• Después de la purga
    Fandom Cualquiera
    Categoría Fantasía
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre-

    -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final-

    -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja-

    -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas-

    -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad-

    -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio -

    Los hombres mienten.. y los demonios también...

    -Su mano descansó sobre el pomo de la espada-

    Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes....

    -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente -

    -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente -

    -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar-

    -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción-

    -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre- -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final- -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja- -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas- -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad- -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio - Los hombres mienten.. y los demonios también... -Su mano descansó sobre el pomo de la espada- Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes.... -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente - -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente - -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar- -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción- -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
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  • [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio].

    Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte.

    *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda*

    Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na...

    Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio*

    *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp*

    Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo*

    Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
    [La hora del alimento y lo que regularmente escucha la criatura como "hora de cena" ha tardado el día de hoy. El científico lider a cargo del sector Q de Umbra corp. El Dr Stephen Steel. Se acerca a la celda y graba un pista de audio]. Dr Stephen Steel: -De acuerdo a la solicitud de los directivos. Hemos decido comprobar la resistencia física del sujeto de prueba número #1054 alias "Unknown" ya que aún no hemos definido el nombre en código que recibirá cuando se aliste a nuestras unidades activas para combate. *Dice con voz fría* Iniciaremos con comprobar su tolerancia a la hambruna y sed. Debido a que anticipamos que se comportará de forma hostil hemos reforzado al triple la seguridad del sector y se ha añadido una capa adicional al vidrio de su celda de contención. Esta fabricado con un alineamiento especial que contiene el componente "deterium". Haciendo que sea básicamente indestructible. Ni un lanzacohetes podría atravesarlo. Fin del reporte. *Unknown se impacienta. No ve las bandejas con las que habitualmente acude el científico a alimentarle. Apoya sus brazos en el vidrio. Si bien desconoce su significado. Su expresión cambia a una levemente triste. Intenta en su desesperación al sentir el gruñido de su propio estomago utilizar sus cuerdas vocales como a veces lo hace en secreto cuándo no hay cientificos frente a su celda* Unknown: *Su garganta emite sonidos guturales que hacen que el Dr Stephen permanezca en el lugar aún cuándo ha terminado su reporte* -Ce... Ce... *Articula torpemente con voz susurrante y rasposa debido al casi nulo uso de sus cuerdas vocales* -Ce... Ce... *Dice con mayor desesperación* -Ce... Ce... Na... Ce... Na... Dr Stephen Steel: *Palidece y se acerca más al vidrio* -¿Acabas de hablar?. No es posible... No te hemos enseñado como. *Dice con voz algo mas empática mientras se acerca un poco más al vidrio* *Una voz suena en el auricular del Dr Stephen. Se trata de Edgar Markov. Director general del sector Q de umbra corp* Edgar Markov: -¿Ocurre algo doctor?. ¿Necesita refuerzos?. De no ser ese el caso. Mántengase apegado al protocolo. *Dice con un subtono pasivo agresivo* Dr Stephen Steel: -Yo... No nada. No ocurre nada. Entendido señor. Me dispondré a seguir con mi itinerario. *Intenta ocultar sus deseos de alimentarle de todas formas. De lo cruel que parece todo esto. Los sujetos de prueba "NO SON HUMANOS" intenta repetirse a él mismo y continua su camino ignorando a Unknown quién sigue intentando comunicar su hambre*
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4

    Jason Jaegerjaquez Ishtar

    *EL NUEVO MUNDO.*

    No aparto la mirada de tus ojos.

    Porque ahora sí puedo verte completo.

    No al hombre.
    No al asesino.
    No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar.

    Te veo a ti.

    Y quizás por eso…
    no siento miedo.

    Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla.
    El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo.
    Como si el propio caos estuviese escuchándonos.

    —Selin sigue hablándome en sueños.

    Mi voz apenas es un susurro.

    —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto.

    El vacío a nuestro alrededor palpita.
    Sin cielo.
    Sin tierra.
    Sólo nosotros.

    —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos.
    Separadas.
    Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida…
    A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos.

    Cierro los ojos apenas un instante.

    —Pero yo puedo escucharlas.
    Puedo sentir cómo todas desean lo mismo.

    Mi frente termina apoyándose contra la tuya.

    —Conectarse.

    El hilo rojo resplandece con más intensidad.
    Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta.

    —Quiero destruir este mundo.
    No por odio.
    No por venganza.

    —Quiero destruirlo para reconstruirlo.

    Cada palabra cae lenta.
    Irrevocable.

    —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo.
    Donde las almas puedan tocarse entre sí.
    Comprenderse.
    Sentirse.
    Como una única existencia perfecta.

    Mi pulgar roza apenas tus labios.

    —Y para alcanzar algo así…

    Silencio.

    —Todo tiene que morir primero.

    Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez.

    Y entonces sonrío.

    Triste.
    Hambrienta.
    Decidida.

    —En nombre del Caos.

    Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos.

    No es un beso apasionado.
    Ni desesperado.

    Es apenas un roce lento de labios.
    Un juramento.

    Un pacto.

    El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros.

    —Y tú…

    Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo.

    —Serás mi adalid, Jason.
    https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4 [Jason07] *EL NUEVO MUNDO.* No aparto la mirada de tus ojos. Porque ahora sí puedo verte completo. No al hombre. No al asesino. No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar. Te veo a ti. Y quizás por eso… no siento miedo. Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla. El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo. Como si el propio caos estuviese escuchándonos. —Selin sigue hablándome en sueños. Mi voz apenas es un susurro. —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto. El vacío a nuestro alrededor palpita. Sin cielo. Sin tierra. Sólo nosotros. —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos. Separadas. Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida… A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos. Cierro los ojos apenas un instante. —Pero yo puedo escucharlas. Puedo sentir cómo todas desean lo mismo. Mi frente termina apoyándose contra la tuya. —Conectarse. El hilo rojo resplandece con más intensidad. Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta. —Quiero destruir este mundo. No por odio. No por venganza. —Quiero destruirlo para reconstruirlo. Cada palabra cae lenta. Irrevocable. —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo. Donde las almas puedan tocarse entre sí. Comprenderse. Sentirse. Como una única existencia perfecta. Mi pulgar roza apenas tus labios. —Y para alcanzar algo así… Silencio. —Todo tiene que morir primero. Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez. Y entonces sonrío. Triste. Hambrienta. Decidida. —En nombre del Caos. Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos. No es un beso apasionado. Ni desesperado. Es apenas un roce lento de labios. Un juramento. Un pacto. El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros. —Y tú… Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo. —Serás mi adalid, Jason.
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  • ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ─── ───

    Siempre oculta entre la neblina, las luciérnagas iluminan el bosque y los pétalos de cerezo se entretejen en un largo sendero como la continuación de un paisaje onírico

    La doncella permanece sentada en silencio, meditando junto a sus nuevos visitantes. Uno en particular ha decidido que el regazo es su lugar favorito para descansar. La albina corresponde la dorada atención con un par de caricias, por otro lado, sus labios rosados se ensanchan en una notable sonrisa. En el fondo disfrutaba de la inesperada compañía producto de la bendición de aquellas tierras de ensueño.

    — Dicen que estas linduras ven cosas que los humanos ignoramos... Sigue mirando tan fijo ¿Que... estarás buscando? —pensó en voz alta.
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ─── ❄️ ─── Siempre oculta entre la neblina, las luciérnagas iluminan el bosque y los pétalos de cerezo se entretejen en un largo sendero como la continuación de un paisaje onírico La doncella permanece sentada en silencio, meditando junto a sus nuevos visitantes. Uno en particular ha decidido que el regazo es su lugar favorito para descansar. La albina corresponde la dorada atención con un par de caricias, por otro lado, sus labios rosados se ensanchan en una notable sonrisa. En el fondo disfrutaba de la inesperada compañía producto de la bendición de aquellas tierras de ensueño. — Dicen que estas linduras ven cosas que los humanos ignoramos... Sigue mirando tan fijo ¿Que... estarás buscando? —pensó en voz alta.
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  • La mansión Sparda permanecía envuelta en aquel silencio solemne que solo las viejas paredes podían conservar tras siglos de historia. Los enormes ventanales dejaban entrar la tenue luz de la luna, iluminando apenas los largos pasillos cubiertos por sombras elegantes y polvo antiguo. Todo seguía exactamente igual inmóvil, esperando.
    Entonces, el aire se rasgó.
    Un portal carmesí se abrió en mitad del gran vestíbulo con un estruendo grave, acompañado de un viento caliente impregnado del aroma del inframundo. Desde aquella grieta dimensional emergió una figura alta y poderosa," Sparda."
    Sus botas resonaron pesadamente contra el mármol mientras el portal se cerraba tras él con un destello violento. El demonio soltó un largo suspiro, relajando apenas los hombros después de tanto tiempo lejos de casa. El cansancio de incontables batallas seguía marcado en su semblante, pero aun así había calma.
    Por primera vez en mucho tiempo, se sentía tranquilo.
    Su mirada roja recorrió lentamente la mansión. Cada rincón le resultaba familiar, casi nostálgico. El aroma del lugar seguía intacto y entre todos ellos, había uno que reconocería incluso en medio del caos absoluto.
    Alastor estaba allí.
    Aún no lo veía, no escuchaba su voz ni distinguía su silueta entre las sombras de la enorme residencia pero podía sentir su presencia impregnando el ambiente como una melodía suave y perturbadoramente reconfortante.
    Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Sparda mientras avanzaba lentamente por el vestíbulo.

    —Hogar… al fin.
    La mansión Sparda permanecía envuelta en aquel silencio solemne que solo las viejas paredes podían conservar tras siglos de historia. Los enormes ventanales dejaban entrar la tenue luz de la luna, iluminando apenas los largos pasillos cubiertos por sombras elegantes y polvo antiguo. Todo seguía exactamente igual inmóvil, esperando. Entonces, el aire se rasgó. Un portal carmesí se abrió en mitad del gran vestíbulo con un estruendo grave, acompañado de un viento caliente impregnado del aroma del inframundo. Desde aquella grieta dimensional emergió una figura alta y poderosa," Sparda." Sus botas resonaron pesadamente contra el mármol mientras el portal se cerraba tras él con un destello violento. El demonio soltó un largo suspiro, relajando apenas los hombros después de tanto tiempo lejos de casa. El cansancio de incontables batallas seguía marcado en su semblante, pero aun así había calma. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía tranquilo. Su mirada roja recorrió lentamente la mansión. Cada rincón le resultaba familiar, casi nostálgico. El aroma del lugar seguía intacto y entre todos ellos, había uno que reconocería incluso en medio del caos absoluto. Alastor estaba allí. Aún no lo veía, no escuchaba su voz ni distinguía su silueta entre las sombras de la enorme residencia pero podía sentir su presencia impregnando el ambiente como una melodía suave y perturbadoramente reconfortante. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Sparda mientras avanzaba lentamente por el vestíbulo. —Hogar… al fin.
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  • —La brisa nocturna movía lentamente las hojas de los árboles mientras las luces cálidas del parque iluminaban apenas el pequeño escenario improvisado. El chico sostenía la guitarra contra su pecho, bajando la mirada unos segundos antes de acercarse al micrófono. Sus dedos comenzaron a tocar una melodía suave y melancólica mientras su voz rompía el silencio de la noche.—

    —Te regalo la luna…
    Te regalo una estrella…
    Te regalo mi corazón…
    Te regalo mi propio yo…
    Te regalo todo lo que he sido… y lo que no soy…

    —El sonido de la guitarra se mezcló con el viento nocturno. Había pocas personas alrededor, pero él seguía cantando como si la canción fuera solo para alguien especial. Cerró los ojos un momento, dejando que la música hablara por él mientras las luces del parque brillaban detrás suyo.—

    —Te regalo la luna…
    Te regalo una estrella…
    Te regalo panal y miel…
    La inocencia que no sabe de piel…
    Te regalo todo lo que soy yo que seré...

    —Tras dejar de cantar soltó lágrimas estando solo recordando todo lo ocurrido en el pasado—
    —La brisa nocturna movía lentamente las hojas de los árboles mientras las luces cálidas del parque iluminaban apenas el pequeño escenario improvisado. El chico sostenía la guitarra contra su pecho, bajando la mirada unos segundos antes de acercarse al micrófono. Sus dedos comenzaron a tocar una melodía suave y melancólica mientras su voz rompía el silencio de la noche.— —Te regalo la luna… Te regalo una estrella… Te regalo mi corazón… Te regalo mi propio yo… Te regalo todo lo que he sido… y lo que no soy… —El sonido de la guitarra se mezcló con el viento nocturno. Había pocas personas alrededor, pero él seguía cantando como si la canción fuera solo para alguien especial. Cerró los ojos un momento, dejando que la música hablara por él mientras las luces del parque brillaban detrás suyo.— —Te regalo la luna… Te regalo una estrella… Te regalo panal y miel… La inocencia que no sabe de piel… Te regalo todo lo que soy yo que seré... —Tras dejar de cantar soltó lágrimas estando solo recordando todo lo ocurrido en el pasado—
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  • Sabia que el cazador habia llegado de una cacería bastante larga y agotadora. Pero de eso habían pasado casi once horas. Dean Winchester solía decir que un cazador no dormía más de tres horas, pero... o le gustaba dárselas de tipo duro, o la vida en el bunker le habia vuelto más comodo... Asi que, con animo de despertar de buenas maneras al cazador se coloca sobre él en la cama, a horcajadas y cara a cara.

    No puede evitar una sonrisa suave al verlo dormir tan plácidamente. Y casi se siente culpable antes de decir..

    -Deaaaaan....- con voz suave.
    Sabia que el cazador habia llegado de una cacería bastante larga y agotadora. Pero de eso habían pasado casi once horas. [BxbyDriver] solía decir que un cazador no dormía más de tres horas, pero... o le gustaba dárselas de tipo duro, o la vida en el bunker le habia vuelto más comodo... Asi que, con animo de despertar de buenas maneras al cazador se coloca sobre él en la cama, a horcajadas y cara a cara. No puede evitar una sonrisa suave al verlo dormir tan plácidamente. Y casi se siente culpable antes de decir.. -Deaaaaan....- con voz suave.
    Me encocora
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  • Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal.

    Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido.

    El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender.

    Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración.

    —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles.

    —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen.

    Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios.
    —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales.

    —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.—

    Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo.
    —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos.

    El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación.
    —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
    Estaba frustrado, perder el tiempo no es uno de mis hobbies, pero tampoco puedo parecer más sospechoso de lo normal. Debia admirar habían sido amables al darme un cigarrillo, solían ayudarme a pensar mejor, mientras los oficiales llegaban, y yo pensaba en cuál de todos los grandes problemas que me eh metido me trajo a esta situación, quiero decir acepte venir sin preguntar ni oponerme, por mera diversión pero estoy.... Ya estaba tomando más tiempo del debido. El rechinido de la puerta se escuchó minutos después y entrando a la habitación el oficial , no tardó en llegar a la mesa sonriendo como si hubiera atrapado al ratón y arrojó una fotografía sobre la mesa. La imagen estaba en blanco y negro, granulada, tomada desde un ángulo incómodo y a una distancia considerable. En ella, mi silueta apenas se distinguía entre las sombras de un callejón industrial en Sicilia, sosteniendo un cigarrillo a medio encender. Observé el papel un par de segundos inclinando ligeramente mi cabeza a la derecha, luego, levanté las manos esposadas con lentitud, llevándome el cigarrillo a los labios para dar una calada profunda. Exhalé el humo directamente hacia el rostro del policía, observando cómo sus ojos se entrecerraban con una mezcla de furia y frustración. —¿Eso es todo? —pregunté, deslizando la fotografía con la punta del dedo índice—. Esperaba algo con mejor resolución, Oficial. Mis trajes suelen fotografiar mucho mejor que este desastre de píxeles. —No te hagas el gracioso, Malatesta —dijo él, apoyando ambas manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí para recortar la distancia—. Sabemos que estuviste ahí esa noche. Sabemos de ese negoció en el muelle y sabemos perfectamente qué significa tu apellido en esa zona. Esa foto te sitúa en la escena del crimen. Curve mi ceja derecha al escucharlo mirándolo fijamente mientras una sonrisa ligera, casi perezosa, se dibujaba en mis labios. —Esa foto me sitúa fumando en un callejón. Nada más —respondí con una calma arrastrada, modulando la voz con una perfecta elegancia aristocrática—. No hay armas en mis manos, no hay bolsas con mercancía, no hay rostros de terceros. Solo soy un empresario italiano disfrutando del aire nocturno. Verá... el problema de la policía es que confunden sus desesperados deseos de atrapar a un Malatesta con pruebas reales. —Podemos retenerte, Alessandro. Podemos hacer que esto sea muy largo para ti.— Dejé escapar una risa suave, un sonido magnético que carecía por completo de nerviosismo. —No, no pueden. Los dos sabemos cómo funciona este juego. Para retenerme más de unas pocas horas necesitan algo que sostenga su teoría ante un juez, y lo único que tiene ahí es un pésimo retrato de mi peor perfil —me incliné un poco hacia adelante, haciendo que las esposas tintinearan sobre la madera—. Mi apellido no solo compra hoteles, Oficial. Compra los mejores bufetes de abogados de Milán y Roma. En el momento en que mi abogado pise esta comisaría, esta fotografía va a terminar en la basura, y usted va a tener que explicarle a sus superiores por qué hizo perder el tiempo a un ciudadano que paga puntualmente sus impuestos. El oficial apretó la mandíbula, pero no respondió. Sus dedos comenzaron a tamborilear contra sus muslos, revelando el sutil pánico de quien sabe que acaba de perder el control de la conversación. —Así que hagamos esto más sencillo —continué en un susurro peligrosamente tranquilo, sosteniendo su mirada con mis ojos ámbar—. Guarde la foto, quíteme estas molestas esposas y déjeme terminar mi cigarrillo en paz. No soy un hombre violento, no me gusta la crueldad gratuita... pero detesto que me hagan perder el tiempo con juegos de aficionados.
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  • [Tras recuperar el bolso robado. Owen intenta entregarselo a su dueña quién aún transitaba por las calles cercanas. Sútilmente. Sin ser visto como ya esta acostumbrado. Pero se paraliza cuando escucha que esta le dirije la palabra*

    Mujer ejecutiva: -¿Ese es mi bolso?. Uff *Suspira aliviada y sonríe* Pensé que ya nunca lo volvería a ver. Gra... *Su rostro palicede al ver mi cuerpo translúcido*

    Owen: -¿Puedes verme?. Digo... Por favor no te asustes. No te asustes. No te haré daño. Recuperé tu bolso y sólo quería...

    Mujer ejecutiva: *Con su rostro pálido empieza a gritar despavorida* -AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH ¡UN FANTASMA!. ¡AUXILIO!.

    Owen: *Deja el bolso en el piso. Da media vuelta y se va volando cabisbajo* -Claro... Eso es lo que soy. Una monstruosidad. A quién engaño. *Desvía la mirada al piso y su voz se quiebra a momentos* De verdad quiero hacer el bien. Darle un sentido a estas habilidades espectrales... Pero a pesar de que ya me he acostumbrado a varias cosas. Jamás dejará de doler que me miren con ese miedo... Ese "rechazo". ¿De que dependerá que algunos puedan verme y otros no?. Supongo que de la sensibilidad espiritual que varía de persona en persona. No lo sé realmente... Tampoco me importa de momento... *Sigue volando hasta que su silueta se pierde en el firmamento del cielo estrellado nocturno*
    [Tras recuperar el bolso robado. Owen intenta entregarselo a su dueña quién aún transitaba por las calles cercanas. Sútilmente. Sin ser visto como ya esta acostumbrado. Pero se paraliza cuando escucha que esta le dirije la palabra* Mujer ejecutiva: -¿Ese es mi bolso?. Uff *Suspira aliviada y sonríe* Pensé que ya nunca lo volvería a ver. Gra... *Su rostro palicede al ver mi cuerpo translúcido* Owen: -¿Puedes verme?. Digo... Por favor no te asustes. No te asustes. No te haré daño. Recuperé tu bolso y sólo quería... Mujer ejecutiva: *Con su rostro pálido empieza a gritar despavorida* -AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH ¡UN FANTASMA!. ¡AUXILIO!. Owen: *Deja el bolso en el piso. Da media vuelta y se va volando cabisbajo* -Claro... Eso es lo que soy. Una monstruosidad. A quién engaño. *Desvía la mirada al piso y su voz se quiebra a momentos* De verdad quiero hacer el bien. Darle un sentido a estas habilidades espectrales... Pero a pesar de que ya me he acostumbrado a varias cosas. Jamás dejará de doler que me miren con ese miedo... Ese "rechazo". ¿De que dependerá que algunos puedan verme y otros no?. Supongo que de la sensibilidad espiritual que varía de persona en persona. No lo sé realmente... Tampoco me importa de momento... *Sigue volando hasta que su silueta se pierde en el firmamento del cielo estrellado nocturno*
    Me entristece
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