• — Diablos... fue horrible.

    Comenta el tenno que sigue en el frío suelo de su orbitador, muchos años luz Chroma está en la misma postura, sentir el infierno viral en carne propia de una nube de gas sobrenatural que está acabando con la vida de la zona, ni siquiera las plantas lo logran.

    Hayden hace un esfuerzo para ponerse de pie, al mismo tiempo que Chroma.

    "Va a doler..."

    Corre el Warframe hacia la nube de gas que pronto se repite aquella experiencia dolorosa, la gruesa piel de Chroma lo protege sin embargo, Hayden desde remoto siente como sus pulmones se queman, sus ojos lagrimean y sus órganos vitales se encogen por ese poder insano.

    — ¡Groar!

    Chroma logra darle un puñetazo firme sobre el reforzado dispensador del veneno, un bicho acorazado y pequeño cuyas placas poseen tubos orgánicos que liberan más de ese humo mortal, pero luego de varios puñetazos logra reventar al bicho, aunque Hayden, se le paralizó el corazón y su cerebro es consumido por esa enfermedad del gas, dejando a un Chroma inmóvil como una estatua.

    ...

    Logro detener la producción del gas letal mientras llega otro Warframe, Zephyr especializada en el control del viento, quien logra invocar un tornado para atrapar el gas de la zona y contener esa arma biológica.
    — Diablos... fue horrible. Comenta el tenno que sigue en el frío suelo de su orbitador, muchos años luz Chroma está en la misma postura, sentir el infierno viral en carne propia de una nube de gas sobrenatural que está acabando con la vida de la zona, ni siquiera las plantas lo logran. Hayden hace un esfuerzo para ponerse de pie, al mismo tiempo que Chroma. "Va a doler..." Corre el Warframe hacia la nube de gas que pronto se repite aquella experiencia dolorosa, la gruesa piel de Chroma lo protege sin embargo, Hayden desde remoto siente como sus pulmones se queman, sus ojos lagrimean y sus órganos vitales se encogen por ese poder insano. — ¡Groar! Chroma logra darle un puñetazo firme sobre el reforzado dispensador del veneno, un bicho acorazado y pequeño cuyas placas poseen tubos orgánicos que liberan más de ese humo mortal, pero luego de varios puñetazos logra reventar al bicho, aunque Hayden, se le paralizó el corazón y su cerebro es consumido por esa enfermedad del gas, dejando a un Chroma inmóvil como una estatua. ... Logro detener la producción del gas letal mientras llega otro Warframe, Zephyr especializada en el control del viento, quien logra invocar un tornado para atrapar el gas de la zona y contener esa arma biológica.
    Me encocora
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos 237 vistas
  • //Esto es larguito, pero también tendréis un poco más de contexto de la trama de Dante. Espero que os guste.

    Cualquiera pensaría que los seres de la noche no requieren de sueño, un error muy común. Tal vez no necesiten tantas horas en brazos de Morfeo como lo haría un simple mortal, pero lo cierto es que sí necesitaban dormir.
    Por desgracia ese placer parecía estarle vetado a Dante. Cada vez que cerraba los ojos para descansar ni que fueran unos minutos, esa asfixiante sombra volvía a torturarlo. Visiones. Imágenes de un futuro que no sabía cuándo llegaría, tan solo que sin lugar a dudas iba a ocurrir. Llevaba así casi toda su vida y se había vuelto una parte más de su rutina, lidiar con las visiones de la que sería su muerte, una bastante desagradable cabía destacar.

    Cada miembro de la estirpe poseía sus propias capacidades, a demás de las habituales en ellos, y esta era la de Dante, heredada de su madre. Pues sí la madre de él fue una compañera de sangre. ¿Qué son los compañeros de sangre? Os estaréis preguntando. Hombres y mujeres humanos, que curiosamente contaban con alguna extraña peculiaridad o capacidad, que nacieron destinados a unirse con algún vampiro y no estamos hablando de un simple emparejamiento, va mucho más allá. Esa unión empieza a forjarse cuando el vampiro toma la sangre del compañero/a, los siguientes pasos serían la unión de sus cuerpos y darle de su sangre al humano.
    Ambos seres quedarían conectados de una forma que transciende al conocimiento humano, capaces de sentir las emociones del otro, su dolor físico, sus pensamientos, sus deseos, de percibir dónde está... La incapacidad de vivir el uno sin el otro, una devoción tan pura y profunda que no podría existir nada con qué compararlo.
    Tras esa unión, la facultad especial de dicho humano se expandiría hasta dar lugar a todo su potencial y viviría eternamente mientras siguiera consumiendo la sangre del vampiro. Así mismo el vampiro solo podría consumir la sangre de su compañero/a.

    Cabe mencionar que dichos compañeros/as de sangre, portan una pequeñísima marca de nacimiento que puede estar alojada en cualquier parte del cuerpo, una luna menguante tumbada, en forma de cuenco, con una pequeña gota entrando en ella. De un color rojizo.

    Cuando los involucrados en esas uniones tienen descendencia, esos hijos adquieren los poderes de su progenitor humano a parte de los básicos en la naturaleza del vampiro. Es la única forma de traer descendencia de la estirpe, pues entre ellos no pueden procrear.

    La madre de Dante siempre tuvo visiones de su propia muerte y parecía tenerlo perfectamente asimilado, pero jamás le mencionó a padre o hijo qué vio en estas.

    Seguramente os preguntéis, ¿y que pasa si uno de los involucrados en la unión fallece? Los padres de este joven guerrero fueron un claro ejemplo.
    El padre, siendo guerrero antes que él, falleció en combate contra una horda de vampiros enloquecidos por la lujuria de sangre, no supieron nunca los detalles concretos pero en el mismo instante que falleció, la madre lo supo pues algo dentro de ella se rompió. ¿Murió la mujer? No, cuando uno de ambos fallece el otro puede seguir viviendo incluso podría volver a emparejarse si así lo quisiera. ¿Dónde está el truco o el problema entonces? En que jamás quieren volver a enlazarse a nadie, el vacío que les crea es tan profundo y doloroso como si le hubieran arrancado el corazón dejándolos muertos en vida. La existencia en si deja de tener sentido y cualquier atisbo de felicidad les abandona para siempre.
    La madre de Dante cayó en una gran depresión y, al ser una compañera de sangre, no vampira, y no poder seguir consumiendo la sangre de su compañero, poco a poco iría envejeciendo hasta morir. Y así fue, físicamente hablando murió por vejez y enfermedad pero... Dante vio la muerte en los ojos de su madre el mismo día que su padre falleció.

    No. No podía permitir que nadie se enlazase jamás a él. Pues a parte del hecho de que la idea no era de su agrado, sentirse un perro atado con una correa en corto, o así lo percibía él, tampoco le simpatizaba pensar que si lo hacía, su compañero/a algún día pasaría por lo mismo que su madre. Pues estaba seguro de ello ya que tenía siempre la misma visión sobre su muerte atormentándolo.
    //Esto es larguito, pero también tendréis un poco más de contexto de la trama de Dante. Espero que os guste. Cualquiera pensaría que los seres de la noche no requieren de sueño, un error muy común. Tal vez no necesiten tantas horas en brazos de Morfeo como lo haría un simple mortal, pero lo cierto es que sí necesitaban dormir. Por desgracia ese placer parecía estarle vetado a Dante. Cada vez que cerraba los ojos para descansar ni que fueran unos minutos, esa asfixiante sombra volvía a torturarlo. Visiones. Imágenes de un futuro que no sabía cuándo llegaría, tan solo que sin lugar a dudas iba a ocurrir. Llevaba así casi toda su vida y se había vuelto una parte más de su rutina, lidiar con las visiones de la que sería su muerte, una bastante desagradable cabía destacar. Cada miembro de la estirpe poseía sus propias capacidades, a demás de las habituales en ellos, y esta era la de Dante, heredada de su madre. Pues sí la madre de él fue una compañera de sangre. ¿Qué son los compañeros de sangre? Os estaréis preguntando. Hombres y mujeres humanos, que curiosamente contaban con alguna extraña peculiaridad o capacidad, que nacieron destinados a unirse con algún vampiro y no estamos hablando de un simple emparejamiento, va mucho más allá. Esa unión empieza a forjarse cuando el vampiro toma la sangre del compañero/a, los siguientes pasos serían la unión de sus cuerpos y darle de su sangre al humano. Ambos seres quedarían conectados de una forma que transciende al conocimiento humano, capaces de sentir las emociones del otro, su dolor físico, sus pensamientos, sus deseos, de percibir dónde está... La incapacidad de vivir el uno sin el otro, una devoción tan pura y profunda que no podría existir nada con qué compararlo. Tras esa unión, la facultad especial de dicho humano se expandiría hasta dar lugar a todo su potencial y viviría eternamente mientras siguiera consumiendo la sangre del vampiro. Así mismo el vampiro solo podría consumir la sangre de su compañero/a. Cabe mencionar que dichos compañeros/as de sangre, portan una pequeñísima marca de nacimiento que puede estar alojada en cualquier parte del cuerpo, una luna menguante tumbada, en forma de cuenco, con una pequeña gota entrando en ella. De un color rojizo. Cuando los involucrados en esas uniones tienen descendencia, esos hijos adquieren los poderes de su progenitor humano a parte de los básicos en la naturaleza del vampiro. Es la única forma de traer descendencia de la estirpe, pues entre ellos no pueden procrear. La madre de Dante siempre tuvo visiones de su propia muerte y parecía tenerlo perfectamente asimilado, pero jamás le mencionó a padre o hijo qué vio en estas. Seguramente os preguntéis, ¿y que pasa si uno de los involucrados en la unión fallece? Los padres de este joven guerrero fueron un claro ejemplo. El padre, siendo guerrero antes que él, falleció en combate contra una horda de vampiros enloquecidos por la lujuria de sangre, no supieron nunca los detalles concretos pero en el mismo instante que falleció, la madre lo supo pues algo dentro de ella se rompió. ¿Murió la mujer? No, cuando uno de ambos fallece el otro puede seguir viviendo incluso podría volver a emparejarse si así lo quisiera. ¿Dónde está el truco o el problema entonces? En que jamás quieren volver a enlazarse a nadie, el vacío que les crea es tan profundo y doloroso como si le hubieran arrancado el corazón dejándolos muertos en vida. La existencia en si deja de tener sentido y cualquier atisbo de felicidad les abandona para siempre. La madre de Dante cayó en una gran depresión y, al ser una compañera de sangre, no vampira, y no poder seguir consumiendo la sangre de su compañero, poco a poco iría envejeciendo hasta morir. Y así fue, físicamente hablando murió por vejez y enfermedad pero... Dante vio la muerte en los ojos de su madre el mismo día que su padre falleció. No. No podía permitir que nadie se enlazase jamás a él. Pues a parte del hecho de que la idea no era de su agrado, sentirse un perro atado con una correa en corto, o así lo percibía él, tampoco le simpatizaba pensar que si lo hacía, su compañero/a algún día pasaría por lo mismo que su madre. Pues estaba seguro de ello ya que tenía siempre la misma visión sobre su muerte atormentándolo.
    Me gusta
    Me entristece
    8
    0 turnos 0 maullidos 499 vistas
  • La Melancolia es una enfermedad solitaria, confusa. sentencia a sus victimas a un encierro sombrio, silenciando su cancion de vida... no pueden pedir ayuda y no oyen a aquellos que se la ofrecen.
    La Melancolia es una enfermedad solitaria, confusa. sentencia a sus victimas a un encierro sombrio, silenciando su cancion de vida... no pueden pedir ayuda y no oyen a aquellos que se la ofrecen.
    Me entristece
    1
    0 turnos 0 maullidos 360 vistas
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    UN CONSEJO MUY SABIO LEELO Y TOMALO MUY EN CUENTA

    HIJO MÍO, ESCÚCHAME CON ATENCIÓN.

    El sexo es dulce, pero puede arruinar tu vida y tu brillante futuro.

    Primera lección - Tu miembro no es tu amigo, es tanto como tu enemigo hasta que sepas cómo controlarlo.

    Aprende a autocontrolarte, especialmente cuando se trata de tu deseo sexual, nunca te arrepentirás en la vida.

    Un hombre sexualmente disciplinado ya ha conquistado la vida en un 80%, las batallas más peligrosas que enfrentan los hombres en su vida, el tiempo siempre proviene del sexo.

    Para proteger tu vida y tu futuro, primero debes tener el autocontrol sobre tu apetito sexual.

    Hay sexo que nunca deberías tener, son mujeres con las que nunca deberías acostarte.

    Evite a los adolescentes menores de edad, a las mujeres casadas, a las prostitutas, etc.

    Muchos hombres están en prisión porque carecen de disciplina sexual.

    Muchos hombres están muertos porque carecen de disciplina sexual.

    Muchos hombres están infectados con enfermedades peligrosas porque carecen de disciplina sexual.

    Muchos hombres son fracasados y están estancados en la vida porque carecen de disciplinas sexuales.

    Muchos hombres se casaron mal y están sufriendo peligrosamente porque carecen de disciplina sexual.

    Muchos hombres son las cadenas de las mujeres porque carecen de disciplina sexual.

    El modo más barato para destruir las mujeres son los hombres que carecen de disciplina sexual.

    No seas uno, como macho alfa, la disciplina sexual es un superpoder para ti.

    Sé prudente.
    UN CONSEJO MUY SABIO LEELO Y TOMALO MUY EN CUENTA HIJO MÍO, ESCÚCHAME CON ATENCIÓN. El sexo es dulce, pero puede arruinar tu vida y tu brillante futuro. Primera lección - Tu miembro no es tu amigo, es tanto como tu enemigo hasta que sepas cómo controlarlo. Aprende a autocontrolarte, especialmente cuando se trata de tu deseo sexual, nunca te arrepentirás en la vida. Un hombre sexualmente disciplinado ya ha conquistado la vida en un 80%, las batallas más peligrosas que enfrentan los hombres en su vida, el tiempo siempre proviene del sexo. Para proteger tu vida y tu futuro, primero debes tener el autocontrol sobre tu apetito sexual. Hay sexo que nunca deberías tener, son mujeres con las que nunca deberías acostarte. Evite a los adolescentes menores de edad, a las mujeres casadas, a las prostitutas, etc. Muchos hombres están en prisión porque carecen de disciplina sexual. Muchos hombres están muertos porque carecen de disciplina sexual. Muchos hombres están infectados con enfermedades peligrosas porque carecen de disciplina sexual. Muchos hombres son fracasados y están estancados en la vida porque carecen de disciplinas sexuales. Muchos hombres se casaron mal y están sufriendo peligrosamente porque carecen de disciplina sexual. Muchos hombres son las cadenas de las mujeres porque carecen de disciplina sexual. El modo más barato para destruir las mujeres son los hombres que carecen de disciplina sexual. No seas uno, como macho alfa, la disciplina sexual es un superpoder para ti. Sé prudente.
    Me gusta
    Me encocora
    3
    0 comentarios 0 compartidos 357 vistas
  • Noche, tal vez durante la madrugada. Kaelion afligido se levanto tambaleandose, mientras llegaba hacia un espejo que tenía junto a su cama, su cuerpo temblaba mientras el sin poder evitarlo durante el trayecto vomito en el suelo. Su malestar era genuino, aunque no era debido a una dolencia inmediata, y no a una enfermedad, al menos no una enfermedad que afectaba directamente su cuerpo.


    ⸻ Lo siento......

    Se limitó a decir mientras lagrimas brotaban de sus ojos, el vívido recuerdo de la destrucción de Eryndor apuñalaba su mente. Aquellos gritos de desesperación, el olor de la carne quemada, los edificios cayendo, los cuerpos inertes de la gente que confío en él para protegerlos. Con una mezcla de frustación y amargura, golpea el espejo con su mano izquierda, luego de eso miro su propio reflejo. Por más que ya hubieran pasado años de dicha tragedia, no lograba superarlo, ya que se sentía responsable. 

    ⸻ Debí salvarlos......debí hacerlo.....Si alguien podía hacerlo era yo......los deje morir..........


    Un elegido de los cielos, dotado de poder y sabuiduría. Incapaz de haber podido proteger a su gente. Una desesperación y odio inamovibles buscaban hundir a el noble rey en la depravación, pero el buscaba oponerse y resistir ¿Por cuanto tiempo lo lograría? ¿Prevalecería la luz o la oscuridad?, aquella noche donde la ciudad original de Eryndor fue extinta un mal ominoso fue desatado. Un mal deseoso de corromperlo.
    Noche, tal vez durante la madrugada. Kaelion afligido se levanto tambaleandose, mientras llegaba hacia un espejo que tenía junto a su cama, su cuerpo temblaba mientras el sin poder evitarlo durante el trayecto vomito en el suelo. Su malestar era genuino, aunque no era debido a una dolencia inmediata, y no a una enfermedad, al menos no una enfermedad que afectaba directamente su cuerpo. ⸻ Lo siento...... Se limitó a decir mientras lagrimas brotaban de sus ojos, el vívido recuerdo de la destrucción de Eryndor apuñalaba su mente. Aquellos gritos de desesperación, el olor de la carne quemada, los edificios cayendo, los cuerpos inertes de la gente que confío en él para protegerlos. Con una mezcla de frustación y amargura, golpea el espejo con su mano izquierda, luego de eso miro su propio reflejo. Por más que ya hubieran pasado años de dicha tragedia, no lograba superarlo, ya que se sentía responsable.  ⸻ Debí salvarlos......debí hacerlo.....Si alguien podía hacerlo era yo......los deje morir.......... Un elegido de los cielos, dotado de poder y sabuiduría. Incapaz de haber podido proteger a su gente. Una desesperación y odio inamovibles buscaban hundir a el noble rey en la depravación, pero el buscaba oponerse y resistir ¿Por cuanto tiempo lo lograría? ¿Prevalecería la luz o la oscuridad?, aquella noche donde la ciudad original de Eryndor fue extinta un mal ominoso fue desatado. Un mal deseoso de corromperlo.
    Me shockea
    Me entristece
    4
    0 turnos 0 maullidos 971 vistas
  • ¿Y después de una emergencia médica...?
    Fandom Original
    Categoría Acción
    Ryuna Takahari

    Era martes por la mañana, y… Estaba estresado. Demasiado estresado. Quería echarse a dormir un poco, pero el día no prometía darle un mero descanso. Al contrario.

    —No tiene porqué estar perdido…

    Lo miraba dar vueltas de un lado a otro en el apartamento, provocando que su propia sensación de angustia incrementara; buscaba primero tras el televisor, luego bajo la mesa, luego en los cajones, luego detrás de una estatuilla de San Lucas. Ella se llevó dos dedos sobre el anillo que le dio antes del supuesto incidente - el tenerlo en el dedo le hacía creer que sería imposible para él haberlo perdido en cualquier sitio, como si nada.

    —Es que tiene que estarlo, si no… ¡Ugh! —acababa berreando de frustración mientras guardaba de nuevo unos libros en su estantería—. ¿Crees que me lo han robado?

    Ella inmediatamente negó con la cabeza. La idea de que lo hicieran era hasta un poquito graciosa, aunque no tanto para hacerla salir de su miedo y responderle cara a cara. —¿Quién robaría un cuaderno de bocetos? Uno sin empezar, encima.

    —No lo sé. Pero es uno de cuero… Algún valor tiene.

    —Iso… Tiene todo el valor del mundo, para ti. Y para él.

    Los celos no impedían que le sentara mal verlo de esa forma. Había pasado unos malos días, y con todo no lo culpaba por reaccionar alterado. El chico tomó asiento sobre el sofá y ella al fin se puso de pie para aproximarse, arrastrando los zapatos por los azulejos del suelo. Cuanto más cerca la tenía, más notaba el olor a…

    Sí, a marihuana. Estaba fumando dentro de su casa, y las ventanas abiertas no evitaban que aquello se llenara de una peste terrible; pero si ella le aguantaba el alcoholismo, él tampoco iba a decir nada. Le pasó los dedos por el cabello, rascando de una forma especial que lo hizo entornar los ojos. —Tendrás otro momento de darle algo, pero… ¡Tampoco es nada! Y yo creo que estará feliz de verte, más que de tener algo súper especial de ti. Ahora…

    Y se detuvo. Era un silencio sepulcral que lo dejó algo descolocado, porque se le iban el tartamudeo y la vergüenza con él cerca. Entonces empezó a mover los dedos sobre su pelo de forma errática. Isidro levantó la cabeza y se dio cuenta de que Bruna no miraba a ninguna parte, y que su mandíbula se tensaba y que ya no podía hablar, y que posiblemente no sabía ni dónde estaba en ese momento.

    -----

    —Presenta actividad cerebral anómala en el lóbulo temporal...

    —Sí, ya sé que es epiléptica.

    Pese a que lo llevaba sabiendo desde que se conocieron, aquel matasanos se empeñaba en darle la tabarra con las mismas explicaciones de siempre, causando que se le agotaran la paciencia y la educación. Claro, que Isidro no aparecía en sus registros como familiar, o pareja de hecho, o nada del estilo. De hecho, no aparecía nadie, pese al hecho de que Razvan estaba en su habitación fingiendo ser un tío, o primo, o hermano, o un vetetúasaberquéleshadichoéste. El caso es que Razvan estaba con ella (¡y con el chiquillo de cinco años, encima!), y él estaba obligado a quedarse fuera a esperar. Como si ella fuera una persona inmunocomprometida, y él pudiera matarla por introducir patógenos de español viejomundano en sus cercanías.

    —Yo solamente deseo informar… —le dio un papel con alguna clase de infografía sobre crisis epilépticas—... de que hay ciertos factores, como el consumo de sustancias estupefacientes o el estrés, que aumentan el riesgo de que…

    Ahora lo entendía todo. ¿Por qué le daban la tabarra a él? Porque fue el que llamó cuando vio que tardaba demasiado en volver a la normalidad, el que estaba junto a ella mientras se drogaba y aguantaba algo en silencio, y porque tendría que haberlo evitado. Escuchó el resto del discurso con la cabeza gacha, sin rebatirlo, o defenderse. Era cierto que ella cada vez fumaba más, y él nunca quería indagar en esas cosas…

    Al final, se dedicó a dar vueltas por el hospital. Necesitaba estirar las piernas, respirar aire fresco, tranquilizarse un poquito… Necesitaba un trago. ¿Le pasaría factura inmediata a él también? Lo desconocía, pero ahora no le importaba, y maldecía estar en un hospital donde no sirvieran copa alguna. No guardaba el papel donde ponía datos básicos de la enfermedad, mismos a los que debería haber estado más atento, y se paseaba con este entre manos como si se lo estudiara para examen.
    [eclipse_violet_frog_172] Era martes por la mañana, y… Estaba estresado. Demasiado estresado. Quería echarse a dormir un poco, pero el día no prometía darle un mero descanso. Al contrario. —No tiene porqué estar perdido… Lo miraba dar vueltas de un lado a otro en el apartamento, provocando que su propia sensación de angustia incrementara; buscaba primero tras el televisor, luego bajo la mesa, luego en los cajones, luego detrás de una estatuilla de San Lucas. Ella se llevó dos dedos sobre el anillo que le dio antes del supuesto incidente - el tenerlo en el dedo le hacía creer que sería imposible para él haberlo perdido en cualquier sitio, como si nada. —Es que tiene que estarlo, si no… ¡Ugh! —acababa berreando de frustración mientras guardaba de nuevo unos libros en su estantería—. ¿Crees que me lo han robado? Ella inmediatamente negó con la cabeza. La idea de que lo hicieran era hasta un poquito graciosa, aunque no tanto para hacerla salir de su miedo y responderle cara a cara. —¿Quién robaría un cuaderno de bocetos? Uno sin empezar, encima. —No lo sé. Pero es uno de cuero… Algún valor tiene. —Iso… Tiene todo el valor del mundo, para ti. Y para él. Los celos no impedían que le sentara mal verlo de esa forma. Había pasado unos malos días, y con todo no lo culpaba por reaccionar alterado. El chico tomó asiento sobre el sofá y ella al fin se puso de pie para aproximarse, arrastrando los zapatos por los azulejos del suelo. Cuanto más cerca la tenía, más notaba el olor a… Sí, a marihuana. Estaba fumando dentro de su casa, y las ventanas abiertas no evitaban que aquello se llenara de una peste terrible; pero si ella le aguantaba el alcoholismo, él tampoco iba a decir nada. Le pasó los dedos por el cabello, rascando de una forma especial que lo hizo entornar los ojos. —Tendrás otro momento de darle algo, pero… ¡Tampoco es nada! Y yo creo que estará feliz de verte, más que de tener algo súper especial de ti. Ahora… Y se detuvo. Era un silencio sepulcral que lo dejó algo descolocado, porque se le iban el tartamudeo y la vergüenza con él cerca. Entonces empezó a mover los dedos sobre su pelo de forma errática. Isidro levantó la cabeza y se dio cuenta de que Bruna no miraba a ninguna parte, y que su mandíbula se tensaba y que ya no podía hablar, y que posiblemente no sabía ni dónde estaba en ese momento. ----- —Presenta actividad cerebral anómala en el lóbulo temporal... —Sí, ya sé que es epiléptica. Pese a que lo llevaba sabiendo desde que se conocieron, aquel matasanos se empeñaba en darle la tabarra con las mismas explicaciones de siempre, causando que se le agotaran la paciencia y la educación. Claro, que Isidro no aparecía en sus registros como familiar, o pareja de hecho, o nada del estilo. De hecho, no aparecía nadie, pese al hecho de que Razvan estaba en su habitación fingiendo ser un tío, o primo, o hermano, o un vetetúasaberquéleshadichoéste. El caso es que Razvan estaba con ella (¡y con el chiquillo de cinco años, encima!), y él estaba obligado a quedarse fuera a esperar. Como si ella fuera una persona inmunocomprometida, y él pudiera matarla por introducir patógenos de español viejomundano en sus cercanías. —Yo solamente deseo informar… —le dio un papel con alguna clase de infografía sobre crisis epilépticas—... de que hay ciertos factores, como el consumo de sustancias estupefacientes o el estrés, que aumentan el riesgo de que… Ahora lo entendía todo. ¿Por qué le daban la tabarra a él? Porque fue el que llamó cuando vio que tardaba demasiado en volver a la normalidad, el que estaba junto a ella mientras se drogaba y aguantaba algo en silencio, y porque tendría que haberlo evitado. Escuchó el resto del discurso con la cabeza gacha, sin rebatirlo, o defenderse. Era cierto que ella cada vez fumaba más, y él nunca quería indagar en esas cosas… Al final, se dedicó a dar vueltas por el hospital. Necesitaba estirar las piernas, respirar aire fresco, tranquilizarse un poquito… Necesitaba un trago. ¿Le pasaría factura inmediata a él también? Lo desconocía, pero ahora no le importaba, y maldecía estar en un hospital donde no sirvieran copa alguna. No guardaba el papel donde ponía datos básicos de la enfermedad, mismos a los que debería haber estado más atento, y se paseaba con este entre manos como si se lo estudiara para examen.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me shockea
    Me entristece
    2
    54 turnos 0 maullidos 1596 vistas
  • Carlo.

    Un muchacho que falleció por la enfermedad de petrificación, el hijo de Geppetto, un joven con un futuro que jamás llegó.

    Desde el inicio muchos compararon a la marioneta con Carlo, después de todo, era básicamente la viva imagen del muchacho. Quienes lo veían por primera vez lo confundían y llamaban por ese nombre, pero al darse cuenta que no era quien creían se disculpaban de inmediato. P nunca mostró señal de que aquello le molestara. Incluso Gemini llegó a compararlo una vez, cuando encontraron el retrato de Carlo.

    "Hey, mira esto. ¡Se parece a ti! Un poco. Desde cierto ángulo. Ya sabes... si entre cierras un poco los ojos... Nah, ¡estoy bromeando, estoy bromeando! No, es que, se ve exactamente igual a ti. Es decir, tu lo ves, ¿cierto? Mira la nariz y el... ¿cierto?"

    Ni una sola vez hubo respuesta de la marioneta. Estaba bien, Geppetto por algo lo creó a la imagen de su hijo fallecido. Aún así, ¿P realmente lo aceptaba sin más? Era como no tener una identidad realmente propia, solo la sombra de alguien más, cumpliendo expectativas. ¿De verdad no sentía nada al respecto? No estaba seguro. Eran en esas ocasiones en las que llegaba a encontrarse pensando porqué todos se referían a él como "la marioneta de Geppetto" y no por un nombre. Y no por Carlo, un nombre específico solo para él.

    Quizás aún no estaba del todo listo, del todo completo, para tener una identidad fuera de ello. Aún no se había hecho con su propia historia. Aún no estaba del todo consciente que, en realidad, mientras más Ergo recolectaba, solo era para traer a Carlo de vuelta, sus memorias, su esencia.
    Carlo. Un muchacho que falleció por la enfermedad de petrificación, el hijo de Geppetto, un joven con un futuro que jamás llegó. Desde el inicio muchos compararon a la marioneta con Carlo, después de todo, era básicamente la viva imagen del muchacho. Quienes lo veían por primera vez lo confundían y llamaban por ese nombre, pero al darse cuenta que no era quien creían se disculpaban de inmediato. P nunca mostró señal de que aquello le molestara. Incluso Gemini llegó a compararlo una vez, cuando encontraron el retrato de Carlo. "Hey, mira esto. ¡Se parece a ti! Un poco. Desde cierto ángulo. Ya sabes... si entre cierras un poco los ojos... Nah, ¡estoy bromeando, estoy bromeando! No, es que, se ve exactamente igual a ti. Es decir, tu lo ves, ¿cierto? Mira la nariz y el... ¿cierto?" Ni una sola vez hubo respuesta de la marioneta. Estaba bien, Geppetto por algo lo creó a la imagen de su hijo fallecido. Aún así, ¿P realmente lo aceptaba sin más? Era como no tener una identidad realmente propia, solo la sombra de alguien más, cumpliendo expectativas. ¿De verdad no sentía nada al respecto? No estaba seguro. Eran en esas ocasiones en las que llegaba a encontrarse pensando porqué todos se referían a él como "la marioneta de Geppetto" y no por un nombre. Y no por Carlo, un nombre específico solo para él. Quizás aún no estaba del todo listo, del todo completo, para tener una identidad fuera de ello. Aún no se había hecho con su propia historia. Aún no estaba del todo consciente que, en realidad, mientras más Ergo recolectaba, solo era para traer a Carlo de vuelta, sus memorias, su esencia.
    Me entristece
    Me gusta
    3
    3 turnos 0 maullidos 335 vistas
  • La muerte de Asclepio, el hijo de Apolo, es una de las tragedias más desgarradoras que el dios del sol tuvo que enfrentar. Asclepio, nacido de la relación entre Apolo y la mortal Corónide, fue un ser extraordinario, dotado del don de curar enfermedades y devolver la vida a los muertos, un talento que Apolo mismo le inculcó. Sin embargo, su habilidad y ambición desafiaron las leyes naturales establecidas por los dioses, lo que atrajo la ira de Zeus.


    Cuando Zeus descubrió que Asclepio había resucitado a los muertos, temió que su poder alterara el equilibrio del mundo y desafiara la autoridad de los dioses sobre la vida y la muerte. Como castigo, Zeus lanzó un rayo fulminante que acabó con la vida de Asclepio.

    Cuando Apolo supo de la muerte de su hijo, su dolor fue inmenso, una tormenta que incluso su divinidad no pudo mitigar. El brillo del sol, normalmente cálido y vivificante, se tornó frío y distante, reflejando la furia contenida en su interior.

    Apolo (gritando al cielo):
    “¡Padre! ¿Cómo pudiste tomar a mi hijo, sangre de mi sangre? ¡Era un curador, no un destructor! Su don no era una amenaza, sino un regalo para la humanidad. ¡Tu injusticia no quedará impune!”

    La venganza.

    Cegado por la ira y el dolor, Apolo buscó venganza inmediata. No podía desafiar directamente a Zeus, su padre, pero desvió su furia hacia los ciclopes, los gigantes que habían forjado el rayo que mató a Asclepio. Apolo viajó al taller de los ciclopes, ubicado en el corazón del Monte Etna, donde el fuego eterno alimentaba sus forjas.

    Los ciclopes, criaturas de inmensa fuerza y habilidades, no se intimidaron ante la presencia del dios. Sin embargo, Apolo, impulsado por su dolor, brillaba con una intensidad cegadora, su arco y sus flechas como extensiones de su rabia.
    • Primera flecha: Atravesó el pecho de Brontes, el ciclón del trueno.
    • Segunda flecha: Alcanzó a Steropes, el maestro del rayo, dejándolo sin vida.
    • Tercera flecha: Hirió mortalmente a Arges, el ciclón del brillo, destruyendo la última chispa de resistencia de los forjadores.

    Los gritos de los ciclopes resonaron por todo el monte antes de que el fuego en sus forjas se extinguiera. Apolo no mostró misericordia, pues sentía que el dolor que le habían causado era mucho mayor que cualquier acto de venganza.


    Zeus, al enterarse de lo ocurrido, quedó profundamente enfurecido. Aunque Apolo era su hijo, no podía permitir que la muerte de los ciclopes, vitales para los dioses, quedara sin castigo. Como consecuencia, Zeus desterró a Apolo del Olimpo y lo condenó a servir como pastor al servicio del rey Admeto de Tesalia durante un año. Durante ese tiempo, Apolo aprendió la humildad y enfrentó el dolor como un mortal más.

    Sin embargo, incluso en el exilio, Apolo nunca olvidó a Asclepio. Utilizó su tiempo en la tierra para enseñar a los humanos sobre la medicina, perpetuando el legado de su hijo. Al final, su devoción logró que Asclepio fuera elevado al estatus de dios, encontrando un lugar en el Olimpo como el dios de la medicina.

    La historia de Apolo y la muerte de su hijo es un recordatorio de que incluso los dioses no están exentos del dolor, y que el amor de un padre puede desafiar incluso a las leyes divinas.
    La muerte de Asclepio, el hijo de Apolo, es una de las tragedias más desgarradoras que el dios del sol tuvo que enfrentar. Asclepio, nacido de la relación entre Apolo y la mortal Corónide, fue un ser extraordinario, dotado del don de curar enfermedades y devolver la vida a los muertos, un talento que Apolo mismo le inculcó. Sin embargo, su habilidad y ambición desafiaron las leyes naturales establecidas por los dioses, lo que atrajo la ira de Zeus. Cuando Zeus descubrió que Asclepio había resucitado a los muertos, temió que su poder alterara el equilibrio del mundo y desafiara la autoridad de los dioses sobre la vida y la muerte. Como castigo, Zeus lanzó un rayo fulminante que acabó con la vida de Asclepio. Cuando Apolo supo de la muerte de su hijo, su dolor fue inmenso, una tormenta que incluso su divinidad no pudo mitigar. El brillo del sol, normalmente cálido y vivificante, se tornó frío y distante, reflejando la furia contenida en su interior. Apolo (gritando al cielo): “¡Padre! ¿Cómo pudiste tomar a mi hijo, sangre de mi sangre? ¡Era un curador, no un destructor! Su don no era una amenaza, sino un regalo para la humanidad. ¡Tu injusticia no quedará impune!” La venganza. Cegado por la ira y el dolor, Apolo buscó venganza inmediata. No podía desafiar directamente a Zeus, su padre, pero desvió su furia hacia los ciclopes, los gigantes que habían forjado el rayo que mató a Asclepio. Apolo viajó al taller de los ciclopes, ubicado en el corazón del Monte Etna, donde el fuego eterno alimentaba sus forjas. Los ciclopes, criaturas de inmensa fuerza y habilidades, no se intimidaron ante la presencia del dios. Sin embargo, Apolo, impulsado por su dolor, brillaba con una intensidad cegadora, su arco y sus flechas como extensiones de su rabia. • Primera flecha: Atravesó el pecho de Brontes, el ciclón del trueno. • Segunda flecha: Alcanzó a Steropes, el maestro del rayo, dejándolo sin vida. • Tercera flecha: Hirió mortalmente a Arges, el ciclón del brillo, destruyendo la última chispa de resistencia de los forjadores. Los gritos de los ciclopes resonaron por todo el monte antes de que el fuego en sus forjas se extinguiera. Apolo no mostró misericordia, pues sentía que el dolor que le habían causado era mucho mayor que cualquier acto de venganza. Zeus, al enterarse de lo ocurrido, quedó profundamente enfurecido. Aunque Apolo era su hijo, no podía permitir que la muerte de los ciclopes, vitales para los dioses, quedara sin castigo. Como consecuencia, Zeus desterró a Apolo del Olimpo y lo condenó a servir como pastor al servicio del rey Admeto de Tesalia durante un año. Durante ese tiempo, Apolo aprendió la humildad y enfrentó el dolor como un mortal más. Sin embargo, incluso en el exilio, Apolo nunca olvidó a Asclepio. Utilizó su tiempo en la tierra para enseñar a los humanos sobre la medicina, perpetuando el legado de su hijo. Al final, su devoción logró que Asclepio fuera elevado al estatus de dios, encontrando un lugar en el Olimpo como el dios de la medicina. La historia de Apolo y la muerte de su hijo es un recordatorio de que incluso los dioses no están exentos del dolor, y que el amor de un padre puede desafiar incluso a las leyes divinas.
    Me entristece
    6
    22 turnos 0 maullidos 1134 vistas
Patrocinados