• Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes.

    Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar.

    De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado.

    Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza.

    No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original.

    Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron».

    Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así.
    Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden.

    Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre.

    En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna.

    El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno:

    «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.»

    Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche.

    No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
    Hay enemigos con los que no se puede negociar; así rezan los supervivientes. Los hombres son esclavos de sus razones: incluso de haber florecido bajo la guía de un dogma demencial, aquellos descarriados del camino de la cordura pueden ser abordados para alabar la blasfemia y nombrar correctamente los males que los someten. Son impuros en el juego de la supervivencia, mas en la certidumbre que necesitan los mortales hallan en la fechoría un sitio donde anidar. De las bestias se ha de reclamar que, si estas aún lamentan el llanto del mundo, el comportamiento goza de predictibilidad. El temor surge frente a lo desconocido, y los que han nacido sin oír la doliente voz de la Gran Bestia no son sino parásitos de la piel muerta de esta. Afinidades, lenguas extrañas y la veneración son necesarias para lograr una comunión y hacer de cada fiera recelosa un aliado. Sombras comunes, todos y cada uno de ellos; incapaces de una convivencia plena, mas conocedores del lenguaje universal de la violencia. No porque busquen atentar contra quienes comparten la miseria, sino porque incluso en la vulgaridad hay un límite que marca la decadencia terrenal de aquella que está intacta de vergüenza. No son los sacerdotes de la esencia fundamental, sino los vástagos moldeados a imagen y semejanza de un pecado original. Un alma anónima una vez habló: «Hay rugidos que quiebran voluntades. Desde que me hice esta herida en el brazo, en situaciones límites el pecho se retuerce ante el abrazo de mil espinas, pero de solo recordar cómo esas monstruosidades gruñían, siento cómo el calor se escapa por la garganta. Olieron el miedo; juro que los escuché reír mientras se daban un festín con el resto de los compañeros. Al salir el sol, con los milicianos pretendimos buscar los restos, pero ni los huesos quedaron, y donde la sangre de aquellos fue derramada, los árboles y las flores se pudrieron». Entre lágrimas, y con palabras tanto burdas como titubeantes, el recuerdo se expresaba así. Y entre todos los presentes uno en particular lo escuchó; tal fue la indignación que de su asiento se levantó y con una agresividad impertinente exigió: «Muéstrame exactamente dónde los has visto». Ni siquiera los más bravos pudieron ignorar tal orden. Prendas largas que no se asemejaban al gardecorps habitual. El andar pesado desvelaba la presencia de una cota de mallas y el trinar de unas placas, mas el abrigo oscuro impedía vislumbrar detalle alguno. La imponente silueta portaba un rostro resguardado de la nariz hacia abajo, reacio a enseñar el rostro, presuntamente por la presencia de heridas que carecían de estética. De por sí destacaba demasiado, pero no conforme con eso, el cabello cenizo, coincidente con una jovial vejez, era oculto bajo un bycocket de proporciones incoherentes. Admitía sin palabras un origen foráneo, pero si entre creyentes caminaba era por algo más que la necesidad de un cuerpo dedicado al exterminio y la servidumbre. En las fronteras de la oscura arboleda, el extranjero de ojos desgastados prescindió de cualquier apoyo militar. No fue lo imperante las sospechas, sino una genuina preocupación por quien había sido recordado por honrar con ferviente devoción a un grupo de campesinos desaparecidos ante la ignorancia de la durmiente luna. El coraje tiñó la voz, incluso cuando intentó actuar en disonancia; en la rigidez de su postura, con un desprecio humano comunicó: allí el resto de los hombres entendió que un aliado ellos habían encontrado. Y de no quedar claro, se expresó en una súplica que le permitió mantenerse digno: «No me ha de ser menester lastrar con tal pérdida a varones íntegros a quienes en sus lares aguardan; que los hijos de estos jamás hereden la memoria de un enemigo tan desamorado.» Y aquel hombre marchó, dejándose engullir por las fauces de la noche. No ha de ser una sorpresa que de él nada más se supo. Los vientos gélidos provenientes del distante norte evocan la voz, así como aquella promesa cumplida sin jamás haber sido formulada: ni siquiera fue necesaria la presencia del alba para que los infantes volvieran a dormitar en paz y las almas de bien contaran con la certeza de un mañana alejado de una tragedia que no había sido perpetuada por ídolos humanos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Me voy a dormir con moco de tanto llorar 🏻, buenas noches a todoss
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  • La luna iluminaba débilmente el bosque mientras Pavel avanzaba por el sendero con su linterna de aceite en la mano. La cálida luz danzaba entre los árboles y las sombras.

    —Todavía necesito algunas hierbas para mi té de mañana —dijo Pavel con tranquilidad.

    Después de caminar unos minutos, encontró unas hojas de menta junto a un pequeño arroyo.

    —¡Excelente! Justo lo que estaba buscando.

    Guardó las hojas en su morral y continuó su recorrido. El sonido de los grillos llenaba el silencio de la noche.

    —Me gusta el bosque a estas horas. Todo parece más tranquilo.

    Al encontrar algunas flores de manzanilla, sonrió satisfecho.

    —Con esto será suficiente. Tendré un té delicioso.
    La luna iluminaba débilmente el bosque mientras Pavel avanzaba por el sendero con su linterna de aceite en la mano. La cálida luz danzaba entre los árboles y las sombras. —Todavía necesito algunas hierbas para mi té de mañana —dijo Pavel con tranquilidad. Después de caminar unos minutos, encontró unas hojas de menta junto a un pequeño arroyo. —¡Excelente! Justo lo que estaba buscando. Guardó las hojas en su morral y continuó su recorrido. El sonido de los grillos llenaba el silencio de la noche. —Me gusta el bosque a estas horas. Todo parece más tranquilo. Al encontrar algunas flores de manzanilla, sonrió satisfecho. —Con esto será suficiente. Tendré un té delicioso.
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  • "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah."

    Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales.

    "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."

    "Hunhow, siempre juraste destruirnos, te aliaste con Ballas, te aliaste con la sombra, nunca superaste la pérdida de tu hija, Natah." Reflexiona en el silencio de la noche, la tenue luz de la fogata y el cansancion de los músculos del cuerpo de Chroma, el último mensaje de Hunhow, recibido en la red de los tennos, definitivamente no fue una disculpa, ni una súplica, simplemente un favor de respeto mutuo entre rivales. "Tal vez otros tennos cuidarán bien de Natah, ahí te fallaré, sin embargo, ¿sabes lo raro que es la vida que brota fuera de la ciencia? gracias por darle un futuro a la Sombra y su descendencia, Orión o Sirius, a ellos, si comprometo a su bienestar, al menos se lo debemos a Jade."
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  • El cambio en su medicación pareció ser efectivo. Aún no hablaba pero por lo menos las enfermeras lograron que pícara su comida, no le habían quitado el suero porque seguía sin comer bien, pero al menos ya había intentado probar la comida.
    Llegada la noche, se quedó dormido, sin lágrimas por primera vez en semanas. Durmió de verdad, sin pesadillas...sin miedo, sin dolor...realmente estaba dormido.
    El cambio en su medicación pareció ser efectivo. Aún no hablaba pero por lo menos las enfermeras lograron que pícara su comida, no le habían quitado el suero porque seguía sin comer bien, pero al menos ya había intentado probar la comida. Llegada la noche, se quedó dormido, sin lágrimas por primera vez en semanas. Durmió de verdad, sin pesadillas...sin miedo, sin dolor...realmente estaba dormido.
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  • Aunque sea de noche, el crimen jamás descansa... Así que es un trabajo para Superchica.
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  • Otra cacería incompleta, la cabeza logró escapar, al menos demorará algo más de tiempo en regenerarse esa colmena con casi nada de recursos y espantar a todos los posible e incautos colonos que ven las tierras recién purgadas como tierra nueva, simplemente, se desploma delante de la fogata para esta noche, con la vista hacia el cielo.

    Desde los ojos de Chroma, el cielo luce exactamente igual que él ha observado el vacío del espacio sideral.
    Otra cacería incompleta, la cabeza logró escapar, al menos demorará algo más de tiempo en regenerarse esa colmena con casi nada de recursos y espantar a todos los posible e incautos colonos que ven las tierras recién purgadas como tierra nueva, simplemente, se desploma delante de la fogata para esta noche, con la vista hacia el cielo. Desde los ojos de Chroma, el cielo luce exactamente igual que él ha observado el vacío del espacio sideral.
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    • Mañana respondo con más calma, buenas noches//
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  • -Poco a poco la "culpa" de tener tiempo libre desaparece. ¿Cuándo fue la última vez que disfrute de verdad de simplemente una caminata por un parque o de la simpleza de contemplar una noche estrellada?. *Me siento en la banca cerca de una pileta. Refriego mis manos heladas y me concentro en el sonido del agua*
    -Poco a poco la "culpa" de tener tiempo libre desaparece. ¿Cuándo fue la última vez que disfrute de verdad de simplemente una caminata por un parque o de la simpleza de contemplar una noche estrellada?. *Me siento en la banca cerca de una pileta. Refriego mis manos heladas y me concentro en el sonido del agua*
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  • Vaya noche, tan callada y tan aburrida, no hay nada que hacer, solo estando acá, contemplando la lluvia que es el único sonido de esta noche.
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