• Apoyo la espalda en la fría pared del apartamento. El cigarrillo entre mis dedos derrama cenizas en el suelo.

    Afuera, la noche callada.

    Aquí, retumba mi pecho.

    Todo lo que he perdido. Todo lo que no me he atrevido a ganar.
    Apoyo la espalda en la fría pared del apartamento. El cigarrillo entre mis dedos derrama cenizas en el suelo. Afuera, la noche callada. Aquí, retumba mi pecho. Todo lo que he perdido. Todo lo que no me he atrevido a ganar.
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    OST: https://youtu.be/ma6Y7l6aHcY?si=d4Z3bLX9kqB4mJLv

    "๐‘ฐ. ๐‘ฉ๐’‚๐’‹๐’ ๐’๐’‚๐’” ๐’๐’–๐’„๐’†๐’” ๐’…๐’† ๐‘ฒ๐’Š๐’๐’•๐’: ๐‘ฌ๐’๐’•๐’“๐’† ๐’‘๐’Š๐’†๐’“๐’๐’‚๐’” ๐’„๐’“๐’–๐’›๐’‚๐’…๐’‚๐’” ๐’š ๐’‚๐’๐’Ž๐’‚๐’” ๐’“๐’๐’•๐’‚๐’”"
    ๐‘ช๐’- ๐“ค๐—ป๐—ฎ ๐—ถ๐—ด๐˜‚๐—ฎ๐—น

    El humo del puro ascendía lento, como si dudara en dejarlo. Azâziel lo sostenía entre dos dedos con la misma naturalidad con la que otros sostenían un cáliz o un arma. Sus labios, apenas entreabiertos, dibujaban una curva que no era sonrisa… pero tampoco amenaza. Era la expresión de un hombre que ya ha visto demasiado y aún quiere ver un poco más.

    El salón estaba lleno, decorado con excesos típicamente modernos que querían parecer tradicionales. Faroles rojos, madera oscura, grabados de dragones que jamás han rugido. Y, sin embargo, había magia allí. Un tipo diferente. Humana, sí, pero densa. Caliente. ๐—›๐—ฒ๐—ฐ๐—ต๐—ฎ ๐—ฑ๐—ฒ ๐—ฎ๐—บ๐—ฏ๐—ถ๐—ฐ๐—ถó๐—ป, ๐˜€๐—ฒ๐˜…๐—ผ, ๐—ณ๐—ฎ๐˜ƒ๐—ผ๐—ฟ๐—ฒ๐˜€ ๐˜† ๐˜€๐—ถ๐—น๐—ฒ๐—ป๐—ฐ๐—ถ๐—ผ๐˜€ ๐—ฐ๐—ฎ๐—ฟ๐—ผ๐˜€.

    Azâziel se había ganado su lugar entre los invitados, no por invitación, sino por deuda. Varios clanes le debían algo. Algo que no podían nombrar, porque el recuerdo de ese precio aún dormía en sus costillas como un puñal cubierto de terciopelo. Y esa noche, él no quería hablar de lo que cobraba. Solo quería observar.

    A su lado, la joven de cabello rojo, una criatura deliciosa de curvas contenidas y mirada afilada, se inclinó levemente, permitiéndose rozar su brazo con el suyo. «¿Alguna de las presentes le resulta… interesante?», preguntó ella con la voz aterciopelada de una amante que ya sabe que no será elegida, pero aún disfruta de la cacería.

    Azâziel no respondió de inmediato. Le gustaba que las palabras maduraran en su lengua antes de liberarlas. Inhaló. El sabor del puro era denso, masculino, con un dejo de cereza y ceniza. Lo exhaló despacio, mientras su mirada recorría la sala.

    Y entonces la vio.

    Ella no se destacaba por su ropa. Ni por su joyería. No buscaba brillar… Y, sin embargo, su mera existencia desentonaba con lo humano. Tenía la belleza triste de un ángel que se arrepiente… o de un demonio que ha aprendido a llorar. Cabello albino, piel pálida, los ojos con esa profundidad húmeda que no pertenece a este siglo.

    Azâziel la reconoció antes de comprender. ๐—˜๐—ฟ๐—ฎ ๐˜‚๐—ป๐—ฎ ๐—ถ๐—ด๐˜‚๐—ฎ๐—น. Un ser envuelto en carne, sí. Pero el aura… El aura ardía como una herida mal cerrada. ๐—–๐—ผ๐—บ๐—ผ é๐—น. — Esa — Susurró, finalmente, mientras su mirada se clavaba en la ajena con una intensidad casi lasciva. — Esa no está aquí para los mismos juegos. — Su asistente lo miró, intrigada. «¿Una rival?», preguntó la joven.

    Azâziel sonrió por fin. No con los labios, sino con el alma. — ¿Rival? No. Las rivalidades implican miedo… Y yo solo estoy… curioso. — Apagó el puro con elegancia, girando la cabeza apenas unos grados. — Averigua su nombre. Pero no te acerques demasiado. — «¿Y si ella se nos acerca? », preguntó una vez mas la joven.

    Azâziel bajó la mirada a su copa de cristal. — Entonces esta noche será mucho más divertida de lo que esperaba. —

    Y al fondo, ella lo miraba.
    Y él…
    ๐™Ž๐™–๐™—í๐™– ๐™ฆ๐™ช๐™š ๐™ฉ๐™–๐™ข๐™—๐™žé๐™ฃ ๐™ก๐™ค ๐™๐™–๐™—í๐™– ๐™ง๐™š๐™˜๐™ค๐™ฃ๐™ค๐™˜๐™ž๐™™๐™ค.
    OST: https://youtu.be/ma6Y7l6aHcY?si=d4Z3bLX9kqB4mJLv "๐‘ฐ. ๐‘ฉ๐’‚๐’‹๐’ ๐’๐’‚๐’” ๐’๐’–๐’„๐’†๐’” ๐’…๐’† ๐‘ฒ๐’Š๐’๐’•๐’: ๐‘ฌ๐’๐’•๐’“๐’† ๐’‘๐’Š๐’†๐’“๐’๐’‚๐’” ๐’„๐’“๐’–๐’›๐’‚๐’…๐’‚๐’” ๐’š ๐’‚๐’๐’Ž๐’‚๐’” ๐’“๐’๐’•๐’‚๐’”" ๐‘ช๐’- ๐“ค๐—ป๐—ฎ ๐—ถ๐—ด๐˜‚๐—ฎ๐—น El humo del puro ascendía lento, como si dudara en dejarlo. Azâziel lo sostenía entre dos dedos con la misma naturalidad con la que otros sostenían un cáliz o un arma. Sus labios, apenas entreabiertos, dibujaban una curva que no era sonrisa… pero tampoco amenaza. Era la expresión de un hombre que ya ha visto demasiado y aún quiere ver un poco más. El salón estaba lleno, decorado con excesos típicamente modernos que querían parecer tradicionales. Faroles rojos, madera oscura, grabados de dragones que jamás han rugido. Y, sin embargo, había magia allí. Un tipo diferente. Humana, sí, pero densa. Caliente. ๐—›๐—ฒ๐—ฐ๐—ต๐—ฎ ๐—ฑ๐—ฒ ๐—ฎ๐—บ๐—ฏ๐—ถ๐—ฐ๐—ถó๐—ป, ๐˜€๐—ฒ๐˜…๐—ผ, ๐—ณ๐—ฎ๐˜ƒ๐—ผ๐—ฟ๐—ฒ๐˜€ ๐˜† ๐˜€๐—ถ๐—น๐—ฒ๐—ป๐—ฐ๐—ถ๐—ผ๐˜€ ๐—ฐ๐—ฎ๐—ฟ๐—ผ๐˜€. Azâziel se había ganado su lugar entre los invitados, no por invitación, sino por deuda. Varios clanes le debían algo. Algo que no podían nombrar, porque el recuerdo de ese precio aún dormía en sus costillas como un puñal cubierto de terciopelo. Y esa noche, él no quería hablar de lo que cobraba. Solo quería observar. A su lado, la joven de cabello rojo, una criatura deliciosa de curvas contenidas y mirada afilada, se inclinó levemente, permitiéndose rozar su brazo con el suyo. «¿Alguna de las presentes le resulta… interesante?», preguntó ella con la voz aterciopelada de una amante que ya sabe que no será elegida, pero aún disfruta de la cacería. Azâziel no respondió de inmediato. Le gustaba que las palabras maduraran en su lengua antes de liberarlas. Inhaló. El sabor del puro era denso, masculino, con un dejo de cereza y ceniza. Lo exhaló despacio, mientras su mirada recorría la sala. Y entonces la vio. Ella no se destacaba por su ropa. Ni por su joyería. No buscaba brillar… Y, sin embargo, su mera existencia desentonaba con lo humano. Tenía la belleza triste de un ángel que se arrepiente… o de un demonio que ha aprendido a llorar. Cabello albino, piel pálida, los ojos con esa profundidad húmeda que no pertenece a este siglo. Azâziel la reconoció antes de comprender. ๐—˜๐—ฟ๐—ฎ ๐˜‚๐—ป๐—ฎ ๐—ถ๐—ด๐˜‚๐—ฎ๐—น. Un ser envuelto en carne, sí. Pero el aura… El aura ardía como una herida mal cerrada. ๐—–๐—ผ๐—บ๐—ผ é๐—น. — Esa — Susurró, finalmente, mientras su mirada se clavaba en la ajena con una intensidad casi lasciva. — Esa no está aquí para los mismos juegos. — Su asistente lo miró, intrigada. «¿Una rival?», preguntó la joven. Azâziel sonrió por fin. No con los labios, sino con el alma. — ¿Rival? No. Las rivalidades implican miedo… Y yo solo estoy… curioso. — Apagó el puro con elegancia, girando la cabeza apenas unos grados. — Averigua su nombre. Pero no te acerques demasiado. — «¿Y si ella se nos acerca? », preguntó una vez mas la joven. Azâziel bajó la mirada a su copa de cristal. — Entonces esta noche será mucho más divertida de lo que esperaba. — Y al fondo, ella lo miraba. Y él… ๐™Ž๐™–๐™—í๐™– ๐™ฆ๐™ช๐™š ๐™ฉ๐™–๐™ข๐™—๐™žé๐™ฃ ๐™ก๐™ค ๐™๐™–๐™—í๐™– ๐™ง๐™š๐™˜๐™ค๐™ฃ๐™ค๐™˜๐™ž๐™™๐™ค.
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  • -- ¡La Flama de la Ignición Final, Akasha-Agni, ha aparecido! ¡Buenas noches, mortales! Les sugiero que arreglen sus asuntos pendientes porque si estoy aquí, es porque su universo pronto será ceniza. ¡Hehehe!
    -๐Ÿ”ฅ- ¡La Flama de la Ignición Final, Akasha-Agni, ha aparecido! ¡Buenas noches, mortales! Les sugiero que arreglen sus asuntos pendientes porque si estoy aquí, es porque su universo pronto será ceniza. ¡Hehehe!
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  • ๐‘ฌ๐’‘๐’‘๐’–๐’“ ๐’”๐’Š ๐‘ด๐’–๐’๐’—๐’†
    Fandom OC
    Categorรญa Terror
    ๐•ฎ๐–†๐–™๐–๐–Š๐–—๐–Ž๐–“๐–Š

    "Soy todo aquello que he perdido. Soy todo aquello que perdí sin siquiera conocerlo".

    La brasa siseó,y del crujir de la madera, una última advertencia pareció provenir. La ignoró, como tantas señales de alarma había ignorado.

    ¿Pues qué eran para alguien como él, sino vagas sugerencias? En la línea del crepúsculo entre la razón y el delirio, donde seres como él habitaban, no había lugar para la sensatez tradicional.

    Fue por eso que, en esa noche calurosa de verano, siguiendo las instrucciones de un moribundo delirante, a ๐™š๐™ก๐™ก๐™– decidió acudir. A invocar.

    ¿O era, realmente, así? ¿Era él quien la llamaba, o era él quien a ella acudía? Como una polilla a una flama que amenaza con ultimadamente consumirlo.

    Y los ingredientes, las ofrendas había alistado. Sangre, tanto suya como ajena. ¿De quién, exactamente? No sabía. No importaba.

    Un objeto de valor. Un cántico garabateado a las prisas en un pedazo de papel, que de esos dedos helados y rígidos había arrancado. "No la llames si no estás completamente seguro de que eso es lo que quieres".

    ¿E iría a funcionar? Ah, quizás solamente desperdició una perfectamente decente fogata. Quizás hacer que el fuego conociese la sangre, la carne y el objeto valioso -su más preciado recuerdo, ahora una ofrenda para ella-, había sido una mala idea.

    ¿Y eso no la hacía más digna de ser intentada?

    —Muéstrate.

    Una superstición, nada más. No era manera de llamar a alguien como ella. Eso pensó cuando los segundos se extendieron y de su ritual no había quedado más que silencio, humo de pútrido aroma, y las cenizas de lo que alguna vez fuera su más preciado recuerdo.

    A ella los había ofrecido. Por ella esperaba.

    Pues ya era lo único que le quedaba.
    [Cath_The_Witch] "Soy todo aquello que he perdido. Soy todo aquello que perdí sin siquiera conocerlo". La brasa siseó,y del crujir de la madera, una última advertencia pareció provenir. La ignoró, como tantas señales de alarma había ignorado. ¿Pues qué eran para alguien como él, sino vagas sugerencias? En la línea del crepúsculo entre la razón y el delirio, donde seres como él habitaban, no había lugar para la sensatez tradicional. Fue por eso que, en esa noche calurosa de verano, siguiendo las instrucciones de un moribundo delirante, a ๐™š๐™ก๐™ก๐™– decidió acudir. A invocar. ¿O era, realmente, así? ¿Era él quien la llamaba, o era él quien a ella acudía? Como una polilla a una flama que amenaza con ultimadamente consumirlo. Y los ingredientes, las ofrendas había alistado. Sangre, tanto suya como ajena. ¿De quién, exactamente? No sabía. No importaba. Un objeto de valor. Un cántico garabateado a las prisas en un pedazo de papel, que de esos dedos helados y rígidos había arrancado. "No la llames si no estás completamente seguro de que eso es lo que quieres". ¿E iría a funcionar? Ah, quizás solamente desperdició una perfectamente decente fogata. Quizás hacer que el fuego conociese la sangre, la carne y el objeto valioso -su más preciado recuerdo, ahora una ofrenda para ella-, había sido una mala idea. ¿Y eso no la hacía más digna de ser intentada? —Muéstrate. Una superstición, nada más. No era manera de llamar a alguien como ella. Eso pensó cuando los segundos se extendieron y de su ritual no había quedado más que silencio, humo de pútrido aroma, y las cenizas de lo que alguna vez fuera su más preciado recuerdo. A ella los había ofrecido. Por ella esperaba. Pues ya era lo único que le quedaba.
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  • Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora.

    Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía...

    Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes.

    โ—Esos malditos nos engañaron...

    Se volvió hacia su compañero.

    โ—¿Estás...?

    Las palabras murieron en su garganta.

    Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él.

    โ—‹Me duele...

    Susurró Hart con una mueca de agonía.

    โ—‹Me duele mucho... Voy a morir.

    โ—¡No!

    Zelkova cayó de rodillas junto a él.

    โ—Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida.

    Hart soltó una risa débil y amarga.

    โ—‹Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja...

    El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos.

    โ—Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste...

    Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota.

    โ—‹No hay ninguna novia.

    Zelkova parpadeó.

    โ—¿Qué?

    โ—‹Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto...

    Su respiración empezó a volverse irregular.

    โ—‹Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros...

    Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas.

    โ—‹Y míralos... todos muertos.

    Una lágrima descendió por su rostro.

    โ—‹Solo faltaba yo.

    Zelkova no encontró respuesta.

    Hart tragó saliva.

    โ—‹He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos...

    Entonces comenzó a llorar.

    โ—¿Por qué lloras?

    Preguntó Zelkova en voz baja.

    Hart cerró los ojos.

    โ—‹Porque tengo miedo.

    Su voz temblaba.

    โ—‹No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú.

    Soltó una risa ahogada.

    โ—‹Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos...

    Las lágrimas seguían cayendo.

    โ—‹Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo...

    Miró sus manos ensangrentadas.

    โ—‹Y ahora es demasiado tarde.

    Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo.

    โ—Nunca es tarde.

    Hart negó lentamente con la cabeza.

    โ—‹No hay cielo para mí.

    Hubo un silencio pesado.

    El joven cura preguntó:

    โ—¿Por qué temes al amor de Dios?

    Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron.

    โ—‹Por favor... léeme algo.

    Zelkova asintió.

    Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó:

    โ—"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré."

    Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas.

    โ—‹¿Por qué somos tan terribles?

    Preguntó.

    Zelkova guardó silencio un instante antes de responder:

    โ—Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente.

    Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento.

    โ—‹Quédate conmigo...

    Buscó la mano de su amigo.

    โ—‹No me dejes.

    Zelkova la sujetó con fuerza.

    โ—Estoy aquí.

    Entonces dijo:

    โ—Repite conmigo.

    Hart lo observó.

    Y el cura comenzó a recitar:

    โ—"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores."

    Los labios de Hart se movieron.

    โ—‹Busqué... al Señor... y Él me respondió...

    Su voz era apenas un susurro.

    โ—‹Me libró... de todos mis temores...

    Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil.

    Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador.

    โ—¡HAAAAART!

    Su voz atravesó el campo muerto.

    โ—¡HART!

    Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
    Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora. Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía... Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes. โ—Esos malditos nos engañaron... Se volvió hacia su compañero. โ—¿Estás...? Las palabras murieron en su garganta. Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él. โ—‹Me duele... Susurró Hart con una mueca de agonía. โ—‹Me duele mucho... Voy a morir. โ—¡No! Zelkova cayó de rodillas junto a él. โ—Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida. Hart soltó una risa débil y amarga. โ—‹Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja... El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos. โ—Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste... Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota. โ—‹No hay ninguna novia. Zelkova parpadeó. โ—¿Qué? โ—‹Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto... Su respiración empezó a volverse irregular. โ—‹Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros... Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas. โ—‹Y míralos... todos muertos. Una lágrima descendió por su rostro. โ—‹Solo faltaba yo. Zelkova no encontró respuesta. Hart tragó saliva. โ—‹He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos... Entonces comenzó a llorar. โ—¿Por qué lloras? Preguntó Zelkova en voz baja. Hart cerró los ojos. โ—‹Porque tengo miedo. Su voz temblaba. โ—‹No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú. Soltó una risa ahogada. โ—‹Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos... Las lágrimas seguían cayendo. โ—‹Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo... Miró sus manos ensangrentadas. โ—‹Y ahora es demasiado tarde. Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo. โ—Nunca es tarde. Hart negó lentamente con la cabeza. โ—‹No hay cielo para mí. Hubo un silencio pesado. El joven cura preguntó: โ—¿Por qué temes al amor de Dios? Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron. โ—‹Por favor... léeme algo. Zelkova asintió. Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó: โ—"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré." Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas. โ—‹¿Por qué somos tan terribles? Preguntó. Zelkova guardó silencio un instante antes de responder: โ—Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente. Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento. โ—‹Quédate conmigo... Buscó la mano de su amigo. โ—‹No me dejes. Zelkova la sujetó con fuerza. โ—Estoy aquí. Entonces dijo: โ—Repite conmigo. Hart lo observó. Y el cura comenzó a recitar: โ—"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores." Los labios de Hart se movieron. โ—‹Busqué... al Señor... y Él me respondió... Su voz era apenas un susurro. โ—‹Me libró... de todos mis temores... Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil. Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador. โ—¡HAAAAART! Su voz atravesó el campo muerto. โ—¡HART! Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
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  • -El Ogro en su tiempo libre, se encontraba sentado en su trono, a su lado habia una alta mesa que daba a unas botellas de colores, pequeñas para el Ogro pero llamativas por su contenido, por ende extendio sus dedos, atrapando una de esas botellas y la lanzo en el interior de su boca, como si fuera una pastilla-

    "Hm... esperaba un efecto mas divert.."

    -Sus palabras fueron interrumpidas por una poderosa punzada en su espalda, en su columna seguida de una descarga electrica total, al punto de hacer incendiar su propio cuerpo, las llamas se elevaron con fuerza en el lugar, el trono fue reducido a cenizas, las flamas consumieron su cuerpo hasta entregarle esa nueva apariencia, este observo su cuerpo con sorpresa, se veia mas bajito, mas delgado, media 2 metros de alto, su cuerpo habia perdido masa sobremuscular digna de los Grandes Ogros, ahora se veia como su yo de Juventud-

    "Esa posima... ha cambiado mi cuerpo a la fuerza, ogro verse mas joven, mas niño.. perder belleza musculosa, trabajar para conseguirlo de nuevo!"

    -Acto seguido levantaria sus brazos sobre su cuerpo, haciendo caer una enorme barra, en cada punta habian grandes pezas de 100 toneladas cada una, empezando a hacer ejercicio-
    -El Ogro en su tiempo libre, se encontraba sentado en su trono, a su lado habia una alta mesa que daba a unas botellas de colores, pequeñas para el Ogro pero llamativas por su contenido, por ende extendio sus dedos, atrapando una de esas botellas y la lanzo en el interior de su boca, como si fuera una pastilla- "Hm... esperaba un efecto mas divert.." -Sus palabras fueron interrumpidas por una poderosa punzada en su espalda, en su columna seguida de una descarga electrica total, al punto de hacer incendiar su propio cuerpo, las llamas se elevaron con fuerza en el lugar, el trono fue reducido a cenizas, las flamas consumieron su cuerpo hasta entregarle esa nueva apariencia, este observo su cuerpo con sorpresa, se veia mas bajito, mas delgado, media 2 metros de alto, su cuerpo habia perdido masa sobremuscular digna de los Grandes Ogros, ahora se veia como su yo de Juventud- "Esa posima... ha cambiado mi cuerpo a la fuerza, ogro verse mas joven, mas niño.. perder belleza musculosa, trabajar para conseguirlo de nuevo!" -Acto seguido levantaria sus brazos sobre su cuerpo, haciendo caer una enorme barra, en cada punta habian grandes pezas de 100 toneladas cada una, empezando a hacer ejercicio-
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  • -Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.-

    S: A-agh!! Espera... P-podemos habl-

    -Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.-

    S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor...

    -Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.-

    Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente...

    -Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.-

    S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a-

    -El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.-

    Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
    -Ya casi estaba por amanecer, había sido una larga noche persiguiendo a su víctima, un cambia formas (De nombre Smy) que se hacía pasar por niños para engañar a los más pequeños y hacerles cosas horribles. Finalmente lo había alcanzado, cuando lo tuvo acorralado, lo empujó contra una pared, lo que lo hizo chocar la cara contra el muro.- S: A-agh!! Espera... P-podemos habl- -Smy intento poner sus mano sobre su cara para defenderse, pero fue pateado en el pecho contra la pared nuevamente, Teo lo sujeto de las muñecas, liberando un frío que pronto le congelo los antebrazos. Después comenzó a pisarle el rostro, de nuevo, y de nuevo, y de nuevo, y de nuevo. La sangre salpicaba contra la pared y el suelo. Smy comenzó a llorar de dolor mientras escupía sangre en el suelo.- S: P-por favor... ¡Cof cof! no l-lo volveré a- ¡COF!... A-ah por favor... T-te lo ruego... Ya me has golpeado s-suficiente, por favor... -Teo miro a Smy fijamente, viéndolo poner sus manos sobre su rostro para evitar más posibles golpes.- Tienes razón... ya te he golpeado lo suficiente... -Una leve luz comenzó a formarse en la palma de su mano, la aparición de leves brazas uniéndose en lo que se convertiría una bola de fuego terminaron por flamear sobre la piel del mago.- S: ¡¿Q-que estás haciendo?! ¡N-no puedes!, ya dije que no lo volveré a- -El rostro de Smy entro en contacto con la bola de fuego la cual se expandió en una explosión de llamas que lo rodearon por completo, ardiendo en el calor extremo hasta que su cuerpo dejo de retorcerse, el cadáver continuo quemandose hasta convertirse en cenizas que se llevó el viento.- Uff... Que asco me dan estos tipos, ahora si... a cobrar lo mío y comer una buena hamburguesa.
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  • Soy un arcangel, un ser capaz de reducir en cenizas una civili--se le cae su cafe y su postrecito.--

    ¡¡¡¡NNNNOOOOOO!!!!!---CRISIS---
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  • El centinela.
    Fandom Las crónicas de Fenrir
    Categorรญa Acción
    https://ficrol.com/posts/380841

    El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes.

    Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones.

    Decían que los dioses protegían Eredh-Khal.

    Mentira.

    Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo.

    Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres.

    Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones.

    Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes…

    Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final.

    El cielo rugía.

    Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales.

    La invasión había comenzado.

    Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos.

    Y en medio del caos…

    Algo despertó.

    Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido.

    Entonces el Centinela abrió los ojos.

    La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales.

    Cada paso hacía temblar ciudades enteras.

    En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial.

    En la otra…
    un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes.

    La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero.

    —Entidad invasora detectada.
    Activando protocolo de purificación.—

    Y entonces…

    Alguien comenzó a reír.

    No una risa humana.

    Algo más oscuro.
    Más arrogante.

    Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría.

    De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego.

    Cuernos oscuros.
    Cabello agitado por el viento.
    Ojos brillando como brasas infernales.

    La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido.

    Zagreo.

    La mano derecha de Veythra.

    El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal.

    Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos.

    —¿Todo esto…—

    Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva.

    —…solo para recibirme a mí?—

    El Centinela alzó la lanza.

    Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente.

    Y el cielo entero explotó en luz.
    https://ficrol.com/posts/380841 El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes. Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones. Decían que los dioses protegían Eredh-Khal. Mentira. Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo. Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres. Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones. Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes… Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final. El cielo rugía. Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales. La invasión había comenzado. Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos. Y en medio del caos… Algo despertó. Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido. Entonces el Centinela abrió los ojos. La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales. Cada paso hacía temblar ciudades enteras. En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial. En la otra… un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes. La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero. —Entidad invasora detectada. Activando protocolo de purificación.— Y entonces… Alguien comenzó a reír. No una risa humana. Algo más oscuro. Más arrogante. Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría. De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego. Cuernos oscuros. Cabello agitado por el viento. Ojos brillando como brasas infernales. La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido. Zagreo. La mano derecha de Veythra. El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal. Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos. —¿Todo esto…— Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva. —…solo para recibirme a mí?— El Centinela alzó la lanza. Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente. Y el cielo entero explotó en luz.
    Tipo
    Individual
    Lรญneas
    Cualquier lรญnea
    Estado
    Disponible
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    Me endiabla
    Me entristece
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  • ใ€”แดนแดผแดบแดผแดฟแดผแดธใ€•
    แต€แต‰แตแตƒ หขแต‰โฟหขโฑแต‡หกแต‰, แตˆแต‰แต–สณแต‰หขโฑóโฟ, หขแต˜โฑแถœโฑแตˆโฑแต’.



    El humo del cigarrillo se elevaba con una lentitud casi tortuosa y sin sentido. El tiempo se había ralentizado ahí dentro, en su cuarto. Con la ventana cerrada, el aroma del tabaco se intensificaba cada vez más, pero ella ya no lo sentía. Hacía unos minutos que dejó de sentir nada.

    Hubo una discusión en donde ella terminó llorando, de nuevo, y su tío simplemente la dejó por su cuenta tras dar un portazo a la puerta principal. Sola, como lo usual, pero sus pensamientos ya no se quedaban tranquilos, iban a lugares oscuros.

    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”
    ๐‘ถ๐’‰, ๐‘ฐ ๐’„๐’‚๐’'๐’• ๐’๐’†๐’‚๐’—๐’†, ๐’ƒ๐’–๐’• ๐‘ฐ ๐’„๐’‚๐’'๐’• ๐’ƒ๐’† ๐’Š๐’ ๐’•๐’‰๐’Š๐’” ๐’‘๐’๐’‚๐’„๐’†
    ๐‘ป๐’‰๐’Š๐’” ๐’Ž๐’–๐’”๐’• ๐’‚๐’๐’ ๐’ƒ๐’† ๐’‚๐’ ๐’Š๐’๐’๐’–๐’”๐’Š๐’๐’, ๐’”๐’Œ๐’Š๐’‘๐’‘๐’Š๐’๐’ˆ ๐’‡๐’“๐’‚๐’Ž๐’†๐’”
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    ๐‘จ๐’๐’… ๐’Š๐’• ๐’‰๐’‚๐’–๐’๐’•๐’” ๐’Ž๐’† ๐’†๐’—๐’†๐’“๐’š ๐’•๐’Š๐’Ž๐’† ๐‘ฐ ๐’•๐’‰๐’Š๐’๐’Œ ๐‘ฐ'๐’Ž ๐’”๐’‚๐’‡๐’†
    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”

    Seguía sin gustarle el fumar, pero era lo único que hacía que dejara de temblar, de estar ansiosa y que todo empeorara. La nicotina hacía su trabajo por ahora, pero se preguntaba cuánto tiempo tomaría hasta que tuviera que fumar cada vez más hasta que sus pulmones se convirtieran en humo únicamente.

    Recostada en su cama, miraba hacia una de las esquinas del cuarto. Una mancha negra se expandía lentamente. Se veía como grasa cayendo desde el cielorraso por las paredes, pero también se ampliaba hacia las costados, como si tuviera vida propia. Y tal vez la tenía. Hacía minutos que un ojo de color púrpura la estaba observando. Nada más, solo mirándola fijo en silencio, parecía estar esperando algo.

    —¿Qué debo hacer? —preguntó a la nada, o a lo que la estuviera escuchando—. Estoy cansada... de él... de ustedes... de mí.

    El cigarrillo se movía con levedad mientras su boca articulaba cada palabra. Las cenizas caían de a poco sobre las sábanas.

    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”
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    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”

    —...Sí. Es en vano seguir intentando. —su vista se dirigió hacia el cajón de su mesa de noche. Se arrastró apenas en la cama antes de extender el brazo y alcanzar a abrir el cajón. Rebuscó con lentitud antes de sacar el objeto que guardaba por si acaso.

    Con el pulgar deslizó la perilla hacía arriba, de a poco revelando la cuchilla de acero inoxidable.

    —Es la única forma para que él reaccione. Solo si termino en el hospital me presta atención... —las lágrimas se formaron de nuevo, pero no cayeron— pero dura tan poco... Estoy cansada.

    Agachó la cabeza, apoyando el costado de la misma en su brazo izquierdo, el cigarrillo quedó olvidado en la sábana a la cual empezó a quemar de a poco.

    —Y no puedo desaparecer sin más... Lo intento y nada funciona. ¿Entonces qué? No tengo a nadie. Si quiero hablar... no puedo... porque estoy mal de la cabeza. —la mano le empezó a temblar incluso antes de acercar la cuchilla a su muñeca.

    La cosa en la esquina se movió como quien ajusta más el ángulo para ver mejor, al parecer estaba esperando ese momento.

    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”
    ๐‘ซ๐’ ๐’š๐’๐’– ๐’‡๐’†๐’†๐’ ๐’๐’๐’—๐’†?
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    โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”โ”

    Quería deslizarla, hacerlo con tanta fuerza que cortara músculo también, no solo piel. Llevar a venas, tendones, ligamentos.

    Y es ahí cuando más sola se sentía. Quería ayuda. No de médicos, no de gente que la veía con frialdad o como si fuera una más. Quería ayuda de alguien cercano, que la viera de verdad, como familia, como una amistad real.

    ๐—ก๐—ผ ๐˜๐—ฒ๐—ปí๐—ฎ ๐—ป๐—ฎ๐—ฑ๐—ฎ ๐—ฑ๐—ฒ ๐—ฒ๐˜€๐—ผ๏ฝก
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