• ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro.

    El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín.

    Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir.

    Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación.

    Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso.

    El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 𝙉𝙖𝙨𝙚𝙚𝙢 𝘼𝙡 𝙆𝙝𝙖𝙮𝙖𝙡
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro. El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín. Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir. Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación. Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso. El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [storm_indigo_hawk_484]
    0 turnos 0 maullidos
  • El calor de la sangre en mi rostro no se compara con el frío que se instaló en mi pecho cuando leí esa maldita declaración oficial desde prisión del viejo:

    "No es más que un civil útil. No hay vínculos, no hay afecto".

    Esas palabras borraron de un plumazo los años de entrega, las noches compartidas, la piel que desgasté intentando saldar una deuda impagable con el hombre que me salvó la vida. Todo para mantener las apariencias de su pulcro matrimonio y su honor intacto ante la cúpula.

    Me negó.
    Me desechó.
    Me descartó.

    Pero el verdadero infierno comenzó cuando el clan rival, aquel que siempre nos acechó desde las sombras, olió la sangre en el agua.

    Sabían que el "Loto Negro", el cerebro matemático y el rostro perfecto de la organización, se había quedado sin su escudo protector.
    Mi propio clan, cobarde y homofóbico no dudó en utilizarme como moneda de cambio para sellar un tratado de paz y salvar sus propios pellejos.

    Me entregaron en bandeja de plata. . .

    Mis dedos tiemblan sutilmente mientras intentan abotonar la camisa de seda blanca que me han obligado a usar, pero una mano inmensa y curtida me frena bruscamente, jalando la tela para exponer mi pecho.
    El agarre en mi mandíbula es implacable; los dedos del nuevo líder se entierran en mi piel con una fuerza que me obliga a alzar la mirada, forzándome a enfocarlo solo con mi ojo izquierdo, mientras el derecho late con el eco del trauma de mi pasado.

    —Mírate, Renji... O debería decir Kokuren — su voz áspera resuena en la opulencia de la habitación, cargada de una satisfacción enfermiza

    —El gran estratega, el Idol que hacía suspirar a miles, reducido a esto. Tu antiguo amo te usó de fachada y luego te tiró a la basura. Ahora me perteneces. Tus números, tu mente... y este cuerpo perfecto que tanto escondían, ahora son de mi propiedad.—

    El aire atrapado en mi garganta quema. Mi mente, esa que solía calcular riesgos en milisegundos y lavar millones sin dejar rastro, se encuentra completamente nublada, paralizada por el dolor de la traición.

    El carisma magnético que muestro ante las cámaras no sirve de nada aquí, entre estas paredes donde no soy más que un trofeo de guerra. Siento las lágrimas traicioneras acumularse en mis ojos, mezclándose con el sudor frío que corre por mi cuello.
    —¿Qué pasa? ¿Dónde está el orgullo del consejero? —pregunta, su otra mano descendiendo con firmeza por mi torso, reclamando cada centímetro de mi piel como suya

    — Vas a firmar cada transferencia que te ordene, vas a diseñar las estrategias para destruir lo que queda de tu antigua familia, y cuando termine el día, te encargarás de complacerme en esta cama hasta que olvides tu propio nombre.—


    Podría resistirme.
    Podría usar la lectura fría de personas para buscar una grieta en su psicología y destruirlo desde adentro.
    Pero el peso de la decepción es un ancla demasiado pesada.

    El hombre por el que lo di todo me abandonó a mi suerte, y mi clan me vendió. El vacío emocional es tan devastador que la sumisión total se siente como el único anestésico disponible.

    Cierro los ojos por un instante, dejando caer los brazos con total laxitud, abandonando cualquier intento de defensa. Cuando los abro, la chispa de control ha desaparecido, reemplazada por la mirada vacía de quien ha aceptado su destino.

    —Entendido... —susurro perdiendo toda su dulzura habitual, rota por la humillación

    —Haré... todo lo que me pidas. —
    — Todo. —
    La presión en mi mandíbula aumenta antes de soltarme bruscamente, dejándome caer de rodillas sobre la alfombra.

    Soy Renji Kurogane, el genio financiero, el idol de masas, pero a partir de hoy, no soy más que un esclavo de sus deseos, un objeto moldeable atrapado en una jaula de oro de la que nunca podré escapar.
    El calor de la sangre en mi rostro no se compara con el frío que se instaló en mi pecho cuando leí esa maldita declaración oficial desde prisión del viejo: "No es más que un civil útil. No hay vínculos, no hay afecto". Esas palabras borraron de un plumazo los años de entrega, las noches compartidas, la piel que desgasté intentando saldar una deuda impagable con el hombre que me salvó la vida. Todo para mantener las apariencias de su pulcro matrimonio y su honor intacto ante la cúpula. Me negó. Me desechó. Me descartó. Pero el verdadero infierno comenzó cuando el clan rival, aquel que siempre nos acechó desde las sombras, olió la sangre en el agua. Sabían que el "Loto Negro", el cerebro matemático y el rostro perfecto de la organización, se había quedado sin su escudo protector. Mi propio clan, cobarde y homofóbico no dudó en utilizarme como moneda de cambio para sellar un tratado de paz y salvar sus propios pellejos. Me entregaron en bandeja de plata. . . Mis dedos tiemblan sutilmente mientras intentan abotonar la camisa de seda blanca que me han obligado a usar, pero una mano inmensa y curtida me frena bruscamente, jalando la tela para exponer mi pecho. El agarre en mi mandíbula es implacable; los dedos del nuevo líder se entierran en mi piel con una fuerza que me obliga a alzar la mirada, forzándome a enfocarlo solo con mi ojo izquierdo, mientras el derecho late con el eco del trauma de mi pasado. —Mírate, Renji... O debería decir Kokuren — su voz áspera resuena en la opulencia de la habitación, cargada de una satisfacción enfermiza —El gran estratega, el Idol que hacía suspirar a miles, reducido a esto. Tu antiguo amo te usó de fachada y luego te tiró a la basura. Ahora me perteneces. Tus números, tu mente... y este cuerpo perfecto que tanto escondían, ahora son de mi propiedad.— El aire atrapado en mi garganta quema. Mi mente, esa que solía calcular riesgos en milisegundos y lavar millones sin dejar rastro, se encuentra completamente nublada, paralizada por el dolor de la traición. El carisma magnético que muestro ante las cámaras no sirve de nada aquí, entre estas paredes donde no soy más que un trofeo de guerra. Siento las lágrimas traicioneras acumularse en mis ojos, mezclándose con el sudor frío que corre por mi cuello. —¿Qué pasa? ¿Dónde está el orgullo del consejero? —pregunta, su otra mano descendiendo con firmeza por mi torso, reclamando cada centímetro de mi piel como suya — Vas a firmar cada transferencia que te ordene, vas a diseñar las estrategias para destruir lo que queda de tu antigua familia, y cuando termine el día, te encargarás de complacerme en esta cama hasta que olvides tu propio nombre.— Podría resistirme. Podría usar la lectura fría de personas para buscar una grieta en su psicología y destruirlo desde adentro. Pero el peso de la decepción es un ancla demasiado pesada. El hombre por el que lo di todo me abandonó a mi suerte, y mi clan me vendió. El vacío emocional es tan devastador que la sumisión total se siente como el único anestésico disponible. Cierro los ojos por un instante, dejando caer los brazos con total laxitud, abandonando cualquier intento de defensa. Cuando los abro, la chispa de control ha desaparecido, reemplazada por la mirada vacía de quien ha aceptado su destino. —Entendido... —susurro perdiendo toda su dulzura habitual, rota por la humillación —Haré... todo lo que me pidas. — — Todo. — La presión en mi mandíbula aumenta antes de soltarme bruscamente, dejándome caer de rodillas sobre la alfombra. Soy Renji Kurogane, el genio financiero, el idol de masas, pero a partir de hoy, no soy más que un esclavo de sus deseos, un objeto moldeable atrapado en una jaula de oro de la que nunca podré escapar.
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora.

    Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía...

    Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes.

    ●Esos malditos nos engañaron...

    Se volvió hacia su compañero.

    ●¿Estás...?

    Las palabras murieron en su garganta.

    Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él.

    ○Me duele...

    Susurró Hart con una mueca de agonía.

    ○Me duele mucho... Voy a morir.

    ●¡No!

    Zelkova cayó de rodillas junto a él.

    ●Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida.

    Hart soltó una risa débil y amarga.

    ○Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja...

    El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos.

    ●Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste...

    Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota.

    ○No hay ninguna novia.

    Zelkova parpadeó.

    ●¿Qué?

    ○Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto...

    Su respiración empezó a volverse irregular.

    ○Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros...

    Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas.

    ○Y míralos... todos muertos.

    Una lágrima descendió por su rostro.

    ○Solo faltaba yo.

    Zelkova no encontró respuesta.

    Hart tragó saliva.

    ○He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos...

    Entonces comenzó a llorar.

    ●¿Por qué lloras?

    Preguntó Zelkova en voz baja.

    Hart cerró los ojos.

    ○Porque tengo miedo.

    Su voz temblaba.

    ○No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú.

    Soltó una risa ahogada.

    ○Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos...

    Las lágrimas seguían cayendo.

    ○Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo...

    Miró sus manos ensangrentadas.

    ○Y ahora es demasiado tarde.

    Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo.

    ●Nunca es tarde.

    Hart negó lentamente con la cabeza.

    ○No hay cielo para mí.

    Hubo un silencio pesado.

    El joven cura preguntó:

    ●¿Por qué temes al amor de Dios?

    Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron.

    ○Por favor... léeme algo.

    Zelkova asintió.

    Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó:

    ●"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré."

    Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas.

    ○¿Por qué somos tan terribles?

    Preguntó.

    Zelkova guardó silencio un instante antes de responder:

    ●Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente.

    Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento.

    ○Quédate conmigo...

    Buscó la mano de su amigo.

    ○No me dejes.

    Zelkova la sujetó con fuerza.

    ●Estoy aquí.

    Entonces dijo:

    ●Repite conmigo.

    Hart lo observó.

    Y el cura comenzó a recitar:

    ●"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores."

    Los labios de Hart se movieron.

    ○Busqué... al Señor... y Él me respondió...

    Su voz era apenas un susurro.

    ○Me libró... de todos mis temores...

    Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil.

    Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador.

    ●¡HAAAAART!

    Su voz atravesó el campo muerto.

    ●¡HART!

    Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
    Mi amigo pecador: El tanque volcado crujía bajo el viento. Más allá de aquel refugio improvisado, el campo de batalla se extendía como un desierto de cenizas. La tierra estaba teñida de gris, los árboles reducidos a esqueletos carbonizados y el aire olía a humo, sangre y pólvora. Dos jóvenes habían sobrevivido a lo imposible o eso parecía... Zelkova Legasov, el joven cura, respiraba agitadamente. Su rostro estaba manchado de hollín y sudor. Miró hacia la entrada del casco destrozado y apretó los dientes. ●Esos malditos nos engañaron... Se volvió hacia su compañero. ●¿Estás...? Las palabras murieron en su garganta. Hart Soger estaba apoyado contra una pared metálica. Una de sus manos presionaba desesperadamente su abdomen. La sangre brotaba entre sus dedos a borbotones, formando un charco oscuro bajo él. ○Me duele... Susurró Hart con una mueca de agonía. ○Me duele mucho... Voy a morir. ●¡No! Zelkova cayó de rodillas junto a él. ●Déjame revisarte. Intentaré cauterizar la herida. Hart soltó una risa débil y amarga. ○Es inútil, Zel... Intenté ayudarte, pero parece que la cagué... Ja... El cura comenzó a presionar la herida con ambas manos. Los guantes negros se empaparon de rojo en cuestión de segundos. ●Te sacaré de aquí. ¿Recuerdas? Me enseñaste la foto de tu novia. La verás pronto. Solo resiste... Hart emitió un quejido que terminó convirtiéndose en una carcajada rota. ○No hay ninguna novia. Zelkova parpadeó. ●¿Qué? ○Esa foto... se la robé a un amigo muerto. Estaba enamorado de ella. Lo envidiaba tanto... Su respiración empezó a volverse irregular. ○Compartí contigo esa historia porque... yo también quería presumir de un amor verdadero. Quería poner celosos a nuestros compañeros... Su mirada vagó hacia el exterior, donde los cadáveres yacían entre las cenizas. ○Y míralos... todos muertos. Una lágrima descendió por su rostro. ○Solo faltaba yo. Zelkova no encontró respuesta. Hart tragó saliva. ○He pecado... Iré al infierno junto a esos bastardos... Entonces comenzó a llorar. ●¿Por qué lloras? Preguntó Zelkova en voz baja. Hart cerró los ojos. ○Porque tengo miedo. Su voz temblaba. ○No quiero ir al infierno. Me arrepiento de todo lo que hice en mi vida. Ojalá pudiera ser tan recto como tú. Soltó una risa ahogada. ○Te envidio. Y eso me enerva porque eres amable con todos... Las lágrimas seguían cayendo. ○Si pudiera comenzar de cero, cambiaría todo... Miró sus manos ensangrentadas. ○Y ahora es demasiado tarde. Zelkova apoyó la espalda contra la pared metálica del tanque. Su mirada permaneció fija en su amigo. ●Nunca es tarde. Hart negó lentamente con la cabeza. ○No hay cielo para mí. Hubo un silencio pesado. El joven cura preguntó: ●¿Por qué temes al amor de Dios? Hart no respondió durante varios segundos. Sus labios temblaron. ○Por favor... léeme algo. Zelkova asintió. Con una voz firme, aunque quebrada por la emoción, recitó: ●"Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu mano derecha; yo soy quien te dice: No temas, yo te ayudaré." Hart escuchó aquellas palabras como un hombre perdido en medio de una tormenta. Sus ojos estaban rojos e inundados de lágrimas. ○¿Por qué somos tan terribles? Preguntó. Zelkova guardó silencio un instante antes de responder: ●Somos larvas solamente, hechas para formar mariposas angélicas que algún día mirarán a Dios de frente. Hart sonrió débilmente. Su corazón latía cada vez más lento. ○Quédate conmigo... Buscó la mano de su amigo. ○No me dejes. Zelkova la sujetó con fuerza. ●Estoy aquí. Entonces dijo: ●Repite conmigo. Hart lo observó. Y el cura comenzó a recitar: ●"Busqué al Señor y Él me respondió; me libró de todos mis temores." Los labios de Hart se movieron. ○Busqué... al Señor... y Él me respondió... Su voz era apenas un susurro. ○Me libró... de todos mis temores... Una última exhalación escapó de sus labios. Después llegó el silencio. El viento siguió soplando entre los árboles carbonizados. La mano de Hart perdió toda fuerza. Y cayó inmóvil. Zelkova permaneció allí, sujetándola. Esperó. Un segundo. Dos. Diez. Como si se negara a aceptar lo evidente. Por fin comprendió que estaba solo. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas ennegrecidas. Luego vino un sollozo. Y después otro hasta que el joven cura alzó el rostro hacia el cielo gris y lanzó un aullido desgarrador. ●¡HAAAAART! Su voz atravesó el campo muerto. ●¡HART! Refulgió el eco de un nombre pronunciado por alguien que acababa de perder a su mejor amigo.
    Me shockea
    Me endiabla
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • — Tsk. . . Maldita montaña de músculo, fenómeno de feria. . . ¿Cómo se atreve a quitarme su atención? —

    Aprieta el oso. Con tanta fuerza, que los botones de sus ojos salen disparados y crean pequeños cráteres en la pared.

    — Perdono casi todo, pero ESTO. . . Grrr. . . —

    Al final refunfuña groserías que no se entienden. (?)
    — Tsk. . . Maldita montaña de músculo, fenómeno de feria. . . ¿Cómo se atreve a quitarme su atención? — Aprieta el oso. Con tanta fuerza, que los botones de sus ojos salen disparados y crean pequeños cráteres en la pared. — Perdono casi todo, pero ESTO. . . Grrr. . . — Al final refunfuña groserías que no se entienden. (?)
    Me enjaja
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    11
    18 turnos 0 maullidos
  • Zelk Hagok💧 Jero Rael💀 [Luego de que Zelk "upgradeara" el auto de Bianca. Esta prueba su nuevo vehículo tuneado junto a Jero y Zelk. Con el pequeño problema de que ahora es 20 veces más rápido que un auto común]

    ¿¿¿¿CÓMO SE FRENA????. ZELK. ¿¿¿¿CÓMO SE FRENA ESTA COSA????. TIENE BOTONES EN UN IDIOMA QUE NI ENTIENDO. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH. *Con un solo acelerón terminamos llegando a 2 ciudades más allá de la mía e infringiendo unas 50 reglas del tránsito en el proceso*

    [Zelkhagok01][Jeroaberration0] [Luego de que Zelk "upgradeara" el auto de Bianca. Esta prueba su nuevo vehículo tuneado junto a Jero y Zelk. Con el pequeño problema de que ahora es 20 veces más rápido que un auto común] ¿¿¿¿CÓMO SE FRENA????. ZELK. ¿¿¿¿CÓMO SE FRENA ESTA COSA????. TIENE BOTONES EN UN IDIOMA QUE NI ENTIENDO. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHH. *Con un solo acelerón terminamos llegando a 2 ciudades más allá de la mía e infringiendo unas 50 reglas del tránsito en el proceso* :STK-16:
    Me enjaja
    Me shockea
    Me encocora
    8
    12 turnos 0 maullidos
  • Noche de copas
    Categoría Otros
    No es que el demonio odiara los lugares concurridos pero prefería la tranquilidad de espacios cerrados donde las conversaciones pudieran fluir con naturalidad. Aun así fue que Ark aceptó los términos de la peliblanca e hizo aparición en el lugar acordado. Eran apenas las 8:30 pm así que seguramente estaría dentro.

    Entró al pub con tranquilidad vistiendo un traje casual de dos piezas sin corbata y la parte superior apenas desabotonada. Su apariencia era la de un hombre maduro apenas llegando a sus 40’s aunque eso era una ilusión para ojos que no pudieran percibir lo sobrenatural. Se hizo paso entre las mesas en busca de aquella mujer, solo pensando que de cierta manera ella había ganado al poner el campo idóneo.

    —Aquí estamos. Ahora...¿Dónde podría estar la dra?
    No es que el demonio odiara los lugares concurridos pero prefería la tranquilidad de espacios cerrados donde las conversaciones pudieran fluir con naturalidad. Aun así fue que Ark aceptó los términos de la peliblanca e hizo aparición en el lugar acordado. Eran apenas las 8:30 pm así que seguramente estaría dentro. Entró al pub con tranquilidad vistiendo un traje casual de dos piezas sin corbata y la parte superior apenas desabotonada. Su apariencia era la de un hombre maduro apenas llegando a sus 40’s aunque eso era una ilusión para ojos que no pudieran percibir lo sobrenatural. Se hizo paso entre las mesas en busca de aquella mujer, solo pensando que de cierta manera ella había ganado al poner el campo idóneo. —Aquí estamos. Ahora...¿Dónde podría estar la dra?
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    17 turnos 0 maullidos
  • Se ancló de pie en el suelo, colocándose delante de él.

    -Deja que te cure eso… -pidió.

    Pero Andrea se las apañó para darle la vuelta y volver a hacerla caminar hacia la puerta que daba acceso a los pasillos del servicio que comunicaban con todas las escaleras y estancias de la casa.

    -No seas cabe… ¡Andrea! -protestó y volvía a girarse para encararlo- Todo esto es culpa mía. Yo la he cagado y te han hecho daño… -intentó razonar- Por favor…- pidió- Deja que te ayude. Se me da bien…

    Al margen de su vida como fiestera, no había que olvidar que Kelly había empezado a estudiar la carrera de medicina, para frustración de su padre, quien esperaba que ella siguiera el legado familiar.

    -Es una sutura básica, puedo hacerlo…

    Pareció que aquello terminaba de convencer a Andrea, o quizás el hecho de pensar que acudir al hospital generaría preguntas, preguntas que afectarían aun más a la reputación familiar de los Vaughn… Asi que, cuando Kelly dejó de sentir como él oponía resistencia, le hizo sentarse en una de las sillas de la cocina mientras ella iba a por el botiquín.

    Para cuando regresó y dejó el maletín sobre la mesa, comprobó que Andrea tenia problemas para desabotonarse la correa del arnés donde llevaba el arma debido a su brazo herido ya que la hebilla de esta estaba en el lado contrario del cuerpo masculino.

    -Deja… Te ayudo…- dijo Kelly, quien logró deshacerse del arnés y del arma con bastante facilidad y cuidado. Lo dejó sobre la mesa y se terminó colocando de pie entre las piernas de Andrea con intención de desabotonar su camisa- He sido una imbécil… -susurró ella, apesadumbrada- No sé porqué hago las cosas que hago…

    (...)

    Sacó el alcohol y unas gasas, y con la mano zurda tomó suavemente el brazo diestro del moreno para girarlo con suavidad.

    -Menos mal que no es profundo…- comentó ella dejando de lado a la niñata fiestera, la reina de las portadas escandalosas y la heredera caprichosa. Allí solo que daba ella… La Kelly racional y a la que se le había pasado el pedo en un abrir y cerrar de ojos a causa de la adrenalina en cuanto vio que Andrea resultaba herido.

    -Esto va a escocer…

    Empapó la gasa en alcohol y fue dando suaves toques sobre el corte terminando por soplar ligeramente para aliviar el escozor. En un gesto cariñoso, cercano… Y siguió aplicando el alcohol a suaves toques hasta que la herida estuvo limpia. Tomó después el antiséptico y lo aplicó con cuidado.

    -No necesitarás puntos…- negó ella con la cabeza antes de tomar una de las vendas y cubrir la herida con infinito cuidado. A fin de cuentas se había llevado aquella herida por su culpa.

    No sabia qué decir, tenerle tan cerca hacia que su corazón golpeara con fuerza contra su pecho, tanto que casi lo sentía en la garganta. Terminó con el vendaje en silencio, pero sus dedos se entretuvieron algo mas de la cuenta al anudarlo, como si en realidad no quisiera que aquel momento terminase. Y, en un gesto más atrevido de lo que debería, descendió una de sus manos por el brazo de él hasta alcanzar su mano y tomar la ajena de forma distraída, pero cariñosa.

    -Odio que te hagas el héroe… Porque te necesito con vida.

    Su mirada había quedado perdida en las manos de ambos pero terminó por elevarse hasta los ojos masculinos.

    ⸻ extracto de mi rol con Andrea D´amico Grimaldi
    Se ancló de pie en el suelo, colocándose delante de él. -Deja que te cure eso… -pidió. Pero Andrea se las apañó para darle la vuelta y volver a hacerla caminar hacia la puerta que daba acceso a los pasillos del servicio que comunicaban con todas las escaleras y estancias de la casa. -No seas cabe… ¡Andrea! -protestó y volvía a girarse para encararlo- Todo esto es culpa mía. Yo la he cagado y te han hecho daño… -intentó razonar- Por favor…- pidió- Deja que te ayude. Se me da bien… Al margen de su vida como fiestera, no había que olvidar que Kelly había empezado a estudiar la carrera de medicina, para frustración de su padre, quien esperaba que ella siguiera el legado familiar. -Es una sutura básica, puedo hacerlo… Pareció que aquello terminaba de convencer a Andrea, o quizás el hecho de pensar que acudir al hospital generaría preguntas, preguntas que afectarían aun más a la reputación familiar de los Vaughn… Asi que, cuando Kelly dejó de sentir como él oponía resistencia, le hizo sentarse en una de las sillas de la cocina mientras ella iba a por el botiquín. Para cuando regresó y dejó el maletín sobre la mesa, comprobó que Andrea tenia problemas para desabotonarse la correa del arnés donde llevaba el arma debido a su brazo herido ya que la hebilla de esta estaba en el lado contrario del cuerpo masculino. -Deja… Te ayudo…- dijo Kelly, quien logró deshacerse del arnés y del arma con bastante facilidad y cuidado. Lo dejó sobre la mesa y se terminó colocando de pie entre las piernas de Andrea con intención de desabotonar su camisa- He sido una imbécil… -susurró ella, apesadumbrada- No sé porqué hago las cosas que hago… (...) Sacó el alcohol y unas gasas, y con la mano zurda tomó suavemente el brazo diestro del moreno para girarlo con suavidad. -Menos mal que no es profundo…- comentó ella dejando de lado a la niñata fiestera, la reina de las portadas escandalosas y la heredera caprichosa. Allí solo que daba ella… La Kelly racional y a la que se le había pasado el pedo en un abrir y cerrar de ojos a causa de la adrenalina en cuanto vio que Andrea resultaba herido. -Esto va a escocer… Empapó la gasa en alcohol y fue dando suaves toques sobre el corte terminando por soplar ligeramente para aliviar el escozor. En un gesto cariñoso, cercano… Y siguió aplicando el alcohol a suaves toques hasta que la herida estuvo limpia. Tomó después el antiséptico y lo aplicó con cuidado. -No necesitarás puntos…- negó ella con la cabeza antes de tomar una de las vendas y cubrir la herida con infinito cuidado. A fin de cuentas se había llevado aquella herida por su culpa. No sabia qué decir, tenerle tan cerca hacia que su corazón golpeara con fuerza contra su pecho, tanto que casi lo sentía en la garganta. Terminó con el vendaje en silencio, pero sus dedos se entretuvieron algo mas de la cuenta al anudarlo, como si en realidad no quisiera que aquel momento terminase. Y, en un gesto más atrevido de lo que debería, descendió una de sus manos por el brazo de él hasta alcanzar su mano y tomar la ajena de forma distraída, pero cariñosa. -Odio que te hagas el héroe… Porque te necesito con vida. Su mirada había quedado perdida en las manos de ambos pero terminó por elevarse hasta los ojos masculinos. ⸻ extracto de mi rol con [B0dyguard] ⸻
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible.

    Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él.

    Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió.

    Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban.

    Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator.
    No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error.

    —…¿Ya terminaste?

    Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
    Como cualquier otro japonés, Mine solía frecuentar lugares así; especialmente en esas noches donde el silencio de su casa se volvía demasiado aburrido. Era un asalto a los sentidos: demasiado ruido, demasiadas luces, demasiado todo. Y, sin embargo, allí estaba, entregado a una emoción genuina mientras se perdía en su juego de ritmo favorito. Llevaba las mangas de la remera arremangadas con descuido y su cabello, habitualmente peinado hacia atrás con rigor, caía ahora sobre su cabeza. Ese simple desorden lo volvía casi irreconocible; le otorgaba un aire más joven y mas accesible. Sus dedos se desplazaban sobre los botones con una precisión mecánica, casi coreográfica. Mientras la pantalla estallaba en colores y patrones frenéticos, el rostro de Mine se iluminaba con el reflejo del monitor. Se movía como un profesional, como si hubiera repetido esa secuencia miles de veces, y quizás así era. No sonreía, pero tampoco cargaba con su habitual ceño fruncido; su expresión era de una calma absoluta, algo dificil de ver en él. Finalmente, la música cesó. Mine dejó escapar un suspiro contenido y observó la pantalla con interés, esperando haber superado su propia marca. Dio un paso atrás para retirarse, y entonces, sucedió. Sintió un contacto inesperado y firme. Unos dedos ajenos sujetaron su barbilla sin previo aviso, obligándolo a alzar el rostro. Lo movieron de un lado a otro, escudriñándolo, como si evaluaran si aquel era realmente EL Mine y no un impostor. Su cuerpo reaccionó antes que su mente: se tensó al instante, los hombros se endurecieron y sus manos dudaron un segundo eterno entre apartar bruscamente aquel agarre o quedarse congeladas donde estaban. Su mirada, siempre afilada y bajo control, vaciló al verse forzada a una cercanía tan invasiva. Demasiado cerca. Podía percibir el calor de la otra persona, registrar detalles que no se había autorizado a notar. Su ceño se contrajo, pero no con la severidad de siempre; esta vez era una mueca más frágil, teñida de incomodidad. Tragó saliva, un gesto sutil pero delator. No apartó la vista de inmediato, y ese fue su error. —…¿Ya terminaste? Su voz emergió más baja de lo normal, con una aspereza que no nacía de la irritación, sino de algo mucho más profundo, del miedo de haber sido descubierto. Aunque su rigidez lo traicionaba, no hizo el menor ademán de apartar la mano que aún sostenía su barbilla.
    Me gusta
    Me enjaja
    9
    0 turnos 0 maullidos
  • ㅤㅤㅤㅤextracto de rol de trama de
    ㅤㅤㅤㅤ #BloodAndBourbonSquad
    ㅤㅤ
    -¿Qué te hace pensar que canalizando tres marcas tendrás mejores resultados? -Klaus se puso en pie y se volvió a cubrir el antebrazo- Esto es inútil… ¿Qué hacemos aquí sentados? Deberíamos estar ahí afuera buscando respuestas en vez de esperar que vengan a nosotros. Ir a ese bunker donde vive Hope y remover cada carpeta…

    Rebekah lo miró con expresión calmada.

    — No puedes entrar ahí, Niklaus… ni quemarlo hasta los cimientos…— Mientras su hermano se levantaba, Elijah Mikaelson lo siguió con la mirada sin moverse apenas un ápice, apostillando aquello, con un ligero toque de sorna recordando los refinados modales que años atrás se gastaba el hibrido, antes de que Rebekah se adelantara para poner algo de sentido común al deseo de Klaus.
    Pero estaba claro que no iba a calmarse, era como un perro con un hueso, no podia dejarlo estar.
    Por suerte él y Hayley Marshall no habían roto la conexión de sus marcas con el hechizo de Freya Mikaelson , y es esta quien le informa del éxito de su búsqueda.

    -Hope ya ha mirado en los archivos de ese bunker, Nik. ¿No crees que te hubiera avisado si hubiera encontrado algo que mereciera la pena? -preguntó la Original..

    Klaus la fulminó con la mirada a causa de su propia frustración.

    -¿Y la escuela Salvatore? Alaric Saltzman se quedó con todos los cachivaches de la Armería… Quizás podría… -comenzó a decir el hibrido, pero entonces Freya lo interrumpió.

    -Lo tengo -dijo- He captado dos señales. Potentes… Tendríamos que dividirnos… -dijo la rubia.

    Y, la primera en ofrecerse fue la propia Hayley. Se volvió a colocar la manga de la camiseta y siquiera miró a Elijah antes de decir:

    -Yo iré a Reino Unido -dijo mirando el mapa donde una marca de la sangre de Freya se había aposentado- Le he cogido el gusto a los viajes en avión… -ironizó.

    Mientras Hayley se ofreció para acudir en busca de la señal de Reino Unido, el original se afanó, con todo el cuidado del mundo en bajarse la camisa y abotonarse el puño, tras lo cual se levantó y se colocó a su lado, mirando el mapa y sujetando la cintura femenina con su mano derecha mientras que de su dedo índice y corazón izquierdos colgaba su americana, por encima de su hombro.

    — Tendré todo listo enseguida, podremos salir mañana, si la señal cambia, házmelo saber.

    Freya asintió.

    -Eso me deja a mi… Canadá… -confirmó la rubia antes de mirar a Keelan Malraux .

    Klaus apretó su mandíbula sopesando sus opciones, porque no le hacia ninguna gracia quedarse allí sentado esperando.

    -Yo iré a Mystic Falls… Quizás Alaric tenga algo útil… -dijo mientras ya sacaba su teléfono para preparar el viaje.

    Hayley se levantó de su asiento para ayudar a Freya a recoger, y con deje divertido dijo:

    -Dale recuerdos a Caroline Forbes de mi parte… Seguro que ya no me guarda rencor…- bromeó.
    ㅤㅤㅤㅤextracto de rol de trama de ㅤㅤㅤㅤ #BloodAndBourbonSquad ㅤㅤ -¿Qué te hace pensar que canalizando tres marcas tendrás mejores resultados? -Klaus se puso en pie y se volvió a cubrir el antebrazo- Esto es inútil… ¿Qué hacemos aquí sentados? Deberíamos estar ahí afuera buscando respuestas en vez de esperar que vengan a nosotros. Ir a ese bunker donde vive Hope y remover cada carpeta… Rebekah lo miró con expresión calmada. — No puedes entrar ahí, Niklaus… ni quemarlo hasta los cimientos…— Mientras su hermano se levantaba, [Nbl3Stag] lo siguió con la mirada sin moverse apenas un ápice, apostillando aquello, con un ligero toque de sorna recordando los refinados modales que años atrás se gastaba el hibrido, antes de que Rebekah se adelantara para poner algo de sentido común al deseo de Klaus. Pero estaba claro que no iba a calmarse, era como un perro con un hueso, no podia dejarlo estar. Por suerte él y [LittleWxlfie] no habían roto la conexión de sus marcas con el hechizo de [THE0LDERSISTER] , y es esta quien le informa del éxito de su búsqueda. -Hope ya ha mirado en los archivos de ese bunker, Nik. ¿No crees que te hubiera avisado si hubiera encontrado algo que mereciera la pena? -preguntó la Original.. Klaus la fulminó con la mirada a causa de su propia frustración. -¿Y la escuela Salvatore? Alaric Saltzman se quedó con todos los cachivaches de la Armería… Quizás podría… -comenzó a decir el hibrido, pero entonces Freya lo interrumpió. -Lo tengo -dijo- He captado dos señales. Potentes… Tendríamos que dividirnos… -dijo la rubia. Y, la primera en ofrecerse fue la propia Hayley. Se volvió a colocar la manga de la camiseta y siquiera miró a Elijah antes de decir: -Yo iré a Reino Unido -dijo mirando el mapa donde una marca de la sangre de Freya se había aposentado- Le he cogido el gusto a los viajes en avión… -ironizó. Mientras Hayley se ofreció para acudir en busca de la señal de Reino Unido, el original se afanó, con todo el cuidado del mundo en bajarse la camisa y abotonarse el puño, tras lo cual se levantó y se colocó a su lado, mirando el mapa y sujetando la cintura femenina con su mano derecha mientras que de su dedo índice y corazón izquierdos colgaba su americana, por encima de su hombro. — Tendré todo listo enseguida, podremos salir mañana, si la señal cambia, házmelo saber. Freya asintió. -Eso me deja a mi… Canadá… -confirmó la rubia antes de mirar a [las7malraux] . Klaus apretó su mandíbula sopesando sus opciones, porque no le hacia ninguna gracia quedarse allí sentado esperando. -Yo iré a Mystic Falls… Quizás Alaric tenga algo útil… -dijo mientras ya sacaba su teléfono para preparar el viaje. Hayley se levantó de su asiento para ayudar a Freya a recoger, y con deje divertido dijo: -Dale recuerdos a Caroline Forbes de mi parte… Seguro que ya no me guarda rencor…- bromeó.
    Me encocora
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • -Se le estaba olvidando el sonido de su voz y el aroma de su piel; suspiró profundamente al ver el cielo con millones de estrellas en el, la diestra buscó insistentemente entre el bolsillo de la camisa; desdobló con cuidado una hoja que podría deducirse que la veía siempre; sus marcas la tenían sumamente desgastada.

     Lograba sacar el lado más dócil, más sublime y tierno de "B"; sonrió al ver ese boceto dibujado en esa vieja página después de hacerle el amor como a ella le gustaba; los finos trazos con el bolígrafo dejaban ver las diminutas curvas de un cuerpo femenino desnudo, piernas delgadas, abdomen plano y unas pequeñas montañas que eran remarcadas con unos finos botones.

    Acariciando suavemente con las yemas de sus dedos, dobló el dibujo y lo volvió a llevar de donde lo sacó, suspiró por última vez y su andar fue hacia el norte. -

    Solo deseo tu bienestar.
    -Se le estaba olvidando el sonido de su voz y el aroma de su piel; suspiró profundamente al ver el cielo con millones de estrellas en el, la diestra buscó insistentemente entre el bolsillo de la camisa; desdobló con cuidado una hoja que podría deducirse que la veía siempre; sus marcas la tenían sumamente desgastada.  Lograba sacar el lado más dócil, más sublime y tierno de "B"; sonrió al ver ese boceto dibujado en esa vieja página después de hacerle el amor como a ella le gustaba; los finos trazos con el bolígrafo dejaban ver las diminutas curvas de un cuerpo femenino desnudo, piernas delgadas, abdomen plano y unas pequeñas montañas que eran remarcadas con unos finos botones. Acariciando suavemente con las yemas de sus dedos, dobló el dibujo y lo volvió a llevar de donde lo sacó, suspiró por última vez y su andar fue hacia el norte. - Solo deseo tu bienestar.
    Me gusta
    2
    0 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados