• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Te quiero, a ti que estás leyendo esto,
    porque existes en mi mundo, porque formas mi universo.
    Porque en cada instante, en lo simple y lo incierto,
    eres parte de mi historia… y eso es lo más inmenso.

    La vida a veces golpea sin aviso ni razón,
    nos detiene en seco, nos enfrenta al corazón.
    Y entendemos de repente, con un nudo en la voz,
    que amar nunca es suficiente… si no lo dices hoy.

    Tenemos tanto guardado, tanto por demostrar,
    abrazos que se quedaron esperando su lugar.
    Palabras que no salieron, silencios que pesan más,
    momentos que por miedo… dejamos escapar.

    Y duele ese instante en que el tiempo no da,
    cuando todo lo pendiente empieza a gritar.
    Cuando el alma susurra lo que no supo decir:
    “no esperes a mañana… empieza a sentir”.

    Te quiero, sin medida, sin miedo y sin final,
    con la urgencia de lo frágil, con lo que es de verdad.
    Porque hoy estás aquí, porque puedo nombrarte,
    porque aún tengo el regalo… de poder amarte.
    Te quiero, a ti que estás leyendo esto, porque existes en mi mundo, porque formas mi universo. Porque en cada instante, en lo simple y lo incierto, eres parte de mi historia… y eso es lo más inmenso. La vida a veces golpea sin aviso ni razón, nos detiene en seco, nos enfrenta al corazón. Y entendemos de repente, con un nudo en la voz, que amar nunca es suficiente… si no lo dices hoy. Tenemos tanto guardado, tanto por demostrar, abrazos que se quedaron esperando su lugar. Palabras que no salieron, silencios que pesan más, momentos que por miedo… dejamos escapar. Y duele ese instante en que el tiempo no da, cuando todo lo pendiente empieza a gritar. Cuando el alma susurra lo que no supo decir: “no esperes a mañana… empieza a sentir”. Te quiero, sin medida, sin miedo y sin final, con la urgencia de lo frágil, con lo que es de verdad. Porque hoy estás aquí, porque puedo nombrarte, porque aún tengo el regalo… de poder amarte.
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  • —El enoquiano es un lenguaje muy antiguo, pero no es tan complicado de aprender... —su voz sonó baja, casi como un murmullo reverencial, mientras deslizaba el tomo unos centímetros en su dirección—. Sus raíces son mucho más directas que las de cualquier idioma terrenal. Si quieres traducir ese texto por ti mismo, deberías hacer el esfuerzo. Descubrirás que sus palabras tienen... cierto peso. ¿Quieres que te enseñe?
    —El enoquiano es un lenguaje muy antiguo, pero no es tan complicado de aprender... —su voz sonó baja, casi como un murmullo reverencial, mientras deslizaba el tomo unos centímetros en su dirección—. Sus raíces son mucho más directas que las de cualquier idioma terrenal. Si quieres traducir ese texto por ti mismo, deberías hacer el esfuerzo. Descubrirás que sus palabras tienen... cierto peso. ¿Quieres que te enseñe?
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  • ─────  STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ                    ♡ Elijah Vítkov

    El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar.
    Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua.

    ❛...❜

    Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar.
    Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió.
    Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir.

    Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle.
    ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada.
    La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números.

    Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos.
    ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜.

    Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota.
    El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜.

    Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo.

    El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria.
    ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜

    Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜

    La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜.

    Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
    ─────  STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ                    ♡ [fusion_bronze_monkey_923] El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar. Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua. ❛...❜ Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar. Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió. Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle. ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada. La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números. Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos. ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜. Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota. El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜. Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo. El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria. ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜ Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜ La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜. Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
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  • ✧ ¡Buen día, pequeños y adorables mortales! ✧

    Hoy es su día de suerte porque la hermosa y talentosa Luna, es decir yo, ha sido asignada para ser la cobradora kármica de su ciclo de reencarnación. ¡Yaaaaay! ¿No se sienten hiper-mega-chuchirrupi-afortunados por esta increíble noticia?

    ¿...Qué? ¿No saben lo que hace una cobradora kármica?

    ¡Nada de qué preocuparse! Por suerte están en mis manos, que cualquier otro cobrador ya los habría regañado por ser tan despistados, pero de Luna sólo obtendrán buenas vibras.

    Pongan mucha atención, lindos mortalitos: Cada vez que ustedes realizan una acción, desde la más trascendental hasta la más pequeñita e insignificante, su deuda kármica es afectada. Cuando hacen cosas que su ciclo considera favorables, su deuda disminuye. Y si son mortalitos traviesos y hacen cosas malas, su deuda aumenta.

    Y si ustedes dejan su vida mortal y su avatar físico expira (en otras palabras, si se mueren) teniendo un saldo pendiente con el karma, entonces ¡no escapan de este ciclo! Su alma se limpia un poquito, se tallan las imperfecciones, se borran sus recuerdos y ustedes renacen, una vida nueva para que puedan tener otra oportunidad de pagar.

    Y sí, ya sé lo que están pensando ahora: "Oh, pero hermosa, perfecta y sexy cobradora kármica Luna, ¡eso suena muy injusto! ¿Tengo que pagar por las deudas de mis vidas pasadas, aunque yo ni siquiera recuerdo nada de ellas?"

    Es injusto, pequeñitos y dulces mortalitos, pero me temo que es así como funciona esto. ¡Aaahh, pero ahí es donde entro yo! Normalmente, pagar una deuda kármica en una sola vida sería algo muuuuy difícil, por no llamarle imposible. ¡Pero con mi ayuda, si siguen al pie de la letra lo que les diga, es posible que les alcance esta vida para saldar casi toda su deuda! O incluso, si son especialmente buenos y obedientes mortalitos, saldarla por completo. ¿Ven qué afortunados son de tenerme aquí?

    Así que tú, SÍ TÚ EL QUE ME ESTÁ ESCUCHANDO, acércate y pregunta por tu deuda actual y qué cosas puedes hacer para saldarla. ¡Luna está aquí para ti!
    ✧ ¡Buen día, pequeños y adorables mortales! ✧ Hoy es su día de suerte porque la hermosa y talentosa Luna, es decir yo, ha sido asignada para ser la cobradora kármica de su ciclo de reencarnación. ¡Yaaaaay! ¿No se sienten hiper-mega-chuchirrupi-afortunados por esta increíble noticia? ¿...Qué? ¿No saben lo que hace una cobradora kármica? ¡Nada de qué preocuparse! Por suerte están en mis manos, que cualquier otro cobrador ya los habría regañado por ser tan despistados, pero de Luna sólo obtendrán buenas vibras. Pongan mucha atención, lindos mortalitos: Cada vez que ustedes realizan una acción, desde la más trascendental hasta la más pequeñita e insignificante, su deuda kármica es afectada. Cuando hacen cosas que su ciclo considera favorables, su deuda disminuye. Y si son mortalitos traviesos y hacen cosas malas, su deuda aumenta. Y si ustedes dejan su vida mortal y su avatar físico expira (en otras palabras, si se mueren) teniendo un saldo pendiente con el karma, entonces ¡no escapan de este ciclo! Su alma se limpia un poquito, se tallan las imperfecciones, se borran sus recuerdos y ustedes renacen, una vida nueva para que puedan tener otra oportunidad de pagar. Y sí, ya sé lo que están pensando ahora: "Oh, pero hermosa, perfecta y sexy cobradora kármica Luna, ¡eso suena muy injusto! ¿Tengo que pagar por las deudas de mis vidas pasadas, aunque yo ni siquiera recuerdo nada de ellas?" Es injusto, pequeñitos y dulces mortalitos, pero me temo que es así como funciona esto. ¡Aaahh, pero ahí es donde entro yo! Normalmente, pagar una deuda kármica en una sola vida sería algo muuuuy difícil, por no llamarle imposible. ¡Pero con mi ayuda, si siguen al pie de la letra lo que les diga, es posible que les alcance esta vida para saldar casi toda su deuda! O incluso, si son especialmente buenos y obedientes mortalitos, saldarla por completo. ¿Ven qué afortunados son de tenerme aquí? Así que tú, SÍ TÚ EL QUE ME ESTÁ ESCUCHANDO, acércate y pregunta por tu deuda actual y qué cosas puedes hacer para saldarla. ¡Luna está aquí para ti!
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  • -Nunca he sido muy buena con las palabras, solo me queda esperar que mis acciones sean suficientes para expresar todo lo que siento.
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  • Oye, eso que traes es pastel de vainilla, ¿Verdad? a Cyno le gusta mucho. haré lo que quieras, pero dameeee~

    •con un tono de voz inocente, el joven Cyno dirigía sus palabras hacia el/la contrario/a, sin pensar en posibles consecuencias•
    Oye, eso que traes es pastel de vainilla, ¿Verdad? a Cyno le gusta mucho. haré lo que quieras, pero dameeee~ •con un tono de voz inocente, el joven Cyno dirigía sus palabras hacia el/la contrario/a, sin pensar en posibles consecuencias•
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    Fandom OC
    Categoría Slice of Life
    - Había quedado en ir a comer sushi con la señorita Ririka Ichijou, apenas la conoció hace un día, pero las pocas palabras que intercambiaron fueron suficientes para despertar su interés. Había cautivado su corazón con su carismática personalidad combinada con una encantadora presencia. -

    - Todo había sido tan rápido que ni tiempo tuvo de preguntarle donde vivía, pero eso no le preocupó en absoluto. Porque era una celebridad, esas cosas se filtran cuando eres famoso, nunca subestimen el poder de los fanáticos de internet. - (?)

    - Estacionó la camioneta justo frente a su casa, porque evidentemente a una dama tan refinada no la iba a llevar en transporte público. - (?)

    - Con pasos decididos se acercó a la puerta para tocar el timbre, para esta ocasión se había puesto su mejor traje, incluso se aplicó gel para el cabello, para estar lo más presentable posible. Era claro que quería dejar una buena impresión. Aunque quizás estaba exagerando, después de todo no sabía si era una salida casual de amigos o una cita, nunca hablaron de eso. -

    - Apoyó el brazo en el marco de la puerta, metió la otra mano en el bolsillo de su pantalón y, puso su mejor cara de seductor irresistible para tratar de darle una sorpresa cuando finalmente abriera la puerta. -
    - Había quedado en ir a comer sushi con la señorita Ririka Ichijou, apenas la conoció hace un día, pero las pocas palabras que intercambiaron fueron suficientes para despertar su interés. Había cautivado su corazón con su carismática personalidad combinada con una encantadora presencia. - - Todo había sido tan rápido que ni tiempo tuvo de preguntarle donde vivía, pero eso no le preocupó en absoluto. Porque era una celebridad, esas cosas se filtran cuando eres famoso, nunca subestimen el poder de los fanáticos de internet. - (?) - Estacionó la camioneta justo frente a su casa, porque evidentemente a una dama tan refinada no la iba a llevar en transporte público. - (?) - Con pasos decididos se acercó a la puerta para tocar el timbre, para esta ocasión se había puesto su mejor traje, incluso se aplicó gel para el cabello, para estar lo más presentable posible. Era claro que quería dejar una buena impresión. Aunque quizás estaba exagerando, después de todo no sabía si era una salida casual de amigos o una cita, nunca hablaron de eso. - - Apoyó el brazo en el marco de la puerta, metió la otra mano en el bolsillo de su pantalón y, puso su mejor cara de seductor irresistible para tratar de darle una sorpresa cuando finalmente abriera la puerta. -
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
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  • Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante.

    He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida.

    A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir.

    El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser.

    Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble.

    No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
    Camino más liviana ahora. No porque el pasado haya dejado de existir, sino porque aprendí a soltar lo que ya no me pertenece. Hay recuerdos que todavía susurran, pero ya no dictan mis pasos. Los escucho, los reconozco… y sigo adelante. He entendido que no todo merece quedarse, y que crecer también es saber despedirse. De lugares, de personas, incluso de versiones de mí que ya no encajan con quien soy hoy. No hay rencor, solo distancia. Una necesaria, sana, elegida. A veces intento volver, tender puentes hacia amistades que alguna vez fueron hogar. Me acerco con cuidado, con una mezcla de esperanza y temor… pero hay algo dentro de mí que duda, que me susurra que quizás ya no soy digna de su cariño. Y aunque quisiera creer lo contrario, ese pensamiento pesa más de lo que me gustaría admitir. El futuro ya no me asusta como antes. Tiene algo distinto… como una promesa silenciosa que me invita a construir sin apuro, pero con intención. No necesito tener todas las respuestas, solo la certeza de que cada decisión que tomo ahora está alineada con lo que quiero ser. Hoy me concentro en lo que sí puedo tocar: mis acciones, mis palabras, mis límites. En lo pequeño que, sin darme cuenta, se vuelve grande. En cada paso firme, aunque a veces tiemble. No estoy huyendo del pasado. Estoy eligiendo el presente. Y desde aquí… todo empieza a tener sentido.
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    ***Edad del Caos***
    - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija.

    Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error.

    Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo.

    Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada.

    Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia.

    Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados.

    Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría.

    Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida.

    Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai.
    Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar.

    No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor.

    El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor.

    Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta.

    Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos.

    Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao

    Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma.

    Ese mes… no pudo ir a ver a su hija.

    Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo.

    En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró.

    Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería.

    Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia.

    Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad.

    Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba.

    Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia".

    Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo.

    Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada.

    Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia.

    Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula".

    Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas.

    ¿Por qué era diferente?

    ¿Quién era su padre realmente?

    ¿Cuál era su lugar en el mundo?

    Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender.

    Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos.

    Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso.

    El eco del origen mismo de todo.
    ***Edad del Caos*** - Helior Prime y los Pecados de Padre e Hija. Con el paso de los años, la aldea nómada dejó de ser un refugio temporal para Yen y se convirtió en su verdadero hogar. Bajo cielos abiertos y lejos del juicio de otros, creció como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, aprendía de los mayores y, por primera vez en su vida, no era vista como algo extraño ni como un error. Ese entorno de calma tuvo un efecto inesperado en ella, el poder de Yen dejó de hacerla crecer de forma descontrolada. Ya no era una llama salvaje que amenazaba con devorarlo todo, sino un fuego contenido, estable, que crecía al ritmo de su propia vida. Como cualquier otra niña aunque en su interior habitara algo mucho más antiguo. Aun así, había algo que nunca cambiaba. Una vez al mes su padre venía pero no lo hacía con su verdadero cuerpo, nunca se arriesgaría a exponerla. En su lugar, pequeños animales aparecían en los límites de la aldea: un cuervo de ojos oscuros, un lobo silencioso, incluso criaturas más pequeñas que pasaban desapercibidas. Nadie sospechaba nada. Pero Yen sí lo sabía., podía sentirlo, no era presencia, no era mana, era algo más profundo, un eco, una resonancia que nacía desde lo más hondo de su existencia. Del mismo modo en que Oz, en un tiempo olvidado, podía reconocer a aquellos seres nacidos del gran poder sin necesidad de palabras ni nombres, Yen podía reconocerlo a él porque estaban conectados. Oz nunca rompió su vínculo con el poder original y Yen comenzaba a formar el suyo, no era algo aprendido, era algo que simplemente ocurría. Por eso, cada mes, cuando ese eco aparecía, Yen sonreía sin importar dónde estuviera. Sabía que su padre la estaba observando, sabía que seguía con vida. Mientras tanto, el mundo seguía ardiendo, lo que comenzó como una venganza, se convirtió en algo más grande. Razas enteras comenzaron a seguir a Oz; hombres bestia, cansados de ser tratados como inferiores, tribus olvidadas, borradas de la historia por los Elunai. Incluso algunos demonios, que reconocían en él algo familiar. No lo seguían solo por poder, lo seguían por lo que representaba: Libertad, venganza, caos. Fue entonces cuando los cielos respondieron, uno de los dioses descendió, Helior Prime, no como símbolo de autoridad sino como ejecutor. El enfrentamiento sacudió la tierra misma., donde chocaron el mundo se quebró. Fuego contra caos, divinidad contra origen. Durante un breve momento, el destino del mundo quedó suspendido entre ambos y terminó… sin un vencedor. Helior Prime se retiró, Oz permaneció en pie pero la verdad fue otra. Oz había sido herido gravemente, aun así, no mostró debilidad, no frente a un dios. Helior, incapaz de asegurar su victoria, decidió retirarse… sin saber que, de haber continuado, aquel combate habría terminado de forma muy distinta. Desde ese día, los rumores comenzaron, los seguidores de Helior empezaron a referirse a Oz con un nuevo nombre: "Mao.” De esa forma, cada region, cada tribu lo llamaba de diferentes formas: Señor demonio, Rey del caos, Destructor de templos. Los nombres se extendieron, cruzó lenguas, culturas, razas, y con el tiempo el nombre de oz fue cambiado por Oz-Mao Hasta que el mundo comenzó a susurrarlo de otra forma, un nombre que ya no era solo un apodo sino una leyenda naciente, Ozma. Ese mes… no pudo ir a ver a su hija. Las heridas que recibió no eran normales. Aunque su cuerpo podía regenerarse, el daño fue tan profundo que se vio obligado a usar una cantidad excesiva de su poder para regenerarse. Aquello lo dejó en un estado de agotamiento total que no había experimentado en mucho tiempo. En la aldea, Yen sintio el silencio, la ausencia del eco. Por primera vez desde que entendía ese vínculo no estaba y aun así no dudó, no lloró. Simplemente esperó con la certeza de que su padre volvería, porque él siempre volvía. Quizás como un cuervo, como un lobo pero volvería. Mientras tanto, Oz comprendió algo durante su recuperación, algo que cambiaría el curso de todo. Su poder estaba evolucionando, no como resultado del combate sino como respuesta a su propia esencia. Oz no buscaba poder por ambición, no deseaba dominar por simple deseo, lo que lo movía era proteger a su hija, proteger lo poco que le quedaba y fue precisamente ese deseo el que deformó su habilidad. Cuando su fuerza no era suficiente para cumplir ese propósito su poder tomaba lo que necesitaba, absorbía y acumulaba. Hacía suyo aquello que le faltaba, los Elunai, al observar esto en enfrentamientos posteriores, le dieron un nombre: "Codicia". Pero estaban equivocados, no era codicia, era protección llevada al extremo. Era un instinto que, al no poder cumplir su función de forma natural comenzó a devorar todo lo necesario para hacerlo. Y eso lo volvía mucho más peligroso que cualquier interpretación superficial, por otra parte, Yen también comenzaba a ser observada. Los registros que sobrevivieron del laboratorio no se habían perdido, los Elunai sabían lo que era. Sabían lo que podía llegar a ser pero no entendían su esencia. Para ellos, su deseo de aprender, de comprender, de descubrir era visto como algo voraz, insaciable. La llamaron "Gula". Pero, al igual que con Oz estaban equivocados, Yen no deseaba consumir, deseaba entender, desde pequeña había buscado respuestas. ¿Por qué era diferente? ¿Quién era su padre realmente? ¿Cuál era su lugar en el mundo? Ese deseo de conocimiento era su verdadera naturaleza, no devoraba por hambre, buscaba porque necesitaba comprender. Así, sin saberlo, padre e hija caminaban por senderos distintos pero reflejando la misma verdad. Los llamados "Pecados" no eran más que interpretaciones erróneas, nombres dados por miedo, etiquetas creadas por quienes no podían comprender algo más grande que ellos. Porque lo que habitaba en Oz y lo que comenzaba a despertar en Yen no eran pecados, eran fragmentos de algo mucho más antiguo, más puro, más peligroso. El eco del origen mismo de todo.
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  • Chica: ¿Qué?. ¿Estaba lloviendo tanto?. Cielos. ¿Por qué está lloviendo tanto?.

    -En silencio, Sniffles se queda inmovil en su lugar mientras mira serio a su compañera de universidad, con la que nunca habia cruzado palabras antes.-

    Chica: ¡Oye!. No tengo paraguas... Acompañame a casa.

    Sniffles: ¿Por qué debería?

    Chica: Porque tú tienes paraguas y yo no.

    -La chica sonrie con un poco de tristeza se le arrima que hace que el Vermilinguo que le mira preocupado.-

    Chica: ¿Te gustan los burritos?.

    Sniffles: No.

    Chica: Entonces, te puede empezar a gustar a partir de hoy, ¿sí?.
    Chica: ¿Qué?. ¿Estaba lloviendo tanto?. Cielos. ¿Por qué está lloviendo tanto?. -En silencio, Sniffles se queda inmovil en su lugar mientras mira serio a su compañera de universidad, con la que nunca habia cruzado palabras antes.- Chica: ¡Oye!. No tengo paraguas... Acompañame a casa. Sniffles: ¿Por qué debería? Chica: Porque tú tienes paraguas y yo no. -La chica sonrie con un poco de tristeza se le arrima que hace que el Vermilinguo que le mira preocupado.- Chica: ¿Te gustan los burritos?. Sniffles: No. Chica: Entonces, te puede empezar a gustar a partir de hoy, ¿sí?.
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