba al abismo. Sentimientos olvidados desbordaban de su corazón cuando la veía sonreír, cuando la escuchaba emocionarse, o simplemente, cuando estaba ahí presente. Los gritos de antaño desaparecían al escucharla cantar y todo su mundo se ponía de cabeza cuando ella mostraba malestar. Era lo más parecido a un sentir con los de su calaña, pero también era consciente de que ella no era como él, y sin embargo, tantoa años de soledad habían erosionado su fortaleza. Cualquiera reiría al pensar que era una criatura dependiente de su gente, la unión era tan poderosa que se perdía el concepto de individuo, su caso no era diferente a liberar a un pez hogareño en medio del mar.
    Queria no saber porqué esto sucedía, pero un recuerdo lejano le obligada a no indagar en su propia mente; no podía permitirse que ella supiera que escucharla cantar y ser amada por ello no era distinto a desgarrar su corazón. Él había perdido el derecho a sentir tal dicha, pero ella no y es por eso que no podía evitar protegerla hasta el último de los días.

    《Yo no puedo entonar canción alguna, pero no voy a permitir que tu voz sea callada. No hay prados verdes para mi, pero a ti te espera el cielo más gentil y celeste》.
    Desde que se convirtió en su guardián, él ya no había derramado más sangre. Robin eran tan querida que nisiquiera los villanos intentaban lastimarla, por otra parte, sus admiradores solían ser tanto respetuosos, y de ello no ocurrir, solían comprender las miradas hostiles del rubio. Ya no había cacerías sangrientas, cruzadas contra los vestigios de los eones malditos, ni hablar de la ejecución de criminales amorales. Su vida se había reducido a acompañar a la artista durante sus giras y luego en sus vida cotidiana. Le costó mucho entender que nadie en ese universo lo esperaba, que entre las estrellas era el único de su gente y que estos habían alcanzado horizontes que él tenía predestinados. A ojos de muchos era un monstruo que jamás había logrado salvar a nadie, excepto a una sola, alguien que se convirtió en un ancla, atada a sus tobillos y que lo arrastraba al abismo. Sentimientos olvidados desbordaban de su corazón cuando la veía sonreír, cuando la escuchaba emocionarse, o simplemente, cuando estaba ahí presente. Los gritos de antaño desaparecían al escucharla cantar y todo su mundo se ponía de cabeza cuando ella mostraba malestar. Era lo más parecido a un sentir con los de su calaña, pero también era consciente de que ella no era como él, y sin embargo, tantoa años de soledad habían erosionado su fortaleza. Cualquiera reiría al pensar que era una criatura dependiente de su gente, la unión era tan poderosa que se perdía el concepto de individuo, su caso no era diferente a liberar a un pez hogareño en medio del mar. Queria no saber porqué esto sucedía, pero un recuerdo lejano le obligada a no indagar en su propia mente; no podía permitirse que ella supiera que escucharla cantar y ser amada por ello no era distinto a desgarrar su corazón. Él había perdido el derecho a sentir tal dicha, pero ella no y es por eso que no podía evitar protegerla hasta el último de los días. 《Yo no puedo entonar canción alguna, pero no voy a permitir que tu voz sea callada. No hay prados verdes para mi, pero a ti te espera el cielo más gentil y celeste》.
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  • -Guardián de los Caballos Celestiales, título de más bajo nivel entre la jerarquia celestial china que me otorgó el Emperador de Jade. Al enterarme de la verdad sobre mi posición rompí los establos, libere a los caballos y renuncie. Los enemigos usan este título para burlarse de mí, a sabiendas que me molesta que me llamen con ese título.
    -Guardián de los Caballos Celestiales, título de más bajo nivel entre la jerarquia celestial china que me otorgó el Emperador de Jade. Al enterarme de la verdad sobre mi posición rompí los establos, libere a los caballos y renuncie. Los enemigos usan este título para burlarse de mí, a sabiendas que me molesta que me llamen con ese título.
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  • El salón estaba iluminado con una calidez dorada que hacía brillar los candelabros como estrellas en un cielo artificial. La música flotaba en el aire, acompañada por las risas y el suave tintineo de copas de champán. Iera avanzó con gracia entre los invitados, cada paso cuidadosamente calculado. Su vestido plateado, bordado con pequeños cristales que reflejaban la luz, era perfecto para mezclarse entre la alta sociedad que llenaba el lugar. Nadie sospecharía que, bajo esa apariencia impecable, se ocultaba una hada, una criatura de otro mundo, con una misión que no podía fallar.

    Llevaba consigo el peso de la obligación. No estaba allí para disfrutar de la fiesta ni para mezclarse con los humanos. Había algo oculto en ese lugar, algo que debía recuperar antes de la medianoche. Su mundo dependía de ello.

    Con una copa de champán en la mano, que apenas tocó, observó a los invitados con una mirada calculadora. Había estudiado a cada uno de ellos antes de llegar: políticos, empresarios, figuras públicas. Pero no estaba buscando a una persona; estaba buscando un objeto. Una reliquia escondida que emitía un tenue brillo mágico que sólo ella podía percibir. Sabía que estaba cerca, pero no podía ser demasiado obvia. El riesgo era demasiado alto.

    Mientras caminaba hacia una esquina menos concurrida del salón, sintió una presencia. Alguien la estaba observando. Fingió no darse cuenta, inclinando ligeramente la cabeza y dejando que un mechón de cabello cayera sobre su rostro. Los humanos eran fáciles de engañar, pero este observador no era humano. Podía sentirlo en la forma en que su mirada parecía atravesar su disfraz. Era uno de ellos. Uno de los guardianes enviados para proteger lo que ella necesitaba robar.

    Iera giró lentamente, fingiendo buscar algo en la mesa a su lado, y aprovechó para escanear la habitación con disimulo. Allí estaba él, un hombre alto con un traje impecable, sosteniendo una copa pero sin beber de ella. Su postura relajada no coincidía con la intensidad de su mirada. Sabía quién era ella.

    —Esto se complica… —susurró para sí misma, llevando la copa a sus labios sin beber.

    No había tiempo para dudas. La reliquia estaba en una sala más allá de las puertas dobles al final del salón. La llave estaba en posesión del anfitrión, un hombre cuya sonrisa afable ocultaba secretos oscuros. Iera sabía que tendría que improvisar. Pero primero, debía deshacerse del guardián que seguía sus movimientos.

    Se movió con fluidez hacia la pista de baile, dejando que la multitud la envolviera. Su plan era claro: distraer, confundir, avanzar. Justo cuando creyó haber perdido al hombre, sintió un susurro junto a su oído.

    —No creas que podrás escapar tan fácilmente, pequeña hada.

    El escalofrío recorrió su espalda, pero no permitió que su rostro mostrara sorpresa. En cambio, giró con una sonrisa encantadora, enfrentándose a él.

    —Creo que me está confundiendo, caballero. —Su voz era suave, casi musical, un rastro de su verdadera naturaleza.

    Él sonrió, pero sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa.

    —Sabes bien a lo que me refiero. Pero no te preocupes, me aseguraré de que no llegues a esa puerta.

    Sin responder, Iera dejó caer la copa al suelo, el sonido del cristal rompiéndose atrayendo la atención de los demás. Aprovechó la confusión para deslizarse entre los invitados, su corazón latiendo con fuerza. No podía fallar. No esta vez. La medianoche estaba cerca, y si no lograba recuperar la reliquia a tiempo, el equilibrio entre su mundo y el de los humanos se rompería para siempre.
    El salón estaba iluminado con una calidez dorada que hacía brillar los candelabros como estrellas en un cielo artificial. La música flotaba en el aire, acompañada por las risas y el suave tintineo de copas de champán. Iera avanzó con gracia entre los invitados, cada paso cuidadosamente calculado. Su vestido plateado, bordado con pequeños cristales que reflejaban la luz, era perfecto para mezclarse entre la alta sociedad que llenaba el lugar. Nadie sospecharía que, bajo esa apariencia impecable, se ocultaba una hada, una criatura de otro mundo, con una misión que no podía fallar. Llevaba consigo el peso de la obligación. No estaba allí para disfrutar de la fiesta ni para mezclarse con los humanos. Había algo oculto en ese lugar, algo que debía recuperar antes de la medianoche. Su mundo dependía de ello. Con una copa de champán en la mano, que apenas tocó, observó a los invitados con una mirada calculadora. Había estudiado a cada uno de ellos antes de llegar: políticos, empresarios, figuras públicas. Pero no estaba buscando a una persona; estaba buscando un objeto. Una reliquia escondida que emitía un tenue brillo mágico que sólo ella podía percibir. Sabía que estaba cerca, pero no podía ser demasiado obvia. El riesgo era demasiado alto. Mientras caminaba hacia una esquina menos concurrida del salón, sintió una presencia. Alguien la estaba observando. Fingió no darse cuenta, inclinando ligeramente la cabeza y dejando que un mechón de cabello cayera sobre su rostro. Los humanos eran fáciles de engañar, pero este observador no era humano. Podía sentirlo en la forma en que su mirada parecía atravesar su disfraz. Era uno de ellos. Uno de los guardianes enviados para proteger lo que ella necesitaba robar. Iera giró lentamente, fingiendo buscar algo en la mesa a su lado, y aprovechó para escanear la habitación con disimulo. Allí estaba él, un hombre alto con un traje impecable, sosteniendo una copa pero sin beber de ella. Su postura relajada no coincidía con la intensidad de su mirada. Sabía quién era ella. —Esto se complica… —susurró para sí misma, llevando la copa a sus labios sin beber. No había tiempo para dudas. La reliquia estaba en una sala más allá de las puertas dobles al final del salón. La llave estaba en posesión del anfitrión, un hombre cuya sonrisa afable ocultaba secretos oscuros. Iera sabía que tendría que improvisar. Pero primero, debía deshacerse del guardián que seguía sus movimientos. Se movió con fluidez hacia la pista de baile, dejando que la multitud la envolviera. Su plan era claro: distraer, confundir, avanzar. Justo cuando creyó haber perdido al hombre, sintió un susurro junto a su oído. —No creas que podrás escapar tan fácilmente, pequeña hada. El escalofrío recorrió su espalda, pero no permitió que su rostro mostrara sorpresa. En cambio, giró con una sonrisa encantadora, enfrentándose a él. —Creo que me está confundiendo, caballero. —Su voz era suave, casi musical, un rastro de su verdadera naturaleza. Él sonrió, pero sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. —Sabes bien a lo que me refiero. Pero no te preocupes, me aseguraré de que no llegues a esa puerta. Sin responder, Iera dejó caer la copa al suelo, el sonido del cristal rompiéndose atrayendo la atención de los demás. Aprovechó la confusión para deslizarse entre los invitados, su corazón latiendo con fuerza. No podía fallar. No esta vez. La medianoche estaba cerca, y si no lograba recuperar la reliquia a tiempo, el equilibrio entre su mundo y el de los humanos se rompería para siempre.
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  • The dark side of the light

    Yukine caminaba por el Desierto de las sombras, sus pasos resonaban en el silencio opresivo. De repente, una voz espectral hacia eco en el lugar

    "Yukine,"

    susurró la entidad,

    "tu destino está sellado. Soy el Guardián de las Sombras, y he venido por tu alma."

    "Mi alma? ja! yo he venido por tus poderes"

    expreso Yukine en un tono provocador

    "Soy una entidad que habita en la oscuridad más profunda. Te he observado y tu alma será un deleite ya que tu oscuridad interior es grande, joven mago."

    La entidad emergió de las sombras frente al mago sorprendiéndole, con ojos rojos brillantes y una presencia inquietante. La figura vestía una túnica larga y desgarrada, hecha de sombras que parecían moverse con vida propia. Sus manos eran huesudas y emanaban un aura de poder aterrador e inquitante.

    La entidad levantó una mano y el paisaje se oscureció aún más. Una arena de sombras se formó a su alrededor, y la figura espectral adoptó una postura de combate.

    "Prepárate, Yukine. Debes vencerme para obtener el cráneo y el poder que conlleva. y si no logras hacerlo tu alma sera mia"

    "acepto el desafio!"

    grito Yukine alistandose para el enfrentamiento,
    La entidad movió sus manos en intrincados patrones, invocando oscuridad pura que tomaba la forma de lanzas y látigos. La entidad atacó con sombras que se transformaban en lanzas afiladas. Yukine, a pesar de ser joven, era ágil y astuto. Esquivó los ataques y lanzó hechizos de luz que destellaban en la oscuridad.

    los escudos de Yukine se rompian uno a uno por cada ataque de la entidad oscura, era poderoso, su agilidad y defensa no serian suficiente para enfrentar y derrotarlo, debia pensar en algo mientras eludia o bloqueaba los ataques, si las cosas seguian asi era solo cuestion de tiempo para agotar su magia y sucumbir ante la oscuridad.

    Mientras la batalla continuaba, Yukine comenzó a sentir una lucha interna. La oscuridad de la entidad intentaba corromper sus ideales y principios.

    "¿Es este poder lo que realmente quiero? ¿Podré mantener mis principios y valores o seré consumido por la oscuridad?"

    aquellos pensamientos comenzaban a nublar su juicio y crear dudas en si mismo, debilitando sus escudos y disminuyendo su agilidad, haciendo que reciba varios golpes de aquellos látigos oscuros desgarrando sus ropas y piel.

    "Siente la oscuridad fluir a través de ti, Yukine. Déjala consumir tus miedos y dudas. Solo así serás verdaderamente poderoso."

    la voz de la entidad resonaba en la conciencia del mago, consumiéndolo poco a poco en cuerpo y alma, Yukine luchaba por mantener su mente clara; aprovechando que la oscuridad estaba corrompiendo lentamente al mago la entidad intensificó sus ataques, utilizando sombras que se transformaban en cuchillas afiladas y proyectiles oscuros. Yukine comenzó a mostrar signos de fatiga, esquivando con dificultad y recibiendo varios golpes. Las heridas se acumulaban, y la sangre fluía de cortes en su piel.
    The dark side of the light Yukine caminaba por el Desierto de las sombras, sus pasos resonaban en el silencio opresivo. De repente, una voz espectral hacia eco en el lugar "Yukine," susurró la entidad, "tu destino está sellado. Soy el Guardián de las Sombras, y he venido por tu alma." "Mi alma? ja! yo he venido por tus poderes" expreso Yukine en un tono provocador "Soy una entidad que habita en la oscuridad más profunda. Te he observado y tu alma será un deleite ya que tu oscuridad interior es grande, joven mago." La entidad emergió de las sombras frente al mago sorprendiéndole, con ojos rojos brillantes y una presencia inquietante. La figura vestía una túnica larga y desgarrada, hecha de sombras que parecían moverse con vida propia. Sus manos eran huesudas y emanaban un aura de poder aterrador e inquitante. La entidad levantó una mano y el paisaje se oscureció aún más. Una arena de sombras se formó a su alrededor, y la figura espectral adoptó una postura de combate. "Prepárate, Yukine. Debes vencerme para obtener el cráneo y el poder que conlleva. y si no logras hacerlo tu alma sera mia" "acepto el desafio!" grito Yukine alistandose para el enfrentamiento, La entidad movió sus manos en intrincados patrones, invocando oscuridad pura que tomaba la forma de lanzas y látigos. La entidad atacó con sombras que se transformaban en lanzas afiladas. Yukine, a pesar de ser joven, era ágil y astuto. Esquivó los ataques y lanzó hechizos de luz que destellaban en la oscuridad. los escudos de Yukine se rompian uno a uno por cada ataque de la entidad oscura, era poderoso, su agilidad y defensa no serian suficiente para enfrentar y derrotarlo, debia pensar en algo mientras eludia o bloqueaba los ataques, si las cosas seguian asi era solo cuestion de tiempo para agotar su magia y sucumbir ante la oscuridad. Mientras la batalla continuaba, Yukine comenzó a sentir una lucha interna. La oscuridad de la entidad intentaba corromper sus ideales y principios. "¿Es este poder lo que realmente quiero? ¿Podré mantener mis principios y valores o seré consumido por la oscuridad?" aquellos pensamientos comenzaban a nublar su juicio y crear dudas en si mismo, debilitando sus escudos y disminuyendo su agilidad, haciendo que reciba varios golpes de aquellos látigos oscuros desgarrando sus ropas y piel. "Siente la oscuridad fluir a través de ti, Yukine. Déjala consumir tus miedos y dudas. Solo así serás verdaderamente poderoso." la voz de la entidad resonaba en la conciencia del mago, consumiéndolo poco a poco en cuerpo y alma, Yukine luchaba por mantener su mente clara; aprovechando que la oscuridad estaba corrompiendo lentamente al mago la entidad intensificó sus ataques, utilizando sombras que se transformaban en cuchillas afiladas y proyectiles oscuros. Yukine comenzó a mostrar signos de fatiga, esquivando con dificultad y recibiendo varios golpes. Las heridas se acumulaban, y la sangre fluía de cortes en su piel.
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