• +temprano en la mañana ya habría realizado su entrenamiento así como las actividades matinales por lo cual estaría dentro de una tina perdido en sus pensamientos mientras observa la nada, teniendo un poco de música en su radio+

    Debo mantenerme serenó, porque si delanto algo no dejarán de fastidiarme
    +temprano en la mañana ya habría realizado su entrenamiento así como las actividades matinales por lo cual estaría dentro de una tina perdido en sus pensamientos mientras observa la nada, teniendo un poco de música en su radio+ Debo mantenerme serenó, porque si delanto algo no dejarán de fastidiarme
    Me gusta
    1
    33 turnos 0 maullidos
  • Demonios necesito un puto baño de agua fría porque dejo que me torturen así porque, cuando se que no l@ puedo tener!!!!

    +Mete un golpe en la pared mas cercana de su campo de entrenamiento abriendo un agujero+

    grr céntrate Mich, tienes trabajo que hacer o te meterás en líos

    +sale de aquel lugar, para dirigirse a su cuarto baño y meterse en la tina con cara de pocos amigos+
    Demonios necesito un puto baño de agua fría porque dejo que me torturen así porque, cuando se que no l@ puedo tener!!!! +Mete un golpe en la pared mas cercana de su campo de entrenamiento abriendo un agujero+ grr céntrate Mich, tienes trabajo que hacer o te meterás en líos +sale de aquel lugar, para dirigirse a su cuarto baño y meterse en la tina con cara de pocos amigos+
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • +después de un entrenamiento extenuante en su campo de entrenamiento viendo la ruina que dejo, sonríe con un dejo de satisfacción+

    si esto necesitaba para sacar las ideas estúpidas de mi cabeza
    +después de un entrenamiento extenuante en su campo de entrenamiento viendo la ruina que dejo, sonríe con un dejo de satisfacción+ si esto necesitaba para sacar las ideas estúpidas de mi cabeza
    Me gusta
    Me encocora
    6
    87 turnos 0 maullidos
  • Sombras y Sudor
    Fandom Sobrenatural, fantasía
    Categoría Slice of Life
    ━━━━━━━━ 𝑆𝑇𝐴𝑅𝑇𝐸𝑅 𝐿𝐼𝐵𝑅𝐸 ━━━━━━━━
    ━━━━━━ (( responder aquí )) ━━━━━

    El sudor todavía se aferra a su piel.

    Saya se pasa la toalla por el cuello y las clavículas, casi como si estuviera limpiando algo más que sudor. Las orejas sobresalen entre su cabello oscuro, tensas, alertas incluso en reposo. Sus ojos rojos no buscan aprobación. No buscan nada, pero lo ven todo.

    ━━━━━━━━ 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘮𝘪𝘳𝘦𝘴 𝘢𝘴í.

    Su voz es baja. No expresa ira. Exige distancia.

    Para ella, el entrenamiento no es disciplina. Es una penitencia autoimpuesta. Cada gota que recorre su abdomen es una forma de recordarse que sigue viva… cuando otros no... Que no pudo ayudarles.

    Flexiona los dedos. La magia late bajo la piel al ritmo de su corazón.
    Podría incendiar la habitación con un pensamiento.
    Podría romperte antes de que des un paso.

    Pero no lo hace.

    Avanza solo un poco, estudiándote con esa calma indescifrable tan propia de ella.

    ━━━━━━━━ 𝘚𝘪 𝘷𝘪𝘯𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦, 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢. 𝘚𝘪 𝘷𝘪𝘯𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘴𝘢… 𝘵𝘦 𝘦𝘲𝘶𝘪𝘷𝘰𝘤𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢.
    ━━━━━━━━ 𝑆𝑇𝐴𝑅𝑇𝐸𝑅 𝐿𝐼𝐵𝑅𝐸 ━━━━━━━━ ━━━━━━ (( responder aquí )) ━━━━━ El sudor todavía se aferra a su piel. Saya se pasa la toalla por el cuello y las clavículas, casi como si estuviera limpiando algo más que sudor. Las orejas sobresalen entre su cabello oscuro, tensas, alertas incluso en reposo. Sus ojos rojos no buscan aprobación. No buscan nada, pero lo ven todo. ━━━━━━━━ 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘮𝘪𝘳𝘦𝘴 𝘢𝘴í. Su voz es baja. No expresa ira. Exige distancia. Para ella, el entrenamiento no es disciplina. Es una penitencia autoimpuesta. Cada gota que recorre su abdomen es una forma de recordarse que sigue viva… cuando otros no... Que no pudo ayudarles. Flexiona los dedos. La magia late bajo la piel al ritmo de su corazón. Podría incendiar la habitación con un pensamiento. Podría romperte antes de que des un paso. Pero no lo hace. Avanza solo un poco, estudiándote con esa calma indescifrable tan propia de ella. ━━━━━━━━ 𝘚𝘪 𝘷𝘪𝘯𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦, 𝘩𝘢𝘣𝘭𝘢. 𝘚𝘪 𝘷𝘪𝘯𝘪𝘴𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘴𝘢… 𝘵𝘦 𝘦𝘲𝘶𝘪𝘷𝘰𝘤𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘳𝘵𝘢.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    10
    14 turnos 0 maullidos
  • Vaya , el entrenamiento es duro con papa pero si quiero mejorar tengo que poner lo mejor de mi.
    Vaya , el entrenamiento es duro con papa pero si quiero mejorar tengo que poner lo mejor de mi.
    0 turnos 0 maullidos
  • En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas.

    El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera.

    Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente.

    — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así.

    Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro.

    — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella.

    Silencio.

    — No soy débil... —masculló él.

    Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella.

    Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto.

    El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo.

    — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa...

    Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición.

    — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
    En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas. El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera. Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente. — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así. Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro. — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella. Silencio. — No soy débil... —masculló él. Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella. Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto. El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo. — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa... Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición. — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
    Me gusta
    Me encocora
    6
    2 turnos 0 maullidos
  • Abrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla.
    Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido.
    El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín.

    Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración.
    No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojos
    Abrió los ojos aquella mañana de nuevo de un sobresalto; otra vez la pesadilla. Ya se le estaba haciendo algo frecuente sino rutinario pues parecía negarse a dejarla. Despeinada, se llevó las manos al rostro dejándose caer de espaldas en la cama con un quejido. El sol ya entraba por la ventana, era más tarde de lo que solía levantarse pero de todas formas no le preocupaba. Aquel día no había entrenamiento ¿Por qué? San Valentín. Otro quejido se escapó de sus labios en lo que rodaba los ojos pues le parecía ridículo dejar el día libre tan solo por una tonta celebración. No pensaba salir de su habitación ese día, era todo demasiado meloso y cursi para su gusto. Así que volteó de lado y se abrazó a la almohada cerrando sus ojos
    4 turnos 0 maullidos
  • El golpe contra el suelo fue seco, limpio.

    Un movimiento rápido. Técnica pura.

    Priscila giró su peso con precisión y lo derribó sin margen de reacción. Antes de que él pudiera incorporarse, ella ya estaba encima, rodilla firme bloqueando su hombro, mano controlando su cabeza contra la tierra del campo.

    La otra sostenía la máscara.

    No era un trofeo legendario.

    Era solo parte del ejercicio: quien derribaba al otro, se quedaba con la máscara por esa ronda.

    Un simple protocolo de entrenamiento.

    Él —disciplinado, fuerte, acostumbrado a dominar cada enfrentamiento— había calculado mal. Un giro rápido, un movimiento de cadera perfectamente ejecutado, y ahora estaba de espaldas contra la tierra

    Él respiraba con fuerza, pero no intentaba liberarse de inmediato. Sus ojos la miraban desde abajo, concentrados… y algo más. Reconocimiento.

    —Ronda tuya —dijo, sin molestia.

    Priscila sonrió apenas, segura.

    A pocos pasos, demasiado cerca como para fingir indiferencia, estaba ella.

    La ex o novia

    Alta. Fuerte. Impecable físicamente. Con esa presencia dominante que no necesitaba esfuerzo para imponerse.

    Y ahora observaba todo desde una distancia mínima. Lo suficiente para ver cómo Priscila lo tenía completamente controlado. Lo suficiente para notar que él no estaba irritado… estaba avergonzado.

    Sus brazos cruzados marcaban tensión. La mandíbula firme. Los ojos clavados en la escena.

    No era la máscara lo que le molestaba.

    Era la dinámica.

    La confianza.

    La forma en que él no reaccionaba con agresividad, sino con respeto.

    Desde la plataforma superior, el capitán observaba en silencio.
    El golpe contra el suelo fue seco, limpio. Un movimiento rápido. Técnica pura. Priscila giró su peso con precisión y lo derribó sin margen de reacción. Antes de que él pudiera incorporarse, ella ya estaba encima, rodilla firme bloqueando su hombro, mano controlando su cabeza contra la tierra del campo. La otra sostenía la máscara. No era un trofeo legendario. Era solo parte del ejercicio: quien derribaba al otro, se quedaba con la máscara por esa ronda. Un simple protocolo de entrenamiento. Él —disciplinado, fuerte, acostumbrado a dominar cada enfrentamiento— había calculado mal. Un giro rápido, un movimiento de cadera perfectamente ejecutado, y ahora estaba de espaldas contra la tierra Él respiraba con fuerza, pero no intentaba liberarse de inmediato. Sus ojos la miraban desde abajo, concentrados… y algo más. Reconocimiento. —Ronda tuya —dijo, sin molestia. Priscila sonrió apenas, segura. A pocos pasos, demasiado cerca como para fingir indiferencia, estaba ella. La ex o novia Alta. Fuerte. Impecable físicamente. Con esa presencia dominante que no necesitaba esfuerzo para imponerse. Y ahora observaba todo desde una distancia mínima. Lo suficiente para ver cómo Priscila lo tenía completamente controlado. Lo suficiente para notar que él no estaba irritado… estaba avergonzado. Sus brazos cruzados marcaban tensión. La mandíbula firme. Los ojos clavados en la escena. No era la máscara lo que le molestaba. Era la dinámica. La confianza. La forma en que él no reaccionaba con agresividad, sino con respeto. Desde la plataforma superior, el capitán observaba en silencio.
    Me gusta
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Un poco de entrenamiento....no hace daño
    Un poco de entrenamiento....no hace daño
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Te retrasaste en tu entrenamiento, y Kiyo, como una Saiyan de actitud impaciente, estaba flotando sobre tu cabeza con un aura asesina.
    ──── ¿Piensas que mi tiempo es eterno, newbie? Por más que me estén pagando por esto, no seré piadosa. ────
    Te retrasaste en tu entrenamiento, y Kiyo, como una Saiyan de actitud impaciente, estaba flotando sobre tu cabeza con un aura asesina. ──── ¿Piensas que mi tiempo es eterno, newbie? Por más que me estén pagando por esto, no seré piadosa. ────
    Me encocora
    Me gusta
    Me enjaja
    5
    3 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados