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    [Archivo de Apariencias]
    El Nido 6, Interventor Kalhi Nigara.
    Capitán TF Nigara (desarmado).
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    ι═════════════════ι [Archivo de Apariencias] El Nido 6, Interventor Kalhi Nigara. Capitán TF Nigara (desarmado). ι═════════════════ι
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  • ι════════════════════ι
    El Nido 6, Cuarteles Generales de Durga.
    Ejercicio fallado, 2035 hrs.
    ι════════════════════ι

    La mesa de la sala común del Nido 6 estaba ocupada casi en su totalidad por los cuatro operadores de la TF Nigara, tazas de café, tablets y bocadillos. Estaban en calma, demasiado en calma para haber fallado una operación hace menos de una hora. Kalhi estaba sentado recto, con los antebrazos apoyados sobre la mesa y los dedos entrelazados. No había tensión visible en su postura, sólo una quietud demasiado perfecta, como la de alguien que ya tiene la conclusión de un problema que, sin embargo, estaba a punto de revelar.

    Harlenn estaba recostado en la silla, inclinado hacia atrás, con una pierna extendida bajo la mesa y la otra apoyada en el suelo. Parecía cómodo... o al menos fingía estarlo. Vidhi se había encorvado sobre la mesa, apoyando los codos y dejando caer el peso de la cabeza entre sus manos. Sabía exactamente en lo que se habían metido. Noxan, como siempre, sólo observaba.

    El silencio duró lo suficiente para que todos sintieran que alguien tenía que hablar.

    Kalhi respiró profundo, ordenando las conclusiones y prioridades en su mente resignada.

    — El ejercicio consistía en entrar sin ser detectados —dijo al fin.

    Nadie respondió.

    — Y sin embargo —continuó con la misma calma—, terminamos saliendo por una puerta lateral siendo perseguidos por media instalación que nos estaba buscando.
    — Técnicamente no era media instalación —Harlenn levantó una ceja al corregir, Kalhi lo miró—. Era un tercio.
    — Por Gaia... —Vidhi dejó escapar un sonido que no era exactamente una risa.

    Kalhi ignoró el comentario.

    — Quiero entender en qué momento exacto el ejercicio de infiltración se convirtió en retirada.
    — Cuando la infiltración dejó de existir —Noxan habló primero, con su tono tranquilo.
    — Sí, bueno —Vidhi soltó una risa breve—. Eso suele pasar cuando alguien incendia un almacén.

    Harlenn levantó ambas manos.

    — Primero: no fue un incendio —dijo, ganándose la mirada de Kalhi—. Fue una reacción térmica localizada.
    — Era un depósito de combustible —Vidhi lo miró con incredulidad.
    — Exacto —respondió Harlenn—. Altamente inflamable. Muy mala idea guardarlo ahí.

    Kalhi cerró los ojos un segundo y volvió a abrirlos.

    — El plan era infiltración silenciosa.
    — Lo fue —dijo Harlenn—, durante diez minutos.
    — Ocho —replicó Vidhi.
    — Diez.
    — Ocho.
    — Siete minutos y cuarenta y tres segundos —Noxan intervino sin levantar la voz, los tres lo miraron, se encogió apenas de hombros—. Cronometré.

    Kalhi volvió al punto central.

    —Bien. Entonces, recapitulando —miró a Harlenn—. Entramos en silencio —luego a Vidhi—. Detectamos patrullas —después a Noxan—. Evitamos confrontación —finalmente regresó a Harlenn—. Hasta que alguien detonó una "reacción térmica localizada".
    — Ellos empezaron —Harlenn se encogió de hombros.
    — ¡Era un ejercicio! —Vidhi giró hacia él.
    — Ellos no lo sabían.

    Kalhi respiró otra vez. Vidhi dejó caer la frente contra la mesa. Noxan levantó la mirada hacia el techo como si estuviera contemplando algo muy lejano.

    — Harlenn. El error fue tuyo —Kalhi volvió a hablar y fue categórico.

    El demonio quedó de pronto bajo todas las miradas. Se inclinó hacia adelante y apoyó los antebrazos en la mesa.

    — ¿Mío?

    Vidhi levantó la cabeza lentamente.

    — Oh, esto se va a poner interesante.

    Noxan permaneció en silencio.

    — Sí. Tuyo —Kalhi sostuvo la mirada de Harlenn.
    — Bien. Explícame —Harlenn inclinó apenas la cabeza.
    — El plan contemplaba evitar confrontación.
    — Correcto.
    — La infiltración funcionaba.
    — Correcto.
    — Y aun así decidiste escalar.
    — No decidí escalar —Harlenn negó levemente con la cabeza.
    — Incendiar combustible sí cuenta como escalar —Vidhi murmuró.
    — Dos guardias cambiaron su ruta de patrulla —Harlenn continuó como si no lo hubiera oído.

    Noxan asintió apenas.

    — Si seguían avanzando nos encontraban en cuarenta segundos —dijo Harlenn—. Tenía tres opciones —levantó un dedo—. Neutralizarlos —otro—. Retirarme y arriesgar exposición —y un tercero dedo más—. Crear una distracción mayor.
    — ¿La distracción mayor era volar el almacén? —Vidhi lo miró.
    — No lo volé —Harlenn se defendió.
    — Ardía como un pequeño sol.
    — Combustión acelerada.

    Kalhi lo dejó hablar.

    — Si los neutralizaba —continuó Harlenn—, los cuerpos se encontrarían en minutos. Si me retiraba, la patrulla veía el acceso abierto. Así que generé una distracción.
    — Una distracción que activó todo el protocolo de seguridad de todo el fucking complejo —aclaró Vidhi.
    — Lo cual nos obligó a retirarnos —Noxan precisó con calma.
    — Lo cual evitó que nos detectaran dentro del edificio.

    Harlenn miró al nigromante.

    — Espera... —Vidhi parpadeó, luego miró a Kalhi—. Técnicamente tiene razón.

    Kalhi seguía inmóvil.

    — A veces, la discreción requiere creatividad —el demonio parecía muy convencido.

    Vidhi volvió a dejar caer la frente sobre la mesa.

    — El error fue tuyo —Kalhi repitió, a lo que Harlenn ya sólo resopló. Pero Kalhi no había terminado aún—. Creativo o no, no necesitábamos un incendio para cumplir nuestro objetivo, incluso si con ello nos ayudaras a evitar peores conclusiones —no apartó la mirada de Harlenn—. Si nos capturaban, tendríamos que pedir ayuda. Vidhi lo hubiera hecho en un minuto, Durga enviaría rescate, se controlaban factores humanos. Fin.

    Era la primera vez que Kalhi miraba la operación desde el momento posterior.

    Los otros tres guardaron silencio.

    — Si éramos detectados después, cuando encontraran cuerpos neutralizados, ya nos habríamos retirado. Fallábamos. Fin.

    Vidhi levantó lentamente la cabeza. Noxan bajó la mirada hacia la mesa. Harlenn dejó de moverse.

    — Ambas situaciones nos hubieran dado margen para actuar de nuevo en pocos días después —continuó Kalhi—. Pero ahora que el lugar está prácticamente destruido, ya no hay margen.

    El silencio marcó el margen que los otros tres habían dejado pasar.

    — Comprometiste no sólo la misión —terminó—, también cualquier operación de corrección o contención posterior. Objetivo perdido irremediablemente.

    Nadie habló durante varios segundos más, pero Harlenn fue el primero en decir algo.

    — Entiendo —se pasó una mano por la nuca, no sonaba defensivo—. Estaba pensando en la fase inmediata —explicó—. Evitar la captura...
    — No estabas pensando en la siguiente operación —Vidhi murmuró.
    — Ni en la siguiente después de esa —Noxan añadió.
    — Sí —Harlenn asintió lentamente, miró luego a Kalhi—. El error fue mío —lo dijo ya sin ironía.
    — Bueno, hay progreso emocional en el demonio ígneo, hay que anotar la fecha —Vidhi se recostó en la silla y se cruzó de brazos.

    Harlenn lo ignoró.

    — Si esto hubiera sido real —dijo—, habríamos perdido el objetivo completamente.

    El silencio regresó. Ahora todos veían la dimensión completa del problema. Harlenn tamborileó los dedos una vez sobre la mesa.

    — Entonces la conclusión es simple —miró a Kalhi—. En infiltración prolongada, la prioridad no es sobrevivir al momento sino mantener el problema vivo —luego añadió con una sonrisa cansada—. La próxima vez incendiaré algo sólo si ya no necesitamos volver.
    — Voy a escribir un manual para ti... —masculló Vidhi.
    — Será un documento largo —precisó Noxan—. Muy largo.

    Kalhi finalmente se recostó un poco en la silla.
    La discusión había terminado.
    ι════════════════════ι El Nido 6, Cuarteles Generales de Durga. Ejercicio fallado, 2035 hrs. ι════════════════════ι La mesa de la sala común del Nido 6 estaba ocupada casi en su totalidad por los cuatro operadores de la TF Nigara, tazas de café, tablets y bocadillos. Estaban en calma, demasiado en calma para haber fallado una operación hace menos de una hora. Kalhi estaba sentado recto, con los antebrazos apoyados sobre la mesa y los dedos entrelazados. No había tensión visible en su postura, sólo una quietud demasiado perfecta, como la de alguien que ya tiene la conclusión de un problema que, sin embargo, estaba a punto de revelar. Harlenn estaba recostado en la silla, inclinado hacia atrás, con una pierna extendida bajo la mesa y la otra apoyada en el suelo. Parecía cómodo... o al menos fingía estarlo. Vidhi se había encorvado sobre la mesa, apoyando los codos y dejando caer el peso de la cabeza entre sus manos. Sabía exactamente en lo que se habían metido. Noxan, como siempre, sólo observaba. El silencio duró lo suficiente para que todos sintieran que alguien tenía que hablar. Kalhi respiró profundo, ordenando las conclusiones y prioridades en su mente resignada. — El ejercicio consistía en entrar sin ser detectados —dijo al fin. Nadie respondió. — Y sin embargo —continuó con la misma calma—, terminamos saliendo por una puerta lateral siendo perseguidos por media instalación que nos estaba buscando. — Técnicamente no era media instalación —Harlenn levantó una ceja al corregir, Kalhi lo miró—. Era un tercio. — Por Gaia... —Vidhi dejó escapar un sonido que no era exactamente una risa. Kalhi ignoró el comentario. — Quiero entender en qué momento exacto el ejercicio de infiltración se convirtió en retirada. — Cuando la infiltración dejó de existir —Noxan habló primero, con su tono tranquilo. — Sí, bueno —Vidhi soltó una risa breve—. Eso suele pasar cuando alguien incendia un almacén. Harlenn levantó ambas manos. — Primero: no fue un incendio —dijo, ganándose la mirada de Kalhi—. Fue una reacción térmica localizada. — Era un depósito de combustible —Vidhi lo miró con incredulidad. — Exacto —respondió Harlenn—. Altamente inflamable. Muy mala idea guardarlo ahí. Kalhi cerró los ojos un segundo y volvió a abrirlos. — El plan era infiltración silenciosa. — Lo fue —dijo Harlenn—, durante diez minutos. — Ocho —replicó Vidhi. — Diez. — Ocho. — Siete minutos y cuarenta y tres segundos —Noxan intervino sin levantar la voz, los tres lo miraron, se encogió apenas de hombros—. Cronometré. Kalhi volvió al punto central. —Bien. Entonces, recapitulando —miró a Harlenn—. Entramos en silencio —luego a Vidhi—. Detectamos patrullas —después a Noxan—. Evitamos confrontación —finalmente regresó a Harlenn—. Hasta que alguien detonó una "reacción térmica localizada". — Ellos empezaron —Harlenn se encogió de hombros. — ¡Era un ejercicio! —Vidhi giró hacia él. — Ellos no lo sabían. Kalhi respiró otra vez. Vidhi dejó caer la frente contra la mesa. Noxan levantó la mirada hacia el techo como si estuviera contemplando algo muy lejano. — Harlenn. El error fue tuyo —Kalhi volvió a hablar y fue categórico. El demonio quedó de pronto bajo todas las miradas. Se inclinó hacia adelante y apoyó los antebrazos en la mesa. — ¿Mío? Vidhi levantó la cabeza lentamente. — Oh, esto se va a poner interesante. Noxan permaneció en silencio. — Sí. Tuyo —Kalhi sostuvo la mirada de Harlenn. — Bien. Explícame —Harlenn inclinó apenas la cabeza. — El plan contemplaba evitar confrontación. — Correcto. — La infiltración funcionaba. — Correcto. — Y aun así decidiste escalar. — No decidí escalar —Harlenn negó levemente con la cabeza. — Incendiar combustible sí cuenta como escalar —Vidhi murmuró. — Dos guardias cambiaron su ruta de patrulla —Harlenn continuó como si no lo hubiera oído. Noxan asintió apenas. — Si seguían avanzando nos encontraban en cuarenta segundos —dijo Harlenn—. Tenía tres opciones —levantó un dedo—. Neutralizarlos —otro—. Retirarme y arriesgar exposición —y un tercero dedo más—. Crear una distracción mayor. — ¿La distracción mayor era volar el almacén? —Vidhi lo miró. — No lo volé —Harlenn se defendió. — Ardía como un pequeño sol. — Combustión acelerada. Kalhi lo dejó hablar. — Si los neutralizaba —continuó Harlenn—, los cuerpos se encontrarían en minutos. Si me retiraba, la patrulla veía el acceso abierto. Así que generé una distracción. — Una distracción que activó todo el protocolo de seguridad de todo el fucking complejo —aclaró Vidhi. — Lo cual nos obligó a retirarnos —Noxan precisó con calma. — Lo cual evitó que nos detectaran dentro del edificio. Harlenn miró al nigromante. — Espera... —Vidhi parpadeó, luego miró a Kalhi—. Técnicamente tiene razón. Kalhi seguía inmóvil. — A veces, la discreción requiere creatividad —el demonio parecía muy convencido. Vidhi volvió a dejar caer la frente sobre la mesa. — El error fue tuyo —Kalhi repitió, a lo que Harlenn ya sólo resopló. Pero Kalhi no había terminado aún—. Creativo o no, no necesitábamos un incendio para cumplir nuestro objetivo, incluso si con ello nos ayudaras a evitar peores conclusiones —no apartó la mirada de Harlenn—. Si nos capturaban, tendríamos que pedir ayuda. Vidhi lo hubiera hecho en un minuto, Durga enviaría rescate, se controlaban factores humanos. Fin. Era la primera vez que Kalhi miraba la operación desde el momento posterior. Los otros tres guardaron silencio. — Si éramos detectados después, cuando encontraran cuerpos neutralizados, ya nos habríamos retirado. Fallábamos. Fin. Vidhi levantó lentamente la cabeza. Noxan bajó la mirada hacia la mesa. Harlenn dejó de moverse. — Ambas situaciones nos hubieran dado margen para actuar de nuevo en pocos días después —continuó Kalhi—. Pero ahora que el lugar está prácticamente destruido, ya no hay margen. El silencio marcó el margen que los otros tres habían dejado pasar. — Comprometiste no sólo la misión —terminó—, también cualquier operación de corrección o contención posterior. Objetivo perdido irremediablemente. Nadie habló durante varios segundos más, pero Harlenn fue el primero en decir algo. — Entiendo —se pasó una mano por la nuca, no sonaba defensivo—. Estaba pensando en la fase inmediata —explicó—. Evitar la captura... — No estabas pensando en la siguiente operación —Vidhi murmuró. — Ni en la siguiente después de esa —Noxan añadió. — Sí —Harlenn asintió lentamente, miró luego a Kalhi—. El error fue mío —lo dijo ya sin ironía. — Bueno, hay progreso emocional en el demonio ígneo, hay que anotar la fecha —Vidhi se recostó en la silla y se cruzó de brazos. Harlenn lo ignoró. — Si esto hubiera sido real —dijo—, habríamos perdido el objetivo completamente. El silencio regresó. Ahora todos veían la dimensión completa del problema. Harlenn tamborileó los dedos una vez sobre la mesa. — Entonces la conclusión es simple —miró a Kalhi—. En infiltración prolongada, la prioridad no es sobrevivir al momento sino mantener el problema vivo —luego añadió con una sonrisa cansada—. La próxima vez incendiaré algo sólo si ya no necesitamos volver. — Voy a escribir un manual para ti... —masculló Vidhi. — Será un documento largo —precisó Noxan—. Muy largo. Kalhi finalmente se recostó un poco en la silla. La discusión había terminado.
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  • El Nido 6 estaba vacío, todos sus miembros estaban fuera en servicio. Cuando Kalhi regresó al atardecer, las luces se mantuvieron bajas al reconocer al naga (una raza que puede ver en la oscuridad y que, además, se siente más cómoda en esta). La voz del asistente digital le recibió con un saludo protocolar.

    — Capitán Nigara en el Nido.

    Kalhi no necesitó confirmar ni responder al saludo. Su objetivo estaba claro, se dirigió a la impresora 3D para ingresar en el sistema el diseño que traía entre manos...

    El Nido 6 estaba vacío, todos sus miembros estaban fuera en servicio. Cuando Kalhi regresó al atardecer, las luces se mantuvieron bajas al reconocer al naga (una raza que puede ver en la oscuridad y que, además, se siente más cómoda en esta). La voz del asistente digital le recibió con un saludo protocolar. — Capitán Nigara en el Nido. Kalhi no necesitó confirmar ni responder al saludo. Su objetivo estaba claro, se dirigió a la impresora 3D para ingresar en el sistema el diseño que traía entre manos...
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  • Después de terminar la operación y del debriefing, Kalhi fue liberado. Su turno había acabado y podía descansar.

    Se dirigió a su cuartel, a su lecho, donde estaban sus cosas. De un baúl a los pies de su catre sacó una chaqueta, pero no la vistió, se la llevó consigo hacia el área de mantenimiento de las aeronaves.

    Saludó con un movimiento sutil de la cabeza a los mecánicos, pasó de largo hacia la pista de concreto. Pero antes, tomó un bote de combustible etérico del que usan para las aeronaves.

    Lejos de las cámaras, al límite del rango de la luz de un foco de un hangar, Kalhi se detuvo.

    Siempre guardó algo de cada quien: un colgante de cuero, vendas compartidas, una bufanda, un pañuelo. Y por último, lo más reciente, una chaqueta.

    Recordó el día anterior. Una voz femenina comandando en él lo que ella no podía hacer, pero deseaba. La típica villana manipuladora de telenovela ochentera. Y ahí, Leo, obedeciéndole, como si no tuviera voluntad propia. Ahí murió el Leonardo que era consciente de su poder, que respetaba a los demás, que era capaz de una humildad tan adorable... y pasó a ser el juguete de un par de senos y un buen culo. Era tan típico, que dolía.
    Del otro lado había un humano, fuerte y lleno de una voluntad inquebrantable, pero un humano al fin y al cabo. Un hombre al que la mujer y Leo querían filetear en vida, como si no valiera nada, como si el poder curarlo después excusara un desmembramiento. Como si no lo estuvieran haciendo por mero peso de sus egos. Leo, ¿Dejándose llevar por su ego? Kalhi no pudo permitirlo, no pudo elegir satisfacer el capricho de un par de dementes psicópatas a cambio del dolor de un hombre roto, que ya había sido mutilado por el mismo Leo (increíble), un hombre cuyo único pecado era querer ser mejor sin importar las consecuencias.

    Kalhi lanzó la chaqueta al piso, vertió el combustible sobre esta y procuró empaparla bien.

    No era la primera vez que se convertía en el enemigo por hacer lo correcto, y pensó que Leo también era esa clase de hombre, pero se equivocó. Y es que, ¿Qué sentido tiene poseer tanto poder, si sólo acaba destruyéndolo todo a su alrededor? Es la paradoja eterna del que quiere destruir el mundo porque algo malo le hizo alguna vez, como un niño que le lanza un puñetazo a la mesa donde se golpeó con torpeza.

    A Kalhi no le importaba llenarse de enemigos, o perder a un amante en consecuencia, si con ello hacía lo correcto. La vida le endureció, los abandonos le templaron.

    Ya no duda, ya no se queja, ya no explica.

    Se acuclilló y extendió una mano, tocó con un dedo el borde del combustible que, en respuesta y con tenue chasquido, se encendió. Las llamas etéricas envolvieron la chaqueta con rapidez, consumiéndola desde afuera hacia adentro.

    Kalhi siempre guardó algo. El colgante lo lanzó a un horno industrial. Las vendas fueron a parar a una pira en un campamento. La bufanda ardió en el incendio de una cabaña. El pañuelo, por pertenecer a un demonio resistente al fuego, fue desintegrado en un reciclador.

    La chaqueta también ardió.
    Un dolor menos que cargar.
    Después de terminar la operación y del debriefing, Kalhi fue liberado. Su turno había acabado y podía descansar. Se dirigió a su cuartel, a su lecho, donde estaban sus cosas. De un baúl a los pies de su catre sacó una chaqueta, pero no la vistió, se la llevó consigo hacia el área de mantenimiento de las aeronaves. Saludó con un movimiento sutil de la cabeza a los mecánicos, pasó de largo hacia la pista de concreto. Pero antes, tomó un bote de combustible etérico del que usan para las aeronaves. Lejos de las cámaras, al límite del rango de la luz de un foco de un hangar, Kalhi se detuvo. Siempre guardó algo de cada quien: un colgante de cuero, vendas compartidas, una bufanda, un pañuelo. Y por último, lo más reciente, una chaqueta. Recordó el día anterior. Una voz femenina comandando en él lo que ella no podía hacer, pero deseaba. La típica villana manipuladora de telenovela ochentera. Y ahí, Leo, obedeciéndole, como si no tuviera voluntad propia. Ahí murió el Leonardo que era consciente de su poder, que respetaba a los demás, que era capaz de una humildad tan adorable... y pasó a ser el juguete de un par de senos y un buen culo. Era tan típico, que dolía. Del otro lado había un humano, fuerte y lleno de una voluntad inquebrantable, pero un humano al fin y al cabo. Un hombre al que la mujer y Leo querían filetear en vida, como si no valiera nada, como si el poder curarlo después excusara un desmembramiento. Como si no lo estuvieran haciendo por mero peso de sus egos. Leo, ¿Dejándose llevar por su ego? Kalhi no pudo permitirlo, no pudo elegir satisfacer el capricho de un par de dementes psicópatas a cambio del dolor de un hombre roto, que ya había sido mutilado por el mismo Leo (increíble), un hombre cuyo único pecado era querer ser mejor sin importar las consecuencias. Kalhi lanzó la chaqueta al piso, vertió el combustible sobre esta y procuró empaparla bien. No era la primera vez que se convertía en el enemigo por hacer lo correcto, y pensó que Leo también era esa clase de hombre, pero se equivocó. Y es que, ¿Qué sentido tiene poseer tanto poder, si sólo acaba destruyéndolo todo a su alrededor? Es la paradoja eterna del que quiere destruir el mundo porque algo malo le hizo alguna vez, como un niño que le lanza un puñetazo a la mesa donde se golpeó con torpeza. A Kalhi no le importaba llenarse de enemigos, o perder a un amante en consecuencia, si con ello hacía lo correcto. La vida le endureció, los abandonos le templaron. Ya no duda, ya no se queja, ya no explica. Se acuclilló y extendió una mano, tocó con un dedo el borde del combustible que, en respuesta y con tenue chasquido, se encendió. Las llamas etéricas envolvieron la chaqueta con rapidez, consumiéndola desde afuera hacia adentro. Kalhi siempre guardó algo. El colgante lo lanzó a un horno industrial. Las vendas fueron a parar a una pira en un campamento. La bufanda ardió en el incendio de una cabaña. El pañuelo, por pertenecer a un demonio resistente al fuego, fue desintegrado en un reciclador. La chaqueta también ardió. Un dolor menos que cargar.
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  • La sala de vigilancia de la base era poco más que unos cuantos contenedores metálicos acomodados como escritorios. El generador vibraba como un corazón enfermo mientras los soldados miraban pantallas llenas de estática e imágenes deshabitadas. Kalhi estaba de pie detrás de ellos, inmóvil.

    — Eh, Nigara, ¿Por qué te enviaron a ti en lugar de a un ingeniero? —Comentó uno, sin apartar la vista del monitor.

    — El equipo no es el problema, ya lo revisaron dos veces… —respondió otro con un bufido cansado.

    — ¿Y qué crees que es entonces? ¿Un fantasma? ¿Extraterrestres? Peor, ¿Un fantasma extraterrestre?

    Un par de risas aligeraron el ambiente. Kalhi no intervino.
    Las trampas electromagnéticas ya estaba activadas en cada muro junto a una cámara exterior, con sus lucecitas tiltilando en silencio. El primer pitido sonó tan bajo que casi pasó desapercibido, un bip digital que pasó a repetirse para convertirse en un chillido sostenido. En la pantalla del corredor lateral apareció una mancha. Las cámaras compensaban la exposición con retraso, generando una sucesión de imágenes fragmentadas donde patas largas y un cuerpo erróneo parecían surgir y desaparecer en el mismo fotograma.

    — Eso… eso es un error de compresión —dijo alguien.

    La criatura avanzó um paso, la mancha de estática se deformó alrededor de su cuerpo. Kalhi afiló apenas la mirada confirmando lo que ya sabía: la cosa estaba siendo obligada a aparecer gracias a las trampas.

    La cámara ajustó el ángulo, la escena quedó reducida a una imagen infrarroja rodeada por noche pura. Y en frente estaba la figura, inclinándose grotescamente bajo su propio peso, apoyada en extremidades demasiado largas que tocaban el suelo con una delicadeza antinatural. No había ojos distinguibles en la imagen, pero la sensación de ser observados atravesó la sala de control como flechas de hielo.

    — ¿Qué… qué mierda es eso? —susurró el técnico más joven, incapaz de apartar la mirada.

    Kalhi dio un paso hacia la puerta de salida, ajustó el cierre de su uniforme.

    — Intruso confirmado —dijo finalmente.
    La sala de vigilancia de la base era poco más que unos cuantos contenedores metálicos acomodados como escritorios. El generador vibraba como un corazón enfermo mientras los soldados miraban pantallas llenas de estática e imágenes deshabitadas. Kalhi estaba de pie detrás de ellos, inmóvil. — Eh, Nigara, ¿Por qué te enviaron a ti en lugar de a un ingeniero? —Comentó uno, sin apartar la vista del monitor. — El equipo no es el problema, ya lo revisaron dos veces… —respondió otro con un bufido cansado. — ¿Y qué crees que es entonces? ¿Un fantasma? ¿Extraterrestres? Peor, ¿Un fantasma extraterrestre? Un par de risas aligeraron el ambiente. Kalhi no intervino. Las trampas electromagnéticas ya estaba activadas en cada muro junto a una cámara exterior, con sus lucecitas tiltilando en silencio. El primer pitido sonó tan bajo que casi pasó desapercibido, un bip digital que pasó a repetirse para convertirse en un chillido sostenido. En la pantalla del corredor lateral apareció una mancha. Las cámaras compensaban la exposición con retraso, generando una sucesión de imágenes fragmentadas donde patas largas y un cuerpo erróneo parecían surgir y desaparecer en el mismo fotograma. — Eso… eso es un error de compresión —dijo alguien. La criatura avanzó um paso, la mancha de estática se deformó alrededor de su cuerpo. Kalhi afiló apenas la mirada confirmando lo que ya sabía: la cosa estaba siendo obligada a aparecer gracias a las trampas. La cámara ajustó el ángulo, la escena quedó reducida a una imagen infrarroja rodeada por noche pura. Y en frente estaba la figura, inclinándose grotescamente bajo su propio peso, apoyada en extremidades demasiado largas que tocaban el suelo con una delicadeza antinatural. No había ojos distinguibles en la imagen, pero la sensación de ser observados atravesó la sala de control como flechas de hielo. — ¿Qué… qué mierda es eso? —susurró el técnico más joven, incapaz de apartar la mirada. Kalhi dio un paso hacia la puerta de salida, ajustó el cierre de su uniforme. — Intruso confirmado —dijo finalmente.
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  • IMPORTANTE, leer antes de joder:

    OC Shapeshifter: Kalhi puede ser chica o chico.
    NO negociable: Kalhi mantiene su cualidad de shapeshifter 𝐄𝐍 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓𝐎 y no es "averiguable" (ni dioses, ni oler la raza, ni clarividencia, ni en ).
    NO negociable: Kalhi posee la habilidad de sintetizar venenos y/o antídotos basados en cualquier entidad viva (sintetiza toxinas específicas dañinas para seres sobrenaturales, además de antídotos).
    NO negociable: Kalhi utiliza dos espadas cortas rituales capaces de atravesar cualquier materia (sí, cualquiera, con mayor o menor dificultad).
    NO negociable: Kalhi se regenera muy rápidamente (no instantáneamente, sujeto a gravedad/naturaleza del daño y las reservas energéticas de Kalhi).
    NO negociable: Cloud City es impenetrable, invulnerable e indetectable. Para cualquier gobierno humano, no existe.

    → No está relacionada con la milicia. Es civil (a veces, mercenaria o espía).
    → Operador de fuerzas especiales. En contexto profesional humano se le conoce por su alias "Viper".

    Lista de personajes que saben su secreto cambiaforma:
    WhiteGlint. Hiro. Vidhi. Leo.
    Suelo aclarar al inicio de cada rol si Kalhi va de "el naga" o "la naga".

    #CloudCity (Durga HQ) : https://ficrol.com/posts/226759
    #DiezCosasSobreViper : https://ficrol.com/posts/263164
    #RandomQuiz : https://ficrol.com/posts/216094
    #SiTuYYo : https://ficrol.com/posts/215513

    (Resubido 21/02).
    ☠️ IMPORTANTE, leer antes de joder: 📌 OC Shapeshifter: Kalhi puede ser chica o chico. 📌 NO negociable: Kalhi mantiene su cualidad de shapeshifter 𝐄𝐍 𝐒𝐄𝐂𝐑𝐄𝐓𝐎 y no es "averiguable" (ni dioses, ni oler la raza, ni clarividencia, ni 🐤 en 🧴). 📌 NO negociable: Kalhi posee la habilidad de sintetizar venenos y/o antídotos basados en cualquier entidad viva (sintetiza toxinas específicas dañinas para seres sobrenaturales, además de antídotos). 📌 NO negociable: Kalhi utiliza dos espadas cortas rituales capaces de atravesar cualquier materia (sí, cualquiera, con mayor o menor dificultad). 📌 NO negociable: Kalhi se regenera muy rápidamente (no instantáneamente, sujeto a gravedad/naturaleza del daño y las reservas energéticas de Kalhi). 📌 NO negociable: Cloud City es impenetrable, invulnerable e indetectable. Para cualquier gobierno humano, no existe. ♀️ → No está relacionada con la milicia. Es civil (a veces, mercenaria o espía). ♂️ → Operador de fuerzas especiales. En contexto profesional humano se le conoce por su alias "Viper". 🐍 Lista de personajes que saben su secreto cambiaforma: WhiteGlint. Hiro. Vidhi. Leo. 🐍 Suelo aclarar al inicio de cada rol si Kalhi va de "el naga" o "la naga". #CloudCity (Durga HQ) : https://ficrol.com/posts/226759 #DiezCosasSobreViper : https://ficrol.com/posts/263164 #RandomQuiz : https://ficrol.com/posts/216094 #SiTuYYo : https://ficrol.com/posts/215513 (Resubido 21/02).
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  • — Contacto.

    Se oyó a través del intercomunicador.
    Silencio incómodo. Nadie quería saberlo, pero siempre hay quien debe preguntar.

    — ¿Qué tenemos?

    Kalhi, en voz baja, respondió con esa calma densa que parecía más aplastante que tranquilizadora.

    — Dos flores —dijo—. Feliz día de San Valentín.
    — Contacto. Se oyó a través del intercomunicador. Silencio incómodo. Nadie quería saberlo, pero siempre hay quien debe preguntar. — ¿Qué tenemos? Kalhi, en voz baja, respondió con esa calma densa que parecía más aplastante que tranquilizadora. — Dos flores —dijo—. Feliz día de San Valentín.
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  • En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas.

    El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera.

    Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente.

    — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así.

    Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro.

    — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella.

    Silencio.

    — No soy débil... —masculló él.

    Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella.

    Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto.

    El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo.

    — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa...

    Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición.

    — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
    En el templo de entrenamiento, Kalhi observaba desde el borde con los brazos cruzados, la postura recta y equilibrada. No veía a sus compañeros como personas, los medía, los observaba, calculaba su fuerza, su equilibrio, pero sobre todo potencia, como si fueran herraientas. El Kalaripayattu no era para tomarlo a la ligera. Hoy había un testigo externo, un hombre que pidió presenciar el entrenamiento quién sabe por qué. Hablando demasiado y paseándose con una sonrisa ladeada, escupía palabras con voz lo bastante alta como para que todos escucharan, aunque nadie le prestaba atención realmente. — Las mujeres siempre consiguen lo que quieren con manipulación, encanto o lloriqueo, pero no con fuerza —se encogió de hombros—. No es culpa suya, es sólo que la biología es así. Kalhi lo estudió: mandíbula apretada, centro de gravedad adelantado y un leve olor a perro. — Lo único manipulable es la debilidad —dijo ella. Silencio. — No soy débil... —masculló él. Y queriendo demostrarlo, sacó un arma de fuego con la que apuntó a las piernas de ella. Kalhi no retrocedió. Giró, atrapó la muñeca en trayectoria descendente, el arma se disparó, ella lo pasó por alto y pivotó, su cadera desarmó el equilibrio de él. Lo proyectó contra el suelo con un impacto seco que levantó polvo y pedacitos de orgullo roto. El hombre intentó incorporarse. Ella ya estaba encima con la rodilla presionando su antebrazo, aunque sin romperlo. Podría hacerlo, pero se conformó con mancharle la piel con la sangre que escurrió de la herida de bala en su muslo. — ¿Tanto te duele oír la verdad? Esa es una debilidad peligrosa... Aumentó apenas la presión. Él gruñó y ladró una maldición. — Dispararme no te da la razón, sólo prueba lo frágil que eres.
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  • El mármol aún conservaba el frío de la mañana cuando apoyó las manos. La ciudad se abría detrás como un mapa de rutas posibles, ninguna segura del todo, todas transitables, todas llenas de civiles.

    Kalhi observó el horizonte sin buscar nada en concreto, porque lo que le importaba no era hacia dónde ir, sino por dónde ir.
    El mármol aún conservaba el frío de la mañana cuando apoyó las manos. La ciudad se abría detrás como un mapa de rutas posibles, ninguna segura del todo, todas transitables, todas llenas de civiles. Kalhi observó el horizonte sin buscar nada en concreto, porque lo que le importaba no era hacia dónde ir, sino por dónde ir.
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  • Sus ojos, un par de gemas luminosas,
    buscan al monstruo que se esconde,
    mientras los muros susurran historias
    de un mundo que ya no existe.

    En sus manos, el frío del acero,
    en su mente, la certeza de la caza.
    Kalhi se desliza como una sombra,
    uno con la noche, uno con la tragedia.
    Sus ojos, un par de gemas luminosas, buscan al monstruo que se esconde, mientras los muros susurran historias de un mundo que ya no existe. En sus manos, el frío del acero, en su mente, la certeza de la caza. Kalhi se desliza como una sombra, uno con la noche, uno con la tragedia.
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