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    Oigan no sean tamalitos.
    ¿En qué vamos o que debo?
    Siento que tengo todo hecho un desmadre, solo dejen acomodo mi cama para "disfrutar" mi incapacidad jajaja
    Oigan no sean tamalitos. ¿En qué vamos o que debo? Siento que tengo todo hecho un desmadre, solo dejen acomodo mi cama para "disfrutar" mi incapacidad jajaja
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  • † 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓 𝖕𝖆𝖗𝖙𝖓𝖊𝖗 †
    Categoría Terror
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba.

    No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no.

    En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña.

    Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba.

    — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. —

    En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh.

    Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte.

    — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
    El silencio sepulcral inundaba las salas, como si se tratase de una maldición, pero la bruja disfrutaba la soledad de su hogar, el gran caserón que parecía eterno, pasillos largos, amplios y llenos de habitaciones que tal vez nunca habían tenido dueño, pero existían; habitaciones con el propósito de llenarlas de vida. La reina anterior del aquelarre, la madre de Catherine, siempre quiso tener muchos hijos. Pero un parto como el que ella tuvo le secó la matriz. Ni un hijo más podría nacer de ella, pues la parte demoníaca de Cath le arrancó cada vestigio de nueva vida, su egoísmo existía desde que ella era del tamaño de un haba. No había manera entonces de que esa casa tuviera tantas brujas como en su momento deseó ella. Cuando se hizo del aquelarre, todas las brujas incluyéndola, llegaron a un acuerdo, cada luna llena iban a reunirse, el árbol gigantesco en el bosque de la Luna era el lugar de reunión, a la vista el trono de madera de la Reina bruja. Así que... El silencio siempre era el acompañante de Catherine, pero a veces... Ciertas veces... Necesitaba sentir que alguien le escuchaba. No necesitaba consejo, una bruja como ella no. En una de esas tantas noches de insomnio, donde las sombras de los que se ha llevado danzaban alrededor de su cama, la vela revelaba sus formas sobre la pared, ansiosos de ser notados por su ama. ¿Debería hacer que una sombra sea su acompañante? No, una sombra no... Las sombras son sus esclavos. Las sombras aprenden a torturar, a guiar a los demás a la locura. No hablan, no gritan, solo danzan hasta que la persona no puede resistir y su esencia viene a Cath, su nueva dueña. Necesitaba a alguien inteligente, que pudiera hacer todo tipo de cosas... Alguien con voz. Un humano adulador no iba a servir. Sabía ahora lo que tenía que hacer, una hija de la unión de la noche tenía que poseer a alguien que pudiera con todo lo que Catherine representaba. — 𝖀𝖓 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔... 𝕹𝖔. 𝖀𝖓𝖆 𝖉𝖊𝖒𝖔𝖓𝖎𝖔. — En el infierno las clasificaciones eran estúpidas y la mayoría no tenía género, pero ella no podía confiarle su espalda a algo que pudiera mínimamente ser hombre, masculino, agh. Movió la diestra para hacer que las sombras se fueran, el espectáculo terminó. Se levantó en su perfecta desnudez a su área de trabajo. Dibujó un círculo en el suelo con pintura roja, conocía el ritual de invocación muy bien, alguna vez trajo algo horrores Elritch, usó su propia sangre para invocar eso que ella tanto deseaba, aunque al principio quisiera ocultarlo. El sacrificio era la sangre demoníaca con humana, su deseo de una compañía apta para ella, para la bruja más fuerte. — 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖒í, 𝖕𝖊𝖖𝖚𝖊ñ𝖆. 𝖁𝖊𝖓 𝖆 𝖙𝖔𝖒𝖆𝖗 𝖙𝖚 𝖑𝖚𝖌𝖆𝖗 𝖈𝖔𝖒𝖔 𝖒𝖎 𝖆𝖈𝖔𝖒𝖕𝖆ñ𝖆𝖓𝖙𝖊. —
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  • ---

    Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido:
    Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos;
    los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras;
    el solsticio de tus níveos espejismos,
    como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas;
    de astros de dulzura,
    de vías lácteas a la inversa,
    de galaxias que no cesan.

    Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas,
    de agua miel y paraíso.

    Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada,
    Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo,
    como una virgen de ébano; de marfil edificado.
    Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta;
    que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor.

    Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos,
    que son ríos de rosáceas salinas,
    piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre;
    de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas.
    perdurables en un tiempo y espacio conocido.

    Su presencia engaña a mi realidad,
    ella es inocencia merecida;
    realidad sumida en los volcanes de la ensoñación,
    y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón;
    con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias;
    de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas,
    que se encandila al vislumbrar;
    las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas.

    Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin,
    si no el sino de un principio.

    Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo,
    no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra;
    con el destino en los labios, como un anhelo de arte.
    Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí,
    y no me marcho.
    No para alejarme, si no acércame más a ti.

    Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes;
    de este umbral de mundos de muros solitarios;
    en los que germinaban las rosas más gloriosas;
    en las que tú y tan sólo tú;
    hurtaste la que fuera mi corazón.

    Y desde ese momento;
    nos convertimos en un solo ser vestido,
    con el maná y la ilusión de nuestros dioses.
    Que no tienen fin sino principio.
    Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados.
    Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre;
    ya es uno con la verdad del universo.
    --- Sagrada rosa de textiles, inusual como ninguna que haya conocido: Son el tañido de las campanas que brotan en tus cosenos; los abren el espacio de unos labios que anhelan la geografía de tus eras; el solsticio de tus níveos espejismos, como se cuenta un encuentro, que ya no es anhelo, si no el efecto de las mariposas; de astros de dulzura, de vías lácteas a la inversa, de galaxias que no cesan. Y entonces se aman con delineados y goteos de naranjas, de agua miel y paraíso. Oh, de encontrarnos, madre de nocturna alada, Tú y tan sólo tú, vivirías en un castillo en el cielo, como una virgen de ébano; de marfil edificado. Desde la tierra de sidéreos amores y los océanos de tinta; que nos envuelven y nos engañan con los hechizos del amor. Con un dios en tus laureles y amatistas engarzado en los cabellos, que son ríos de rosáceas salinas, piedras que arrojan desde las nubes en un enjambre; de solícitas cosas, como nadas, nadie y mañanas. perdurables en un tiempo y espacio conocido. Su presencia engaña a mi realidad, ella es inocencia merecida; realidad sumida en los volcanes de la ensoñación, y entreveo la madera que engloba la hoguera de mi corazón; con el motivo de nombrarme como un arar de secuencias; de pócimas, de amor tenue, como un roble de mareas, que se encandila al vislumbrar; las puestas de doble sol, de doble luna, de doble estrellas. Ah, como un principio y fin de sigilos y finales en los que no hay fin, si no el sino de un principio. Oh, acúsame de herirte el corazón con este amor que no concibo, no es deseo lo que siento; sino una marea que te nombra; con el destino en los labios, como un anhelo de arte. Pero me hinco y pido por esta alma de un Dios que pelea por mí, y no me marcho. No para alejarme, si no acércame más a ti. Oh, en donde no hay llanto, ni dolor, si no la resurrección de todos los ponientes; de este umbral de mundos de muros solitarios; en los que germinaban las rosas más gloriosas; en las que tú y tan sólo tú; hurtaste la que fuera mi corazón. Y desde ese momento; nos convertimos en un solo ser vestido, con el maná y la ilusión de nuestros dioses. Que no tienen fin sino principio. Ya encontrados como los que son vestidos, en lo que se cante y en el cómo son adorados. Los terrenos de un cielo sin nombre, en el que tu nombre; ya es uno con la verdad del universo.
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  • —Nos remontamos a los inicios de la decadencia mental de Hank, a sus 17 años se suponía que debía ser asesinado a manos de su padre por no querer ser su mano derecha, pero mientras su padre lo estrangulaba hasta que la cara de Hank se puso azul, decidió ceder ante su reclamo—

    —H-ha..re l-l-lo que me...pidas

    —Dijo Hank con pocas fuerzas y aire, su padre aflojó la presión sobre su cuello y lo vio a los ojos—


    : " Sabía que todos esos golpes de niño te harían entender bien las cosas de adulto "


    —Dijo Michael mientras apartaba sus manos de su cuello y ayudaba a Hank a ponerse de pie—


    —: "Bienvenido a la tropa mi muchacho "


    —Michael abrazo a su hijo, era la primera vez que su padre le mostraba afecto físico en toda su vida, para Hank, era como si perdiera su dignidad y su esencia como persona, todo lo que le había instruido su madre acerca del equilibrio entre el bien y mal ahora no serviría para nada, porque su mente debía recordar el mensaje: "Es preferible morir como León antes que morir como una oveja—
    —Nos remontamos a los inicios de la decadencia mental de Hank, a sus 17 años se suponía que debía ser asesinado a manos de su padre por no querer ser su mano derecha, pero mientras su padre lo estrangulaba hasta que la cara de Hank se puso azul, decidió ceder ante su reclamo— —H-ha..re l-l-lo que me...pidas —Dijo Hank con pocas fuerzas y aire, su padre aflojó la presión sobre su cuello y lo vio a los ojos— —👤: " Sabía que todos esos golpes de niño te harían entender bien las cosas de adulto " —Dijo Michael mientras apartaba sus manos de su cuello y ayudaba a Hank a ponerse de pie— 👤—: "Bienvenido a la tropa mi muchacho " —Michael abrazo a su hijo, era la primera vez que su padre le mostraba afecto físico en toda su vida, para Hank, era como si perdiera su dignidad y su esencia como persona, todo lo que le había instruido su madre acerca del equilibrio entre el bien y mal ahora no serviría para nada, porque su mente debía recordar el mensaje: "Es preferible morir como León antes que morir como una oveja—
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  • ────────────────── 𝕾𝖔𝖗𝖔𝖗 𝕸𝖔𝖗𝖙𝖎𝖘.
    Categoría Terror
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ
    TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)]
    .


    Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer.
    Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces.

    Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario.
    No había luz dentro.
    Y aun así… alguien estaba cantando.

    Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna.

    Odette empujó las puertas lentamente.
    El olor la recibió primero:
    Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición.

    La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración.

    Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía.
    Parecían fieles rezando en silencio.

    Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado.
    Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas.

    Odette permaneció en silencio.
    Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar.

    La canción continuaba.
    Más suave. Más cerca.

    Odette alzó la lámpara.

    Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo.

    Odette avanzó un paso.

    El canto se detuvo.
    Y la mujer habló sin girarse

    —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos.

    Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí...

    La mujer soltó una risa baja. Siniestra.

    Entonces se giró lentamente.
    Lo que sostenía entre los brazos no era un niño.
    Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya.

    Pero lo peor...
    Era que el cadáver aún respiraba.
    Lento. Como un debil silbido.

    Odette no mostró horror. Solo cansancio.

    Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras.
    Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella.

    La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca.

    —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti.

    —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla.

    Pero algo la inquietó.

    Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)] . ༒ Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer. Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces. Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario. No había luz dentro. Y aun así… alguien estaba cantando. Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna. Odette empujó las puertas lentamente. El olor la recibió primero: Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición. La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración. Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía. Parecían fieles rezando en silencio. Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado. Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas. Odette permaneció en silencio. Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar. La canción continuaba. Más suave. Más cerca. Odette alzó la lámpara. Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo. Odette avanzó un paso. El canto se detuvo. Y la mujer habló sin girarse —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos. Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí... La mujer soltó una risa baja. Siniestra. Entonces se giró lentamente. Lo que sostenía entre los brazos no era un niño. Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya. Pero lo peor... Era que el cadáver aún respiraba. Lento. Como un debil silbido. Odette no mostró horror. Solo cansancio. Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras. Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella. La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca. —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti. —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla. Pero algo la inquietó. Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
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  • ×estaria en la cima de una montaña observando las estrellas gracias a que esa noche el cielo estaba despejado, estaba vestido con ropa que no solía usar con normalidad×

    Así que el día de la madre ya pasó.. me había olvidado por completo debido a todo lo que estoy haciendo actualmente..

    No sé si desde allá arriba me estarás escuchando pero quiero recordarte lo especial que fuiste para mi y que estoy orgulloso de que una mujer como tu me trajera a este mundo.

    ¿Recuerdas esta vestimenta que llevo? Todo este conjunto me lo fabricaste a mano tu misma y es por ese motivo que lo uso muy pocas veces ya que es como un tesoro para mí.

    En fin espero que me estés siendo feliz junto a papá en el cielo y denuevo te lo digo, gracias por ser mí madre
    ×estaria en la cima de una montaña observando las estrellas gracias a que esa noche el cielo estaba despejado, estaba vestido con ropa que no solía usar con normalidad× Así que el día de la madre ya pasó.. me había olvidado por completo debido a todo lo que estoy haciendo actualmente.. No sé si desde allá arriba me estarás escuchando pero quiero recordarte lo especial que fuiste para mi y que estoy orgulloso de que una mujer como tu me trajera a este mundo. ¿Recuerdas esta vestimenta que llevo? Todo este conjunto me lo fabricaste a mano tu misma y es por ese motivo que lo uso muy pocas veces ya que es como un tesoro para mí. En fin espero que me estés siendo feliz junto a papá en el cielo y denuevo te lo digo, gracias por ser mí madre
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    Después de perder su forma Elunai Guerrera, Akane regresa con su madre Yuna Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar , sintiéndose segura entre sus brazos.

    Después de perder su forma Elunai Guerrera, Akane regresa con su madre [Yuna_Ishtar] , sintiéndose segura entre sus brazos.
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  • † 𝖂𝖍𝖆𝖙 𝖎𝖋... †
    Categoría Terror
    { ᴀᴜ: ᴄᴀᴛʜᴇʀɪɴᴇ ᴊᴏᴠᴇɴ ʙᴜꜱᴄᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀꜱ ᴅᴇ ꜱᴜᴘᴇʀᴀʀ ᴀ ʟᴀ ʀᴇɪɴᴀ ʙʀᴜᴊᴀ ʏ ᴀᴅᴜᴇñᴀʀꜱᴇ ᴅᴇʟ ᴀQᴜᴇʟᴀʀʀᴇ }

    ¿𝕼𝖚é 𝖊𝖘𝖙á𝖘 𝖉𝖎𝖘𝖕𝖚𝖊𝖘𝖙𝖆 𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖑𝖈𝖆𝖓𝖟𝖆𝖗 𝖑𝖆 𝖈𝖎𝖒𝖆, 𝕮𝖆𝖙𝖍𝖊𝖗𝖎𝖓𝖊?

    Lo había leído varias veces. Acerca del rey de Amarillo, la piel se le erizaba solo de pensar en ello. Iba más allá de entes infernales, de ángeles, demonios, no. El rey Amarillo era algo cósmico. La sola idea de leer su libro era capaz de provocar locura. Lo sabía bien, pero estaba más que dispuesta a intentarlo, ¿no? ¿Qué podía salir mal? Catherine era la hija de Lucifer y algún nivel de locura debería poder soportar... ¿No?

    Se observó en el espejo. Sus largos cabellos dorados caían sobre sus hombros, su juventud aún resaltaba. Apenas tenía unos veinte años, quizá un poco más. Pero su madre, la Reina bruja, seguía siendo la más poderosa del aquelarre, a Catherine la veían como la joven promesa; ella no quería ser una promesa, quería ser la más poderosa.

    El sueño más profundo de Cath se basaba en que los humanos tuvieran miedo hasta de decir su nombre, que su presencia fuese incómoda para todos, y, que si alguna vez quería venir la Santa inquisición a su puerta, no hubiera tortura que no dejase caer sobre ellos por haber matado a tantas de las suyas. ¿Acaso era culpa de las brujas ser superiores a ellos? La humanidad debía sucumbir ante los poderosos, sin el control y el orden impuesto por las brujas, éstos seguirían matándose en guerras estúpidas por más tierras, mientras los más pobres peleaban sus guerras por dos migas de pan; humanos estúpidos.

    Entonces...

    ¿𝖁𝖆𝖘 𝖆 𝖉𝖊𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖔 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖉𝖊𝖑𝖎𝖗𝖎𝖔?

    Sí, lo haría. Tomó el libro, aún sin abrirlo emanaba una esencia poderosa. Pudo resistir... Pudo empezar a leer, cómo si se tratase de algo tan blasfemo, inefable... Que tenía que concentrarse y no dejarse caer en la demencia de una vez. Se resistía, aunque el libro parecía arrastrarla lentamente en ese vacío.

    Suspiró, intentaba recobrar su equilibrio. La resistencia no cedía aún. La búsqueda del libro fue tan ardua que jamás imaginó el impacto que tendría en ella.
    { ᴀᴜ: ᴄᴀᴛʜᴇʀɪɴᴇ ᴊᴏᴠᴇɴ ʙᴜꜱᴄᴀ ᴍᴀɴᴇʀᴀꜱ ᴅᴇ ꜱᴜᴘᴇʀᴀʀ ᴀ ʟᴀ ʀᴇɪɴᴀ ʙʀᴜᴊᴀ ʏ ᴀᴅᴜᴇñᴀʀꜱᴇ ᴅᴇʟ ᴀQᴜᴇʟᴀʀʀᴇ } ¿𝕼𝖚é 𝖊𝖘𝖙á𝖘 𝖉𝖎𝖘𝖕𝖚𝖊𝖘𝖙𝖆 𝖆 𝖍𝖆𝖈𝖊𝖗 𝖕𝖆𝖗𝖆 𝖆𝖑𝖈𝖆𝖓𝖟𝖆𝖗 𝖑𝖆 𝖈𝖎𝖒𝖆, 𝕮𝖆𝖙𝖍𝖊𝖗𝖎𝖓𝖊? Lo había leído varias veces. Acerca del rey de Amarillo, la piel se le erizaba solo de pensar en ello. Iba más allá de entes infernales, de ángeles, demonios, no. El rey Amarillo era algo cósmico. La sola idea de leer su libro era capaz de provocar locura. Lo sabía bien, pero estaba más que dispuesta a intentarlo, ¿no? ¿Qué podía salir mal? Catherine era la hija de Lucifer y algún nivel de locura debería poder soportar... ¿No? Se observó en el espejo. Sus largos cabellos dorados caían sobre sus hombros, su juventud aún resaltaba. Apenas tenía unos veinte años, quizá un poco más. Pero su madre, la Reina bruja, seguía siendo la más poderosa del aquelarre, a Catherine la veían como la joven promesa; ella no quería ser una promesa, quería ser la más poderosa. El sueño más profundo de Cath se basaba en que los humanos tuvieran miedo hasta de decir su nombre, que su presencia fuese incómoda para todos, y, que si alguna vez quería venir la Santa inquisición a su puerta, no hubiera tortura que no dejase caer sobre ellos por haber matado a tantas de las suyas. ¿Acaso era culpa de las brujas ser superiores a ellos? La humanidad debía sucumbir ante los poderosos, sin el control y el orden impuesto por las brujas, éstos seguirían matándose en guerras estúpidas por más tierras, mientras los más pobres peleaban sus guerras por dos migas de pan; humanos estúpidos. Entonces... ¿𝖁𝖆𝖘 𝖆 𝖉𝖊𝖘𝖈𝖊𝖓𝖉𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖑𝖆𝖗𝖌𝖔 𝖈𝖆𝖒𝖎𝖓𝖔 𝖉𝖊𝖑 𝖉𝖊𝖑𝖎𝖗𝖎𝖔? Sí, lo haría. Tomó el libro, aún sin abrirlo emanaba una esencia poderosa. Pudo resistir... Pudo empezar a leer, cómo si se tratase de algo tan blasfemo, inefable... Que tenía que concentrarse y no dejarse caer en la demencia de una vez. Se resistía, aunque el libro parecía arrastrarla lentamente en ese vacío. Suspiró, intentaba recobrar su equilibrio. La resistencia no cedía aún. La búsqueda del libro fue tan ardua que jamás imaginó el impacto que tendría en ella.
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  • -Ofendido porque a él no le regalaron nada del dia de la madre-
    (Sobre todo porque siempre ha tenido niños a cargo)
    -Ofendido porque a él no le regalaron nada del dia de la madre- (Sobre todo porque siempre ha tenido niños a cargo)
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  • Había estado toda la mañana empaquetando los regalos y finalmente fui a la oficina de mi madre.

    - ¡ FELIZ CUMPLEAÑOS MAMA ! -

    sonrió mostrando los paquetes.

    Liz Forbes
    Había estado toda la mañana empaquetando los regalos y finalmente fui a la oficina de mi madre. - ¡ FELIZ CUMPLEAÑOS MAMA ! - sonrió mostrando los paquetes. [Sheriff065]
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