• La noche era templada y tranquila, apenas alterada por el murmullo lejano de la ciudad. Bajo la luz amarillenta de un viejo poste, un joven cura permanecía de pie en una esquina desierta. Vestía un largo abrigo oscuro que le llegaba hasta las rodillas, bufanda a cuadros y una característica gorra roja de cazador, cuyo color destacaba entre las sombras de la calle.

    El viento soplaba en ráfagas suaves, obligándolo a cubrir la llama de su encendedor con una mano mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Tras varios intentos, el cigarro prendió y la punta anaranjada brilló en la oscuridad.

    ●Este pequeño encargo de vigilar es más sencillo de lo que hubiera imaginado...

    Con gesto sereno, dio una larga calada y observó la carretera que se extendía frente a él. Las luces del poste dibujaban sombras alargadas sobre el asfalto.

    ●Los camiones deberían llegar pronto.

    Exhaló lentamente una nube de humo y continuó esperando con calma, apoyado junto al poste de luz, atento a cualquier señal de movimiento en la carretera vacía.
    La noche era templada y tranquila, apenas alterada por el murmullo lejano de la ciudad. Bajo la luz amarillenta de un viejo poste, un joven cura permanecía de pie en una esquina desierta. Vestía un largo abrigo oscuro que le llegaba hasta las rodillas, bufanda a cuadros y una característica gorra roja de cazador, cuyo color destacaba entre las sombras de la calle. El viento soplaba en ráfagas suaves, obligándolo a cubrir la llama de su encendedor con una mano mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Tras varios intentos, el cigarro prendió y la punta anaranjada brilló en la oscuridad. ●Este pequeño encargo de vigilar es más sencillo de lo que hubiera imaginado... Con gesto sereno, dio una larga calada y observó la carretera que se extendía frente a él. Las luces del poste dibujaban sombras alargadas sobre el asfalto. ●Los camiones deberían llegar pronto. Exhaló lentamente una nube de humo y continuó esperando con calma, apoyado junto al poste de luz, atento a cualquier señal de movimiento en la carretera vacía.
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  • primera modificacion, manipulacion de sombras

    hoy modifique mas mi cuerpo y ahora ademas de usar sombras para moverme puedo usarlas a ami favor, hoy mi truco es crear cadenas,superficies y cuchillas seguire estudiando, pero cuando termine nada se me podra poner a la par
    primera modificacion, manipulacion de sombras hoy modifique mas mi cuerpo y ahora ademas de usar sombras para moverme puedo usarlas a ami favor, hoy mi truco es crear cadenas,superficies y cuchillas seguire estudiando, pero cuando termine nada se me podra poner a la par
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  • La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles.

    Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores.

    El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos.

    Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

    ●Los rumores eran ciertos.

    Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
    La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles. Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores. El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos. Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro. ●Los rumores eran ciertos. Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
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  • gracias a un demonio ingenuo, logre obtener muestras de sangre, ahora con mi experimentación esta en desarrollo la manipulación de las sombras, no solo el transporte vía enlace de sombras , desde hoy el rey de las sombras emerge y nadie podrá evitar mi sometimiento , por ahora todo es teórico pero empecemos hoy para terminar mañana
    gracias a un demonio ingenuo, logre obtener muestras de sangre, ahora con mi experimentación esta en desarrollo la manipulación de las sombras, no solo el transporte vía enlace de sombras , desde hoy el rey de las sombras emerge y nadie podrá evitar mi sometimiento , por ahora todo es teórico pero empecemos hoy para terminar mañana
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  • dia quien sabe
    hoy sucumbi a mis deseos no se por que sigo haciéndolo, podría darme un tiro y evitarlo pero para fingir ser una blanca paloma, yo tambien disfruto hacerlo, ahora con mi técnica de sombra soy casi imparable mi propio éxito me condena a seguir

    enserio necesito, encontrar una forma de evitarlo pero por ahora disfrutaré de mi víctima

    pero si les soy sinceros hay muchos objetivos fuera de mi liga pero no crean estar a salvo el desarrollo de mi nueva tecnica sera la cereza del pastel
    dia quien sabe hoy sucumbi a mis deseos no se por que sigo haciéndolo, podría darme un tiro y evitarlo pero para fingir ser una blanca paloma, yo tambien disfruto hacerlo, ahora con mi técnica de sombra soy casi imparable mi propio éxito me condena a seguir enserio necesito, encontrar una forma de evitarlo pero por ahora disfrutaré de mi víctima pero si les soy sinceros hay muchos objetivos fuera de mi liga pero no crean estar a salvo el desarrollo de mi nueva tecnica sera la cereza del pastel
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  • "Como una pintura nos iremos borrando. Como una flor, nos iremos secando..."

    ¿Y es que así va esto, no?

    Últimamente todo se siente extraño, como si el mundo hubiese olvidado la forma que tenía cuando aún parecía familiar. Todo parece desvanecerse demasiado rápido; nombres, promesas, personas... como polvo que el viento arrastra sin dejar rastro.

    Quizá no debí permitir que aquella luz llamada esperanza me cegara. Fue hermosa, sí, pero también traicionera. Tan brillante que no me dejó ver los precipicios que escondía detrás.

    Y ahora aquí estoy otra vez, sosteniendo una pequeña vela en la inmensidad de una oscuridad que siempre me recibió con los brazos abiertos. La conozco demasiado bien. A veces parece burlarse de mi ingenuidad, pero nunca me rechaza. Permanece ahí, como un hogar al que uno vuelve después de perderse demasiado tiempo. Porque hay palabras que otros olvidan haber dicho, pero que permanecen dentro de uno para siempre. Se adhieren a la piel, se mezclan con los pensamientos y terminan convirtiéndose en una voz propia.

    Quizá por eso sigo sintiéndome fuera de lugar. Como una pieza de otro rompecabezas. Como alguien que observa a los demás encajar mientras aprende a convivir con la sensación de no pertenecer a ninguna parte.

    Así que continúo caminando con mi vela entre las manos. Ya no discuto con las sombras; hay cansancios que terminan formando parte de uno.

    Ahora solo me queda permanecer aquí, entre los colores cambiantes del cielo, observando cómo las horas nacen y mueren. Tal vez ese sea mi lugar: el breve instante entre una luz que se apaga y otra que nunca llega.

    Y mientras el mundo sigue avanzando hacia destinos que nunca parecieron llevar mi nombre, esperaré en silencio, sabiendo que algún día también me tocará desvanecerme entre los colores del cielo, igual que todo lo demás... —Releyo una vez más el escrito. No había nada que "corregir", porque era más un sentimiento del momento, que algo poético.

    El rastro de las ojeras era evidente en su rostro, y ni siquiera se molestaría en cubrirlas. Era algo habitual en Katherina.

    Cerró la libreta, y con ello sus pensamientos. Dejando caer su cabeza sobre el cuero del cuaderno.
    "Como una pintura nos iremos borrando. Como una flor, nos iremos secando..." ¿Y es que así va esto, no? Últimamente todo se siente extraño, como si el mundo hubiese olvidado la forma que tenía cuando aún parecía familiar. Todo parece desvanecerse demasiado rápido; nombres, promesas, personas... como polvo que el viento arrastra sin dejar rastro. Quizá no debí permitir que aquella luz llamada esperanza me cegara. Fue hermosa, sí, pero también traicionera. Tan brillante que no me dejó ver los precipicios que escondía detrás. Y ahora aquí estoy otra vez, sosteniendo una pequeña vela en la inmensidad de una oscuridad que siempre me recibió con los brazos abiertos. La conozco demasiado bien. A veces parece burlarse de mi ingenuidad, pero nunca me rechaza. Permanece ahí, como un hogar al que uno vuelve después de perderse demasiado tiempo. Porque hay palabras que otros olvidan haber dicho, pero que permanecen dentro de uno para siempre. Se adhieren a la piel, se mezclan con los pensamientos y terminan convirtiéndose en una voz propia. Quizá por eso sigo sintiéndome fuera de lugar. Como una pieza de otro rompecabezas. Como alguien que observa a los demás encajar mientras aprende a convivir con la sensación de no pertenecer a ninguna parte. Así que continúo caminando con mi vela entre las manos. Ya no discuto con las sombras; hay cansancios que terminan formando parte de uno. Ahora solo me queda permanecer aquí, entre los colores cambiantes del cielo, observando cómo las horas nacen y mueren. Tal vez ese sea mi lugar: el breve instante entre una luz que se apaga y otra que nunca llega. Y mientras el mundo sigue avanzando hacia destinos que nunca parecieron llevar mi nombre, esperaré en silencio, sabiendo que algún día también me tocará desvanecerme entre los colores del cielo, igual que todo lo demás... —Releyo una vez más el escrito. No había nada que "corregir", porque era más un sentimiento del momento, que algo poético. El rastro de las ojeras era evidente en su rostro, y ni siquiera se molestaría en cubrirlas. Era algo habitual en Katherina. Cerró la libreta, y con ello sus pensamientos. Dejando caer su cabeza sobre el cuero del cuaderno.
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  • El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento.

    En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable.

    Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo.

    El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza.

    -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día...

    Murmuró con voz ronca

    -¡Cobardes! ¡Digan su nombre!

    Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno.

    Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados.

    La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible.

    El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

    -Ya veo... así que realmente eran ustedes.

    La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación.
    Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
    El cuarto era pequeño, frío y completamente insonorizado. Una única lámpara colgaba del techo, balanceándose apenas y proyectando sombras largas sobre el suelo de cemento. En el centro de la habitación se encontraba un joven cura atado firmemente a una silla metálica. Sus muñecas estaban sujetas detrás del respaldo y varias cuerdas rodeaban su torso y sus piernas. Un fino hilo de sangre descendía desde la comisura de sus labios hasta su barbilla, señal de que el interrogatorio no había sido precisamente amable. Frente a él permanecía un grupo de figuras encapuchadas. Sus rostros quedaban ocultos bajo las sombras de las capuchas, observándolo en silencio como depredadores esperando que su presa mostrara miedo. El sacerdote levantó lentamente la cabeza. A pesar de los golpes y las ataduras, sus ojos conservaban una extraña firmeza. -Ustedes... ustedes estuvieron implicados aquel día... Murmuró con voz ronca -¡Cobardes! ¡Digan su nombre! Durante unos segundos reinó el silencio. Finalmente, uno de los encapuchados dio un paso al frente: Somos el Culto de Saturno. Aquellas palabras parecieron confirmar las sospechas del cura. Una leve sonrisa apareció en sus labios ensangrentados. La situación era terrible a simple vista. Estaba solo, inmovilizado y rodeado por enemigos que claramente no tenían buenas intenciones. Sin embargo, algo en su expresión resultaba inquietante para sus captores. No era la mirada de un hombre derrotado. Sus dedos, ocultos tras el respaldo de la silla, realizaron un movimiento casi imperceptible. El joven sacerdote observó uno por uno a los miembros del culto mientras inclinaba ligeramente la cabeza. -Ya veo... así que realmente eran ustedes. La sonrisa se ensanchó apenas. Los encapuchados intercambiaron miradas confundidas. El cura parecía demasiado tranquilo para alguien en su situación. Aunque estaba maniatado, golpeado y encerrado en un cuarto del que nadie podía oírlo escapar... el sacerdote todavía guardaba más de un truco bajo la manga.
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    ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗
    ISHTAR´S ELFIC
    Edición de Colección
    ╚═══════════════ ✦ ═══════════════╝

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    AGENCIA OFICIAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✦

    Una agencia nacida entre la elegancia oscura,
    el glamour infernal y la supremacía fantástica.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    MODELO ESTRELLA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Nombre Completo:
    Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar

    Alias Legendarios:
    ✦ El Emperador Carmesí
    ✦ La Sombra Púrpura
    ✦ El Rey Caído

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PERFIL OFICIAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Estilo:
    Dark Fantasy • Infernal Glamour • Elfic Royalty

    Aura Dominante:
    Caos • Poder • Elegancia Oscura • Dualidad Suprema

    Colores Representativos:
    Carmesí Infernal
    Púrpura Abisal

    Especialidad:
    Presencia dominante, mirada intimidante
    y una elegancia demoníaca sobrenatural.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    REVISTA DESTACADA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ISHTAR´S ELFIC — VOL. 1 • 2024

    LA CORONA CARMESÍ
    “El poder que demanda todo.”

    LA SOMBRA PÚRPURA
    “El despertar de la bestia interior.”

    Una visión de sangre y fuego.
    Una visión de caos y oscuridad.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    FRASES ICÓNICAS
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ❝ El poder exige sacrificios. ❞

    ❝ Dentro de cada rey yace una bestia. ❞

    ❝ Dos facciones… un mismo espíritu. ❞

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    VISIÓN DEL PERSONAJE
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    La Corona Carmesí
    El despertar del conquistador absoluto.
    El emperador rojo se revela entre llamas eternas.

    La Sombra Púrpura
    La encarnación del caos y la tormenta.
    El rey caído reclama nuevamente su trono.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    CLASIFICACIÓN
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Categoría: Alta Fantasía Oscura
    Rareza: Edición de Colección
    Nivel de Presencia: Legendario
    Firma Visual: Dualidad Demoníaca Élfica

    ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗
    DONDE NACE EL PODER…
    Y DESPIERTA LA OSCURIDAD.
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    ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗ 🩸 ISHTAR´S ELFIC 🩸 ⚜️ Edición de Colección ⚜️ ╚═══════════════ ✦ ═══════════════╝ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏛️ AGENCIA OFICIAL ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✦ Una agencia nacida entre la elegancia oscura, el glamour infernal y la supremacía fantástica. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 MODELO ESTRELLA 👑 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🕯️ Nombre Completo: Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar ⚜️ Alias Legendarios: ✦ El Emperador Carmesí ✦ La Sombra Púrpura ✦ El Rey Caído ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔥 PERFIL OFICIAL 🔥 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 Estilo: Dark Fantasy • Infernal Glamour • Elfic Royalty 🩸 Aura Dominante: Caos • Poder • Elegancia Oscura • Dualidad Suprema 🩸 Colores Representativos: 🔴 Carmesí Infernal 🟣 Púrpura Abisal 🩸 Especialidad: Presencia dominante, mirada intimidante y una elegancia demoníaca sobrenatural. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 📖 REVISTA DESTACADA 📖 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✨ ISHTAR´S ELFIC — VOL. 1 • 2024 ✨ ⚔️ LA CORONA CARMESÍ “El poder que demanda todo.” 🌑 LA SOMBRA PÚRPURA “El despertar de la bestia interior.” 🔥 Una visión de sangre y fuego. 🌌 Una visión de caos y oscuridad. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚡ FRASES ICÓNICAS ⚡ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ❝ El poder exige sacrificios. ❞ ❝ Dentro de cada rey yace una bestia. ❞ ❝ Dos facciones… un mismo espíritu. ❞ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👁️ VISIÓN DEL PERSONAJE 👁️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔴 La Corona Carmesí El despertar del conquistador absoluto. El emperador rojo se revela entre llamas eternas. 🟣 La Sombra Púrpura La encarnación del caos y la tormenta. El rey caído reclama nuevamente su trono. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🕯️ CLASIFICACIÓN 🕯️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚜️ Categoría: Alta Fantasía Oscura ⚜️ Rareza: Edición de Colección ⚜️ Nivel de Presencia: Legendario ⚜️ Firma Visual: Dualidad Demoníaca Élfica ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗ 🔥 DONDE NACE EL PODER… 🔥 🌑 Y DESPIERTA LA OSCURIDAD. 🌑 ╚═══════════════ ✦ ═══════════════╝
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  • El centinela.
    Fandom Las crónicas de Fenrir
    Categoría Acción
    https://ficrol.com/posts/380841

    El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes.

    Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones.

    Decían que los dioses protegían Eredh-Khal.

    Mentira.

    Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo.

    Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres.

    Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones.

    Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes…

    Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final.

    El cielo rugía.

    Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales.

    La invasión había comenzado.

    Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos.

    Y en medio del caos…

    Algo despertó.

    Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido.

    Entonces el Centinela abrió los ojos.

    La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales.

    Cada paso hacía temblar ciudades enteras.

    En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial.

    En la otra…
    un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes.

    La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero.

    —Entidad invasora detectada.
    Activando protocolo de purificación.—

    Y entonces…

    Alguien comenzó a reír.

    No una risa humana.

    Algo más oscuro.
    Más arrogante.

    Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría.

    De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego.

    Cuernos oscuros.
    Cabello agitado por el viento.
    Ojos brillando como brasas infernales.

    La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido.

    Zagreo.

    La mano derecha de Veythra.

    El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal.

    Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos.

    —¿Todo esto…—

    Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva.

    —…solo para recibirme a mí?—

    El Centinela alzó la lanza.

    Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente.

    Y el cielo entero explotó en luz.
    https://ficrol.com/posts/380841 El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes. Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones. Decían que los dioses protegían Eredh-Khal. Mentira. Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo. Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres. Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones. Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes… Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final. El cielo rugía. Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales. La invasión había comenzado. Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos. Y en medio del caos… Algo despertó. Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido. Entonces el Centinela abrió los ojos. La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales. Cada paso hacía temblar ciudades enteras. En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial. En la otra… un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes. La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero. —Entidad invasora detectada. Activando protocolo de purificación.— Y entonces… Alguien comenzó a reír. No una risa humana. Algo más oscuro. Más arrogante. Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría. De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego. Cuernos oscuros. Cabello agitado por el viento. Ojos brillando como brasas infernales. La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido. Zagreo. La mano derecha de Veythra. El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal. Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos. —¿Todo esto…— Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva. —…solo para recibirme a mí?— El Centinela alzó la lanza. Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente. Y el cielo entero explotó en luz.
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  • 。 𝗧𝗵𝗲 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗿 𝗯𝗲𝗰𝗼𝗺𝗶𝗻𝗴 𝘁𝗵𝗲 𝘀𝗵𝗶𝘁𝘁𝘆 𝗵𝘂𝗻𝘁𝗲𝗱.
    Categoría Original
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas.

    El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie.

    Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente.

    Y él encajaba perfectamente allí.

    El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético.

    Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo.

    El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos.

    El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo.

    El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente.

    Era magia.

    Magia real.

    Bastante rara.

    Demasiado cara.

    Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana.

    Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado...

    Y ahí estaba, otra vez.

    La figura...

    Esa pequeña sombra.

    Quieta bajo la lluvia.

    Llevaba siguiéndolo tres días.

    Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales.

    Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo.

    Nunca demasiado cerca.

    Nunca demasiado obvia.

    Eso era lo que empezaba a irritarlo.

    La prudencia.

    La paciencia.

    Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona.

    Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso.

    Mucho más inteligente.

    Y eso lo odiaba.

    El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre.

    — ¿Problemas…?

    El cazador soltó una risa seca y cansada.

    — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema.

    Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato.

    Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo.

    — La puta madre... Esto sabe a lubricante.

    — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa.

    — Pues sabe a mierda.

    El cocinero prefirió callarse.

    Sabía quién era él.

    Todos en el bajo mundo lo sabían.

    Un fantasma armado.

    Un perro rabioso.

    Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar.

    Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas.

    Que usaba magia prohibida.

    Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres.

    La mitad seguramente era mentira.

    La otra mitad...

    Probablemente se quedaba corta.

    El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie.

    Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio.

    El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante.

    Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana.

    Seguía ahí.

    Inmóvil.

    Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark.

    Entonces sonrió.

    Una sonrisa fingida.

    Vacía.

    — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
    Las entrañas del Ark respiraban vapor tóxico por kilómetros de tuberías oxidadas que cruzaban el techo como venas infectas. El neón derramaba colores enfermizos sobre las calles mojadas: rosas violentos, azules moribundos, verdes radiactivos que convertían los charcos en heridas brillantes. La lluvia artificial caía desde los sistemas de condensación superiores arrastrando hollín, grasa industrial y el olor metálico de la sangre oxidándose al intemperie. Todo mantenía la fragancia de algo muriéndose lentamente. Y él encajaba perfectamente allí. El hombre permanecía sentado frente a un puesto mugriento de ramen sintético. Hundido en una silla de plástico mientras removía distraídamente los fideos hinchados en un grasiento caldo. El vapor le golpeaba el rostro cansado y mal afeitado, parcialmente oculto bajo la sombra de un sombrero viejo de ala ancha que parecía haber sobrevivido a demasiados tiroteos. El largo abrigo negro caía hasta debajo de las rodillas como un sudario empapado, pesado por la lluvia y el humo del bajo mundo. El cuero desgastado crujía cada vez que se movía, dejando entrever correas con munición, múltiples cuchillos y pequeños talismanes grabados con runas antiguas que pulsaban tenuemente. Era magia. Magia real. Bastante rara. Demasiado cara. Y lo bastante ilegal como para hacer que la gente desaparezca de la noche a la mañana. Un parche negro cubría completamente su ojo derecho, sujeto por una correa gastada que se perdía entre el cabello oscuro y descuidado. El izquierdo —grisáceo, cansado y afilado como vidrio roto— observaba el reflejo del callejón en el cristal sucio del puesto mientras fumaba un cigarro aplastado... Y ahí estaba, otra vez. La figura... Esa pequeña sombra. Quieta bajo la lluvia. Llevaba siguiéndolo tres días. Mercados negros. Túneles de carga. Clubes clandestinos. Basureros industriales. Siempre igual: aparecía a la distancia y se limitaba a observarlo. Nunca demasiado cerca. Nunca demasiado obvia. Eso era lo que empezaba a irritarlo. La prudencia. La paciencia. Los policías normales eran perros rabiosos; llegaban gritando, armados y con demasiada testosterona. Esto era diferente. Más frío. Más cuidadoso. Mucho más inteligente. Y eso lo odiaba. El cocinero del puesto tragó saliva al notar hacia dónde miraba el hombre. — ¿Problemas…? El cazador soltó una risa seca y cansada. — En esta puñetera ciudad el respirar ya cuenta como un problema. Su voz sonó áspera, gastada por humo y demasiado alcohol barato. Tomó los palillos otra vez, probó el ramen y escupió inmediatamente el caldo al suelo. — La puta madre... Esto sabe a lubricante. — Es pasta de proteína... —respondió inmediato el cocinero, pero la voz fue baja. Casi como una disculpa. — Pues sabe a mierda. El cocinero prefirió callarse. Sabía quién era él. Todos en el bajo mundo lo sabían. Un fantasma armado. Un perro rabioso. Un bastardo que aceptaba trabajos que ni siquiera los más fuertes e importantes querían tocar. Se decía que había matado traficantes con las manos desnudas. Que usaba magia prohibida. Que una vez sobrevivió tres días atrapado en la superficie infestada de mutantes alimentándose de cadáveres. La mitad seguramente era mentira. La otra mitad... Probablemente se quedaba corta. El hombre dejó unas monedas sobre el mostrador y finalmente se puso de pie. Alto. Ligeramente delgado. Completamente consumido por el cansancio. El abrigo negro cayó con peso alrededor de su figura mientras ajustaba lentamente la pistola en la funda. La lluvia golpeó el ala de su sombrero con un repiqueteo constante. Su único ojo visible volvió hacia la silueta lejana. Seguía ahí. Inmóvil. Observándolo bajo la lluvia y las luces del Ark. Entonces sonrió. Una sonrisa fingida. Vacía. — Perfecto... —murmuró—. O me quieren muerto o tengo un puto acosador. Y, honestamente, no sé qué mierda me da más asco...
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