────𝐻𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑒 𝑔𝑜 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛 ────

Se deslizó como una sombra entre las cortinas pesadas de la suite presidencial del hotel, el corazón latiéndole con esa calma fría y calculada que solo un asesino a sueldo de su calibre podía mantener.

La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche. El ministro de Defensa estadounidense, un hombre de cabello canoso y complexión robusta, dormía profundamente en la cama king-size, ajeno al peligro que se cernía sobre él.

Ese día decidió vestirse casual y con algunas prendas para pasar entre la gente como un simple civil más de bajos recursos.

En su mano derecha sostenía la hoja de un cuchillo táctico.

Se acercó con pasos silenciosos sobre la alfombra gruesa, deteniéndose a un metro de la cama. Observó el pecho del ministro subir y bajar con regularidad.

El objetivo estaba completamente vulnerable: sin guardaespaldas en la habitación (los habían neutralizado minutos antes en el pasillo), sin alarmas activas y con las cámaras del hotel ya hackeadas.

El reloj marcaba las 3:17 a.m. Tenía exactamente tres minutos antes de que el siguiente cambio de guardia sospechara algo.

Sus labios se curvaron ligeramente bajo la máscara.

────Ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰 𝘴𝘶𝘦ñ𝘰, 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘥𝘦 𝘱𝘶𝘵𝘢. ────

Murmuró para sí mismo en voz casi inaudible; pero a pesar de eso; el ministro se despertó y se hizo para atrás con un movimiento brusco.

Los ojos de este solo veían la silueta de su asesino moviéndose de una forma inexplicable.

Ahora era el momento y cumplir con su trabajo.
────𝐻𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑒 𝑔𝑜 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛 ──── Se deslizó como una sombra entre las cortinas pesadas de la suite presidencial del hotel, el corazón latiéndole con esa calma fría y calculada que solo un asesino a sueldo de su calibre podía mantener. La habitación estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz tenue de una lámpara de noche. El ministro de Defensa estadounidense, un hombre de cabello canoso y complexión robusta, dormía profundamente en la cama king-size, ajeno al peligro que se cernía sobre él. Ese día decidió vestirse casual y con algunas prendas para pasar entre la gente como un simple civil más de bajos recursos. En su mano derecha sostenía la hoja de un cuchillo táctico. Se acercó con pasos silenciosos sobre la alfombra gruesa, deteniéndose a un metro de la cama. Observó el pecho del ministro subir y bajar con regularidad. El objetivo estaba completamente vulnerable: sin guardaespaldas en la habitación (los habían neutralizado minutos antes en el pasillo), sin alarmas activas y con las cámaras del hotel ya hackeadas. El reloj marcaba las 3:17 a.m. Tenía exactamente tres minutos antes de que el siguiente cambio de guardia sospechara algo. Sus labios se curvaron ligeramente bajo la máscara. ────Ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰 𝘴𝘶𝘦ñ𝘰, 𝘩𝘪𝘫𝘰 𝘥𝘦 𝘱𝘶𝘵𝘢. ──── Murmuró para sí mismo en voz casi inaudible; pero a pesar de eso; el ministro se despertó y se hizo para atrás con un movimiento brusco. Los ojos de este solo veían la silueta de su asesino moviéndose de una forma inexplicable. Ahora era el momento y cumplir con su trabajo.
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