• -Ambas hermanas estaba en la cocina preparando unos bocadillos para Nier y Yoona.

    Sinceramente es la primera vez que ambas cocinaba, solo esperaban no enfermar a los hermanos.-

    Devola: ¿Crees que este bien asi, hermana?

    Popola: - Se acerca a su hermana, toma su mano para lamer el dedo de su hermana. - Bastate bien.. Seguro les gustaran.

    -Comentó al sonreir a su hermana, mientras ahora ambas se centraba en cocinar, ya faltaba poco para la visita de Nier, saben que por su estado de salud, Yoona no podía venir así que prepararía todo para que Nier se lo pueda llevar a donde vive con su hermana. -
    -Ambas hermanas estaba en la cocina preparando unos bocadillos para Nier y Yoona. Sinceramente es la primera vez que ambas cocinaba, solo esperaban no enfermar a los hermanos.- Devola: ¿Crees que este bien asi, hermana? Popola: - Se acerca a su hermana, toma su mano para lamer el dedo de su hermana. - Bastate bien.. Seguro les gustaran. -Comentó al sonreir a su hermana, mientras ahora ambas se centraba en cocinar, ya faltaba poco para la visita de Nier, saben que por su estado de salud, Yoona no podía venir así que prepararía todo para que Nier se lo pueda llevar a donde vive con su hermana. -
    0 turnos 0 maullidos
  • —Feliz Año mis abundantes hijos míos jamás olviden de que huevos vinieron jajajajajajaja —
    —Feliz Año mis abundantes hijos míos jamás olviden de que huevos vinieron jajajajajajaja —
    Me enjaja
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Amo a mis gemelas pero como no hay mucho fan de nier autómata o réplicant.
    Y eso desmotiva un poco..
    Debería cambiar?
    Dame tu respuesta esfera de cristal (?)
    Amo a mis gemelas pero como no hay mucho fan de nier autómata o réplicant. Y eso desmotiva un poco.. Debería cambiar? 🤔 Dame tu respuesta esfera de cristal (?)
    Me gusta
    2
    1 comentario 0 compartidos
  • Y así había dado inicio la búsqueda de Irura por una cámara fotográfica -o, mejor dicho, alguien capaz de crear una- que pudiese ser operada sin usar la vista.

    ¿Sonaba inverosímil? Quizás, pero no más inverosímil que crear sinfonías enteras sin el sentido del oído... y eso ya se había hecho.

    —Tal vez... ¿una alarma sonora que indique cuando el objetivo de la foto está en el encuadre? Hm... —pensaba, y El Libro respondía. Es que sus páginas cambiaban, siempre cambiaban, conforme lo que necesitase su lector conocer. O, mejor dicho, lo que creyese el lector necesitar -pequeña e importante diferencia, pues era El Libro un ser mezquino y travieso, a veces-.

    —Un ingeniero o un científico, muy probablemente. Ahora, ¿dónde encuentro a alguien así?
    Y así había dado inicio la búsqueda de Irura por una cámara fotográfica -o, mejor dicho, alguien capaz de crear una- que pudiese ser operada sin usar la vista. ¿Sonaba inverosímil? Quizás, pero no más inverosímil que crear sinfonías enteras sin el sentido del oído... y eso ya se había hecho. —Tal vez... ¿una alarma sonora que indique cuando el objetivo de la foto está en el encuadre? Hm... —pensaba, y El Libro respondía. Es que sus páginas cambiaban, siempre cambiaban, conforme lo que necesitase su lector conocer. O, mejor dicho, lo que creyese el lector necesitar -pequeña e importante diferencia, pues era El Libro un ser mezquino y travieso, a veces-. —Un ingeniero o un científico, muy probablemente. Ahora, ¿dónde encuentro a alguien así?
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    5
    13 turnos 0 maullidos
  • 𝐅𝖊𝖆𝖗 𝖈𝖆𝖓 𝖙𝖚𝖗𝖓 𝖙𝖔 𝖑𝖔𝖛𝖊
    Fandom The phantom of the opera
    Categoría Slice of Life
    Después de semanas de conversaciones y debates, los señores Armand Moncharmin y Firmin Richard cansados de luchar contra algo que no podían ver, tomaron la dolorosa decisión de vender la ópera.

    La situación en el teatro era insostenible, habían perdido todas y cada una de las batallas contra el hombre que se proclamaba amo y señor del lugar, pero la gota que revalso el vaso fue la caída del contrapeso de la lámpara de araña durante la última función.

    El accidente «obra del fantasma» le causo la muerte a una persona e hirió a otras más, empujandolos a tomar la decisión de dar un paso al costado y entregarles esa batalla a alguien más. Por fortuna «o desgracia para los nuevos compradores», la ópera abriría sus puertas al día siguiente con dos nuevos directores, el señor Lambert y su socio, el señor Lefebvre.

    No obstante, antes firmar para concretar la venta, les han advertido sobre la existencia del fantasma. Explicandoles lo que hace y enseñandoles las cartas que les envía con sus exigencias, omitiendo contar que por si todo eso no fuera poco, exige un salario a cambio de darles un cronograma con las funciones del mes como si ninguna otra persona tuviera derecho a escoger que obras incluir y cuales no.

    Pero, al igual que ellos con sus predecesores... el señor Debienne y el señor Poligny, que también trataron de advertirles de lo que ocurria en el teatro; los nuevos directores no le dieron mayor importancia y tomaron el asunto como una broma de mal gusto.

    Al día siguiente, los cuatro hombres reunieron a todo el personal de la ópera para darles la noticia de la venta y presentarles a sus nuevos jefes. El encuentro fue breve, algunos artistas propusieron ciertas cuestiones a mejorar en el teatro y al finalizar la reunión los actuales directores se quedaron a ver los ensayos, ajenos a los ojos que los observaban desde el punte de luces por encima del escenario.

    Las únicas personas que se percataron de la presencia del fantasma en las alturas fueron Madame Giry, y Christine Daae pero ninguna dio señales de ello. La maestra de Ballet lo hizo por lealtad y la joven soprano por amor, pero no hacía él sino hacia Raoul, su primer amor.

    𝐌𝐞𝐫𝐞𝐝𝐢𝐭𝐡 𝐋𝐚𝐦𝐛𝐞𝐫𝐭
    Después de semanas de conversaciones y debates, los señores Armand Moncharmin y Firmin Richard cansados de luchar contra algo que no podían ver, tomaron la dolorosa decisión de vender la ópera. La situación en el teatro era insostenible, habían perdido todas y cada una de las batallas contra el hombre que se proclamaba amo y señor del lugar, pero la gota que revalso el vaso fue la caída del contrapeso de la lámpara de araña durante la última función. El accidente «obra del fantasma» le causo la muerte a una persona e hirió a otras más, empujandolos a tomar la decisión de dar un paso al costado y entregarles esa batalla a alguien más. Por fortuna «o desgracia para los nuevos compradores», la ópera abriría sus puertas al día siguiente con dos nuevos directores, el señor Lambert y su socio, el señor Lefebvre. No obstante, antes firmar para concretar la venta, les han advertido sobre la existencia del fantasma. Explicandoles lo que hace y enseñandoles las cartas que les envía con sus exigencias, omitiendo contar que por si todo eso no fuera poco, exige un salario a cambio de darles un cronograma con las funciones del mes como si ninguna otra persona tuviera derecho a escoger que obras incluir y cuales no. Pero, al igual que ellos con sus predecesores... el señor Debienne y el señor Poligny, que también trataron de advertirles de lo que ocurria en el teatro; los nuevos directores no le dieron mayor importancia y tomaron el asunto como una broma de mal gusto. Al día siguiente, los cuatro hombres reunieron a todo el personal de la ópera para darles la noticia de la venta y presentarles a sus nuevos jefes. El encuentro fue breve, algunos artistas propusieron ciertas cuestiones a mejorar en el teatro y al finalizar la reunión los actuales directores se quedaron a ver los ensayos, ajenos a los ojos que los observaban desde el punte de luces por encima del escenario. Las únicas personas que se percataron de la presencia del fantasma en las alturas fueron Madame Giry, y Christine Daae pero ninguna dio señales de ello. La maestra de Ballet lo hizo por lealtad y la joven soprano por amor, pero no hacía él sino hacia Raoul, su primer amor. [ASH4DOW]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • En aquel, 10 de diciembre del 1993, nació Sniffles. A sus 3 años aprendió a caminar y hablar. A sus 5 años ya estaba completamente listo para conocer el mundo. A sus 10 años, fue el mejor de su clase obteniendo una beca para la universidad. A sus 17 años, estudió Investigación en Ciencias de la Salud e Ingeniería Química y estuvo 4 años desempeñandose cómo paramédico. Y ya en sus 32 años, postuló para trabajar en un centro público de salud humana cómo médico general y fue aceptado. Su vida se resume en perfección.
    En aquel, 10 de diciembre del 1993, nació Sniffles. A sus 3 años aprendió a caminar y hablar. A sus 5 años ya estaba completamente listo para conocer el mundo. A sus 10 años, fue el mejor de su clase obteniendo una beca para la universidad. A sus 17 años, estudió Investigación en Ciencias de la Salud e Ingeniería Química y estuvo 4 años desempeñandose cómo paramédico. Y ya en sus 32 años, postuló para trabajar en un centro público de salud humana cómo médico general y fue aceptado. Su vida se resume en perfección.
    0 turnos 0 maullidos
  • ⁺‧₊˚ ཐི⋆ Daniel Bianchi ⋆ཋྀ ˚₊‧⁺

    Las miradas lejanas y desconfiadas definieron los primeros encuentros, desconociendo la razón por la cual aquella ráfaga de curiosidad los empujaba hacia el otro, con el creciente impulso de querer traspasar el límite de lo correcto.

    Contra todo pronóstico y contra toda regla fueron suavizando su tacto, dejando que la sombra de uno y el celeste del otro se fuesen devorando en un brillo intenso.

    Ninguno pudo (o quiso) advertir que aquello los iba llevando a salir de sus cómodas soledades, en donde un beso les dibujó en los labios un nervioso aunque seguro "sí".
    ⁺‧₊˚ ཐི⋆ [ripple_opal_snake_477] ⋆ཋྀ ˚₊‧⁺ Las miradas lejanas y desconfiadas definieron los primeros encuentros, desconociendo la razón por la cual aquella ráfaga de curiosidad los empujaba hacia el otro, con el creciente impulso de querer traspasar el límite de lo correcto. Contra todo pronóstico y contra toda regla fueron suavizando su tacto, dejando que la sombra de uno y el celeste del otro se fuesen devorando en un brillo intenso. Ninguno pudo (o quiso) advertir que aquello los iba llevando a salir de sus cómodas soledades, en donde un beso les dibujó en los labios un nervioso aunque seguro "sí".
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    Me emputece
    4
    1 turno 0 maullidos
  • Se sostuvo de la pared a tiempo para no caer.
    Sus orejas abajo y el color rojizo tiñendo desde su espalda hasta el suelo, dejando un rastro por donde iba pasando.

    Sus garras arañaron el tapiz de la pared, dejando sus marcas, cuando el dolor punzante lo atacó de nuevo. Incluso su cuerpo tembló de forma inevitable.
    Jadeaba, más no de verdadero cansancio.
    Su garganta dolía por haber gritado y el pelaje de su rostro se encontraba húmedo. Sucio. Tal vez había llorado.
    Aunque lento, había llegado hasta su lugar de trabajo, el bar. No deseaba ir a la habitación donde probablemente estuvieran los niños. No así. Por suerte demasiado estúpidos de lastimaban borrachos y él contaba siempre con vendas por si acaso. Y esta vez, eran para él.

    Se sostuvo de la barra antes de dejarse caer de rodillas. Su cuerpo aún tembloroso mientras extendía una de sus manos hasta poder agarrar un paño que humedeció con un poco de alcohol.
    Aparentando los labios, tal vez incluso mordiéndose el inferior, cerró los ojos con fuerza y, como pudo, llevó el paño hasta su espalda. Allí, donde alguna vez estuvieron sus alas.
    El ardor le llegó enseguida en cuanto el paño se apoyó en las heridas. Mordiendo su labio inferior hasta hacerlo sangrar, pero aún así no se detuvo.

    Intentó limpiar cuánto pudo de sus heridas y limpiar la sangre de su pelaje.
    Finalmente tomó las vendas y se las envolvió desde el torso hasta llegar a envolver su espalda, las tiras de vendaje cruzando sus hombros para mantenerlas en su lugar hasta que hizo un nudo que aseguraría no se saldrían.
    Suspiró y se pasó una mano por el rostro. Ni siquiera quería ver cómo se veía, probablemente desastroso.
    Tomó la botella más fuerte que había allí detrás de la barra y bebió un largo trago antes de exhalar con cansancio. Pensando sus opciones, rebuscó entre sus cosas allí dispersas y, para su fortuna, encontró una camisa, aunque algo sucia, que allí había dejado una vez. No dudó en ponérsela. Prefería no asustar a sus hijos al ver sus vendajes.

    Una vez cambiado, se levantó. Aún con dificultad. Sus piernas aún temblaban por el dolor pero se obligó a ser fuerte.
    Había desaparecido dos días, ni siquiera le había avisado a Angel de lo emocionado que había estado por la invitación de Maxi. Era mejor ir a verle antes de que siguiera preocupado.
    Con dolorosa calma caminó hasta su habitación compartida, abriendo la puerta y encontrándose, para variar, como recibimiento al pequeño cerdito huyendo de los niños que ahora se escondía detrás de él.

    — ¡Papá! — Habían exclamado los pequeños al verle pero sus sonrisas se borraron rápidamente, bajando sus orejas, al ver su rostro algo desaliñado y la evidente falta de sus alas.
    Él sabía que lo notarían enseguida, pero en su mente ya había armado la excusa perfecta.

    Se agachó, poniéndose de cuclillas para recibir a sus hijos y estos vinieron enseguida a abrazarlo. Debió contenerse para disimular el dolor que sintió por eso.

    — ¿Papá, estás bien? ¿Dónde están tus alas? ¿Estuviste llorando? — Por supuesto, la más sensible, Lottery. Podía ver en ambos jóvenes rostros la preocupación y el miedo. Pero él no iba a permitir que sus hijos pasaran por el dolor de saber la verdad.

    — No, no. Sólo estoy cansado, nada que dormir no solucione — Respondió primero, besando la cabeza de ambos infantes y luego señaló detrás de él. El lugar donde las alas ya no estaban — ¿Esto? Es un truco de magia. Las hice desaparecer. No se lo esperaban, ¿Verdad? — Justificó, pudiendo ver en sus ojos la ilusión de la magia. Aquella expresión de asombro por los mágicos trucos que él solía hacerles para entretenerlos.

    Solo entonces volvió la mirada a la habitación, frunciendo el ceño confundido. Angel no estaba allí, tan solo la niñera que Maximilian solía usar para cuidar a sus pequeños, y si aún estaba allí, significaba que su prometido jamás había vuelto.
    Se levantó del suelo extrañado, dirigiendo la atención de vuelta a sus hijos.
    — Rummy, Lottie... ¿Dónde está papi? — Les preguntó antes de volver a mirar por la habitación, efectivamente, no estaba.
    Los niños se encogieron de hombros, de vuelta la angustia en sus rostros. Fue entonces cuando comprendió que Angel no había vuelto del trabajo.

    Bajó las orejas con expresión preocupada y corrió a buscar en la pequeña mesa de luz su celular que poco usaba. Fue entonces cuando se encontró con el mensaje de Angel Dust. Chasqueando la lengua con enfado antes de oír a sus hijos preguntar preocupados si algo le había pasado a su papi.
    No era el lugar ni el momento de ser tan evidente, por lo que volvió a disimular. No era actor, pero le resultaba sorprendente incluso a él lo bueno que se había vuelto tan solo por sus hijos.

    — No, no. Es solo que a Papi se le juntó más trabajo del que esperaba.... Iré a buscarlo. Vengan conmigo, los cuidará alguien hasta que vuelva. — Les contestó, extendiendo sus manos que cada niño tomó, aunque demoraron un poco por insistir en llevar a Nuggets con ellos, sosteniendo los pequeños su correa.
    Antes de salir de la habitación, volteó dirigiéndose a la niñera. Maxi tenía una magia incomprensible, incluso para él, pero en ese momento era lo que necesitaba. — Dile que me espere en la torre del reloj, o me encuentre con Lucifer. Necesito su ayuda. —

    Sin más que agregar, salió de la habitación. Caminaron en silencio hasta salir del hotel y más allá también, solo hasta detenerse en la entrada de un gran hogar, allí donde S𝖆𝖒𝖆𝖊𝖑 𝕸𝖔𝖗𝖓𝖎𝖓𝖌𝖘𝖙𝖆𝖗 vivía, los niños parecían confundidos pero él los calmó con suave voz.

    — No se preocupen. Él es su otro tío. Estarán bien —
    Se sostuvo de la pared a tiempo para no caer. Sus orejas abajo y el color rojizo tiñendo desde su espalda hasta el suelo, dejando un rastro por donde iba pasando. Sus garras arañaron el tapiz de la pared, dejando sus marcas, cuando el dolor punzante lo atacó de nuevo. Incluso su cuerpo tembló de forma inevitable. Jadeaba, más no de verdadero cansancio. Su garganta dolía por haber gritado y el pelaje de su rostro se encontraba húmedo. Sucio. Tal vez había llorado. Aunque lento, había llegado hasta su lugar de trabajo, el bar. No deseaba ir a la habitación donde probablemente estuvieran los niños. No así. Por suerte demasiado estúpidos de lastimaban borrachos y él contaba siempre con vendas por si acaso. Y esta vez, eran para él. Se sostuvo de la barra antes de dejarse caer de rodillas. Su cuerpo aún tembloroso mientras extendía una de sus manos hasta poder agarrar un paño que humedeció con un poco de alcohol. Aparentando los labios, tal vez incluso mordiéndose el inferior, cerró los ojos con fuerza y, como pudo, llevó el paño hasta su espalda. Allí, donde alguna vez estuvieron sus alas. El ardor le llegó enseguida en cuanto el paño se apoyó en las heridas. Mordiendo su labio inferior hasta hacerlo sangrar, pero aún así no se detuvo. Intentó limpiar cuánto pudo de sus heridas y limpiar la sangre de su pelaje. Finalmente tomó las vendas y se las envolvió desde el torso hasta llegar a envolver su espalda, las tiras de vendaje cruzando sus hombros para mantenerlas en su lugar hasta que hizo un nudo que aseguraría no se saldrían. Suspiró y se pasó una mano por el rostro. Ni siquiera quería ver cómo se veía, probablemente desastroso. Tomó la botella más fuerte que había allí detrás de la barra y bebió un largo trago antes de exhalar con cansancio. Pensando sus opciones, rebuscó entre sus cosas allí dispersas y, para su fortuna, encontró una camisa, aunque algo sucia, que allí había dejado una vez. No dudó en ponérsela. Prefería no asustar a sus hijos al ver sus vendajes. Una vez cambiado, se levantó. Aún con dificultad. Sus piernas aún temblaban por el dolor pero se obligó a ser fuerte. Había desaparecido dos días, ni siquiera le había avisado a Angel de lo emocionado que había estado por la invitación de Maxi. Era mejor ir a verle antes de que siguiera preocupado. Con dolorosa calma caminó hasta su habitación compartida, abriendo la puerta y encontrándose, para variar, como recibimiento al pequeño cerdito huyendo de los niños que ahora se escondía detrás de él. — ¡Papá! — Habían exclamado los pequeños al verle pero sus sonrisas se borraron rápidamente, bajando sus orejas, al ver su rostro algo desaliñado y la evidente falta de sus alas. Él sabía que lo notarían enseguida, pero en su mente ya había armado la excusa perfecta. Se agachó, poniéndose de cuclillas para recibir a sus hijos y estos vinieron enseguida a abrazarlo. Debió contenerse para disimular el dolor que sintió por eso. — ¿Papá, estás bien? ¿Dónde están tus alas? ¿Estuviste llorando? — Por supuesto, la más sensible, Lottery. Podía ver en ambos jóvenes rostros la preocupación y el miedo. Pero él no iba a permitir que sus hijos pasaran por el dolor de saber la verdad. — No, no. Sólo estoy cansado, nada que dormir no solucione — Respondió primero, besando la cabeza de ambos infantes y luego señaló detrás de él. El lugar donde las alas ya no estaban — ¿Esto? Es un truco de magia. Las hice desaparecer. No se lo esperaban, ¿Verdad? — Justificó, pudiendo ver en sus ojos la ilusión de la magia. Aquella expresión de asombro por los mágicos trucos que él solía hacerles para entretenerlos. Solo entonces volvió la mirada a la habitación, frunciendo el ceño confundido. Angel no estaba allí, tan solo la niñera que [Maxi8] solía usar para cuidar a sus pequeños, y si aún estaba allí, significaba que su prometido jamás había vuelto. Se levantó del suelo extrañado, dirigiendo la atención de vuelta a sus hijos. — Rummy, Lottie... ¿Dónde está papi? — Les preguntó antes de volver a mirar por la habitación, efectivamente, no estaba. Los niños se encogieron de hombros, de vuelta la angustia en sus rostros. Fue entonces cuando comprendió que Angel no había vuelto del trabajo. Bajó las orejas con expresión preocupada y corrió a buscar en la pequeña mesa de luz su celular que poco usaba. Fue entonces cuando se encontró con el mensaje de [Ange1Dust]. Chasqueando la lengua con enfado antes de oír a sus hijos preguntar preocupados si algo le había pasado a su papi. No era el lugar ni el momento de ser tan evidente, por lo que volvió a disimular. No era actor, pero le resultaba sorprendente incluso a él lo bueno que se había vuelto tan solo por sus hijos. — No, no. Es solo que a Papi se le juntó más trabajo del que esperaba.... Iré a buscarlo. Vengan conmigo, los cuidará alguien hasta que vuelva. — Les contestó, extendiendo sus manos que cada niño tomó, aunque demoraron un poco por insistir en llevar a Nuggets con ellos, sosteniendo los pequeños su correa. Antes de salir de la habitación, volteó dirigiéndose a la niñera. Maxi tenía una magia incomprensible, incluso para él, pero en ese momento era lo que necesitaba. — Dile que me espere en la torre del reloj, o me encuentre con Lucifer. Necesito su ayuda. — Sin más que agregar, salió de la habitación. Caminaron en silencio hasta salir del hotel y más allá también, solo hasta detenerse en la entrada de un gran hogar, allí donde [LuciHe11] vivía, los niños parecían confundidos pero él los calmó con suave voz. — No se preocupen. Él es su otro tío. Estarán bien —
    Me entristece
    Me shockea
    3
    10 turnos 0 maullidos
  • Una noche que prende el alma
    Fandom Harry Potter
    Categoría Slice of Life
    La noche era fría y cerrada cuando salieron de aquella fiesta. No celebraban nada concreto, pero era una oportunidad perfecta para que las distintas familias de alta clase se reunieran y hablaran de negocios. Bellatrix había acudido a aquella después de haberse saltado la última.

    Y Bellatrix debería haberse ido ya a su propia casa, pero Rodolphus le dijo que se pasara por la suya, a tomar algo. Últimamente pasaban tiempo juntos, por eso no se negó.

    Dejando el abrigo, mientras él iba a buscar esas bebidas, Bellatrix avanzó por el salón de la familia Lestrange, hasta llegar a la ventana, sólo para apreciar que los primeros copos de nieve empezaban a caer. La primera nevada. Y le había pillado en aquel sitio.
    La noche era fría y cerrada cuando salieron de aquella fiesta. No celebraban nada concreto, pero era una oportunidad perfecta para que las distintas familias de alta clase se reunieran y hablaran de negocios. Bellatrix había acudido a aquella después de haberse saltado la última. Y Bellatrix debería haberse ido ya a su propia casa, pero Rodolphus le dijo que se pasara por la suya, a tomar algo. Últimamente pasaban tiempo juntos, por eso no se negó. Dejando el abrigo, mientras él iba a buscar esas bebidas, Bellatrix avanzó por el salón de la familia Lestrange, hasta llegar a la ventana, sólo para apreciar que los primeros copos de nieve empezaban a caer. La primera nevada. Y le había pillado en aquel sitio.
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    5 turnos 0 maullidos
Patrocinados