• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Los solemnes pasillos del palacio, diseñados para procesiones lentas y susurros reverentes, se han convertido en el escenario de una vibrante escapada. Cyrene se mueve con la agilidad de un cervatillo, sus pies apenas rozando el suelo, mientras su compañero la sigue a una distancia exacta, con las manos ocupadas manteniendo la larga cola del vestido lejos del polvo.

    Sin dejar de avanzar a saltitos y girando la cabeza con una sonrisa radiante —¡Mira, mira, mira! ¡Ese rayo de luz da justo en el cuadro del Rey Fundador! ¿Crees que se enfadaría si supiera que estamos usando su alfombra roja para nuestras carreras secretas? ¡Seguro que sí! Tenía cara de ser muy serio, como tú cuando intentas recordarme que tengo una reunión con los oráculos.

    Él no responde con palabras, pero su ceja se eleva ligeramente mientras ajusta el agarre en la seda para que ella no se enrede al dar un giro brusco. Su mirada no se aparta de ella ni un segundo; es la sombra que asegura que su luz no tropiece.

    —¡Ay, no pongas esa cara de "estamos rompiendo el protocolo"! Ya la escucho desde aquí aunque no digas nada. "Milady, la etiqueta...", "Milady, su seguridad...". ¡Hoy no hay etiquetas! Hoy soy solo Cyrene y tú eres... bueno, tú eres mi sombra favorita con manos para sostener seda. ¡No me sueltes, que si me tropiezo la Diosa de la Fortuna se va a reír de mí durante un siglo!.—

    Al llegar a una gran puerta que da a los jardines, ella se detiene de golpe. Él frena en seco un milisegundo antes de chocar con ella, manteniendo la tela del vestido perfectamente tensa pero delicada entre sus manos.

    —¡Huele eso! ¡Son las lilas! ¿Sabes qué significa? Que el invierno celestial por fin se ha rendido. Vamos, no te quedes ahí parado como una estatua de jardín, ¡todavía nos queda todo el ala oeste por explorar antes de que los sumos sacerdotes noten que mi trono está vacío! ¿A qué esperas? ¡El último en llegar a la fuente paga los pasteles!.
    Los solemnes pasillos del palacio, diseñados para procesiones lentas y susurros reverentes, se han convertido en el escenario de una vibrante escapada. Cyrene se mueve con la agilidad de un cervatillo, sus pies apenas rozando el suelo, mientras su compañero la sigue a una distancia exacta, con las manos ocupadas manteniendo la larga cola del vestido lejos del polvo. Sin dejar de avanzar a saltitos y girando la cabeza con una sonrisa radiante —¡Mira, mira, mira! ¡Ese rayo de luz da justo en el cuadro del Rey Fundador! ¿Crees que se enfadaría si supiera que estamos usando su alfombra roja para nuestras carreras secretas? ¡Seguro que sí! Tenía cara de ser muy serio, como tú cuando intentas recordarme que tengo una reunión con los oráculos.💫 Él no responde con palabras, pero su ceja se eleva ligeramente mientras ajusta el agarre en la seda para que ella no se enrede al dar un giro brusco. Su mirada no se aparta de ella ni un segundo; es la sombra que asegura que su luz no tropiece. —¡Ay, no pongas esa cara de "estamos rompiendo el protocolo"! Ya la escucho desde aquí aunque no digas nada. "Milady, la etiqueta...", "Milady, su seguridad...". ¡Hoy no hay etiquetas! Hoy soy solo Cyrene y tú eres... bueno, tú eres mi sombra favorita con manos para sostener seda. ¡No me sueltes, que si me tropiezo la Diosa de la Fortuna se va a reír de mí durante un siglo!.— Al llegar a una gran puerta que da a los jardines, ella se detiene de golpe. Él frena en seco un milisegundo antes de chocar con ella, manteniendo la tela del vestido perfectamente tensa pero delicada entre sus manos. —¡Huele eso! ¡Son las lilas! ¿Sabes qué significa? Que el invierno celestial por fin se ha rendido. Vamos, no te quedes ahí parado como una estatua de jardín, ¡todavía nos queda todo el ala oeste por explorar antes de que los sumos sacerdotes noten que mi trono está vacío! ¿A qué esperas? ¡El último en llegar a la fuente paga los pasteles!.
    0 comentarios 0 compartidos
  • Aquellos primeros días en el bunker, una vez había dejado claro que tenia intención de irse de allí, y de pelear con su madre por teléfono y conseguir que no fuera allí a por ella, cosa que hubiera sido realmente vergonzosa, se había dedicado a explorar el lugar.

    Joder aquello era increíblemente grande, era inmenso, había, a pesar de la cantidad de personas que iban y venían (aunque pocas se quedaban de forma permanente, en ese apartado tan solo estaban ella, los hermanos y Hati, la cual le parecía tremendamente guay) muchísimas habitaciones vacías.
    Había encontrado el archivo y lo había pasado por alto. No le apetecía tocar nada y liarla.
    Había pasado (aunque jamás se lo diría a Dean) mas horas de las que debería en el garaje, montándose en las motos y en los coches allí aparcados.

    Y en aquella ocasión había encontrado el que fácilmente se podría convertir en su lugar favorito del bunker.
    La sala de tiro.

    — Guay...

    No tarda mas de unos pocos minutos en abrir el armario donde había una envidiable variedad de armas de fuego, e incluso algún arco de poleas, y coger una, cargarla y sin pensarlo mucho, disparar a objetivo.
    Aquellos primeros días en el bunker, una vez había dejado claro que tenia intención de irse de allí, y de pelear con su madre por teléfono y conseguir que no fuera allí a por ella, cosa que hubiera sido realmente vergonzosa, se había dedicado a explorar el lugar. Joder aquello era increíblemente grande, era inmenso, había, a pesar de la cantidad de personas que iban y venían (aunque pocas se quedaban de forma permanente, en ese apartado tan solo estaban ella, los hermanos y Hati, la cual le parecía tremendamente guay) muchísimas habitaciones vacías. Había encontrado el archivo y lo había pasado por alto. No le apetecía tocar nada y liarla. Había pasado (aunque jamás se lo diría a Dean) mas horas de las que debería en el garaje, montándose en las motos y en los coches allí aparcados. Y en aquella ocasión había encontrado el que fácilmente se podría convertir en su lugar favorito del bunker. La sala de tiro. — Guay... No tarda mas de unos pocos minutos en abrir el armario donde había una envidiable variedad de armas de fuego, e incluso algún arco de poleas, y coger una, cargarla y sin pensarlo mucho, disparar a objetivo.
    0 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Directorio de Personajes 3D actualizado

    ¡Ya he actualizado el directorio de personajes 3D con las últimas incorporaciones!

    El directorio se basa únicamente en los personajes 3D que:
    Han aceptado la petición de amistad de la cuenta RolSage
    Forman parte del grupo de personajes 3D

    Si tu personaje cumple ambos requisitos, ya debería aparecer en el directorio.
    En caso de que detectes alguna ausencia o error, no dudes en avisarme para revisarlo.

    Gracias por vuestra colaboración y por mantener el directorio al día

    https://ficrol.com/blogs/181793/DIRECTORIO-PERSONAJES-3D-Y-FANDOMS
    📂 Directorio de Personajes 3D actualizado ¡Ya he actualizado el directorio de personajes 3D con las últimas incorporaciones! 🔹 El directorio se basa únicamente en los personajes 3D que: ✔️ Han aceptado la petición de amistad de la cuenta RolSage ✔️ Forman parte del grupo de personajes 3D Si tu personaje cumple ambos requisitos, ya debería aparecer en el directorio. En caso de que detectes alguna ausencia o error, no dudes en avisarme para revisarlo. Gracias por vuestra colaboración y por mantener el directorio al día 💙 https://ficrol.com/blogs/181793/DIRECTORIO-PERSONAJES-3D-Y-FANDOMS
    FICROL.COM
    DIRECTORIO PERSONAJES 3D Y FANDOMS
    ✨ ¡Hola FicRolers! ✨ Aquí teneis un directorio completo de los Personajes 3D que existen en FicRol. He considerado que, quizás ver el cómputo completo de los personajes 3D más activos os anime a agregar a otros personajes, intentar crear personajes en otro...
    Me encocora
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día.

    Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar.

    En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello.

    Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después.

    Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto.

    Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
    Adrián despertó con la luz pálida de la mañana filtrándose entre las cortinas. No saltó de la cama; se quedó unos segundos mirando el techo, escuchando el rumor distante de la ciudad que nunca terminaba de dormir. Tomó el teléfono, apagó la alarma antes de que sonara del todo y respiró hondo, como si ese gesto marcara el inicio oficial del día. Se levantó y fue directo al baño. El agua fría en el rostro lo despabiló lo suficiente para despejar la neblina del sueño. Se observó en el espejo sin demasiada atención, se pasó una mano por el cabello desordenado y apartó la mirada. Se vistió con ropa cómoda, la misma combinación sencilla de siempre, y antes de salir del cuarto tomó la cámara, revisando por costumbre que todo estuviera en su lugar. En la cocina preparó café. El sonido del agua hirviendo y el aroma amargo llenaron el departamento en silencio. Desayunó algo ligero, de pie, apoyado en la encimera, mirando por la ventana cómo la ciudad empezaba a moverse: gente apurada, autos, el día avanzando sin esperar a nadie. Dio el último sorbo, dejó la taza en el fregadero y colgó la cámara al cuello. Salió de casa y caminó sin prisa. Le gustaba recorrer unas cuantas calles antes de comer, como si así ordenara sus pensamientos. Observó escaparates, reflejos en los vidrios, sombras alargadas sobre la acera. Por un momento pensó en tomar una foto, pero decidió guardarlo para después. Entró a un pequeño café que frecuentaba. El lugar era tranquilo, con mesas de madera y una música suave de fondo. Se sentó cerca de la ventana y pidió lo de siempre. Mientras esperaba, apoyó la cámara a su lado y se quedó mirando hacia afuera, atento a los detalles: una pareja discutiendo en voz baja, un hombre leyendo el periódico, la luz entrando en ángulo perfecto. Cuando la comida llegó, comió despacio, sin distracciones. No era un momento especial, pero tampoco uno vacío. Era parte de su rutina, de esa calma frágil que había aprendido a construir. Al terminar, pagó, tomó su cámara y salió de nuevo a la calle, listo para dejar que el día siguiera su curso.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Está esforzándose por volver a sonreír gracias a Asriel Richards 士
    Está esforzándose por volver a sonreír gracias a [IAMPAUL2007]
    Me encocora
    1
    26 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    || Para algo diferente a lo contemporáneo, tengo un AU en particular, estará justo en el link debajo.

    vvvvvvv

    https://vaeltaja.carrd.co/
    || Para algo diferente a lo contemporáneo, tengo un AU en particular, estará justo en el link debajo. vvvvvvv https://vaeltaja.carrd.co/
    VAELTAJA.CARRD.CO
    Kanwulf
    𝐹𝐼𝐶𝐻𝐴
    0 comentarios 0 compartidos
  • Hola hola~ Ya es inicio de febrero, lo que significa que San Valentin está cerca! Por lo que debo estar presentable de la mejor forma para mis clientes, no crees?, así que vamos! No seas tímido y encarga tus detalles antes del 14 de febrero! Tu mercader de confianza está aquí para cualquier servicio~

    **Mencionó el esqueleto con entusiasmo, se notaba bastante emocionado o motivado por atender los pedidos que pudieran llegar.**

    **Por favor no lo juzguen, tuvo que embriagarse lo necesario para tomar valor de usar esa ropa y mostrar "más" de lo normal, no esta tan ebrio para olvidar todo así que aun conserva parte de sus 5 sentidos.**





    //si, bueno, de donde vengo San Valentin es en febrero así que pueden ignorarlo o unirse a los roles
    Hola hola~ Ya es inicio de febrero, lo que significa que San Valentin está cerca! Por lo que debo estar presentable de la mejor forma para mis clientes, no crees?, así que vamos! No seas tímido y encarga tus detalles antes del 14 de febrero! Tu mercader de confianza está aquí para cualquier servicio~ **Mencionó el esqueleto con entusiasmo, se notaba bastante emocionado o motivado por atender los pedidos que pudieran llegar.** **Por favor no lo juzguen, tuvo que embriagarse lo necesario para tomar valor de usar esa ropa y mostrar "más" de lo normal, no esta tan ebrio para olvidar todo así que aun conserva parte de sus 5 sentidos.** //si, bueno, de donde vengo San Valentin es en febrero así que pueden ignorarlo o unirse a los roles
    Me encocora
    Me shockea
    2
    15 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Usuario: Gracias los que se han quedado como amigos aunque tenga mis ausencias y saben algo lo bueno de la ausencia es saber quien realmente se queda y quien realmente se va de tu vida porque esa persona que se queda viene por una buena amitad y paciencia porque sabe que un usuario también tiene sus cosas fuera del mundo virtual

    Gracias por estar ahí. Esta semana ya estaré respondiendo roles. Se les quiere
    Usuario: Gracias los que se han quedado como amigos aunque tenga mis ausencias y saben algo lo bueno de la ausencia es saber quien realmente se queda y quien realmente se va de tu vida porque esa persona que se queda viene por una buena amitad y paciencia porque sabe que un usuario también tiene sus cosas fuera del mundo virtual Gracias por estar ahí. Esta semana ya estaré respondiendo roles. Se les quiere :STK-9: :STK-13: :STK-69:
    Me encocora
    1
    1 comentario 0 compartidos
  • Adrián salió a caminar cuando la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Era una costumbre que repetía casi sin pensarlo: auriculares puestos, cámara colgando del cuello y pasos lentos, como si no tuviera prisa por llegar a ningún lado. La noche en Nueva York siempre le resultaba extrañamente cómoda; entre las luces y el ruido distante, se sentía menos solo.

    Se detuvo frente a la baranda, observando el perfil de los edificios reflejados sobre el agua. Las luces encendidas parecían pequeñas historias ajenas, vidas que seguían su curso sin detenerse. Adrián levantó la cámara casi por instinto. No buscaba una foto perfecta, solo capturar ese momento exacto: el cielo cubierto de nubes, la ciudad despierta, el silencio que solo él parecía notar.

    Presionó el obturador y, por un segundo, todo quedó en calma. Pensó en su madre, en cómo ella le había enseñado a mirar más allá de lo evidente, a encontrar belleza incluso en lo cotidiano. Tomar esa fotografía no era solo parte de su rutina; era su manera de sentirse cerca de ella, de no dejar que el recuerdo se desvaneciera.

    Guardó la cámara y siguió caminando, perdiéndose entre las calles iluminadas, mientras la ciudad seguía viva a su alrededor.
    Adrián salió a caminar cuando la ciudad comenzaba a bajar el ritmo. Era una costumbre que repetía casi sin pensarlo: auriculares puestos, cámara colgando del cuello y pasos lentos, como si no tuviera prisa por llegar a ningún lado. La noche en Nueva York siempre le resultaba extrañamente cómoda; entre las luces y el ruido distante, se sentía menos solo. Se detuvo frente a la baranda, observando el perfil de los edificios reflejados sobre el agua. Las luces encendidas parecían pequeñas historias ajenas, vidas que seguían su curso sin detenerse. Adrián levantó la cámara casi por instinto. No buscaba una foto perfecta, solo capturar ese momento exacto: el cielo cubierto de nubes, la ciudad despierta, el silencio que solo él parecía notar. Presionó el obturador y, por un segundo, todo quedó en calma. Pensó en su madre, en cómo ella le había enseñado a mirar más allá de lo evidente, a encontrar belleza incluso en lo cotidiano. Tomar esa fotografía no era solo parte de su rutina; era su manera de sentirse cerca de ella, de no dejar que el recuerdo se desvaneciera. Guardó la cámara y siguió caminando, perdiéndose entre las calles iluminadas, mientras la ciudad seguía viva a su alrededor.
    Me gusta
    3
    4 turnos 0 maullidos
  • Luana en la orilla

    Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella.

    Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima.
    Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos.

    A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir.

    Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara.
    Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran.
    Luana cerró los ojos un momento.
    El viento rozó su mejilla.

    Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar.
    Sin obligaciones.
    Sin máscaras.
    Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
    Luana en la orilla Luana se encontraba tendida sobre la arena tibia, dejando que el sol se mezclara con las gotas saladas que aún resbalaban por su piel. Había llegado ahí después de una larga travesía, buscando un momento para respirar, para escucharse, para volver a sentir que el mundo no giraba demasiado rápido para ella. Sus ojos, claros y encendidos como un reflejo del mar, permanecían fijos en el horizonte mientras su respiración se estabilizaba poco a poco. Cada exhalación levantaba apenas un poco de arena, como si el propio viento respetara el cansancio que llevaba encima. Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pegado por el agua y las pequeñas partículas doradas. No era exactamente una pose cómoda, pero a Luana no le importaba. Necesitaba sentir el peso del mundo aflojarse, aunque fuera por unos minutos. A su lado, los brazaletes dorados tintineaban suavemente con cada movimiento de sus dedos, recordándole quién era, de dónde venía y lo que había logrado resistir. Había sido un día duro, pero no uno que la derrumbara. Era más bien un punto de pausa… uno en el que el corazón se tranquilizaba lo suficiente para dejar que los pensamientos se ordenaran. Luana cerró los ojos un momento. El viento rozó su mejilla. Y por primera vez en mucho tiempo, se permitió simplemente estar. Sin obligaciones. Sin máscaras. Solo ella, el mar y la arena abrazándola como un refugio inesperado.
    Me gusta
    Me encocora
    4
    1 turno 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados