Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...
No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.
Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.
Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.
¿Qué había pasado?
Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.
Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.
Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.
Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.
Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.
¿Qué había pasado?
Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.
Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.
Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.
Allí estaba una noche más, los días pasaban más lentos que nunca. Y esa sensación de vacío no desaparecía...
No temía a la soledad, siempre había estado solo; él, su templo, su tarea de mantener el equilibrio en el bosque y llevar las plegarias de los humanos a los dioses.
Pero había algo extraño; como si esa soledad se hubiese acentuado, siendo esta vez dolorosa, casi asfixiante. Como si algo que antes era suyo se lo hubieran arrancado del pecho sin permiso.
Sentía que estos meses atrás no era así, y sin embargo no era capaz de averiguar cuál era la causa de su dicha y su repentina desdicha.
¿Qué había pasado?
Cada vez que intentaba forzar su mente a recordar algo que parecía que nunca estuvo, todo se nublaba y su cabeza dolía al punto de sentirla palpitar, como si estuviera a punto de estallar.
Las noches eran cuando todo ese dolor inexplicable se magnificaba. Cuando su mente estaba sumergida en tareas que pudieran distraerlo momentáneamente.
Aquel desazón no se desvanecía... Y en las noches terminaba caminando hasta llegar a algún punto del bosque. Aquel día llegó a un claro, donde las luciérnagas volaban anunciando la inminente primavera. Una noche más donde no tendría descanso.