• Ángeles con armas... Diablos con leyes...
    Fandom Deadly Class / Marvel
    Categoría Crossover
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!***



    ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar



    ‎— L-Lo siento...



    ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus *



    ‎( Aquí vamos... )



    ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!*** ‎ ‎ ‎ ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar ‎ ‎ ‎ ‎— L-Lo siento... ‎ ‎ ‎ ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus * ‎ ‎ ‎ ‎( Aquí vamos... ) ‎ ‎ ‎ ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
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  • - Que es lo que viste? -

    2016 un octubre 9.. ya creo que te dije lo que pasó, Oracio...

    Dr. Oracio pero que es lo que pasó después?...

    Bueno... Lo que pasó fue.. algo intenso.

    [• El hombre empieza a contar después de los atentados:

    - El joven Koroved vería aún congelado a sus compañeras prendidos en fuego, tratando de salvarse y salir de aquella situación... Pero al llegar la segunda luz, reaccioné, logrando correr en dirección hacia un pequeño búnker creado, era técnicamente un pequeño banco, aunque al entrar, parecía hospital.
    Vería a sus compañeros siendo tratados con bastante desesperación, a su vez que venían algunos más que entraban por la puerta, algunos en pies y esos que estaban en pie cargando a los moribundos.

    Gire mi cuerpo, luego vería a través de una rendija lo que pasaba afuera, hubo un segundo bombardeado... No fue una bomba normal o gas o lo que sea... Fue una maldita sustancia, el tal "Fósforo blanco". A través de esa rendija presencié aquellos acostados en la poca nieve llegarles una repentina lluvia de fuego, también otros en pie y algunos arrastrandose más al fondo... Lo que pasó fue unas de las cosas que nunca sacaré de mi cabeza: Las personas se estaban derritiendo y gritando. Algunos quisieron apagarse con agua, otros en la nieve, con viento, con miles de cosas; pero seguía quemando, como si fuera hierro al rojo vivo que le hubiera caído encoma.
    Vi como la piel se desprendía, el músculo se derretía y la grasa se volvía líquida o en fuego.. luego vino el olor, uno a podredumbre, madera, metal... No sé que olor había, pero simplemente no hubo comparación alguna.

    Luego de la lluvia vino una tormenta acompañado de plomo, órdenes y otras cosas más... Me dio creo que un golpe de adrenalina y otras cosas más de mi cuerpo que libero mi cuerpo.

    Luego hubo una pequeña guerrilla y luego de horas finalmente terminó, ganamos pero perdimos... Vi mis amigos morir en ese momento... Uno se quemó hasta los huesos, fue consecuencias de que el fuego le llegó hasta la grasa. -

    Tras terminar de contar y que el final fue solo todo un proceso de funeral y ya. •]

    Dr. Oracio: oh... Wow... Y puedes dibujar lo que recuerdas?.. claro, si quieres.

    Está bien.. no tengo problemas.

    [• agarra papel y un kit completo de dibujos, para luego empezar a dibujar, luego de minutos, le entrega el imagen de aquel día. •]

    •|| me quedé sin ideas, entonces simplemente hice una extensión de una publicación anterior ||•
    - Que es lo que viste? - 2016 un octubre 9.. ya creo que te dije lo que pasó, Oracio... Dr. Oracio pero que es lo que pasó después?... Bueno... Lo que pasó fue.. algo intenso. [• El hombre empieza a contar después de los atentados: - El joven Koroved vería aún congelado a sus compañeras prendidos en fuego, tratando de salvarse y salir de aquella situación... Pero al llegar la segunda luz, reaccioné, logrando correr en dirección hacia un pequeño búnker creado, era técnicamente un pequeño banco, aunque al entrar, parecía hospital. Vería a sus compañeros siendo tratados con bastante desesperación, a su vez que venían algunos más que entraban por la puerta, algunos en pies y esos que estaban en pie cargando a los moribundos. Gire mi cuerpo, luego vería a través de una rendija lo que pasaba afuera, hubo un segundo bombardeado... No fue una bomba normal o gas o lo que sea... Fue una maldita sustancia, el tal "Fósforo blanco". A través de esa rendija presencié aquellos acostados en la poca nieve llegarles una repentina lluvia de fuego, también otros en pie y algunos arrastrandose más al fondo... Lo que pasó fue unas de las cosas que nunca sacaré de mi cabeza: Las personas se estaban derritiendo y gritando. Algunos quisieron apagarse con agua, otros en la nieve, con viento, con miles de cosas; pero seguía quemando, como si fuera hierro al rojo vivo que le hubiera caído encoma. Vi como la piel se desprendía, el músculo se derretía y la grasa se volvía líquida o en fuego.. luego vino el olor, uno a podredumbre, madera, metal... No sé que olor había, pero simplemente no hubo comparación alguna. Luego de la lluvia vino una tormenta acompañado de plomo, órdenes y otras cosas más... Me dio creo que un golpe de adrenalina y otras cosas más de mi cuerpo que libero mi cuerpo. Luego hubo una pequeña guerrilla y luego de horas finalmente terminó, ganamos pero perdimos... Vi mis amigos morir en ese momento... Uno se quemó hasta los huesos, fue consecuencias de que el fuego le llegó hasta la grasa. - Tras terminar de contar y que el final fue solo todo un proceso de funeral y ya. •] Dr. Oracio: oh... Wow... Y puedes dibujar lo que recuerdas?.. claro, si quieres. Está bien.. no tengo problemas. [• agarra papel y un kit completo de dibujos, para luego empezar a dibujar, luego de minutos, le entrega el imagen de aquel día. •] •|| me quedé sin ideas, entonces simplemente hice una extensión de una publicación anterior 🗣️ ||•
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  • En mi imaginación solamente.

    Pronto se cumplirán tres meses desde la partida de ***** y otro año más del fallecimiento de +++++ .

    Lo sé, debería guardar cierta calma, cierta reserva, como quien dejó a las flores marchitar, el polvo juntarse y las arañas hacer nidos.

    Pero últimamente he sentido algo extraño, como un eco de mis años de estudiante. No es nostalgia, no exactamente...

    Es más bien una vibración leve, como el sonido de un tren que pasa a lo lejos en la madrugada.
    Camino por la ciudad y pienso en ello. Las luces de los semáforos cambian sin prisa, los gatos cruzan las calles como si supieran secretos que yo nunca entenderé. Y en medio de todo, aparece este muchach....hombre..-

    Sus palabras son simples, pero hay algo en su voz, en la manera en que se detiene antes de hablar, que me hace sentir que el mundo no es tan solitario como parece.

    Quizá no se trata de olvidar ni de recordar. Si no de vivir la vida que me resta.

    Quizá todo esto ocurre solo en mi imaginación.
    Pero incluso en la imaginación, las cosas tienen peso. Y ese peso, por alguna razón, me mantiene despierto cuando la noche se vuelve demasiado silenciosa.

    ¿Debería acercarme?
    No.
    En mi imaginación solamente.
    En mi imaginación solamente. Pronto se cumplirán tres meses desde la partida de ***** y otro año más del fallecimiento de +++++ . Lo sé, debería guardar cierta calma, cierta reserva, como quien dejó a las flores marchitar, el polvo juntarse y las arañas hacer nidos. Pero últimamente he sentido algo extraño, como un eco de mis años de estudiante. No es nostalgia, no exactamente... Es más bien una vibración leve, como el sonido de un tren que pasa a lo lejos en la madrugada. Camino por la ciudad y pienso en ello. Las luces de los semáforos cambian sin prisa, los gatos cruzan las calles como si supieran secretos que yo nunca entenderé. Y en medio de todo, aparece este muchach....hombre..- Sus palabras son simples, pero hay algo en su voz, en la manera en que se detiene antes de hablar, que me hace sentir que el mundo no es tan solitario como parece. Quizá no se trata de olvidar ni de recordar. Si no de vivir la vida que me resta. Quizá todo esto ocurre solo en mi imaginación. Pero incluso en la imaginación, las cosas tienen peso. Y ese peso, por alguna razón, me mantiene despierto cuando la noche se vuelve demasiado silenciosa. ¿Debería acercarme? No. En mi imaginación solamente.
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  • Había llegado el día de la exposición de arte en la que Eunwoo Kim expondría su trabajo en una galería de París.

    Elorien lo había dispuesto y organizado todo para que no sufrieran ningún contratiempo. En la agencia ya estaban avisados y preparados para cuando llegasen; Elorien era su niño de oro, nunca había pedido nada, así que le dieron el gusto más que encantados. Incluso le cedieron uno de los mercedes negros con chófer, para usarlo durante la jornada.

    Elorien estaba algo nervioso. Le mandó un mensaje a Eunwoo, diciéndole que se encontraba abajo esperando. Cuando lo vio aparecer, este le hizo arrancar un suspiro. Se atrevería a decir que aquellas heridas aún marcadas en su rostro le añadían un plus a esa belleza peligrosa.

    Elorien vestía de forma sencilla, pero siempre elegante. Aunque había pedido en la agencia que le preparasen algunas opciones por si encontraba algo más acorde, quería que todo fuera perfecto.

    El ángel sostenía con sus manos, perfectamente enguantadas en piel, dos vasos de café para llevar de cartón, con esa tapadera típica para evitar que se derrame.

    - Bonjour Eunwoo...- dijo el serafín con una cálida sonrisa, tendiéndole el café que le había comprado.

    Ambos entraron en la parte trasera del vehículo; olía a asientos de cuero nuevo. Los cristales eran tintados, al igual que aquel que separaba al chofer de los pasajeros. Tenía una pequeña ventanilla corrediza que se podía abrir y cerrar en caso de que se necesitara comunicación.Una vez listos, el coche se puso en marcha.

    Estuvieron unos minutos hablando. Aún no había salido el tema de por qué el coche o cuál era el sitio al que iban. En algún momento tendría que hablarle sobre su segundo trabajo, pero por alguna razón le daba algo de vergüenza. Él no se veía nada especial como para recibir todo ese tipo de atención. Además, desde que salió en la revista VOGUE muchas marcas lo llamaban y aquello lo estaba abrumando.

    Y como bien sabemos el destino suele ser muy caprichoso y aquel día no sería una excepción. Estaban disfrutando del centro parisino, observando el casco antiguo; Elorien le hablaba sobre la arquitectura y que había participado en la restauración de algunas de esas fachadas. Y entonces, parando en un semáforo, allí estaba. Un cartel publicitario que ocupaba prácticamente una fachada de un edificio entero, con su cara promocionando la fragancia de Gucci Flora.

    Elorien sintió como su cara enrojeció de súbito, rezando por que Eunwoo no se hubiese fijado o que al menos no lo reconociese. Nadie se esperaría ver a su ¿amigo?, en un mural de varios metros de altura... ¿verdad?
    Había llegado el día de la exposición de arte en la que [whisper_scarlet_hawk_977] expondría su trabajo en una galería de París. Elorien lo había dispuesto y organizado todo para que no sufrieran ningún contratiempo. En la agencia ya estaban avisados y preparados para cuando llegasen; Elorien era su niño de oro, nunca había pedido nada, así que le dieron el gusto más que encantados. Incluso le cedieron uno de los mercedes negros con chófer, para usarlo durante la jornada. Elorien estaba algo nervioso. Le mandó un mensaje a Eunwoo, diciéndole que se encontraba abajo esperando. Cuando lo vio aparecer, este le hizo arrancar un suspiro. Se atrevería a decir que aquellas heridas aún marcadas en su rostro le añadían un plus a esa belleza peligrosa. Elorien vestía de forma sencilla, pero siempre elegante. Aunque había pedido en la agencia que le preparasen algunas opciones por si encontraba algo más acorde, quería que todo fuera perfecto. El ángel sostenía con sus manos, perfectamente enguantadas en piel, dos vasos de café para llevar de cartón, con esa tapadera típica para evitar que se derrame. - Bonjour Eunwoo...- dijo el serafín con una cálida sonrisa, tendiéndole el café que le había comprado. Ambos entraron en la parte trasera del vehículo; olía a asientos de cuero nuevo. Los cristales eran tintados, al igual que aquel que separaba al chofer de los pasajeros. Tenía una pequeña ventanilla corrediza que se podía abrir y cerrar en caso de que se necesitara comunicación.Una vez listos, el coche se puso en marcha. Estuvieron unos minutos hablando. Aún no había salido el tema de por qué el coche o cuál era el sitio al que iban. En algún momento tendría que hablarle sobre su segundo trabajo, pero por alguna razón le daba algo de vergüenza. Él no se veía nada especial como para recibir todo ese tipo de atención. Además, desde que salió en la revista VOGUE muchas marcas lo llamaban y aquello lo estaba abrumando. Y como bien sabemos el destino suele ser muy caprichoso y aquel día no sería una excepción. Estaban disfrutando del centro parisino, observando el casco antiguo; Elorien le hablaba sobre la arquitectura y que había participado en la restauración de algunas de esas fachadas. Y entonces, parando en un semáforo, allí estaba. Un cartel publicitario que ocupaba prácticamente una fachada de un edificio entero, con su cara promocionando la fragancia de Gucci Flora. Elorien sintió como su cara enrojeció de súbito, rezando por que Eunwoo no se hubiese fijado o que al menos no lo reconociese. Nadie se esperaría ver a su ¿amigo?, en un mural de varios metros de altura... ¿verdad?
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  • ㅤㅤㅤEra extraño. Bastante inusual, considerando que normalmente sus días eran eran un torbellino de impulsos eléctricos, con olas de energía que podían quemar todo a su paso. Pero a veces, cuando el aburrimiento se convertía en vacío y la rebeldía se convertía en cansancio, el huracán se detenía. Mientras recorría los pasillos vacíos de la mansión, una pregunta se le enredaba entre las sombras; ¿qué pasaba cuando la vendedora de deseos ya no deseaba nada para sí misma? ¿O acaso había olvidado cómo desear?

    Había conseguido libertad, había acumulado poder, había forjado una leyenda que susurraban en bares sórdidos y en foros de internet. Había quemado lazos familiares, y quizás también los puentes que podían llevarla de vuelta a una vida normal. Conceder deseos, a veces, incluso parecía perder su encanto. Y en medio de todo, ya no había rabia, ni teatro, ni la intensidad que la definía. Solo una profunda y oscura fatiga. Un alma a la que incluso le costaba levantarse. Una historia que no sabía cómo continuar, narrada por una voz que ya no sabía cómo seguir contando.
    ㅤㅤㅤEra extraño. Bastante inusual, considerando que normalmente sus días eran eran un torbellino de impulsos eléctricos, con olas de energía que podían quemar todo a su paso. Pero a veces, cuando el aburrimiento se convertía en vacío y la rebeldía se convertía en cansancio, el huracán se detenía. Mientras recorría los pasillos vacíos de la mansión, una pregunta se le enredaba entre las sombras; ¿qué pasaba cuando la vendedora de deseos ya no deseaba nada para sí misma? ¿O acaso había olvidado cómo desear? Había conseguido libertad, había acumulado poder, había forjado una leyenda que susurraban en bares sórdidos y en foros de internet. Había quemado lazos familiares, y quizás también los puentes que podían llevarla de vuelta a una vida normal. Conceder deseos, a veces, incluso parecía perder su encanto. Y en medio de todo, ya no había rabia, ni teatro, ni la intensidad que la definía. Solo una profunda y oscura fatiga. Un alma a la que incluso le costaba levantarse. Una historia que no sabía cómo continuar, narrada por una voz que ya no sabía cómo seguir contando.
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  • -aquel hombre salió tarde del trabajo, las luces de aquellas farolas ya iluminaban sus pasos en medio de aquella calle cubierta por los alegres niños pidiendo dulces, solamente seguía su camino con aquel cigarrillo entre sus labios mientras sus pensamientos lo distraían-

    (Halloween otra vez, las calles se llenan de risas, de niños corriendo bajo máscaras de plástico, no niego que hay algo hermoso en eso… esa inocencia que cree que el miedo se puede disfrazar)

    -de su boca había dejado salir una gran nube de humo mientras se detuvo en seco al esperar a que ese semáforo le diera el paso-

    (será que los adultos aveces hacemos lo mismo??, solo cambiamos esas máscaras de plástico barato por máscaras más caras)

    -Exclamo antes de seguir con su paso, un grupo de niños lo había detenido para pedirle dulces, aquella sonrisa en sus rostros le hizo sonreír de igual manera para después de su bolsa de es gabardina sacar algunos dulces que se había robado de la estación para darles uno a cada uno-

    (Esta noche es fácil oler el humo de las fogatas, el azúcar de los dulces, y escuchar aquellos gritos de los que salen asustados con una mala broma)

    -una vez llegó a casa solamente sacaría un vaso en dónde vertiria algo de agua para después caminar a su estudio y sentarse frente a aquella ventana -

    (No hay fantasmas afuera… solo los que algunas veces llegamos a sentir, me gusta mirar las luces desde lejos, Esas linternas vacías que titilan en la oscuridad con cada paso y carrera de los pequeños....parece como si intentaran recordar algo aquella vela.....quizás eso somos todos: calabazas huecas con una chispa dentro, resistiendo al viento)

    -este sacaría de un cajón un pequeño somnifero en pastilla algo que se había robado de la última escena del crimen, esperaba que eso pudiera ayudarla a dormir, tras tomarlo solamente se quedó observando aquellas calles frente a su casa-

    (Y cuando la noche se apaga, cuando las risas se van, queda el silencio y en ese silencio… siempre parece que alguien susurra mi nombre, será que tal vez ya me estoy volviendo loco)
    -aquel hombre salió tarde del trabajo, las luces de aquellas farolas ya iluminaban sus pasos en medio de aquella calle cubierta por los alegres niños pidiendo dulces, solamente seguía su camino con aquel cigarrillo entre sus labios mientras sus pensamientos lo distraían- (Halloween otra vez, las calles se llenan de risas, de niños corriendo bajo máscaras de plástico, no niego que hay algo hermoso en eso… esa inocencia que cree que el miedo se puede disfrazar) -de su boca había dejado salir una gran nube de humo mientras se detuvo en seco al esperar a que ese semáforo le diera el paso- (será que los adultos aveces hacemos lo mismo??, solo cambiamos esas máscaras de plástico barato por máscaras más caras) -Exclamo antes de seguir con su paso, un grupo de niños lo había detenido para pedirle dulces, aquella sonrisa en sus rostros le hizo sonreír de igual manera para después de su bolsa de es gabardina sacar algunos dulces que se había robado de la estación para darles uno a cada uno- (Esta noche es fácil oler el humo de las fogatas, el azúcar de los dulces, y escuchar aquellos gritos de los que salen asustados con una mala broma) -una vez llegó a casa solamente sacaría un vaso en dónde vertiria algo de agua para después caminar a su estudio y sentarse frente a aquella ventana - (No hay fantasmas afuera… solo los que algunas veces llegamos a sentir, me gusta mirar las luces desde lejos, Esas linternas vacías que titilan en la oscuridad con cada paso y carrera de los pequeños....parece como si intentaran recordar algo aquella vela.....quizás eso somos todos: calabazas huecas con una chispa dentro, resistiendo al viento) -este sacaría de un cajón un pequeño somnifero en pastilla algo que se había robado de la última escena del crimen, esperaba que eso pudiera ayudarla a dormir, tras tomarlo solamente se quedó observando aquellas calles frente a su casa- (Y cuando la noche se apaga, cuando las risas se van, queda el silencio y en ese silencio… siempre parece que alguien susurra mi nombre, será que tal vez ya me estoy volviendo loco)
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  • Como antes, pero después
    Fandom N/A
    Categoría Slice of Life
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐::
    ㅤㅤㅤㅤㅤOlivia Romero

    223 días.

    Esa era la cuenta exacta que llevaba Kazuha en una nota mental, y probablemente ya perdida entre el caos que era su mente. Doscientos veintitrés días desde que había estrellado su camioneta contra el elegante escaparate de una librería en el centro de la ciudad. Doscientos veintiuno desde que un juez, con evidente falta de imaginación, le había arrebatado su licencia de conducir por tercera vez. Doscientos diecisiete desde que había dejado abandonado el vehículo, con el capó aún humeante, en el taller mecánico.

    172 días desde que el mecánico le envió un mensaje:
    "Señora, su vehículo está listo."

    142 días desde el ultimátum, donde la resignación se tornó en un dejo de exasperación:
    "Señora, venga por su camioneta, ya está lista desde hace mas de un mes. Y págueme."

    ¿Señora? ¿SEÑORA? La palabra le había estado resonando en el cráneo durante semanas, cada sílaba un insulto a su eterna juventud y su caótico esplendor. ¿Ella? ¡¿Una señora?! Claro que aquella ofensa fue excusa suficiente para que su deuda se extendiera, pudriéndose en el olvido junto a otras facturas y advertencias sociales... hasta hoy.

    Hoy, finalmente, se había dignado a aparecer. Hoy, el aburrimiento había sido más fuerte que el orgullo.

    Tal vez fue su figura menuda, sus 1.58 metros de altura, o la mirada de absoluto desdén lo que hizo que el mecánico, quien ni siquiera la recordaba, la llamara 'Chiquilla'. Y por supuesto que la palabra también la ofendió, profundamente, pero sonaba menos a resignación y más a algo que podía aceptar. Pagó en efectivo, el origen del dinero era mejor no cuestionarlo, y recuperó las llaves.

    Ahora, una mano en el volante, un pie en el acelerador, una licencia de conducir inexistente y una responsabilidad que brillaba por su ausencia, Kazuha salió del taller. Con la otra mano, ya buscaba su móvil, los ojos saltando entre la carretera y la pantalla con una temeridad que era su sello personal. ¿Responsabilidad? Eso, si acaso, era el nombre de un plato aburrido que nunca probaría.

    : ¡Liiiiiiv!
    : -sticker de gato conduciendo-
    : Cancela todos tus planes para hoy...

    El mensaje partió. Sus dedos, ágiles e imprudentes, continuaron su danza sobre la pantalla, tejiendo una verdad a medias con la urgencia de quien teme que la razón la alcance.

    : ¡Vamos de viaje! Prepara tus cosas...
    : Nada de outfits de señorita perfecta. Vamos a... acampar, sí.

    Se le acababa de ocurrir en el mismo instante en que lo escribía, pero la idea, una vez plasmada en aquel mensaje, se convirtió en un decreto irrevocable. Ahora hablaba en serio.

    : A la intemperie. Con insectos, y esas cosas...

    Un semáforo se puso rojo frente a ella. Frenó en seco. En el silencio repentino, interrumpido solo por el ruido del motor, la duda, un monstruo raro y familiar, posó su garra en su estómago. ¿Y si Liv decía que no? ¿Y si los puentes no solo estaban rotos, sino reducidos a cenizas que ni siquiera ella podía reconstruir? El fantasma de una última pelea, de las palabras no dichas y los silencios que pesaban más que gritos, se cernió sobre ella por un segundo.

    Entonces, el semáforo cambió a verde. Un claxon furioso sonó detrás de ella. Kazuha pisó el acelerador como si estuviera aplastando la misma duda, la camioneta arrancó con una sacudida. La duda no tenía cabida en su mundo; solo la acción la tenía. Tomó el teléfono otra vez, la determinación ahogando el miedo.

    : Ya voy en camino... No puedes decir que no. Ni lo intentes.

    Mentira. Podía. ¡Claro que podía!. Liv siempre había podido ponerle un alto. Siempre había sido la única capaz de trazar una línea infranqueable. Esa era una de las razones por la que su amistad, en otro tiempo, había valido cada grieta y cada cicatriz. Pero esta vez, no iba a detenerse. Giró el volante, tomando la ruta que conducía al apartamento de Olivia. En el asiento del copiloto, una pequeña maleta contenía lo esencial para ella: un par de conjuntos deportivos, una chaqueta de cuero, y una caja de doce jugos de fruta. ¿Y lo demás? ¿Carpas, sleeping bags, comida...? Si, bueno, eso era un problema para la Kazuha del futuro, que probablemente lo resolvería en la primera tienda que encontrara en el camino, sin importar el costo o la practicidad.

    Mientras conducía, con el cristal de la ventana a medio bajar y su cabello negro flotando contra el viento por la velocidad, los pensamientos acudían a ella. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que hicieron algo así? No los de calendario... sino los de verdad, los que se miden en risas compartidas que duelen en el costado, en secretos susurrados bajo las sábanas durante una pijamada, en la complicidad silenciosa de saberse entendidas sin necesidad de palabras.. Ya no serían tres, claro. Esa época había quedado atrás, enterrada bajo los escombros de un corazón roto y elecciones que aún dolían. Esta vez serían solo ellas dos. Pero en ese momento, acelerando hacia el apartamento de Olivia, o tal vez mas bien hacia un futuro incierto, sintió que ellas dos podían ser, una vez más, un universo completo.
    ㅤ╰─► 𝑹𝒐𝒍 𝒕𝒐:: ㅤㅤㅤㅤㅤ[flash_brass_tiger_817] ✦ 223 días. Esa era la cuenta exacta que llevaba Kazuha en una nota mental, y probablemente ya perdida entre el caos que era su mente. Doscientos veintitrés días desde que había estrellado su camioneta contra el elegante escaparate de una librería en el centro de la ciudad. Doscientos veintiuno desde que un juez, con evidente falta de imaginación, le había arrebatado su licencia de conducir por tercera vez. Doscientos diecisiete desde que había dejado abandonado el vehículo, con el capó aún humeante, en el taller mecánico. 172 días desde que el mecánico le envió un mensaje: "Señora, su vehículo está listo." 142 días desde el ultimátum, donde la resignación se tornó en un dejo de exasperación: "Señora, venga por su camioneta, ya está lista desde hace mas de un mes. Y págueme." ¿Señora? ¿SEÑORA? La palabra le había estado resonando en el cráneo durante semanas, cada sílaba un insulto a su eterna juventud y su caótico esplendor. ¿Ella? ¡¿Una señora?! Claro que aquella ofensa fue excusa suficiente para que su deuda se extendiera, pudriéndose en el olvido junto a otras facturas y advertencias sociales... hasta hoy. Hoy, finalmente, se había dignado a aparecer. Hoy, el aburrimiento había sido más fuerte que el orgullo. Tal vez fue su figura menuda, sus 1.58 metros de altura, o la mirada de absoluto desdén lo que hizo que el mecánico, quien ni siquiera la recordaba, la llamara 'Chiquilla'. Y por supuesto que la palabra también la ofendió, profundamente, pero sonaba menos a resignación y más a algo que podía aceptar. Pagó en efectivo, el origen del dinero era mejor no cuestionarlo, y recuperó las llaves. Ahora, una mano en el volante, un pie en el acelerador, una licencia de conducir inexistente y una responsabilidad que brillaba por su ausencia, Kazuha salió del taller. Con la otra mano, ya buscaba su móvil, los ojos saltando entre la carretera y la pantalla con una temeridad que era su sello personal. ¿Responsabilidad? Eso, si acaso, era el nombre de un plato aburrido que nunca probaría. 📱💬: ¡Liiiiiiv! 📱💬: -sticker de gato conduciendo- 📱💬: Cancela todos tus planes para hoy... El mensaje partió. Sus dedos, ágiles e imprudentes, continuaron su danza sobre la pantalla, tejiendo una verdad a medias con la urgencia de quien teme que la razón la alcance. 📱💬: ¡Vamos de viaje! Prepara tus cosas... 📱💬: Nada de outfits de señorita perfecta. Vamos a... acampar, sí. Se le acababa de ocurrir en el mismo instante en que lo escribía, pero la idea, una vez plasmada en aquel mensaje, se convirtió en un decreto irrevocable. Ahora hablaba en serio. 📱💬: A la intemperie. Con insectos, y esas cosas... Un semáforo se puso rojo frente a ella. Frenó en seco. En el silencio repentino, interrumpido solo por el ruido del motor, la duda, un monstruo raro y familiar, posó su garra en su estómago. ¿Y si Liv decía que no? ¿Y si los puentes no solo estaban rotos, sino reducidos a cenizas que ni siquiera ella podía reconstruir? El fantasma de una última pelea, de las palabras no dichas y los silencios que pesaban más que gritos, se cernió sobre ella por un segundo. Entonces, el semáforo cambió a verde. Un claxon furioso sonó detrás de ella. Kazuha pisó el acelerador como si estuviera aplastando la misma duda, la camioneta arrancó con una sacudida. La duda no tenía cabida en su mundo; solo la acción la tenía. Tomó el teléfono otra vez, la determinación ahogando el miedo. 📱💬: Ya voy en camino... No puedes decir que no. Ni lo intentes. Mentira. Podía. ¡Claro que podía!. Liv siempre había podido ponerle un alto. Siempre había sido la única capaz de trazar una línea infranqueable. Esa era una de las razones por la que su amistad, en otro tiempo, había valido cada grieta y cada cicatriz. Pero esta vez, no iba a detenerse. Giró el volante, tomando la ruta que conducía al apartamento de Olivia. En el asiento del copiloto, una pequeña maleta contenía lo esencial para ella: un par de conjuntos deportivos, una chaqueta de cuero, y una caja de doce jugos de fruta. ¿Y lo demás? ¿Carpas, sleeping bags, comida...? Si, bueno, eso era un problema para la Kazuha del futuro, que probablemente lo resolvería en la primera tienda que encontrara en el camino, sin importar el costo o la practicidad. Mientras conducía, con el cristal de la ventana a medio bajar y su cabello negro flotando contra el viento por la velocidad, los pensamientos acudían a ella. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que hicieron algo así? No los de calendario... sino los de verdad, los que se miden en risas compartidas que duelen en el costado, en secretos susurrados bajo las sábanas durante una pijamada, en la complicidad silenciosa de saberse entendidas sin necesidad de palabras.. Ya no serían tres, claro. Esa época había quedado atrás, enterrada bajo los escombros de un corazón roto y elecciones que aún dolían. Esta vez serían solo ellas dos. Pero en ese momento, acelerando hacia el apartamento de Olivia, o tal vez mas bien hacia un futuro incierto, sintió que ellas dos podían ser, una vez más, un universo completo.
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  • ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ
    Bajo la lluvia incesante, Irina se mantenía inmóvil en el cruce. Su gabardina y bototos siempre negros la cubrían por completo, era una forma inconsciente de estar en luto constante por la pérdida de algo que ni siquiera sabía cuándo había comenzado a morir...su propia relación con el presente.
    ​El semáforo en rojo destellaba intenso sobre el asfalto mojado, un color asfixiante que se reflejaba en sus ojos de un gris cansado de ver lo mismo, fijos en un punto muerto.
    Las personas pasaban a su lado, apenas siluetas borrosas en su campo de visión.
    ​La lluvia golpeaba el paraguas con un sonido tintineante, una banda sonora para el vacío, en su mano, el mango del paraguas era un punto de resistencia. Mantenía una fuerte presión sobre él, la mandíbula levemente tensa...

    Era la única manera de contener la melancolía y el sinsabor de su vida que pugnaban por desbordarse.

    El agua, al caer del paraguas, golpeaba con fuerza una poza a sus pies, y la salpicadura fría en sus tobillos le recordaba que seguía allí, detenida, esperando un color que tardaba demasiado en llegar.
    ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ Bajo la lluvia incesante, Irina se mantenía inmóvil en el cruce. Su gabardina y bototos siempre negros la cubrían por completo, era una forma inconsciente de estar en luto constante por la pérdida de algo que ni siquiera sabía cuándo había comenzado a morir...su propia relación con el presente. ​El semáforo en rojo destellaba intenso sobre el asfalto mojado, un color asfixiante que se reflejaba en sus ojos de un gris cansado de ver lo mismo, fijos en un punto muerto. Las personas pasaban a su lado, apenas siluetas borrosas en su campo de visión. ​La lluvia golpeaba el paraguas con un sonido tintineante, una banda sonora para el vacío, en su mano, el mango del paraguas era un punto de resistencia. Mantenía una fuerte presión sobre él, la mandíbula levemente tensa... Era la única manera de contener la melancolía y el sinsabor de su vida que pugnaban por desbordarse. El agua, al caer del paraguas, golpeaba con fuerza una poza a sus pies, y la salpicadura fría en sus tobillos le recordaba que seguía allí, detenida, esperando un color que tardaba demasiado en llegar.
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  • Noche Perfecta
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    Categoría Romance
    Para esta noche saco de paseo el último coche que me compré hace una semana atrás, hoy mi chica a estado trabajando en su taller hace tiempo que no pasamos tiempo de calidad juntos.
    Y menos después de haberme marchado una pequeña temporada a la mansión que antes pertenecía a nuestros abuelos.
    En la parte trasera del coche hay una sorpresa para mi pelirroja, quiero compensarla los dos nos lo merecemos.

    Paro justo en un semáforo que esta en rojo aprovecho para usar la opción de voz en la tablet incorporada en los mandos de mi coche, para que la envié un mensaje avisando de que en unos cinco minutos habré llegado.

    Lillith Swan
    Para esta noche saco de paseo el último coche que me compré hace una semana atrás, hoy mi chica a estado trabajando en su taller hace tiempo que no pasamos tiempo de calidad juntos. Y menos después de haberme marchado una pequeña temporada a la mansión que antes pertenecía a nuestros abuelos. En la parte trasera del coche hay una sorpresa para mi pelirroja, quiero compensarla los dos nos lo merecemos. Paro justo en un semáforo que esta en rojo aprovecho para usar la opción de voz en la tablet incorporada en los mandos de mi coche, para que la envié un mensaje avisando de que en unos cinco minutos habré llegado. [CxLillith]
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  • « El calor que ofrece es la flama de un fósforo, el mínimo viento solo hará que se apague. No calienta. No quema. Pero si lastima. Y si echas gasolina se hará un catástrofe del cual no tomara responsabilidad, será tu culpa. ¿Entiendes?. Son las relaciones frágiles que tanto defienden donde cualquiera puede encender fuego, pero el niño del fósforo no está dispuesto a controlar el incendio. Los cobardes siempre encontrarán la excusa perfecta para sus males.
    Te lo dice un sobreviviente. »
    « El calor que ofrece es la flama de un fósforo, el mínimo viento solo hará que se apague. No calienta. No quema. Pero si lastima. Y si echas gasolina se hará un catástrofe del cual no tomara responsabilidad, será tu culpa. ¿Entiendes?. Son las relaciones frágiles que tanto defienden donde cualquiera puede encender fuego, pero el niño del fósforo no está dispuesto a controlar el incendio. Los cobardes siempre encontrarán la excusa perfecta para sus males. Te lo dice un sobreviviente. »
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