• 𝙷𝚘𝚘𝚍𝚢 ᴼᴿ ꓄ꄲ꓄ꁝꏂꋬꋪꀘ

    Corrí inmediatamente hacia el, y a contrario de lo que se pensaría, en lugar de abrazarlo, comencé a ahorcarlo con ambas manos. No espere a que el respondiera igual.

    —¡M-Maldito…! ¡Todos pen… pensar que… ngh… tu muerto…!—
    [ember_sapphire_monkey_146] Corrí inmediatamente hacia el, y a contrario de lo que se pensaría, en lugar de abrazarlo, comencé a ahorcarlo con ambas manos. No espere a que el respondiera igual. —¡M-Maldito…! ¡Todos pen… pensar que… ngh… tu muerto…!—
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  • ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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  • Sʜᴏᴋᴜᴅᴀɪᴋɪʀɪ Mɪᴛsᴜᴛᴀᴅᴀ ᴹᵃˢᵃᵐᵘⁿᵉ ᔆʷᵒʳᵈ eres bastante lindo, no me voy a desaparecer.. No tienes que abrazarme tan fuerte.
    [Masamune_Sword] eres bastante lindo, no me voy a desaparecer.. No tienes que abrazarme tan fuerte.
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  • El dia habia empezado y Nova se preparaba para el, como siempre se vestia con falda y tacones para atraer miradas, peinaba su pelaje para dejarlo pulcro para que al momento en que bajaba a la cocina Yuhi ya etsaba sirviendo el desayuno -la vida no siempre es una aventura- Ambas brujas se rieron un poco antes de que Nova abrazara a Yuhi -feliz dia mamá-

    https://music.youtube.com/watch?v=LFdaohWtenQ&si=QOlrUh3PipFok2OP
    El dia habia empezado y Nova se preparaba para el, como siempre se vestia con falda y tacones para atraer miradas, peinaba su pelaje para dejarlo pulcro para que al momento en que bajaba a la cocina Yuhi ya etsaba sirviendo el desayuno -la vida no siempre es una aventura- Ambas brujas se rieron un poco antes de que Nova abrazara a Yuhi -feliz dia mamá- https://music.youtube.com/watch?v=LFdaohWtenQ&si=QOlrUh3PipFok2OP
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  • ❛ No he sabido como dominarla, no he sabido como controlarla y, desgarrado en su profunda pena, he llorado de tanto abrazarla: melancolía de domingos grises. ❜

    Ꮚ˖̣̣̣ㅤㅤㅤㅤ⸰ㅤㅤㅤㅤ♬♪ㅤㅤㅤ.  𑜩༊·˚⠀⠀ . ㅤ ৯
    ❛ No he sabido como dominarla, no he sabido como controlarla y, desgarrado en su profunda pena, he llorado de tanto abrazarla: melancolía de domingos grises. ❜ Ꮚ˖̣̣̣ㅤㅤㅤㅤ⸰ㅤㅤㅤㅤ♬♪ㅤㅤㅤ.  𑜩༊·˚⠀⠀ . ㅤ ৯
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  • -Un pequeño recuerdo de la culpa de mi debilidad por haber sido corrompida por un jedi..-

    Raxus Prime quedó grabado en mi memoria como un paisaje de ruinas infinitas y silencios cargados de ecos. Allí, entre montañas de metal muerto y restos de guerras olvidadas, sostuve una de las persecuciones más largas de mi vida como Inquisidora. Mi objetivo era un joven caballero Jedi llamado Roy Praxon. Al principio no parecía diferente a otros sobrevivientes, pero con el tiempo se convirtió en el eje de algo que no estaba previsto en mí.

    Durante incontables ciclos lo rastreé sin descanso. Siempre cerca, siempre escapando. No era su técnica lo que lo mantenía con vida, sino su voluntad. Cada encuentro lo dejaba más herido, pero también más firme. Aquello alteró el sentido mismo de la cacería. Lo que debía ser una misión terminó transformándose en una fijación.

    Con el paso del tiempo, algo empezó a quebrarse en mi interior. Su forma de resistir, de no ceder al odio, comenzó a erosionar la certeza con la que yo actuaba. No fue un cambio brusco, sino una grieta lenta, persistente. Empecé a observar en lugar de destruir, a pensar en lugar de ejecutar. Sin darme cuenta, me acerqué a una tensión que no podía sostener: entre lo que era y lo que comenzaba a percibir.

    En uno de nuestros enfrentamientos, en medio del choque de sables y la presión acumulada de toda la persecución, esa grieta se volvió imposible de ignorar. Hubo un instante suspendido en el que la violencia se detuvo. Sin el casco que me definía, lo acorrale contra una estructura de metal. No ejecuté el golpe final. En su lugar, lo besé. Él respondió. Fue un momento breve, pero suficiente para romper todo lo que creía controlar.

    La llegada del Gran Inquisidor convirtió ese instante en una condena.

    Roy Praxon, en lugar de huir, se interpuso. Intentó enfrentarlo. No fue una batalla prolongada ni equilibrada. Fueron movimientos simples, precisos, inevitables. En cuestión de segundos, el joven caballero cayó frente a mí. Sin resistencia real, sin oportunidad de cambiar el resultado. Su caída fue definitiva.

    Ese momento terminó de sellar mi quiebre.

    Después de eso, ya no hubo espacio para la duda. El Gran Inquisidor dirigió su atención hacia mí. Lo que había comenzado como una vacilación se transformó, ante su presencia, en una falla que debía ser corregida. Intenté resistirme, pero mi estado era inestable. Fui derrotada con facilidad.

    Lo que siguió no fue inmediato ni visible hacia afuera, pero marcó el resto de mi existencia. Fui sometida, quebrada y reconstruida bajo su control. La intención no era castigar, sino eliminar cualquier rastro de aquello que había surgido en Raxus Prime. Cada pensamiento débil, cada recuerdo que implicará duda, fue convertido en una fuente de dolor hasta que dejó de tener sentido conservarlo.

    No se trató solo de disciplina. Fue una reconfiguración completa. Una imposición constante hasta que la única forma de sostenerme fue abrazar por completo el lado oscuro.

    Roy Praxon dejó de ser un objetivo. Se convirtió en un recuerdo que debía ser enterrado. Mi antiguo maestro, en una posibilidad que rechacé. Y Raxus Prime, en el lugar donde comprendí que no existe equilibrio para alguien como yo.

    Desde entonces, ya no persigo con dudas, Solo ejecutó al enemigo.
    -Un pequeño recuerdo de la culpa de mi debilidad por haber sido corrompida por un jedi..- Raxus Prime quedó grabado en mi memoria como un paisaje de ruinas infinitas y silencios cargados de ecos. Allí, entre montañas de metal muerto y restos de guerras olvidadas, sostuve una de las persecuciones más largas de mi vida como Inquisidora. Mi objetivo era un joven caballero Jedi llamado Roy Praxon. Al principio no parecía diferente a otros sobrevivientes, pero con el tiempo se convirtió en el eje de algo que no estaba previsto en mí. Durante incontables ciclos lo rastreé sin descanso. Siempre cerca, siempre escapando. No era su técnica lo que lo mantenía con vida, sino su voluntad. Cada encuentro lo dejaba más herido, pero también más firme. Aquello alteró el sentido mismo de la cacería. Lo que debía ser una misión terminó transformándose en una fijación. Con el paso del tiempo, algo empezó a quebrarse en mi interior. Su forma de resistir, de no ceder al odio, comenzó a erosionar la certeza con la que yo actuaba. No fue un cambio brusco, sino una grieta lenta, persistente. Empecé a observar en lugar de destruir, a pensar en lugar de ejecutar. Sin darme cuenta, me acerqué a una tensión que no podía sostener: entre lo que era y lo que comenzaba a percibir. En uno de nuestros enfrentamientos, en medio del choque de sables y la presión acumulada de toda la persecución, esa grieta se volvió imposible de ignorar. Hubo un instante suspendido en el que la violencia se detuvo. Sin el casco que me definía, lo acorrale contra una estructura de metal. No ejecuté el golpe final. En su lugar, lo besé. Él respondió. Fue un momento breve, pero suficiente para romper todo lo que creía controlar. La llegada del Gran Inquisidor convirtió ese instante en una condena. Roy Praxon, en lugar de huir, se interpuso. Intentó enfrentarlo. No fue una batalla prolongada ni equilibrada. Fueron movimientos simples, precisos, inevitables. En cuestión de segundos, el joven caballero cayó frente a mí. Sin resistencia real, sin oportunidad de cambiar el resultado. Su caída fue definitiva. Ese momento terminó de sellar mi quiebre. Después de eso, ya no hubo espacio para la duda. El Gran Inquisidor dirigió su atención hacia mí. Lo que había comenzado como una vacilación se transformó, ante su presencia, en una falla que debía ser corregida. Intenté resistirme, pero mi estado era inestable. Fui derrotada con facilidad. Lo que siguió no fue inmediato ni visible hacia afuera, pero marcó el resto de mi existencia. Fui sometida, quebrada y reconstruida bajo su control. La intención no era castigar, sino eliminar cualquier rastro de aquello que había surgido en Raxus Prime. Cada pensamiento débil, cada recuerdo que implicará duda, fue convertido en una fuente de dolor hasta que dejó de tener sentido conservarlo. No se trató solo de disciplina. Fue una reconfiguración completa. Una imposición constante hasta que la única forma de sostenerme fue abrazar por completo el lado oscuro. Roy Praxon dejó de ser un objetivo. Se convirtió en un recuerdo que debía ser enterrado. Mi antiguo maestro, en una posibilidad que rechacé. Y Raxus Prime, en el lugar donde comprendí que no existe equilibrio para alguien como yo. Desde entonces, ya no persigo con dudas, Solo ejecutó al enemigo.
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  • 𝐃𝐄𝐓𝐇𝐑𝐎𝐍𝐄

    Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca.
    Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento.

    En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza.
    El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla.
    Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar.

    Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas.

    Estaba viva, era lo importante.

    Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava.

    A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado.

    —¡Eres terca!
    —Estoy bien papá, gracias por preguntar...
    —¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo...
    —¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder...
    —¡Es por tu bien!
    —¡No lo haré!
    —Igual que...
    —¡Igual que tú!

    No discutió más.
    El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio.
    Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte...

    —Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo.
    —Haré todos los preparativos... ahora descansa...

    Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.
    𝐃𝐄𝐓𝐇𝐑𝐎𝐍𝐄 Despertó de golpe inhalando una gran bocanada de aire por la boca. Como si esa adrenalina se hubiese quedado atrapada después que perdió el conocimiento. En la cama de un hospital y llena de cables, aparatos y sonidos que no cooperaban con su terrible dolor de cabeza. El ruido alertó a una flotilla de enfermeras que se dividió entre las que se apresuraron a buscar un doctor y en las que se quedaron a asistirla. Por la expresión, seguramente se veía jodida. Sólo esperaba no tener alguna cicatriz en el rostro porque ahí si ni el mismo Satán salvaría a esos idiotas. Los haría pagar. Su garganta ardía de lo seca que estaba. Tosió con dolor; tuvo que cubrir sus costillas con su brazo para amortiguar un poco las punzadas. Estaba viva, era lo importante. Su padre estaría furioso y listo para hacer arder el mundo. Le urgía verlo para detenerlo porque eso sólo había sido una tentación. No era un objetivo, sólo querían ver de que era capaz el líder de los Calatrava. A su habitación entraron dos doctores, el resto de enfermeras y un padre furico/preocupado. —¡Eres terca! —Estoy bien papá, gracias por preguntar... —¡Pero no vuelves a salir sola! Y te olvidas de las galas y el trabajo... —¿Qué? No. Eso sería darles el gusto... ¡no! Yo seguiré mi vida normal... te acepto la seguridad discreta pero no me voy a esconder... —¡Es por tu bien! —¡No lo haré! —Igual que... —¡Igual que tú! No discutió más. El hombre dejó ver en su rostro el peso de un padre preocupado y se acercó a abrazarla en silencio. Sólo ahí entendió que no era Massimo Calatrava con quien discutía sino sólo Massimo, el padre preocupado por ver a su hija tan cerca de las garras de la muerte... —Me iré de la ciudad... Estaré unos días en la casa de los abuelos... — Cedió y su padre pudo respirar tranquilo de nuevo. —Haré todos los preparativos... ahora descansa... Se hizo a un lado para dejar trabajar a los doctores en su rutina de chequeo.
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  • Ahora que la tiene consigo, va a aprovechar cada día, cada ocasión para besar y abrazar a su madre. Y aquel día, con más razón. Se acerca corriendo hasta su madre y la abraza con fuerza.

    -Feliz día de la madre, mamá.

    Hayley Marshall






    (Hoy es el día de la Madre en España y soy española asi que mis personajes lo celebran hoy también)
    Ahora que la tiene consigo, va a aprovechar cada día, cada ocasión para besar y abrazar a su madre. Y aquel día, con más razón. Se acerca corriendo hasta su madre y la abraza con fuerza. -Feliz día de la madre, mamá. [LittleWxlfie] (Hoy es el día de la Madre en España y soy española asi que mis personajes lo celebran hoy 😘 también)
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  • — Cuando la Luna roja ha de caer y con su brillo queme los disfraces de la humanidad, es entonces donde la carne se unirá y finalmente volverá 𝒂𝒒𝒖𝒆𝒍𝒍𝒐 que reina desde el plano que va más allá de la vida y la muerte, infinito e inexistencia. Así es como debe ser y la balanza juzgará trayendo tributo.

    La jueza predica su misa mensual con una voz espectral, perteneciente a otro mundo. Un fantasma que ha maldecido al mundo con su prudencia blasfema, belleza que castiga y que entrega muerte.

    Los fieles envueltos por mantos que cubren sus cuerpos observan a la mujer en el altar con un sollozo atorado en la garganta, conmovidos por la destreza que demuestra al ir despellejando al tributo de la velada: una cabeza cercenada descansando en un plato dorado, con los ojos en blanco y la boca abierta mientras Aelianna con su garra clava la uña en la mejilla y desprende la piel.

    — La luna de sangre abrazará el infinito, y todos seremos uno. Por ello, hoy celebremos y comeremos la carne, orando para que un día volvamos a donde todo comenzó.

    Termino de jalar la tira y extendiendo la mano la dejo caer sobre una copa que palpita, viva al ser no de oro pero de carne roja, una entidad viva que gruñe por lo bajo.

    — Y volveremos, juntos.

    — Cuando la Luna roja ha de caer y con su brillo queme los disfraces de la humanidad, es entonces donde la carne se unirá y finalmente volverá 𝒂𝒒𝒖𝒆𝒍𝒍𝒐 que reina desde el plano que va más allá de la vida y la muerte, infinito e inexistencia. Así es como debe ser y la balanza juzgará trayendo tributo. La jueza predica su misa mensual con una voz espectral, perteneciente a otro mundo. Un fantasma que ha maldecido al mundo con su prudencia blasfema, belleza que castiga y que entrega muerte. Los fieles envueltos por mantos que cubren sus cuerpos observan a la mujer en el altar con un sollozo atorado en la garganta, conmovidos por la destreza que demuestra al ir despellejando al tributo de la velada: una cabeza cercenada descansando en un plato dorado, con los ojos en blanco y la boca abierta mientras Aelianna con su garra clava la uña en la mejilla y desprende la piel. — La luna de sangre abrazará el infinito, y todos seremos uno. Por ello, hoy celebremos y comeremos la carne, orando para que un día volvamos a donde todo comenzó. Termino de jalar la tira y extendiendo la mano la dejo caer sobre una copa que palpita, viva al ser no de oro pero de carne roja, una entidad viva que gruñe por lo bajo. — Y volveremos, juntos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 « @Aragaki_X

    Finalmente ya no tendremos que ocultarnos, libremente puedo cogerte de la mano, besarte, abrazarte siempre que quiera.
    Te quiero mi florecilla amarilla Kotone Shiomi
    𝗜𝗻𝘀𝘁𝗮𝗴𝗿𝗮𝗺 𝗣𝗼𝘀𝘁 « @Aragaki_X Finalmente ya no tendremos que ocultarnos, libremente puedo cogerte de la mano, besarte, abrazarte siempre que quiera. Te quiero mi florecilla amarilla [Kotone_Heroin92]
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