La reparación terminó siendo mucho más sencilla de lo que Masthian había esperado. Quizás porque la bicicleta realmente no estaba tan mal, o quizás porque llevaba tanto rato revisando cada detalle que cualquier desperfecto habría acabado cediendo por puro cansancio. Aun así, no se apresuró. Revisó los frenos una vez más, tensó la cadena, comprobó las ruedas y volvió a hacerlo todo por segunda ocasión, incapaz de ignorar la energía inquieta que llevaba instalada en el pecho desde aquella mañana.
Era ridículo.
Después de todo lo que habían vivido, después de años enteros imaginando cómo sería volver a verla, lo que tenía por delante era un simple paseo en bicicleta. Nada extraordinario. Nada que justificara aquella sonrisa que se negaba a desaparecer de sus labios.
Y sin embargo ahí estaba, disimulando el temblor de sus manos haciendo girar una llave inglesa. Era ella. Era saber que aquella tarde le pertenecía a ambos. Era verla al otro lado de la habitación mientras fingía concentrarse en una tarea que había dejado de necesitar atención hacía varios minutos. Era poder pensar en planes a futuro sin que una despedida inevitable se escondiera al final de cada conversación.
Cuando finalmente se incorporó, dejó las herramientas a un lado y observó su trabajo con evidente satisfacción. La bicicleta estaba lista. Nicole podría haber salido a recorrer media ciudad con ella sin problemas.
Alzó la vista en su dirección y la sonrisa regresó por sí sola.
No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a echarla de menos, pero ahora que la tenía allí resultaba imposible no buscarla constantemente con la mirada.
Se acercó despacio, limpiándose las manos sobre el pantalón antes de tomar las llaves que había dejado cerca de la mesa. La emoción seguía allí, vibrando silenciosamente bajo las costillas. La misma que había intentado contener durante toda la mañana mientras repasaba mentalmente cada detalle de la ruta.
— Listo, preciosa. ¿Te falta algo? — Comenzó a guardar las herramientas en una mochila, apenas lo esencial por si tenían algún problema en el camino. Había dejado una botella de agua en cada bicicleta también. — Te voy a robar toda la tarde, así que más vale que vayas preparada.
Nicole Rendaia
Era ridículo.
Después de todo lo que habían vivido, después de años enteros imaginando cómo sería volver a verla, lo que tenía por delante era un simple paseo en bicicleta. Nada extraordinario. Nada que justificara aquella sonrisa que se negaba a desaparecer de sus labios.
Y sin embargo ahí estaba, disimulando el temblor de sus manos haciendo girar una llave inglesa. Era ella. Era saber que aquella tarde le pertenecía a ambos. Era verla al otro lado de la habitación mientras fingía concentrarse en una tarea que había dejado de necesitar atención hacía varios minutos. Era poder pensar en planes a futuro sin que una despedida inevitable se escondiera al final de cada conversación.
Cuando finalmente se incorporó, dejó las herramientas a un lado y observó su trabajo con evidente satisfacción. La bicicleta estaba lista. Nicole podría haber salido a recorrer media ciudad con ella sin problemas.
Alzó la vista en su dirección y la sonrisa regresó por sí sola.
No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a echarla de menos, pero ahora que la tenía allí resultaba imposible no buscarla constantemente con la mirada.
Se acercó despacio, limpiándose las manos sobre el pantalón antes de tomar las llaves que había dejado cerca de la mesa. La emoción seguía allí, vibrando silenciosamente bajo las costillas. La misma que había intentado contener durante toda la mañana mientras repasaba mentalmente cada detalle de la ruta.
— Listo, preciosa. ¿Te falta algo? — Comenzó a guardar las herramientas en una mochila, apenas lo esencial por si tenían algún problema en el camino. Había dejado una botella de agua en cada bicicleta también. — Te voy a robar toda la tarde, así que más vale que vayas preparada.
Nicole Rendaia
La reparación terminó siendo mucho más sencilla de lo que Masthian había esperado. Quizás porque la bicicleta realmente no estaba tan mal, o quizás porque llevaba tanto rato revisando cada detalle que cualquier desperfecto habría acabado cediendo por puro cansancio. Aun así, no se apresuró. Revisó los frenos una vez más, tensó la cadena, comprobó las ruedas y volvió a hacerlo todo por segunda ocasión, incapaz de ignorar la energía inquieta que llevaba instalada en el pecho desde aquella mañana.
Era ridículo.
Después de todo lo que habían vivido, después de años enteros imaginando cómo sería volver a verla, lo que tenía por delante era un simple paseo en bicicleta. Nada extraordinario. Nada que justificara aquella sonrisa que se negaba a desaparecer de sus labios.
Y sin embargo ahí estaba, disimulando el temblor de sus manos haciendo girar una llave inglesa. Era ella. Era saber que aquella tarde le pertenecía a ambos. Era verla al otro lado de la habitación mientras fingía concentrarse en una tarea que había dejado de necesitar atención hacía varios minutos. Era poder pensar en planes a futuro sin que una despedida inevitable se escondiera al final de cada conversación.
Cuando finalmente se incorporó, dejó las herramientas a un lado y observó su trabajo con evidente satisfacción. La bicicleta estaba lista. Nicole podría haber salido a recorrer media ciudad con ella sin problemas.
Alzó la vista en su dirección y la sonrisa regresó por sí sola.
No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a echarla de menos, pero ahora que la tenía allí resultaba imposible no buscarla constantemente con la mirada.
Se acercó despacio, limpiándose las manos sobre el pantalón antes de tomar las llaves que había dejado cerca de la mesa. La emoción seguía allí, vibrando silenciosamente bajo las costillas. La misma que había intentado contener durante toda la mañana mientras repasaba mentalmente cada detalle de la ruta.
— Listo, preciosa. ¿Te falta algo? — Comenzó a guardar las herramientas en una mochila, apenas lo esencial por si tenían algún problema en el camino. Había dejado una botella de agua en cada bicicleta también. — Te voy a robar toda la tarde, así que más vale que vayas preparada.
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