• ¿Por qué tantas personas vinieron a amontonarse sobre ella?

    No entiende...no tiene nada de interesante que hay aquí.
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    𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀
    “ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba.
    ㅤ⠀
    Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido.
    Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró.
    ㅤ⠀
    ──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida.
    ㅤ⠀
    Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro.
    Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota.
    ㅤ⠀
    ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó.
    ㅤ⠀
    Ya tenía un padre a su lado.
    ㅤ⠀
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    ㅤ ㅤ ㅤ ㅤ ㅤ⠀ 𝐓𝐇𝐄 𝐁𝐎𝐒𝐒 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐀𝐑𝐄𝐍𝐀 “ 𝘼𝙧𝙚 𝙮𝙤𝙪 𝙡𝙤𝙣𝙚𝙡𝙮 ? “ ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀──── ¡¿Tantos años y aún no lo entiendes, Settrigh?! ──── Gritó el mayor acercándose al bastardo gradualmente, apenas la pobre luz del lugar podía dejar en vista la silueta de su ser. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── ¡No te pedí que vinieras! ¡Solo déjame estar solo, maldita sea! ──── Respondió Settrigh, golpeando aún más fuerte el muñeco con el que practicaba. ㅤ⠀ Le molestaban los sermones que venían de el, más aún no podía pensar con claridad al haber perdido aquel combate contra Jack, la ira lo recorría, a pesar de haber perdido, aún quería pelear. Habían apostado algo más allá que simple dinero, lo más importante en aquel mundo de luchadores, el honor. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Settrigh... Para. ──── Musitó Bingween mientras se posaba a su lado, observandolo en silencio con un rostro preocupado. Después de todo, era como su hijo. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Déjame... Por favor. ──── Suplico el bastardo mientras lentamente las lágrimas empezaron a recorrer su rostro, un par que habían trazado camino. Limpiaron la suciedad de su rostro, del polvo que había mordido. Sus nudillos ya estaban dañados de tanto golpear el muñeco a carne viva, su cuerpo magullado al punto de que si seguía en pie, sus daños tardarían en sanarse un buen tiempo. Había desgarrado sus músculos, su determinación los arrastró. ㅤ⠀ ──── Sabes que sus palabras no valen nada, solamente buscan herirte, ellos lo han hecho desde que eres un cachorro. Lo sabes muy bien. ──── Comentó, manteniendo su postura erguida para pronto acomodar sus gafas. Se acercó al bastardo, agarrando suavemente el dorso de sus manos para detenerlo y así mismo, ver las heridas a profundidad. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Mamá no lo merece. Solo... Si papá se hubiera quedado, ¿Todo sería normal? ──── Comentó, suspirando suavemente. Siquiera el llanto se percibía, solamente sus lágrimas. El llanto se desgasto a lo largo de su vida. ㅤ⠀ Bingween sabía que nunca Sett aún lidiaba con ese trauma, después de tantos años. Mas aún se esforzaba en tratarlo desde que era un pequeño y simple chico, tratando de sobrevivir. Quizá nunca dejó de ser un cachorro. Settrigh apenas lo vio unos segundos... Cerró sus ojos, idiota. ㅤ⠀ ㅤ⠀──── Lo lamento... Maestro. ──── Susurró el bastardo, pronto tomando al mayor en sus brazos para poder atraparlo en un abrazo. Al final, ¿Porque necesitaba a papá? Pensó. ㅤ⠀ Ya tenía un padre a su lado. ㅤ⠀ ㅤ⠀ ㅤ⠀
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  • . El demonio daba vueltas en las calles. Escuchando como los tacones de sus botas hacían un sonido en cada paso. De su cuello colgaba un collar con dos piedras preciosas, símbolo de dos contratos pero no parecía que un "dueño" viniera con él.

    — ¿Qué haré? Hace mucho no estoy en Londres.

    Si tuviera permiso le gustaría aplastar cada una de esas casas. Aunque era el trabajo de un ángel erradicar pueblos enteros, pero sonaba divertido. ¿Qué haría ahora? ¿A donde debería ir? No pensaba quedarse mucho tiempo.
    🥀. El demonio daba vueltas en las calles. Escuchando como los tacones de sus botas hacían un sonido en cada paso. De su cuello colgaba un collar con dos piedras preciosas, símbolo de dos contratos pero no parecía que un "dueño" viniera con él. — ¿Qué haré? Hace mucho no estoy en Londres. Si tuviera permiso le gustaría aplastar cada una de esas casas. Aunque era el trabajo de un ángel erradicar pueblos enteros, pero sonaba divertido. ¿Qué haría ahora? ¿A donde debería ir? No pensaba quedarse mucho tiempo.
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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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  • -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará.
    A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa.
    Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.-

    War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar.
    -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca -

    Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú.
    -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma-

    Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”.
    -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres-

    Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party.
    -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca -

    War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark.

    -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.-

    Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo.

    -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola-

    War: vas a ir con nosotros quieras o no Death..

    -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes-

    Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada…
    -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta.
    La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.-

    Angyar: déjame devolverte la caricia..
    -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas.
    Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm.
    Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña.
    Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía.
    Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana-

    Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido?

    -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar-

    Death: no te escuché… ¿entendiste?

    War: Si!!..
    -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar.
    La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.-

    Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?...
    -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té -

    Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles.

    Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad.
    -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto-

    Pandemic: siento mucho molestarte, Death.
    -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba-

    Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará
    -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos -

    Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel..
    -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca -

    Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más
    -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro -

    Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía..

    Nathaniel: la oscuridad…
    -añadió con voz suave mirando sombriamente-
    -Luego de volver del mundo espiritual, Angyar venía acompañada de Nathaniel solo para asegurarse que descansará. A unos metros de la casa ambos sintieron unas presencias conocidas para ellos, se miraron y siguieron entrando a la casa. Al abrir la puerta se encontraron con tres figuras, dos mujeres una pelirroja, la otra cabello canoso y un hombre de barba cabello negro, todos de traje del color de su cabello.- War: Vaya, te has demorado “muerte”, ya íbamos a ir a buscar. -dijo la mujer de cabello rojo levantándose del sillón de la peliblanca - Famine: tranquila “guerra”, la única inquieta de los cuatro siempre has sido tú. -dijo el hombre de cabello y barba negra con calma- Pandemic: “guerra” nos vino a buscar, y tú “ muerte” eras la última como siempre, junto con “oscuridad”. -Mencionó la mujer de cabello corto y canoso, la peliblanca miró de reojo a Nathaniel quien mantenía la mirada a los otros tres- Angy: y bien.. que hacen acá los tres. No sabía que había pijama party. -Pandemic se rió tapándose la boca, pero a War no le causó gracia acercándose a la peliblanca - War: debemos volver, yo ya estoy actuando.. luego será Famine y Pandemic, y tú darás el golpe final Death junto con Dark. -Angyar suspiro cruzándose de brazos cerrando los ojos, Nathaniel fue a la cocina a traer té para todos y galletas.- Angyar: Gracias pero está vez paso War.. si quieres hacerlo háganlo pero no cuenten conmigo. -Eso no le gustó mucho a la pelirroja, frunciendo el ceño agarrando el cuello de la blusa de la peliblanca acercandola- War: vas a ir con nosotros quieras o no Death.. -La mirada de Angyar se volvió más fría que antes- Angyar: ¿o que?, vas a matarme “guerra” por no cumplir tus caprichos de niña malcriada… -termino de decir eso la regente del mundo espiritual y la pelirroja le lanzó un puñetazo en el rostro. El rostro de Famine y Pandemic quedaron congelados con los ojos abiertos, Nathaniel en cambio estaba en alerta. La peliblanca, se limpio la sangre del labio, sus ojos ya no eran azul gélidos eran un azul oscuro.- Angyar: déjame devolverte la caricia.. -dijo la parca, y dió un empujón a la pelirroja hacia el baño, pero cuando está cayó la habitación no era el cuarto del baño, era un lugar oscuro que no se veía ni puertas ni salidas. Frente a la pelirroja una figura con una túnica negra que entre avanzaba parecía crecer, 1,87 cm o 2,00 cm. Debajo de la túnica una calavera con ojos brillantes se veía, antes de que la pelirroja pudiera ir a por ella, un golpe seco le dió en el estómago, la guadaña. Lanzandola a unos metros pisadas que no se escuchaban, cuando la pelirroja se iba a incorporar un corte en su torso rompió el silencio del lugar con el grito del jinete del apocalipsis, el dolor era insoportable, no era la piel era el alma que estaba abriendo y una luz se veía. Los dedos huesudos de la muerte acercaron a la luz apretando el alma de “guerra” quien grito nuevamente. Una voz completamente distorsionada y grave, que no era humana- Death: escúchame, está es una advertencia… si digo, no participaré, es no… si vuelves a insistir. Ya sabes que haré, ¿entendido? -la pelirroja se retorcía de dolor las cuencas de los ojos de la calavera parecían entrecerrar- Death: no te escuché… ¿entendiste? War: Si!!.. -los dedos huesudos soltaron el alma del jinete y la pelirroja quedó desmayada, la apertura se cerró en cuanto sacó su mano del lugar. La miro un momento, y luego dió un chasquido de sus dedos, un golpe sordo se escuchó en el baño, Nathaniel sintió la presencia de ambas y fue al baño abriendo la puerta, la escena la pelirroja en la bañera desmayada y la peliblanca mirando la ventana tranquilamente.- Pandemic: ¿A dónde fueron?..y ¿está muerta?... -dijo acercándose a la pelirroja, Famine le negó mientras con Nathaniel la sacaban de la bañera, y la peliblanca caminaba a la sala de estar sentadose para terminar su té - Famine: Es un lugar que no está en ningún lugar físico, ni en el mundo espiritual. Dicen que ahí se alojan las pesadillas más horribles. Nathaniel: es un lugar creado y hecho por Azrael, si entras ahí solo ella puede sacarte, las pesadillas que están ahí Azrael las dejo en ese lugar. Y el poder de Azrael es mayor en ese lugar así como su crueldad. -Los dos hombres dejaron a War en el sillón largo descansar, Pandemic miraba a Angyar con algo de respeto- Pandemic: siento mucho molestarte, Death. -La peliblanca levantó su mirada a la canosa ladeando el rostro como si no entendiera lo que pasaba- Angyar: está bien, de igual forma es bueno ver que están bien… y no te preocupes, War está bien.. dormirá un rato pero despertará -Sabía que le preocupaba su amiga al menos eso podía escuchar en sus pensamientos - Famine: me sorprende que siendo el que podía hacer algo no intervinieran Nathaniel.. -El secretario lo miró y luego miró a la peliblanca - Nathaniel: War la provocó primero, y tú ya has visto qué pasa si se enoja… podría intervenir pero si no resulta podría haberse enojado más -Famine se rió al escucharlo apoyando su mano en el hombro - Famine: veo que no solo respetas a Death… si solo te hubieran incluído no seríamos cuatro sino cinco, todos olvidaron que en Egipto después de la muerte venía.. Nathaniel: la oscuridad… -añadió con voz suave mirando sombriamente-
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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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  • Carmina estaba apoyada en el borde del mostrador de la tienda, la luz de la tarde colándose por la ventana, iluminando apenas su rostro. Afuera, el viento movía las hojas como si quisiera recordarle que todo fluye, excepto su corazón, que parecía estancado en un silencio que no entendía.
    Había conocido a alguien… se llamaba Luca. Tenía una sonrisa fácil y un encanto que parecía genuino. Al principio, Carmina se permitió creer en eso, se permitió sentir esa chispa de emoción que hacía que sus días fueran más ligeros, incluso cuando tenía que ordenar las estanterías de la tienda.

    Pero luego vinieron los mensajes que dejaron de llegar. Primero, largos silencios entre una respuesta y otra. Después, el vacío absoluto. Luca desapareció de su vida sin explicación, y con él se llevó un trozo de su ilusión. Carmina se quedó ahí, con la sensación de que quizás siempre estaba destinada a observar desde la distancia.

    Se dejó caer en la silla detrás del mostrador, con las manos entrelazadas sobre sus piernas. Su pecho se apretaba y, sin poder contenerlo, una lágrima se deslizó por su mejilla. Luego otra, y otra más, cada una llevando consigo un pedazo de la esperanza que había puesto en Luca, en los demás, en la idea de que el amor podría ser algo simple y cálido.

    Recordó todas las decepciones: los encuentros que prometían más de lo que podían dar, los corazones que se marchaban sin explicación, los abrazos que no llenaban lo que necesitaba. Sus lágrimas cayeron sin ruido, pero con el peso de todo lo no dicho, de todo lo esperado y perdido. Sintió que su corazón estaba siempre un paso detrás de los demás, siempre esperando algo que nunca llegaba.
    Carmina estaba apoyada en el borde del mostrador de la tienda, la luz de la tarde colándose por la ventana, iluminando apenas su rostro. Afuera, el viento movía las hojas como si quisiera recordarle que todo fluye, excepto su corazón, que parecía estancado en un silencio que no entendía. Había conocido a alguien… se llamaba Luca. Tenía una sonrisa fácil y un encanto que parecía genuino. Al principio, Carmina se permitió creer en eso, se permitió sentir esa chispa de emoción que hacía que sus días fueran más ligeros, incluso cuando tenía que ordenar las estanterías de la tienda. Pero luego vinieron los mensajes que dejaron de llegar. Primero, largos silencios entre una respuesta y otra. Después, el vacío absoluto. Luca desapareció de su vida sin explicación, y con él se llevó un trozo de su ilusión. Carmina se quedó ahí, con la sensación de que quizás siempre estaba destinada a observar desde la distancia. Se dejó caer en la silla detrás del mostrador, con las manos entrelazadas sobre sus piernas. Su pecho se apretaba y, sin poder contenerlo, una lágrima se deslizó por su mejilla. Luego otra, y otra más, cada una llevando consigo un pedazo de la esperanza que había puesto en Luca, en los demás, en la idea de que el amor podría ser algo simple y cálido. Recordó todas las decepciones: los encuentros que prometían más de lo que podían dar, los corazones que se marchaban sin explicación, los abrazos que no llenaban lo que necesitaba. Sus lágrimas cayeron sin ruido, pero con el peso de todo lo no dicho, de todo lo esperado y perdido. Sintió que su corazón estaba siempre un paso detrás de los demás, siempre esperando algo que nunca llegaba.
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  • -Fue enviada a la resistencia a ser se apoyo a YoRHa Nom 2 Tipo B , ya que se tiene dicho que 9S aun no aparece, ella sera de apoyo para 2B, mientras estan fuera de la base de la resistencia donde se reunieron, después de que 12B tuvo que aterrizar después de llegar a la tierra desde el bunker-.

    Saludos 2B... ¿Como a ido todo?

    -Preguntó tratando de saber como estaba el estado -
    -Fue enviada a la resistencia a ser se apoyo a [YORHA_NO.2_B] , ya que se tiene dicho que 9S aun no aparece, ella sera de apoyo para 2B, mientras estan fuera de la base de la resistencia donde se reunieron, después de que 12B tuvo que aterrizar después de llegar a la tierra desde el bunker-. Saludos 2B... ¿Como a ido todo? -Preguntó tratando de saber como estaba el estado -
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  • 𝗧𝗵𝗲 𝗰𝗮𝘁 𝗮𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲 𝗺𝗼𝘂𝘀𝗲
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    𝐶𝑎𝑠𝑠𝑖𝑒

    [Momentos antes de la masacre.]

    El amor de un padre no tiene precio, no es una norma aplicada solo a los humanos, los ángeles que vinieron antes que Adán y Eva, todos los que vinieron después, todos ansiaban lo mismo, el amor de su padre, el amor de Dios.

    Dios los creó a su imagen y semejanza ¿A los ángeles? No, a esos seres repulsivos y llenos de vida, a los humanos. Su ojo todopoderoso se mantuvo sobre ellos, los cuidó como si fueran lo más preciado que tenía, pero eran ellos los que blasfemaban en su nombre, los que crucificaban a personas en su nombre...

    O esas eran las cosas que Shamriel le contaba a los demás ángeles...

    Entre los pasillos de mármol se hablaba sobre la rebelión, Padre ya no estaba ¿Qué habría por ocurrir? Obviamente lo peor. Aquellos que se aferran a los vestigios de su luz se habrán de enfrentar contra los que avanzan sin él, ahora son los hijos quienes deben avanzar sin su padre, esta vez por elección propia...

    Parece que no eran tan diferentes a los humanos, aquellos que luchaban por su amor, ahora luchaban por dejarlo atrás.

    Shamriel se dirigió a una de las muchas puertas del palacio de los cielos, quería reunirse con alguien en específico... Con Raziel. Los decorados en oro, los colores blancos, colores asociados a la pureza que en este día se teñirían de la sangre de sus hermanos... Y no le importaba.

    Sin avisar abrió las puertas, su rostro aparentaba preocupación. ⸻ ¿Raziel? ⸻ Observó alrededor, hasta que su mirada aterrizo sobre su hermana. ⸻ Ahí estás, menos mal. ⸻ Dijo llevándose una mano al pecho. Cerró la puerta tras ella y caminó hacia su hermana. ⸻ El tiempo apremia, Raziel, debo hablar contigo. ⸻ En su voz se palpaba la preocupación.
    [vision_amethyst_turtle_935] [Momentos antes de la masacre.] El amor de un padre no tiene precio, no es una norma aplicada solo a los humanos, los ángeles que vinieron antes que Adán y Eva, todos los que vinieron después, todos ansiaban lo mismo, el amor de su padre, el amor de Dios. Dios los creó a su imagen y semejanza ¿A los ángeles? No, a esos seres repulsivos y llenos de vida, a los humanos. Su ojo todopoderoso se mantuvo sobre ellos, los cuidó como si fueran lo más preciado que tenía, pero eran ellos los que blasfemaban en su nombre, los que crucificaban a personas en su nombre... O esas eran las cosas que Shamriel le contaba a los demás ángeles... Entre los pasillos de mármol se hablaba sobre la rebelión, Padre ya no estaba ¿Qué habría por ocurrir? Obviamente lo peor. Aquellos que se aferran a los vestigios de su luz se habrán de enfrentar contra los que avanzan sin él, ahora son los hijos quienes deben avanzar sin su padre, esta vez por elección propia... Parece que no eran tan diferentes a los humanos, aquellos que luchaban por su amor, ahora luchaban por dejarlo atrás. Shamriel se dirigió a una de las muchas puertas del palacio de los cielos, quería reunirse con alguien en específico... Con Raziel. Los decorados en oro, los colores blancos, colores asociados a la pureza que en este día se teñirían de la sangre de sus hermanos... Y no le importaba. Sin avisar abrió las puertas, su rostro aparentaba preocupación. ⸻ ¿Raziel? ⸻ Observó alrededor, hasta que su mirada aterrizo sobre su hermana. ⸻ Ahí estás, menos mal. ⸻ Dijo llevándose una mano al pecho. Cerró la puerta tras ella y caminó hacia su hermana. ⸻ El tiempo apremia, Raziel, debo hablar contigo. ⸻ En su voz se palpaba la preocupación.
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  • "Camino a lo desconocido"
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    -El lugar era oscuro y silencioso, una bruma oscura se elevaba en el ambiente, no habia atismos de luz, solo oscuridad y sombras, sombras que poco a poco se reunieron en un solo lugar, poco a poco estas se condensaron en una sola, misma que tomo la forma de un Alargado y atemorizante dragon Oscuro, ahora si prestaban atencion, podian notar la presencia de un hombre a quien no parecia verle el rostro, este estaba sentado con sus manos colocadas en sus rodillas, bajo una meditacion pesada y profunda, se mantuvo alli unos largos minutos, hasta que sus ojos se abrieron mostrando un brillo particular dorado-

    "Que haces ahi, observandome en silencio, acercate..siento tu curiosidad."

    -Se escucharia la voz de ese hombre, retumbar por todo el lugar y por los lados de tu rostro, como si ese hombre pudiera controlar todo a tu alrededor en ese lugubre sitio-
    -El lugar era oscuro y silencioso, una bruma oscura se elevaba en el ambiente, no habia atismos de luz, solo oscuridad y sombras, sombras que poco a poco se reunieron en un solo lugar, poco a poco estas se condensaron en una sola, misma que tomo la forma de un Alargado y atemorizante dragon Oscuro, ahora si prestaban atencion, podian notar la presencia de un hombre a quien no parecia verle el rostro, este estaba sentado con sus manos colocadas en sus rodillas, bajo una meditacion pesada y profunda, se mantuvo alli unos largos minutos, hasta que sus ojos se abrieron mostrando un brillo particular dorado- "Que haces ahi, observandome en silencio, acercate..siento tu curiosidad." -Se escucharia la voz de ese hombre, retumbar por todo el lugar y por los lados de tu rostro, como si ese hombre pudiera controlar todo a tu alrededor en ese lugubre sitio-
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