• Escuchó los pasos acercarse por el pasillo gracias a su oído vampírico. Pero no se puso en guardia, ni esperaba tensión. Reconocía los pasos de su tia. Era agradable estar en casa, o al menos de vuelta en Nueva Orleans. Por mucho que se hubiera acostumbrado a la vida en el bunker con Dean, Cass, Sam, Hati y Jack -pensar en Jack provocaba siempre un vuelco en su estomago- una parte de ella habia echado de menos su hogar familiar. Ese que pareció desdibujarse para ella en su adolescencia. Pero ahora su familia estaba unida de nuevo. Y tenían un mal mayor al que plantar cara. Un mal mayor que se tornaba menos difuso a medida que los miembros de la familia Mikaelson rellenaban los huecos.

    -Hola preciosa- saludó su tia Freya acercándose a ella y recolocándole el cabello de forma cariñosa acompañando en el gesto de una caricia en la espalda de Hope.

    La tríbrida esbozó una fugaz sonrisa, pues Freya más que una tia habia sido otra madre para ella, capaz de instruirla y de guiarla desde que era una niña. Habia sido su persona de confianza en más de una ocasión y su mejor amiga durante mucho tiempo.

    -Hola -respondió Hope.

    -¿Tienes algo? -preguntó Freya mirando el amasijo de mapas, textos, libros y hechizos que Hope tenia sobre la mesa.

    -No mucho. Si papá tiene razón y nos enfrentamos a una bruja tan antigua como el mito artúrico lo cierto es que ninguno de estos hechizos nos vale de nada. Seremos cenizas en segundos si ella se empeña -frunció los labios un momento- Pero... He pensado... que no hace falta defendernos, si no protegernos... ¿Y si encontramos la forma de ser invulnerables ante cualquier ataque?

    -Si, pero Hope es imposible. No tenemos tal poder...

    -No, pero ella si... -sonrió Hope y puso sobre la mesa el dibujo que sus padres, su tio y tantas otras criaturas llevaban grabado en la piel- Esta marca actúa como vinculo entre los dos y creo que los vincula a ella. Igual que la maldición del hombre lobo o la de papá con la piedra lunar y la réplica... -miró de nuevo a su tía- Es solo un hechizo. Siempre hay puerta trasera... ¿Y si encontramos el modo de cambiar las reglas del hechizo de vinculación de las marcas?

    -Eso protegería a tus padres y Elijah, pero.. ¿y los demás? preguntó Freya.

    -Nos vinculamos entre nosotros... La tia Rebekah me conto que Esther una vez vinculó a todos sus hijos con intención de matarlos. ¿Y si ahora nos vinculamos todos para salvarnos? -preguntó con esa convicción suya tan Mikaelson.
    Escuchó los pasos acercarse por el pasillo gracias a su oído vampírico. Pero no se puso en guardia, ni esperaba tensión. Reconocía los pasos de su tia. Era agradable estar en casa, o al menos de vuelta en Nueva Orleans. Por mucho que se hubiera acostumbrado a la vida en el bunker con Dean, Cass, Sam, Hati y Jack -pensar en Jack provocaba siempre un vuelco en su estomago- una parte de ella habia echado de menos su hogar familiar. Ese que pareció desdibujarse para ella en su adolescencia. Pero ahora su familia estaba unida de nuevo. Y tenían un mal mayor al que plantar cara. Un mal mayor que se tornaba menos difuso a medida que los miembros de la familia Mikaelson rellenaban los huecos. -Hola preciosa- saludó su tia Freya acercándose a ella y recolocándole el cabello de forma cariñosa acompañando en el gesto de una caricia en la espalda de Hope. La tríbrida esbozó una fugaz sonrisa, pues Freya más que una tia habia sido otra madre para ella, capaz de instruirla y de guiarla desde que era una niña. Habia sido su persona de confianza en más de una ocasión y su mejor amiga durante mucho tiempo. -Hola -respondió Hope. -¿Tienes algo? -preguntó Freya mirando el amasijo de mapas, textos, libros y hechizos que Hope tenia sobre la mesa. -No mucho. Si papá tiene razón y nos enfrentamos a una bruja tan antigua como el mito artúrico lo cierto es que ninguno de estos hechizos nos vale de nada. Seremos cenizas en segundos si ella se empeña -frunció los labios un momento- Pero... He pensado... que no hace falta defendernos, si no protegernos... ¿Y si encontramos la forma de ser invulnerables ante cualquier ataque? -Si, pero Hope es imposible. No tenemos tal poder... -No, pero ella si... -sonrió Hope y puso sobre la mesa el dibujo que sus padres, su tio y tantas otras criaturas llevaban grabado en la piel- Esta marca actúa como vinculo entre los dos y creo que los vincula a ella. Igual que la maldición del hombre lobo o la de papá con la piedra lunar y la réplica... -miró de nuevo a su tía- Es solo un hechizo. Siempre hay puerta trasera... ¿Y si encontramos el modo de cambiar las reglas del hechizo de vinculación de las marcas? -Eso protegería a tus padres y Elijah, pero.. ¿y los demás? preguntó Freya. -Nos vinculamos entre nosotros... La tia Rebekah me conto que Esther una vez vinculó a todos sus hijos con intención de matarlos. ¿Y si ahora nos vinculamos todos para salvarnos? -preguntó con esa convicción suya tan Mikaelson.
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  • Destinos entrelazados
    Fandom OC
    Categoría Original
    Arashi

    [Extracto del pasado de Nagi - Poco después de la calamidad.]

    𝕁𝕦𝕣𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕞𝕖 𝕧𝕖𝕟𝕘𝕒𝕣𝕖́, 𝕤𝕚𝕟 𝕚𝕞𝕡𝕠𝕣𝕥𝕒𝕣 𝕝𝕒 𝕤𝕒𝕟𝕘𝕣𝕖 𝕢𝕦𝕖 𝕕𝕖𝕣𝕣𝕒𝕞𝕖 𝕖𝕟 𝕖𝕝 𝕔𝕒𝕞𝕚𝕟𝕠.

    El pueblo de Nagi, un lugar antaño pintoresco, de gente agradable y costumbres algo arcaicas. Un lugar donde la vida y la espada iban de la mano, un pueblo donde se forjaba y se blandía la espada...

    Todo había quedado reducido a cenizas.

    Ese pueblo y su gente ahora solo permanecería en los recuerdos de Nagi, sus cenizas se las llevaría el viento y, con el tiempo, sería olvidado, siendo Nagi la única prueba de que existió... Pero ahora no era momento de preocuparse por eso.

    Con una sensación en el cuerpo que la había perseguido desde el día que la tormenta asoló todo, decidió que era momento de partir; tomó su espada y con pesar caminó hacia lo que en su momento fue la salida del pueblo. El paisaje rompía el corazón de Nagi, una chica que, a fin de cuentas, no conocía nada más que a su gente y sus costumbres.

    Su andar se dirigió hacia el pueblo vecino, con el cual el comercio era recurrente. Poco sabía sobre el lugar, pero ahora mismo no le quedaba de otra que buscar ayuda, y en teoría no había demasiada distancia a recorrer entre ambos, apenas un par de horas caminando serían suficientes, tiempo en el que se centraría en las nuevas sensaciones de su cuerpo.

    Nagi sentía el cuerpo más ligero que antes, llevaba caminando ya una hora pero el cansancio no se hacía presente. Llevaba sin comer desde el día anterior, cuando ocurrió la calamidad, pero su cuerpo parecía tener energía de sobra, pero lo que más le intrigaba no era eso...

    Algo recorría su interior, una sensación que fluía a través de su tórax hacia sus extremidades y que, al aplicar fuerza, provocaba una ligera sensación de calambre. Mientras caminaba se observó las manos ¿Qué le había ocurrido? Apenas podía recordar nada de lo ocurrido, pero había una sensación que era muy vívida todavía, el rayo que la golpeó.

    La electricidad recorriendo su cuerpo, sus músculos tensándose por completo, la rigidez, la sensación de arder desde el interior y finalmente, el abandono de todos sus sentidos.

    Alzó la mirada, momento en el que vio que el pueblo al que se dirigía yacía en ruinas ¿La calamidad había pasado por aquí? En un momento se preparó para correr y con una velocidad que juraría no era propia corrió hacia el pueblo, fue entonces que, por las calles empezó a gritar en busca de supervivientes. ⸻ ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡¿Queda alguien vivo?! ⸻ ¿Cuánto tiempo llevaba esto en ruinas?¿Siquiera quedaba alguien?
    [Arashi_Spellthief] [Extracto del pasado de Nagi - Poco después de la calamidad.] 𝕁𝕦𝕣𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕞𝕖 𝕧𝕖𝕟𝕘𝕒𝕣𝕖́, 𝕤𝕚𝕟 𝕚𝕞𝕡𝕠𝕣𝕥𝕒𝕣 𝕝𝕒 𝕤𝕒𝕟𝕘𝕣𝕖 𝕢𝕦𝕖 𝕕𝕖𝕣𝕣𝕒𝕞𝕖 𝕖𝕟 𝕖𝕝 𝕔𝕒𝕞𝕚𝕟𝕠. El pueblo de Nagi, un lugar antaño pintoresco, de gente agradable y costumbres algo arcaicas. Un lugar donde la vida y la espada iban de la mano, un pueblo donde se forjaba y se blandía la espada... Todo había quedado reducido a cenizas. Ese pueblo y su gente ahora solo permanecería en los recuerdos de Nagi, sus cenizas se las llevaría el viento y, con el tiempo, sería olvidado, siendo Nagi la única prueba de que existió... Pero ahora no era momento de preocuparse por eso. Con una sensación en el cuerpo que la había perseguido desde el día que la tormenta asoló todo, decidió que era momento de partir; tomó su espada y con pesar caminó hacia lo que en su momento fue la salida del pueblo. El paisaje rompía el corazón de Nagi, una chica que, a fin de cuentas, no conocía nada más que a su gente y sus costumbres. Su andar se dirigió hacia el pueblo vecino, con el cual el comercio era recurrente. Poco sabía sobre el lugar, pero ahora mismo no le quedaba de otra que buscar ayuda, y en teoría no había demasiada distancia a recorrer entre ambos, apenas un par de horas caminando serían suficientes, tiempo en el que se centraría en las nuevas sensaciones de su cuerpo. Nagi sentía el cuerpo más ligero que antes, llevaba caminando ya una hora pero el cansancio no se hacía presente. Llevaba sin comer desde el día anterior, cuando ocurrió la calamidad, pero su cuerpo parecía tener energía de sobra, pero lo que más le intrigaba no era eso... Algo recorría su interior, una sensación que fluía a través de su tórax hacia sus extremidades y que, al aplicar fuerza, provocaba una ligera sensación de calambre. Mientras caminaba se observó las manos ¿Qué le había ocurrido? Apenas podía recordar nada de lo ocurrido, pero había una sensación que era muy vívida todavía, el rayo que la golpeó. La electricidad recorriendo su cuerpo, sus músculos tensándose por completo, la rigidez, la sensación de arder desde el interior y finalmente, el abandono de todos sus sentidos. Alzó la mirada, momento en el que vio que el pueblo al que se dirigía yacía en ruinas ¿La calamidad había pasado por aquí? En un momento se preparó para correr y con una velocidad que juraría no era propia corrió hacia el pueblo, fue entonces que, por las calles empezó a gritar en busca de supervivientes. ⸻ ¡¿Hola?! ¡¿Hay alguien?! ¡¿Queda alguien vivo?! ⸻ ¿Cuánto tiempo llevaba esto en ruinas?¿Siquiera quedaba alguien?
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  • Ni siquiera tuvo tiempo de destruir por completo aquel restaurante; el cual tuvo el descaro de hacerla esperar más de lo que ella podía soportar. Una rafaga de energía lanzada de su palma bastó para destruir una cuarta parte del local. Nadie había escapado de entre las ruinas, por lo que podía suponerse que muchos murieron o estaban gravemente heridos. Sin importar su situación, el incendio provocado por la explosión ya estaba consumiendo lo que quedaba del miserable lugar.

    Pero lejos de poder jactarse, lo que pudo ser una escena de deleite puro para la mujer se vio interrumpido por un extraño llamado de atención que resaltó de entre la lluvia, los gritos de los civiles cercanos al lugar de la tragedia y los relámpagos. Esa voz parecía provenir de unos metros atrás, a espaldas de la androide.

    Sin poder evitarlo, giró sobre sí misma para encarar a la persona que había decidido interrumpirla. La lluvia no daba tregua, seguía cayendo con la misma intensidad desde el momento en que empezó. Lo detestaba. Detestaba cómo el agua arruinaba su ropa favorita, pero lo que más sufría era por su hermosa cabellera rubia, que terminaría hecha un desastre, completamente impresentable. Podría haber regresado a su hogar temporal para remediar su lamentable apariencia, pero cada segundo que pasaba se empapaba aún más, todo por culpa de ese muchacho recién llegado.

    ──── ¿Acaso eres estúpido, niño? Será mejor que corras con tus padres, antes de que te reduzca a cenizas. ──── empezó con un tono amenazante. Su frialdad era evidente, carecía completamente de empatía cuando estaba enojada. Cualquiera que se cruce en su camino acabaría muerto, sin importar de quien se trate.

    Oliver Grayson
    Ni siquiera tuvo tiempo de destruir por completo aquel restaurante; el cual tuvo el descaro de hacerla esperar más de lo que ella podía soportar. Una rafaga de energía lanzada de su palma bastó para destruir una cuarta parte del local. Nadie había escapado de entre las ruinas, por lo que podía suponerse que muchos murieron o estaban gravemente heridos. Sin importar su situación, el incendio provocado por la explosión ya estaba consumiendo lo que quedaba del miserable lugar. Pero lejos de poder jactarse, lo que pudo ser una escena de deleite puro para la mujer se vio interrumpido por un extraño llamado de atención que resaltó de entre la lluvia, los gritos de los civiles cercanos al lugar de la tragedia y los relámpagos. Esa voz parecía provenir de unos metros atrás, a espaldas de la androide. Sin poder evitarlo, giró sobre sí misma para encarar a la persona que había decidido interrumpirla. La lluvia no daba tregua, seguía cayendo con la misma intensidad desde el momento en que empezó. Lo detestaba. Detestaba cómo el agua arruinaba su ropa favorita, pero lo que más sufría era por su hermosa cabellera rubia, que terminaría hecha un desastre, completamente impresentable. Podría haber regresado a su hogar temporal para remediar su lamentable apariencia, pero cada segundo que pasaba se empapaba aún más, todo por culpa de ese muchacho recién llegado. ──── ¿Acaso eres estúpido, niño? Será mejor que corras con tus padres, antes de que te reduzca a cenizas. ──── empezó con un tono amenazante. Su frialdad era evidente, carecía completamente de empatía cuando estaba enojada. Cualquiera que se cruce en su camino acabaría muerto, sin importar de quien se trate. [vision_jade_snake_849]
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  • Habia pasado mil años condenada a una vida esclavizada, subyugada al hechizo de Dahlia. No habia tenido ocasión, nunca, de celebrar, de festejar. Cada segundo de vida, por aquella época fue una tortura... Nunca hubo fiestas ni momentos felices, porque Dahlia se ocupaba siempre de convertirlos en ceniza y dispersarlos en el aire.

    No habia tenido ocasión de ser feliz. Y entonces, habia recuperado a su familia. Y habia peleado y peleado por mantenerlos con vida, en mayor o menor medida.

    Cualquiera pensaría que después de tantos años por fin seria libre, pero... una nueva amenaza pesaba sobre las cabezas de los miembros de su familia y, de nuevo, no habia tiempo de festejos. No perdería un segundo de tiempo. No se distraería. Porque si daba un paso en balde o parpadeaba a destiempo, todo podía irse a la mierda...

    "Feliz cumpleaños, Freya", pensó cerrando rápidamente un tomo y apartándolo para coger el siguiente.
    Habia pasado mil años condenada a una vida esclavizada, subyugada al hechizo de Dahlia. No habia tenido ocasión, nunca, de celebrar, de festejar. Cada segundo de vida, por aquella época fue una tortura... Nunca hubo fiestas ni momentos felices, porque Dahlia se ocupaba siempre de convertirlos en ceniza y dispersarlos en el aire. No habia tenido ocasión de ser feliz. Y entonces, habia recuperado a su familia. Y habia peleado y peleado por mantenerlos con vida, en mayor o menor medida. Cualquiera pensaría que después de tantos años por fin seria libre, pero... una nueva amenaza pesaba sobre las cabezas de los miembros de su familia y, de nuevo, no habia tiempo de festejos. No perdería un segundo de tiempo. No se distraería. Porque si daba un paso en balde o parpadeaba a destiempo, todo podía irse a la mierda... "Feliz cumpleaños, Freya", pensó cerrando rápidamente un tomo y apartándolo para coger el siguiente.
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  • Himmel se detuvo en lo alto de la colina, con el viento cargado de ceniza revolviendo su capa blanca. Desde allí, la imagen era devastadora: un pueblo entero reducido a ruinas. Techos de paja y madera quemados, muros derrumbados, columnas de humo negro que aún se elevaban hacia el cielo gris como heridas abiertas.

    Abajo, en las calles estrechas cubiertas de escombros, unas pocas figuras caminaban lentamente entre los restos de lo que alguna vez fueron hogares. No se acercó. Solo observó en silencio, con el ceño ligeramente fruncido y una tristeza profunda en los ojos.

    — …Otra vez — murmuró con voz baja, casi tragada por el viento.

    Apretó con fuerza la empuñadura de su espada, sintiendo el peso familiar del acero. Los demonios que habían hecho esto no eran simples monstruos. Eran devoradores de pueblos enteros: consumían vidas, esperanzas y todo lo que las personas construían con esfuerzo y amor.
    Himmel se detuvo en lo alto de la colina, con el viento cargado de ceniza revolviendo su capa blanca. Desde allí, la imagen era devastadora: un pueblo entero reducido a ruinas. Techos de paja y madera quemados, muros derrumbados, columnas de humo negro que aún se elevaban hacia el cielo gris como heridas abiertas. Abajo, en las calles estrechas cubiertas de escombros, unas pocas figuras caminaban lentamente entre los restos de lo que alguna vez fueron hogares. No se acercó. Solo observó en silencio, con el ceño ligeramente fruncido y una tristeza profunda en los ojos. — …Otra vez — murmuró con voz baja, casi tragada por el viento. Apretó con fuerza la empuñadura de su espada, sintiendo el peso familiar del acero. Los demonios que habían hecho esto no eran simples monstruos. Eran devoradores de pueblos enteros: consumían vidas, esperanzas y todo lo que las personas construían con esfuerzo y amor.
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  • — ¿Quién te dijo que mi fuerza disminuye cuando el sol se oculta? Lo entendiste todo mal. Con la llegada de la noche es mi deber salir a erradicar cada rincón oscuro del mundo, para mantener la llama de la esperanza más viva que nunca.

    Así que decídete de una buena vez por todas, si vas a unirte a mí para hacer del próximo amanecer el más radiente de todos. De lo contraria tendré que reducirte a cenizas, por tener la osadía de subestimar a un dragón.
    — ¿Quién te dijo que mi fuerza disminuye cuando el sol se oculta? Lo entendiste todo mal. Con la llegada de la noche es mi deber salir a erradicar cada rincón oscuro del mundo, para mantener la llama de la esperanza más viva que nunca. Así que decídete de una buena vez por todas, si vas a unirte a mí para hacer del próximo amanecer el más radiente de todos. De lo contraria tendré que reducirte a cenizas, por tener la osadía de subestimar a un dragón.
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  • #Past

    El reinado de Iván el terrible había dejado una cicatriz en la tierra que sangraría hasta que el cielo se quiebre, tierras diezmadas, familias extintas y la fe tanto en dios como en la supervivencia decrecía con cada salir de la luna. Podría ser instinto o como quieran llamarlo, pero ya sabia lo que le esperaba, desde lejos podía oler los acrílicos incendiados mientras corría a toda velocidad a su casa.

    — No no no no no por favor, no ella, no eso. Por favor…

    En un momento dado las palabras cesaron de ser un sonido y comenzaron a retumbar pesadamente en su cabeza, tanto que su vista estaba casi nublada, ¿o serían las lágrimas? Imposible saber con la escasa preocupación por sí misma que tenía en ese momento, su mente estaba teñida de rojo con una furia que pocas veces había sentido. Al llegar pudo ver los escombros, el edificio estaba consumido hasta los cimientos, ¿su unidad habitacional? Fue lo primero que se fue abajo. Cayó de rodillas con una expresión vacía, sin lágrimas, sin gritos, solo un pequeño susurro casi inaudible escapando de sus labios entreabiertos, Ditru apareció unas horas después, corriendo igual que ella, y se detuvo en seco al verla allí arrodillada cubierta de nieve y cenizas en el centro de los escombros abrazando una máscara que en algún momento fue blanca sobre su regazo, cantando una canción de cuna mientras lloraba.

    — Zhazmin… lo siento… realmente quería creer que no sucedería, pero tenemos que irnos de inmediato antes de que regresen, sabes que esto fue una provocación para sacarnos de nuestro agujero y funciono, por favor, ven conmigo.

    El viejo cazador simplemente colocó su mano en el hombro de la jovencita y como si destrozara un encantamiento la dama estallo en un grito visceral, un doloroso berrinche que renegaba haber perdido lo único que amaba en ese triste mundo, que rogaba al cielo que le dejara morir para poder reunirse con ella. Morozov hacía mucho tiempo que estaba en el submundo, sabía la lluvia de flechas que se acercaba y quería llevarse a su niña del lugar, de un rápido y seco golpe a la nuca la dejo tendida sobre la ceniza inconsciente, alzándola en brazos junto a la máscara para llevarla al carro que llego detrás de él.

    — Descuida pequeña. Me encargaré que sus restos descansen junto a tu hogar. Pero aún no es tu momento…

    La siguiente noche recibió a la luna con la misma estampa que el día anterior, una niña cubierta de nieve sosteniendo un memento, rezando para morir.
    #Past El reinado de Iván el terrible había dejado una cicatriz en la tierra que sangraría hasta que el cielo se quiebre, tierras diezmadas, familias extintas y la fe tanto en dios como en la supervivencia decrecía con cada salir de la luna. Podría ser instinto o como quieran llamarlo, pero ya sabia lo que le esperaba, desde lejos podía oler los acrílicos incendiados mientras corría a toda velocidad a su casa. — No no no no no por favor, no ella, no eso. Por favor… En un momento dado las palabras cesaron de ser un sonido y comenzaron a retumbar pesadamente en su cabeza, tanto que su vista estaba casi nublada, ¿o serían las lágrimas? Imposible saber con la escasa preocupación por sí misma que tenía en ese momento, su mente estaba teñida de rojo con una furia que pocas veces había sentido. Al llegar pudo ver los escombros, el edificio estaba consumido hasta los cimientos, ¿su unidad habitacional? Fue lo primero que se fue abajo. Cayó de rodillas con una expresión vacía, sin lágrimas, sin gritos, solo un pequeño susurro casi inaudible escapando de sus labios entreabiertos, Ditru apareció unas horas después, corriendo igual que ella, y se detuvo en seco al verla allí arrodillada cubierta de nieve y cenizas en el centro de los escombros abrazando una máscara que en algún momento fue blanca sobre su regazo, cantando una canción de cuna mientras lloraba. — Zhazmin… lo siento… realmente quería creer que no sucedería, pero tenemos que irnos de inmediato antes de que regresen, sabes que esto fue una provocación para sacarnos de nuestro agujero y funciono, por favor, ven conmigo. El viejo cazador simplemente colocó su mano en el hombro de la jovencita y como si destrozara un encantamiento la dama estallo en un grito visceral, un doloroso berrinche que renegaba haber perdido lo único que amaba en ese triste mundo, que rogaba al cielo que le dejara morir para poder reunirse con ella. Morozov hacía mucho tiempo que estaba en el submundo, sabía la lluvia de flechas que se acercaba y quería llevarse a su niña del lugar, de un rápido y seco golpe a la nuca la dejo tendida sobre la ceniza inconsciente, alzándola en brazos junto a la máscara para llevarla al carro que llego detrás de él. — Descuida pequeña. Me encargaré que sus restos descansen junto a tu hogar. Pero aún no es tu momento… La siguiente noche recibió a la luna con la misma estampa que el día anterior, una niña cubierta de nieve sosteniendo un memento, rezando para morir.
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  • ── A veces el brillo de este mundo me parece una burla cruel frente a la penumbra que llevo dentro...

    Pero... Aún en este abismo, he notado algo.

    Hay acciones sencillas que hacen la diferencia; pequeñas luces que parpadean en la oscurida ; son palabras que para algunos suenan insulsas, ecos vacíos en el viento, pero para otros... para los que estamos a punto de dejarnos caer al vacío definitivo, son la diferencia entre desaparecer y seguir insistiendo en que la vida no está del todo perdida.

    Es extraño que un caído como yo lo diga, pero incluso en las cenizas, a veces se siente un poco de calor. ──
    ── A veces el brillo de este mundo me parece una burla cruel frente a la penumbra que llevo dentro... Pero... Aún en este abismo, he notado algo. Hay acciones sencillas que hacen la diferencia; pequeñas luces que parpadean en la oscurida ; son palabras que para algunos suenan insulsas, ecos vacíos en el viento, pero para otros... para los que estamos a punto de dejarnos caer al vacío definitivo, son la diferencia entre desaparecer y seguir insistiendo en que la vida no está del todo perdida. Es extraño que un caído como yo lo diga, pero incluso en las cenizas, a veces se siente un poco de calor. ──
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ****Cuarta Edad.****
    La Edad del Caos - La Era de Ozma

    Durante mucho tiempo, el mundo vivió en calma. Lejos de templos y de dioses, Oz y Selin construyeron una vida sencilla. Para los ojos del mundo, eran solo una pareja más pero su existencia era un milagro silencioso. Él, una entidad nacida del poder primordial. Ella, una Elunai devota de corazón puro.

    Tras casi un siglo juntos, comenzó a sufrir en silencio, Selin creía que jamás podría concebir, convencida de que la esencia divina de Oz lo impedía, pero aun así, nunca perdió su fe.

    Rezaba a la diosa Yue, aunque hacía siglos había dejado el mundo y no no respondía aun así suplicaba por ese regalo imposible.

    Y entonces… ocurrió, Selin quedó embarazada. Ni los dioses terrenales pudieron explicarlo. Cuando la niña nació, Selin la llamó Yen’naferiel, heredera de su linaje Naferiel.

    Oz, al sostenerla por primera vez, sintió algo que jamás había experimentado, un amor distinto, nuevo… pero real.

    Sin embargo, esa felicidad no pasó desapercibida, desde las sombras, los dioses observaron y cuando vieron que la niña crecía de forma anormal, demasiado rápido, distinta a los Elunia (quienes su niñez duraba décadas), el miedo comenzó a apoderarse de ellos.

    Aquello no debía existir, algo en ella rompía las reglas y eso significaba una sola cosa... Era peligrosa.

    Pasaron algunos años antes de que actuaran, enviaron a los Custodios del Orden con una misión clara, tomar a la niña y si era posible… eliminar a Oz, ya que los Dioses lo subestimaban.

    Pero Oz no estaba cuando llegaron, solo encontraron a Selin y a su hija.

    Selin se interpuso sin dudarlo, y fue entonces cuando descubrieron algo aún más perturbador,
    Selin llevaba otra vida en su vientre. Para los Custodios, aquello no era un milagro… sino una aberración y sin vacilar la mataron.

    En su último aliento, Selin no pidió por sí misma, pidió por su hija, de alguna forma, su deseo fue escuchado. El alma de la niña que aún no nacía fue preservada, resguardada en la luna, esperando el día en que pudiera volver. Después de ese Selin desapareció para siempre.

    Cuando Oz regresó, encontró ruinas, silencio, muerte, el cuerpo sin vida de Selin entre cenizas y ninguna señal de Yen’naferiel, así también dentro del vientre de Selin, la pequeña esencia de su segunda hija aun no nacida había desaparecido. En ese instante, comprendió todo, lo había perdido todo.

    Fue entonces que algo en él se rompió, la gente del pueblo había hecho oídos sordos a pesar la toda esa tragedia. El mundo tembló, la realidad se desgarró.
    El pueblo entero quedó atrapado en un instante eterno, congelado en el momento exacto de su desesperación. Sus cuerpos inmóviles… pero sus sombras aún corriendo, intentando escapar de un destino imposible.

    Oz gritó de ira y dolor por la única persona que le enseñó lo que era la felicidad, por las vidas que nacieron de él y le fueron arrebatadas.

    Alzó la mirada hacia los cielos, hacia aquellos que llamaban dioses y juró que los mataría a todos, sus templos caería, y los Elunai desaparecerían, ya que ninguno de ellos valía la pena, pues la única que si era importante para el, fue asesinada por sus supuestos hermanos de raza, ahora todos conocieran su dolor.

    Desde ese día, el mundo cambió, para los dioses, fue el inicio de la Edad del Caos, para los mortales, el comienzo de la Era Oscura.

    Y para Oz… fue el nacimiento de su propósito... El monstro había nacido.
    ****Cuarta Edad.**** La Edad del Caos - La Era de Ozma Durante mucho tiempo, el mundo vivió en calma. Lejos de templos y de dioses, Oz y Selin construyeron una vida sencilla. Para los ojos del mundo, eran solo una pareja más pero su existencia era un milagro silencioso. Él, una entidad nacida del poder primordial. Ella, una Elunai devota de corazón puro. Tras casi un siglo juntos, comenzó a sufrir en silencio, Selin creía que jamás podría concebir, convencida de que la esencia divina de Oz lo impedía, pero aun así, nunca perdió su fe. Rezaba a la diosa Yue, aunque hacía siglos había dejado el mundo y no no respondía aun así suplicaba por ese regalo imposible. Y entonces… ocurrió, Selin quedó embarazada. Ni los dioses terrenales pudieron explicarlo. Cuando la niña nació, Selin la llamó Yen’naferiel, heredera de su linaje Naferiel. Oz, al sostenerla por primera vez, sintió algo que jamás había experimentado, un amor distinto, nuevo… pero real. Sin embargo, esa felicidad no pasó desapercibida, desde las sombras, los dioses observaron y cuando vieron que la niña crecía de forma anormal, demasiado rápido, distinta a los Elunia (quienes su niñez duraba décadas), el miedo comenzó a apoderarse de ellos. Aquello no debía existir, algo en ella rompía las reglas y eso significaba una sola cosa... Era peligrosa. Pasaron algunos años antes de que actuaran, enviaron a los Custodios del Orden con una misión clara, tomar a la niña y si era posible… eliminar a Oz, ya que los Dioses lo subestimaban. Pero Oz no estaba cuando llegaron, solo encontraron a Selin y a su hija. Selin se interpuso sin dudarlo, y fue entonces cuando descubrieron algo aún más perturbador, Selin llevaba otra vida en su vientre. Para los Custodios, aquello no era un milagro… sino una aberración y sin vacilar la mataron. En su último aliento, Selin no pidió por sí misma, pidió por su hija, de alguna forma, su deseo fue escuchado. El alma de la niña que aún no nacía fue preservada, resguardada en la luna, esperando el día en que pudiera volver. Después de ese Selin desapareció para siempre. Cuando Oz regresó, encontró ruinas, silencio, muerte, el cuerpo sin vida de Selin entre cenizas y ninguna señal de Yen’naferiel, así también dentro del vientre de Selin, la pequeña esencia de su segunda hija aun no nacida había desaparecido. En ese instante, comprendió todo, lo había perdido todo. Fue entonces que algo en él se rompió, la gente del pueblo había hecho oídos sordos a pesar la toda esa tragedia. El mundo tembló, la realidad se desgarró. El pueblo entero quedó atrapado en un instante eterno, congelado en el momento exacto de su desesperación. Sus cuerpos inmóviles… pero sus sombras aún corriendo, intentando escapar de un destino imposible. Oz gritó de ira y dolor por la única persona que le enseñó lo que era la felicidad, por las vidas que nacieron de él y le fueron arrebatadas. Alzó la mirada hacia los cielos, hacia aquellos que llamaban dioses y juró que los mataría a todos, sus templos caería, y los Elunai desaparecerían, ya que ninguno de ellos valía la pena, pues la única que si era importante para el, fue asesinada por sus supuestos hermanos de raza, ahora todos conocieran su dolor. Desde ese día, el mundo cambió, para los dioses, fue el inicio de la Edad del Caos, para los mortales, el comienzo de la Era Oscura. Y para Oz… fue el nacimiento de su propósito... El monstro había nacido.
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  • "Q̶u̶e̶r̶i̶d̶o̶ ̶d̶i̶a̶r̶i̶o̶
    Bah, que mierda, no sé siquiera como empezar esto. He visto a Beth escribir en su libreta durante más de 9 meses... Le preguntaba porqué lo hacía y me decía que así era como ordenaba sus pensamientos. Yo no sé qué mierda ordenar. Esto es un asco. ¿Qué digo? ¿Qué escribo? ¿Qué estoy sola? ¿Qué no sé donde están papá, Carl, el bebé... Daryl...? ¿Qué no se donde está el resto de mi familia? ¿Qué hemos perdido nuestro hogar? ¿Qué el maldito gobernador mató a Hershel y destrozó nuestro hogar? Allí no queda nada más que humo, cenizas y muertos.

    Nos confiamos. ¿Por qué nos confiamos? No debimos hacerlo... ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Dónde voy?"
    "Q̶u̶e̶r̶i̶d̶o̶ ̶d̶i̶a̶r̶i̶o̶ Bah, que mierda, no sé siquiera como empezar esto. He visto a Beth escribir en su libreta durante más de 9 meses... Le preguntaba porqué lo hacía y me decía que así era como ordenaba sus pensamientos. Yo no sé qué mierda ordenar. Esto es un asco. ¿Qué digo? ¿Qué escribo? ¿Qué estoy sola? ¿Qué no sé donde están papá, Carl, el bebé... Daryl...? ¿Qué no se donde está el resto de mi familia? ¿Qué hemos perdido nuestro hogar? ¿Qué el maldito gobernador mató a Hershel y destrozó nuestro hogar? Allí no queda nada más que humo, cenizas y muertos. Nos confiamos. ¿Por qué nos confiamos? No debimos hacerlo... ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Dónde voy?"
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