El golpe contra el suelo fue seco, limpio.

Un movimiento rápido. Técnica pura.

Priscila giró su peso con precisión y lo derribó sin margen de reacción. Antes de que él pudiera incorporarse, ella ya estaba encima, rodilla firme bloqueando su hombro, mano controlando su cabeza contra la tierra del campo.

La otra sostenía la máscara.

No era un trofeo legendario.

Era solo parte del ejercicio: quien derribaba al otro, se quedaba con la máscara por esa ronda.

Un simple protocolo de entrenamiento.

Él —disciplinado, fuerte, acostumbrado a dominar cada enfrentamiento— había calculado mal. Un giro rápido, un movimiento de cadera perfectamente ejecutado, y ahora estaba de espaldas contra la tierra

Él respiraba con fuerza, pero no intentaba liberarse de inmediato. Sus ojos la miraban desde abajo, concentrados… y algo más. Reconocimiento.

—Ronda tuya —dijo, sin molestia.

Priscila sonrió apenas, segura.

A pocos pasos, demasiado cerca como para fingir indiferencia, estaba ella.

La ex o novia

Alta. Fuerte. Impecable físicamente. Con esa presencia dominante que no necesitaba esfuerzo para imponerse.

Y ahora observaba todo desde una distancia mínima. Lo suficiente para ver cómo Priscila lo tenía completamente controlado. Lo suficiente para notar que él no estaba irritado… estaba avergonzado.

Sus brazos cruzados marcaban tensión. La mandíbula firme. Los ojos clavados en la escena.

No era la máscara lo que le molestaba.

Era la dinámica.

La confianza.

La forma en que él no reaccionaba con agresividad, sino con respeto.

Desde la plataforma superior, el capitán observaba en silencio.
El golpe contra el suelo fue seco, limpio. Un movimiento rápido. Técnica pura. Priscila giró su peso con precisión y lo derribó sin margen de reacción. Antes de que él pudiera incorporarse, ella ya estaba encima, rodilla firme bloqueando su hombro, mano controlando su cabeza contra la tierra del campo. La otra sostenía la máscara. No era un trofeo legendario. Era solo parte del ejercicio: quien derribaba al otro, se quedaba con la máscara por esa ronda. Un simple protocolo de entrenamiento. Él —disciplinado, fuerte, acostumbrado a dominar cada enfrentamiento— había calculado mal. Un giro rápido, un movimiento de cadera perfectamente ejecutado, y ahora estaba de espaldas contra la tierra Él respiraba con fuerza, pero no intentaba liberarse de inmediato. Sus ojos la miraban desde abajo, concentrados… y algo más. Reconocimiento. —Ronda tuya —dijo, sin molestia. Priscila sonrió apenas, segura. A pocos pasos, demasiado cerca como para fingir indiferencia, estaba ella. La ex o novia Alta. Fuerte. Impecable físicamente. Con esa presencia dominante que no necesitaba esfuerzo para imponerse. Y ahora observaba todo desde una distancia mínima. Lo suficiente para ver cómo Priscila lo tenía completamente controlado. Lo suficiente para notar que él no estaba irritado… estaba avergonzado. Sus brazos cruzados marcaban tensión. La mandíbula firme. Los ojos clavados en la escena. No era la máscara lo que le molestaba. Era la dinámica. La confianza. La forma en que él no reaccionaba con agresividad, sino con respeto. Desde la plataforma superior, el capitán observaba en silencio.
Me gusta
Me shockea
3
0 turnos 0 maullidos
Patrocinados
Patrocinados