//Enlaces a las crónicas de Fenrir y Kael Vireon, seguido de la vuelta a casa tras la conquista/liberación.
*Veythra y Fenrir*.
Kael Vireon origen.
https://ficrol.com/posts/375223
El día de Kael Vireon parte I
https://ficrol.com/posts/377163
El día de Kael Vireon parte II
https://ficrol.com/posts/377533
Resumen del origen de Kael Vireon.
https://ficrol.com/posts/377535
El día que ella se marchó.
https://ficrol.com/posts/377553
Primer encuentro.
https://ficrol.com/posts/380696
https://ficrol.com/posts/380705
Las enormes compuertas de la nave imperial se cerraron lentamente detrás del último escuadrón mientras el planeta continuaba ardiendo bajo las nubes. Desde los ventanales superiores todavía podían verse ciudades enteras consumidas por incendios azulados y columnas de humo atravesando el cielo como heridas abiertas. El silencio dentro de la estructura contrastaba de forma enfermiza con el desastre que quedaba abajo.
Fenrir caminaba detrás de Veythra en completo silencio.
A cada lado del corredor, cientos de figuras permanecían inmóviles conectadas entre sí por filamentos de energía blanquecina que recorrían el suelo y las paredes como raíces luminosas. Sus cuerpos eran perfectos. Demasiado perfectos. Rostros serenos. Respiración sincronizada. Miradas vacías bañadas por una tenue luz azulada.
Los Nexus Concordia.
La nueva raza.
Las almas rescatadas del sufrimiento.
Liberadas del miedo.
Liberadas del hambre.
Liberadas de la individualidad.
Veythra avanzaba entre ellos con la elegancia orgullosa de una reina contemplando su obra.
—¿Lo sientes, Fenrir?—
Su voz resonó suavemente por el inmenso salón mientras extendía una mano hacia las filas infinitas de Nexus.
—Ya no existe dolor aquí.
Ya no existen guerras entre ellos.
Ya no existe pobreza.
No hay hambre.
No hay soledad.—
Las luces del lugar se reflejaban sobre sus ojos dorados mientras observaba aquella colmena perfecta con auténtica devoción.
—El Nuevo Mundo no nace de la crueldad…
Nace de la compasión absoluta.—
Fenrir permaneció callada.
No podía dejar de mirar aquellos rostros.
Había algo incómodo en ellos.
Algo artificialmente tranquilo.
Como si el silencio estuviera demasiado limpio.
Entonces ocurrió.
Una de las Nexus Concordia se detuvo.
Solo una.
Fue un movimiento pequeño… pero imposible de ignorar dentro de una formación donde todos actuaban exactamente igual.
La figura giró lentamente el rostro hacia Fenrir.
Y el tiempo pareció detenerse.
Porque aquellos ojos…
Fenrir los reconoció inmediatamente.
El aire abandonó sus pulmones.
No.
No podía ser.
Aquella mujer dio un pequeño paso fuera de la formación mientras los filamentos luminosos que recorrían su cuerpo empezaban a alterarse levemente. Sus labios temblaron apenas, como si algo enterrado en lo más profundo de su alma estuviera intentando despertar.
Entonces levantó lentamente las manos.
Y entre sus dedos brotó un lirio blanco.
Pequeño.
Frágil.
Hermoso.
Fenrir sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
La Nexus la observó directamente.
Y durante apenas un instante… dejó de parecer una unidad de la colmena.
Pareció una madre.
Una presencia cálida.
Dolorida.
Agradecida.
Como si hubiese reconocido algo imposible dentro de Fenrir.
Como si supiera.
Como si en algún rincón destrozado de su alma todavía recordara que aquella niña de cabello blanco había salvado a su hijo entre las ruinas del mundo.
La Nexus comenzó a caminar lentamente hacia ella sosteniendo el lirio con ambas manos.
Y entonces la presión apareció.
Las garras de Veythra atravesaron brutalmente el pecho de la Nexus Concordia.
El impacto resonó húmedo dentro del salón.
Los filamentos luminosos alrededor del cuerpo comenzaron a agitarse violentamente mientras la mujer quedaba suspendida apenas unos centímetros sobre el suelo. Fenrir abrió los ojos con horror viendo cómo la energía azulada empezaba a salir del cuerpo perforado en pequeñas fracturas de luz.
—Defecto emocional.—
La voz de Veythra sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
Sus garras se hundieron todavía más mientras incontables runas oscuras recorrían el cuerpo de la Nexus intentando reescribir la anomalía que acababa de surgir.
La mujer tembló violentamente.
Y aun así…
Sus dedos siguieron aferrándose al lirio.
Fenrir dio un paso involuntario hacia adelante.
—…espera…—
Pero Veythra ni siquiera la miró.
—La memoria individual genera sufrimiento.
El apego genera miedo.
El dolor nace de la separación.—
Las runas comenzaron a iluminarse con más intensidad.
La Nexus abrió la boca intentando decir algo.
Tal vez un nombre.
Tal vez “Kael”.
Pero ningún sonido llegó a salir.
Entonces ocurrió.
La luz de sus ojos desapareció.
Su cuerpo dejó de temblar.
Los filamentos volvieron a sincronizarse con el resto de la colmena.
Y lentamente… la Nexus regresó a la formación.
Ya no volvió a mirar a Fenrir.
Ya no hubo reconocimiento.
Ni duda.
Ni humanidad.
Solo armonía perfecta.
El lirio blanco cayó lentamente de sus manos y quedó tendido sobre el suelo metálico del salón.
Solo.
Pequeño.
Ridículamente frágil frente a la inmensidad de la nave imperial.
Fenrir no apartó la mirada de la flor.
Y por primera vez desde que comenzó la conquista… algo dentro de ella empezó a temerle realmente a Veythra.
Noté inmediatamente el cambio en su respiración.
El miedo.
La duda.
Aquella pequeña grieta emocional creciendo dentro de mi ratoncito.
Suspiré suavemente antes de acercarme por detrás hasta quedar junto a ella. La presión del salón desapareció lentamente mientras mis dedos acariciaban con cuidado su cabello blanco. Fenrir se tensó apenas al sentir mi mano, todavía mirando fijamente el lirio abandonado sobre el suelo.
—Fenrir…—
Mi voz salió cálida.
Cariñosa.
Deslicé lentamente los dedos entre su pelo hasta acariciar uno de sus mechones detrás de la oreja y después sostuve suavemente su rostro obligándola a mirarme.
—No quiero que cargues con cosas tan crueles.—
Sus ojos seguían algo confundidos.
Demasiado llenos de emociones.
Le sonreí con dulzura.
La misma dulzura con la que una madre calma una pesadilla.
—Mi pequeño ratoncito no nació para sufrir.—
Las runas comenzaron a aparecer lentamente alrededor de mis dedos, pequeñas luces oscuras y doradas moviéndose como polvo estelar mientras acariciaba su frente.
Fenrir parpadeó apenas.
Y entonces empezó.
Los recuerdos comenzaron a desprenderse suavemente de su mente como hojas cayendo al agua.
La cueva.
El niño herido.
La nieve.
Los ojos rojos de Kael.
La sensación de culpa.
La mujer del lirio.
Todo empezó a difuminarse lentamente.
No de forma violenta.
No como un castigo.
Sino como alguien quitándole espinas del corazón con extremo cuidado.
—Olvídate de esa tontería…—
Besé suavemente su frente mientras las runas seguían envolviendo lentamente su conciencia.
—No necesitas cargar con el dolor de un mundo imperfecto.—
Fenrir intentó aferrarse a algo.
A una sensación.
A un rostro.
A una voz rota llamándola desde muy lejos.
Pero cada vez se sentía más distante.
Más borroso.
Más silencioso.
Mis dedos recorrieron lentamente su mejilla con cariño.
—Yo estoy aquí.—
Las últimas imágenes terminaron deshaciéndose dentro de su mente como nieve derritiéndose bajo la luz.
Y finalmente…
La confusión desapareció de sus ojos.
La tensión de su cuerpo se relajó lentamente.
El salón volvió a quedar en absoluto silencio.
Solo entonces aparté la mano de su rostro mientras detrás de nosotras los Nexus Concordia permanecían perfectamente sincronizados una vez más.
Y el lirio blanco…
continuó abandonado sobre el suelo metálico.
Como el último recuerdo de algo humano que el Nuevo Mundo acababa de devorar.
*Veythra y Fenrir*.
Kael Vireon origen.
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El día de Kael Vireon parte I
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El día de Kael Vireon parte II
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Resumen del origen de Kael Vireon.
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El día que ella se marchó.
https://ficrol.com/posts/377553
Primer encuentro.
https://ficrol.com/posts/380696
https://ficrol.com/posts/380705
Las enormes compuertas de la nave imperial se cerraron lentamente detrás del último escuadrón mientras el planeta continuaba ardiendo bajo las nubes. Desde los ventanales superiores todavía podían verse ciudades enteras consumidas por incendios azulados y columnas de humo atravesando el cielo como heridas abiertas. El silencio dentro de la estructura contrastaba de forma enfermiza con el desastre que quedaba abajo.
Fenrir caminaba detrás de Veythra en completo silencio.
A cada lado del corredor, cientos de figuras permanecían inmóviles conectadas entre sí por filamentos de energía blanquecina que recorrían el suelo y las paredes como raíces luminosas. Sus cuerpos eran perfectos. Demasiado perfectos. Rostros serenos. Respiración sincronizada. Miradas vacías bañadas por una tenue luz azulada.
Los Nexus Concordia.
La nueva raza.
Las almas rescatadas del sufrimiento.
Liberadas del miedo.
Liberadas del hambre.
Liberadas de la individualidad.
Veythra avanzaba entre ellos con la elegancia orgullosa de una reina contemplando su obra.
—¿Lo sientes, Fenrir?—
Su voz resonó suavemente por el inmenso salón mientras extendía una mano hacia las filas infinitas de Nexus.
—Ya no existe dolor aquí.
Ya no existen guerras entre ellos.
Ya no existe pobreza.
No hay hambre.
No hay soledad.—
Las luces del lugar se reflejaban sobre sus ojos dorados mientras observaba aquella colmena perfecta con auténtica devoción.
—El Nuevo Mundo no nace de la crueldad…
Nace de la compasión absoluta.—
Fenrir permaneció callada.
No podía dejar de mirar aquellos rostros.
Había algo incómodo en ellos.
Algo artificialmente tranquilo.
Como si el silencio estuviera demasiado limpio.
Entonces ocurrió.
Una de las Nexus Concordia se detuvo.
Solo una.
Fue un movimiento pequeño… pero imposible de ignorar dentro de una formación donde todos actuaban exactamente igual.
La figura giró lentamente el rostro hacia Fenrir.
Y el tiempo pareció detenerse.
Porque aquellos ojos…
Fenrir los reconoció inmediatamente.
El aire abandonó sus pulmones.
No.
No podía ser.
Aquella mujer dio un pequeño paso fuera de la formación mientras los filamentos luminosos que recorrían su cuerpo empezaban a alterarse levemente. Sus labios temblaron apenas, como si algo enterrado en lo más profundo de su alma estuviera intentando despertar.
Entonces levantó lentamente las manos.
Y entre sus dedos brotó un lirio blanco.
Pequeño.
Frágil.
Hermoso.
Fenrir sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
La Nexus la observó directamente.
Y durante apenas un instante… dejó de parecer una unidad de la colmena.
Pareció una madre.
Una presencia cálida.
Dolorida.
Agradecida.
Como si hubiese reconocido algo imposible dentro de Fenrir.
Como si supiera.
Como si en algún rincón destrozado de su alma todavía recordara que aquella niña de cabello blanco había salvado a su hijo entre las ruinas del mundo.
La Nexus comenzó a caminar lentamente hacia ella sosteniendo el lirio con ambas manos.
Y entonces la presión apareció.
Las garras de Veythra atravesaron brutalmente el pecho de la Nexus Concordia.
El impacto resonó húmedo dentro del salón.
Los filamentos luminosos alrededor del cuerpo comenzaron a agitarse violentamente mientras la mujer quedaba suspendida apenas unos centímetros sobre el suelo. Fenrir abrió los ojos con horror viendo cómo la energía azulada empezaba a salir del cuerpo perforado en pequeñas fracturas de luz.
—Defecto emocional.—
La voz de Veythra sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
Sus garras se hundieron todavía más mientras incontables runas oscuras recorrían el cuerpo de la Nexus intentando reescribir la anomalía que acababa de surgir.
La mujer tembló violentamente.
Y aun así…
Sus dedos siguieron aferrándose al lirio.
Fenrir dio un paso involuntario hacia adelante.
—…espera…—
Pero Veythra ni siquiera la miró.
—La memoria individual genera sufrimiento.
El apego genera miedo.
El dolor nace de la separación.—
Las runas comenzaron a iluminarse con más intensidad.
La Nexus abrió la boca intentando decir algo.
Tal vez un nombre.
Tal vez “Kael”.
Pero ningún sonido llegó a salir.
Entonces ocurrió.
La luz de sus ojos desapareció.
Su cuerpo dejó de temblar.
Los filamentos volvieron a sincronizarse con el resto de la colmena.
Y lentamente… la Nexus regresó a la formación.
Ya no volvió a mirar a Fenrir.
Ya no hubo reconocimiento.
Ni duda.
Ni humanidad.
Solo armonía perfecta.
El lirio blanco cayó lentamente de sus manos y quedó tendido sobre el suelo metálico del salón.
Solo.
Pequeño.
Ridículamente frágil frente a la inmensidad de la nave imperial.
Fenrir no apartó la mirada de la flor.
Y por primera vez desde que comenzó la conquista… algo dentro de ella empezó a temerle realmente a Veythra.
Noté inmediatamente el cambio en su respiración.
El miedo.
La duda.
Aquella pequeña grieta emocional creciendo dentro de mi ratoncito.
Suspiré suavemente antes de acercarme por detrás hasta quedar junto a ella. La presión del salón desapareció lentamente mientras mis dedos acariciaban con cuidado su cabello blanco. Fenrir se tensó apenas al sentir mi mano, todavía mirando fijamente el lirio abandonado sobre el suelo.
—Fenrir…—
Mi voz salió cálida.
Cariñosa.
Deslicé lentamente los dedos entre su pelo hasta acariciar uno de sus mechones detrás de la oreja y después sostuve suavemente su rostro obligándola a mirarme.
—No quiero que cargues con cosas tan crueles.—
Sus ojos seguían algo confundidos.
Demasiado llenos de emociones.
Le sonreí con dulzura.
La misma dulzura con la que una madre calma una pesadilla.
—Mi pequeño ratoncito no nació para sufrir.—
Las runas comenzaron a aparecer lentamente alrededor de mis dedos, pequeñas luces oscuras y doradas moviéndose como polvo estelar mientras acariciaba su frente.
Fenrir parpadeó apenas.
Y entonces empezó.
Los recuerdos comenzaron a desprenderse suavemente de su mente como hojas cayendo al agua.
La cueva.
El niño herido.
La nieve.
Los ojos rojos de Kael.
La sensación de culpa.
La mujer del lirio.
Todo empezó a difuminarse lentamente.
No de forma violenta.
No como un castigo.
Sino como alguien quitándole espinas del corazón con extremo cuidado.
—Olvídate de esa tontería…—
Besé suavemente su frente mientras las runas seguían envolviendo lentamente su conciencia.
—No necesitas cargar con el dolor de un mundo imperfecto.—
Fenrir intentó aferrarse a algo.
A una sensación.
A un rostro.
A una voz rota llamándola desde muy lejos.
Pero cada vez se sentía más distante.
Más borroso.
Más silencioso.
Mis dedos recorrieron lentamente su mejilla con cariño.
—Yo estoy aquí.—
Las últimas imágenes terminaron deshaciéndose dentro de su mente como nieve derritiéndose bajo la luz.
Y finalmente…
La confusión desapareció de sus ojos.
La tensión de su cuerpo se relajó lentamente.
El salón volvió a quedar en absoluto silencio.
Solo entonces aparté la mano de su rostro mientras detrás de nosotras los Nexus Concordia permanecían perfectamente sincronizados una vez más.
Y el lirio blanco…
continuó abandonado sobre el suelo metálico.
Como el último recuerdo de algo humano que el Nuevo Mundo acababa de devorar.
//Enlaces a las crónicas de Fenrir y Kael Vireon, seguido de la vuelta a casa tras la conquista/liberación.
*Veythra y Fenrir*.
Kael Vireon origen.
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El día de Kael Vireon parte I
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El día de Kael Vireon parte II
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Resumen del origen de Kael Vireon.
https://ficrol.com/posts/377535
El día que ella se marchó.
https://ficrol.com/posts/377553
Primer encuentro.
https://ficrol.com/posts/380696
https://ficrol.com/posts/380705
Las enormes compuertas de la nave imperial se cerraron lentamente detrás del último escuadrón mientras el planeta continuaba ardiendo bajo las nubes. Desde los ventanales superiores todavía podían verse ciudades enteras consumidas por incendios azulados y columnas de humo atravesando el cielo como heridas abiertas. El silencio dentro de la estructura contrastaba de forma enfermiza con el desastre que quedaba abajo.
Fenrir caminaba detrás de Veythra en completo silencio.
A cada lado del corredor, cientos de figuras permanecían inmóviles conectadas entre sí por filamentos de energía blanquecina que recorrían el suelo y las paredes como raíces luminosas. Sus cuerpos eran perfectos. Demasiado perfectos. Rostros serenos. Respiración sincronizada. Miradas vacías bañadas por una tenue luz azulada.
Los Nexus Concordia.
La nueva raza.
Las almas rescatadas del sufrimiento.
Liberadas del miedo.
Liberadas del hambre.
Liberadas de la individualidad.
Veythra avanzaba entre ellos con la elegancia orgullosa de una reina contemplando su obra.
—¿Lo sientes, Fenrir?—
Su voz resonó suavemente por el inmenso salón mientras extendía una mano hacia las filas infinitas de Nexus.
—Ya no existe dolor aquí.
Ya no existen guerras entre ellos.
Ya no existe pobreza.
No hay hambre.
No hay soledad.—
Las luces del lugar se reflejaban sobre sus ojos dorados mientras observaba aquella colmena perfecta con auténtica devoción.
—El Nuevo Mundo no nace de la crueldad…
Nace de la compasión absoluta.—
Fenrir permaneció callada.
No podía dejar de mirar aquellos rostros.
Había algo incómodo en ellos.
Algo artificialmente tranquilo.
Como si el silencio estuviera demasiado limpio.
Entonces ocurrió.
Una de las Nexus Concordia se detuvo.
Solo una.
Fue un movimiento pequeño… pero imposible de ignorar dentro de una formación donde todos actuaban exactamente igual.
La figura giró lentamente el rostro hacia Fenrir.
Y el tiempo pareció detenerse.
Porque aquellos ojos…
Fenrir los reconoció inmediatamente.
El aire abandonó sus pulmones.
No.
No podía ser.
Aquella mujer dio un pequeño paso fuera de la formación mientras los filamentos luminosos que recorrían su cuerpo empezaban a alterarse levemente. Sus labios temblaron apenas, como si algo enterrado en lo más profundo de su alma estuviera intentando despertar.
Entonces levantó lentamente las manos.
Y entre sus dedos brotó un lirio blanco.
Pequeño.
Frágil.
Hermoso.
Fenrir sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.
La Nexus la observó directamente.
Y durante apenas un instante… dejó de parecer una unidad de la colmena.
Pareció una madre.
Una presencia cálida.
Dolorida.
Agradecida.
Como si hubiese reconocido algo imposible dentro de Fenrir.
Como si supiera.
Como si en algún rincón destrozado de su alma todavía recordara que aquella niña de cabello blanco había salvado a su hijo entre las ruinas del mundo.
La Nexus comenzó a caminar lentamente hacia ella sosteniendo el lirio con ambas manos.
Y entonces la presión apareció.
Las garras de Veythra atravesaron brutalmente el pecho de la Nexus Concordia.
El impacto resonó húmedo dentro del salón.
Los filamentos luminosos alrededor del cuerpo comenzaron a agitarse violentamente mientras la mujer quedaba suspendida apenas unos centímetros sobre el suelo. Fenrir abrió los ojos con horror viendo cómo la energía azulada empezaba a salir del cuerpo perforado en pequeñas fracturas de luz.
—Defecto emocional.—
La voz de Veythra sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
Sus garras se hundieron todavía más mientras incontables runas oscuras recorrían el cuerpo de la Nexus intentando reescribir la anomalía que acababa de surgir.
La mujer tembló violentamente.
Y aun así…
Sus dedos siguieron aferrándose al lirio.
Fenrir dio un paso involuntario hacia adelante.
—…espera…—
Pero Veythra ni siquiera la miró.
—La memoria individual genera sufrimiento.
El apego genera miedo.
El dolor nace de la separación.—
Las runas comenzaron a iluminarse con más intensidad.
La Nexus abrió la boca intentando decir algo.
Tal vez un nombre.
Tal vez “Kael”.
Pero ningún sonido llegó a salir.
Entonces ocurrió.
La luz de sus ojos desapareció.
Su cuerpo dejó de temblar.
Los filamentos volvieron a sincronizarse con el resto de la colmena.
Y lentamente… la Nexus regresó a la formación.
Ya no volvió a mirar a Fenrir.
Ya no hubo reconocimiento.
Ni duda.
Ni humanidad.
Solo armonía perfecta.
El lirio blanco cayó lentamente de sus manos y quedó tendido sobre el suelo metálico del salón.
Solo.
Pequeño.
Ridículamente frágil frente a la inmensidad de la nave imperial.
Fenrir no apartó la mirada de la flor.
Y por primera vez desde que comenzó la conquista… algo dentro de ella empezó a temerle realmente a Veythra.
Noté inmediatamente el cambio en su respiración.
El miedo.
La duda.
Aquella pequeña grieta emocional creciendo dentro de mi ratoncito.
Suspiré suavemente antes de acercarme por detrás hasta quedar junto a ella. La presión del salón desapareció lentamente mientras mis dedos acariciaban con cuidado su cabello blanco. Fenrir se tensó apenas al sentir mi mano, todavía mirando fijamente el lirio abandonado sobre el suelo.
—Fenrir…—
Mi voz salió cálida.
Cariñosa.
Deslicé lentamente los dedos entre su pelo hasta acariciar uno de sus mechones detrás de la oreja y después sostuve suavemente su rostro obligándola a mirarme.
—No quiero que cargues con cosas tan crueles.—
Sus ojos seguían algo confundidos.
Demasiado llenos de emociones.
Le sonreí con dulzura.
La misma dulzura con la que una madre calma una pesadilla.
—Mi pequeño ratoncito no nació para sufrir.—
Las runas comenzaron a aparecer lentamente alrededor de mis dedos, pequeñas luces oscuras y doradas moviéndose como polvo estelar mientras acariciaba su frente.
Fenrir parpadeó apenas.
Y entonces empezó.
Los recuerdos comenzaron a desprenderse suavemente de su mente como hojas cayendo al agua.
La cueva.
El niño herido.
La nieve.
Los ojos rojos de Kael.
La sensación de culpa.
La mujer del lirio.
Todo empezó a difuminarse lentamente.
No de forma violenta.
No como un castigo.
Sino como alguien quitándole espinas del corazón con extremo cuidado.
—Olvídate de esa tontería…—
Besé suavemente su frente mientras las runas seguían envolviendo lentamente su conciencia.
—No necesitas cargar con el dolor de un mundo imperfecto.—
Fenrir intentó aferrarse a algo.
A una sensación.
A un rostro.
A una voz rota llamándola desde muy lejos.
Pero cada vez se sentía más distante.
Más borroso.
Más silencioso.
Mis dedos recorrieron lentamente su mejilla con cariño.
—Yo estoy aquí.—
Las últimas imágenes terminaron deshaciéndose dentro de su mente como nieve derritiéndose bajo la luz.
Y finalmente…
La confusión desapareció de sus ojos.
La tensión de su cuerpo se relajó lentamente.
El salón volvió a quedar en absoluto silencio.
Solo entonces aparté la mano de su rostro mientras detrás de nosotras los Nexus Concordia permanecían perfectamente sincronizados una vez más.
Y el lirio blanco…
continuó abandonado sobre el suelo metálico.
Como el último recuerdo de algo humano que el Nuevo Mundo acababa de devorar.