• -El agua caliente descendía en un murmullo constante, golpeando las mamparas empañadas y ocultando casi por completo la figura que permanecía detrás del cristal. La silueta de Vaelith apenas podía distinguirse entre la neblina, inmóvil bajo la lluvia artificial, con el cabello blanco cayendo por su espalda como un río de plata oscurecida. El vapor llenaba la estancia, borrando los contornos del mundo y dejando únicamente el sonido del agua acompañando el eterno silencio que tanto conocía.-

    #SeductiveTuesday
    -El agua caliente descendía en un murmullo constante, golpeando las mamparas empañadas y ocultando casi por completo la figura que permanecía detrás del cristal. La silueta de Vaelith apenas podía distinguirse entre la neblina, inmóvil bajo la lluvia artificial, con el cabello blanco cayendo por su espalda como un río de plata oscurecida. El vapor llenaba la estancia, borrando los contornos del mundo y dejando únicamente el sonido del agua acompañando el eterno silencio que tanto conocía.- #SeductiveTuesday
    Me encocora
    Me gusta
    Me shockea
    7
    25 turnos 0 maullidos
  • ¿Necesitas un libro.? Tengo cientos... ¿Películas en video.? Tenemos! Estuvimos cerrados por tomarnos feriado pero puedes visitar "La ratonera" Cuando quieras... Hay café caliente de variedad..

    Hacemos descuentos a otros coleccionistas.. O si ves algo que te guste mucho(?)
    ¿Necesitas un libro.? Tengo cientos... ¿Películas en video.? Tenemos! Estuvimos cerrados por tomarnos feriado pero puedes visitar "La ratonera" Cuando quieras... Hay café caliente de variedad.. Hacemos descuentos a otros coleccionistas.. O si ves algo que te guste mucho(?)
    Me encocora
    Me gusta
    Me endiabla
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • [viéndose obligado a obedecer a Amber tras lo ocurrido en el parque, Alex fue llevado al mercado negro donde lo estarían interrogando para saber de quién se trataba]

    Sr.Guroshi: sigo sin saber si eres valiente o muy estupido, sabes quien soy y aún así te atreviste a engañar a mí hija tan solo para dar conmigo.

    Emily: cuando me des la señal los mutilo a todos ¿De acuerdo? Cuando quieras.

    (No hagas nada, puede que está sea nuestra oportunidad de saber todo lo que necesitamos)
    El estupido quizás tu colega, tienes a tu hija endeudada y apunto de llevarte a la quiebra, tengo que admitir que esa mocosa no duraría nada en este mundo sin ti a su lado.

    Sr.Guroshi: un padre hace todo por sus hijos y eso incluye el tener que consentirlos con todo lo que pidan. Dejando eso de lado dime de una buena vez, ¿Quien eres? Que busca alguien como tu en el hombre más poderoso de esta ciudad.

    Información sobre el proyecto MANTRA pero descuida es obvio que alguien como tu no sabe nada sobre eso.

    Sr.Guroshi: ah sí ¿Y porque crees que yo no tendría esa información?

    ¿Que podrías saber tu sobre el proyecto más importante del gobierno, dudo mucho que con lo ineficiente que eres decidan contarte algo tan valioso.

    -dije esto con una larga sonrisa dibujada en el rostro provocando a Guroshi lo suficiente, este agarro un destornillador de la mesa y lo uso para apuñalarme directo justo en la rodilla haciéndome gritar de dolor y dicho grito se escucharía fuera del lugar-

    Emily: que grito más convincente, eres buen actor~

    (Gracias, ellos no saben que mientras estés en mí interior, sus armas serán inútiles.)

    Sr.Guroshi: te gusto eso ¿No es así? Así aprenderás a no meterte con mí hija bastardo, ¿Tanto deseas saber sobre ese proyecto? Te lo diré ya que de todos modos aquí morirás.
    [viéndose obligado a obedecer a Amber tras lo ocurrido en el parque, Alex fue llevado al mercado negro donde lo estarían interrogando para saber de quién se trataba] Sr.Guroshi: sigo sin saber si eres valiente o muy estupido, sabes quien soy y aún así te atreviste a engañar a mí hija tan solo para dar conmigo. Emily: cuando me des la señal los mutilo a todos ¿De acuerdo? Cuando quieras. (No hagas nada, puede que está sea nuestra oportunidad de saber todo lo que necesitamos) El estupido quizás tu colega, tienes a tu hija endeudada y apunto de llevarte a la quiebra, tengo que admitir que esa mocosa no duraría nada en este mundo sin ti a su lado. Sr.Guroshi: un padre hace todo por sus hijos y eso incluye el tener que consentirlos con todo lo que pidan. Dejando eso de lado dime de una buena vez, ¿Quien eres? Que busca alguien como tu en el hombre más poderoso de esta ciudad. Información sobre el proyecto MANTRA pero descuida es obvio que alguien como tu no sabe nada sobre eso. Sr.Guroshi: ah sí ¿Y porque crees que yo no tendría esa información? ¿Que podrías saber tu sobre el proyecto más importante del gobierno, dudo mucho que con lo ineficiente que eres decidan contarte algo tan valioso. -dije esto con una larga sonrisa dibujada en el rostro provocando a Guroshi lo suficiente, este agarro un destornillador de la mesa y lo uso para apuñalarme directo justo en la rodilla haciéndome gritar de dolor y dicho grito se escucharía fuera del lugar- Emily: que grito más convincente, eres buen actor~ (Gracias, ellos no saben que mientras estés en mí interior, sus armas serán inútiles.) Sr.Guroshi: te gusto eso ¿No es así? Así aprenderás a no meterte con mí hija bastardo, ¿Tanto deseas saber sobre ese proyecto? Te lo diré ya que de todos modos aquí morirás.
    Me shockea
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Nova habia sido llamado a una tierra distinta, se habian avistado dos angeles de brea que se infiltraron a aquel lugar cual no pertenecian, por los flashes de luz y las explosione sparecia que la bruja tenia problemas.

    -Maldita sea, un angel de cera y un bailarin de ceda debian ser, AH!- rapidamente se agacho cuando un latigo ataco en su direccion cortando arboles como mantequilla -Puta madre y ya estan bien comidos los cabrones!- Nova empezo a correr cuando una lluvia de cera caliente empezo a caer del cielo rpvocada por aquella criatura flotante, a diferencia de angeles comunes estos eran anti-magicos por lo que la mayoria de sus ataques eran poco efectivos.

    El bailarin saltaba por los arboles lanzando latigazos que tenian un gran alcance mientras que de la cera salian replicas mas pequeñas del angel que sobrevolaba el cielo -creo que necesitare ayuda con ESTOS!- tuvo que saltar de improvisto cuando el angel de Cera bajo en picada tratando de atraparlo

    BGM: https://music.youtube.com/watch?v=NI_icGqpc3s&si=Feh8TPu1WzgS2RxS
    Nova habia sido llamado a una tierra distinta, se habian avistado dos angeles de brea que se infiltraron a aquel lugar cual no pertenecian, por los flashes de luz y las explosione sparecia que la bruja tenia problemas. -Maldita sea, un angel de cera y un bailarin de ceda debian ser, AH!- rapidamente se agacho cuando un latigo ataco en su direccion cortando arboles como mantequilla -Puta madre y ya estan bien comidos los cabrones!- Nova empezo a correr cuando una lluvia de cera caliente empezo a caer del cielo rpvocada por aquella criatura flotante, a diferencia de angeles comunes estos eran anti-magicos por lo que la mayoria de sus ataques eran poco efectivos. El bailarin saltaba por los arboles lanzando latigazos que tenian un gran alcance mientras que de la cera salian replicas mas pequeñas del angel que sobrevolaba el cielo -creo que necesitare ayuda con ESTOS!- tuvo que saltar de improvisto cuando el angel de Cera bajo en picada tratando de atraparlo BGM: https://music.youtube.com/watch?v=NI_icGqpc3s&si=Feh8TPu1WzgS2RxS
    0 turnos 0 maullidos
  • La lluvia había comenzado a caer sobre Seúl hacía apenas unos minutos. No era una tormenta fuerte, sino una de esas lloviznas constantes que convertían las luces de la ciudad en reflejos dorados sobre el asfalto.

    Theo Ryuu aprovechó uno de sus pocos días libres para desaparecer del mundo.
    Nada de reuniones. Nada de investigaciones. Nada de llamadas relacionadas con su empresa.

    Solo él.

    Y una cafetería abierta las veinticuatro horas en una calle poco transitada.

    El aroma a café recién molido se mezclaba con el olor dulce de la repostería recién horneada. Theo ocupaba una mesa junto a la ventana, vestido de manera sencilla para alguien que normalmente aparecía en revistas de negocios.

    Una camisa negra remangada hasta los antebrazos.

    Jeans oscuros.

    Y una expresión tranquila poco habitual en él.

    Frente a él descansaba una taza de chocolate caliente con menta, su bebida favorita en días como ese.
    Por primera vez en semanas no tenía ninguna prisa.

    Observó a las pocas personas que iban y venían mientras hojeaba un libro que apenas estaba leyendo.

    Su atención terminó desviándose hacia la puerta cuando el sonido de una campanilla anunció una nueva llegada.

    Levantó la vista.

    Y durante un instante sus ojos se encontraron con los de aquella persona.

    Theo arqueó una ceja con una pequeña sonrisa relajada.

    - Parece que la lluvia está obligando a todos a refugiarse aquí esta noche.

    Tomó un sorbo de su bebida.

    - Hay varias mesas libres, pero si quieres evitar la ventana puedo compartir la mía.

    Su tono era amistoso, directo y natural.

    Después apoyó el brazo sobre el respaldo de la silla y observó nuevamente el exterior.

    - Aunque debo advertirte que no soy muy entretenido cuando intento descansar.

    La leve sonrisa en su rostro decía exactamente lo contrario.

    La cafetería seguía llena del murmullo suave de conversaciones lejanas y del sonido de la lluvia golpeando los cristales.

    Theo esperaba una respuesta mientras la noche continuaba avanzando lentamente.

    [Rol abierto]
    La lluvia había comenzado a caer sobre Seúl hacía apenas unos minutos. No era una tormenta fuerte, sino una de esas lloviznas constantes que convertían las luces de la ciudad en reflejos dorados sobre el asfalto. Theo Ryuu aprovechó uno de sus pocos días libres para desaparecer del mundo. Nada de reuniones. Nada de investigaciones. Nada de llamadas relacionadas con su empresa. Solo él. Y una cafetería abierta las veinticuatro horas en una calle poco transitada. El aroma a café recién molido se mezclaba con el olor dulce de la repostería recién horneada. Theo ocupaba una mesa junto a la ventana, vestido de manera sencilla para alguien que normalmente aparecía en revistas de negocios. Una camisa negra remangada hasta los antebrazos. Jeans oscuros. Y una expresión tranquila poco habitual en él. Frente a él descansaba una taza de chocolate caliente con menta, su bebida favorita en días como ese. Por primera vez en semanas no tenía ninguna prisa. Observó a las pocas personas que iban y venían mientras hojeaba un libro que apenas estaba leyendo. Su atención terminó desviándose hacia la puerta cuando el sonido de una campanilla anunció una nueva llegada. Levantó la vista. Y durante un instante sus ojos se encontraron con los de aquella persona. Theo arqueó una ceja con una pequeña sonrisa relajada. - Parece que la lluvia está obligando a todos a refugiarse aquí esta noche. Tomó un sorbo de su bebida. - Hay varias mesas libres, pero si quieres evitar la ventana puedo compartir la mía. Su tono era amistoso, directo y natural. Después apoyó el brazo sobre el respaldo de la silla y observó nuevamente el exterior. - Aunque debo advertirte que no soy muy entretenido cuando intento descansar. La leve sonrisa en su rostro decía exactamente lo contrario. La cafetería seguía llena del murmullo suave de conversaciones lejanas y del sonido de la lluvia golpeando los cristales. Theo esperaba una respuesta mientras la noche continuaba avanzando lentamente. [Rol abierto]
    Me encocora
    1
    7 turnos 0 maullidos
  • Recobra el aliento de vida, abriendo lo ojos, delante de la fogata que armó antes, se logra poner de pie, mientras dirige la mirada hacia todos lados, logra encontrar a su warframes en buenas condiciones de nuevo.

    - Al fin un poco de paz.
    Recobra el aliento de vida, abriendo lo ojos, delante de la fogata que armó antes, se logra poner de pie, mientras dirige la mirada hacia todos lados, logra encontrar a su warframes en buenas condiciones de nuevo. - Al fin un poco de paz.
    0 turnos 0 maullidos
  • —Te noto tenso,... —murmura, inclinándose lo suficiente para que su aliento roce su oído, mientras sus dedos se entierran un poco más en su ropa.— ¿Qué pasa? ¿No eres tú el que siempre se queja de que aparezco y desaparezco sin avisar? Ahora que me tienes aquí, parece que te falta el aire.~
    —Te noto tenso,... —murmura, inclinándose lo suficiente para que su aliento roce su oído, mientras sus dedos se entierran un poco más en su ropa.— ¿Qué pasa? ¿No eres tú el que siempre se queja de que aparezco y desaparezco sin avisar? Ahora que me tienes aquí, parece que te falta el aire.~
    Me gusta
    Me encocora
    Me enjaja
    3
    6 turnos 0 maullidos
  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑁𝑒𝑔𝑟𝑎
    Fandom OC
    Categoría Fantasía
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante.

    En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro.

    Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas.

    Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos.

    Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe.

    Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie.
    Hasta que me rodearon por completo.
    Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro.
    Todo se volvió negro dentro del acero.

    Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío.

    Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural.

    — Un monstruo... — Susurró uno.

    Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose.
    Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza.

    En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Estaba sentado sobre una roca helada, con la capa pesada de nieve y mi espada descansando sobre las rodillas, contemplaba a lo lejos aquel gran bastión. Sus torres se alzaban imponentes entre la ventisca, envueltas en un halo de misterio. Valdrakkar. Calculé que aún me faltaban tres días de marcha dura para llegar, cruzar el barranco helado, atravesar los bosques densos y subir la última cordillera. Tres días de frío que cala hasta los huesos, incluso para alguien como yo. El viento aullaba, la nieve caía sin descanso, y yo solo pensaba en el camino que tenía por delante. En ese preciso momento, mientras yo observaba el castillo con serenidad, sin sospechar nada, dentro de sus muros ya había comenzado el infierno. Una orden de asesinos se había infiltrado como sombras silenciosas. Dagas envenenadas, pasos que no hacían ruido sobre la nieve de los tejados. Guardias caían uno tras otro, nobles eran degollados en sus salones, y la traición se extendía como una plaga por los pasillos de Valdrakkar. El reino que desde lejos parecía un refugio de paz ya sangraba por dentro. Yo no lo sabía, simplemente me levanté, me ajusté el yelmo y continué mi camino con pasos firmes, dejando huellas profundas en la nieve, ajeno todavía al caos que me esperaba al final de esas tres jornadas. Cuando crucé las puertas de Valdrakkar, el castillo ya era un matadero. El olor a sangre caliente mezclada con nieve me golpeó como un puñetazo. Apenas había dado unos pasos cuando las sombras se movieron. Eran muchos. Demasiados. Al menos una docena de aquellos asesinos se lanzaron sobre mí desde los balcones, los pasillos y las vigas del techo. Vestían negro absoluto, máscaras lisas sin ojos. Sus dagas envenenadas buscaban las juntas de mi armadura. Desenvainé mi espada, con un movimiento corté el aire con un rugido metálico. Partí a dos de un solo tajo, el impacto resonando en las placas de mi peto. Giré, y mi codo blindado aplastó el cráneo de otro contra una columna. La nieve y la sangre salpicaban mi yelmo mientras avanzaba, es una de las razones por las que llevo armadura, menos posibilidades de quedar incapacitado de golpe. Aun así eran demasiados. Sus golpes llovían sobre mí, dagas resbalando contra el acero, pero algunas encontraron las uniones. Una se hundió bajo la axila, otra atravesó la juntura del muslo, y varias más perforaron la espalda donde las placas se unían. Sentí el veneno entrar como fuego líquido que quemaba a través de la carne bajo el metal. Aun así seguí luchando. Maté tantos que el salón principal era un matadero de sombras y acero. Mi armadura resonaba con cada impacto, abollada y rayada, pero yo seguía en pie. Hasta que me rodearon por completo. Un golpe de maza en la parte trasera del yelmo me hizo caer de rodillas con un estruendo metálico. Luego vinieron las dagas: una docena perforando las juntas, clavándose profundo. El líder de los asesinos hundió su hoja larga directamente a través de la visera de mi yelmo, atravesándome el ojo y el cerebro. Todo se volvió negro dentro del acero. Tras unos minutos mi cuerpo inmortal se rebeló. Dentro de la armadura, el infierno comenzó. El veneno ardía como ácido fundido, quemando venas y órganos, mientras la regeneración luchaba contra él. Se podía oír desde fuera, el crujido grotesco de huesos recomponiéndose, la carne retorciéndose y burbujeando bajo las placas, expulsando chorros de sangre ennegrecida y veneno por las juntas del yelmo y los guanteletes. Mi espalda se arqueaba violentamente dentro del peto, haciendo que la armadura entera se sacudiera y crujiera como si un demonio estuviera naciendo dentro de ella. Trozos de carne muerta y venenosa salían expulsados por las aberturas del yelmo, humeando en el aire frío. Los asesinos que aún quedaban retrocedieron aterrorizados al ver cómo la figura blindada se levantaba sola, tambaleante, con líquido negro chorreando por todas las ranuras de la armadura. El yelmo, abollado y perforado, se giró hacia ellos con un movimiento lento y antinatural. — Un monstruo... — Susurró uno. Mi espada volvió a alzarse, aún empuñada por una mano que se regeneraba dentro del guantelete. Maté a los últimos en un frenesí brutal y lento, cada golpe acompañado del sonido metálico de mi armadura y los sonidos húmedos y grotescos de mi carne reconstruyéndose. Cuando todo terminó, me derrumbé contra una pared, la armadura abollada y chorreando sangre y veneno. Respiraba con dificultad dentro del yelmo, el dolor aún recorriéndome como llamas eternas. La hija del señor y los pocos supervivientes me observaban entre horror y esperanza. En cuanto pude levantarme nuevamente me marche de allí, siempre odie esa mirada de agradecimiento falsa, ya habían reportado el incidente a la Orden. No tardarían en llegar a intentar terminar lo que alguna vez comenzaron.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    40
    Estado
    Terminado
    Me encocora
    Me gusta
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar .....

    Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo.

    ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas.

    ​Y tal vez tenían razón.

    ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado.

    ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo.

    ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar.

    ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada.
    ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa.
    ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos.
    ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara.

    ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente.

    ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo.
    ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios.

    ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera.

    ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Pero se que era un dia como este cuando lo conoci a profe gojo en mi antiguo hogar ..... Tenía cinco años cuando el mundo decidió romperse, y yo fui la que sostuvo el martillo. ​No recuerdo mucho de cómo empezó ese día, solo que el pecho me ardía. Era un dolor denso, negro, que no cabía dentro de mi cuerpo infantil. Vivía en un pueblo pequeño, de esos donde el viento siempre huele a tierra húmeda y hojas secas, pero esa tarde el aire se volvió pesado, tanto que costaba respirar. Los adultos gritaban. Recuerdo sus caras distorsionadas por el miedo, pero no me miraban a mí con compasión; me miraban como si yo fuera el monstruo debajo de sus camas. ​Y tal vez tenían razón. ​Cuando mi habilidad del caos despertó, no fue un destello sutil. Fue un estallido. Sentí un tirón violento en el estómago y, de repente, la gravedad dejó de tener sentido. Mis pies se despegaron del suelo. El suelo mismo empezó a agrietarse, levantándose en pedazos de piedra y tierra que orbitaban a mi alrededor. Un vórtice inestable y oscuro me envolvió, destrozando las casas cercanas, torciendo la realidad como si fuera papel mojado. ​Cerré los ojos con fuerza, llorando lágrimas que se sentían calientes y espesas. Cuando los abrí, la vista se me había teñido de un rojo violento. Podía sentir la sangre agolpándose en mis párpados, inyectada en mis ojos por la pura presión de una energía que no sabía cómo controlar. Estaba sola en el centro de mi propia tormenta, flotando, esperando que todo terminara o que me consumiera por completo. ​Entonces, el caos se detuvo. No porque se hubiera calmado, sino porque algo más fuerte lo estaba obligando a frenar. ​A través del torbellino de escombros y ráfagas oscuras, vi una silueta que caminaba con una calma casi insultante. Era un joven alto, de cabello blanco como la nieve que brillaba a la luz de la tarde. Llevaba unas gafas oscuras que no lograban ocultar del todo la intensidad de su mirada. ​A medida que se acercaba, la energía destructiva que yo desprendía chocaba contra una barrera invisible a su alrededor y se disipaba. Su técnica del Ilimitado lo protegía de mi tormenta, conteniendo el desastre con una facilidad pasmosa. ​Él se detuvo a unos metros de mí, mirándome flotar. Esperaba que me atacara. Sabía, por puro instinto, que yo era una anomalía peligrosa, algo que los hechiceros llaman una "maldición de Grado Especial". Pero cuando aquel chico se bajó un poco las gafas, revelando unos ojos de un azul tan infinito y brillante que hacían que el cielo pareciera pálido, no vi asco ni miedo en ellos. ​Vio mi potencial destructor, sí. Vio el peligro. Pero, sobre todo, vio la inmensa soledad de una niña de cinco años que solo quería que el dolor parara. ​—Vaya... Así que tú eras el pequeño terremoto —dijo. Su voz era extrañamente ligera, casi divertida, rompiendo toda la tensión del ambiente. ​Extendió una mano hacia mí. No para atacarme, sino para invitarme a bajar. Con un simple gesto de sus dedos, la presión en mi pecho disminuyó y el vórtice se deshizo, dejándome caer suavemente sobre la tierra removida. Mis piernas temblaron y caí de rodillas, agotada, con la respiración entrecortada y la vista aún nublada de rojo. ​Él se agachó para quedar a mi altura, ignorando el desastre que nos rodeaba. Supe después que los altos mandos de su mundo habrían ordenado mi ejecución inmediata sin parpadear. Pero a Satoru Gojo nunca le importó lo que dijeran los viejos sabios. ​—Tienes unos ojos bastante interesantes, pequeña —me dijo, dedicándome una sonrisa ladeada que, por primera vez en mi corta vida, me hizo sentir a salvo—. ¿Qué te parece si venimos conmigo? Te prometo que el mundo es mucho más divertido cuando aprendes a romperlo a tu manera. ​En ese momento, entre las ruinas de mi pueblo, me di cuenta de que el caos no me había destruido. Me había llevado hasta el hombre más fuerte del mundo. Y él, en lugar de borrarme, decidió天 adoptarme en secreto.
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    || Estoy leyendo y juro que somos el único grupo que está turno valiendo... Y yo que pensé que nuestro equipo era el más equilibrado. Ptm (?)
    || Estoy leyendo y juro que somos el único grupo que está turno valiendo... Y yo que pensé que nuestro equipo era el más equilibrado. Ptm (?)
    Me enjaja
    Me entristece
    4
    21 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados