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    Uss: enserio, a veces por acciones, de nuevos usuarios, o incluso los qué ya son veteranos en este gusto del rol, cambiar tu pj, o hacerte de cuenta nuevas por.. nuevos animes o actualizaciones, ahh si me dan ganas de ya dejar el rol, este mundo del Roleplay es libre como nuestro pensamiento, escribo esto no para ofender, es mi opinión personal, sólo qué, con los años qué llevo en esto, pero le tengo mucho aprecio a mis cuentas, cómo para eliminarlas, yo vi el primer anime, y jugué pero... bueno, cada usser cada mundo...
    Uss: enserio, a veces por acciones, de nuevos usuarios, o incluso los qué ya son veteranos en este gusto del rol, cambiar tu pj, o hacerte de cuenta nuevas por.. nuevos animes o actualizaciones, ahh si me dan ganas de ya dejar el rol, este mundo del Roleplay es libre como nuestro pensamiento, escribo esto no para ofender, es mi opinión personal, sólo qué, con los años qué llevo en esto, pero le tengo mucho aprecio a mis cuentas, cómo para eliminarlas, yo vi el primer anime, y jugué pero... bueno, cada usser cada mundo... :STK-31:
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    | ¿Será que me creo una cuenta de Ekko? No sé cómo borrar todo de las cuentas que tengo para comenzar desde cero.
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  • ¡Bienvenido a McDonald's! ¿Qué va a pedir? -Le habían ayudado a conseguir ese empleo de dependiente como forma de pagar las cuentas, y era su primer día. Se le notaba entusiasmado en el trabajo.-
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    ( Mi mente colapso después de esos starter.
    Mi mente también: ya trae otro pj
    Ya agárrenme no me dejen pasar de 4 cuentas. )
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  • [Han salido malos dados hoy en la aventura canónica =(]

    *Por cada 5 que derrotamos 10 aparecen. La fátiga empieza a pasarme cuentas. Los heraldos de Alhoon me arrinconan cada vez más. Aprovechan que bajo mi guardia por unos segundos. Rompen mi arma extraterrestre y luego un fuerte puñetazo impacta contra mi abdomen. Mandándome a a volar e impactándome contra una pared* AAAAGH. *me retuerzo de dolor. Una decena de ellos se aproximan. Suspiro y me pregunto con una sonrisa forzada. ¿Es este mi fin?*
    [Han salido malos dados hoy en la aventura canónica =(] *Por cada 5 que derrotamos 10 aparecen. La fátiga empieza a pasarme cuentas. Los heraldos de Alhoon me arrinconan cada vez más. Aprovechan que bajo mi guardia por unos segundos. Rompen mi arma extraterrestre y luego un fuerte puñetazo impacta contra mi abdomen. Mandándome a a volar e impactándome contra una pared* AAAAGH. *me retuerzo de dolor. Una decena de ellos se aproximan. Suspiro y me pregunto con una sonrisa forzada. ¿Es este mi fin?*
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  • † 𝕳𝖚𝖓𝖙 𝖙𝖍𝖊 𝖍𝖊𝖗𝖇𝖆𝖑𝖎𝖘𝖙 †
    Categoría Terror
    El cielo estaba pintado de gris desde hacía muchos días, los cuervos parecían manchas pululando entre nubes oscuras, Catherine fumaba frente al gran ventanal en la casona Du Pont, donde ahora residía. Como era costumbre, la vegetación alrededor de dónde ella declarara un lugar como su propiedad, empezaba a morir, la tierra se tornaba árida y era una forma que realmente amaba para alejar a las personas.

    Pocos de ellos se atrevían a entrar, pero a lo lejos avistó caballos, un carromato que no se veía nada pequeño. ¿Quién osaba molestar cuando ya casi era hora de su merienda? Agradeció que Ukobach se quedara en otra de sus casas, normalmente no habrían logrado cruzar ni el umbral de la entrada antes de arder.

    Bajó, las visitas inesperadas no eran sus favoritas, las esperadas menos. Mostró ese gesto eterno de superioridad, esa mirada que le daba a cualquiera que no consideraba mínimamente decente; ningún humano lo era. El carromato se detuvo, bajaron sus conductores. Dos hombres altos, fuertes, en uniforme de algún barón, pura elegancia, pero ellos se veían cansados, hastiados. De inmediato pusieron un banco y abrieron la puerta del elegante carro. Un hombre vestido con sedas desde la cabeza a los pies bajó con la ayuda de los otros, era un poco más bajo que Catherine pero gordo y con una papada que parecía podría comerse a alguien.

    El aroma que emanaba era horrible, ella tuvo que cubrir su nariz ligeramente.

    — Mi señora Catherine, la bruja más poderosa... La hija del infierno. — el gesto de Catherine fue más de asco por sus adulaciones que por el aroma a podrido que le venía saliendo de la entrepierna.

    — No me adules tanto y dime... ¿Qué quieres en mi hogar que vienes sin permiso a molestar?

    Supuso que el hombre no estaba acostumbrado a que le hablaran así, porque puso cara de susto y parecía encogerse un poco ante la encantadora pero asqueada voz que usó Catherine.

    — Quiero un pacto. — añadió él.

    — ¿Quieres que te quite la gonorrea? — Los ojos de Catherine se fijaron hacía abajo.

    — ¡No! yo... No tengo gonorrea... Pero no es eso. ¡Hay una envenenadora! Una mujer que mata niños, mujeres... ¡Hombres importantes como yo!

    Catherine hizo una mueca de aburrimiento. Pero respondió. — Dame el nombre, solo recuerda que yo tomaré lo que quiera y... Si tienes gonorrea.

    Terminó aceptando, solo dio el nombre de la "envenenadora", el propio y su título nobiliario, aunque nunca oyó hablar de una bruja de venenos, ahora tenía un nombre en la cabeza.

    . 𝕺𝖉𝖊𝖙𝖙𝖊 .

    Primero envió a sus cuervos a recabar información del hombre, que a final de cuentas se había presentado como un hacendado acaudalado. No era tanto de su interés, pero algo debía poseer. Lo que le causaba mucha curiosidad era la mujer, lo primero fue encontrarla astralmente, entrar en sus sueños y ver... ¿De verdad era una asesina? Qué desperdicio que mujer, si de verdad lo era sería difícil no empatizar con ella.

    Su mente era una maraña caótica de emociones, pero pudo entrar; manipular sus sueños.

    [ https://www.youtube.com/watch?v=Af2k7MfWVZw&t=226s ]

    La entrada de un enorme cementerio, el cielo gris y las plantas muertas. Esa melodía resonaba al fondo, como esperando presentarse ante su nueva invitada... La bruja dorada estaba por saludar.

    El cielo estaba pintado de gris desde hacía muchos días, los cuervos parecían manchas pululando entre nubes oscuras, Catherine fumaba frente al gran ventanal en la casona Du Pont, donde ahora residía. Como era costumbre, la vegetación alrededor de dónde ella declarara un lugar como su propiedad, empezaba a morir, la tierra se tornaba árida y era una forma que realmente amaba para alejar a las personas. Pocos de ellos se atrevían a entrar, pero a lo lejos avistó caballos, un carromato que no se veía nada pequeño. ¿Quién osaba molestar cuando ya casi era hora de su merienda? Agradeció que Ukobach se quedara en otra de sus casas, normalmente no habrían logrado cruzar ni el umbral de la entrada antes de arder. Bajó, las visitas inesperadas no eran sus favoritas, las esperadas menos. Mostró ese gesto eterno de superioridad, esa mirada que le daba a cualquiera que no consideraba mínimamente decente; ningún humano lo era. El carromato se detuvo, bajaron sus conductores. Dos hombres altos, fuertes, en uniforme de algún barón, pura elegancia, pero ellos se veían cansados, hastiados. De inmediato pusieron un banco y abrieron la puerta del elegante carro. Un hombre vestido con sedas desde la cabeza a los pies bajó con la ayuda de los otros, era un poco más bajo que Catherine pero gordo y con una papada que parecía podría comerse a alguien. El aroma que emanaba era horrible, ella tuvo que cubrir su nariz ligeramente. — Mi señora Catherine, la bruja más poderosa... La hija del infierno. — el gesto de Catherine fue más de asco por sus adulaciones que por el aroma a podrido que le venía saliendo de la entrepierna. — No me adules tanto y dime... ¿Qué quieres en mi hogar que vienes sin permiso a molestar? Supuso que el hombre no estaba acostumbrado a que le hablaran así, porque puso cara de susto y parecía encogerse un poco ante la encantadora pero asqueada voz que usó Catherine. — Quiero un pacto. — añadió él. — ¿Quieres que te quite la gonorrea? — Los ojos de Catherine se fijaron hacía abajo. — ¡No! yo... No tengo gonorrea... Pero no es eso. ¡Hay una envenenadora! Una mujer que mata niños, mujeres... ¡Hombres importantes como yo! Catherine hizo una mueca de aburrimiento. Pero respondió. — Dame el nombre, solo recuerda que yo tomaré lo que quiera y... Si tienes gonorrea. Terminó aceptando, solo dio el nombre de la "envenenadora", el propio y su título nobiliario, aunque nunca oyó hablar de una bruja de venenos, ahora tenía un nombre en la cabeza. . 𝕺𝖉𝖊𝖙𝖙𝖊 . Primero envió a sus cuervos a recabar información del hombre, que a final de cuentas se había presentado como un hacendado acaudalado. No era tanto de su interés, pero algo debía poseer. Lo que le causaba mucha curiosidad era la mujer, lo primero fue encontrarla astralmente, entrar en sus sueños y ver... ¿De verdad era una asesina? Qué desperdicio que mujer, si de verdad lo era sería difícil no empatizar con ella. Su mente era una maraña caótica de emociones, pero pudo entrar; manipular sus sueños. [ https://www.youtube.com/watch?v=Af2k7MfWVZw&t=226s ] La entrada de un enorme cementerio, el cielo gris y las plantas muertas. Esa melodía resonaba al fondo, como esperando presentarse ante su nueva invitada... La bruja dorada estaba por saludar.
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  • —Parece que el resultado de la reunión ha sido excelente. Pero... Administrador...¿Verdad que no hará caso a esos señores malos y seguirá haciéndole un cuerpo animatronico a Caine? No es peligroso, siempre y cuando yo esté cerca. He hecho un buen trabajo ¿Verdad? Para eso me creó. —le recorfó con dudas, pues parecía que todos en la reunión habían disfrutado de la compañía y los trucos del pequeño animatronico, pues sabía cómo entretener incluso fuera del circo digital.

    Pero... No parecían muy convencidos con la idea de dejar salir también a Caine, teniendo que; al este ver el mundo exterior y la posibilidad de que algunos humanos pudieran tratarlo como una "cosa", pudiera reaccionar mal. A fin de cuentas una cosa era Anima, pequeño y completamente obediente, otra cosa Caine quien no solo era más grande, si no que además tenía voluntad propia.

    Kinger
    —Parece que el resultado de la reunión ha sido excelente. Pero... Administrador...¿Verdad que no hará caso a esos señores malos y seguirá haciéndole un cuerpo animatronico a Caine? No es peligroso, siempre y cuando yo esté cerca. He hecho un buen trabajo ¿Verdad? Para eso me creó. —le recorfó con dudas, pues parecía que todos en la reunión habían disfrutado de la compañía y los trucos del pequeño animatronico, pues sabía cómo entretener incluso fuera del circo digital. Pero... No parecían muy convencidos con la idea de dejar salir también a Caine, teniendo que; al este ver el mundo exterior y la posibilidad de que algunos humanos pudieran tratarlo como una "cosa", pudiera reaccionar mal. A fin de cuentas una cosa era Anima, pequeño y completamente obediente, otra cosa Caine quien no solo era más grande, si no que además tenía voluntad propia. [cosmic_lavender_sheep_912]
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    Fiel recordatorio de que le pueden caerle sin miedo a mi Joonsey. Estoy abierta a todo tipo de roles ♡

    Eso sí, no suelo ser la que abra el dm al menos que encuentre algo por donde agarrar. Digo, al final solo sigo cuentas cuyos personajes me cautivan. Así ni terminen de encajar bien con el mío o menos terminen interactuando, jaja.

    Oh, algo más. Si estás leyendo esto y solo buscas más seguidores (porque he visto que abundan esas acc), lo siento. No aceptaré tu solicitud ♡
    Fiel recordatorio de que le pueden caerle sin miedo a mi Joonsey. Estoy abierta a todo tipo de roles ♡ Eso sí, no suelo ser la que abra el dm al menos que encuentre algo por donde agarrar. Digo, al final solo sigo cuentas cuyos personajes me cautivan. Así ni terminen de encajar bien con el mío o menos terminen interactuando, jaja. Oh, algo más. Si estás leyendo esto y solo buscas más seguidores (porque he visto que abundan esas acc), lo siento. No aceptaré tu solicitud ♡
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  • Hoy Kinger lo ha llevado en forma de animatronico a una de las reuniones de la empresa. A fin de cuentas ¿Que mejor forma de mostrar al resto de directivos que el circo digital ahora es totalmente seguro que llevando a quien se encarga de la mismísima seguridad? Además, el Administrador quería llevar a cabo una propuesta en referencia a animatronicos y a que fueran los propios Anima y Caine que, en el mundo real publicitasen el circo, además de incluso poder animar fiestas o asistir a algunos eventos relevantes en el mundo del espectáculo.
    Hoy [cosmic_lavender_sheep_912] lo ha llevado en forma de animatronico a una de las reuniones de la empresa. A fin de cuentas ¿Que mejor forma de mostrar al resto de directivos que el circo digital ahora es totalmente seguro que llevando a quien se encarga de la mismísima seguridad? Además, el Administrador quería llevar a cabo una propuesta en referencia a animatronicos y a que fueran los propios Anima y Caine que, en el mundo real publicitasen el circo, además de incluso poder animar fiestas o asistir a algunos eventos relevantes en el mundo del espectáculo.
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  • ────────────────── 𝕾𝖔𝖗𝖔𝖗 𝕸𝖔𝖗𝖙𝖎𝖘.
    Categoría Terror
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ
    TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)]
    .


    Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer.
    Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces.

    Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario.
    No había luz dentro.
    Y aun así… alguien estaba cantando.

    Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna.

    Odette empujó las puertas lentamente.
    El olor la recibió primero:
    Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición.

    La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración.

    Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía.
    Parecían fieles rezando en silencio.

    Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado.
    Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas.

    Odette permaneció en silencio.
    Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar.

    La canción continuaba.
    Más suave. Más cerca.

    Odette alzó la lámpara.

    Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo.

    Odette avanzó un paso.

    El canto se detuvo.
    Y la mujer habló sin girarse

    —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos.

    Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí...

    La mujer soltó una risa baja. Siniestra.

    Entonces se giró lentamente.
    Lo que sostenía entre los brazos no era un niño.
    Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya.

    Pero lo peor...
    Era que el cadáver aún respiraba.
    Lento. Como un debil silbido.

    Odette no mostró horror. Solo cansancio.

    Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras.
    Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella.

    La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca.

    —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti.

    —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla.

    Pero algo la inquietó.

    Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
    [https://youtu.be/aKseWO-PHpc?si=PYm6d1bnYU5KLRXJ TW: Música posiblemete embrujada. Se recomienda discreción.(?)] . ༒ Una capilla apareció entre la niebla poco antes del amanecer. Pequeña. Olvidada. Hundida entre árboles muertos y lápidas torcidas por las raíces. Odette la observó desde el sendero mientras el viento hacía sonar las campanas oxidadas del campanario. No había luz dentro. Y aun así… alguien estaba cantando. Una voz baja y quebradiza escapaba desde el interior de la iglesia, apenas audible entre el crujido de las ramas. No era un himno. Sonaba más parecido a una canción de cuna. Odette empujó las puertas lentamente. El olor la recibió primero: Incienso viejo, cera derretida, flores marchitas y debajo de todo eso… El dulzor espeso de la descomposición. La capilla estaba llena de velas ya gastadas hace tiempo. Algunas permanecían encendidas pese a no haber nadie cuidándolas. Otras iluminaban figuras cubiertas por telas blancas sentadas en los bancos de oración. Odette avanzó despacio entre ellas, con cautela. Ninguna se movía. Parecían fieles rezando en silencio. Hasta que la herborista pasó junto a uno de los bancos y la tela cayó ligeramente hacia un lado. Debajo no había rostro, solo huesos mohosos cubiertos de flores secas cosidas con hilo negro entre las costillas. Odette permaneció en silencio. Sus ojos descendieron apenas hacia el suelo de piedra. Había marcas, surcos. Como si algo pesado hubiese sido arrastrado innumerables veces hacia el altar. La canción continuaba. Más suave. Más cerca. Odette alzó la lámpara. Y allí la vio... Frente al altar, sentada de espaldas a ella, había una mujer extremadamente delgada vestida con las características ropas de la Orden de la Misericordia Pálida, podridas por la humedad. Su cabello gris caía en mechones largos mientras mecía algo entre los brazos cantándole... Despacio... Como una madre agotada intentando dormir a un niño enfermo. Odette avanzó un paso. El canto se detuvo. Y la mujer habló sin girarse —Llegaste tarde para la misa.—La voz sonaba seca. Rasposa. Como páginas viejas deshaciéndose entre los dedos. Odette inclinó apenas la cabeza.—No sabía que aún quedaban Hermanas aquí... La mujer soltó una risa baja. Siniestra. Entonces se giró lentamente. Lo que sostenía entre los brazos no era un niño. Era un cadáver pequeño cubierto por flores blancas, cuidadosamente vestido con ropa de funeral. Sus manos diminutas habían sido cosidas alrededor de un ramo de flores secas, marchitas hace mucho tiempo ya. Pero lo peor... Era que el cadáver aún respiraba. Lento. Como un debil silbido. Odette no mostró horror. Solo cansancio. Sus ojos fueron dirigidos hacia las raíces que emergían bajo las ropas de la mujer, extendiéndose por el suelo de la iglesia como venas oscuras. Cada banco. Cada cadáver. Cada vela. Todo estaba conectado a ella. La hermana le sonrió. De sus cuencas vacías salían lágrimas espesas, oscuras como sangre añeja, mientras pétalos negros se deshacían entre sus dientes y caían lentamente de su boca. —Despierta, pequeña y temerosa Odette…—La voz de la hermana retumbó por toda la iglesia, aunque sus labios jamás se movieron.—Ya viene… Y viene por ti. —"Sólo fue un sueño…"— Odette permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, aferrándose a la idea de que por fin había escapado de aquella pesadilla. Pero algo la inquietó. Su mano izquierda seguía crispada entre los pliegues del ropaje de su cama. Y entre los dedos de la derecha sintió el frío tacto de las cuentas de su rosario de plata: el mismo que utilizaba al recitar la última oración para los moribundos, justo antes de que abandonaran este mundo.
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