La plaza estaba viva. El sol del mediodía brillaba fuerte sobre las piedras del suelo, calentándolas apenas, y las palomas revoloteaban entre los bancos y las fuentes. Pero lo que realmente llenaba el aire no era el calor ni los pasos apresurados de los transeúntes, sino la música.
Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría.
Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles.
Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría.
Fue entonces que apareció el Vermilinguo Sniffles.
Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
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Un grupo de músicos se había instalado en el corazón del lugar: un contrabajo viejo, una guitarra desgastada pero afinada con esmero, una trompeta brillante y una caja rítmica que marcaba el compás como el latido de un corazón animado. La gente se detenía, sonreía, lanzaba unas monedas al sombrero que habían dejado abierto frente a ellos. El ambiente estaba envuelto en melodía y alegría.
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Con su mochila tras la espalda, ropa clásica que lo hacen ver más mayor de que es, este se detuvo a unos metros del grupo, completamente maravillado. Aunque su expresión era más apática con su característica seriedad.
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