—No temas, acércate, gentil alma; pues aunque mi nombre habite los dominios del sueño y de las quimeras, no he descendido esta noche para sembrar espanto alguno. Ven… y permite que el silencio entre nosotros se transforme en palabra bajo la indulgente sombra de las estrellas.
—No temas, acércate, gentil alma; pues aunque mi nombre habite los dominios del sueño y de las quimeras, no he descendido esta noche para sembrar espanto alguno. Ven… y permite que el silencio entre nosotros se transforme en palabra bajo la indulgente sombra de las estrellas.
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