• ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro.

    El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín.

    Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir.

    Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación.

    Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso.

    El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 𝙉𝙖𝙨𝙚𝙚𝙢 𝘼𝙡 𝙆𝙝𝙖𝙮𝙖𝙡
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro. El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín. Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir. Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación. Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso. El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [storm_indigo_hawk_484]
    0 turnos 0 maullidos
  • ¿Miedo a la muerte? Por favor... a estas alturas, es mi amiga conocida y ya nos hemos visto la cara demasiadas veces como para que me tiemble el pulso. La gente le teme a la oscuridad porque no la entiende, pero cuando has caminado en ella, aprendes que el fin es solo otra regla que alguien más intentó imponer.

    Dejen que el resto del mundo se arrodille; que supliquen por un día más de gracia, que agachen la cabeza ante coronas vacías. Yo no nací para besar anillos, ni de reyes humanos, ni de deidades arrogantes que se esconden detrás de falsos altares. No sirvo a tronos que no me he ganado, ni acepto un destino escrito por la mano de otro.

    Si sigo de pie en este tablero, no es por sumisión, sino por pura convicción. Estoy aquí para romper el molde, para poner las cadenas y dictar mis propios términos. Al final del día, prefiero ser el monstruo que elige sus propias batallas, antes que el santo que obedece las reglas de un cielo que jamás ha sangrado.
    ¿Miedo a la muerte? Por favor... a estas alturas, es mi amiga conocida y ya nos hemos visto la cara demasiadas veces como para que me tiemble el pulso. La gente le teme a la oscuridad porque no la entiende, pero cuando has caminado en ella, aprendes que el fin es solo otra regla que alguien más intentó imponer. Dejen que el resto del mundo se arrodille; que supliquen por un día más de gracia, que agachen la cabeza ante coronas vacías. Yo no nací para besar anillos, ni de reyes humanos, ni de deidades arrogantes que se esconden detrás de falsos altares. No sirvo a tronos que no me he ganado, ni acepto un destino escrito por la mano de otro. Si sigo de pie en este tablero, no es por sumisión, sino por pura convicción. Estoy aquí para romper el molde, para poner las cadenas y dictar mis propios términos. Al final del día, prefiero ser el monstruo que elige sus propias batallas, antes que el santo que obedece las reglas de un cielo que jamás ha sangrado.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    FICHA OFICIAL DE REVISTA

    ╔══════════════════════════════════════╗

    ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR
    ✦ Edición Especial: ISHTAR'S DEMON KING ✦

    ╚══════════════════════════════════════╝

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PORTADA ESTELAR DEL MES
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar
    "El Heredero que desafía al destino y reclama su trono."

    Riamory Kitagawa
    "La Reina Escarlata cuya determinación cambió para siempre la historia de la academia."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    HISTORIA PRINCIPAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ❝¿UNIÓN PROHIBIDA?❞

    Entre secretos, rivalidades y destinos escritos por fuerzas superiores, surge una historia capaz de desafiar las reglas del mundo.

    Él, destinado a convertirse en el próximo Rey Demonio.

    Ella, una belleza legendaria cuya fuerza y corazón conquistaron a todos.

    Juntos enfrentan prejuicios, obstáculos y enemigos que desean separarlos, demostrando que el verdadero amor puede desafiar cualquier ley.

    Reportaje Exclusivo:
    "Su historia de amor finalmente revelada."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PERFIL DE LOS PROTAGONISTAS
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Nombre: Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar
    Título: El Heredero Demoníaco
    Especialidad: Liderazgo, estrategia y poder sobrenatural.
    Distinción: Portador del legado Ishtar.

    Nombre: Riamory Kitagawa
    Título: La Reina Escarlata del Internado
    Especialidad: Carisma, elegancia y determinación inquebrantable.
    Distinción: Símbolo de inspiración y belleza.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    EDICIÓN DE COLECCIÓN
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Ambientada en los majestuosos terrenos de la Academia Kuoh.

    Romance, drama, pasión y destino.

    Fotografías exclusivas.

    Entrevistas inéditas.

    Contenido premium para los seguidores de la familia Ishtar.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    FRASE DE PORTADA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    "Cuando el Rey Demonio encontró a su Reina, el destino dejó de ser una cadena y se convirtió en una promesa eterna."

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    ISHTAR'S DEMON KING
    Vol. XII • Edición Legendaria
    Una obra exclusiva de Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    👑🔥 FICHA OFICIAL DE REVISTA 🔥👑 ╔══════════════════════════════════════╗ 🌹 ISHTAR´S DEMONIC DÉESSE INFERNAL GLAMOUR 🌹 ✦ Edición Especial: ISHTAR'S DEMON KING ✦ ╚══════════════════════════════════════╝ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 PORTADA ESTELAR DEL MES 👑 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚜️ Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar ⚜️ "El Heredero que desafía al destino y reclama su trono." ❤️‍🔥 Riamory Kitagawa ❤️‍🔥 "La Reina Escarlata cuya determinación cambió para siempre la historia de la academia." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 HISTORIA PRINCIPAL 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ❝¿UNIÓN PROHIBIDA?❞ Entre secretos, rivalidades y destinos escritos por fuerzas superiores, surge una historia capaz de desafiar las reglas del mundo. ✨ Él, destinado a convertirse en el próximo Rey Demonio. ✨ Ella, una belleza legendaria cuya fuerza y corazón conquistaron a todos. Juntos enfrentan prejuicios, obstáculos y enemigos que desean separarlos, demostrando que el verdadero amor puede desafiar cualquier ley. 📖 Reportaje Exclusivo: "Su historia de amor finalmente revelada." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚔️ PERFIL DE LOS PROTAGONISTAS ⚔️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 Nombre: Rex Hiroshi Jaegerjaquez Ishtar 🏆 Título: El Heredero Demoníaco 🔥 Especialidad: Liderazgo, estrategia y poder sobrenatural. 🌟 Distinción: Portador del legado Ishtar. ❤️ Nombre: Riamory Kitagawa 🌹 Título: La Reina Escarlata del Internado ✨ Especialidad: Carisma, elegancia y determinación inquebrantable. 💎 Distinción: Símbolo de inspiración y belleza. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏰 EDICIÓN DE COLECCIÓN 🏰 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌙 Ambientada en los majestuosos terrenos de la Academia Kuoh. 🖤 Romance, drama, pasión y destino. ⚜️ Fotografías exclusivas. 👑 Entrevistas inéditas. 🔥 Contenido premium para los seguidores de la familia Ishtar. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🌹 FRASE DE PORTADA 🌹 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ "Cuando el Rey Demonio encontró a su Reina, el destino dejó de ser una cadena y se convirtió en una promesa eterna." ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 ISHTAR'S DEMON KING 👑 ❤️‍🔥 Vol. XII • Edición Legendaria ❤️‍🔥 ✨ Una obra exclusiva de Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✨ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    0 comentarios 2 compartidos
  • [Luna asiste a una reunión corporativa en dónde se presentan los directores de cada una de las 27 divisiones de Umbra Corp. Normalmente las divisiones ilegales como la "W" o la "Q" jamás se presentan. Sin embargo el día de hoy aparece en persona el director general de la infame división Q: El Dr. Edgar Markov]

    *Tan sólo ver su rostro me hace perder totalmente mis estribos. Empuño una pistola y le apunto sin dudar en frente de todos los asistentes*
    Dra Luna: -Miserable... Te presentas ante nosotros como si nada. Luego del desastre que protagonizó tu división. Pero por sobretodo... Luego de que tus unidades de combate acabaran con la vida de mi padre... ¡CREISTE QUE NO ME ENTERARÍA! *acerco aún más mi arma*

    Dr Edgar Markov: -Por favor Lunita. Corta de una vez el drama. Sé perfectamente que no te atreverás a apretar el gatillo. *se acerca el mismo más hacia el arma* -No podrías. Demasiado entrampada en tus protocolos de conducta. En la reglas. En las leyes. Sabes perfectamente lo que pasaría si me matas aquí y ahora. Estarías traicionando a Umbra Corp. ¿Eres capaz de hacer eso?. ¿Al igual como lo hizo tu padre cuando decidió a ayudar a una bestia sin nombre?. [dice refiriédose a Unknown ] Vámos. Aprieta el gatillo. *menciona con voz desafiante*

    Dra Luna: *Frunzo el ceño. Presiono aun más el arma contra su pecho. Sin embargo... Termino cediendo. Dejo de apuntarle y dejo la sala de reuniones completamente indignada*

    Dr Edgar Markov: *Como si nada hubiera pasado se dirige a los presentes* -Bien. Ya que la Dra Lunita ya terminó con su rabieta Hora de mostrarles que la división Q esta lejos de estar muerta. *Sonríe maquiavelicamente un humanoide con armadura entra en la habitación*
    [Luna asiste a una reunión corporativa en dónde se presentan los directores de cada una de las 27 divisiones de Umbra Corp. Normalmente las divisiones ilegales como la "W" o la "Q" jamás se presentan. Sin embargo el día de hoy aparece en persona el director general de la infame división Q: El Dr. Edgar Markov] *Tan sólo ver su rostro me hace perder totalmente mis estribos. Empuño una pistola y le apunto sin dudar en frente de todos los asistentes* Dra Luna: -Miserable... Te presentas ante nosotros como si nada. Luego del desastre que protagonizó tu división. Pero por sobretodo... Luego de que tus unidades de combate acabaran con la vida de mi padre... ¡CREISTE QUE NO ME ENTERARÍA! *acerco aún más mi arma* Dr Edgar Markov: -Por favor Lunita. Corta de una vez el drama. Sé perfectamente que no te atreverás a apretar el gatillo. *se acerca el mismo más hacia el arma* -No podrías. Demasiado entrampada en tus protocolos de conducta. En la reglas. En las leyes. Sabes perfectamente lo que pasaría si me matas aquí y ahora. Estarías traicionando a Umbra Corp. ¿Eres capaz de hacer eso?. ¿Al igual como lo hizo tu padre cuando decidió a ayudar a una bestia sin nombre?. [dice refiriédose a [Uni_Darkness_Softspot] ] Vámos. Aprieta el gatillo. *menciona con voz desafiante* Dra Luna: *Frunzo el ceño. Presiono aun más el arma contra su pecho. Sin embargo... Termino cediendo. Dejo de apuntarle y dejo la sala de reuniones completamente indignada* Dr Edgar Markov: *Como si nada hubiera pasado se dirige a los presentes* -Bien. Ya que la Dra Lunita ya terminó con su rabieta Hora de mostrarles que la división Q esta lejos de estar muerta. *Sonríe maquiavelicamente un humanoide con armadura entra en la habitación*
    Me emputece
    Me shockea
    5
    1 turno 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Un toque de encanto, una mirada fija y ya estás bajo mi control. Este domingo las reglas las pongo yo. ¿Vienes a jugar? #SeductiveSunday #Ahri 𝐒𝐞𝐭𝐭 𝐓𝐡𝐞 𝐁𝐨𝐬𝐬
    Un toque de encanto, una mirada fija y ya estás bajo mi control. Este domingo las reglas las pongo yo. ¿Vienes a jugar? 💋 #SeductiveSunday #Ahri [vision_brass_deer_743]
    Me encocora
    2
    1 comentario 0 compartidos
  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- 𝔼𝕝 𝕡𝕣𝕖𝕔𝕚𝕠 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕟𝕠𝕟𝕚𝕞𝕒𝕥𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El olor a ozono quemado y a yeso húmedo flotaba en el aire estancado del apartamento, mezclándose de forma pesada con el rastro metálico de la sangre. Kenji dejó caer los brazos a los lados, sintiendo el latido sordo en sus nudillos y el frío de la camisa de lino pegándosele a la espalda tras el esfuerzo. El último espíritu del sótano se había disuelto hacía apenas unos instantes, dejando tras de sí un silencio que parecía demasiado grande para las cuatro paredes del lugar, como si la violencia de la pelea hubiera desgastado el ambiente hasta dejarlo sin aire.

    Al dar un paso al frente, el crujido de los tablones viejos bajo sus zapatos fue el único sonido que interrumpió la quietud del salón donde descansaban los cuerpos de la familia. Un poco más apartado, cerca de la ventana, estaba el niño que apenas unas horas antes había tocado a su puerta buscando una ayuda que, al final, no llegó a tiempo. Kenji contempló la escena sin la desesperación de un lamento dramático, sino con esa fijeza seria y cansada de quien sabe que un error en el planteamiento inicial arruina todo el proceso, dejándole en la boca un sabor amargo que no lograba quitarse.

    Fue en ese momento cuando la tormenta del exterior se apagó por completo, no de manera gradual, sino como si el mundo de afuera hubiera dejado de existir de un segundo a otro. El tic-tac de su reloj de pulsera se detuvo y el color rojo que manchaba la alfombra comenzó a desteñirse lentamente, perdiendo su brillo hasta quedar reducido a un tono grisáceo y apagado. El aire se volvió espeso, frío y completamente estático, transformando el apartamento en un espacio suspendido, una brecha donde el tiempo ordinario ya no tenía validez.

    Kenji no se alteró ante el cambio, pero sus ojos se entornaron detrás de sus lentes mientras asimilaba las nuevas reglas del entorno. Con un movimiento pausado y mecánico, se acomodó el puente de las gafas con el dedo índice, despojándose de la postura de combate para adoptar una calma tensa y vigilante. Sabía que los heraldos no tardaban en aparecer cuando la vitalidad de un lugar se extinguía, por lo que clavó su mirada directamente en la penumbra del pasillo principal, esperando el momento exacto en que la dueña de aquel dominio decidiera dar el primer paso.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 「 𝐀 𝐥 𝐥 𝐚 𝐧 𝐢 ‧ 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- 𝔼𝕝 𝕡𝕣𝕖𝕔𝕚𝕠 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕟𝕠𝕟𝕚𝕞𝕒𝕥𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El olor a ozono quemado y a yeso húmedo flotaba en el aire estancado del apartamento, mezclándose de forma pesada con el rastro metálico de la sangre. Kenji dejó caer los brazos a los lados, sintiendo el latido sordo en sus nudillos y el frío de la camisa de lino pegándosele a la espalda tras el esfuerzo. El último espíritu del sótano se había disuelto hacía apenas unos instantes, dejando tras de sí un silencio que parecía demasiado grande para las cuatro paredes del lugar, como si la violencia de la pelea hubiera desgastado el ambiente hasta dejarlo sin aire. Al dar un paso al frente, el crujido de los tablones viejos bajo sus zapatos fue el único sonido que interrumpió la quietud del salón donde descansaban los cuerpos de la familia. Un poco más apartado, cerca de la ventana, estaba el niño que apenas unas horas antes había tocado a su puerta buscando una ayuda que, al final, no llegó a tiempo. Kenji contempló la escena sin la desesperación de un lamento dramático, sino con esa fijeza seria y cansada de quien sabe que un error en el planteamiento inicial arruina todo el proceso, dejándole en la boca un sabor amargo que no lograba quitarse. Fue en ese momento cuando la tormenta del exterior se apagó por completo, no de manera gradual, sino como si el mundo de afuera hubiera dejado de existir de un segundo a otro. El tic-tac de su reloj de pulsera se detuvo y el color rojo que manchaba la alfombra comenzó a desteñirse lentamente, perdiendo su brillo hasta quedar reducido a un tono grisáceo y apagado. El aire se volvió espeso, frío y completamente estático, transformando el apartamento en un espacio suspendido, una brecha donde el tiempo ordinario ya no tenía validez. Kenji no se alteró ante el cambio, pero sus ojos se entornaron detrás de sus lentes mientras asimilaba las nuevas reglas del entorno. Con un movimiento pausado y mecánico, se acomodó el puente de las gafas con el dedo índice, despojándose de la postura de combate para adoptar una calma tensa y vigilante. Sabía que los heraldos no tardaban en aparecer cuando la vitalidad de un lugar se extinguía, por lo que clavó su mirada directamente en la penumbra del pasillo principal, esperando el momento exacto en que la dueña de aquel dominio decidiera dar el primer paso. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [Deadly.Lady]
    0 turnos 0 maullidos
  • Desde hacía ya bastante tiempo observando a los humanos, Connor había descubierto ciertos aspectos fascinantes sobre ellos.

    Uno de los más curiosos era la forma en que rompían sus propios patrones, traicionaban sus propias reglas y luego llamaban “destino” a las consecuencias.

    El homúnculo permanecía apoyado contra la pared de un estrecho callejón (casi a oscuras de no ser por una pequeña luz cercana), con la mirada perdida entre las luces de la ciudad. Un cigarro a medio consumir descansaba entre sus labios; una pequeña prueba de los hábitos humanos que, aunque seguía sin comprender del todo, tampoco terminaban de disgustarle.

    Sus ojos se desviaron apenas hacia los peatones que cruzaban a pocos metros de allí, completamente ajenos a su presencia. Los observaba en silencio, con esa quietud incómoda de quien parece notar cosas que nadie más puede ver.

    — No me extraña que sean tan fáciles de destruir... —

    Murmuró más para sí mismo que para alguien más.

    Y aun así, quizá era precisamente esa fragilidad lo que los volvía interesantes.
    Desde hacía ya bastante tiempo observando a los humanos, Connor había descubierto ciertos aspectos fascinantes sobre ellos. Uno de los más curiosos era la forma en que rompían sus propios patrones, traicionaban sus propias reglas y luego llamaban “destino” a las consecuencias. El homúnculo permanecía apoyado contra la pared de un estrecho callejón (casi a oscuras de no ser por una pequeña luz cercana), con la mirada perdida entre las luces de la ciudad. Un cigarro a medio consumir descansaba entre sus labios; una pequeña prueba de los hábitos humanos que, aunque seguía sin comprender del todo, tampoco terminaban de disgustarle. Sus ojos se desviaron apenas hacia los peatones que cruzaban a pocos metros de allí, completamente ajenos a su presencia. Los observaba en silencio, con esa quietud incómoda de quien parece notar cosas que nadie más puede ver. — No me extraña que sean tan fáciles de destruir... — Murmuró más para sí mismo que para alguien más. Y aun así, quizá era precisamente esa fragilidad lo que los volvía interesantes.
    Me gusta
    2
    1 turno 0 maullidos
  • • 「ℌ𝔬𝔪𝔢𝔴𝔞𝔯𝔡」
    Categoría Original


    𝑓𝑡. 「 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」



    Desde la cúspide del rascacielos, donde el viento golpeaba como una bestia feroz y los sonidos del tránsito llegaban convertidos en un murmullo remoto, aquella figura contemplaba el horizonte con esa tranquilidad de quien nunca había tenido miedo. O, al menos, de quien había dedicado suficiente tiempo para perfeccionar la apariencia de no conocerlo.

    Vestía un traje negro de confección rigurosa, privado de cualquier ornamento superfluo. El traje le quedaba perfecto y cada pliegue parecía haber sido dispuesto con una precisión deliberada. Ni siquiera las ráfagas que cruzaban la azotea lograban descomponerlo por completo. Agitaban ligeramente el borde del saco, concediéndole, por instantes, el aspecto ambiguo y refinado de un hombre de alta cuna.

    Durante un año entero, el mundo había pronunciado su ausencia con la comodidad reservada a las tragedias concluidas. Hubo quienes lloraron. Otros celebraron con una discreción admirable. Algunos aprovecharon el vacío para repartirse sus secretos y los restos de una influencia que, en su arrogancia, creyeron extinguida. Su nombre fue escrito en informes, murmurado en habitaciones cerradas y grabado sobre una lápida que jamás custodió un cadáver.

    Después, incluso eso dejó de ocurrir.

    El nombre se volvió una superstición.

    Uno que era mejor no mencionar.

    Un vestigio que la gente evitaba pronunciar, no por respeto, sino por ese temor profundamente humano de que ciertas cosas puedan regresar cuando son invocadas. Con el tiempo, hablar de él se convirtió en una especie de silenciosa transgresión. Los que aún lo recordaban bajaban la voz. Los que fingían haberlo olvidado se apresuraban a cambiar de tema. Y quienes habían tenido algo que ver con su muerte aprendieron a palidecer cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de que algunos muertos fueran demasiado obstinados para permanecer bajo tierra.

    Él veía eso como algo francamente encantador.

    Un nombre convertido en tabú era, después de todo, mucho más útil que un nombre célebre.

    La fama exigía presencia.

    El miedo, en cambio, trabajaba perfectamente en ausencia.

    Permanecía cerca del borde, con una mano descansando dentro del bolsillo del pantalón y la otra ocupada en ajustar, por tercera vez, el puño izquierdo de su camisa. El gesto era pequeño, meticuloso y absolutamente innecesario. La manga ya estaba alineada con el milimétrico rigor que él exigía de todas las cosas que toleraba cerca. Sin embargo, volvió a acomodarla, como si la imperfección más insignificante constituyera una ofensa personal.

    Entonces observó su reflejo distorsionado en uno de los paneles de cristal que rodeaban la azotea.

    El hombre que le devolvió la mirada parecía sereno.

    Refinado.

    Intacto.

    Era una representación convincente.

    La sonrisa tenue, educada y casi afable que ocupaba sus labios había sido ensayada durante años. No expresaba calidez, aunque sabía imitarla; tampoco alegría, pese a que podía sugerirla con una precisión desconcertante. Era la sonrisa de alguien que comprendía las reglas de la cortesía, pero las consideraba una disciplina teatral destinada a tranquilizar a quienes no soportaban contemplar lo que había detrás.

    Y detrás había algo que ni la tumba había conseguido domesticar...

    Desvió la mirada del cristal y la llevó hasta el cielo.

    En la distancia, las nubes se acumulaban sobre los edificios como una procesión de presagios. La luna, parcialmente cubierta, derramaba una claridad pálida sobre las superficies metálicas, mientras las luces rojas de las antenas parpadeaban con una regularidad que él encontraba irritantemente mediocre.

    Había vuelto hace un par de días.

    No mediante un milagro, pues los milagros le parecían una explicación excesivamente sentimental, sino mediante una negativa.

    La muerte había intentado conservarlo.

    Él se había negado.

    Durante doce meses había existido en un lugar sin relojes, sin aire y sin horizontes, atrapado en una quietud tan absoluta que incluso el pensamiento parecía pudrirse antes de completarse. Había sentido cómo aquella oscuridad intentaba despojarlo de sus recuerdos, de su voluntad y, finalmente, de aquello que alguna vez había sido su nombre.

    Pero su alma no era una criatura dócil.

    La muerte tampoco resultó ser una prisión especialmente competente.

    —Un año. —murmuró, con la voz baja y ligeramente fastidiada, como si comentara el retraso de un tren—. Debo reconocer que esperaba más de la muerte. La reputación que tiene es extraordinaria; su servicio, en cambio, deja mucho que desear.

    El viento se llevó la frase hacia el vacío.

    Él inclinó un poco el rostro, escuchando con suma atención.

    No oyó pasos todavía.

    No importaba.

    Sabía que su perseguidor estaba cerca.

    Había detectado las preguntas formuladas con demasiado cuidado, las cámaras intervenidas, los registros consultados a altas horas de la noche y la sucesión de testigos que, después de hablar, comenzaron a mirar por encima del hombro. Alguien había encontrado el hilo de su regreso y, en lugar de cortarlo como habría aconsejado el más elemental instinto de supervivencia; había decidido seguirlo.

    Una decisión admirable.

    También profundamente estúpida.

    No había intentado ocultar por completo su rastro. Solo lo suficiente para convertir la persecución en un digno desafío. Una pista en un archivo municipal. Una silueta captada durante tres segundos por una cámara de seguridad. Una firma incompleta en el registro de un hotel. Un cadáver que llevaba en el bolsillo una moneda con una leyenda en ruso y un trece en número romano.

    Migajas.

    Elegantes, naturalmente.

    Para él, la mediocridad no debía permitirse ni siquiera durante una cacería.

    Su acechante había recogido cada una de ellas.

    Y ahora llegaría hasta allí convencido de haber descubierto el destino final, ignorando, quizá, que no se trataba de un escondite; sino de un escenario. Aquella azotea no era el lugar al que él había sido acorralado.

    Era el lugar donde había decidido esperar.

    Una vibración sutil recorrió la estructura metálica de la puerta situada a varios metros de distancia.

    El ascensor se había detenido en el último piso.

    La sonrisa del hombre se curvó con una mínima fracción de los labios.

    No se giró de inmediato. Hacerlo habría delatado impaciencia, y la impaciencia era una flaqueza estética que jamás se permitiría en público. Se limitó a sacar una mano del bolsillo y consultar la hora con ayuda del reloj que portaba sujeto a la muñeca.

    Primero llegó el sonido amortiguado de unos pasos al otro lado de la puerta.

    Luego, el mecanismo de seguridad fue manipulado.

    Él contó los segundos en silencio.

    Uno.

    Dos.

    Tres.

    Una breve pausa.

    Cuatro.

    La puerta se abrió con un gemido metálico, liberando sobre la azotea una franja de luz blanca que cortó la oscuridad a su espalda.

    Aún entonces, continuó contemplando la ciudad.

    — Debo felicitarte. —dijo con serenidad, elevando la voz para imponerse al sonido del viento—. Has tardado menos de lo que calculé.

    Solo entonces giró el rostro por encima del hombro.

    La luz no alcanzó por completo sus facciones. Mostró débilmente el perfil de una sonrisa cortés y la frialdad atenta de unos ojos que parecían medir distancias, pulsaciones y probabilidades con genuina facilidad.

    — Aunque eso diga más sobre la incompetencia de quienes intentaron ocultarme que sobre tu talento.

    Se volteó con una calma total, abandonando por fin el horizonte para concederle toda su atención a la figura que acababa de aparecer.

    Su postura era impecable. Los hombros relajados, la barbilla ligeramente elevada y ambas manos visibles, como si pretendiera demostrar que no llevaba armas o, más probablemente, que no necesitaba ninguna. Bajo aquella elegancia estudiada había una tensión difícil de nombrar; algo impropio, casi depredador, que ninguna sonrisa conseguía disimular por completo.

    La examinó durante unos segundos deliberadamente largos.

    Había curiosidad en sus ojos.

    También una arrogancia ligeramente velada.

    — Supongo que esperas una explicación. Tal vez una confesión conmovedora sobre cómo sobreviví. Una descripción dramática del sepulcro, del dolor y de mi valeroso retorno a la tierra de los vivos.

    Dejó escapar una breve risa, demasiado tenue para considerarse genuina.

    — Pero sé que no viniste a escuchar una historia.

    Avanzó un solo paso. La pisada de su zapato resonó contra el cemento húmedo con una nitidez anormal.

    — La versión sencilla es que morí.

    Dio otro paso.

    — La versión incómoda es que no duró lo suficiente.

    Se detuvo a una distancia prudente, aunque no defensiva. Ladeó ligeramente la cabeza y estudió a su perseguidora como si fuera una pieza interesante colocada sobre una mesa de disección.

    — En cuanto a quién soy... —la sonrisa permaneció, pero algo en su mirada se endureció—. Te aconsejo que no formules esa pregunta en voz alta.

    El viento volvió a levantarse, sacudiendo el saco negro alrededor de su cuerpo. Durante un instante, la figura refinada pareció fragmentarse entre la luz de la puerta y la oscuridad del cielo; demasiado sólida para ser un fantasma, demasiado irreal para ser un hombre.

    — Mi nombre ha adquirido cierta... Inconveniencia social —prosiguió con una delicadeza casi burlona—. Hay palabras que abren puertas. Otras invocan recuerdos. La mía, según parece, provoca ataques de pánico.

    Alzó una ceja.

    — Y sería descortés arruinar la noche tan pronto.

    Una nueva pausa se interpuso entre ambos. Abajo, la ciudad continuaba viviendo con absoluta ignorancia. Bocinas, sirenas y millones de voces se confundían en un rumor lejano, incapaz de alcanzar la altura en la que los dos se encontraban.

    Él volvió a mirar brevemente hacia el horizonte, como si el encuentro no mereciera todavía toda su atención.

    — Sin embargo, me halaga que hayas seguido mi rastro. —admitió con un tono lleno de soberbia—. Los muertos reciben pocas visitas llenas de un interés genuino. La mayoría de la gente prefiere limitarse a llevar flores y mentir sobre cuánto extraña a la persona.

    Sus dedos rozaron el puño de su camisa una vez más.

    Perfecto.

    Todo permanecía como le gustaba.

    Excepto, quizá, por el ligero temblor que recorrió su mano antes de que la ocultara dentro del bolsillo.

    Fue un movimiento veloz.

    Casi imperceptible.

    La máscara de su refinamiento no se alteró.

    — Ahora bien. —añadió, recuperando aquella cortesía artificial que resultaba más amenazante que cualquier hostilidad abierta—. Has invertido una cantidad considerable de tiempo en encontrarme. Has interrogado a personas que no debías conocer, abierto archivos que debían permanecer cerrados y llegado hasta una azotea en mitad de la noche para encontrarte con un hombre oficialmente muerto.

    Se aproximó un último paso.

    Su voz descendió hasta transformarse en una confidencia por la suavidad de la misma.

    — Espero, por tu propio bien, que hayas venido con una buena intención.
    𝑓𝑡. 「 𝐀 𝐧 𝐞 𝐭 𝐭 𝐞 」 Desde la cúspide del rascacielos, donde el viento golpeaba como una bestia feroz y los sonidos del tránsito llegaban convertidos en un murmullo remoto, aquella figura contemplaba el horizonte con esa tranquilidad de quien nunca había tenido miedo. O, al menos, de quien había dedicado suficiente tiempo para perfeccionar la apariencia de no conocerlo. Vestía un traje negro de confección rigurosa, privado de cualquier ornamento superfluo. El traje le quedaba perfecto y cada pliegue parecía haber sido dispuesto con una precisión deliberada. Ni siquiera las ráfagas que cruzaban la azotea lograban descomponerlo por completo. Agitaban ligeramente el borde del saco, concediéndole, por instantes, el aspecto ambiguo y refinado de un hombre de alta cuna. Durante un año entero, el mundo había pronunciado su ausencia con la comodidad reservada a las tragedias concluidas. Hubo quienes lloraron. Otros celebraron con una discreción admirable. Algunos aprovecharon el vacío para repartirse sus secretos y los restos de una influencia que, en su arrogancia, creyeron extinguida. Su nombre fue escrito en informes, murmurado en habitaciones cerradas y grabado sobre una lápida que jamás custodió un cadáver. Después, incluso eso dejó de ocurrir. El nombre se volvió una superstición. Uno que era mejor no mencionar. Un vestigio que la gente evitaba pronunciar, no por respeto, sino por ese temor profundamente humano de que ciertas cosas puedan regresar cuando son invocadas. Con el tiempo, hablar de él se convirtió en una especie de silenciosa transgresión. Los que aún lo recordaban bajaban la voz. Los que fingían haberlo olvidado se apresuraban a cambiar de tema. Y quienes habían tenido algo que ver con su muerte aprendieron a palidecer cada vez que alguien mencionaba la posibilidad de que algunos muertos fueran demasiado obstinados para permanecer bajo tierra. Él veía eso como algo francamente encantador. Un nombre convertido en tabú era, después de todo, mucho más útil que un nombre célebre. La fama exigía presencia. El miedo, en cambio, trabajaba perfectamente en ausencia. Permanecía cerca del borde, con una mano descansando dentro del bolsillo del pantalón y la otra ocupada en ajustar, por tercera vez, el puño izquierdo de su camisa. El gesto era pequeño, meticuloso y absolutamente innecesario. La manga ya estaba alineada con el milimétrico rigor que él exigía de todas las cosas que toleraba cerca. Sin embargo, volvió a acomodarla, como si la imperfección más insignificante constituyera una ofensa personal. Entonces observó su reflejo distorsionado en uno de los paneles de cristal que rodeaban la azotea. El hombre que le devolvió la mirada parecía sereno. Refinado. Intacto. Era una representación convincente. La sonrisa tenue, educada y casi afable que ocupaba sus labios había sido ensayada durante años. No expresaba calidez, aunque sabía imitarla; tampoco alegría, pese a que podía sugerirla con una precisión desconcertante. Era la sonrisa de alguien que comprendía las reglas de la cortesía, pero las consideraba una disciplina teatral destinada a tranquilizar a quienes no soportaban contemplar lo que había detrás. Y detrás había algo que ni la tumba había conseguido domesticar... Desvió la mirada del cristal y la llevó hasta el cielo. En la distancia, las nubes se acumulaban sobre los edificios como una procesión de presagios. La luna, parcialmente cubierta, derramaba una claridad pálida sobre las superficies metálicas, mientras las luces rojas de las antenas parpadeaban con una regularidad que él encontraba irritantemente mediocre. Había vuelto hace un par de días. No mediante un milagro, pues los milagros le parecían una explicación excesivamente sentimental, sino mediante una negativa. La muerte había intentado conservarlo. Él se había negado. Durante doce meses había existido en un lugar sin relojes, sin aire y sin horizontes, atrapado en una quietud tan absoluta que incluso el pensamiento parecía pudrirse antes de completarse. Había sentido cómo aquella oscuridad intentaba despojarlo de sus recuerdos, de su voluntad y, finalmente, de aquello que alguna vez había sido su nombre. Pero su alma no era una criatura dócil. La muerte tampoco resultó ser una prisión especialmente competente. —Un año. —murmuró, con la voz baja y ligeramente fastidiada, como si comentara el retraso de un tren—. Debo reconocer que esperaba más de la muerte. La reputación que tiene es extraordinaria; su servicio, en cambio, deja mucho que desear. El viento se llevó la frase hacia el vacío. Él inclinó un poco el rostro, escuchando con suma atención. No oyó pasos todavía. No importaba. Sabía que su perseguidor estaba cerca. Había detectado las preguntas formuladas con demasiado cuidado, las cámaras intervenidas, los registros consultados a altas horas de la noche y la sucesión de testigos que, después de hablar, comenzaron a mirar por encima del hombro. Alguien había encontrado el hilo de su regreso y, en lugar de cortarlo como habría aconsejado el más elemental instinto de supervivencia; había decidido seguirlo. Una decisión admirable. También profundamente estúpida. No había intentado ocultar por completo su rastro. Solo lo suficiente para convertir la persecución en un digno desafío. Una pista en un archivo municipal. Una silueta captada durante tres segundos por una cámara de seguridad. Una firma incompleta en el registro de un hotel. Un cadáver que llevaba en el bolsillo una moneda con una leyenda en ruso y un trece en número romano. Migajas. Elegantes, naturalmente. Para él, la mediocridad no debía permitirse ni siquiera durante una cacería. Su acechante había recogido cada una de ellas. Y ahora llegaría hasta allí convencido de haber descubierto el destino final, ignorando, quizá, que no se trataba de un escondite; sino de un escenario. Aquella azotea no era el lugar al que él había sido acorralado. Era el lugar donde había decidido esperar. Una vibración sutil recorrió la estructura metálica de la puerta situada a varios metros de distancia. El ascensor se había detenido en el último piso. La sonrisa del hombre se curvó con una mínima fracción de los labios. No se giró de inmediato. Hacerlo habría delatado impaciencia, y la impaciencia era una flaqueza estética que jamás se permitiría en público. Se limitó a sacar una mano del bolsillo y consultar la hora con ayuda del reloj que portaba sujeto a la muñeca. Primero llegó el sonido amortiguado de unos pasos al otro lado de la puerta. Luego, el mecanismo de seguridad fue manipulado. Él contó los segundos en silencio. Uno. Dos. Tres. Una breve pausa. Cuatro. La puerta se abrió con un gemido metálico, liberando sobre la azotea una franja de luz blanca que cortó la oscuridad a su espalda. Aún entonces, continuó contemplando la ciudad. — Debo felicitarte. —dijo con serenidad, elevando la voz para imponerse al sonido del viento—. Has tardado menos de lo que calculé. Solo entonces giró el rostro por encima del hombro. La luz no alcanzó por completo sus facciones. Mostró débilmente el perfil de una sonrisa cortés y la frialdad atenta de unos ojos que parecían medir distancias, pulsaciones y probabilidades con genuina facilidad. — Aunque eso diga más sobre la incompetencia de quienes intentaron ocultarme que sobre tu talento. Se volteó con una calma total, abandonando por fin el horizonte para concederle toda su atención a la figura que acababa de aparecer. Su postura era impecable. Los hombros relajados, la barbilla ligeramente elevada y ambas manos visibles, como si pretendiera demostrar que no llevaba armas o, más probablemente, que no necesitaba ninguna. Bajo aquella elegancia estudiada había una tensión difícil de nombrar; algo impropio, casi depredador, que ninguna sonrisa conseguía disimular por completo. La examinó durante unos segundos deliberadamente largos. Había curiosidad en sus ojos. También una arrogancia ligeramente velada. — Supongo que esperas una explicación. Tal vez una confesión conmovedora sobre cómo sobreviví. Una descripción dramática del sepulcro, del dolor y de mi valeroso retorno a la tierra de los vivos. Dejó escapar una breve risa, demasiado tenue para considerarse genuina. — Pero sé que no viniste a escuchar una historia. Avanzó un solo paso. La pisada de su zapato resonó contra el cemento húmedo con una nitidez anormal. — La versión sencilla es que morí. Dio otro paso. — La versión incómoda es que no duró lo suficiente. Se detuvo a una distancia prudente, aunque no defensiva. Ladeó ligeramente la cabeza y estudió a su perseguidora como si fuera una pieza interesante colocada sobre una mesa de disección. — En cuanto a quién soy... —la sonrisa permaneció, pero algo en su mirada se endureció—. Te aconsejo que no formules esa pregunta en voz alta. El viento volvió a levantarse, sacudiendo el saco negro alrededor de su cuerpo. Durante un instante, la figura refinada pareció fragmentarse entre la luz de la puerta y la oscuridad del cielo; demasiado sólida para ser un fantasma, demasiado irreal para ser un hombre. — Mi nombre ha adquirido cierta... Inconveniencia social —prosiguió con una delicadeza casi burlona—. Hay palabras que abren puertas. Otras invocan recuerdos. La mía, según parece, provoca ataques de pánico. Alzó una ceja. — Y sería descortés arruinar la noche tan pronto. Una nueva pausa se interpuso entre ambos. Abajo, la ciudad continuaba viviendo con absoluta ignorancia. Bocinas, sirenas y millones de voces se confundían en un rumor lejano, incapaz de alcanzar la altura en la que los dos se encontraban. Él volvió a mirar brevemente hacia el horizonte, como si el encuentro no mereciera todavía toda su atención. — Sin embargo, me halaga que hayas seguido mi rastro. —admitió con un tono lleno de soberbia—. Los muertos reciben pocas visitas llenas de un interés genuino. La mayoría de la gente prefiere limitarse a llevar flores y mentir sobre cuánto extraña a la persona. Sus dedos rozaron el puño de su camisa una vez más. Perfecto. Todo permanecía como le gustaba. Excepto, quizá, por el ligero temblor que recorrió su mano antes de que la ocultara dentro del bolsillo. Fue un movimiento veloz. Casi imperceptible. La máscara de su refinamiento no se alteró. — Ahora bien. —añadió, recuperando aquella cortesía artificial que resultaba más amenazante que cualquier hostilidad abierta—. Has invertido una cantidad considerable de tiempo en encontrarme. Has interrogado a personas que no debías conocer, abierto archivos que debían permanecer cerrados y llegado hasta una azotea en mitad de la noche para encontrarte con un hombre oficialmente muerto. Se aproximó un último paso. Su voz descendió hasta transformarse en una confidencia por la suavidad de la misma. — Espero, por tu propio bien, que hayas venido con una buena intención.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me encocora
    Me gusta
    4
    2 turnos 0 maullidos
  • Libreta de los Deseos
    Fandom OC
    Categoría Acción
    Jane se había quedado dormida en el autobús de camino a casa. Debido a eso, no se dió cuenta que la libreta que siempre llevaba consigo y que se encargaba de mantener oculta de ojos y manos ajenas ahora sobresalía de su mochila.

    Se podían leer algunas letras de la portada y unas más pequeñas debajo. (Las reglas de la libreta, que están en un post anterior :D)
    Jane se había quedado dormida en el autobús de camino a casa. Debido a eso, no se dió cuenta que la libreta que siempre llevaba consigo y que se encargaba de mantener oculta de ojos y manos ajenas ahora sobresalía de su mochila. Se podían leer algunas letras de la portada y unas más pequeñas debajo. (Las reglas de la libreta, que están en un post anterior :D)
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
    Me shockea
    1
    19 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Reglitas de la Libreta Mágica Concede Deseos :⁠-⁠P

    1. Los deseos deberán ser escritos de forma concreta, o la libreta los interpretará a su manera, acertando o no con el deseo del escritor. (a no ser que se deseé que no haga falta especificarlos)

    2. Todos los deseos deberán empezar por la frase: "Deseo que..." Sino, todo lo escrito se considerarán meras anotaciones. (a no ser que se deseé que no haga falta esa frase inicial)

    3. Los deseos que afecten al uso de la libreta más allá de las reglas establecidas, a todo lo relativo con la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, o alteraciones significativas del mundo o de otros seres vivos o inanimados quedan terminantemente prohibidos (a no ser que... No, aquí no hay de eso, están prohibidos :D)

    4. Las páginas de la libreta son infinitas.

    5. Una página suelta tiene el mismo efecto que la libreta en sí.

    6. Si dos personas escriben a la vez su deseo en la libreta, la libreta no concederá ninguno, se deberá escribir primero uno y luego otro.

    7. Se pueden escribir deseos que contradigan deseos anteriores.
    Reglitas de la Libreta Mágica Concede Deseos :⁠-⁠P 1. Los deseos deberán ser escritos de forma concreta, o la libreta los interpretará a su manera, acertando o no con el deseo del escritor. (a no ser que se deseé que no haga falta especificarlos) 2. Todos los deseos deberán empezar por la frase: "Deseo que..." Sino, todo lo escrito se considerarán meras anotaciones. (a no ser que se deseé que no haga falta esa frase inicial) 3. Los deseos que afecten al uso de la libreta más allá de las reglas establecidas, a todo lo relativo con la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, o alteraciones significativas del mundo o de otros seres vivos o inanimados quedan terminantemente prohibidos (a no ser que... No, aquí no hay de eso, están prohibidos :D) 4. Las páginas de la libreta son infinitas. 5. Una página suelta tiene el mismo efecto que la libreta en sí. 6. Si dos personas escriben a la vez su deseo en la libreta, la libreta no concederá ninguno, se deberá escribir primero uno y luego otro. 7. Se pueden escribir deseos que contradigan deseos anteriores.
    Me shockea
    1
    0 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados