No era la primera vez que el sueño le esquivaba. Era incapaz de apagar su mente, de dejar de pensar para poder entrar en una dulce y reparadora inconsciencia.
Sin embargo hasta bien entrada la madrugada no había movido un solo musculo, tan solo se había dedicado a abrazar y sostener a 𝑱𝒐𝒚𝒄𝒆 𝑩𝒚𝒆𝒓𝒔 quien si se había dormido acomodada contra su pecho.
Era increíble que aquella mujer le hubiera elegido a él, pero allí estaban. En su cabaña, en un cama en la que apenas si cabían los dos, pero ninguno se quejaba, porque ambos encontraban consuelo y seguridad en los brazos del otro.
De modo que ante la perspectiva de ser incapaz de pegar un ojo, Jim termina por deslizarse fuera de la cama, con el mayor de los cuidados, a pesar de su tamaño. No sin antes dejar un beso suave beso la cabeza femenina.
No iba a irse muy lejos. Su destino era, en un principio su sillón en el salón, o como mucho un paseo por los alrededores si se encontraba realmente inquieto. Pero fuera a donde fuera, siempre dejaba parte de si mismo con ella.
Sin embargo hasta bien entrada la madrugada no había movido un solo musculo, tan solo se había dedicado a abrazar y sostener a 𝑱𝒐𝒚𝒄𝒆 𝑩𝒚𝒆𝒓𝒔 quien si se había dormido acomodada contra su pecho.
Era increíble que aquella mujer le hubiera elegido a él, pero allí estaban. En su cabaña, en un cama en la que apenas si cabían los dos, pero ninguno se quejaba, porque ambos encontraban consuelo y seguridad en los brazos del otro.
De modo que ante la perspectiva de ser incapaz de pegar un ojo, Jim termina por deslizarse fuera de la cama, con el mayor de los cuidados, a pesar de su tamaño. No sin antes dejar un beso suave beso la cabeza femenina.
No iba a irse muy lejos. Su destino era, en un principio su sillón en el salón, o como mucho un paseo por los alrededores si se encontraba realmente inquieto. Pero fuera a donde fuera, siempre dejaba parte de si mismo con ella.
No era la primera vez que el sueño le esquivaba. Era incapaz de apagar su mente, de dejar de pensar para poder entrar en una dulce y reparadora inconsciencia.
Sin embargo hasta bien entrada la madrugada no había movido un solo musculo, tan solo se había dedicado a abrazar y sostener a [J0YCEBYERS] quien si se había dormido acomodada contra su pecho.
Era increíble que aquella mujer le hubiera elegido a él, pero allí estaban. En su cabaña, en un cama en la que apenas si cabían los dos, pero ninguno se quejaba, porque ambos encontraban consuelo y seguridad en los brazos del otro.
De modo que ante la perspectiva de ser incapaz de pegar un ojo, Jim termina por deslizarse fuera de la cama, con el mayor de los cuidados, a pesar de su tamaño. No sin antes dejar un beso suave beso la cabeza femenina.
No iba a irse muy lejos. Su destino era, en un principio su sillón en el salón, o como mucho un paseo por los alrededores si se encontraba realmente inquieto. Pero fuera a donde fuera, siempre dejaba parte de si mismo con ella.