• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━



    ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley.
    ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años.
    ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida.
    ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino.
    ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m.
    ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno.
    ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío.
    ➤ 𝕯іᥲgᥒós𝗍іᥴ᥆: Esquizofrenia.


    ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente.
    A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc.
    Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo.
    La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrectos, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia.
    La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo.
    A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico.
    Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer.
    A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes.

    𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
    ━━「 𝕯᥆ ᥡ᥆ᥙ sᥱᥱ 𝗍һᥱm, 𝗍᥆᥆? 」━━ ➤ 𝐍ⱺꭑᑲ𝗋𝖾: Alaska Crowley. ➤ 𝐄ᑯαᑯ: 25 años. ➤ 𝐎𝗋𝗂𝖾𐓣𝗍α𝖼𝗂ó𐓣: Indefinida. ➤ 𝐆é𐓣𝖾𝗋ⱺ: Femenino. ➤ 𝐀ᥣ𝗍υ𝗋α: 1,68 m. ➤ 𝐎𝖼υρα𝖼𝗂ó𐓣: Camarera en club nocturno. ➤ 𝐅αꭑ𝗂ᥣ𝗂α𝗋𝖾𝗌 𝖼𝖾𝗋𝖼α𐓣ⱺ𝗌: Owen Crowley, tío. ➤ 𝕯іᥲgᥒós𝗍іᥴ᥆: Esquizofrenia. ➤ Desde nacimiento Alaska siempre presentó ciertos signos extraños para sus padres. Incluso para una recién nacida no era normal llorar todo el tiempo o estar periodos extensos en silencio, mirando puntos fijos. Al principio no quisieron preocuparse demasiado, pero a medida que ella iba creciendo empezó a ser más evidente. A los 4 años ya tenía varios amigos imaginarios o creaba alguno cada día. Lo que asustaba a sus padres era el hecho de describirlos con tanto detalle (tanto como una niña de esa edad podía) o decir cosas como "Los están mirando", "No le gustó eso", "Dice que voy a morir", etc. Lo que colmó el vaso fue cuando Alaska comenzó a gritar y llorar por las noches como si estuvieran torturándola, solo para encontrarle heridas o hematomas en el cuerpo. La llevaron con profesionales y, ya para los 5 años, tras muchas pruebas y diagnósticos incorrectos, terminó siendo diagnosticada con psicosis. Específicamente, esquizofrenia. La medicaron, aunque no quisieron ser demasiado invasivos. Por desgracia, no funcionaba muy bien. Intentaron con distintos tipos de medicación antes de subir las dosis. Ahí funcionaban por un tiempo antes de volver a lo mismo. A los 11 años ella advirtió a sus padres que no se fueran a dormir. Estaba demasiado inquieta y a toda costa los quiso mantener ocupados. No le hicieron caso. A la mañana siguiente los descubrió muertos: mandíbulas desencajadas, extremidades rotas, sangre por toda la cama... Nunca supieron qué ocurrió exactamente. No habían huellas y Alaska no tenía indicios de haberlo hecho. "Fueron ellos", mencionaba ella durante los testimonios, "Los monstruos que me dijeron que se los iban a comer". Entre tanto, insistió demasiado en eso y comenzó a tener conductas más agresivas que decidieron internarla en un psiquiátrico. Su tío, hermano del padre, tuvo que encargarse de ella desde ese entonces. No fue demasiado bueno. Cuando Alaska salió del psiquiátrico a los 16 años tuvo que valerse por su cuenta la mayor parte del tiempo, buscando diferentes trabajos al mentir con su edad o hasta robando dinero para costear los medicamentos y poder comer. A día de hoy sigue medicada y con dosis muy altas. Ayudan a que las alucinaciones no sean demasiado fuertes. 𝗣𝗼𝗿 𝗱𝗲𝘀𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮❟ 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗻 𝗮𝗹𝘂𝗰𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹𝗹𝗮 𝗻𝗼 𝗲𝘀𝘁á 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗳𝗲𝗿𝗺𝗮。 𝗣𝗲𝗿𝗼❟ ¿𝗾𝘂𝗶é𝗻 𝗰𝗿𝗲𝗲𝗿í𝗮 𝗮𝗹𝗴𝗼 𝗮𝘀í?
    Me gusta
    Me encocora
    7
    0 comentarios 0 compartidos
  • Existen leyes antiguas que incluso los dioses respetan.

    Cada reino posee sus propios guardianes, su propio equilibrio, sus propios límites y reglas. Los dioses de un mundo no intervienen en los dominios de otro, pues hacerlo significaría abrir la puerta a conflictos capaces de desgarrar la realidad misma.

    Melina llegó a este plano atravesando un portal entre mundos, escapando de dioses que temían aquello que ardía en dentro de ella misma. En su interior descansa un poder primigenio sellado, y por ello los dioses de su propio reino la buscan sin descanso.

    Sin embargo, en el mundo de Kazuo no podían alcanzarla.

    Durante un tiempo, aquel límite fue suficiente. Bajo la protección espiritual de este plano, Melina encontró refugio. Y fue allí donde sus caminos se cruzaron.

    Pero algo comenzó a cambiar.

    Kazuo, un espíritu profundamente preciado para los dioses de su reino y especialmente para Inari, formó con Melina un vínculo que nadie había previsto. Dos existencias extraordinarias, nacidas de planos distintos, unidas por un lazo demasiado poderoso.

    Aquel vínculo comenzó a generar una resonancia entre mundos.

    Eran como si dos realidades distintas intentaran tocarse a través de su unión. Y si aquello continuaba, el resultado habría sido inevitable: los límites entre reinos se debilitarían, y los dioses que perseguían a Melina terminarían arrastrando su conflicto hasta este mundo.

    Una guerra entre dominios divinos.

    Los guardianes de este reino no podían permitirlo.

    Así que tomaron una decisión sobre ellos sin pedir permiso.

    El vínculo fue arrancado del tejido del tiempo.

    Los recuerdos que los unían fueron sellados: no solo los de Kazuo y Melina, sino también los de aquellos que alguna vez supieron de su relación. Sin memoria, sin lazo espiritual y sin resonancia, el puente entre reinos desapareció.

    Pero los dioses de este mundo no actuaron únicamente para proteger su propio equilibrio.

    Antes de separarlos, dejaron sobre Melina un velo espiritual nacido de este reino: una bendición silenciosa que distorsiona su rastro entre los planos y dificulta que los dioses que la buscan puedan encontrarla.

    Un último gesto de compasión.

    Ahora ambos continúan sus caminos como extraños.

    Sin saber que alguna vez caminaron juntos.

    Y aun así… quizá en algún rincón profundo del alma de Kazuo permanezca una sensación inexplicable, como si algo importante faltara, como si le hubiesen arrancado sin permiso un bien demasiado preciado.

    Algo hermoso.

    Su mismo ser ser apagó, sin saber exactamente el por qué de aquel desazón. Y lo peor, es que jamás averiguaría el por qué, por qué le arrancaron el recuerdo de amar a alguien por primera vez.

    Algo que el tiempo decidió borrar para mantener intacto el equilibrio entre los mundos. Algo que era inevitable, una unión que el destino unió y que caprichoso decidió separar para siempre.
    Existen leyes antiguas que incluso los dioses respetan. Cada reino posee sus propios guardianes, su propio equilibrio, sus propios límites y reglas. Los dioses de un mundo no intervienen en los dominios de otro, pues hacerlo significaría abrir la puerta a conflictos capaces de desgarrar la realidad misma. Melina llegó a este plano atravesando un portal entre mundos, escapando de dioses que temían aquello que ardía en dentro de ella misma. En su interior descansa un poder primigenio sellado, y por ello los dioses de su propio reino la buscan sin descanso. Sin embargo, en el mundo de Kazuo no podían alcanzarla. Durante un tiempo, aquel límite fue suficiente. Bajo la protección espiritual de este plano, Melina encontró refugio. Y fue allí donde sus caminos se cruzaron. Pero algo comenzó a cambiar. Kazuo, un espíritu profundamente preciado para los dioses de su reino y especialmente para Inari, formó con Melina un vínculo que nadie había previsto. Dos existencias extraordinarias, nacidas de planos distintos, unidas por un lazo demasiado poderoso. Aquel vínculo comenzó a generar una resonancia entre mundos. Eran como si dos realidades distintas intentaran tocarse a través de su unión. Y si aquello continuaba, el resultado habría sido inevitable: los límites entre reinos se debilitarían, y los dioses que perseguían a Melina terminarían arrastrando su conflicto hasta este mundo. Una guerra entre dominios divinos. Los guardianes de este reino no podían permitirlo. Así que tomaron una decisión sobre ellos sin pedir permiso. El vínculo fue arrancado del tejido del tiempo. Los recuerdos que los unían fueron sellados: no solo los de Kazuo y Melina, sino también los de aquellos que alguna vez supieron de su relación. Sin memoria, sin lazo espiritual y sin resonancia, el puente entre reinos desapareció. Pero los dioses de este mundo no actuaron únicamente para proteger su propio equilibrio. Antes de separarlos, dejaron sobre Melina un velo espiritual nacido de este reino: una bendición silenciosa que distorsiona su rastro entre los planos y dificulta que los dioses que la buscan puedan encontrarla. Un último gesto de compasión. Ahora ambos continúan sus caminos como extraños. Sin saber que alguna vez caminaron juntos. Y aun así… quizá en algún rincón profundo del alma de Kazuo permanezca una sensación inexplicable, como si algo importante faltara, como si le hubiesen arrancado sin permiso un bien demasiado preciado. Algo hermoso. Su mismo ser ser apagó, sin saber exactamente el por qué de aquel desazón. Y lo peor, es que jamás averiguaría el por qué, por qué le arrancaron el recuerdo de amar a alguien por primera vez. Algo que el tiempo decidió borrar para mantener intacto el equilibrio entre los mundos. Algo que era inevitable, una unión que el destino unió y que caprichoso decidió separar para siempre.
    Me gusta
    Me entristece
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • El sol resplandecía como si estuviera presumiendo su derecho a brillar, la suave brisa corría entre los techos y los callejones de la ciudad de la libertad.

    El olor a pan recién orneado anunciaba las primeras tandas de desayunos junto con el dulce y carbonizado aroma de la carne a la miel del Gran Cazador, los guardias del turno de la noche pasaban al restaurante a comer antes de ir a la sede a dar reporte y terminar turno, el eco de los feroces y precisos golpeteos del martillo de wagner contra el yunke resonaban a distancia, parecía una día animado y tranquilo como siempre, hasta que...

    -¡Woo hoo!

    Se escuchó un grito de adrenalina, acompañado del potente rugido de una maquinaria muy poco común en ese mundo, un "corcel de acero". Aquella calma se vio momentáneamente interrumpida por aquel rugido metálico. Una sombra a gran velocidad pasó varios metros sobre la fuente central a la entrada de Mondstadt hasta impactarse en el suelo frente a la puerta de entrada a la ciudad. El peso de la moto y la velocidad la habían llevado a frenar hasta el puente saliendo de Mondstadt en un perfecto derrape, si, Jean había bajado a toda velocidad desde la explanada de la iglesia en aquella moto prestada.

    -....Por...el Gran Arconte Anemo....

    Dijo agitada sobre la motocicleta, sus mejillas estaban ruborizadas por la adrenalina ante el vehículo que le habían prestado incluso había perdido por ese momento su rígida postura como Gran Maestra Interina dejando ver a aquella alma rebelde y risueña por la que siempre era identificada en la academia.

    -Tendré que pedirle a la Señorita Mavuika la posibilidad de tener una para mi... -Dijo mientras usaba sus manos como abanicos sentada en la moto echándose aire en el rostro aún sintiendo como su corazón golpeaba contra su pecho-
    El sol resplandecía como si estuviera presumiendo su derecho a brillar, la suave brisa corría entre los techos y los callejones de la ciudad de la libertad. El olor a pan recién orneado anunciaba las primeras tandas de desayunos junto con el dulce y carbonizado aroma de la carne a la miel del Gran Cazador, los guardias del turno de la noche pasaban al restaurante a comer antes de ir a la sede a dar reporte y terminar turno, el eco de los feroces y precisos golpeteos del martillo de wagner contra el yunke resonaban a distancia, parecía una día animado y tranquilo como siempre, hasta que... -¡Woo hoo! Se escuchó un grito de adrenalina, acompañado del potente rugido de una maquinaria muy poco común en ese mundo, un "corcel de acero". Aquella calma se vio momentáneamente interrumpida por aquel rugido metálico. Una sombra a gran velocidad pasó varios metros sobre la fuente central a la entrada de Mondstadt hasta impactarse en el suelo frente a la puerta de entrada a la ciudad. El peso de la moto y la velocidad la habían llevado a frenar hasta el puente saliendo de Mondstadt en un perfecto derrape, si, Jean había bajado a toda velocidad desde la explanada de la iglesia en aquella moto prestada. -....Por...el Gran Arconte Anemo.... Dijo agitada sobre la motocicleta, sus mejillas estaban ruborizadas por la adrenalina ante el vehículo que le habían prestado incluso había perdido por ese momento su rígida postura como Gran Maestra Interina dejando ver a aquella alma rebelde y risueña por la que siempre era identificada en la academia. -Tendré que pedirle a la Señorita Mavuika la posibilidad de tener una para mi... -Dijo mientras usaba sus manos como abanicos sentada en la moto echándose aire en el rostro aún sintiendo como su corazón golpeaba contra su pecho-
    Me encocora
    Me enjaja
    Me shockea
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    \

    Esto es lo que leeré en el recital:

    \

    Paraíso de liebre submarina.

    Se cuenta, entre tantas danzantes leyendas, que una vez fue creada una Luna por el soplo de una pipa encantada.

    Y ella al ser ingenua se hallaba inmersa en un océano sin cielo, que engarzaba sus ojos entre las almenaras de sus sigilosos sueños. Ahí y justo ahí, el cielo se encargaba de cuidarla; y peinaba sus cabellos y la consentía y la Luna misma posaba su cabeza en el regazo del imberbe.

    A ella la había mandado pedir una flor de loto, como deseo de nacimiento, ya que crecía en un lago marchito. Ella no conocía más que el hedor de ese lugar, al que llamaba hogar mismo.

    Y el lago al ser marchito la volvía siempre egoísta.

    No reía, sólo codiciaba lo bello.

    Un día como cualquier otro, la flor de loto contempló hacia arriba, tras verse iluminada y arropada por una luz muy bella, como los rayos que la hacían vislumbrar las profundidades de su propio seno, y, con el ver nacarado de sus ojos, posados en los cabellos de esa doncella de plata, anheló su majestad y su sosiego. Y pidió y pidió y pidió ser criatura corpórea para poder hacerle el amor al menos una vez.

    Se dice que la flor y la pipa implementaron el tiempo para gobernar ya sus pasos, y, los pasos del loto se hicieron tardes, noches y mañanas. Ya que, al ser la flor más poderosa, construyó un barco para derramar sus sollozos en forma de gotas de sal, como si la sal se esgrimiera en forma y voto por proa desde el augurio de sus lágrimas.

    Aunaba un plan. Estas le permitieran alcanzar a la luna de su anhelo. Porque el anhelo por tenerla, y el querer tenerla, le hizo maquinar en su quehacer cosas terribles, y se olvidó de pensarla con el bienestar de un ser de noble corazón.

    Así que pensó, y pensó, y pensó en apagar la luminaria de las estrellas que la acompañaban.

    Porque las estrellas apagarían el cobijo de su risa y con su Solo de los susurros que, dedicada sólo a ella, una escalera se presentó al tiempo ante sus pies; amorosa y rebelde. Pero también se hizo turbia y deferente.

    Y la flor se tornó caballero de rigor, pesadilla y desesperanza.

    Así sucedió que la flor de loto, tocó una ventisca venidera de una lamparilla de hueso que pasaba, por allí y por allá. Una costilla de anciana virtud. Porque de los huesos que contenía el lago en el que descansaba la flor, ahí, y justo allí, al alcanzar la Luna con un beso, desde lejos, la cortó en varias tiras.

    Y la luna se derramó en casas, océanos y valles, hasta despojarse de su manto coronado.

    Y de la flor desgraciada y desabrida, emergió una doncella con el crepúsculo bañándole el rostro. Porque había permitido que su luna se presentase en sus aposentos, como ante la sorpresa de la Luna misma.

    Cayó en sus brazos, y, al tocar su rostro, cuando en el cuándo, leyó en la flor arrepentimiento. Ah, el arrepentimiento siempre es nacido del amor más pudiente, y orilló a ambos a fragmentarse y de sus fragmentos nació el océano de Valeria. El de más peligros y de más maravillas.

    Y en Valeria, se decía, que todas las cosas sucedían con errados suelos y erradas prosas y prisas, porque ellos cayeron allí y, el todo y la nada se hicieron sendos relojes de oro, bronce y plata. Hasta que, acabados por sus infamias y símiles, el tiempo se detuvo y existió una densa niebla, y, ante la niebla, se dio por presentada al nupcial mundo de la Aurora.

    Aurora, la Ciudad que nunca de los nunca dormiría.

    Aurora conmovida le abrió los brazos a la flor de loto hecha caballero, pero, a cambio de devolverle a su Luna le hizo ver su caparazón. Y la hizo llenarla con fuego: el fuego de los relojes.

    Entonces Valeria y Aurora orillaron a ese nuevo ser, al que llamaron en secreto Diomedes, a otorgarle el tiempo de su destiempo, pues Diomedes era ya santo, pero también anciano. Y entonces Diomedes presentó dos expresiones ante sí mismo. Una de ellas la posó en el cuerpo de la Luna, y, la otra al callarse, sólo hablaría el idioma de las bestias que habitarían, ese, empero nuevo mundo recién descubierto y conocido. Bestias que no lo traicionaron.


    Así y sólo así, se dice pues que, Diomedes izó el tiempo para que retuviera su soplo de amor, ese no tan verdadero, arropó a su Luna con las cicatrices de ese nuevo paraíso tejedor. Ese que nacía de sus propios dedos pinchados con las agujas de su propio tapizar de destinos.

    Y en el ahora del Ahora, Diomedes vio su suerte y se echó a llorar pues escapaba de la realidad que es fantasía, para guiar a su Luna al culmen del cielo, ya que creía, que al menos así, con su fuego horadado, se tejerían los fragmentos que le faltarían. Esos que debe, expiar y espiar, en cada rincón orillado por su propia mano y fuerza.

    Pero la Luna no retornó a los cielos; porque con el pisar de las pisadas de cerdas de su propia vigilia, Diomedes la lloró y convocó un conjuro que permitiría que esa niña mujer, mujer niña tocara el cielo siquiera una vez. Y por esta razón que Ifigenia, la barca de las líricas se abre paso en el mar de tinta que retiene la esperanzada de uno, y tan sólo uno, que anheló ser maestro de maestros.
    De su nacimiento.

    https://youtu.be/B6s3q2pbYYk?si=pw-MIVud5twowHQK
    \ Esto es lo que leeré en el recital: \ Paraíso de liebre submarina. Se cuenta, entre tantas danzantes leyendas, que una vez fue creada una Luna por el soplo de una pipa encantada. Y ella al ser ingenua se hallaba inmersa en un océano sin cielo, que engarzaba sus ojos entre las almenaras de sus sigilosos sueños. Ahí y justo ahí, el cielo se encargaba de cuidarla; y peinaba sus cabellos y la consentía y la Luna misma posaba su cabeza en el regazo del imberbe. A ella la había mandado pedir una flor de loto, como deseo de nacimiento, ya que crecía en un lago marchito. Ella no conocía más que el hedor de ese lugar, al que llamaba hogar mismo. Y el lago al ser marchito la volvía siempre egoísta. No reía, sólo codiciaba lo bello. Un día como cualquier otro, la flor de loto contempló hacia arriba, tras verse iluminada y arropada por una luz muy bella, como los rayos que la hacían vislumbrar las profundidades de su propio seno, y, con el ver nacarado de sus ojos, posados en los cabellos de esa doncella de plata, anheló su majestad y su sosiego. Y pidió y pidió y pidió ser criatura corpórea para poder hacerle el amor al menos una vez. Se dice que la flor y la pipa implementaron el tiempo para gobernar ya sus pasos, y, los pasos del loto se hicieron tardes, noches y mañanas. Ya que, al ser la flor más poderosa, construyó un barco para derramar sus sollozos en forma de gotas de sal, como si la sal se esgrimiera en forma y voto por proa desde el augurio de sus lágrimas. Aunaba un plan. Estas le permitieran alcanzar a la luna de su anhelo. Porque el anhelo por tenerla, y el querer tenerla, le hizo maquinar en su quehacer cosas terribles, y se olvidó de pensarla con el bienestar de un ser de noble corazón. Así que pensó, y pensó, y pensó en apagar la luminaria de las estrellas que la acompañaban. Porque las estrellas apagarían el cobijo de su risa y con su Solo de los susurros que, dedicada sólo a ella, una escalera se presentó al tiempo ante sus pies; amorosa y rebelde. Pero también se hizo turbia y deferente. Y la flor se tornó caballero de rigor, pesadilla y desesperanza. Así sucedió que la flor de loto, tocó una ventisca venidera de una lamparilla de hueso que pasaba, por allí y por allá. Una costilla de anciana virtud. Porque de los huesos que contenía el lago en el que descansaba la flor, ahí, y justo allí, al alcanzar la Luna con un beso, desde lejos, la cortó en varias tiras. Y la luna se derramó en casas, océanos y valles, hasta despojarse de su manto coronado. Y de la flor desgraciada y desabrida, emergió una doncella con el crepúsculo bañándole el rostro. Porque había permitido que su luna se presentase en sus aposentos, como ante la sorpresa de la Luna misma. Cayó en sus brazos, y, al tocar su rostro, cuando en el cuándo, leyó en la flor arrepentimiento. Ah, el arrepentimiento siempre es nacido del amor más pudiente, y orilló a ambos a fragmentarse y de sus fragmentos nació el océano de Valeria. El de más peligros y de más maravillas. Y en Valeria, se decía, que todas las cosas sucedían con errados suelos y erradas prosas y prisas, porque ellos cayeron allí y, el todo y la nada se hicieron sendos relojes de oro, bronce y plata. Hasta que, acabados por sus infamias y símiles, el tiempo se detuvo y existió una densa niebla, y, ante la niebla, se dio por presentada al nupcial mundo de la Aurora. Aurora, la Ciudad que nunca de los nunca dormiría. Aurora conmovida le abrió los brazos a la flor de loto hecha caballero, pero, a cambio de devolverle a su Luna le hizo ver su caparazón. Y la hizo llenarla con fuego: el fuego de los relojes. Entonces Valeria y Aurora orillaron a ese nuevo ser, al que llamaron en secreto Diomedes, a otorgarle el tiempo de su destiempo, pues Diomedes era ya santo, pero también anciano. Y entonces Diomedes presentó dos expresiones ante sí mismo. Una de ellas la posó en el cuerpo de la Luna, y, la otra al callarse, sólo hablaría el idioma de las bestias que habitarían, ese, empero nuevo mundo recién descubierto y conocido. Bestias que no lo traicionaron. Así y sólo así, se dice pues que, Diomedes izó el tiempo para que retuviera su soplo de amor, ese no tan verdadero, arropó a su Luna con las cicatrices de ese nuevo paraíso tejedor. Ese que nacía de sus propios dedos pinchados con las agujas de su propio tapizar de destinos. Y en el ahora del Ahora, Diomedes vio su suerte y se echó a llorar pues escapaba de la realidad que es fantasía, para guiar a su Luna al culmen del cielo, ya que creía, que al menos así, con su fuego horadado, se tejerían los fragmentos que le faltarían. Esos que debe, expiar y espiar, en cada rincón orillado por su propia mano y fuerza. Pero la Luna no retornó a los cielos; porque con el pisar de las pisadas de cerdas de su propia vigilia, Diomedes la lloró y convocó un conjuro que permitiría que esa niña mujer, mujer niña tocara el cielo siquiera una vez. Y por esta razón que Ifigenia, la barca de las líricas se abre paso en el mar de tinta que retiene la esperanzada de uno, y tan sólo uno, que anheló ser maestro de maestros. De su nacimiento. https://youtu.be/B6s3q2pbYYk?si=pw-MIVud5twowHQK
    Me gusta
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Estaria aquel chico pelirojo de regreso a su sucia y desordenada casa y caminaria hacia su hermano

    -"Cooper, bro...Enserio, que random es esa cosa"
    Diria el chico pelirojo

    -"Que cosa Red"
    Responderia el pelinaranja, resultando llamarse Cooper

    -"El estupido sueño ese de luces y luego entidades flotando diciendo sobre aquellos 7"

    -"...sixseven"

    -"COOPER ESO DA ASCO!"

    -"A mi me da risa el cringe...En fin...Toda tu vida sueñas eso, recuerdame lo de poderes?"

    -"Articulo 105 de la ley del p-"

    -"El sueño en el que las entidades te hablaron sobre un poder tuyo retrasado"

    -"Ohhh claro,entiendo, Pues fue hace 5,casi 6 años, tenia 10, llegaron las entidades en aquel sueño y dijeron algo sobre el poder de la flama abunda en mi ser"

    -"Mmm...No niego que eres bastante resistente, pero eso de poder de fuego ni idea brother, tu tocas algo caliente y lo suertas"

    -"Eso sono raro..."

    -"Fue intencional~ Pero en fin, el punto es que no me cuadra, y esas 7 entidades, o cosas no lo se, di mas de ellas supongo"

    -"Pues...resumidamente son seres superiores a multiples razas,que buscan...bueno ni idea de que buscan, pero dicen que son malos"

    -"Y que pretendes hacer, eres un humano comun,y las armas que consigues son prestadas y apenas te alcanza para comer a medias, y piensas enfrentarte a un ejercito de angeles"

    -"pero..."

    -"Seguramente si ocurriera encontrarias la manera, pero igual seria estupido y seguro por falta de planificacion yo me muero y tu quedas hecho trizas, mejor esperar a que tengamos mas informacion y alli podriamos llegar a planificar como actuar"

    -"Nel, tienes razon"

    -"Siempre la tengo"

    -"Gracias Cop"

    Y asi Red tendria algo muy en claro, si queria prepararse para una amenaza de nivel superior al ser humano y otras razas...necesitarian minimamente informacion no tan vaga del tema, cuanto menos lo esperan ambos escucharian un sonido por la puerta trasera.
    Estaria aquel chico pelirojo de regreso a su sucia y desordenada casa y caminaria hacia su hermano -"Cooper, bro...Enserio, que random es esa cosa" Diria el chico pelirojo -"Que cosa Red" Responderia el pelinaranja, resultando llamarse Cooper -"El estupido sueño ese de luces y luego entidades flotando diciendo sobre aquellos 7" -"...sixseven" -"COOPER ESO DA ASCO!" -"A mi me da risa el cringe...En fin...Toda tu vida sueñas eso, recuerdame lo de poderes?" -"Articulo 105 de la ley del p-" -"El sueño en el que las entidades te hablaron sobre un poder tuyo retrasado" -"Ohhh claro,entiendo, Pues fue hace 5,casi 6 años, tenia 10, llegaron las entidades en aquel sueño y dijeron algo sobre el poder de la flama abunda en mi ser" -"Mmm...No niego que eres bastante resistente, pero eso de poder de fuego ni idea brother, tu tocas algo caliente y lo suertas" -"Eso sono raro..." -"Fue intencional~ Pero en fin, el punto es que no me cuadra, y esas 7 entidades, o cosas no lo se, di mas de ellas supongo" -"Pues...resumidamente son seres superiores a multiples razas,que buscan...bueno ni idea de que buscan, pero dicen que son malos" -"Y que pretendes hacer, eres un humano comun,y las armas que consigues son prestadas y apenas te alcanza para comer a medias, y piensas enfrentarte a un ejercito de angeles" -"pero..." -"Seguramente si ocurriera encontrarias la manera, pero igual seria estupido y seguro por falta de planificacion yo me muero y tu quedas hecho trizas, mejor esperar a que tengamos mas informacion y alli podriamos llegar a planificar como actuar" -"Nel, tienes razon" -"Siempre la tengo" -"Gracias Cop" Y asi Red tendria algo muy en claro, si queria prepararse para una amenaza de nivel superior al ser humano y otras razas...necesitarian minimamente informacion no tan vaga del tema, cuanto menos lo esperan ambos escucharian un sonido por la puerta trasera.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • ✦ 𝐌𝐈𝐑𝐑𝐎𝐑 𝐄𝐒𝐎𝐓𝐄́𝐑𝐈𝐂𝐀 ✦
    Arte · Antigüedades · Conocimiento oculto

    Hay puertas que no se abren con llaves, sino con curiosidad.

    Mirror Esotérica abre una vacante de ASISTENTE / APRENDIZ en nuestra tienda de Vireth-Nar.

    Busco a alguien discreto, observador y respetuoso con las piezas antiguas y los objetos rituales.
    No necesito experiencia extraordinaria. Necesito sensibilidad, criterio y la capacidad de escuchar lo que otros no perciben.

    Aquí no vendemos simples objetos.
    Custodiamos historia, memoria y símbolos que han sobrevivido al tiempo.

    Si sientes que lo antiguo te llama.
    Si te detienes frente a un espejo y no solo ves tu reflejo…

    Entonces quizá este lugar también sea para ti.

    Contacto directo:
    Selene Wang
    +82 1034 2345

    Mirror Esotérica no busca empleados.
    Busca guardianes de historias.

    — S.W.
    ✦ 𝐌𝐈𝐑𝐑𝐎𝐑 𝐄𝐒𝐎𝐓𝐄́𝐑𝐈𝐂𝐀 ✦ Arte · Antigüedades · Conocimiento oculto Hay puertas que no se abren con llaves, sino con curiosidad. Mirror Esotérica abre una vacante de ASISTENTE / APRENDIZ en nuestra tienda de Vireth-Nar. Busco a alguien discreto, observador y respetuoso con las piezas antiguas y los objetos rituales. No necesito experiencia extraordinaria. Necesito sensibilidad, criterio y la capacidad de escuchar lo que otros no perciben. Aquí no vendemos simples objetos. Custodiamos historia, memoria y símbolos que han sobrevivido al tiempo. Si sientes que lo antiguo te llama. Si te detienes frente a un espejo y no solo ves tu reflejo… Entonces quizá este lugar también sea para ti. Contacto directo: Selene Wang +82 1034 2345 Mirror Esotérica no busca empleados. Busca guardianes de historias. — S.W.
    0 turnos 0 maullidos
  • Dentro de la Mente
    Fandom Original
    Categoría Drama
    con Kyle Fritz

    Inari, diosa protectora y guía de su pueblo.
    El nombre que alguna vez fue plegaria se volvió daga en su carne.
    Y Saya intentó olvidarla.
    Si no pudo, aprendió a maldecirla el día en que su hogar fue arrasado y las llamas devoraron todo aquello que la deidad había prometido custodiar.

    Y, sin embargo, en los últimos días, la presencia regresó como un susurro.

    Sintió su guía en las últimas semanas.
    Escuchó su voz entre el estruendo del combate.
    Y cuando su espada, veloz, precisa, calculada como cada uno de sus movimientos, alcanzó la marca helada en el cuello de Kyle, el mundo ante sus ojos se rompió.

    Un rostro hecho de luz se alzó ante ella.
    Un cuerpo compuesto de claridad.
    Manos extendidas.
    Y una puerta blanca.

    La imagen estuvo allí… solo para ella.
    Solo un segundo.

    La diosa abrió la puerta.
    Una grieta luminosa en la trama de la conciencia.

    Saya dudó.
    Sus pupilas temblaron.
    Su corazón, disciplinado incluso en la batalla, se aceleró contra su voluntad.

    ¿A dónde la enviaba?
    ¿Por qué separarla de sus compañeros en un momento donde cada segundo significaba vivir o morir?
    ¿Era guía… u otro capricho divino?

    Se resistió.

    Clavó los talones en su propia voluntad.
    No quiso entrar.
    No quiso obedecer.
    No otra vez.
    Pero no estaba sola.

    Al otro lado de aquella abertura, en ese espacio mental, liminal, imposible de nombrar, distinguió una figura.
    No reconoció el lugar, pero lo reconoció a él.

    Kyle.

    Y dio el paso.

    Atravesó la puerta.
    El movimiento no tuvo peso ni sonido, pero todo su ser sintió el cambio: el aire diferente, la vibración distinta, la sensación de estar en un plano que no obedecía a los sentidos y, sin embargo, se sintió real.

    Avanzó con su sigilo habitual.
    Ligera. Silenciosa. En guardia.
    Aun así, el entorno respondió.
    El espacio tembló.
    El suelo a sus pies se deformó como el agua al caer la lluvia.
    Algo en aquel lugar reconocía su energía y reaccionaba a ella, como si su sola presencia alterara el equilibrio.

    Era extraño.
    Desconocido.
    Inestable.

    Pero Saya no se permitió la curiosidad.

    Se detuvo a una distancia prudente.
    Su mirada afilada recorrió cada detalle antes de proponerse acercarse más.

    Su postura no era hostil, pero tampoco amistosa.

    ──── Kyle ────

    Su voz fue firme y baja. Un hilo del que el hombre podría asirse y tirar.
    con [kyle_fritz] Inari, diosa protectora y guía de su pueblo. El nombre que alguna vez fue plegaria se volvió daga en su carne. Y Saya intentó olvidarla. Si no pudo, aprendió a maldecirla el día en que su hogar fue arrasado y las llamas devoraron todo aquello que la deidad había prometido custodiar. Y, sin embargo, en los últimos días, la presencia regresó como un susurro. Sintió su guía en las últimas semanas. Escuchó su voz entre el estruendo del combate. Y cuando su espada, veloz, precisa, calculada como cada uno de sus movimientos, alcanzó la marca helada en el cuello de Kyle, el mundo ante sus ojos se rompió. Un rostro hecho de luz se alzó ante ella. Un cuerpo compuesto de claridad. Manos extendidas. Y una puerta blanca. La imagen estuvo allí… solo para ella. Solo un segundo. La diosa abrió la puerta. Una grieta luminosa en la trama de la conciencia. Saya dudó. Sus pupilas temblaron. Su corazón, disciplinado incluso en la batalla, se aceleró contra su voluntad. ¿A dónde la enviaba? ¿Por qué separarla de sus compañeros en un momento donde cada segundo significaba vivir o morir? ¿Era guía… u otro capricho divino? Se resistió. Clavó los talones en su propia voluntad. No quiso entrar. No quiso obedecer. No otra vez. Pero no estaba sola. Al otro lado de aquella abertura, en ese espacio mental, liminal, imposible de nombrar, distinguió una figura. No reconoció el lugar, pero lo reconoció a él. Kyle. Y dio el paso. Atravesó la puerta. El movimiento no tuvo peso ni sonido, pero todo su ser sintió el cambio: el aire diferente, la vibración distinta, la sensación de estar en un plano que no obedecía a los sentidos y, sin embargo, se sintió real. Avanzó con su sigilo habitual. Ligera. Silenciosa. En guardia. Aun así, el entorno respondió. El espacio tembló. El suelo a sus pies se deformó como el agua al caer la lluvia. Algo en aquel lugar reconocía su energía y reaccionaba a ella, como si su sola presencia alterara el equilibrio. Era extraño. Desconocido. Inestable. Pero Saya no se permitió la curiosidad. Se detuvo a una distancia prudente. Su mirada afilada recorrió cada detalle antes de proponerse acercarse más. Su postura no era hostil, pero tampoco amistosa. ──── Kyle ──── Su voz fue firme y baja. Un hilo del que el hombre podría asirse y tirar.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Terminado
    Me gusta
    2
    25 turnos 0 maullidos
  • Recuerdos Ardiendo
    Fandom Original, sobrenatural
    Categoría Acción
    con [storm_pink_crow_361]

    Escuchó el rumor, siendo aún niña, como se escuchan las cosas que uno no quiere oír pero no puede ignorar.

    Que el día en que el bosque Tsukimori ardió hasta las raíces, un dragón surcaba el cielo.
    Que su fuego no fue accidental ni inocente.
    Que bajo las llamas se alzaron gritos que jamás volverían a escucharse.

    Años después, los rumores aletearon de regreso.
    Aquel dragón caminaba entre los hombres.
    Con rostro humano.
    Con nombre nuevo.
    Pretendiendo una vida que no le correspondía a un homicida.

    Y un día como cualquier otro, el Gremio confirmó lo que las voces murmuraban en las calles.

    Una carpeta en su taquilla.
    El sello carmesí.
    Una fotografía.
    Una dirección.
    Una lista de crímenes que no necesitaba leer completa para saber que eran suficientes.

    La llama del resentimiento se avivó.
    Silenciosa. Constante. Azul.

    Esa misma noche se dispuso a darle seguimiento.

    La dirección no tenía nada de especial: una calle ordinaria, el murmullo indiferente de una ciudad que jamás oyó los árboles arder.
    Vestida de civil, Saya se mezcló con la multitud. Paso medido. Ojos atentos.
    Localizar. Observar. Estudiar patrones.
    Como siempre.

    Era una cazadora.
    No una niña huérfana.
    Pero las emociones enterradas no desaparecen; se sedimentan.
    Y cuando el tiempo erosiona lo suficiente, el dique cede con un simple roce.

    Lo vio.

    El mismo rostro del expediente.

    El mundo no se detuvo.
    Pero en su interior, algo sí.

    No hubo advertencia.

    El acero susurró al abandonar la vaina.
    La katana respondió a su pulso y se cubrió de aquel fuego fatuo capaz de fundir la roca.

    En un solo movimiento, Saya blandió la hoja contra el hombre.
    con [storm_pink_crow_361] Escuchó el rumor, siendo aún niña, como se escuchan las cosas que uno no quiere oír pero no puede ignorar. Que el día en que el bosque Tsukimori ardió hasta las raíces, un dragón surcaba el cielo. Que su fuego no fue accidental ni inocente. Que bajo las llamas se alzaron gritos que jamás volverían a escucharse. Años después, los rumores aletearon de regreso. Aquel dragón caminaba entre los hombres. Con rostro humano. Con nombre nuevo. Pretendiendo una vida que no le correspondía a un homicida. Y un día como cualquier otro, el Gremio confirmó lo que las voces murmuraban en las calles. Una carpeta en su taquilla. El sello carmesí. Una fotografía. Una dirección. Una lista de crímenes que no necesitaba leer completa para saber que eran suficientes. La llama del resentimiento se avivó. Silenciosa. Constante. Azul. Esa misma noche se dispuso a darle seguimiento. La dirección no tenía nada de especial: una calle ordinaria, el murmullo indiferente de una ciudad que jamás oyó los árboles arder. Vestida de civil, Saya se mezcló con la multitud. Paso medido. Ojos atentos. Localizar. Observar. Estudiar patrones. Como siempre. Era una cazadora. No una niña huérfana. Pero las emociones enterradas no desaparecen; se sedimentan. Y cuando el tiempo erosiona lo suficiente, el dique cede con un simple roce. Lo vio. El mismo rostro del expediente. El mundo no se detuvo. Pero en su interior, algo sí. No hubo advertencia. El acero susurró al abandonar la vaina. La katana respondió a su pulso y se cubrió de aquel fuego fatuo capaz de fundir la roca. En un solo movimiento, Saya blandió la hoja contra el hombre.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me encocora
    5
    19 turnos 0 maullidos
  • Parte 3...

    Su rostro era de confusión ante las palabras de la infanta, quien trataba de mantener el flujo nasal en la nariz.  — Ya niña, deja de dar lata y vete a desayunar. - Musitó don Fermín, a lo que Abel rápido se despidió dándole a Lupita un gran beso en la frente.

    —Nos vemos pronto. - Salió por donde entró, montando la motocicleta y restableciendo su camino a la única fábrica industrial de aceros y laminados, cuál era la fuente que mantenía a la economía del pueblo. A punto de ser retardo, logró astutamente colocar su pulgar en el checador, cerrándose las puertas de acero tras él.  — ¡Uff!, por poco y no entro. - Los jefes estaban impartiendo los anuncios matutinos, como todos los días; algo distrajo su pensamiento de la charla tan “importante” que se estaba impartiendo... "Es como un ángel".- Esa frase que la niña mencionó no la pudo sacar de su mente. Se cuestionaba aquello, pero cayó en razón; era una niña y a esa edad fantasean con todo usando la imaginación, respiró profundo volviendo a su realidad, escuchó el desenlace de las palabras de aquel señor con cabello cano y traje importado.

    —A sus labores, no quiero a nadie fuera de lugar, señores, mujeres, aquí se viene a trabajar no a perder el tiempo. - Ese que hablaba era el encargado, típico ascendido por los jefes, creyéndose el dueño; muchos tenían problemas con él, por los malos manejos de poder que hacía, pero Abel, mientras no se metieran con él, no había problema. 

    Las horas pasaron; unos acomodaban, otros soldaban o distribuían en los pueblos vecinos, "B", se encargaba de los pedidos y de cargar los camiones; con bitácora en mano, llevaba los registros.
    —Está lleno, solo faltan las jaulas para la veterinaria; no tardan en llegar. - Uno de los empleados informó, ya que antes de partir pasaba la revisión por Abel, si el producto no estaba bien hecho, se echaba para atrás y el camión se retrasaba. Pasó la prueba final; 5 camiones salieron distribuyendo en diferentes partes.
    — Por fin el almuerzo. - Dijo Abel, la chicharra anunciaba que el comedor estaba servido. La comida no estaba mal, por lo menos no hacía daño; los comedores llenos, Abel comía solo la mayoría de las veces en la mesa del rincón como niño castigado, no por falta de compañía, sino porque así lo deseaba, de nuevo esa frase inundó su mente. — "Es como un ángel".- No se percató, pero sus labios se abrieron para mencionarla.  — Mi Yelena era como un ángel. - Sin duda, la primera vez que la vio eso fue lo que creyó, una belleza tan distinta, tan dulce, tan especial que solo ella poseía y que él amaba tanto; sus ojos se llenaron de lágrimas, haciendo tan difícil el pasar el alimento, eran cuchillas que cortaban su garganta por tanto sentimiento; el no tenerla era la muerte en vida para "B".
    Parte 3... Su rostro era de confusión ante las palabras de la infanta, quien trataba de mantener el flujo nasal en la nariz.  — Ya niña, deja de dar lata y vete a desayunar. - Musitó don Fermín, a lo que Abel rápido se despidió dándole a Lupita un gran beso en la frente. —Nos vemos pronto. - Salió por donde entró, montando la motocicleta y restableciendo su camino a la única fábrica industrial de aceros y laminados, cuál era la fuente que mantenía a la economía del pueblo. A punto de ser retardo, logró astutamente colocar su pulgar en el checador, cerrándose las puertas de acero tras él.  — ¡Uff!, por poco y no entro. - Los jefes estaban impartiendo los anuncios matutinos, como todos los días; algo distrajo su pensamiento de la charla tan “importante” que se estaba impartiendo... "Es como un ángel".- Esa frase que la niña mencionó no la pudo sacar de su mente. Se cuestionaba aquello, pero cayó en razón; era una niña y a esa edad fantasean con todo usando la imaginación, respiró profundo volviendo a su realidad, escuchó el desenlace de las palabras de aquel señor con cabello cano y traje importado. —A sus labores, no quiero a nadie fuera de lugar, señores, mujeres, aquí se viene a trabajar no a perder el tiempo. - Ese que hablaba era el encargado, típico ascendido por los jefes, creyéndose el dueño; muchos tenían problemas con él, por los malos manejos de poder que hacía, pero Abel, mientras no se metieran con él, no había problema.  Las horas pasaron; unos acomodaban, otros soldaban o distribuían en los pueblos vecinos, "B", se encargaba de los pedidos y de cargar los camiones; con bitácora en mano, llevaba los registros. —Está lleno, solo faltan las jaulas para la veterinaria; no tardan en llegar. - Uno de los empleados informó, ya que antes de partir pasaba la revisión por Abel, si el producto no estaba bien hecho, se echaba para atrás y el camión se retrasaba. Pasó la prueba final; 5 camiones salieron distribuyendo en diferentes partes. — Por fin el almuerzo. - Dijo Abel, la chicharra anunciaba que el comedor estaba servido. La comida no estaba mal, por lo menos no hacía daño; los comedores llenos, Abel comía solo la mayoría de las veces en la mesa del rincón como niño castigado, no por falta de compañía, sino porque así lo deseaba, de nuevo esa frase inundó su mente. — "Es como un ángel".- No se percató, pero sus labios se abrieron para mencionarla.  — Mi Yelena era como un ángel. - Sin duda, la primera vez que la vio eso fue lo que creyó, una belleza tan distinta, tan dulce, tan especial que solo ella poseía y que él amaba tanto; sus ojos se llenaron de lágrimas, haciendo tan difícil el pasar el alimento, eran cuchillas que cortaban su garganta por tanto sentimiento; el no tenerla era la muerte en vida para "B".
    Me entristece
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Un secuestro y nada más
    Fandom Hazbin hotel y helluvaboss
    Categoría Romance
    ༒𓂀 𝔸𝕝𝕒𝕤𝕥𝕠𝕣 𝕿𝖍𝖊 𝕽𝖆𝖉𝖎𝖔 𝕯𝖊𝖒𝖔𝖓𓂀༒

    -El encargo no le interesaba.
    El pago, sí.
    Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad.
    Demasiada imprevisibilidad.
    Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios.
    La probó tensándola con ambas manos.
    La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre.

    No eres invencible…

    murmuró para sí, con voz baja y seca.
    Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas.
    Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída.
    Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
    [Alastor_rabbit] -El encargo no le interesaba. El pago, sí. Straker observaba el hotel desde la azotea del edificio contiguo, inmóvil, como una estatua tallada en sombra. El neón rojizo del Hazbin Hotel parpadeaba frente a él, bañando la calle con una luz enferma. No era un lugar que le agradara… demasiado ruido, demasiada excentricidad. Demasiada imprevisibilidad. Entre sus manos descansaba la herramienta del trabajo: una soga infernal trenzada con fibras antiguas, oscura como brea, marcada con sellos que pulsaban débilmente. No era un arma común. Era una jaula portátil. Una diseñada específicamente para presas que no podían ser contenidas por medios ordinarios. La probó tensándola con ambas manos. La cuerda vibró apenas, como si tuviera hambre. No eres invencible… murmuró para sí, con voz baja y seca. Sus ojos se clavaron en la puerta principal del hotel.El objetivo no tardaría en salir. Las rutinas, incluso en demonios poderosos, eran debilidades disfrazadas. Straker flexionó los dedos, calculando distancia. Ángulo. Tiempo de caída. Un solo intento,cuando la puerta comenzó a abrirse, él ya se había puesto en movimiento.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    10
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me enjaja
    4
    6 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados