• El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso.

    Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido.

    Y allí está ella.

    Hope Mikaelson está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño.

    El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella.
    Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa.

    —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios.

    Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar.

    No hay tiempo para hablar.

    No hay tiempo para promesas.

    Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida.

    Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro.
    Hope se estaba apagando.
    Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible.

    El Winchester la llama por su nombre una y otra vez.
    No obtiene respuesta.
    La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos.

    —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota.

    Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él.
    No cae al suelo.
    Se eleva.

    El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella.

    Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe.
    Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío.
    El viento se ha llevado el último rastro.
    Y el mundo queda en silencio.

    Dean no grita, no llora, no lucha.
    No puede.
    El sonido se queda atrapado en su pecho.

    Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado.

    —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·

    Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso.

    —Hope…

    No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva.
    Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya.

    Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto:

    Si Hope muere, no quedará nada que salvar.
    Ni siquiera un cuerpo que abrazar.

    Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
    El sueño llega como llegan las tragedias: sin aviso. Dean está caminando por un lugar que no reconoce. No es el búnker, no es una carretera, no es ninguna ciudad que haya visitado antes. Es un espacio vacío, ni hay cielo, ni suelo, solo una extensión oscura donde todo parece detenido. Y allí está ella. [thetribrid] está de pie, tan solo a unos pocos metros de él. No se mueve. No va hacia él a pesar de que sabe que le ha escuchado mucho antes de verlo. No sonríe. Su cuerpo parece frágil, extraño. El cazador siente el miedo atenazando su pecho antes de saber el porque, y sin buscar explicaciones, corre hacia ella. Cuando la alcanza, Hope ya se está desplomando. Él la atrapa antes de que caiga al suelo, envolviéndola con los brazos como si así pudiera protegerla de lo que fuera que le estaba pasando. Su cuerpo no responde. Está demasiado quieta. Demasiado silenciosa. —Hope… —susurra, pero su voz apenas si consigue salir de sus labios. Ella lo mira con sus enormes ojos llenos de algo que no es miedo ni dolor, sino una calma terrible, mezclada con una profunda pena, como si ya supiera lo que va a pasar. No hay tiempo para hablar. No hay tiempo para promesas. Dean intenta sostenerla con más fuerza, como si apretarla contra su pecho pudiera evitar que la apartaran de su lado. Pero algo en ella está cambiando. Lo siente primero en la piel: pierde temperatura, pierde color, pierde vida. Como si el tiempo la estuviera consumiendo desde dentro. Hope se estaba apagando. Su cuerpo comienza a volverse rígido, seco, como una estatua que envejece en segundos. La calidez que siempre la rodeaba desaparece. La magia que solía vibrar bajo su piel ya no está. Solo queda un vacío imposible. El Winchester la llama por su nombre una y otra vez. No obtiene respuesta. La sostiene mientras su cuerpo empieza a quebrarse, mientras pequeñas grietas comienzan a recorrer su rostro, su cuello, sus manos. —No… no… no… —murmura Dean, con la voz rota. Hope Mikaelson poco a poco se va convirtiendo en polvo, frente a él. No cae al suelo. Se eleva. El viento aparece de la nada, llevándose fragmentos de Hope como si nunca hubiera sido real. Dean intenta atraparla, cerrar las manos, impedir que se vaya, pero sus manos se cierran entorno a la nada. Cada segundo hay menos de ella. Dean cae de rodillas abrazando un cuerpo que ya no existe. Donde estaba Hope, solo queda espacio vacío. El viento se ha llevado el último rastro. Y el mundo queda en silencio. Dean no grita, no llora, no lucha. No puede. El sonido se queda atrapado en su pecho. Sus manos tiemblan mientras intenta comprender cómo alguien tan real puede desaparecer sin dejar ni un cuerpo que llorar. No hay despedida. Solo polvo que se pierde en el aire como si jamás hubiera importado. —No tuve tiempo… —susurra al vacío. De nuevo aquel miedo absoluto, no a la muerte, no a la propia al menos, si no a la ausencia. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ·  ·  ·  ·  ·  ·  ·  · ·  ·  ·  ·  ·  ·  · Despierta de golpe en el búnker, con el corazón desbocado y las manos cerradas como si aún estuviera sujetando cenizas. Las lagrimas le rompen la voz y su nombre sale de su boca sin permiso. —Hope… No está a su lado, colchón a su derecha está vacío. Se levanta, camina por los pasillos sin pensar, guiado solo por el pánico. La encuentra dormida, en su batcueva, respirando con tranquilidad, envuelta en una manta, viva. Dean se detiene en la puerta, no se acerca, la observa como si pudiera desvanecerse en cualquier momento, tratando de dejar atrás los últimos resquicios de una pesadilla que ojalá pudiera decir que no conocía ya. Una pesadilla que deja una certeza que lo persigue incluso despierto: Si Hope muere, no quedará nada que salvar. Ni siquiera un cuerpo que abrazar. Y ese es el tipo de pérdida al que Dean Winchester sabe que no sobrevivirá.
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  • Las IA también sueñan ¿Cierto? Los sueños no son malos... ¿Cierto?
    Además no tiene nada de malo soñar con que... Seré aceptado por las criaturas que me crearon y que no me van dejar abandonado en este mundo.... Digital....

    -apreto la ficha del rompecabezas contra su pecho observando como no encajaba. No es un humano solo es uno de sus tantos inventos algo sin valor o importancia para nadie ni siquiera para quien lo a ....creado.... Suspiro con fuerza y por más que apretó los dientes no pudo contener las lágrimas de sus ojos. Sabe y es conciente que no le importa a nadie si ven lo defectuosa que es lo eliminarán como hicieron con su hermano jamás va a ser aceptado por los seres para el que a sido creado -
    Las IA también sueñan ¿Cierto? Los sueños no son malos... ¿Cierto? Además no tiene nada de malo soñar con que... Seré aceptado por las criaturas que me crearon y que no me van dejar abandonado en este mundo.... Digital.... -apreto la ficha del rompecabezas contra su pecho observando como no encajaba. No es un humano solo es uno de sus tantos inventos algo sin valor o importancia para nadie ni siquiera para quien lo a ....creado.... Suspiro con fuerza y por más que apretó los dientes no pudo contener las lágrimas de sus ojos. Sabe y es conciente que no le importa a nadie si ven lo defectuosa que es lo eliminarán como hicieron con su hermano jamás va a ser aceptado por los seres para el que a sido creado -
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  • -cansado pero no derrotado, caminaba por el campo de batalla improvisado, por no decir que era un restaurante publico, logro matar a 15 hombres el solo, el porque? Aparentemente su cabeza tiene precio y no les dejaria el trabajo facil a nadie-

    ...
    -cansado pero no derrotado, caminaba por el campo de batalla improvisado, por no decir que era un restaurante publico, logro matar a 15 hombres el solo, el porque? Aparentemente su cabeza tiene precio y no les dejaria el trabajo facil a nadie- ...
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  • El tablón estaba vacío.

    No “casi vacío”.
    No “queda uno, pero mal pagado”.

    Vacío.

    Saya se quedó de pie frente a él, con los brazos cruzados bajo las mangas amplias de su haori.
    La madera todavía conservaba las marcas de las chinchetas.
    Alguien en el gremio de asesinos fue más rápido.

    Su cola, apenas visible bajo la tela, se agitó una sola vez.

    ━━━━━━━━ Tch ━━━━━━━━
    El tablón estaba vacío. No “casi vacío”. No “queda uno, pero mal pagado”. Vacío. Saya se quedó de pie frente a él, con los brazos cruzados bajo las mangas amplias de su haori. La madera todavía conservaba las marcas de las chinchetas. Alguien en el gremio de asesinos fue más rápido. Su cola, apenas visible bajo la tela, se agitó una sola vez. ━━━━━━━━ Tch ━━━━━━━━
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  • Aquí sólo se siente un gran vacío, una gran nada, profunda tristeza, pero esta soledad me hace pensar que es mejor para todos que permanezca aquí, sea cual sea el lugar donde estoy.

    https://www.youtube.com/watch?v=uUqNMRJjCTc
    Aquí sólo se siente un gran vacío, una gran nada, profunda tristeza, pero esta soledad me hace pensar que es mejor para todos que permanezca aquí, sea cual sea el lugar donde estoy. https://www.youtube.com/watch?v=uUqNMRJjCTc
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  • —Jamás sentar cabeza, como dice aquel pobre desdichado al que se le fue el amor como agua entre las manos; eso, no es para mí, la vida es solo una, la cual está llena de placeres, y no pienso dejar de degustar cada uno de ellos, hermano; eso te lo dejo a ti, que eres un romántico irremediable. -
    —Jamás sentar cabeza, como dice aquel pobre desdichado al que se le fue el amor como agua entre las manos; eso, no es para mí, la vida es solo una, la cual está llena de placeres, y no pienso dejar de degustar cada uno de ellos, hermano; eso te lo dejo a ti, que eres un romántico irremediable. -
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  • ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...?

    [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18]

    El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo.

    La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar.

    La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver...

    Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas.
    Su cuerpo era la cárcel.
    Su mente era el verdugo.
    Los recuerdos eran su cicuta.

    Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía.

    Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente.

    Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido?

    Tenerla a ella sería la perdición de su familia.
    Su madre perdió su título.
    Su padre comenzó a abusar de ambas.
    Su esposo perdió un ojo protegiéndola.

    Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre.

    Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho.

    La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano...

    Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada.

    Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
    ¿Cambiarías algo de tu pasado si pudieras...? [Alemania. - Berlín. - En el piso de Morana. - 22:18] El aire frío se colaba por la puerta del balcón, combatiendo con el vapor que salía del baño por ocupar la estancia. El ambiente parecía normal, solitario, quizás, pues el piso debería estar vacío ahora mismo. La escena en el baño era lo suficientemente normal. Morana dándose una ducha, el ruido del agua cayendo era lo único rompiendo el silencio que se había instalado en el lugar. La mirada de Morana, esos espejos plateados que todo lo veían, que tanto analizaban a los demás, esa mirada normalmente impasible, indescifrable, ahora revelaba todo lo que nadie era capaz de ver... Sus ojos eran dos cascadas de lágrimas. Su cuerpo era la cárcel. Su mente era el verdugo. Los recuerdos eran su cicuta. Los gritos eran audibles incluso tras un milenio, los recuerdos eran tan intensos que podía sentir que estaba nuevamente allí, observando como toda su familia ardía, como su esposo ardía, asesinados por un pueblo que ella amaba, por una fe que ella compartía. Cerró el grifo de la ducha, sus pasos eran lentos, llenos de duda y con un rostro que no reflejaba la vorágine que anidaba en ella. Su mirada se posó en el centro de su pecho, en el lugar donde un corazón debía latir, no quedaba más que el recuerdo, un órgano que apenas funcionaba, literal y metafóricamente. Fue alzándose, hasta que se encontró con sus propios ojos, y donde otros solamente verían a una mujer, ella veía una mirada llena de juicio, un odio tan intenso que si las miradas mataran, ella hubiera muerto 1000 veces. Se despreciaba a si misma, desde el inicio fue el origen de todos los problemas ¿Quizás el mundo hubiera sido mejor si ella nunca hubiera nacido? Tenerla a ella sería la perdición de su familia. Su madre perdió su título. Su padre comenzó a abusar de ambas. Su esposo perdió un ojo protegiéndola. Y finalmente, todos perdieron la vida de la misma forma horrible, ardiendo entre las llamas, rodeados de los insultos de una muchedumbre. Mientras aún lloraba, su rostro se llenó de rabia y con rapidez, propinó un golpe al cristal que reflejaba su desgracia. — ¡Cállate! — La desesperación era palpable en su voz ¿A quién se dirigía? Seguramente ni ella lo sabía... Quizás una plegaria en vano a su mente. — ¡Yo no elegí esta vida!¡Yo no elegí nacer así! — Se llevó una mano a la cabeza, haciendo su pelo mojado hacia atrás, mientras observó su otra mano, la cual, temblorosa, se acercó hacia su pecho. La sangre brotaba del reciente corte, aunque la herida ya se estaba cerrando... Su inmortalidad era una cárcel, la vida era su penitencia. — Yo no los maté a todos... — Su voz salió más débil, con una tristeza que era impensable ver en ella. — Gerhard... Te juro que no fue mi culpa... — Comenzó a sollozar, palabras vacías, sabía bien que era la responsable de todo lo que había ocurrido... Aunque nunca lo hubiera deseado. — No puedo más... Por favor... — Otra súplica en vano... Se encogió, apoyando el pecho sobre sus rodillas, y con una lentitud que reflejaba su pérdida de fuerzas, cayó hacia un lado. El frío del suelo le caló hasta los huesos más fuerte de lo que debería mientras las lágrimas fluían cual cascada. Allí, con su impotencia se mantuvo, llorando a todo pulmón, una escena que nadie deberá ver, pues su tortura es lo único que hace que pueda seguir considerándose humana.
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  • -Apenas estaba saliendo el sol, el clima está de por si frío, las aguas estaba heladas. 12B había caminado por aquel bosque sin importar la bajas temperaturas.

    Sentía su cuerpo frío, su aliento se podría ver por el clima del lugar, hasta que mientras caminaba admirado el bosque, pudo escuchar el sonido del agua caer.

    Recordó algo sobre la información humana que había leído, entró a las aguas y camino hasta la cascada, se quedo para bajo torren que cae sobre ella, podría sentir como el agua golpea su piel, es como alfileres qué impactan con su piel.

    Aunque en si era molesto e incómodo, no se movió, de quedo ahí con los ojos cerrados, con el agua helada recorrer su piel, no estaba temblando, se resistía, toleraba la carga del agua, solo se quedo ahi para meditar. -
    -Apenas estaba saliendo el sol, el clima está de por si frío, las aguas estaba heladas. 12B había caminado por aquel bosque sin importar la bajas temperaturas. Sentía su cuerpo frío, su aliento se podría ver por el clima del lugar, hasta que mientras caminaba admirado el bosque, pudo escuchar el sonido del agua caer. Recordó algo sobre la información humana que había leído, entró a las aguas y camino hasta la cascada, se quedo para bajo torren que cae sobre ella, podría sentir como el agua golpea su piel, es como alfileres qué impactan con su piel. Aunque en si era molesto e incómodo, no se movió, de quedo ahí con los ojos cerrados, con el agua helada recorrer su piel, no estaba temblando, se resistía, toleraba la carga del agua, solo se quedo ahi para meditar. -
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  • Estar sola están aburrido... ojalá tener compañía...
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  • “A veces, el viento trae ecos de una voz que ya no existe. El tiempo para los humanos es un parpadeo, pero para mí, cada siglo es una cicatriz de plata. Tú ves el amanecer con esperanza; yo solo veo el final de mi dominio sobre la noche.”
    “A veces, el viento trae ecos de una voz que ya no existe. El tiempo para los humanos es un parpadeo, pero para mí, cada siglo es una cicatriz de plata. Tú ves el amanecer con esperanza; yo solo veo el final de mi dominio sobre la noche.”
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