• Pensé que el cambiarme de casa sería peor, sé que asuste a mis vecinos, aun así agradezco que hayan fingido demencia.
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  • Se quemó el fusible del tablero de la luz de mi casa, tendré que repararlo.
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  • Aikaterine Ouro

    ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa.

    Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos.

    El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos.

    Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás.

    Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
    [Mercenary1x] ────¿Uh? Bueno, parece que oficialmente el clima exige que pida otra taza de chocolate caliente –murmuró mientras echaba un vistazo a la calle, difuminada tras las gotas que escurrían raudas por el cristal de la ventana–. Parece que tendré que esperar un poco más antes de volver a casa. Su dedo señaló el párrafo en su libreto dónde se había quedado leyendo. Se encontraba en la zona más apartada de la cafetería, justo donde sabía que podía encontrar la privacidad y comodidad que necesitaba tras un largo día. Desde su estancia en aquella ciudad, ese rincón se había convertido en un pequeño refugio del mundo. No solía ser frecuentado por la gente, a excepción de esos días en los que las ofertas especiales hacían rebosar al personal de órdenes nuevas. Quizá, se dijo, se debía a la distancia entre la mesa y el final de la barra dónde se recogían los pedidos. El aire llevaba el delicioso aroma del café recién tostado, mezclado con los panecillos humeantes de mantequilla recién salidos del horno. Una calma familiar la recorrió, vista desde lejos, cualquiera que la mirara habría pensado que se trataba de una chica común. No de una deidad que se exilió al mundo de los mortales, viviendo cómo una más de ellos. Dejó su nueva taza de chocolate enfriar al lado de su guitarra. Entre muchas cosas que le trajo el exilio, disfrutar de la cotidianidad de una vida normal era una de las que más apreciaba. Llevaba ya tanto tiempo en la esfera de los mortales que el momento en que anunció su exilio ante la sala del trono de los dioses se había vuelto un recuerdo difuso. No era la primera vez que se aventuraba a vivir como humana, pero eso, como muchos otros secretos que guardaba, era algo que los demás dioses no tendrían porque saberlo jamás. Mientras esperaba para poder probar de su bebida, continuó leyendo, limitándose a escuchar el repiqueteo insistente de la lluvia en el exterior.
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  • Cuando vuelvo a casa le doy a Persefone un folio

    - Ve y busca a Oli -

    Le digo con una sonrisa, está se va con calma hasta dar al jardín. Allí al verte te toca con una pata.

    Oliver Williams
    Cuando vuelvo a casa le doy a Persefone un folio - Ve y busca a Oli - Le digo con una sonrisa, está se va con calma hasta dar al jardín. Allí al verte te toca con una pata. [Th_xSnow]
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  • 𝗥𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗧𝘂𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗜𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹. 𝗘𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗘𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗮𝗹: '𝗟𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝘁𝗲𝗻𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗷𝗮𝗽𝗼𝗻𝗲́𝘀' (๑•̀ㅂ•́)و✧
    — 𝗣𝗮́𝗴𝗶𝗻𝗮 𝟰𝟳

    「¡𝐃𝐄𝐒𝐂𝐔𝐁𝐈𝐄𝐑𝐓𝐎ⵑ 𝐄𝐋 𝐇𝐎𝐒𝐓 𝐌𝐀́𝐒 𝐄𝐗𝐂𝐋𝐔𝐒𝐈𝐕𝐎 𝐃𝐄 𝐓𝐎𝐊𝐈𝐎」
    ¿Cansado de los mismos clubs de siempre? Nuestro reportero se infiltró en un establecimiento tan privado que ni siquiera tiene nombre. Y allí, encontramos a la joya de la corona: 𝚈𝙾𝚂𝙷𝙸𝙼𝙸𝙽𝙴-𝚂𝙰𝙽 (ノ◕ヮ◕)ノ:・゚✧*
    Con 1.85cm de altura que parecen 2 metros cuando te sirve el té con esa mirada de "ojalá estuvieras en cualquier otro lado pero aquí me pagan por sonreír" (。♡‿♡。), este felino de aspecto adusto resultó ser el anfitrión más demandado de la noche.
    "𝙽𝚘 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚋𝚊 𝚎𝚜𝚝𝚘 𝚌𝚞𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎́", confesó nuestro reportero entre risas nerviosas. "𝙻𝚕𝚎𝚐𝚞𝚎́ 𝚋𝚞𝚜𝚌𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚞𝚗 𝚠𝚑𝚒𝚜𝚔𝚢 𝚢 𝚜𝚊𝚕ɪ́ 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚊 𝚋𝚒𝚕𝚕𝚎𝚝𝚎𝚛𝚊 𝚟𝚊𝚌ɪ́𝚊, 𝚎𝚕 𝚌𝚘𝚛𝚊𝚣𝚘́𝚗 𝚙𝚎𝚜𝚊𝚍𝚘, 𝚢 𝚞𝚗 𝚏𝚎𝚕𝚒𝚗𝚘 𝚍𝚎 𝚌𝚊𝚜𝚒 𝚍𝚘𝚜 𝚖𝚎𝚝𝚛𝚘𝚜 𝚊𝚏𝚎𝚛𝚛𝚊́𝚗𝚍𝚘𝚜𝚎 𝚊 𝚖𝚒 𝚖𝚊𝚗𝚐𝚊 𝚌𝚞𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊𝚋𝚊 𝚒𝚛𝚖𝚎. 𝙽𝚘 𝚜𝚎́ 𝚜𝚒 𝚏𝚞𝚒 𝚊 𝚞𝚗 𝚑𝚘𝚜𝚝 𝚌𝚕𝚞𝚋 𝚘 𝚊 𝚊𝚍𝚘𝚙𝚝𝚊𝚛 𝚞𝚗 𝚐𝚊𝚝𝚘 𝚌𝚊𝚕𝚕𝚎𝚓𝚎𝚛𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚝𝚛𝚊𝚓𝚎 𝚍𝚎 𝚜𝚒𝚛𝚟𝚒𝚎𝚗𝚝𝚊".

    Las clientas (y clientes) habituales lo describen como "𝚞𝚗 𝚝𝚜𝚞𝚗𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚍𝚎 𝚖𝚊𝚗𝚞𝚊𝚕" (⁄ ⁄>⁄ ▽⁄<⁄ ⁄): gruñe, pone cara de disgusto, dice que no le gusta atender... pero si te quedas callado lo suficiente, termina preguntándote si quieres más té con una voz que suena sospechosamente preocupada.
    Según fuentes confirmadas, atiende solo tres noches al mes, bajo reserva, y el precio por hora supera lo que la mayoría gana en una semana. ¿Vale la pena? Quienes han tenido el "privilegio" de ser atendidos por este hermoso gato de mal carácter juran que sí. Aunque advierten: no intentes tomarle la mano sin permiso, a menos que quieras recibir una clase gratuita de por qué no se debe molestar a un felino enojado (┛◉Д◉)┛彡┻━┻.

    —¿𝗩𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗶𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼?
    —𝗦𝗶 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝘃𝗶𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗻𝗼𝘁𝗮, 𝘀𝛊́ (◕‿◕)♡

    ⊹  ︶︶  ୨୧  ︶︶  ⊹

    ​—¿Host? —murmuró para sí mismo, saboreando la palabra como si fuera un veneno extranjero en su lengua.
    ​Frunció el ceño con tal intensidad que un pliegue profundo, casi una cicatriz de ansiedad, le partió la frente. Levantó la revista, la acercó al halo de luz de su escritorio de diseño y luego la alejó, entrecerrando los ojos. Observó la fotografía con la minuciosidad de un analista forense buscando una falla. Allí, en la esquina inferior derecha, creyó ver un píxel desalineado, una sombra que no terminaba de encajar con la inclinación altiva de su cuello.

    ​𝗣𝗵𝗼𝘁𝗼𝘀𝗵𝗼𝗽.

    ​La conclusión fue un alivio; sintió que podría estallar de pura euforia. Por supuesto. Él jamás… jamás se prestaría a semejante humillación. Ni como castigo, ni bajo tortura, ni en la más delirante de las misiones de infiltración.
    ​Sin embargo, el sudor frío no tardó en brotar. La revista era de turismo internacional. Eso significaba aeropuertos, hoteles de cinco estrellas, salas de espera de primera clase. Sus subordinados eran los más eficientes del clan, sí, pero seguían siendo hombres. ¿Leían revistas de tendencias? ¿Consumían catálogos de Maid Cafés por puro aburrimiento? ¿Eran lo suficientemente estúpidos como para reconocer sus facciones bajo aquel disfraz ridículo?

    ​—Con suerte, nadie se detendrá en esta página —se dijo, poniéndose en pie bruscamente.

    ​Asintió con firmeza, intentando sellar el asunto con lógica. Era una revista para turistas; gente que estaba de paso, sombras que miraban y se marchaban sin dejar rastro. No tenían conexiones con el Clan Tojo.
    ​Con esa falsa calma, Mine volvió a sentarse. Tomó la revista con desdén, dispuesto a destruirla… pero sus ojos traicioneros bajaron al texto una vez más.
    ​"Un gatito gruñón que se aferra a ti cuando tratas de irte..."

    ​Tragó saliva. La imagen de sí mismo con aquel lazo blanco y esponjoso parecía quemarle las pupilas. Sintió un calor abrasador subiéndole por el cuello hasta teñirle las orejas de un carmín violento.
    ​Miró a su alrededor, buscando el escondite perfecto. ¿Debajo del monitor? Demasiado expuesto. ¿En el cajón de los informes confidenciales del clan? Estaría a salvo, a menos que alguien necesitara auditar las cuentas. ¿En la papelera? Un error de novato; la limpieza pasaba a las siete. ¿Llevarla a casa?
    ​Con la torpeza impropia de un alto mando, pero con la urgencia de un adolescente ocultando una revista prohibida, Mine desabrochó el forro de su maletín de piel italiana y deslizó el papel satinado en la oscuridad del cuero.
    𝗥𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗧𝘂𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗜𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹. 𝗘𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗘𝘀𝗽𝗲𝗰𝗶𝗮𝗹: '𝗟𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗼𝘀 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿 𝗴𝘂𝗮𝗿𝗱𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝘁𝗲𝗻𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗷𝗮𝗽𝗼𝗻𝗲́𝘀' (๑•̀ㅂ•́)و✧ — 𝗣𝗮́𝗴𝗶𝗻𝗮 𝟰𝟳 「¡𝐃𝐄𝐒𝐂𝐔𝐁𝐈𝐄𝐑𝐓𝐎ⵑ 𝐄𝐋 𝐇𝐎𝐒𝐓 𝐌𝐀́𝐒 𝐄𝐗𝐂𝐋𝐔𝐒𝐈𝐕𝐎 𝐃𝐄 𝐓𝐎𝐊𝐈𝐎」 ¿Cansado de los mismos clubs de siempre? Nuestro reportero se infiltró en un establecimiento tan privado que ni siquiera tiene nombre. Y allí, encontramos a la joya de la corona: 𝚈𝙾𝚂𝙷𝙸𝙼𝙸𝙽𝙴-𝚂𝙰𝙽 (ノ◕ヮ◕)ノ:・゚✧* Con 1.85cm de altura que parecen 2 metros cuando te sirve el té con esa mirada de "ojalá estuvieras en cualquier otro lado pero aquí me pagan por sonreír" (。♡‿♡。), este felino de aspecto adusto resultó ser el anfitrión más demandado de la noche. "𝙽𝚘 𝚎𝚜𝚙𝚎𝚛𝚊𝚋𝚊 𝚎𝚜𝚝𝚘 𝚌𝚞𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚎́", confesó nuestro reportero entre risas nerviosas. "𝙻𝚕𝚎𝚐𝚞𝚎́ 𝚋𝚞𝚜𝚌𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚞𝚗 𝚠𝚑𝚒𝚜𝚔𝚢 𝚢 𝚜𝚊𝚕ɪ́ 𝚌𝚘𝚗 𝚕𝚊 𝚋𝚒𝚕𝚕𝚎𝚝𝚎𝚛𝚊 𝚟𝚊𝚌ɪ́𝚊, 𝚎𝚕 𝚌𝚘𝚛𝚊𝚣𝚘́𝚗 𝚙𝚎𝚜𝚊𝚍𝚘, 𝚢 𝚞𝚗 𝚏𝚎𝚕𝚒𝚗𝚘 𝚍𝚎 𝚌𝚊𝚜𝚒 𝚍𝚘𝚜 𝚖𝚎𝚝𝚛𝚘𝚜 𝚊𝚏𝚎𝚛𝚛𝚊́𝚗𝚍𝚘𝚜𝚎 𝚊 𝚖𝚒 𝚖𝚊𝚗𝚐𝚊 𝚌𝚞𝚊𝚗𝚍𝚘 𝚒𝚗𝚝𝚎𝚗𝚝𝚊𝚋𝚊 𝚒𝚛𝚖𝚎. 𝙽𝚘 𝚜𝚎́ 𝚜𝚒 𝚏𝚞𝚒 𝚊 𝚞𝚗 𝚑𝚘𝚜𝚝 𝚌𝚕𝚞𝚋 𝚘 𝚊 𝚊𝚍𝚘𝚙𝚝𝚊𝚛 𝚞𝚗 𝚐𝚊𝚝𝚘 𝚌𝚊𝚕𝚕𝚎𝚓𝚎𝚛𝚘 𝚌𝚘𝚗 𝚝𝚛𝚊𝚓𝚎 𝚍𝚎 𝚜𝚒𝚛𝚟𝚒𝚎𝚗𝚝𝚊". Las clientas (y clientes) habituales lo describen como "𝚞𝚗 𝚝𝚜𝚞𝚗𝚍𝚎𝚛𝚎 𝚍𝚎 𝚖𝚊𝚗𝚞𝚊𝚕" (⁄ ⁄>⁄ ▽⁄<⁄ ⁄): gruñe, pone cara de disgusto, dice que no le gusta atender... pero si te quedas callado lo suficiente, termina preguntándote si quieres más té con una voz que suena sospechosamente preocupada. Según fuentes confirmadas, atiende solo tres noches al mes, bajo reserva, y el precio por hora supera lo que la mayoría gana en una semana. ¿Vale la pena? Quienes han tenido el "privilegio" de ser atendidos por este hermoso gato de mal carácter juran que sí. Aunque advierten: no intentes tomarle la mano sin permiso, a menos que quieras recibir una clase gratuita de por qué no se debe molestar a un felino enojado (┛◉Д◉)┛彡┻━┻. —¿𝗩𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗮 𝘃𝗶𝘀𝗶𝘁𝗮𝗿𝗹𝗼? —𝗦𝗶 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝘃𝗶𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗻𝗼𝘁𝗮, 𝘀𝛊́ (◕‿◕)♡ ⊹  ︶︶  ୨୧  ︶︶  ⊹ ​—¿Host? —murmuró para sí mismo, saboreando la palabra como si fuera un veneno extranjero en su lengua. ​Frunció el ceño con tal intensidad que un pliegue profundo, casi una cicatriz de ansiedad, le partió la frente. Levantó la revista, la acercó al halo de luz de su escritorio de diseño y luego la alejó, entrecerrando los ojos. Observó la fotografía con la minuciosidad de un analista forense buscando una falla. Allí, en la esquina inferior derecha, creyó ver un píxel desalineado, una sombra que no terminaba de encajar con la inclinación altiva de su cuello. ​𝗣𝗵𝗼𝘁𝗼𝘀𝗵𝗼𝗽. ​La conclusión fue un alivio; sintió que podría estallar de pura euforia. Por supuesto. Él jamás… jamás se prestaría a semejante humillación. Ni como castigo, ni bajo tortura, ni en la más delirante de las misiones de infiltración. ​Sin embargo, el sudor frío no tardó en brotar. La revista era de turismo internacional. Eso significaba aeropuertos, hoteles de cinco estrellas, salas de espera de primera clase. Sus subordinados eran los más eficientes del clan, sí, pero seguían siendo hombres. ¿Leían revistas de tendencias? ¿Consumían catálogos de Maid Cafés por puro aburrimiento? ¿Eran lo suficientemente estúpidos como para reconocer sus facciones bajo aquel disfraz ridículo? ​—Con suerte, nadie se detendrá en esta página —se dijo, poniéndose en pie bruscamente. ​Asintió con firmeza, intentando sellar el asunto con lógica. Era una revista para turistas; gente que estaba de paso, sombras que miraban y se marchaban sin dejar rastro. No tenían conexiones con el Clan Tojo. ​Con esa falsa calma, Mine volvió a sentarse. Tomó la revista con desdén, dispuesto a destruirla… pero sus ojos traicioneros bajaron al texto una vez más. ​"Un gatito gruñón que se aferra a ti cuando tratas de irte..." ​Tragó saliva. La imagen de sí mismo con aquel lazo blanco y esponjoso parecía quemarle las pupilas. Sintió un calor abrasador subiéndole por el cuello hasta teñirle las orejas de un carmín violento. ​Miró a su alrededor, buscando el escondite perfecto. ¿Debajo del monitor? Demasiado expuesto. ¿En el cajón de los informes confidenciales del clan? Estaría a salvo, a menos que alguien necesitara auditar las cuentas. ¿En la papelera? Un error de novato; la limpieza pasaba a las siete. ¿Llevarla a casa? ​Con la torpeza impropia de un alto mando, pero con la urgencia de un adolescente ocultando una revista prohibida, Mine desabrochó el forro de su maletín de piel italiana y deslizó el papel satinado en la oscuridad del cuero.
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  • △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△


    ¿Sabes lo que es tener hambre?



    ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre?



    ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre?



    ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre?



    ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo?



    ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre?















    -Por favor…-

    Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad.

    La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora.

    De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna.

    -Comida…-

    No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne.

    “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo.

    No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel.

    Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya.

    -“No hará nada”-

    Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro.

    Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes.

    -“Sabes que es lo que debes de hacer”-

    No quería, no quería hacerlo, papá había dicho…

    -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”-

    Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más.

    Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente.

    -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…-

    “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida”

    #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
    △Esta publicación tiene contenido gore y maneja temas sensibles, la imagen pueden causar una fuerte sensación de incomodidad e incluso puede ser perturbadora para algunos. Todo en esta publicación es únicamente ficción, después de esta advertencia es bajo el propio riesgo de cada quien continuar leyendo o ver la imágene△ ¿Sabes lo que es tener hambre? … ¿Sabes lo que es que te duela el estomago del hambre? … ¿Sabes lo que se siente estar débil por el hambre? … ¿Sabes lo que es alucinar por el hambre? … ¿Sabes lo que es sentir que tu estomago se devore a si mismo? … ¿Sabes lo que es que comer tu propia carne para saciar el hambre? … … … … -Por favor…- Apenas tenia la la fuerza suficiente para decir un miserable susurro. Ya no sabia cuanto tiempo había pasado, para este punto los segundos se sentían como días y los días como una eternidad. La habitación estaba llena de arañazos y con marcas de golpes, del piso solo habían manchas negras de la sangre podrida de días, la peste era abrumadora. De la oscuridad unas cuencas vacías me miraban, fríos y carentes de compasión alguna. -Comida…- No me podía mover, el cuerpo apenas me respondia. Ni siquiera encerrada en esas cuatro paredes podía estar en paz, el zumbido interminable de las moscas no me permitía escuchar mis pensamientos, podía sentir como las larvas de las moscas se movían bajo mi piel, cada vez enterrándoselos más en mi carne. “Eso” no dijo nada, no hizo nada, solo me veía, parecía tan entretenido en mi agonía, como si pudiera sentir alguna clase de placer con el hecho que me estubiera pudriendo. No podía perderme en los rincones más lejanos de nuestra mente, tenia tanta hambre que mis músculos se habían consumido, ahora solo era un montón de huesos cubierto de miles de gusanos que se podían verse moviéndose bajo mi piel. Todo estaba oscuro, no habían ventanas, no habian muebles, solo en algún lugar había una puerta reforzada que no lograba distinguir ya. -“No hará nada”- Ella estaba frente a mi. Tirada en el suelo, cubierta de sangre seca, el cuerpo engullido, tan pálida que parecía un fantasma, no tenia su brazos izquierdo, no quedaba nada por debajo de su hombro donde se podía ver el hueso limpio de podredumbre y donde se podían ver a las larvas yendo de un lado para el otro. Las moscas estaban a nuestro alrededor buscando alimentarse de la manchas negras regadas por todas partes. -“Sabes que es lo que debes de hacer”- No quería, no quería hacerlo, papá había dicho… -“Papá esta muerto… Viste como lo mataron y desmembraron... Si no te das prisa terminaremos igual… Muertas… No queda mucho tiempo…”- Tenia razón, carajo sabia que no tenia alternativa, quise negarme de a hacer esto pero ya no podía, no podía soportarlo más. Incluso ahora “Eso” no le importaba si moría, no se movería de ahí si no hacia lo que él quería, lo odiaba, lo odiaba tanto, yo nunca pedí ser esto, yo nunca pedí nacer, desearía tanto que solo me mata, pero claro “Eso” alargaría tanto mi agonía como fuera posible. No me dejaría morir sin tan fácilmente. -Infernus… domus nostra… est… et… mundus cibus… est…- “El infierno es nuestra casa y el mundo es comida” #Horror #Original #Oc #+18 #Gore
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  • Empiezo a estar hasta las narices de estar encerrada en casa, ojalá me llamen pronto y empiece la rehabilitación
    Empiezo a estar hasta las narices de estar encerrada en casa, ojalá me llamen pronto y empiece la rehabilitación
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  • Otro turno más empecé a las dos de la tarde y desde que me senté en mi mesa he atendido treinta y tres llamadas, aún mi turno no ha finalizado.
    Cuelgo la llamada treinta y cuatro, echo la silla hacia atrás quitándome el micro necesito ir al baño y a la sala de descanso.
    Todavía quedan algunos trozos del pastel de cumpleaños de nuestra compañera Chloe, la cuál esta volviendo a rellenar su taza con más café.
    Lo mismo que iba hacer yo, tardo menos de diez minutos en regresar a mi mesa y ya tengo una llamada nueva.


    -911, ¿Cuál es su emergencia?.

    Al otro lado de la línea no se escucha absolutamente ninguna voz ni sonido, enseguida cuelgan la llamada.
    Seguramente habrá sido algún crío haciendo el idiota, no es la primera llamada que recibo de esa índole, pero emergencias no es para tomárselo de cachondeo.

    Al acabar mi turno le entregó cierta documentación a mi supervisora y luego me despido de los compañeros que tienen el turno de noche, son nuestro relevo.

    Sinceramente lo único que deseo hacer cuando llegue a casa es descalzarme, comer cualquier cosa mientras veo algo en la televisión y meterme pronto a la cama.

    Otro turno más empecé a las dos de la tarde y desde que me senté en mi mesa he atendido treinta y tres llamadas, aún mi turno no ha finalizado. Cuelgo la llamada treinta y cuatro, echo la silla hacia atrás quitándome el micro necesito ir al baño y a la sala de descanso. Todavía quedan algunos trozos del pastel de cumpleaños de nuestra compañera Chloe, la cuál esta volviendo a rellenar su taza con más café. Lo mismo que iba hacer yo, tardo menos de diez minutos en regresar a mi mesa y ya tengo una llamada nueva. -911, ¿Cuál es su emergencia?. Al otro lado de la línea no se escucha absolutamente ninguna voz ni sonido, enseguida cuelgan la llamada. Seguramente habrá sido algún crío haciendo el idiota, no es la primera llamada que recibo de esa índole, pero emergencias no es para tomárselo de cachondeo. Al acabar mi turno le entregó cierta documentación a mi supervisora y luego me despido de los compañeros que tienen el turno de noche, son nuestro relevo. Sinceramente lo único que deseo hacer cuando llegue a casa es descalzarme, comer cualquier cosa mientras veo algo en la televisión y meterme pronto a la cama.
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  • No importa que tan difícil sea el mundo afuera, dentro de casa, lo mejor era estar entre los brazos fe su prometido.

    𝐊𝐞𝐧𝐬𝐮𝐤𝐞
    No importa que tan difícil sea el mundo afuera, dentro de casa, lo mejor era estar entre los brazos fe su prometido. [BigB0y]
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  • ╔══════════════════════════════════════╗ ✦ Contrato Confidencial: Clan Park & Kirijo Co.✦ ╚══════════════════════════════════════╝
    Fandom OC
    Categoría Original
    El rugido de los motores del jet privado del Clan Park se apagó sobre la pista privada bajo el cielo plomizo de Portland. Soomin descendió por la escalerilla envuelta en un impecable traje sastre de tres piezas en tono ónix, proyectando una sombra que parecía devorar la escasa luz de la mañana. Sus tacones de aguja repicaron contra el asfalto con la cadencia de una marcha fúnebre y autoritaria.

    A diferencia de los caóticos bajos fondos de Seúl, aquel territorio corporativo estadounidense era un páramo frío. Sus agudizados sentidos de súcubo, acostumbrados a saborear el miedo, la codicia y el latido desbocado de los hombres, se toparon con un muro de esterilidad metálica y zumbidos eléctricos que solo la hizo sonreír con elegante desdén. Ordenó a su letal escolta aguardar fuera y cruzó las imponentes puertas de cristal de Kirijo Company completamente sola.

    El vestíbulo principal era una vasta catedral de acero, cristal y luz blanca. Al acercarse al mostrador de recepción, una androide de simetría antinatural alzó la vista, escaneando su biometría en una fracción de segundo.

    —Bienvenida a Kirijo Company, señorita Park —articuló la máquina, con una cortesía perfecta—. La señorita Mitsuru bajará a buscarla en unos instantes. Por favor, tome asiento.

    Soomin detuvo su paso. Clavó sus irises negro azabache en el impávido rostro de polímero de la máquina, alzando levemente el mentón. Se quedó de pie, inamovible, imponente y cruzada de brazos, dejando que su densa y oscura aura dominara el aséptico vestíbulo mientras aguardaba la llegada de la pelirroja.
    El rugido de los motores del jet privado del Clan Park se apagó sobre la pista privada bajo el cielo plomizo de Portland. Soomin descendió por la escalerilla envuelta en un impecable traje sastre de tres piezas en tono ónix, proyectando una sombra que parecía devorar la escasa luz de la mañana. Sus tacones de aguja repicaron contra el asfalto con la cadencia de una marcha fúnebre y autoritaria. A diferencia de los caóticos bajos fondos de Seúl, aquel territorio corporativo estadounidense era un páramo frío. Sus agudizados sentidos de súcubo, acostumbrados a saborear el miedo, la codicia y el latido desbocado de los hombres, se toparon con un muro de esterilidad metálica y zumbidos eléctricos que solo la hizo sonreír con elegante desdén. Ordenó a su letal escolta aguardar fuera y cruzó las imponentes puertas de cristal de Kirijo Company completamente sola. El vestíbulo principal era una vasta catedral de acero, cristal y luz blanca. Al acercarse al mostrador de recepción, una androide de simetría antinatural alzó la vista, escaneando su biometría en una fracción de segundo. —Bienvenida a Kirijo Company, señorita Park —articuló la máquina, con una cortesía perfecta—. La señorita Mitsuru bajará a buscarla en unos instantes. Por favor, tome asiento. Soomin detuvo su paso. Clavó sus irises negro azabache en el impávido rostro de polímero de la máquina, alzando levemente el mentón. Se quedó de pie, inamovible, imponente y cruzada de brazos, dejando que su densa y oscura aura dominara el aséptico vestíbulo mientras aguardaba la llegada de la pelirroja.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    30
    Estado
    Disponible
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