—«Bien, mi querido esposo... la noche anterior te permitiste disfrutar de cada placer a tus anchas, entregándote al libertinaje sin reserva alguna. Ahora, espero sinceramente que guardes ese mismo entusiasmo para lo que he preparado especialmente para ti; te aseguro que la diversión apenas comienza».—
En ese instante, el aire pareció espesarse con una presencia maligna. Mis pequeños y grotescos diablillos emergieron de las sombras, deslizándose con una agilidad antinatural sobre el cuerpo de Dante. Sus risas, agudas y cargadas de una malevolencia maquiavélica, resonaban en la habitación mientras sostenían con fuerza largas y relucientes agujas de acupuntura, buscando los puntos exactos donde el dolor se convierte en arte.
Al notar el pavor en su mirada, esbocé una sonrisa gélida y añadí:
—«Oh, no me mires así... No tienes por qué preocuparte excesivamente... ese preciado tesoro que guardas con tanto celo entre tus piernas recibirá una atención... especial. Tendré un cuidado meticuloso para que cada sensación sea inolvidable».—
Para asegurarme y no ser interrumpido por un intento de huida, mis tentáculos oscuros brotaron como látigos vivos, enroscándose con una fuerza asfixiante alrededor del torso y las extremidades de Dante. Quedó completamente inmovilizado, atrapado en un abrazo de pesadilla, mientras se preparaba para recibir la generosa e implacable dosis de tortura que estaba a punto de desatarse sobre él.
En ese instante, el aire pareció espesarse con una presencia maligna. Mis pequeños y grotescos diablillos emergieron de las sombras, deslizándose con una agilidad antinatural sobre el cuerpo de Dante. Sus risas, agudas y cargadas de una malevolencia maquiavélica, resonaban en la habitación mientras sostenían con fuerza largas y relucientes agujas de acupuntura, buscando los puntos exactos donde el dolor se convierte en arte.
Al notar el pavor en su mirada, esbocé una sonrisa gélida y añadí:
—«Oh, no me mires así... No tienes por qué preocuparte excesivamente... ese preciado tesoro que guardas con tanto celo entre tus piernas recibirá una atención... especial. Tendré un cuidado meticuloso para que cada sensación sea inolvidable».—
Para asegurarme y no ser interrumpido por un intento de huida, mis tentáculos oscuros brotaron como látigos vivos, enroscándose con una fuerza asfixiante alrededor del torso y las extremidades de Dante. Quedó completamente inmovilizado, atrapado en un abrazo de pesadilla, mientras se preparaba para recibir la generosa e implacable dosis de tortura que estaba a punto de desatarse sobre él.
—«Bien, mi querido esposo... la noche anterior te permitiste disfrutar de cada placer a tus anchas, entregándote al libertinaje sin reserva alguna. Ahora, espero sinceramente que guardes ese mismo entusiasmo para lo que he preparado especialmente para ti; te aseguro que la diversión apenas comienza».—
En ese instante, el aire pareció espesarse con una presencia maligna. Mis pequeños y grotescos diablillos emergieron de las sombras, deslizándose con una agilidad antinatural sobre el cuerpo de Dante. Sus risas, agudas y cargadas de una malevolencia maquiavélica, resonaban en la habitación mientras sostenían con fuerza largas y relucientes agujas de acupuntura, buscando los puntos exactos donde el dolor se convierte en arte.
Al notar el pavor en su mirada, esbocé una sonrisa gélida y añadí:
—«Oh, no me mires así... No tienes por qué preocuparte excesivamente... ese preciado tesoro que guardas con tanto celo entre tus piernas recibirá una atención... especial. Tendré un cuidado meticuloso para que cada sensación sea inolvidable».—
Para asegurarme y no ser interrumpido por un intento de huida, mis tentáculos oscuros brotaron como látigos vivos, enroscándose con una fuerza asfixiante alrededor del torso y las extremidades de Dante. Quedó completamente inmovilizado, atrapado en un abrazo de pesadilla, mientras se preparaba para recibir la generosa e implacable dosis de tortura que estaba a punto de desatarse sobre él.