• Una guerra se aproxima, lo sé, habrán muchas almas a las cueles enviar al otro mundo en el que reino, ¿No les parece fantástico?~
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  • Tenia ganas sinceramente de salir y tomar el aire en casa me aburro bastante, ya que aunque la mayoría de mis compañeros de clase se creerían de que tanto yo y Nik teníamos unos privilegios por ser hijos de...

    En absoluto teníamos deberes y era horrible, se que nos van a criticar por viajar a Tokyo pero lo hicimos porque los dos queríamos ir con madre ha sido un mes de locura, aún no hay fecha de la reunión de padres pero se de sobra que los míos no sé van a dejar comer por ninguno y que los padres de mis amigos van a estar también al pie de guerra.
    Tenia ganas sinceramente de salir y tomar el aire en casa me aburro bastante, ya que aunque la mayoría de mis compañeros de clase se creerían de que tanto yo y Nik teníamos unos privilegios por ser hijos de... En absoluto teníamos deberes y era horrible, se que nos van a criticar por viajar a Tokyo pero lo hicimos porque los dos queríamos ir con madre ha sido un mes de locura, aún no hay fecha de la reunión de padres pero se de sobra que los míos no sé van a dejar comer por ninguno y que los padres de mis amigos van a estar también al pie de guerra.
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  • El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo.

    El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible.

    Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes.

    Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida.

    El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche.

    Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío.

    ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy?

    El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse.

    Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban.

    ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo?

    Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido.

    ○¡Hermana! ¿Dónde estás?

    El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló.

    ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente.

    Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz.

    ○Esto... esto es...

    Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
    El portal se abrió como una herida en la hechura del mundo. El hombre fue arrancado de dondequiera que hubiese estado y arrojado a través de aquella luz impía. Su cuerpo se retorció en el tránsito. La carne pareció olvidar su forma. Los huesos crujieron como ramas secas bajo el peso de una tormenta invisible. Un poder inmenso despertó en su interior. No era una llama ni un río. Era algo más antiguo. Más vasto. La energía manó de él sin obediencia y la piedra se quebró bajo sus pies. Cráteres surgieron en la roca desnuda. Las escalinatas temblaron. El aire se llenó de polvo y fragmentos que flotaban alrededor de su figura como satélites errantes. Cuando el resplandor menguó, contempló el lugar. Escaleras sin término, ascendían hacia unas puertas colosales cuya sola presencia parecía desafiar la razón de los hombres. Las puertas del TRIUNVIRATO aguardaban inmóviles bajo una luz pálida. El demonio de renombrado linaje ajustó el sombrero oscuro sobre su cabeza. Su cabello, amarillo como trigo bajo cierto fulgor y blanco como ceniza bajo otro, danzaba con las corrientes invisibles de aquel reino extraño. Sobre su hombro descansaba una espada extensa y terrible. El filo parecía capaz de partir la misma noche. Comenzó a subir. Sus pasos resonaron en el vacío. ○Bueno, bueno... ¿dónde estoy? El acento británico se deslizó en el aire. Las puertas se abrieron. Y entonces ocurrió...el cambio. Fue súbito y cruel. Sintió los huesos doblarse dentro de su carne. Su espalda se arqueó. Los músculos se contrajeron. El rostro que durante eras había poseído la perfección temible de los demonios superiores comenzó a marchitarse. Las facciones divinas se hundieron y palidecieron como un fantasma. La piel adquirió los signos de una edad que jamás había conocido. Cuando terminó, donde antes se hallaba una belleza capaz de doblegar reyes y encender guerras, permanecía el semblante envejecido. Un hombre que los mortales habrían juzgado cercano a los cuarenta años. Llevó una mano a su rostro. Sus dedos temblaban. ○¿Mi cuerpo...? ¿Qué le pasa a mi cuerpo? Había miedo en su voz. Miedo verdadero. Entonces la luz regresó y lo envolvió. El mundo desapareció y apareció en otro. Un sitio desconocido. ○¡Hermana! ¿Dónde estás? El grito brotó de su garganta. Movió la espada por puro instinto. El acero cortó el aire con violencia. Era el gesto de alguien preparado para matar ejércitos enteros con tal de proteger a una sola persona. Mas algo se quebró. Un dolor insoportable recorrió su brazo. Escuchó el sonido. Decenas de fracturas. Los huesos estallaron bajo la piel. Cayó de rodillas. La espada golpeó el suelo. Respiró con dificultad, luego alzó la vista. Y habló. ○Por la virtud, la historia y el poder que me confiere el peso de mi padre... Azraeth... te ordeno volver a ser mi mano. El aire permaneció inmóvil. Durante un instante no ocurrió nada. Después la carne comenzó a moverse. Los fragmentos óseos regresaron a su sitio. Los tendones se reconstruyeron. La piel se cerró y la mano volvió a existir. Lombard la observó. Abrió los dedos y los cerró, volvió a abrirlos. Ni una sola herida. Ni una sola cicatriz. Se incorporó lentamente. Miró la extremidad restaurada como si contemplara un milagro imposible. Luego observó el mundo que lo rodeaba. Y por primera vez, el demonio quedó sin voz. ○Esto... esto es... Permaneció allí, inmóvil bajo la luz desconocida, mientras el universo se desplegaba ante sus ojos como un libro cuya primera página acababa de abrirse.
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  • — Debería haberme quedado en la guerra hasta que me mataran
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  • ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝¿𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑜𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎́𝑟𝑏𝑜𝑙𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑟.ᐣ❞

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎



    ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ La pregunta regresó a él años después de haber sido pronunciada. No como una voz, sino como un recuerdo atrapado entre el crujido de las ramas y el murmullo del viento atravesando los bosques antiguos. Hubo un tiempo en que habría respondido sin pensarlo. Un tiempo en que los caminos eran más cortos, las noches menos pesadas y los árboles parecían compartir secretos que los hombres aún podían comprender.

    Ahora le costaba recordarlo. No el sonido, era la sensación.

    Porque los bosques seguían hablando; siempre lo habían hecho. Susurraban en la lluvia, en las raíces, en las hojas que caían sobre tumbas olvidadas. Lo que había desaparecido era la capacidad de escucharlos sin miedo.

    Los ancianos decían que los árboles guardaban memorias. Que recordaban nombres, promesas y pecados mucho después de que quienes lo pronunciaron se hubieran convertido en polvo. Kanwulf nunca supo si aquello era cierto. Pero había recorrido suficientes senderos para comprender que algunos lugares conservaban ausencias del mismo modo que otros conservaban vida. Que a veces, durante las noches más silenciosas, creía oír aquellos susurros nuevamente. No eran palabras ni advertencias. Eran ecos de algo antiguo que persistía más allá de los reinos, de las guerras, de los dioses. Una voz tan vieja como el mundo recordándole que hubo una época en que los hombres pertenecían a los bosques, y no al contrario.

    Porque cuando más tiempo pasaba caminando entre ruinas y cementerios, más comprendía una verdad incómoda:

    Los árboles nunca dejaron de susurrar. Fueron los hombres quienes aprendieron a dejar de escucharlos.


    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ᛘᛁᚱᚴᚱᛁᚦ ᚴᛚᛅᛁᛘᛁᛦ ᛅᛁᚴᛁ ᛋᛒᚢᚱᚢᛘ
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘋𝘢𝘳𝘬𝘯𝘦𝘴𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘨𝘦𝘵𝘴 𝘯𝘰 𝘧𝘰𝘰𝘵𝘱𝘳𝘪𝘯𝘵𝘴.❞



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ


    ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ 𝖳𝗋𝖾́𝗇 þ𝖾𝗀𝗃𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂; 𝗆𝖾𝗇𝗇 𝗁𝗅ýð𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂. ❜
    ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/3v6lvqtTyo4
    ❛‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ 𝑨𝑼: 𝑫𝑨𝑹𝑲 𝑭𝑨𝑵𝑻𝑨𝑺𝒀/𝑺𝑶𝑼𝑳𝑺𝑩𝑶𝑹𝑵𝑬 ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝¿𝑅𝑒𝑐𝑢𝑒𝑟𝑑𝑎𝑠 𝑒𝑙 𝑠𝑜𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑎́𝑟𝑏𝑜𝑙𝑒𝑠 𝑠𝑢𝑠𝑢𝑟𝑟𝑎𝑟.ᐣ❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ La pregunta regresó a él años después de haber sido pronunciada. No como una voz, sino como un recuerdo atrapado entre el crujido de las ramas y el murmullo del viento atravesando los bosques antiguos. Hubo un tiempo en que habría respondido sin pensarlo. Un tiempo en que los caminos eran más cortos, las noches menos pesadas y los árboles parecían compartir secretos que los hombres aún podían comprender. Ahora le costaba recordarlo. No el sonido, era la sensación. Porque los bosques seguían hablando; siempre lo habían hecho. Susurraban en la lluvia, en las raíces, en las hojas que caían sobre tumbas olvidadas. Lo que había desaparecido era la capacidad de escucharlos sin miedo. Los ancianos decían que los árboles guardaban memorias. Que recordaban nombres, promesas y pecados mucho después de que quienes lo pronunciaron se hubieran convertido en polvo. Kanwulf nunca supo si aquello era cierto. Pero había recorrido suficientes senderos para comprender que algunos lugares conservaban ausencias del mismo modo que otros conservaban vida. Que a veces, durante las noches más silenciosas, creía oír aquellos susurros nuevamente. No eran palabras ni advertencias. Eran ecos de algo antiguo que persistía más allá de los reinos, de las guerras, de los dioses. Una voz tan vieja como el mundo recordándole que hubo una época en que los hombres pertenecían a los bosques, y no al contrario. Porque cuando más tiempo pasaba caminando entre ruinas y cementerios, más comprendía una verdad incómoda: Los árboles nunca dejaron de susurrar. Fueron los hombres quienes aprendieron a dejar de escucharlos. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ᛘᛁᚱᚴᚱᛁᚦ ᚴᛚᛅᛁᛘᛁᛦ ᛅᛁᚴᛁ ᛋᛒᚢᚱᚢᛘ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎❝𝘋𝘢𝘳𝘬𝘯𝘦𝘴𝘴 𝘧𝘰𝘳𝘨𝘦𝘵𝘴 𝘯𝘰 𝘧𝘰𝘰𝘵𝘱𝘳𝘪𝘯𝘵𝘴.❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ᚦᛦ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎❛‎ ‎ 𝖳𝗋𝖾́𝗇 þ𝖾𝗀𝗃𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂; 𝗆𝖾𝗇𝗇 𝗁𝗅ýð𝖺 𝖾𝗂𝗀𝗂. ❜ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎❛‎ ‎ https://youtu.be/3v6lvqtTyo4 ❜
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  • -Las montañas parecian extenderse hasta tocar las Nubes. Cascadas cristalinas caian entre enormes acantilados cubiertos de flores salvajes, mientras arboles gigantescos de hojas esmeralda se alzaban como guardianes. Alli, sentado sobre una roca cubierta de musgo, se encontraba el Ogro observando el Paisaje, su cuerpo habia cambiado nuevamente, ya no se veia como un adolecente, se veia mas adulto pero con razgos mas humanos, su silencio era absoluto. Su enorme cuerpo seguia siendo imponente. Por primera vez en mucho tiempo, no miraba el horizonte buscando enemigos, recuerdos o amenazas-

    -Un grupo de pequeñas criaturas aladas revoloteo cerca de el, ocultandose entre las enredaderas luminosas que colgaban de los arboles. El Joven Ogro las siguio con la mirada, curioso, casi fascinado. Una sonrisa apenas perceptible aparecio en su rostro cuando una de aquellas criaturas se poso sobre uno de sus cuernos. Antes, aquel instante habria pasado desapercibido. Ahora, en cambio, descubria que el mundo estaba lleno de detalles que jamas se habia detenido a contemplar-

    "Te lastimaras pequeño animal.."

    -La brisa calida agito su cabello negro mientras observaba el inmenso valle tropical que se extendia bajo sus pies. El rugido lejano de alguna bestia desconocida se mezclaba con el canto de aves de colores llamativos. No habia guerras, no habia tronos, ni responsabilidades pesando sobre sus hombros. Solo el sonido de la naturaleza viva a su alrededor y aquella sensacion extraña de estar viento todo por primera vez. Como si, despues de tantos años, el mundo hubiera recuperado parte de la magia que alguna vez perdio ante sus ojos-
    -Las montañas parecian extenderse hasta tocar las Nubes. Cascadas cristalinas caian entre enormes acantilados cubiertos de flores salvajes, mientras arboles gigantescos de hojas esmeralda se alzaban como guardianes. Alli, sentado sobre una roca cubierta de musgo, se encontraba el Ogro observando el Paisaje, su cuerpo habia cambiado nuevamente, ya no se veia como un adolecente, se veia mas adulto pero con razgos mas humanos, su silencio era absoluto. Su enorme cuerpo seguia siendo imponente. Por primera vez en mucho tiempo, no miraba el horizonte buscando enemigos, recuerdos o amenazas- -Un grupo de pequeñas criaturas aladas revoloteo cerca de el, ocultandose entre las enredaderas luminosas que colgaban de los arboles. El Joven Ogro las siguio con la mirada, curioso, casi fascinado. Una sonrisa apenas perceptible aparecio en su rostro cuando una de aquellas criaturas se poso sobre uno de sus cuernos. Antes, aquel instante habria pasado desapercibido. Ahora, en cambio, descubria que el mundo estaba lleno de detalles que jamas se habia detenido a contemplar- "Te lastimaras pequeño animal.." -La brisa calida agito su cabello negro mientras observaba el inmenso valle tropical que se extendia bajo sus pies. El rugido lejano de alguna bestia desconocida se mezclaba con el canto de aves de colores llamativos. No habia guerras, no habia tronos, ni responsabilidades pesando sobre sus hombros. Solo el sonido de la naturaleza viva a su alrededor y aquella sensacion extraña de estar viento todo por primera vez. Como si, despues de tantos años, el mundo hubiera recuperado parte de la magia que alguna vez perdio ante sus ojos-
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  • Todos nos dijeron que regresariamos siendo heroes de la guerra. Nadie nos advirtio del precio para regresar. Por fuera, quizas si... entero si bien te va... pero ya no eres el mismo, aqui adentro... ya no eres el mismo, aqui adentro.
    Todos nos dijeron que regresariamos siendo heroes de la guerra. Nadie nos advirtio del precio para regresar. Por fuera, quizas si... entero si bien te va... pero ya no eres el mismo, aqui adentro... ya no eres el mismo, aqui adentro.
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  • Había permanecido lejos de los mortales más tiempo del habitual. La causa no era una guerra, ni una calamidad; es una disputa con uno de sus hermanos acerca de la decisión que él y otro oniro tomaron al abandonar sus deberes. Atrapado entre argumentos, reproches y  diferencias, el dios de los sueños relegó por un tiempo sus deberes, hasta que las aguas del conflicto comenzaron finalmente a calmarse.
    Había permanecido lejos de los mortales más tiempo del habitual. La causa no era una guerra, ni una calamidad; es una disputa con uno de sus hermanos acerca de la decisión que él y otro oniro tomaron al abandonar sus deberes. Atrapado entre argumentos, reproches y  diferencias, el dios de los sueños relegó por un tiempo sus deberes, hasta que las aguas del conflicto comenzaron finalmente a calmarse.
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  • [ UNIVERSO 35-9K.7 CIBERHELL ]
    • Año XXXXXXXXXXX D.C •

    * La última arma del ejército de Arioch fue encendida, la revelación de su poder e intenciones estaba solo en manos de aquel que fue creado para vengarse de la humanidad. La leyenda del recolector afirma que al volverse a encender el pacto con lo divino se quebrantaría y una nueva era de guerra y destrucción caería en el plano mortal *
    [ UNIVERSO 35-9K.7 CIBERHELL ] • Año XXXXXXXXXXX D.C • * La última arma del ejército de Arioch fue encendida, la revelación de su poder e intenciones estaba solo en manos de aquel que fue creado para vengarse de la humanidad. La leyenda del recolector afirma que al volverse a encender el pacto con lo divino se quebrantaría y una nueva era de guerra y destrucción caería en el plano mortal *
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  • El calor de la sangre en mi rostro no se compara con el frío que se instaló en mi pecho cuando leí esa maldita declaración oficial desde prisión del viejo:

    "No es más que un civil útil. No hay vínculos, no hay afecto".

    Esas palabras borraron de un plumazo los años de entrega, las noches compartidas, la piel que desgasté intentando saldar una deuda impagable con el hombre que me salvó la vida. Todo para mantener las apariencias de su pulcro matrimonio y su honor intacto ante la cúpula.

    Me negó.
    Me desechó.
    Me descartó.

    Pero el verdadero infierno comenzó cuando el clan rival, aquel que siempre nos acechó desde las sombras, olió la sangre en el agua.

    Sabían que el "Loto Negro", el cerebro matemático y el rostro perfecto de la organización, se había quedado sin su escudo protector.
    Mi propio clan, cobarde y homofóbico no dudó en utilizarme como moneda de cambio para sellar un tratado de paz y salvar sus propios pellejos.

    Me entregaron en bandeja de plata. . .

    Mis dedos tiemblan sutilmente mientras intentan abotonar la camisa de seda blanca que me han obligado a usar, pero una mano inmensa y curtida me frena bruscamente, jalando la tela para exponer mi pecho.
    El agarre en mi mandíbula es implacable; los dedos del nuevo líder se entierran en mi piel con una fuerza que me obliga a alzar la mirada, forzándome a enfocarlo solo con mi ojo izquierdo, mientras el derecho late con el eco del trauma de mi pasado.

    —Mírate, Renji... O debería decir Kokuren — su voz áspera resuena en la opulencia de la habitación, cargada de una satisfacción enfermiza

    —El gran estratega, el Idol que hacía suspirar a miles, reducido a esto. Tu antiguo amo te usó de fachada y luego te tiró a la basura. Ahora me perteneces. Tus números, tu mente... y este cuerpo perfecto que tanto escondían, ahora son de mi propiedad.—

    El aire atrapado en mi garganta quema. Mi mente, esa que solía calcular riesgos en milisegundos y lavar millones sin dejar rastro, se encuentra completamente nublada, paralizada por el dolor de la traición.

    El carisma magnético que muestro ante las cámaras no sirve de nada aquí, entre estas paredes donde no soy más que un trofeo de guerra. Siento las lágrimas traicioneras acumularse en mis ojos, mezclándose con el sudor frío que corre por mi cuello.
    —¿Qué pasa? ¿Dónde está el orgullo del consejero? —pregunta, su otra mano descendiendo con firmeza por mi torso, reclamando cada centímetro de mi piel como suya

    — Vas a firmar cada transferencia que te ordene, vas a diseñar las estrategias para destruir lo que queda de tu antigua familia, y cuando termine el día, te encargarás de complacerme en esta cama hasta que olvides tu propio nombre.—


    Podría resistirme.
    Podría usar la lectura fría de personas para buscar una grieta en su psicología y destruirlo desde adentro.
    Pero el peso de la decepción es un ancla demasiado pesada.

    El hombre por el que lo di todo me abandonó a mi suerte, y mi clan me vendió. El vacío emocional es tan devastador que la sumisión total se siente como el único anestésico disponible.

    Cierro los ojos por un instante, dejando caer los brazos con total laxitud, abandonando cualquier intento de defensa. Cuando los abro, la chispa de control ha desaparecido, reemplazada por la mirada vacía de quien ha aceptado su destino.

    —Entendido... —susurro perdiendo toda su dulzura habitual, rota por la humillación

    —Haré... todo lo que me pidas. —
    — Todo. —
    La presión en mi mandíbula aumenta antes de soltarme bruscamente, dejándome caer de rodillas sobre la alfombra.

    Soy Renji Kurogane, el genio financiero, el idol de masas, pero a partir de hoy, no soy más que un esclavo de sus deseos, un objeto moldeable atrapado en una jaula de oro de la que nunca podré escapar.
    El calor de la sangre en mi rostro no se compara con el frío que se instaló en mi pecho cuando leí esa maldita declaración oficial desde prisión del viejo: "No es más que un civil útil. No hay vínculos, no hay afecto". Esas palabras borraron de un plumazo los años de entrega, las noches compartidas, la piel que desgasté intentando saldar una deuda impagable con el hombre que me salvó la vida. Todo para mantener las apariencias de su pulcro matrimonio y su honor intacto ante la cúpula. Me negó. Me desechó. Me descartó. Pero el verdadero infierno comenzó cuando el clan rival, aquel que siempre nos acechó desde las sombras, olió la sangre en el agua. Sabían que el "Loto Negro", el cerebro matemático y el rostro perfecto de la organización, se había quedado sin su escudo protector. Mi propio clan, cobarde y homofóbico no dudó en utilizarme como moneda de cambio para sellar un tratado de paz y salvar sus propios pellejos. Me entregaron en bandeja de plata. . . Mis dedos tiemblan sutilmente mientras intentan abotonar la camisa de seda blanca que me han obligado a usar, pero una mano inmensa y curtida me frena bruscamente, jalando la tela para exponer mi pecho. El agarre en mi mandíbula es implacable; los dedos del nuevo líder se entierran en mi piel con una fuerza que me obliga a alzar la mirada, forzándome a enfocarlo solo con mi ojo izquierdo, mientras el derecho late con el eco del trauma de mi pasado. —Mírate, Renji... O debería decir Kokuren — su voz áspera resuena en la opulencia de la habitación, cargada de una satisfacción enfermiza —El gran estratega, el Idol que hacía suspirar a miles, reducido a esto. Tu antiguo amo te usó de fachada y luego te tiró a la basura. Ahora me perteneces. Tus números, tu mente... y este cuerpo perfecto que tanto escondían, ahora son de mi propiedad.— El aire atrapado en mi garganta quema. Mi mente, esa que solía calcular riesgos en milisegundos y lavar millones sin dejar rastro, se encuentra completamente nublada, paralizada por el dolor de la traición. El carisma magnético que muestro ante las cámaras no sirve de nada aquí, entre estas paredes donde no soy más que un trofeo de guerra. Siento las lágrimas traicioneras acumularse en mis ojos, mezclándose con el sudor frío que corre por mi cuello. —¿Qué pasa? ¿Dónde está el orgullo del consejero? —pregunta, su otra mano descendiendo con firmeza por mi torso, reclamando cada centímetro de mi piel como suya — Vas a firmar cada transferencia que te ordene, vas a diseñar las estrategias para destruir lo que queda de tu antigua familia, y cuando termine el día, te encargarás de complacerme en esta cama hasta que olvides tu propio nombre.— Podría resistirme. Podría usar la lectura fría de personas para buscar una grieta en su psicología y destruirlo desde adentro. Pero el peso de la decepción es un ancla demasiado pesada. El hombre por el que lo di todo me abandonó a mi suerte, y mi clan me vendió. El vacío emocional es tan devastador que la sumisión total se siente como el único anestésico disponible. Cierro los ojos por un instante, dejando caer los brazos con total laxitud, abandonando cualquier intento de defensa. Cuando los abro, la chispa de control ha desaparecido, reemplazada por la mirada vacía de quien ha aceptado su destino. —Entendido... —susurro perdiendo toda su dulzura habitual, rota por la humillación —Haré... todo lo que me pidas. — — Todo. — La presión en mi mandíbula aumenta antes de soltarme bruscamente, dejándome caer de rodillas sobre la alfombra. Soy Renji Kurogane, el genio financiero, el idol de masas, pero a partir de hoy, no soy más que un esclavo de sus deseos, un objeto moldeable atrapado en una jaula de oro de la que nunca podré escapar.
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