• Cuando la oscuridad se alza
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Pasos resonaban por calles medio vacías. A altas horas de la noche, la luna iluminaba firmemente en el cielo, y el único sonido de fondo eran los pocos coches que pasaban rápido dirección a sus casas o las voces estridentes de borrachos saliendo a la fuerza de su bar de siempre.

    Vincent caminaba por la acera, con las manos en los bolsillos de su gabardina y la cabeza gacha, aunque sus ojos miraban al frente, buscando, escuchando, observando la siguiente presa. Al final optó por sentarse en la acera, contemplando la ciudad silenciosa y tranquila, le gustaba el paisaje de esa forma, irónicamente, era idóneo para ese acto inhumano que iba a llevar a cabo.

    Observó a las personas ebrias canturreando mientras luchaban por avanzar en línea recta con una mueca de desagrado, necesitaba a alguien limpio, alguien que, aunque gritara y luchara por escapar, tuviera una sangre lo suficientemente buena como para que aquello no fuera en vano.
    Pasos resonaban por calles medio vacías. A altas horas de la noche, la luna iluminaba firmemente en el cielo, y el único sonido de fondo eran los pocos coches que pasaban rápido dirección a sus casas o las voces estridentes de borrachos saliendo a la fuerza de su bar de siempre. Vincent caminaba por la acera, con las manos en los bolsillos de su gabardina y la cabeza gacha, aunque sus ojos miraban al frente, buscando, escuchando, observando la siguiente presa. Al final optó por sentarse en la acera, contemplando la ciudad silenciosa y tranquila, le gustaba el paisaje de esa forma, irónicamente, era idóneo para ese acto inhumano que iba a llevar a cabo. Observó a las personas ebrias canturreando mientras luchaban por avanzar en línea recta con una mueca de desagrado, necesitaba a alguien limpio, alguien que, aunque gritara y luchara por escapar, tuviera una sangre lo suficientemente buena como para que aquello no fuera en vano.
    Tipo
    Grupal
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  • — Y la receta es: videos de gatitos cada 4 hrs. Un chocolate caliente en las tardes. Y 20 gominolas de ositos, idealmente de todos los colores. ~
    — Y la receta es: videos de gatitos cada 4 hrs. Un chocolate caliente en las tardes. Y 20 gominolas de ositos, idealmente de todos los colores. ~
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  • ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆.

    La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad.

    Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno.

    Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta.

    Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto.

    Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio.

    Odette se detuvo frente a la entrada un instante.

    Luego empujó la puerta.

    El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza.

    Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura.

    El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio.

    —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón.

    —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila.

    El hombre arqueó una ceja.
    No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas.

    Se alejó murmurando para sí mismo.

    La taberna continuó con su ruido habitual.
    Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados.

    Hasta que la puerta se abrió violentamente.

    Un hombre irrumpió empapado por la lluvia.

    Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible.

    —¡La vi!— gritó con la voz quebrada.

    Nadie respondió al principio.
    Algunos soltaron risas cansadas.

    —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa.

    Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores.

    —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella!

    La taberna estalló en carcajadas.

    —¿La bruja del luto?
    —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato.
    —¿No se suponía que estaba muerta?

    Pero el hombre no reía... Temblaba.

    —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca!

    Algunas risas comenzaron a apagarse.

    Incluso el bardo dejó de tocar.

    Edwin tragó saliva con dificultad.

    —Y entonces ella me miró...

    Un silencio incómodo recorrió la taberna.

    —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero.

    Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette.

    —Porque tenía esos mismos ojos.

    El silencio cayó de golpe.

    Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro.

    La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle.

    Entonces levantó la vista hacia el hombre.
    Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente.
    Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real.

    El hombre retrocedió horrorizado.

    —No... no...— balbuceó.

    Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza.

    —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
    ༒ 𝕮𝖎𝖓𝖎𝖘 𝕽𝖔𝖘𝖆. La tormenta había cesado apenas unos minutos antes de que Odette cruzara el arco de piedra que marcaba la entrada a la ciudad. Las calles permanecían húmedas, brillando tenuemente bajo la luz de los faroles. El barro se adhería a los bajos de su falda negra mientras avanzaba sin prisa entre comerciantes agotados y mendigos que evitaban levantar la vista. El aroma a humo, cerveza agria y madera mojada impregnaba el aire nocturno. Al fondo de la calle principal, una vieja taberna aún permanecía abierta. Un letrero oxidado colgaba sobre la puerta balanceándose con el viento: El Cuervo Tuerto. Desde dentro escapaban risas toscas, el sonido de jarras golpeando mesas y una melodía mal tocada por algún bardo ebrio. Odette se detuvo frente a la entrada un instante. Luego empujó la puerta. El calor del interior la envolvió de golpe junto con el olor denso a sudor, alcohol y carne cocida. Algunos hombres giraron la cabeza apenas lo suficiente para observar a la extraña mujer de negro entrar bajo la tenue iluminación rojiza. Ella solo caminó hasta una mesa apartada, cerca de la pared, donde las sombras ocultaban parcialmente su rostro bajo la capucha oscura. El tabernero se aproximó limpiándose las manos en un trapo sucio. —¿Qué va a ordenar, hermana? —preguntó con cierta cautela al notar los pequeños frascos colgando de su cinturón. —Vino caliente. Y algo de pan, si aún queda.— respondió Odette con voz tranquila. El hombre arqueó una ceja. No parecía una monja pero tampoco deseaba hacer preguntas. Se alejó murmurando para sí mismo. La taberna continuó con su ruido habitual. Risas, Insultos, una pelea contenida apenas por la borrachera de los involucrados. Hasta que la puerta se abrió violentamente. Un hombre irrumpió empapado por la lluvia. Tropezó apenas cruzar el umbral y cayó de rodillas sobre el suelo. Respiraba agitado. Los ojos abiertos de par en par. Como si hubiese corrido huyendo de algo invisible. —¡La vi!— gritó con la voz quebrada. Nadie respondió al principio. Algunos soltaron risas cansadas. —Otra vez no, Edwin...— dijo entre dientes alguien que aparentemente lo conocía desde una mesa. Pero el hombre comenzó a señalar desesperadamente hacia las calles exteriores. —¡La Santa de los Venenos! ¡La vi en el bosque viejo! ¡Juro por Dios que era ella! La taberna estalló en carcajadas. —¿La bruja del luto? —Ese idiota volvió a beber aguardiente barato. —¿No se suponía que estaba muerta? Pero el hombre no reía... Temblaba. —¡No estaba muerta! ¡La vi caminar entre los árboles! ¡Las serpientes la seguían! ¡Y había cuerpos colgados cerca del río! ¡Hombres enfermos! ¡Todos con flores negras en la boca! Algunas risas comenzaron a apagarse. Incluso el bardo dejó de tocar. Edwin tragó saliva con dificultad. —Y entonces ella me miró... Un silencio incómodo recorrió la taberna. —¿Y cómo sabes que era “La Santa”?— preguntó finalmente el tabernero. Edwin señaló con mano temblorosa hacia el fondo del local, directamente hacia Odette. —Porque tenía esos mismos ojos. El silencio cayó de golpe. Varias miradas se clavaron lentamente sobre la mujer de negro. La tenue vela de su mesa iluminaba apenas su expresión serena mientras sostenía entre los dedos la taza de vino caliente que acababan de servirle. Entonces levantó la vista hacia el hombre. Y sonrió... No una sonrisa cálida, sino algo mucho peor: Una expresión tranquila, condescendiente. Como la de alguien que escucha a un niño describir un mal sueño que resulta ser completamente real. El hombre retrocedió horrorizado. —No... no...— balbuceó. Odette lentamente retiró la capucha que cubría su cabeza. —Deberías dejar de correr bajo la lluvia... Podrías enfermar.
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  • **el esqueleto se encontraria leyendo el periodico en el puesto huesudo, lugar ubicado en un bosque nevado el cual guia a sus clientes hasta el que buscan comida o un refugio para pasar la noche, "trabajo desde casa" como diria el, en fin, tan solo leia las noticias de diferentes universos mientras disfrutaba su taza de leche con chocolate caliente, en espera de si tendra o no algun cliente ese día**

    Mmmh deberia visitar ese universo algun día
    **el esqueleto se encontraria leyendo el periodico en el puesto huesudo, lugar ubicado en un bosque nevado el cual guia a sus clientes hasta el que buscan comida o un refugio para pasar la noche, "trabajo desde casa" como diria el, en fin, tan solo leia las noticias de diferentes universos mientras disfrutaba su taza de leche con chocolate caliente, en espera de si tendra o no algun cliente ese día** Mmmh deberia visitar ese universo algun día
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  • Tendré que usar mi antigua armadura al menos para pasar desapercibido hasta que encuentre una manera de volver a mi forma original, prefiero que me vean como un rarito a que vengan al porche de mi casa con antorchas y horcas… aunque en este tiempo seguro que vendría el ejército.

    *A pesar de mi pequeño tamaño por dentro de la armadura estaría flotando y manejándola como una marioneta cada parte, revisando que cada parte estuviera bien puesta y ligada, tenía que hacer compras y no podía enviar a ninguno de la familia ya que la gente sospecharía de mi cambio de actitud repentino (ya que cada persona tiene su propia personalidad), una vez puesta la armadura me teletransporte a uno de los callejones de la ciudad saliendo a los segundos caminando por las calles, sacando una lista de la compra aparte de algunos sitios a los que tenía que pasarme*

    Y ahora ser el centro de atención…
    Tendré que usar mi antigua armadura al menos para pasar desapercibido hasta que encuentre una manera de volver a mi forma original, prefiero que me vean como un rarito a que vengan al porche de mi casa con antorchas y horcas… aunque en este tiempo seguro que vendría el ejército. *A pesar de mi pequeño tamaño por dentro de la armadura estaría flotando y manejándola como una marioneta cada parte, revisando que cada parte estuviera bien puesta y ligada, tenía que hacer compras y no podía enviar a ninguno de la familia ya que la gente sospecharía de mi cambio de actitud repentino (ya que cada persona tiene su propia personalidad), una vez puesta la armadura me teletransporte a uno de los callejones de la ciudad saliendo a los segundos caminando por las calles, sacando una lista de la compra aparte de algunos sitios a los que tenía que pasarme* Y ahora ser el centro de atención…
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  • Ese momento en que encontrar una triste lata de judías se convierte en esperanza. Aquel día, al menos, después de dias caminando sin rumbo, por fin comerían algo caliente. Tras haber dado de comer con aquella lata al resto del grupo, la lata llegó hasta Daryl y Kate Blake.

    -Hm, genial -el arquero curvó una sonrisa rápida y miró a la morena ofreciéndole la lata- ¿Compartimos? -ironizó.
    Ese momento en que encontrar una triste lata de judías se convierte en esperanza. Aquel día, al menos, después de dias caminando sin rumbo, por fin comerían algo caliente. Tras haber dado de comer con aquella lata al resto del grupo, la lata llegó hasta Daryl y [KateBlake]. -Hm, genial -el arquero curvó una sonrisa rápida y miró a la morena ofreciéndole la lata- ¿Compartimos? -ironizó.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷
    ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷

    ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más).
    ⫸ Sexo: Femenino
    ⫸ Género: Femenino
    ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual
    ⫸ Estatura: 158 cm
    ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica.
    ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana.
    ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera.
    ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja.
    ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica.
    ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas.

    ⫸Resumen de su pasado⫷
    Elizabeth siempre quiso ser un héroe.
    A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino.
    En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos.
    Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola.
    Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna.
    Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos...
    A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
    ⫸ ELIZABETH AIGIS ⫷ ⫸ THE SILVER MAIDEN ⫷ ⫸ Edad: 20 (Por una "bendición", está maldita a no envejecer más). ⫸ Sexo: Femenino ⫸ Género: Femenino ⫸ Orientación sexual/romántica: Heterosexual ⫸ Estatura: 158 cm ⫸ Etnicidad: Da un aire de mezcla europea, inglesa y nórdica. ⫸ Mythos: Su tierra natal tiene una mezcla particular entre mitología nórdica, griega y romana. ⫸ Oficio: Dame (caballero, pero mujer) y aventurera. ⫸ Personalidad: Elizabeth es tranquila. Socialmente incómoda, pero se acopla fácil a las personas. Es un alma dulce, gentil, amorosa y algo maternal. Esperando un hombre que la complemente. Alguien a quien apoyar, pero seguro de sí mismo. Valiente, que sepa tomar decisiones y sabe lo que quiere. Puede tener la mente en las nubes, y es una romántica apasionada. Es tan melosa y cariñosa, como lo es erótica y ardiente por su pareja. ⫸ Talentos: Canta precioso, sabe bailar bien, y es una excelente cocinera. Algo necesario como aventurera, pero también por su inmenso apetito. Ella cree que proviene como efecto secundario de su fuerza titánica. ⫸ Temores y debilidades: LOS HOMBRES. Tiene muchos problemas con ellos. Ya sea por su voluptuoso cuerpo, o simplemente es pésima al conocer gente nueva. Le tiene miedo al mar profundo y a algunos insectos. Motor fino, su fuerza es tanta que puede romper cosas con tanta facilidad. Es muy apegada emocionalmente, y hasta cierto punto, celosa. Piensa demasiado bien de las personas. ⫸Resumen de su pasado⫷ Elizabeth siempre quiso ser un héroe. A los 16 años, se juntó con un grupo de aventureros para vencer a La Emperatriz del Vacío y salvar a su reino. En el encuentro final contra la Emperatriz, solo Elizabeth llegó con vida. Llena de energía... perdió a su grupo, no pudo salvarlos. Cegada en dolor e ira, asesina a la Emperatriz del Vacío ella sola. Exhausta, los dioses la "bendijeron" con eternidad y juventud eterna. Ella lo ve como una cruel broma y maldición, ya que probablemente nunca volverá a ver a sus amigos... A pesar de ser admirada y condecorada por su reino. Ella decide viajar por varias tierras, en busca de un nuevo comienzo. Y cumplir la promesa hecha a su mejor amiga, que perdió en esa última batalla: "¡Enamórate, cásate, ten una familia, cuéntale nuestra historia a tus hijos!"
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  • El joven cura atravesó durante horas caminos olvidados, montado sobre una vieja motocicleta que rugía entre las inmensas estepas secas y las montañas interminables. El abrigo rojo, cubierto de polvo y tierra, ondeaba detrás de él como una bandera desgastada, mientras la maleta atada al costado del vehículo golpeaba suavemente con cada desnivel del terreno.

    El sol caía justo en el momento más cruel del día, aplastando el horizonte bajo una luz blanca y agotadora. El aire parecía arder dentro de sus pulmones; incluso respirar se volvía pesado. El sudor descendía por su cuello y empapaba el viejo cuello clerical que todavía conservaba, como un recuerdo obstinado de la vida que intentaba abandonar.

    Finalmente detuvo la motocicleta junto a una formación rocosa elevada, una especie de plataforma natural abierta hacia el vacío del paisaje. El motor murió lentamente hasta quedar en silencio absoluto. Entonces todo quedó quieto.

    El joven avanzó unos pasos y se sentó al borde de la piedra caliente, apoyando los brazos sobre las rodillas mientras el viento seco agitaba su cabello oscuro. Frente a él se extendía una cordillera gigantesca e impoluta: montañas de puntas blancas que atravesaban las nubes como cuchillas celestiales, intactas, lejanas, indiferentes al dolor humano. Solo el viento. Solo el horizonte infinito. Y las cenizas de su amada descansando dentro de la maleta, esperando encontrar un lugar digno bajo aquel cielo inmenso.
    El joven cura atravesó durante horas caminos olvidados, montado sobre una vieja motocicleta que rugía entre las inmensas estepas secas y las montañas interminables. El abrigo rojo, cubierto de polvo y tierra, ondeaba detrás de él como una bandera desgastada, mientras la maleta atada al costado del vehículo golpeaba suavemente con cada desnivel del terreno. El sol caía justo en el momento más cruel del día, aplastando el horizonte bajo una luz blanca y agotadora. El aire parecía arder dentro de sus pulmones; incluso respirar se volvía pesado. El sudor descendía por su cuello y empapaba el viejo cuello clerical que todavía conservaba, como un recuerdo obstinado de la vida que intentaba abandonar. Finalmente detuvo la motocicleta junto a una formación rocosa elevada, una especie de plataforma natural abierta hacia el vacío del paisaje. El motor murió lentamente hasta quedar en silencio absoluto. Entonces todo quedó quieto. El joven avanzó unos pasos y se sentó al borde de la piedra caliente, apoyando los brazos sobre las rodillas mientras el viento seco agitaba su cabello oscuro. Frente a él se extendía una cordillera gigantesca e impoluta: montañas de puntas blancas que atravesaban las nubes como cuchillas celestiales, intactas, lejanas, indiferentes al dolor humano. Solo el viento. Solo el horizonte infinito. Y las cenizas de su amada descansando dentro de la maleta, esperando encontrar un lugar digno bajo aquel cielo inmenso.
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  • Exhala su aliento de fuego, para encender una nueva fogata cuando el fuego se asienta mejor dejar de exhalar y posteriormente arroja unos trozos grandes de madera, luego se da media vuelta, quedando como una estatua, el tenno se materializa fuera de Chroma, luego se acaricia uno de sus propios costados, aun adolorido.

    - Al meno, ya tendré una noche tranquila.
    Exhala su aliento de fuego, para encender una nueva fogata cuando el fuego se asienta mejor dejar de exhalar y posteriormente arroja unos trozos grandes de madera, luego se da media vuelta, quedando como una estatua, el tenno se materializa fuera de Chroma, luego se acaricia uno de sus propios costados, aun adolorido. - Al meno, ya tendré una noche tranquila.
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  • — Últimamente todo está saliendo demasiado bien, habrá que aprovecharlo
    — Últimamente todo está saliendo demasiado bien, habrá que aprovecharlo
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