• Han sido dos semanas mágicas junto a mi esposo, conociendo cada rincón de Venecia.
    Ahora volveremos a coger el avión para volver a casa, además Anne nos necesita.
    Han sido dos semanas mágicas junto a mi esposo, conociendo cada rincón de Venecia. Ahora volveremos a coger el avión para volver a casa, además Anne nos necesita.
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  • Acudo a casa de Anne y Sergio consigo aparcar en la zona para luego tocar el timbre.

    Anne Halliwell
    Acudo a casa de Anne y Sergio consigo aparcar en la zona para luego tocar el timbre. [Featherington_cx]
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  • Estoy tan contenta, por fin ha llegado a casa mi nueva compañera.
    Se llama Iris, nos vamos hacer mutua compañía que falta nos hace a las dos.
    Estoy tan contenta, por fin ha llegado a casa mi nueva compañera. Se llama Iris, nos vamos hacer mutua compañía que falta nos hace a las dos.
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  • -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo-

    …Qué fastidio.

    -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios-

    Sabía que hoy iba a ser una de esas noches.

    -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida-

    Déjenme adivinar…

    -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma-

    Tú viniste a matarme.
    La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente-

    …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no?

    -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate-

    Qué clásico.

    -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire-

    Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada.
    Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás-

    Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
    -La calle estaba casi vacía, iluminada apenas por las lámparas cálidas que colgaban de los viejos postes. El aire de la noche era pesado, como si incluso la ciudad supiera que algo estaba a punto de romper la calma. Avanzó unos pasos, lento, con la tranquilidad de alguien que no tenía prisa. Su mirada roja no se movía de la figura frente a él, pero sabía perfectamente que no estaban solos. Había otro más atrás… podía sentirlo- …Qué fastidio. -murmuró con una media sonrisa, como si la situación lo hubiera decepcionado más que preocupado. La hoja de su primera katana ya estaba desnuda, su brillo rojo dibujando una línea ardiente en el aire. Durante unos segundos parecía que esa sería la única arma que usaría, como siempre. Pero entonces su mirada se levantó apenas… hacia la silueta que esperaba en el fondo de la calle, un suspiro escapó de sus labios- Sabía que hoy iba a ser una de esas noches. -Con un movimiento lento, casi perezoso, su mano libre fue hacia la segunda empuñadura en su cintura. El metal susurró al salir de la saya, y ahora dos hojas carmesíes respiraban en la oscuridad, eso casi nunca pasaba y cuando pasaba… normalmente alguien no volvía a casa. Inclinó apenas la cabeza, como si estuviera estirando el cuello antes de una pelea aburrida- Déjenme adivinar… -Su voz era calmada, pero había algo pesado detrás de ella, el aburrimiento de un combate inesperado, algo que no tenía planeado en esa noche. La punta de su Katana de su mano derecha apuntó al entrecejo del que tenía frente a él, como amenazando por un instante con el filo de la misma- Tú viniste a matarme. La punta de la espada señaló ahora en dirección a la garganta del hombre frente a él. Luego, sin girarse, levantó ligeramente la segunda hacia la sombra que esperaba al fondo de la calle, haciéndole saber que ya lo había descubierto, mas al aquel enemigo mas lejos, su atención se mantenía viendo al de en frente- …y tú estás esperando el momento para atacarme por la espalda, ¿no? -Una sonrisa torcida apareció en su rostro, una sonrisa ligeramente burlesca, como si no fuese la primera vez que estaba en esa situación, y bien sabía que, la mejor técnica era mostrar el rostro del oni, una técnica que para muchos sería ineficaz, pero con el era una muestra de su experiencia en combate- Qué clásico. -Las dos hojas se movieron apenas, como si el aire mismo temiera tocarlas, incluso un sutil silbido se escuchó al momento en que las hojas cortaron el aire- Voy a ser honesto con ustedes… Normalmente solo necesito una espada. Sus ojos brillaron un poco más en aquel color rojo intenso, como si la sangre que recorría dentro de estos brillase en un tono fulminante, decidido a no perecer en esa emboscada. Su sonrisa se volvió un poco más tétrica, como si con solo sonreír fuese necesario para intimidad hasta el mismo satanás- Pero cuando saco las dos…es porque ya decidí que ninguno de ustedes va a salir caminando de aquí. Así que vamos, muéstrenme cuál de los dos quiere morir primero.
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  • Era insoportable... esa constante sensación de vacío que no entendía y por qué tan repentina. Era algo que hacía que su cerebro fuese a mil por hora sin descanso.

    Las noches de insomnio le hacían eternas, ni siquiera su bosque le daba paz. Aquella tarde bajó de la montaña hasta la población, entrando en el primer local donde servían comida y bebida.

    Ya era de madrugada. Kazuo tenía un increíble aguante con el alcohol, pero había bebido una cantidad ingente que lo había dejado bastante indispuesto.

    El señor, dueño del establecimiento, intentaba con amables palabras decirle que era hora de irse a casa, sin embargo... Kazuo seguía allí, aferrado a una botella de sake barato, como si eso pudiera suplir el vacío que algo o alguien le había dejado sin permiso.
    Era insoportable... esa constante sensación de vacío que no entendía y por qué tan repentina. Era algo que hacía que su cerebro fuese a mil por hora sin descanso. Las noches de insomnio le hacían eternas, ni siquiera su bosque le daba paz. Aquella tarde bajó de la montaña hasta la población, entrando en el primer local donde servían comida y bebida. Ya era de madrugada. Kazuo tenía un increíble aguante con el alcohol, pero había bebido una cantidad ingente que lo había dejado bastante indispuesto. El señor, dueño del establecimiento, intentaba con amables palabras decirle que era hora de irse a casa, sin embargo... Kazuo seguía allí, aferrado a una botella de sake barato, como si eso pudiera suplir el vacío que algo o alguien le había dejado sin permiso.
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  • Cuando te invité a mi casa no era precisamente para esto, pero bueno...
    Cuando te invité a mi casa no era precisamente para esto, pero bueno...
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  • Mi esposito va a salir con sus amigos...
    Yo me quedo en casa con 𝐋𝐨𝐮 y 祟 𝑯𝒊𝒎𝒂𝒓𝒊
    Solo falta que Cɾoɱωᥱᥣᥣ 乌鸦 acepte la invitación.

    Mi esposito va a salir con sus amigos... Yo me quedo en casa con [lou_cat] y [black.cat] Solo falta que [th3Nox] acepte la invitación.
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  • Elisabeth Turner 𝐆𝐑𝐀𝐘𝐒𝐎𝐍 𝐀𝐑𝐆𝐄𝐍𝐓

    Antes de llegar a la casa de mi hija y mi yerno los avise, siempre los aviso no me gusta presentarme en casas ajenas sin avisar antes.
    [Turney_thcx] [ThxArgent] Antes de llegar a la casa de mi hija y mi yerno los avise, siempre los aviso no me gusta presentarme en casas ajenas sin avisar antes.
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  • ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida.

    ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado.

    ​El nacimiento de un hogar
    ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo.
    Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido.

    Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro.
    ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo.

    Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres.

    ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo.
    ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz.

    Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.

    ​Con la respiración entrecortada y el rostro aún tibio por la sangre de una batalla intensa, Elizabeth permanecía en cuclillas sobre el risco más alto del valle. Desde esa posición privilegiada, observaba con satisfacción cómo los restos del ejército enemigo se desintegraban algunos caían rendidos sobre el barro, mientras otros huían patéticamente, arrastrando sus armas para salvar su vida. ​Durante años, su existencia había sido un peregrinaje estéril en busca de una estirpe que parecía haberse desvanecido en la historia. Sin embargo, su camino la llevó hasta este rincón del mundo...un pueblo de casas de piedra y calles que exhalaban un aroma a humo de turba y desesperación. La gente de ahí, hombres y mujeres de manos callosas y miradas marchitas por la tiranía, encendieron en ella algo que la búsqueda de su linaje no había logrado. ​El nacimiento de un hogar ​Lo que comenzó como una revuelta terminó en una revolución donde ella participó con todas sus fuerzas peleando codo a codo. Tras la caída de los opresores, el nombre La Dama de Fuego/Reina Escarlata, empezó a susurrarse en cada taberna y hogar reconstruido. Elizabeth, que siempre se había sentido una extraña, se vio rodeada por los lugareños; ya no la miraban con el miedo que se le tiene a un monstruo, sino con la devoción que se le profesa a un milagro. ​Aunque su primer instinto fue rechazar la "corona" y seguir su rumbo, algo en el silencio de las noches del pueblo la detuvo. Estaba cansada de la tierra bajo sus uñas y de los campamentos improvisados. Por primera vez, el peso de una responsabilidad fija se sentía más ligero que la libertad del vagabundo. Aceptó quedarse, no como una tirana, sino como el escudo de aquellos que apenas aprendían a ser libres. ​ ​Elizabeth volcó su vida en la defensa de su nuevo hogar. Transformó la plaza central en un campo de entrenamiento donde el choque del acero resonaba desde el alba. Aplicó la disciplina brutal de Knaresborough, el lugar donde ella misma fue forjada. Allí, a los "Llamas de Sangre" se les enseñaba a ser máquinas de matar antes incluso de aprender a leer, y Elizabeth no conocía otra forma de vida que no fuera quemar cualquier obstáculo. ​Sin embargo, al ver a los jóvenes del pueblo empuñar las espadas y a la gente, campesinos y artesanos que ahora caminaban con la espalda erguida,​ sentía una mezcla de orgullo y extraña paz. Ya no quemaba puentes para avanzar, ahora construía muros para proteger lo que era suyo.
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  • La tormenta eterna
    Fandom Mitologia,Aventura,Fantasia
    Categoría Fantasía
    //Rol con 𝓙𝐨𝐥𝐢𝐞𝐭𝐞 𝓥𝐚𝐥𝐨𝐫𝐲𝐚 𖤐﹐//

    La nieve caía en silencio entre los árboles desnudos del bosque, cubriendo el suelo con un manto blanco que crujía bajo cada paso. El frío era intenso, pero Zagreo parecía casi ajeno a él. Su capa oscura estaba salpicada de nieve y su armadura marcada por cicatrices de batallas pasadas. Permanecía de pie junto al tronco de un árbol antiguo, alto y firme como una sombra entre la neblina invernal.

    Sus ojos se posaron en la figura frente a él.

    La joven envuelta en su capa roja, parecía un punto de vida en medio de aquel paisaje gris. El viento movía suavemente los mechones de su cabello mientras ella se acercaba lo suficiente para que su mano rozara el cinturón de Zagreo, como si buscara asegurarse de que realmente estaba allí…

    "Ya te dije que no me iva a alejar tanto aunque si tienes frio deberias volver a casa no crees?"
    //Rol con [Deadline_J8]// La nieve caía en silencio entre los árboles desnudos del bosque, cubriendo el suelo con un manto blanco que crujía bajo cada paso. El frío era intenso, pero Zagreo parecía casi ajeno a él. Su capa oscura estaba salpicada de nieve y su armadura marcada por cicatrices de batallas pasadas. Permanecía de pie junto al tronco de un árbol antiguo, alto y firme como una sombra entre la neblina invernal. Sus ojos se posaron en la figura frente a él. La joven envuelta en su capa roja, parecía un punto de vida en medio de aquel paisaje gris. El viento movía suavemente los mechones de su cabello mientras ella se acercaba lo suficiente para que su mano rozara el cinturón de Zagreo, como si buscara asegurarse de que realmente estaba allí… "Ya te dije que no me iva a alejar tanto aunque si tienes frio deberias volver a casa no crees?"
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