• Cuando el día ya no da más de sí, encuentro otro sitio mejor… aunque sea en mi cabeza.
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  • Noticias que lo cambiarían todo
    Fandom Harry Potter
    Categoría Drama
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa.

    Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos.

    Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis.

    Pero esa vez era distinto.

    Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta.

    La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad.

    Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba.

    Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho.

    Había ensayado mil veces lo que iba a decirle.

    Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria.

    “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó

    Rose La—Gâre
    Thomas, como siempre, había llegado antes de la hora acordada. Era una mezcla de nervios e impaciencia, en primer lugar por ella. Por volver a ver a Rose. En segundo lugar, por la noticia que se traía entre manos. Una noticia emocionante y, cuanto menos, positiva. Aquel recóndito enclave seguía igual que siempre: tranquilo, apartado, casi parecía suspendido fuera del tiempo en aquel pequeño rincón de Bibury que ambos habían hecho suyo verano tras verano. El murmullo del agua del estrecho arroyo y el vaivén de las hojas cuya sombra se proyectaba sobre el banco de madera le eran totalmente familiares, pero aquel día todo parecía pintado de una tensión distinta, un poco más espesa. Se había detenido un instante a la entrada del parque antes de decidirse a entrar finalmente, con la mirada fija en el punto donde solían sentarse desde que eran unos críos. Recordaba demasiadas cosas allí. El musical sonido de la risa de Rose, las conversaciones que parecían no tener fin, las promesas que nunca habían llegado a formularse en voz alta pero que para ambos eran reales. Y ahora… ahora todo pendía de un hilo muy fino. Era emocionante. Porque si salía bien… todo saldría MUY bien. Pero si algo iba mal… sus destinos se volverían oscuros y aciagos. Apretaba ligeramente la mandíbula, intentando mantener la compostura. Desde que Rose le había confesado lo del compromiso con Alexander Barrow, algo en Thomas se había quebrado de forma silenciosa pero irreversible. No era capaz de aceptar la sola idea de verla unida a otro. Y mucho menos si ese “otro” era alguien vinculado a todo aquello contra lo que él luchaba cada día. La sola mención de los Barrow y su lealtad hacia Lord Voldemort le revolvía el estómago y le hacía querer vomitar bilis. Pero esa vez era distinto. Esa vez tenía algo. Lo sabía. Un hilo del que tirar. Un chivatazo limpio. Había pasado días enteros aferrándose a aquella corazonada, habia insistido en la Oficina de Aurores hasta resultar casi insoportable. No podía actuar asi debido su rango. De hecho, no. Él no solía actuar así; él mismo lo sabía. Siempre había sido metódico, racional, un digno estudiante de la casa Ravenclaw. Pero aquello no era un caso más. Era ella. Y por ella estaba dispuesto a tensar todos los límites hasta donde hiciera falta. La redada estaba en marcha. Todo estaba preparado. No habia vuelta atrás. Si el chivatazo era cierto como él sentía que era, aquel golpe podría desestabilizar lo suficiente a Barrow como para frenar aquella dichosa boda. Le permitiría exponer vínculos de la familia Barrow con el señor tenebroso, lo cual provocaría muchísimas investigaciones, juicios.... Y a Thomas y Rose les permitiría ganar tiempo. Les daría una oportunidad. Respiraba despacio, intentando parecer tranquilo, llevándose una mano al rostro durante un segundo, intentando ordenar sus pensamientos antes de verla. Porque en cuanto la pelirroja apareciera, sabía que todo lo demás dejaría de tener importancia. Siempre pasaba. Cuando finalmente escuchó pasos acercándose, su cuerpo reaccionó antes que su propio cerebro. Se levantó del banco, girándose después hacia el sonido, con el corazón palpitando con fuerza contra su pecho. Había ensayado mil veces lo que iba a decirle. Pero en ese instante, al saber que estaba a punto de verla, todas las palabras parecían haberse borrado de un plumazo de su memoria. “Por Merlín, qué mala suerte”, pensó [R0SELG]
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  • "Something wicked this way comes"
    Fandom Once Upon A Time
    Categoría Fantasía
    Como cada noche soñó con una nube púrpura que lo arrasaba todo. Soñó con los gritos de las personas que habían sido sus amigos, su gente… Soñó con el sonido de la campana del castillo de Blancanieves. Y soñó con esa capa roja. Soñó con ella… Y, lo último que retuvo en su conciencia antes de despertar fue el sentimiento de desazón y miedo a perderla…

    Pero cuando despertó, todo aquello se esfumó. Y si alguien hubiera estado atento a los ojos castaños de John Storrie hubiera podido ver la nube purpura deshaciéndose en sus iris, como el reflejo vidrioso de un recuerdo traumático. Como cada mañana, procesó durante dos segundos aquel sueño antes de olvidarlo y salió de la cama. Aún era de noche pero tenía que patrullar el bosque. Graham le habia pedido que echara un vistazo ya que algunos ciudadanos aseguraban haber visto un ciervo y, aunque Storybrooke no contaba con coto de caza, la visión de este ciervo ya estaba animando a algunos a ir en pos del animal.

    Le gustaba el bosque, le gustaba el silencio desaparecer entre los sonidos de la fauna autóctona. Pero lo que le gustaba más era lo que hacía antes de ir al bosque. Y no, no se trataba de su ducha matutina, y tampoco del uniforme de guarda forestal que dejaba en el armario siempre en favor de su propia ropa la cual consideraba mucho más cómoda. No. Qué va… Lo que más le gustaba era pasar por el hostal de la Abuelita cada mañana a las 6:30 y ver a Ruby Lucas detrás de la barra. No era de esos babosos repulsivos que la miraban todo el rato. Qué va. A John le bastaba con saberse cerca de ella en esa habitación o con verla sonreírle cuando le entregaba su café sobre la barra… Le parecía la mujer más guapa que habia visto en su vida y todavia estaba reuniendo el valor para atreverse a pedirle una cita. O…. a decirle algo que no fuera “un café con leche” y “gracias”.

    Aunque todos sus sentidos estuvieran puestos en Ruby, no pudo evitar que llegara a sus oídos la conversacion que Archie y Marco mantenían en una mesa cerca de la barra, tras él.

    -Sí… Una chica… Cuando fui ayer a comisaria Graham la tenía en una celda. Al parecer se chocó con el cartel… -comentaba Marco.

    -Es raro… ¿La madre de Henry? -preguntó Archie.

    Marco emitió un efusivo sonido afirmativo.

    -Sí…. Al parecer va a quedarse…- comentó la Abuelita atravesando el salón para llegar hasta la barra- Pidió una habitación anoche…

    -Pues me alegro mucho de que el crío tenga a su madre en su vida. La alcaldesa es una mujer ocupada y…

    Archie pareció estar de acuerdo. Después de eso se escuchó el tintineo de una taza sobre el platito.

    -Tengo que irme ya… La alcaldesa me ha pedido que revise los engranajes del reloj de la torre… Anoche se puso en marcha…

    John frunció el ceño y se giró.

    -¿El reloj funciona? -preguntó.


    𝑹𝒐𝒋𝒂 ·𝑹𝑼𝑩𝒀·
    Como cada noche soñó con una nube púrpura que lo arrasaba todo. Soñó con los gritos de las personas que habían sido sus amigos, su gente… Soñó con el sonido de la campana del castillo de Blancanieves. Y soñó con esa capa roja. Soñó con ella… Y, lo último que retuvo en su conciencia antes de despertar fue el sentimiento de desazón y miedo a perderla… Pero cuando despertó, todo aquello se esfumó. Y si alguien hubiera estado atento a los ojos castaños de John Storrie hubiera podido ver la nube purpura deshaciéndose en sus iris, como el reflejo vidrioso de un recuerdo traumático. Como cada mañana, procesó durante dos segundos aquel sueño antes de olvidarlo y salió de la cama. Aún era de noche pero tenía que patrullar el bosque. Graham le habia pedido que echara un vistazo ya que algunos ciudadanos aseguraban haber visto un ciervo y, aunque Storybrooke no contaba con coto de caza, la visión de este ciervo ya estaba animando a algunos a ir en pos del animal. Le gustaba el bosque, le gustaba el silencio desaparecer entre los sonidos de la fauna autóctona. Pero lo que le gustaba más era lo que hacía antes de ir al bosque. Y no, no se trataba de su ducha matutina, y tampoco del uniforme de guarda forestal que dejaba en el armario siempre en favor de su propia ropa la cual consideraba mucho más cómoda. No. Qué va… Lo que más le gustaba era pasar por el hostal de la Abuelita cada mañana a las 6:30 y ver a Ruby Lucas detrás de la barra. No era de esos babosos repulsivos que la miraban todo el rato. Qué va. A John le bastaba con saberse cerca de ella en esa habitación o con verla sonreírle cuando le entregaba su café sobre la barra… Le parecía la mujer más guapa que habia visto en su vida y todavia estaba reuniendo el valor para atreverse a pedirle una cita. O…. a decirle algo que no fuera “un café con leche” y “gracias”. Aunque todos sus sentidos estuvieran puestos en Ruby, no pudo evitar que llegara a sus oídos la conversacion que Archie y Marco mantenían en una mesa cerca de la barra, tras él. -Sí… Una chica… Cuando fui ayer a comisaria Graham la tenía en una celda. Al parecer se chocó con el cartel… -comentaba Marco. -Es raro… ¿La madre de Henry? -preguntó Archie. Marco emitió un efusivo sonido afirmativo. -Sí…. Al parecer va a quedarse…- comentó la Abuelita atravesando el salón para llegar hasta la barra- Pidió una habitación anoche… -Pues me alegro mucho de que el crío tenga a su madre en su vida. La alcaldesa es una mujer ocupada y… Archie pareció estar de acuerdo. Después de eso se escuchó el tintineo de una taza sobre el platito. -Tengo que irme ya… La alcaldesa me ha pedido que revise los engranajes del reloj de la torre… Anoche se puso en marcha… John frunció el ceño y se giró. -¿El reloj funciona? -preguntó. [R0JAOUAT]
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  • Flashback: "𝙱𝙸𝙴𝙽𝚅𝙴𝙽𝙸𝙳𝙰 𝙰𝙻 𝙴𝚀𝚄𝙸𝙿𝙾"
    Fandom MENTES CRIMINALES
    Categoría Slice of Life
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 Sean Wesson


    Hace cuatro años…

    Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores.

    Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto.

    Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara.

    Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento.

    Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también.

    Alargó una mano para estrechar la de la contraria.

    -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad?

    >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo.

    Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con…

    -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo…

    Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos.

    -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina.

    “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro.

    -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles.

    Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano.

    -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
    𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝙿𝙰𝚁𝙰 [WESS0N] Hace cuatro años… Siendo sinceros, ¿cuántas personas tenían la suerte de enviar su solicitud para entrar en el FBI y ser aceptadas? No demasiadas, ¿verdad? Y ahora… ¿Cuántas personas conseguían entrar en la Unidad de Análisis de Conducta? Muchísimas menos. Las probabilidades de entrar en la Unidad de ciencias del comportamiento eran mucho menores que el que te tocase la lotería. Aquel departamento era la joya de la corona, la creme de la creme. Allí solo entraban los mejores. Y Lauren habia pasado la vida esforzándose para ser una de las mejores. Desde que era una niña habia trabajado el doble para llegar a donde habia llegado. Sus raíces puertorriqueñas no le habían hecho un favor en un país como Estados Unidos. Pero si lo habia hecho su tesón y su afán por superarse a sí misma. Su currículo era testigo de esto. Después de graduarse en Criminología Forense y terminar su postgrado sobre Análisis de Escenas del Crimen, el cual habia realizado a la vez que se preparaba en la Academia, Lauren habia pasado dos años trabajando para la división de Narcotráfico en la policía de DC. Logró ascenso a Homicidios y allí siguió formándose y realizando cursos del FBI. Pues desde que habia entrado en la universidad, Lauren tenía una meta clara. Supo que habia tenido suerte de que Aaron Hotchner y Martin Hammond la vieran en acción cuando la UAC acudió a ayudar con un caso de terrorismo en la ciudad. Y no era tan engreída como para pensarlo, pero cuando su teléfono habia sonado dos semanas atrás anunciándole que habia un puesto vacante para ella en el Equipo B de la UAC, la muchacha no cabía en sí. En un primer momento pensó que alguien le estaba gastando una broma. No creyó que era verdad hasta que, tras recoger sus credenciales, se reunió con Erin Strauss, la jefa del Departamento. Y mientras Strauss alababa su currículo y sus éxitos laborales, Lauren tenía la sensación de estar viviendo un sueño del que tenía miedo de despertar. La voz de la jefa del departamento parecía distorsionarse en sus oídos y solo cuando percibió como ella se ponía en pie, Lauren lo hizo también. Alargó una mano para estrechar la de la contraria. -Bienvenida al FBI, agente Smith -dijo la mujer estrechando su mano con firmeza- ¿Quiere que le presente al resto de la Unidad? >> Siquiera recordaría que habia asentido, estaba tan nerviosa que tenía un nudo en el estómago y la cabeza embotada. Y esa sensación de eco que la habia embargado toda la mañana se disipó cuando tuvo delante a su nuevo jefe y sus compañeros en el que sería su nuevo lugar de trabajo. Erin los dejó tras un par de palabras más y Lauren se quedó allí sola con… -Martin Hammond -un tipo alto de cabello rubio y ojos azules alargó su mano derecha, y Lauren la estrechó con firmeza- Bienvenida, agente Smith. Deje que le presente al resto del equipo… Hammond soltó la mano de la agente y con esta señaló a los dos hombres cerca de ellos. -El agente Jack Tessaro, JT para los compañeros y amigos…- mientras Hammond lo presentaba el hombre se adelantó para estrechar la mano de la fémina. “Es un placer, agente Smith”, dijo Tessaro. -Y el agente Sean Wesson -la presentación recayó en un hombre de ojos castaños y cabello oscuro, ligeramente entrecano cubierto de bucles. Lauren curvó una suave sonrisa y alargó su mano. -Agente Wesson. Encantada de conocerle…
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  • Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos.
    La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado.
    Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo.
    Mike Kim
    Alessandro viajaba en su lujosa camioneta por las calles de la ciudad camino de la escuela de artes donde trabajaba su amigo, el célebre artista Sebastian Rowe, a quien Alessandro conoció en una exposición de sus obras en una galería de arte en Nápoles donde tanto uno como otro quedaron prendados, el uno del arte del otro y el otro de la belleza del contrario, fue así que básicamente Alessandro se convirtió en la musa de Sebastian y éste a su vez, en confidente y amigo del menor, una amistad que se forjó de una forma en la que ninguno de los dos esperaba. Por esa amistad, Alessandro no podía negarse a nada que éste le pidiera y por eso, ahora se encontraba caminando a paso lento por los pasillos de la universidad en busca de la sala en la que lo esperaba su amigo y sus curiosos alumnos. La sala era todo lo que se puede esperar de una escuela de artes, el olor a pintura reinaba en el ambiente, en contraste con el caluroso ambiente de fuera, el interior estaba a la temperatura exacta, ni demasiado frío, ni demasiado caliente, justo como al italiano le gustaba, no pudo evitar sonreír, claro que su amigo lo iba a consentir aunque fuera con el aire acondicionado. Sebastian entró en la sala y al ver la esbelta figura de su amigo, lo saludó con gran alegría. Intercambiaron un par de palabras hasta que los alumnos empezaron a llegar y Sebastian le indicó a su amigo y modelo que fuera a su oficina, se quitara la ropa y volviera, y Wang así, lo hizo. Una vez desnudo, salió y ocupó su lugar en el sofá en medio de la sala. Miraba con cierto aburrimiento a su alrededor mientras Sebastian daba indicaciones a los alumnos, notaba que algunos lo miraban con morbo, otros como si jamás hubieran visto a un hombre desnudo, pero él se encontraba perfectamente cómodo con su desnudez. Después de todo, era italiano. Recorrió con su mirada a los alumnos que se encontraban ahí y por un breve instante, se quedó fija en un chico que estaba justo frente a él, era...diferente, probablemente era también asiático por los ojos rasgados y el color blanco lechoso de su piel. Le gustó, era lindo. Lo observó un momento mientras veía cómo se preparaba y después, continúo mirando el resto del lugar que lo rodeaba hasta que le ordenaron quedarse quieto para que los chicos pudieran pintarlo. [myth_white_ape_407]
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  • 𝓜𝓾𝓷𝓭𝓸𝓼 𝓭𝓲𝓼𝓽𝓲𝓷𝓽𝓸𝓼
    Fandom Original Character
    Categoría Romance
    S𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚: 𝘝𝑖𝘨𝑔𝘰 𝘈𝑚𝘣𝑟𝘰𝑠𝘦 𝘚ℎ𝘦𝑝𝘱𝑒𝘳𝑑


    — Ni-de-coña. No. Nononononono…. Bueno… espera… ¡No!

    — Venga hombre London, porfavooooooooor. — Julie estaba completamente recostada sobre ella, con la cabeza apoyada contra su hombro, y su mirada más suplicante expuesta al cien por cien. Era como estar siendo observada por un labrador. — Es ir allí, le haces un par de preguntas y listo. Tú vas a un evento guay, yo saco una buena nota, y no pierdo la oportunidad de pasar el fin de semana con Charlie.

    — ¿Por qué piensas que yo no tengo planes?

    — Porque eres una aburrida.

    Julie responde sin pensar, y el rostro de London refleja la traición de su amiga, tanto que se levanta de golpe haciendo que esta caiga sobre el sofá de costado.

    — Ahora sí que no voy, primero porque soy una aburrida, segundo porque esos eventos no son nada divertidos, sobre todo si te toca estar del lado de los pobres, y tercero porque yo quiero ser veterinaria, Juls, no periodista. Si no hay ninguna yegua que necesita asistencia en un parto, yo no pinto nada.

    — Oye quien te dice que no puedes conocer a alguien allí, un chico guapo e interesante. No puedo perder una oportunidad así, este tipo no da entrevistas nunca, y que nos hayan concedido unas preguntas en exclusiva denota cuanto se ha tenido que bajar los pantalones el decano… Me la voy a cargar si no voy.

    — ¿Y no puedes quedar con Charlie otro fin de semana?

    — ¡Jamás! vamos a tener otra oportunidad como esta, toda su casa se queda vacía, tienen viaje familiar y él ha conseguido escaquearse. Mi relación y mi futuro académico estan en tus manos…

    — Eres una dramática. ¿Lo sabias?

    >> Quizás tendría que haberse negado más en firme, porque en aquellos momentos se sentía un pez fuera del agua, llevaba las preguntas escritas que le había dado Julie, las cuales, sinceramente dejaban muchísimo que desear, pero ¿qué sabría ella? Se había pegado todo el día rebuscando en su armario algo decente que ponerse, estaba claro que no iba a llevar un vestido de gala, no iba a ser ella quien entregara o recibiera ningún tipo de premio, pero aun así suponía no podia usar sus vaqueros y su sudadera de confianza, sinceramente se sentía ridícula.

    Llegar al evento es como entrar en otro universo, todo está decorado con mimo, al detalle y con lujo, mucho lujo. Los murmullos de las voces de los periodistas y fotógrafos de verdad se acallaban momentáneamente cada vez que un coche se detenía a las puertas del recinto, justo antes de volverse una autentica cacofonía de gritos entre los que se distinguía el nombre de la persona que acababa de entrar, todos pidiéndole un segundo de atención para ellos.
    Definitivamente aquello no era su mundo. Ni el del lado periodístico, ni por supuesto el contrario. ¿De verdad era necesario todo aquel despliegue para darle el premio al empresario de año a un tipo que lo único que había hecho era nacer en la familia correcta y no dilapidar el patrimonio de papa en su adolescencia?

    Ese era el tipo que ella estaba esperando, situada al final de la fila de periodistas, justo al lado de la puerta que separaba la entrada de la sala principal donde tendría lugar el evento, el tipo porque el que el decano Roberts se había dejado la paciencia, la dignidad y seguramente años de vida por conseguir, un tal Viggo Ambrose Shepperd, “ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑠𝑜” para su desgracia aquel hombre sería el último en llegar a su propia fiesta, de modo que tan solo le quedaba armarse de paciencia y esperar.
    S𝐭a𝐫t𝐞r p𝐚r𝐚: [THE0NLYHEIR] — Ni-de-coña. No. Nononononono…. Bueno… espera… ¡No! — Venga hombre London, porfavooooooooor. — Julie estaba completamente recostada sobre ella, con la cabeza apoyada contra su hombro, y su mirada más suplicante expuesta al cien por cien. Era como estar siendo observada por un labrador. — Es ir allí, le haces un par de preguntas y listo. Tú vas a un evento guay, yo saco una buena nota, y no pierdo la oportunidad de pasar el fin de semana con Charlie. — ¿Por qué piensas que yo no tengo planes? — Porque eres una aburrida. Julie responde sin pensar, y el rostro de London refleja la traición de su amiga, tanto que se levanta de golpe haciendo que esta caiga sobre el sofá de costado. — Ahora sí que no voy, primero porque soy una aburrida, segundo porque esos eventos no son nada divertidos, sobre todo si te toca estar del lado de los pobres, y tercero porque yo quiero ser veterinaria, Juls, no periodista. Si no hay ninguna yegua que necesita asistencia en un parto, yo no pinto nada. — Oye quien te dice que no puedes conocer a alguien allí, un chico guapo e interesante. No puedo perder una oportunidad así, este tipo no da entrevistas nunca, y que nos hayan concedido unas preguntas en exclusiva denota cuanto se ha tenido que bajar los pantalones el decano… Me la voy a cargar si no voy. — ¿Y no puedes quedar con Charlie otro fin de semana? — ¡Jamás! vamos a tener otra oportunidad como esta, toda su casa se queda vacía, tienen viaje familiar y él ha conseguido escaquearse. Mi relación y mi futuro académico estan en tus manos… — Eres una dramática. ¿Lo sabias? >> Quizás tendría que haberse negado más en firme, porque en aquellos momentos se sentía un pez fuera del agua, llevaba las preguntas escritas que le había dado Julie, las cuales, sinceramente dejaban muchísimo que desear, pero ¿qué sabría ella? Se había pegado todo el día rebuscando en su armario algo decente que ponerse, estaba claro que no iba a llevar un vestido de gala, no iba a ser ella quien entregara o recibiera ningún tipo de premio, pero aun así suponía no podia usar sus vaqueros y su sudadera de confianza, sinceramente se sentía ridícula. Llegar al evento es como entrar en otro universo, todo está decorado con mimo, al detalle y con lujo, mucho lujo. Los murmullos de las voces de los periodistas y fotógrafos de verdad se acallaban momentáneamente cada vez que un coche se detenía a las puertas del recinto, justo antes de volverse una autentica cacofonía de gritos entre los que se distinguía el nombre de la persona que acababa de entrar, todos pidiéndole un segundo de atención para ellos. Definitivamente aquello no era su mundo. Ni el del lado periodístico, ni por supuesto el contrario. ¿De verdad era necesario todo aquel despliegue para darle el premio al empresario de año a un tipo que lo único que había hecho era nacer en la familia correcta y no dilapidar el patrimonio de papa en su adolescencia? Ese era el tipo que ella estaba esperando, situada al final de la fila de periodistas, justo al lado de la puerta que separaba la entrada de la sala principal donde tendría lugar el evento, el tipo porque el que el decano Roberts se había dejado la paciencia, la dignidad y seguramente años de vida por conseguir, un tal Viggo Ambrose Shepperd, “ℎ𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑒𝑙 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑒𝑠 𝑝𝑟𝑒𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜𝑠𝑜” para su desgracia aquel hombre sería el último en llegar a su propia fiesta, de modo que tan solo le quedaba armarse de paciencia y esperar.
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  • 𝑨𝒃𝒓𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒂𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒐
    Fandom The Vampire Diaries // OC
    Categoría Aventura
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: Pierre LeRoi


    El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban.
    El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían.
    En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro.

    Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don.
    No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada.
    Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona.

    Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino.
    Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos.

    Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible.

    Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía.

    — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
    𝘚𝑡𝘢𝑟𝘵𝑒𝘳 𝘱𝑎𝘳𝑎: [ALS0NAMEDARTHUR] El castillo se quedaba en un inquebrantable silencio cuando se iban. El jolgorio, las risas y las conversaciones entre hermanos se alejaban al tiempo que el resonar de los cascos de los caballos se perdía en el horizonte. No era la primera vez que los veía partir, desde aquella terraza, la más alta y cercana a sus aposentos, sin saber cuándo volverían. En aquella ocasión casi había caído el sol por completo sobre el horizonte cuando por fin decide dar la espalda al mundo exterior y volver dentro. Habían pasado varias semanas en las que por supuesto no había pasado el tiempo lamentándose y llorando por las esquinas la partida de su esposo. Ella tenía sus propios intereses, sus propios pasatiempos, en su mayor parte relacionados con su propia persona y su don. No eran pocas las horas que pasaba con Merlín, bebiendo de su sabiduría, aprendiendo de él a pesar de únicamente ser capaz de crear magia cuando la absorbía de una fuente, ya fuera humana o inanimada. Por supuesto también tenía deberes, en ausencia del Rey el mundo no se detenía, ni la vida en el reino tampoco, las tierras seguían necesitando una mano firme y justa a la vez que guiara sus pasos, y el pueblo profesaba un amor y respeto hacia su reina equiparable al que demostraban al hombre que se ceñía la corona. Como digo habían pasado varias semanas, y aquel día, el cual parecía que iba a discurrir como cualquier otro, le llega la noticia. Volvían. La noticia había llegado hasta ella, viajando por el aire en cuanto los jinetes habían llegado a la frontera del reino. Así para cuando la muralla se abre, todo el mundo allí está preparado para recibirles, o al menos eso piensan, pues nadie allí esperaba la sorpresa que llevaban con ellos. Era un muchacho, tenía un terrible aspecto, y perfectamente podría ser un cadáver si no se observaba con atención. El contraste de la palidez de su rostro con el bermellón brillante de la sangre distraía a los ojos, obligando a usar una atención más precisa para ver su pecho subir y bajar de forma casi imperceptible. Sus ojos claros tan solo se separan del muchacho cuando le bajar del caballo con agilidad, y llegar hasta ella para rodearla con sus brazos, como si fuera una necesidad, como si nada tuviera tanta prioridad al llegar a casa como aquella cercanía. — ¿Habéis tenido complicaciones? ¿Os encontráis todo bien? ¿Quién es él?
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  • Al abrir los ojos, el techo de su habitación había sido reemplazado por un cielo de un color imposible, atrapado en un crepúsculo eterno.

    July no despertó entre sábanas, sino sobre un crujiente lecho de hojas muertas que susurraban secretos en un idioma olvidado. A su lado, una presencia la observaba: un perro de pelaje tan negro que parecía un agujero en la realidad, con ojos que brillaban con una inteligencia antigua y peligrosa, como si fuera el guardián de una puerta que ella no recordaba haber cruzado.

    ¿De qué madriguera de conejo había caído? ¿En qué encrucijada entregó su sombra? Las respuestas se sentían como sueños que se disuelven al intentar atraparlos.

    Mientras ella sentía el frío metal de una dimensión desconocida, en el mundo de los cuerdos el tiempo había seguido su curso cruel.

    Quince días de ausencia....
    Quince días en los que su rostro, impreso en papel barato, se marchitaba bajo la lluvia en cada poste de la ciudad. El último rastro de su existencia era un video granulado de seguridad: una silueta que se internaba en el bosque un viernes a medianoche, no como quien huye, sino como quien acude a una cita pactada desde el principio de los tiempos.

    Todo, con esa peculiar máscara de conejo.
    Al abrir los ojos, el techo de su habitación había sido reemplazado por un cielo de un color imposible, atrapado en un crepúsculo eterno. July no despertó entre sábanas, sino sobre un crujiente lecho de hojas muertas que susurraban secretos en un idioma olvidado. A su lado, una presencia la observaba: un perro de pelaje tan negro que parecía un agujero en la realidad, con ojos que brillaban con una inteligencia antigua y peligrosa, como si fuera el guardián de una puerta que ella no recordaba haber cruzado. ¿De qué madriguera de conejo había caído? ¿En qué encrucijada entregó su sombra? Las respuestas se sentían como sueños que se disuelven al intentar atraparlos. Mientras ella sentía el frío metal de una dimensión desconocida, en el mundo de los cuerdos el tiempo había seguido su curso cruel. Quince días de ausencia.... Quince días en los que su rostro, impreso en papel barato, se marchitaba bajo la lluvia en cada poste de la ciudad. El último rastro de su existencia era un video granulado de seguridad: una silueta que se internaba en el bosque un viernes a medianoche, no como quien huye, sino como quien acude a una cita pactada desde el principio de los tiempos. Todo, con esa peculiar máscara de conejo.
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  • Heyyyy ~ No me veo tan mal de fleshie ~ aunque me gusta más mi trasero cromado.
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  • ㅤ ㅤ⠀ㅤ ㅤ⠀⠀
    ㅤ ㅤ⛧⃝𓄃 ;
    ㅤㅤㅤㅤㅤ
    ᅠᅠᅠ
    ᅠlos rayos de sol 𝖎𝖒𝖕𝖆𝖈𝖙𝖆𝖗𝖔𝖓 directamente sobre su cuerpo. Mora yacia aun tumbada en su cama con expresion somnolienga abriendo los ojos apenas.

    ─── Bonito dia ... aun tengo ... mucho trabajo por delante─── decía para si misma mientras su 𝖛𝖔𝖑𝖚𝖕𝖙𝖚𝖔𝖘𝖔 cuerpo se contraia sobre la cama
    ㅤ ㅤ⠀ㅤ ㅤ⠀⠀ ㅤ ㅤ⛧⃝𓄃 ; ㅤㅤㅤㅤㅤ ᅠᅠᅠ ᅠlos rayos de sol 𝖎𝖒𝖕𝖆𝖈𝖙𝖆𝖗𝖔𝖓 directamente sobre su cuerpo. Mora yacia aun tumbada en su cama con expresion somnolienga abriendo los ojos apenas. ─── Bonito dia ... aun tengo ... mucho trabajo por delante─── decía para si misma mientras su 𝖛𝖔𝖑𝖚𝖕𝖙𝖚𝖔𝖘𝖔 cuerpo se contraia sobre la cama
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