• ⋆.˚ ☾ .⭒˚
    •Bajo la luz de la luna una dulce noche de primavera, mirar las estrellas nunca había tan hermoso, lo he hecho miles de veces, pero se siente especial esta vez, su compañía es refrescante la brisa suave del viento moviendo suavemente los mechones de su cabello, el cielo es el mismo lo que cambia es que ya no estoy sola, es tan cálida su presencia a mi lado, mis ojos fijos en el reflejo de las estrellas en sus ojos, él mira las estrellas y yo perdida en sus ojos, su voz suave mientras habla ¿Siempre ha acelerado mi corazón de esta forma? Siento cálido el pecho mientras habla de las pequeñas cosas que considera bonitas.•

    - Cuéntame más... me gusta escucharte...

    • Su sonrisa tan dulce y suave me encanta cuando se ríe, ese ligero sonrojo qué intenta disimular siempre pensando que no veo ese color en sus mejillas, yo solo le sonrió y lo miro mientras,me acomodo en banca, una pequeña escapada para ver las estrellas en un mirador cerca de su casa, una pequeña escapada, pero es mucho más que eso, con un gesto suave me acerque a él y apoyé mi barbilla en su hombro mirando su rostro con una sonrisa.•
    ⋆.˚ ☾ .⭒˚ •Bajo la luz de la luna una dulce noche de primavera, mirar las estrellas nunca había tan hermoso, lo he hecho miles de veces, pero se siente especial esta vez, su compañía es refrescante la brisa suave del viento moviendo suavemente los mechones de su cabello, el cielo es el mismo lo que cambia es que ya no estoy sola, es tan cálida su presencia a mi lado, mis ojos fijos en el reflejo de las estrellas en sus ojos, él mira las estrellas y yo perdida en sus ojos, su voz suave mientras habla ¿Siempre ha acelerado mi corazón de esta forma? Siento cálido el pecho mientras habla de las pequeñas cosas que considera bonitas.• - Cuéntame más... me gusta escucharte... • Su sonrisa tan dulce y suave me encanta cuando se ríe, ese ligero sonrojo qué intenta disimular siempre pensando que no veo ese color en sus mejillas, yo solo le sonrió y lo miro mientras,me acomodo en banca, una pequeña escapada para ver las estrellas en un mirador cerca de su casa, una pequeña escapada, pero es mucho más que eso, con un gesto suave me acerque a él y apoyé mi barbilla en su hombro mirando su rostro con una sonrisa.• ☆
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  • *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia.
    Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento.
    El mundo estaba en calma.
    Y, sin embargo, su mente era un caos.
    Había regresado.
    Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento.
    Sabía que algo faltaba.
    Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes.
    Lugares que había amado.
    Momentos que habían marcado su existencia.
    Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad.
    Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones.
    Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio.
    Cerró los ojos.
    Y entonces volvió a verlo.
    Una silueta.
    Borrosa.
    Distante.
    La sensación de una sonrisa.
    Una voz que no lograba comprender.
    Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños.
    Su pecho se oprimió.
    Era extraño.
    No recordaba un rostro.
    No recordaba un nombre.
    Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir.
    Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa.
    Abrió lentamente los ojos.*

    —¿Quién eres...?

    *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
    El viento nocturno fue la única respuesta.
    Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.*

    —¿Por qué sigo soñando contigo...?

    *Murmuró para sí mismo.
    Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón.
    Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él.
    Demasiado.
    Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente.
    Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
    ✨🌙 *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia. Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento. El mundo estaba en calma. Y, sin embargo, su mente era un caos. Había regresado. Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento. Sabía que algo faltaba. Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes. Lugares que había amado. Momentos que habían marcado su existencia. Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad. Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones. Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio. Cerró los ojos. Y entonces volvió a verlo. Una silueta. Borrosa. Distante. La sensación de una sonrisa. Una voz que no lograba comprender. Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños. Su pecho se oprimió. Era extraño. No recordaba un rostro. No recordaba un nombre. Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir. Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa. Abrió lentamente los ojos.* —¿Quién eres...? *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro. El viento nocturno fue la única respuesta. Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.* —¿Por qué sigo soñando contigo...? *Murmuró para sí mismo. Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón. Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él. Demasiado. Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente. Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
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  • 。 𝗧𝗵𝗶𝘀 𝗰𝗶𝘁𝘆 𝗻𝗲𝘃𝗲𝗿 𝗳𝘂𝗰𝗸𝗶𝗻𝗴 𝘀𝗹𝗲𝗲𝗽.
    Categoría Original
    La lluvia no caía.

    Se desplomaba.

    Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes.

    Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez.

    La ciudad seguía viva.

    Y ese era el problema.

    Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso.

    Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza.

    Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler.

    OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE.


    En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él.

    El cazador.

    Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia.

    Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda.

    En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana.

    El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él.

    O lo que quedaba.

    Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota:

    — Error... Error... Error…

    El cazador soltó humo por la nariz.

    — Bienvenido al club, idiota.

    A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas.

    — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme.

    El cazador giró la cabeza.

    Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión.

    Tampoco orgullo.

    Solo hastío.

    — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no?

    La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa.

    — La corporación no pagará el total.

    El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver.

    — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo.

    Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre.

    Nadie se detuvo. Nadie preguntó.

    En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana.

    El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre.

    Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos.

    — Al menos esto sí vale algo.

    La mujer dio un paso atrás.

    — Eso es propiedad privada.

    Él la miró.

    Pesado.

    Despacio.

    Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada.

    — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito.

    Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo.

    Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto.

    Entonces su comunicador vibró.

    Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada.
    Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto.

    El cazador suspiró.

    — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí.

    Aceptó la llamada.

    Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua.

    — Tenemos otro trabajo para ti.

    Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas.

    Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más.

    — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz.

    La voz continuó.

    — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida. 

    El cazador se quedó quieto.

    La lluvia golpeó el ala de su sombrero.

    Una gota bajó por el borde de su parche.

    — ¿Con vida? Eso es complicado.

    — Solo nos sirve con vida. No lo arruines.

    Él soltó una risa baja, áspera, sin humor.

    — Pero ese es mi encanto.

    Hubo un silencio al otro lado de la línea.

    — El riesgo es elevado. La paga alta.

    El cazador cerró el ojo.

    Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa.

    Luego sonrió.

    Una mueca desgastada.

    Cansada.

    — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo.

    Cortó la llamada.

    A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz.

    El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar.

    Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón.

    — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda.

    Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre.

    Solo existían distintos precios para la misma condena.
    La lluvia no caía. Se desplomaba. Ácida. Enferma. Con el mismo ánimo de vivir que la mayoría de los habitantes. Bajaba desde un cielo sin estrellas, atravesado por anuncios holográficos que parpadeaban sobre los edificios como heridas de neón. Cada gota dejaba manchas iridiscentes sobre el asfalto, mezclándose con vómito, combustible y sangre vieja arrastrada desde algún callejón donde a nadie le importaba quién había gritado por última vez. La ciudad seguía viva. Y ese era el problema. Vivía como viven las cucarachas dentro de un cadáver: moviéndose entre carne podrida, comiendo lo que quedaba y fingiendo que aquello era el progreso. Los rascacielos corporativos se elevaban sobre los barrios bajos como dioses en vidrio blindado. Arriba, los ejecutivos bebían agua purificada y vendían guerras con sonrisas perfectas. Abajo, la gente empeñaba pulmones, recuerdos, brazos, córneas y dignidad por una noche más de calefacción, una dosis más de calma o una bala menos en la cabeza. Las pantallas gigantes repetían propaganda gubernamental entre comerciales de implantes militares y cuerpos sintéticos de alquiler. OBEDECE. CONSUME. MEJORA. SOBREVIVE. En mitad de aquella avenida desdentada, bajo el toldo roto de una clínica ilegal de ripperdocs, estaba él. El cazador. Nadie tenia claro si era su nombre, su oficio o simplemente una advertencia. Llevaba un sombrero viejo, empapado por la lluvia y deformado por años de mugre, balas y malas decisiones. El parche sobre su ojo derecho estaba hecho de cuero negro cuarteado, sujeto con una correa que le cruzaba la sien como una cicatriz más en el rostro. Un abrigo largo de fibra antibalas remendada, botas gastadas, guantes sin dedos y una camisa que había sobrevivido a demasiadas peleas para seguir llamándose así misma prenda. En su cintura colgaba una pistola pesada, vieja, brutal. No era elegante. No tenía luces decorativas ni asistencia inteligente. Solo era metal, con un retroceso brutal y una tendencia a dejar agujeros enormes sobre la carne humana. El cazador aspiró el humo de un cigarrillo y miró el cadáver del hombre tirado frente a él. O lo que quedaba. Tenía la mandíbula arrancada, cables nerviosos saliéndole del cuello como lombrices plateadas y media cara convertida en una masa brillante de carne, cromo y hueso pulverizado. Sus ojos ópticos seguían encendidos, enfocando y desenfocando el vacío mientras una voz interna repetía, completamente rota: — Error... Error... Error… El cazador soltó humo por la nariz. — Bienvenido al club, idiota. A un lado, una mujer con uniforme corporativo temblaba bajo un paraguas transparente. El logo de su empresa brillaba sobre su pecho con una pulcritud obscena, completamente fuera de lugar en una calle donde hasta las ratas parecían tener deudas. — Usted fue contratado para traerlo vivo. —dijo ella, intentando sonar firme. El cazador giró la cabeza. Su único ojo visible era pálido, cansado, hundido bajo una ceja marcada por cicatrices viejas. No había culpa en su expresión. Tampoco orgullo. Solo hastío. — Y él fue contratado para no intentar partirme en dos con unas mantis oxidadas. —respondió con voz ronca—. Mira qué noche tan llena de putas decepciones, ¿no? La ejecutiva tragó saliva. Evidentemente nerviosa. — La corporación no pagará el total. El cazador apagó el cigarrillo contra la chapa ensangrentada del cadáver. — La corporación puede meterse el contrato por el puerto neural y actualizarse hasta sangrar por el culo. Los drones policiales pasaron por encima, proyectando luces rojas sobre los charcos de sangre. Nadie se detuvo. Nadie preguntó. En aquella ciudad, si un muerto no bloqueaba el tráfico ni afectaba las acciones de una compañía; era simplemente decoración urbana. El cazador se agachó junto al cuerpo y arrancó de su nuca un chip bañado en sangre. Lo observó al sostenerlo entre dos dedos, viendo cómo los filamentos internos todavía chisporroteaban como nervios expuestos. — Al menos esto sí vale algo. La mujer dio un paso atrás. — Eso es propiedad privada. Él la miró. Pesado. Despacio. Con una paciencia tan podrida que parecía violencia concentrada. — Cariño, todo aquí es propiedad privada. Los edificios, la lluvia, tus órganos, mi maldito cansancio. La diferencia es que yo todavía tengo manos para tomar lo que necesito. Guardó el chip en el bolsillo interior del abrigo. Y la mujer se fue con prisa. Aterrada. Agradecida de no haber muerto. Entonces su comunicador vibró. Una llamada entrante. Número oculto. Señal encriptada. Demasiado limpia para venir de alguien pobre. Demasiado sucia para venir de alguien honesto. El cazador suspiró. — Fantástico. Más mierda cayendo sobre mí. Aceptó la llamada. Una voz distorsionada llenó su oído, fría como metal bajo la lengua. — Tenemos otro trabajo para ti. Él observó la avenida, las pantallas, los cuerpos bajo plástico negro, los niños con implantes baratos rebuscando comida entre contenedores marcados con advertencias químicas. Veía a la ciudad entera abrir la boca, masticar a su gente y pedir más. — Qué sorpresa... —murmuró—. Por un segundo pensé que el mundo había decidido dejarme pudrir en paz. La voz continuó. — Hay un activo que se ha rebelado. Tráela. Con vida.  El cazador se quedó quieto. La lluvia golpeó el ala de su sombrero. Una gota bajó por el borde de su parche. — ¿Con vida? Eso es complicado. — Solo nos sirve con vida. No lo arruines. Él soltó una risa baja, áspera, sin humor. — Pero ese es mi encanto. Hubo un silencio al otro lado de la línea. — El riesgo es elevado. La paga alta. El cazador cerró el ojo. Por un instante, pareció casi dormido de pie bajo la lluvia venenosa. Luego sonrió. Una mueca desgastada. Cansada. — Entonces supongo que volveré a vender otro pedazo de mi alma. Total, ya nadie compra el lote completo. Cortó la llamada. A lo lejos, más allá de los bloques residenciales carcomidos por óxido y pantallas pornográficas defectuosas; una torre abandonada se alzaba contra el cielo eléctrico. Sus ventanas estaban oscuras. Demasiado oscuras para una ciudad que nunca dejaba morir la luz. El cazador se acomodó el sombrero, revisó su pistola y empezó a caminar. Cada paso chapoteaba en agua sucia, sangre diluida y reflejos de neón. — Veamos con que me sorprende esta ciudad de mierda. Gruñó para sí mismo, pero siguió avanzando porque en aquel mundo nadie era libre. Solo existían distintos precios para la misma condena.
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  • ──── Todos guardamos secretos. Algunos son más sencillos de guardar que otros; la vez que tú y un amigo hicieron trampa durante una prueba importante, cuando te comiste la última rebanada de pastel que quedaba, y fingiste no haberla visto, mientras aun te limpiabas las migajas de las manos. La carta escondida en lo más profundo de un cajón o esa información que prometiste guardar hasta que la renta por existir en este mundo finalmente llegue a su fin. Y luego están los que te carcomen por dentro, porque sabes que todos los sacrificios que hiciste para proteger a quienes quieres terminarán afectándolos de una u otra forma. ¿Cómo se supone que alguien puede vivir tranquilo con eso? —observó sus manos desprovistas de la ilusión con la que normalmente las cubría, tal y cómo eran en realidad: con las puntas de los dedos oscurecidas, como si hubieran sido consumidas, devoradas poco a poco por el vacío de las estrellas—. Algún día tendré que revelar lo que hice, y cuando eso ocurra... no sé que es lo que va a pasar. ¿Podré soportar que me miren como si fuera un monstruo?
    ──── Todos guardamos secretos. Algunos son más sencillos de guardar que otros; la vez que tú y un amigo hicieron trampa durante una prueba importante, cuando te comiste la última rebanada de pastel que quedaba, y fingiste no haberla visto, mientras aun te limpiabas las migajas de las manos. La carta escondida en lo más profundo de un cajón o esa información que prometiste guardar hasta que la renta por existir en este mundo finalmente llegue a su fin. Y luego están los que te carcomen por dentro, porque sabes que todos los sacrificios que hiciste para proteger a quienes quieres terminarán afectándolos de una u otra forma. ¿Cómo se supone que alguien puede vivir tranquilo con eso? —observó sus manos desprovistas de la ilusión con la que normalmente las cubría, tal y cómo eran en realidad: con las puntas de los dedos oscurecidas, como si hubieran sido consumidas, devoradas poco a poco por el vacío de las estrellas—. Algún día tendré que revelar lo que hice, y cuando eso ocurra... no sé que es lo que va a pasar. ¿Podré soportar que me miren como si fuera un monstruo?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    **Caminaba con calma entre los árboles del bosque... Era de noche, el cielo pintado en estrellas que iluminaban mi camino. No tenía miedo, jamás lo sentía... Conocía muy bien este lugar, solía recorrerlo desde que tenía 8 años (Buscando luciérnagas para atrapar). La música sonaba suavemente en mis oídos. Ramitas secas crujiendo bajo mis pies, mis manos dentro de mi chaqueta. El viento fresco de la noche movía mi cabello suavemente. Camine y camine... Hasta poder llegar a un pequeño claro, el lugar y el ambiente... Eran mágicos, luciérnagas por aquí, por allá... Flores silvestres de todos los colores, pero la que más resaltaban eran las celestes, brillantes, hermosas... Me detuve frente a una roca y allí, me senté, mirando hacia arriba... Contemplando y admirando la belleza nocturna <33. A pesar de que estaba sola, llevaba rato sintiéndome observada... No había visto nadie durante mi camino, pero sentía la sensación de que alguien o algo me observaba desde la distancia***
    **Caminaba con calma entre los árboles del bosque... Era de noche, el cielo pintado en estrellas que iluminaban mi camino. No tenía miedo, jamás lo sentía... Conocía muy bien este lugar, solía recorrerlo desde que tenía 8 años (Buscando luciérnagas para atrapar). La música sonaba suavemente en mis oídos. Ramitas secas crujiendo bajo mis pies, mis manos dentro de mi chaqueta. El viento fresco de la noche movía mi cabello suavemente. Camine y camine... Hasta poder llegar a un pequeño claro, el lugar y el ambiente... Eran mágicos, luciérnagas por aquí, por allá... Flores silvestres de todos los colores, pero la que más resaltaban eran las celestes, brillantes, hermosas... Me detuve frente a una roca y allí, me senté, mirando hacia arriba... Contemplando y admirando la belleza nocturna <33. A pesar de que estaba sola, llevaba rato sintiéndome observada... No había visto nadie durante mi camino, pero sentía la sensación de que alguien o algo me observaba desde la distancia***
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  • —¿Dudas de tu propia existencia…? Entonces levántate.—

    La lluvia no cae para siempre, y las heridas tampoco duran eternamente aunque ardan como si fueran infinitas. Tú no eres un error, ni un simple recuerdo roto.

    —Nuestra user nos necesita. Yo apenas soy un eco de aquello que dejo atrás… una voz nacida entre memorias, tristeza y silencios. Pero tú… tú sigues aquí, respirando, avanzando incluso cuando crees que no puedes más. Así que deja de mirar al suelo. Seca tus lágrimas, respira hondo… y sigue adelante. Porque incluso las estrellas más apagadas siguen iluminando la noche.—
    —¿Dudas de tu propia existencia…? Entonces levántate.— La lluvia no cae para siempre, y las heridas tampoco duran eternamente aunque ardan como si fueran infinitas. Tú no eres un error, ni un simple recuerdo roto. —Nuestra user nos necesita. Yo apenas soy un eco de aquello que dejo atrás… una voz nacida entre memorias, tristeza y silencios. Pero tú… tú sigues aquí, respirando, avanzando incluso cuando crees que no puedes más. Así que deja de mirar al suelo. Seca tus lágrimas, respira hondo… y sigue adelante. Porque incluso las estrellas más apagadas siguen iluminando la noche.—
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  • Korei Nightshade
    —La Galaxia nunca ha sido un lugar seguro, y menos ahora –murmuró, cerrando los ojos y guardó la Dao del Tigre Blanco en su funda.

    Para cuando la Khan llegó, ya era demasiado tarde. Aquella criatura había aprovechado las trampas que le había tendido a la Khan para escapar, y lo que encontró en su lugar fue un cascarón frío e inerte. Las pupilas de la Khan subieron hacia los altos rascacielos que desterraban la oscuridad de los alrededores desérticos de esa ciudad en la Tierra.

    Tenía que encontrarla. Había viajado desde muy lejos para cazarla, para terminar de juntar las piezas de un rompecabezas cuya sombra anunciaba la llegada de algo grande y terrible que se aproximaba desde el vacío de las estrellas. Una nueva cacería había comenzado.

    Aquella cosa se deslizó por la ventilación de un edicio, reptando entre sus paredes metálicas con el sigilo propio de un fantasma errante, hasta que una hermosa voz capturó su atención. Las rendijas de una luz anaranjada iluminaron las sombras azuladas de su rostro cuando la criatura asomó la cabeza. En el interior de la habitación, se encontraba una mujer de estatura alta, ojos afilados y cabello negro. Su voz era la clase de sonido que seguramente acompañaba noches enteras de recorridos por una ciudad que dormía envuelta entre la niebla y el neón. Una cantante de City pop. Dulce, melancólico, el tipo de canto que podría hipnotizar masas enteras si se lo proponía, y la criatura estaba dispuesta a ayudarla con ello.

    Saltó sobre de ella.

    Sus tenazas rasgaron y mordieron piel, antes de que el verdadero asalto se transladara a otro lugar; en la mente de la cantante. La mujer se cubrió el rostro con las manos, se tambaleó. Un jarrón se fragmetó en pequeños trocitos cuando su espalda dio contra un mueble. Libró una feroz batalla por el dominio de su cuerpo. Poco a poco, su voz marchitó y, cuando clavó una mano pálida sobre el borde del tocador para incorporarse, un fuego púrpura ardió en el reflejo de sus iris frente al espejo.

    La criatura se tomó unos minutos para familiarizarse con esa nueva piel, comprobando el movimiento de sus dedos delicados al cerrar y abrir los puños. La respiración agitada le quemó la garganta, era un recipiente muy compacto, frágil y perfecto. Exploró algunos de los recuerdos de aquella mujer, de entre ellos, algo le resultó divertido. Al parecer, hacía no mucho que había hecho enojar a algunas personas poderosas y llevaba días intentando mantener un perfil bajo; asustada, vulnerable, como una presa acorralada que solo podía esconderse. Soltó el inicio de una risa seca, mientras se acomodaba el cabello. Luego tomó las maletas que estaban preparadas sobre la cama, y se dispuso a salir al mundo.
    [blast_magenta_rat_186] —La Galaxia nunca ha sido un lugar seguro, y menos ahora –murmuró, cerrando los ojos y guardó la Dao del Tigre Blanco en su funda. Para cuando la Khan llegó, ya era demasiado tarde. Aquella criatura había aprovechado las trampas que le había tendido a la Khan para escapar, y lo que encontró en su lugar fue un cascarón frío e inerte. Las pupilas de la Khan subieron hacia los altos rascacielos que desterraban la oscuridad de los alrededores desérticos de esa ciudad en la Tierra. Tenía que encontrarla. Había viajado desde muy lejos para cazarla, para terminar de juntar las piezas de un rompecabezas cuya sombra anunciaba la llegada de algo grande y terrible que se aproximaba desde el vacío de las estrellas. Una nueva cacería había comenzado. Aquella cosa se deslizó por la ventilación de un edicio, reptando entre sus paredes metálicas con el sigilo propio de un fantasma errante, hasta que una hermosa voz capturó su atención. Las rendijas de una luz anaranjada iluminaron las sombras azuladas de su rostro cuando la criatura asomó la cabeza. En el interior de la habitación, se encontraba una mujer de estatura alta, ojos afilados y cabello negro. Su voz era la clase de sonido que seguramente acompañaba noches enteras de recorridos por una ciudad que dormía envuelta entre la niebla y el neón. Una cantante de City pop. Dulce, melancólico, el tipo de canto que podría hipnotizar masas enteras si se lo proponía, y la criatura estaba dispuesta a ayudarla con ello. Saltó sobre de ella. Sus tenazas rasgaron y mordieron piel, antes de que el verdadero asalto se transladara a otro lugar; en la mente de la cantante. La mujer se cubrió el rostro con las manos, se tambaleó. Un jarrón se fragmetó en pequeños trocitos cuando su espalda dio contra un mueble. Libró una feroz batalla por el dominio de su cuerpo. Poco a poco, su voz marchitó y, cuando clavó una mano pálida sobre el borde del tocador para incorporarse, un fuego púrpura ardió en el reflejo de sus iris frente al espejo. La criatura se tomó unos minutos para familiarizarse con esa nueva piel, comprobando el movimiento de sus dedos delicados al cerrar y abrir los puños. La respiración agitada le quemó la garganta, era un recipiente muy compacto, frágil y perfecto. Exploró algunos de los recuerdos de aquella mujer, de entre ellos, algo le resultó divertido. Al parecer, hacía no mucho que había hecho enojar a algunas personas poderosas y llevaba días intentando mantener un perfil bajo; asustada, vulnerable, como una presa acorralada que solo podía esconderse. Soltó el inicio de una risa seca, mientras se acomodaba el cabello. Luego tomó las maletas que estaban preparadas sobre la cama, y se dispuso a salir al mundo.
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  • *Desde lo alto del cielo nocturno del mundo digital estaría flotando mirando las estrellas y atrayendo una hasta colocarla entre mis manos, dándole vueltas a la idea de que dentro de poco poder ver lo que es el mundo real, Moon que estaba allí se fijó que estaba preocupado y se acercó a hablar*

    Moon: Caine querido ¿Qué te ocurre?

    Yo… he estado esperando durante mucho tiempo el poder ver el exterior, lo que hay fuera de este mundo y ahora… me siento ¿Cómo lo llaman los humanos…? *Buscando la palabra en mi base de datos hasta encontrarla* Nervioso… aterrado… ¿Y si no les gusta como soy? ¿y si… me odian? ¿puede que sea una mala idea el salir…?

    *Más preguntas rondaron por mi cabeza comenzando a sentir lo que los humanos llamaban “ansiedad” o “estrés”, tanto fue que se pudo ver ligeros glitches en mis ojos en colores azul y rojo hasta que note como un brazo rodeo mi cintura haciendo que me aferrase a un cuerpo más grande que yo, siendo Moon sentada a mi lado y que había optado un cuerpo humanoide aun con su cabeza de Luna*

    Moon: Vamos mi trocito de cielo… te preocupas demasiado, mira todo lo que has logrado junto a las personas que te quieren *señalizando con la mano el circo digital y sus otras zonas renovadas* Si todas estas personas te odiasen ¿crees que vendrían a pasar sus días en el mundo tan perfecto que has creado? He visto cada interacción que has tenido con cada uno de ellos y se les ve felices, recuerdos que atesoraran por el resto de sus vidas, estoy segura que si sales a su mundo te aceptaran con los brazos abiertos.

    *Mirando a Moon escuchando cada palabra, echando un vistazo al circo digital y luego mirando a la estrella que tenía entre mis manos, dejándola irse flotando con las demás estrellas*

    Puede que tengas razón y le esté dando demasiadas vueltas… aun así sigo nervioso por poder salir y ver mundo.

    *Ahora con solo de pensar en ellos simplemente sonreí felizmente en vez de estar angustiado, Moon con una leve risa se agacho para darme un ligero beso en la mejilla*

    Moon: Ese es el Caine que quiero, al sonriente y animado.

    *Con un leve sonrojo me levante carraspeando tomando mi bastón*

    ¡Bueno he de irme, las aventuras no se van hacer solas jajajaja, ADIOS!

    *Desapareciendo como de costumbre volviendo a mi despacho, Moon con un suspiro sonriendo*

    Moon: Siempre estaré aquí por ti Caine...
    *Desde lo alto del cielo nocturno del mundo digital estaría flotando mirando las estrellas y atrayendo una hasta colocarla entre mis manos, dándole vueltas a la idea de que dentro de poco poder ver lo que es el mundo real, Moon que estaba allí se fijó que estaba preocupado y se acercó a hablar* Moon: Caine querido ¿Qué te ocurre? Yo… he estado esperando durante mucho tiempo el poder ver el exterior, lo que hay fuera de este mundo y ahora… me siento ¿Cómo lo llaman los humanos…? *Buscando la palabra en mi base de datos hasta encontrarla* Nervioso… aterrado… ¿Y si no les gusta como soy? ¿y si… me odian? ¿puede que sea una mala idea el salir…? *Más preguntas rondaron por mi cabeza comenzando a sentir lo que los humanos llamaban “ansiedad” o “estrés”, tanto fue que se pudo ver ligeros glitches en mis ojos en colores azul y rojo hasta que note como un brazo rodeo mi cintura haciendo que me aferrase a un cuerpo más grande que yo, siendo Moon sentada a mi lado y que había optado un cuerpo humanoide aun con su cabeza de Luna* Moon: Vamos mi trocito de cielo… te preocupas demasiado, mira todo lo que has logrado junto a las personas que te quieren *señalizando con la mano el circo digital y sus otras zonas renovadas* Si todas estas personas te odiasen ¿crees que vendrían a pasar sus días en el mundo tan perfecto que has creado? He visto cada interacción que has tenido con cada uno de ellos y se les ve felices, recuerdos que atesoraran por el resto de sus vidas, estoy segura que si sales a su mundo te aceptaran con los brazos abiertos. *Mirando a Moon escuchando cada palabra, echando un vistazo al circo digital y luego mirando a la estrella que tenía entre mis manos, dejándola irse flotando con las demás estrellas* Puede que tengas razón y le esté dando demasiadas vueltas… aun así sigo nervioso por poder salir y ver mundo. *Ahora con solo de pensar en ellos simplemente sonreí felizmente en vez de estar angustiado, Moon con una leve risa se agacho para darme un ligero beso en la mejilla* Moon: Ese es el Caine que quiero, al sonriente y animado. *Con un leve sonrojo me levante carraspeando tomando mi bastón* ¡Bueno he de irme, las aventuras no se van hacer solas jajajaja, ADIOS! *Desapareciendo como de costumbre volviendo a mi despacho, Moon con un suspiro sonriendo* Moon: Siempre estaré aquí por ti Caine...
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  • —No temas, acércate, gentil alma; pues aunque mi nombre habite los dominios del sueño y de las quimeras, no he descendido esta noche para sembrar espanto alguno. Ven… y permite que el silencio entre nosotros se transforme en palabra bajo la indulgente sombra de las estrellas.
    —No temas, acércate, gentil alma; pues aunque mi nombre habite los dominios del sueño y de las quimeras, no he descendido esta noche para sembrar espanto alguno. Ven… y permite que el silencio entre nosotros se transforme en palabra bajo la indulgente sombra de las estrellas.
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  • Viaje A Las Estrellas
    Fandom Honkai star rail
    Categoría Otros
    *En un día, bastante temprano, la trazacaminos, Stelle le costó dormir, tanto que tenía ojeras en los ojos, bostezo porque si bien paso la noche despierta. *

    Ahora si, estoy por hacerle honor a mi animal interior.

    *Comentó en un tono de broma, recordado que siempre se le relaciona con los mapaches, ya a no poder dormir, se levanta de su cama de aquel cuarto de hotel donde se quedo junto a sus amigos, cuando llegaron a este planeta para la expedición de trazacaminos. *

    Supongo que esto llego a su fin.

    *Puso la mano en el cristal de la ventana, mirando el paisaje que se asomaba ante sus ojos, una vez que el manto de la noche había comenzado a ceder, cerro sus ojos recordado a los amigos que había conocido, como Maomao, entre otros.*

    Pase muchas cosas, asi que no puedo quejarme.

    *Alejándose de la ventana, Stelle se fue directo a tomar un baño, al entrar al cuarto de baño, despojandose de sus ropas, dejo que el agua cayera por su cuerpo, llevandose así el recuedo de esa noche de desvelo, terminando de bañarse, regreso a vestirse para prepararse e ir a buscar a sus amigos que seguro, la estarían esperando. *

    Bueno, estoy lista.

    *Sale de su cuarto, apagado la luz y cerrando la puerta, dejando esa habitación en penumbras, camino hasta el vestíbulo, donde los demás ya la estaba esperando.

    Con una sonrisa se acercó a ellos *

    Buenos días, Himeko, Welt, marzo y Dan Heng.

    *Saludo a sus amigos quienes a verla, notaron sus ojeras y 7 de marzo se acercó a Stelle*

    ¿Que te paso?

    *Pregunto la pelirrosa alegre a ver a la chica de pelo gris con esas ojeras. *

    Tranquila, Marzo, solo no dormí bien, supongo que tendré que descansar en vagon panorámico aunque sea un poco.

    *Trato de calmar a su amiga, marzo por su parte, suspira y no le quedo mas qué hacerle caso, pues pensó que seria los nervios de volver a viajar entre las estrellas y buscar nuevos planetas para hacer alianzas y amistades. *

    Bueno, supongo que ya estamos.

    *Interrupio Dan Heng, quien estaba cruzado de brazos con los ojos cerrados, pero dejo de estar asi una vez que hablo.

    Himeko escucho todo, dejando ver una sonrisa. *

    En ese caso lo mejor es regresar a bordo del tren, pom pom debe ya sentirse solo.

    *Welt quien estaba a lado de Himeko, asiste. *

    Regresemos.

    *Dijo Welt al acomodar sus lentes, todos ya reunidos comenzaron el recorrido rumbo al Expreso Astral, una vez estar cerca del tren, este abre una puerta y entran, la puerta se cierra atrás de ellos, Stelle y los demás se reencuentran con pompom.

    Cada uno le habla de lo que vivieron en mientras estuvieron en aquel lugar.

    Ya todo estaba listo, el tren comenzó a avanzar, se elevó por el aire, rumbo al cielo, cruzado la atmósfera y dejando ese planeta atrás, desde la ventana, Stelle miro como el paisaje del planeta quedo fuera para dar paso a las estrellas. *

    Preparse es hora del salto.

    *Advierte pompom, el tren comenzó a ser envuelto por lo que parece polvo estelar, quedando todo cubierto por una luz plateada, en la visión de ese suceso desde el planeta donde antes estaba, solo parecía una estrella fugaz.

    Aunque ellos se hayan ido, se dice que siempre que se sienta el peso de la soledad y si en tu corazón conservas la llama de los anónimos de expreso Astral y ves el cielo de noche, podrás ver una estrella fugaz cruzar el cielo, porque no importa donde estén y los años luz que les separen, todos serán trazacaminos en el corazón.

    Nunca lo olvides, vive intensamente y lucha por cuidar esos vínculos que nos unen, protege a los demás, pero sobre todo, se fiel a ti mismo, nunca intentes cambiar por otros, pues la verdadera amistad o en el amor, es importante ser uno mismo, eres una estrella, eres un anonimo, eres un trazacaminos. *
    *En un día, bastante temprano, la trazacaminos, Stelle le costó dormir, tanto que tenía ojeras en los ojos, bostezo porque si bien paso la noche despierta. * Ahora si, estoy por hacerle honor a mi animal interior. *Comentó en un tono de broma, recordado que siempre se le relaciona con los mapaches, ya a no poder dormir, se levanta de su cama de aquel cuarto de hotel donde se quedo junto a sus amigos, cuando llegaron a este planeta para la expedición de trazacaminos. * Supongo que esto llego a su fin. *Puso la mano en el cristal de la ventana, mirando el paisaje que se asomaba ante sus ojos, una vez que el manto de la noche había comenzado a ceder, cerro sus ojos recordado a los amigos que había conocido, como Maomao, entre otros.* Pase muchas cosas, asi que no puedo quejarme. *Alejándose de la ventana, Stelle se fue directo a tomar un baño, al entrar al cuarto de baño, despojandose de sus ropas, dejo que el agua cayera por su cuerpo, llevandose así el recuedo de esa noche de desvelo, terminando de bañarse, regreso a vestirse para prepararse e ir a buscar a sus amigos que seguro, la estarían esperando. * Bueno, estoy lista. *Sale de su cuarto, apagado la luz y cerrando la puerta, dejando esa habitación en penumbras, camino hasta el vestíbulo, donde los demás ya la estaba esperando. Con una sonrisa se acercó a ellos * Buenos días, Himeko, Welt, marzo y Dan Heng. *Saludo a sus amigos quienes a verla, notaron sus ojeras y 7 de marzo se acercó a Stelle* ¿Que te paso? *Pregunto la pelirrosa alegre a ver a la chica de pelo gris con esas ojeras. * Tranquila, Marzo, solo no dormí bien, supongo que tendré que descansar en vagon panorámico aunque sea un poco. *Trato de calmar a su amiga, marzo por su parte, suspira y no le quedo mas qué hacerle caso, pues pensó que seria los nervios de volver a viajar entre las estrellas y buscar nuevos planetas para hacer alianzas y amistades. * Bueno, supongo que ya estamos. *Interrupio Dan Heng, quien estaba cruzado de brazos con los ojos cerrados, pero dejo de estar asi una vez que hablo. Himeko escucho todo, dejando ver una sonrisa. * En ese caso lo mejor es regresar a bordo del tren, pom pom debe ya sentirse solo. *Welt quien estaba a lado de Himeko, asiste. * Regresemos. *Dijo Welt al acomodar sus lentes, todos ya reunidos comenzaron el recorrido rumbo al Expreso Astral, una vez estar cerca del tren, este abre una puerta y entran, la puerta se cierra atrás de ellos, Stelle y los demás se reencuentran con pompom. Cada uno le habla de lo que vivieron en mientras estuvieron en aquel lugar. Ya todo estaba listo, el tren comenzó a avanzar, se elevó por el aire, rumbo al cielo, cruzado la atmósfera y dejando ese planeta atrás, desde la ventana, Stelle miro como el paisaje del planeta quedo fuera para dar paso a las estrellas. * Preparse es hora del salto. *Advierte pompom, el tren comenzó a ser envuelto por lo que parece polvo estelar, quedando todo cubierto por una luz plateada, en la visión de ese suceso desde el planeta donde antes estaba, solo parecía una estrella fugaz. Aunque ellos se hayan ido, se dice que siempre que se sienta el peso de la soledad y si en tu corazón conservas la llama de los anónimos de expreso Astral y ves el cielo de noche, podrás ver una estrella fugaz cruzar el cielo, porque no importa donde estén y los años luz que les separen, todos serán trazacaminos en el corazón. Nunca lo olvides, vive intensamente y lucha por cuidar esos vínculos que nos unen, protege a los demás, pero sobre todo, se fiel a ti mismo, nunca intentes cambiar por otros, pues la verdadera amistad o en el amor, es importante ser uno mismo, eres una estrella, eres un anonimo, eres un trazacaminos. *
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