[ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ]



‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía *



‎***¡¡¡PLOF!!!***



‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado *



‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila..



‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire *



‎ — ¿Pero qué es eso?



‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte *



‎ — ¡Cuida-!



‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
[ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ] ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía * ‎ ‎ ‎ ‎***¡¡¡PLOF!!!*** ‎ ‎ ‎ ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila.. ‎ ‎ ‎ ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¿Pero qué es eso? ‎ ‎ ‎ ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Cuida-! ‎ ‎ ‎ ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
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