• El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más.

    Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío...

    A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo.

    Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada.


    ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar.

    -Maldita sea…

    Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor.

    Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad.

    —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies.

    -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona.

    Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice.

    -No te burles. Sigo trabajando.

    Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo.

    -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial.

    Daryl frunció el ceño.

    -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió.

    -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice.

    Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio.

    Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido.

    -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice.

    Kate sonrió también.

    —Claro -canturreó- Suerte.

    Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más.



    ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera.

    Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
    El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más. Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío... A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo. Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada. ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar. -Maldita sea… Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor. Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad. —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies. -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona. Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice. -No te burles. Sigo trabajando. Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo. -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial. Daryl frunció el ceño. -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió. -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice. Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio. Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido. -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice. Kate sonrió también. —Claro -canturreó- Suerte. Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más. ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera. Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
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  • "Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?".
    "Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?".
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  • Cada que veo al amor de mi vida @𝕷𝖔𝖚𝖎𝖘 𝕿𝖍𝖔𝖗𝖓 me desbloquea mas gustos, dios le fascina que yo este embobado por él, y no lo voy a negar, el me encanta por igual y quiero comerle esa boca hermosa que tiene
    Cada que veo al amor de mi vida @[frost_fuchsia_spider_215] me desbloquea mas gustos, dios le fascina que yo este embobado por él, y no lo voy a negar, el me encanta por igual y quiero comerle esa boca hermosa que tiene
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  • —Yaa bastaaa..~

    —Mark y [flash_navy_bat_117] acababan de despertar,ella tuvo la linda idea de "comerle" la cara a besos,Mark no queria qué ella se detuviera,amaba esas muestras de afecto de su parte—
    —Yaa bastaaa..~ —Mark y [flash_navy_bat_117] acababan de despertar,ella tuvo la linda idea de "comerle" la cara a besos,Mark no queria qué ella se detuviera,amaba esas muestras de afecto de su parte—
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  • Luna, el experimento que aprendió a ser deseo:

    En el encierro aprendió a temerle a su cuerpo.
    Cada centímetro de su piel era un terreno explorado por científicos, no por amantes. Pero ahora… ahora era libre. Y frente al espejo, Luna no solo se miraba: se estudiaba. Era su propio experimento.
    Cabello dividido en blanco y negro, como si la luna y la sombra pelearan por su alma.
    Encaje oscuro, como un arma envuelta en seda.
    Cada hebilla, cada cinta, no era para complacer… era para recordarse que ella se pertenece.

    En su cama, los peluches del pasado la miraban con la misma inocencia que le robaron.
    Ya no era la niña que pedía permiso para sentir.
    Ahora, Luna era la mujer que elegía cuándo —y a quién— dejar entrar en su mundo
    Luna, el experimento que aprendió a ser deseo: En el encierro aprendió a temerle a su cuerpo. Cada centímetro de su piel era un terreno explorado por científicos, no por amantes. Pero ahora… ahora era libre. Y frente al espejo, Luna no solo se miraba: se estudiaba. Era su propio experimento. Cabello dividido en blanco y negro, como si la luna y la sombra pelearan por su alma. Encaje oscuro, como un arma envuelta en seda. Cada hebilla, cada cinta, no era para complacer… era para recordarse que ella se pertenece. En su cama, los peluches del pasado la miraban con la misma inocencia que le robaron. Ya no era la niña que pedía permiso para sentir. Ahora, Luna era la mujer que elegía cuándo —y a quién— dejar entrar en su mundo
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  • ⎣ Segundo Contacto. ⎤

    Viper avanzaba arrastrándose entre muros derretidos y cadáveres medio disueltos.

    El corazón de la criatura latía como un tambor de guerra, oculto en algún punto de la oscuridad. Cada pulsación se sentía en el acero doblado, vibrando en los cimientos.

    Ya la había visto una vez. Bastaba con eso.

    "Ocho extremidades. Flanco izquierdo expuesto tras cargar. Siente el miedo. Carga sin medida, no le importa herirse a sí misma en el proceso. La sangre que salpica es corrosiva".

    Encendió su linterna de emergencia. Nunca la necesitaba dada su visión nocturna. Pero esta vez requería de una fuente de luz blanca constante. La criatura parecía temerle, era su única ventaja.
    Dos minutos de batería.
    Nada más.

    Y el silencio se acabó.

    "Lúgubre" cayó desde lo alto como un alud de carne, huesos y furia. Viper rodó hacia un costado justo a tiempo. La criatura embistió contra una pared, se rompió la cabeza y siguió andando como si nada. La sangre que brotó no era sangre: era una sustancia oscura, viscosa, con vida propia.

    Una gota salpicó el brazo de Viper. La tela se deshizo, la piel se oscureció al instante. Era necrosis acelerada.
    Sin vacilar, sacó su cuchillo táctico y cortó la zona afectada de un tajo. Sin anestesia. Sin sonido alguno.
    Si no lo hacía, perdería el brazo.
    Ya lo había visto pasar.

    El monstruo giró la cabeza, sus múltiples mandíbulas crispándose en direcciones sin lógica anatómica.

    Viper se agazapó. Respiró una vez. Encendió su linterna y bañó de luz los ojos de Lúgubre, que sacudió la cabeza, enceguecido. Alzó el lanzagranadas y apuntó a una de las patas traseras. Disparó una granada de fósforo, la explosión y el posterior incendio desmaterializó buena parte de los músculos retorcidos que sostenían la pata. Disparó una vez más, esta vez hacia el techo, y las vigas de acero derretido cayeron de lo más alto alrededor y encima de la criatura. Estaba encerrada. Inmovilizada.

    Era todo lo que Viper necesitaba.

    Se acercó y saltó, cayó sobre el lomo resbaladizo de sangre corrosiva y carne expuesta. Sus botas se quemaron, después sus pies. Clavó la jeringa con la toxina modificada directo entre las vértebras de la columna expuesta, entre placas óseas abiertas como galletas picadas.

    El veneno interrumpiría el latido interdimensional de la criatura, desconectándola de su fuente vital.

    Lúgubre chilló, aunque sin ruido: con vibración. Una ráfaga de infrasonidos que aturdieron el oído de serpiente del naga.

    Viper se tambaleó y cayó, resbaló por el costado de la criatura hasta dar contra el suelo. Y Lúgubre sacudió las patas en el aire, víctima de un infarto interdimensional. De pronto, clavó sus patas contra el piso, una de ellas atravesó a Viper de lado a lado.

    Lúgubre convulsionó, luego comenzó a inclinarse. Hasta que cayó de costado, aplastando las piernas de Viper.

    Viper sintió como su sangre se mezclaba con la de la criatura en un charco debajo de ambos, luego sintió su cuerpo deteriorándose, sus piernas empezaban a necrosarse. La corrosión de Lúgubre le alcanzaba. Pero no avanzó más allá, su propia regeneración se adaptaba a la corrosión para neutralizarla.

    ¿Sería su cuerpo capaz de restituir la carne necrosada?
    No estaría despierto para descubrirlo.
    ⎣ Segundo Contacto. ⎤ Viper avanzaba arrastrándose entre muros derretidos y cadáveres medio disueltos. El corazón de la criatura latía como un tambor de guerra, oculto en algún punto de la oscuridad. Cada pulsación se sentía en el acero doblado, vibrando en los cimientos. Ya la había visto una vez. Bastaba con eso. "Ocho extremidades. Flanco izquierdo expuesto tras cargar. Siente el miedo. Carga sin medida, no le importa herirse a sí misma en el proceso. La sangre que salpica es corrosiva". Encendió su linterna de emergencia. Nunca la necesitaba dada su visión nocturna. Pero esta vez requería de una fuente de luz blanca constante. La criatura parecía temerle, era su única ventaja. Dos minutos de batería. Nada más. Y el silencio se acabó. "Lúgubre" cayó desde lo alto como un alud de carne, huesos y furia. Viper rodó hacia un costado justo a tiempo. La criatura embistió contra una pared, se rompió la cabeza y siguió andando como si nada. La sangre que brotó no era sangre: era una sustancia oscura, viscosa, con vida propia. Una gota salpicó el brazo de Viper. La tela se deshizo, la piel se oscureció al instante. Era necrosis acelerada. Sin vacilar, sacó su cuchillo táctico y cortó la zona afectada de un tajo. Sin anestesia. Sin sonido alguno. Si no lo hacía, perdería el brazo. Ya lo había visto pasar. El monstruo giró la cabeza, sus múltiples mandíbulas crispándose en direcciones sin lógica anatómica. Viper se agazapó. Respiró una vez. Encendió su linterna y bañó de luz los ojos de Lúgubre, que sacudió la cabeza, enceguecido. Alzó el lanzagranadas y apuntó a una de las patas traseras. Disparó una granada de fósforo, la explosión y el posterior incendio desmaterializó buena parte de los músculos retorcidos que sostenían la pata. Disparó una vez más, esta vez hacia el techo, y las vigas de acero derretido cayeron de lo más alto alrededor y encima de la criatura. Estaba encerrada. Inmovilizada. Era todo lo que Viper necesitaba. Se acercó y saltó, cayó sobre el lomo resbaladizo de sangre corrosiva y carne expuesta. Sus botas se quemaron, después sus pies. Clavó la jeringa con la toxina modificada directo entre las vértebras de la columna expuesta, entre placas óseas abiertas como galletas picadas. El veneno interrumpiría el latido interdimensional de la criatura, desconectándola de su fuente vital. Lúgubre chilló, aunque sin ruido: con vibración. Una ráfaga de infrasonidos que aturdieron el oído de serpiente del naga. Viper se tambaleó y cayó, resbaló por el costado de la criatura hasta dar contra el suelo. Y Lúgubre sacudió las patas en el aire, víctima de un infarto interdimensional. De pronto, clavó sus patas contra el piso, una de ellas atravesó a Viper de lado a lado. Lúgubre convulsionó, luego comenzó a inclinarse. Hasta que cayó de costado, aplastando las piernas de Viper. Viper sintió como su sangre se mezclaba con la de la criatura en un charco debajo de ambos, luego sintió su cuerpo deteriorándose, sus piernas empezaban a necrosarse. La corrosión de Lúgubre le alcanzaba. Pero no avanzó más allá, su propia regeneración se adaptaba a la corrosión para neutralizarla. ¿Sería su cuerpo capaz de restituir la carne necrosada? No estaría despierto para descubrirlo.
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  • Ella solo quería mirarlo hasta que él olvidara por qué debía temerle...
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  • — Las campanas del cambio resuenan una vez más, nuestra espera se hace más corta. ~ ¿A qué futuro debemos temerle nosotros, agentes de esta Revolución? —
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  • "Supongo que es ahora. Es el momento de decir adiós."

    A Sada le pesaba el alma; no era sólo la terrible sensación de desprenderse de toda esperanza de que su madre se recuperara del coma. Era también lidiar con un mundo en el que ese espíritu suyo finalmente dejaría el cascarón y se elevaría tan alto que jamás podría alcanzarlo. Hasta llegado el momento.

    Era también todos los trámites, papeleos, rituales, procesos terrenales que debían seguirse; ¿cómo demonios se hacía todo eso mientras tu mente apenas se está habituando a la idea de la muerte?

    Y sobre todo... Le afligía que había cosas, muchos secretos, que al final iba a tener que contarle a su novio.

    Vivían juntos, sería imposible pasar por todo sin que él se diera cuenta. Tenía que ser sincera y de una vez por todas dejar de temerle a la verdad.

    Sus manos temblaban, los dedos igual al escribir ese mensaje que iba dirigido hacia Bruno Moura .


    « Bru. No quiero hacerte preocupar, pero hay algo que necesito hablar contigo y ahora mismo no puedo moverme del lugar en el que estoy. ¿Podrías venir?

    Te quiero. »

    Adjunta al mensaje, su ubicación. Era el parquecito frente al Hospital Metropolitano de Tōkyō.

    "No sé cómo voy a decirle todo esto... Todo lo que le oculté..."

    Suspiró. Sentada sobre una banca, con las piernas flexionadas hacia el pecho, pegó la frente en sus rodillas.

    — Va a odiarme... —
    "Supongo que es ahora. Es el momento de decir adiós." A Sada le pesaba el alma; no era sólo la terrible sensación de desprenderse de toda esperanza de que su madre se recuperara del coma. Era también lidiar con un mundo en el que ese espíritu suyo finalmente dejaría el cascarón y se elevaría tan alto que jamás podría alcanzarlo. Hasta llegado el momento. Era también todos los trámites, papeleos, rituales, procesos terrenales que debían seguirse; ¿cómo demonios se hacía todo eso mientras tu mente apenas se está habituando a la idea de la muerte? Y sobre todo... Le afligía que había cosas, muchos secretos, que al final iba a tener que contarle a su novio. Vivían juntos, sería imposible pasar por todo sin que él se diera cuenta. Tenía que ser sincera y de una vez por todas dejar de temerle a la verdad. Sus manos temblaban, los dedos igual al escribir ese mensaje que iba dirigido hacia [glimmer_salmon_fox_760] . « Bru. No quiero hacerte preocupar, pero hay algo que necesito hablar contigo y ahora mismo no puedo moverme del lugar en el que estoy. ¿Podrías venir? Te quiero. » Adjunta al mensaje, su ubicación. Era el parquecito frente al Hospital Metropolitano de Tōkyō. "No sé cómo voy a decirle todo esto... Todo lo que le oculté..." Suspiró. Sentada sobre una banca, con las piernas flexionadas hacia el pecho, pegó la frente en sus rodillas. — Va a odiarme... —
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  • ⸻⸻ El mundo se había reducido a rutinas. Guardias, reparaciones, planes para el invierno. La prisión, con su cercado de alambradas y muros de hormigón, ofrecía algo parecido a seguridad, pero no ahogaba los pensamientos. No ahogaba los recuerdos.

    Daryl se pasó la mano por la nuca, apoyándose contra la verja del pasillo superior. Abajo, en el patio, algunos recogían provisiones mientras otros hablaban en pequeños grupos. Kate estaba allí. No tenía que mirarla para saberlo. Lo sentía. Como siempre la había sentido.

    Pero ya no era lo mismo.

    Apretó la mandíbula y bajó la vista, como si eso pudiera contener la punzada en el pecho. Pero su mente no le hizo caso.

    Se vio a sí mismo, meses atrás, en la parte trasera de un edificio abandonado, con la luna reflejándose en las ventanas rotas. Habían estado juntos en la carretera tanto tiempo que lo único que tenía sentido era ella. La risa de Kate, baja y privada, había sido como un refugio en mitad de todo.

    —¿De qué te ríes? —gruñó él, sin querer sonreír, pero haciéndolo de todos modos.

    —De ti—respondió ella, y sus dedos se enredaron en el cuello de su camisa antes de atraerlo hacia ella.

    El beso fue lento, pero firme. No había prisa, porque sabían que siempre habría otro. Su boca sabía a esperanza, a promesas no dichas, a hogar. Y Daryl le había respondido con la única certeza que tenía: su tacto, sus manos en la curva de su espalda, el temblor contenido en su aliento.

    Pero la promesa se había roto.

    Él la rompió. Eligió irse con Merle. Aunque volvió pronto, no lo hizo a tiempo. No lo hizo para salvar lo que tenían. Ya estaba roto.

    ⸻⸻ El presente lo golpeó con la misma fuerza con la que le latía el corazón. Kate pasó cerca, con su rifle colgado al hombro, sin mirarlo. Como si aquel beso nunca hubiera existido. Como si todos los demás tampoco.

    Daryl soltó un suspiro áspero y se apartó de la barandilla. La prisión funcionaba. Todos tenían un sitio. Pero él no sabía si el suyo aún estaba junto a ella.


    Kate Blake

    #Personajes3D #3D #Comunidad3D
    ⸻⸻ El mundo se había reducido a rutinas. Guardias, reparaciones, planes para el invierno. La prisión, con su cercado de alambradas y muros de hormigón, ofrecía algo parecido a seguridad, pero no ahogaba los pensamientos. No ahogaba los recuerdos. Daryl se pasó la mano por la nuca, apoyándose contra la verja del pasillo superior. Abajo, en el patio, algunos recogían provisiones mientras otros hablaban en pequeños grupos. Kate estaba allí. No tenía que mirarla para saberlo. Lo sentía. Como siempre la había sentido. Pero ya no era lo mismo. Apretó la mandíbula y bajó la vista, como si eso pudiera contener la punzada en el pecho. Pero su mente no le hizo caso. Se vio a sí mismo, meses atrás, en la parte trasera de un edificio abandonado, con la luna reflejándose en las ventanas rotas. Habían estado juntos en la carretera tanto tiempo que lo único que tenía sentido era ella. La risa de Kate, baja y privada, había sido como un refugio en mitad de todo. —¿De qué te ríes? —gruñó él, sin querer sonreír, pero haciéndolo de todos modos. —De ti—respondió ella, y sus dedos se enredaron en el cuello de su camisa antes de atraerlo hacia ella. El beso fue lento, pero firme. No había prisa, porque sabían que siempre habría otro. Su boca sabía a esperanza, a promesas no dichas, a hogar. Y Daryl le había respondido con la única certeza que tenía: su tacto, sus manos en la curva de su espalda, el temblor contenido en su aliento. Pero la promesa se había roto. Él la rompió. Eligió irse con Merle. Aunque volvió pronto, no lo hizo a tiempo. No lo hizo para salvar lo que tenían. Ya estaba roto. ⸻⸻ El presente lo golpeó con la misma fuerza con la que le latía el corazón. Kate pasó cerca, con su rifle colgado al hombro, sin mirarlo. Como si aquel beso nunca hubiera existido. Como si todos los demás tampoco. Daryl soltó un suspiro áspero y se apartó de la barandilla. La prisión funcionaba. Todos tenían un sitio. Pero él no sabía si el suyo aún estaba junto a ella. [KateBlake] #Personajes3D #3D #Comunidad3D
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