• Apenas una noche ahí atrapados había sido suficiente para poner a prueba los límites de su cordura. Menos el suyo, por supuesto, puesto que apreciaba la calma, el silencio, y las estimulantes lecturas sobre túneles mágicos. El único fan de ellos era, claro, y evidenciado había quedado con el fuego que cruelmente consumió su revista. Descance en paz, Túneles Mágicos: Ilustrado #30. (??)

    —¡Hey! ¡Te estoy hablando! —Gritó a uno de los guardias que iba pasando por el pasillo, asomándose por los barrotes de la ventana en la puerta. Fútil esfuerzo, ¿es que recibieron órdenes de ignorarlos?

    —Ni siquiera voltean a verme y no hay señal alguna de Sarah —se dio media vuelta y anunció con desanimo aquello. No sabía si el título entre la más impaciente de esa celda lo ganaba Kazuha o Kyrie , y no quería estar ahí mucho más tiempo para que la contienda se prolongase.

    Nicole Rendaia lo estaba pasando estoícamente bien, pero no era difícil intuir que salir de ahí le era tan apremiante como para el resto.

    Catorce horas, aproximadamente, habían pasado desde su captura. Confiar en la palabra de Sarah se presentó inicialmente como la opción más sensata, pero cada minuto que el cautiverio se extendía, lucía como una idea cada vez peor.

    ¿Y en cuanto al rescate por parte de Anyel y su grupo? Aunque llegasen a Nwitta sin complicaciones, sería prácticamente imposible para ellos adivinar a cuál de las varias prisiones bajo la jurisdicción de los vigilantes habían sido llevados. Ni él mismo tenía la certeza, y eso que todas conocía bastante bien.

    —Creo que es momento de que empecemos a planear nuestro propio escape. ¿Alguien tiene alguna idea?

    Él tenía varias, de hecho, pero quería escuchar las de ellas primero. Para terminar por descartarlas por locas, arriesgadas, imposibles o caraclísmicas, muy seguramente. (?)
    Apenas una noche ahí atrapados había sido suficiente para poner a prueba los límites de su cordura. Menos el suyo, por supuesto, puesto que apreciaba la calma, el silencio, y las estimulantes lecturas sobre túneles mágicos. El único fan de ellos era, claro, y evidenciado había quedado con el fuego que cruelmente consumió su revista. Descance en paz, Túneles Mágicos: Ilustrado #30. (??) —¡Hey! ¡Te estoy hablando! —Gritó a uno de los guardias que iba pasando por el pasillo, asomándose por los barrotes de la ventana en la puerta. Fútil esfuerzo, ¿es que recibieron órdenes de ignorarlos? —Ni siquiera voltean a verme y no hay señal alguna de Sarah —se dio media vuelta y anunció con desanimo aquello. No sabía si el título entre la más impaciente de esa celda lo ganaba [K4zuha] o [forever.broken], y no quería estar ahí mucho más tiempo para que la contienda se prolongase. [vortex_emerald_pigeon_594] lo estaba pasando estoícamente bien, pero no era difícil intuir que salir de ahí le era tan apremiante como para el resto. Catorce horas, aproximadamente, habían pasado desde su captura. Confiar en la palabra de Sarah se presentó inicialmente como la opción más sensata, pero cada minuto que el cautiverio se extendía, lucía como una idea cada vez peor. ¿Y en cuanto al rescate por parte de Anyel y su grupo? Aunque llegasen a Nwitta sin complicaciones, sería prácticamente imposible para ellos adivinar a cuál de las varias prisiones bajo la jurisdicción de los vigilantes habían sido llevados. Ni él mismo tenía la certeza, y eso que todas conocía bastante bien. —Creo que es momento de que empecemos a planear nuestro propio escape. ¿Alguien tiene alguna idea? Él tenía varias, de hecho, pero quería escuchar las de ellas primero. Para terminar por descartarlas por locas, arriesgadas, imposibles o caraclísmicas, muy seguramente. (?)
    Me enjaja
    9
    8 turnos 0 maullidos
  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙

    La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos.

    No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio.

    —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz.

    — Quizás —respondió.

    — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa.

    — ¿Eso le molesta?

    —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso.

    El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó.

    — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse.

    — Porque necesito creer que alguien escucha.

    El sacerdote se limita a asentir lentamente.

    — Ya veo.

    — ¿Y usted? ¿Por qué reza?

    Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía.

    — Curiosidad.

    La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos.

    — Esa es una razón extraña para un sacerdote.

    Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor.

    — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no.



    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❝𝑫𝒆𝒔 𝒑𝒓𝒊𝒆̀𝒓𝒆𝒔 𝒒𝒖𝒊 𝒓𝒆𝒄̧𝒐𝒊𝒗𝒆𝒏𝒕 𝒖𝒏𝒆 𝒓𝒆́𝒑𝒐𝒏𝒔𝒆❞ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ #𝑚𝑜𝑛𝑜𝑟𝑜𝑙 La iglesia llevaba cerrada casi una hora, y las últimas velas consumían lentamente sus llamas frente al altar mientras el resto del edificio permanecía sumido en silencio. Evander permanecido en silencio durante el rito sagrado en la sacristía, pero no estaba solo; pues una mujer ocupaba uno de los primeros bancos. No rezaba. Tampoco parecía especialmente interesada en hacerlo. Simplemente permanecía allí, observando la cruz suspendida sobre el altar como si esperara que esta tuviera algo que decirle. Y entonces, Chevalier abrió los ojos, girando el rostro al costado derecho para poder observar a sus espaldas a quien permanece en silencio. —La mayoría de las personas que vienen a estas horas buscan estar a solas —rompió el silencio, algo que hizo a la mujer apartar la vista de la cruz. — Quizás —respondió. — Y sin embargo sigue aquí —el rosario entre sus manos se menea con ligereza ante el poco movimiento, con la cruz apuntando al sacrosanto crucificado frente suyo. Ella soltó una pequeña sonrisa. — ¿Eso le molesta? —No —el padre Chevalier observó las velas durante unos segundos antes de devolver la mirada vuelta a ella—. Solo me vuelve curioso. El silencio se prolongó entre ambos, siendo el sonido del fuego crepitar entre algunas velas y los inciensos. El silencio se prolongó entre ambos hasta que fue Evander quien continuó. — ¿Por qué reza? —devolvió su rostro hacia delante una vez más, esperando una respuesta o el silencio de parte de la mujer, quien pareció sorprenderse. — Porque necesito creer que alguien escucha. El sacerdote se limita a asentir lentamente. — Ya veo. — ¿Y usted? ¿Por qué reza? Por primera vez alzó la mirada hacia el altar de ello. La mirada permanece fija en los clavos tallados del Nazareno, en la sangre y la imagen de mártir que lo precede. Saboreaba una respuesta en la punta de la lengua, entreabriendo los labios al punto de no emitir algo todavía. — Curiosidad. La respuesta hizo que ella frunciera el ceño, evaluando una respuesta tan inesperada, y quizás una que rozaba con salirse de los morales dogmáticos. — Esa es una razón extraña para un sacerdote. Una leve sonrisa aparece entonces en el rostro del inquisidor. — Las personas rezan esperando encontrar respuestas. Yo rezo porque las preguntas siguen mejorando. Es la única razón por la que vale la pena formular una pregunta si uno está preparado para aceptar cualquier respuesta. Sea incómoda o no. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ † ─────────────────── † ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎https://youtu.be/9BONcpuDcrc ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ † ─────────⟡ ✟ ⟡───────── †
    Me gusta
    Me encocora
    12
    0 turnos 0 maullidos
  • Aikaterine Ouro
    Se había encontrado con aquel planeta mientras viajaba por la galaxia en busca de un nuevo objetivo que cazar. Se trataba del planeta Tierra. Al recorrer a toda velocidad los alrededores de aquella ciudad a la que había llegado abordo de su moto gravitatoria, notó que guardaba cierta similitud con el planeta del que ella provenía. La arquitectura de algunos de los edificios, que ella dedujo, pertenecían a una época antigua, se parecía demasiado a la de las pagodas de los palacios de Chogoris. Palacios donde habían habitado legendarios emperadores dorados, cuyo mandato Janei había llevado a su fin.

    Lo que la Khan habría esperado que fuera una noche de cacería y exploración de territorio nuevo cambió abruptamente cuando, al cabo de un rato, percibió un cambio en el aire; una sensación que no le era del todo desconocida, se filtró en forma de adrenalina que corría con fuerza en su interior y le puso rígida la columna. Afiló sus ojos almendrados. A menudo era ella quien provocaba aquella sensación, igual que un halcón planeando en los cielos, pero los papeles podían invertirse. Hacía mucho que eso no ocurría.

    «Yo soy el objetivo». Pensó.

    Detuvo la moto gravitatoria y se bajó de ella de un salto.

    —¿Vamos a seguir prolongando este juego? –la voz de la Gran Khan reverberó en el sendero solitario. Desenvainó su dao–. Ven aquí y muéstrate.
    [Mercenary1x] Se había encontrado con aquel planeta mientras viajaba por la galaxia en busca de un nuevo objetivo que cazar. Se trataba del planeta Tierra. Al recorrer a toda velocidad los alrededores de aquella ciudad a la que había llegado abordo de su moto gravitatoria, notó que guardaba cierta similitud con el planeta del que ella provenía. La arquitectura de algunos de los edificios, que ella dedujo, pertenecían a una época antigua, se parecía demasiado a la de las pagodas de los palacios de Chogoris. Palacios donde habían habitado legendarios emperadores dorados, cuyo mandato Janei había llevado a su fin. Lo que la Khan habría esperado que fuera una noche de cacería y exploración de territorio nuevo cambió abruptamente cuando, al cabo de un rato, percibió un cambio en el aire; una sensación que no le era del todo desconocida, se filtró en forma de adrenalina que corría con fuerza en su interior y le puso rígida la columna. Afiló sus ojos almendrados. A menudo era ella quien provocaba aquella sensación, igual que un halcón planeando en los cielos, pero los papeles podían invertirse. Hacía mucho que eso no ocurría. «Yo soy el objetivo». Pensó. Detuvo la moto gravitatoria y se bajó de ella de un salto. —¿Vamos a seguir prolongando este juego? –la voz de la Gran Khan reverberó en el sendero solitario. Desenvainó su dao–. Ven aquí y muéstrate.
    Me gusta
    1
    12 turnos 0 maullidos
  • ”No entiendo los tropos de los libros sobre vampiros. Para empezar, el sol no me quema al instante al más mínimo rayo de luz, sino que me enrojece o me provoca quemaduras de a poco, lo cuál es peligroso si estoy expuesto de forma prolongada, y no me convierto en polvo. Además, el ajo no me gusta por cuestión personal, no por ser un vampiro, ¿Y porque tendría un problema con los crucifijos? Bueno no he preguntado a otros vampiros, nunca me he topado con ninguno, pero lo que puedo sacar en claro es que Crepúsculo y Blade no son adaptaciones tan malas... Excepto cuando Edward brilla como una bola de discoteca, al menos eso fue divertido de ver.”
    ”No entiendo los tropos de los libros sobre vampiros. Para empezar, el sol no me quema al instante al más mínimo rayo de luz, sino que me enrojece o me provoca quemaduras de a poco, lo cuál es peligroso si estoy expuesto de forma prolongada, y no me convierto en polvo. Además, el ajo no me gusta por cuestión personal, no por ser un vampiro, ¿Y porque tendría un problema con los crucifijos? Bueno no he preguntado a otros vampiros, nunca me he topado con ninguno, pero lo que puedo sacar en claro es que Crepúsculo y Blade no son adaptaciones tan malas... Excepto cuando Edward brilla como una bola de discoteca, al menos eso fue divertido de ver.”
    Me enjaja
    Me gusta
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • #RolOn

    El bufón permanecía arrodillado ante su real alteza, inmóvil sobre el mármol frío del salón. Su traje tableado, dividido entre negro y rojo, resaltaba entre la sobriedad de la corte, mientras las pequeñas campanas de su gorro tintineaban apenas al respirar.

    Era nuevo en el reino. Aún no conocía del todo las reglas ni el temperamento de quienes ocupaban el castillo, pero esta vez deseaba cumplir correctamente con su deber. Hacer reír, aunque fuera una sola vez, a quien llevara el peso de la corona. Después de todo, ¿qué otro fin tendría un bufón? Sería inútil.
    #RolOn El bufón permanecía arrodillado ante su real alteza, inmóvil sobre el mármol frío del salón. Su traje tableado, dividido entre negro y rojo, resaltaba entre la sobriedad de la corte, mientras las pequeñas campanas de su gorro tintineaban apenas al respirar. Era nuevo en el reino. Aún no conocía del todo las reglas ni el temperamento de quienes ocupaban el castillo, pero esta vez deseaba cumplir correctamente con su deber. Hacer reír, aunque fuera una sola vez, a quien llevara el peso de la corona. Después de todo, ¿qué otro fin tendría un bufón? Sería inútil.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    4
    7 turnos 0 maullidos
  • Tras una expedición prolongada, he llegado a Catarina, donde he tenido el placer de reencontrarme con un estimado colega, Siegward. Él me brindó su asistencia al prestarme su yelmo en un momento de necesidad, cuando me vi en la obligación de empeñar el mío.

    Sin su invaluable apoyo, esta travesía no habría sido posible y mi propósito se habría desvanecido, lo que podría haberme llevado a una situación de desequilibrio, similar a la que enfrentaron los miembros de mi clan.
    Tras una expedición prolongada, he llegado a Catarina, donde he tenido el placer de reencontrarme con un estimado colega, Siegward. Él me brindó su asistencia al prestarme su yelmo en un momento de necesidad, cuando me vi en la obligación de empeñar el mío. Sin su invaluable apoyo, esta travesía no habría sido posible y mi propósito se habría desvanecido, lo que podría haberme llevado a una situación de desequilibrio, similar a la que enfrentaron los miembros de mi clan.
    Me encocora
    Me gusta
    6
    0 turnos 0 maullidos
  • //Escena explícita en comentarios//

    Kazuo caminó durante varios días por el bosque, implorando que la senda se abriera para atravesar aquel umbral que lo llevaba a las tierras de Brattvåg.

    Finalmente, después de tres días caminando casi sin descanso, el bosque se abrió. A lo lejos pudo divisar el bastión fortificado custodiado por la reina escarlata.

    Kazuo soltó un trémulo suspiro que rompió el silencio de la noche. Al fin había regresado.

    Le había dicho a Elizabeth que su ausencia podría durar unos tres días aproximadamente; y que, si pasaba de ese tiempo, si el bosque no le daba paso, podrían ser meses. Su tarea y su viaje por el bosque se habían prolongado hasta sobrepasar una semana entera.

    Deseaba con todas sus fuerzas volver a Brattvåg e ir en busca de ella. Pero aún tenía que hacer algo más: enviar a su diosa una última oración, una propia por primera vez en su vida.

    Aquel día, Kazuo cumplía mil doscientos treinta y tres años. Y tan solo quería un pequeño regalo: que su diosa de la cosecha y la abundancia hiciera que los cultivos de Brattvåg prosperasen. Que aquella mañana, cuando los agricultores vieran sus tierras, creyeran en los milagros. Que comprendieran que la esperanza era lo último que debían perder, que la lucha y el esfuerzo merecían recompensa.

    Esa noche, el cielo se tiñó de azul. El kitsune danzó para Inari, elevando su oración a los cielos. A lo lejos se verían estelas de color zafiro, su color distintivo.

    Kazuo sabía que aquello podría alertar a los soldados de Brattvåg. Pero también sabía que ella reconocería aquel color tan particular.

    En caso de que viera a los soldados dirigirse hacia él, desaparecería entre las sombras para no ser reconocido. O incluso dejaría que su verdadera forma se hiciera presente para mantenerse en el anonimato.
    //⚠️🔥Escena explícita en comentarios// Kazuo caminó durante varios días por el bosque, implorando que la senda se abriera para atravesar aquel umbral que lo llevaba a las tierras de Brattvåg. Finalmente, después de tres días caminando casi sin descanso, el bosque se abrió. A lo lejos pudo divisar el bastión fortificado custodiado por la reina escarlata. Kazuo soltó un trémulo suspiro que rompió el silencio de la noche. Al fin había regresado. Le había dicho a Elizabeth que su ausencia podría durar unos tres días aproximadamente; y que, si pasaba de ese tiempo, si el bosque no le daba paso, podrían ser meses. Su tarea y su viaje por el bosque se habían prolongado hasta sobrepasar una semana entera. Deseaba con todas sus fuerzas volver a Brattvåg e ir en busca de ella. Pero aún tenía que hacer algo más: enviar a su diosa una última oración, una propia por primera vez en su vida. Aquel día, Kazuo cumplía mil doscientos treinta y tres años. Y tan solo quería un pequeño regalo: que su diosa de la cosecha y la abundancia hiciera que los cultivos de Brattvåg prosperasen. Que aquella mañana, cuando los agricultores vieran sus tierras, creyeran en los milagros. Que comprendieran que la esperanza era lo último que debían perder, que la lucha y el esfuerzo merecían recompensa. Esa noche, el cielo se tiñó de azul. El kitsune danzó para Inari, elevando su oración a los cielos. A lo lejos se verían estelas de color zafiro, su color distintivo. Kazuo sabía que aquello podría alertar a los soldados de Brattvåg. Pero también sabía que ella reconocería aquel color tan particular. En caso de que viera a los soldados dirigirse hacia él, desaparecería entre las sombras para no ser reconocido. O incluso dejaría que su verdadera forma se hiciera presente para mantenerse en el anonimato.
    Me encocora
    Me gusta
    3
    18 turnos 1 maullido
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    Después de un prolongado Hiatus, oficialmente volveré a la cuenta. Editaré el fijado y cambiaré las descripciones por mini fichas.
    Después de un prolongado Hiatus, oficialmente volveré a la cuenta. Editaré el fijado y cambiaré las descripciones por mini fichas.
    Me gusta
    Me encocora
    Me endiabla
    Me shockea
    10
    7 comentarios 0 compartidos
  • 𝙰 𝚕𝚘𝚜𝚝 𝚋𝚞𝚕𝚕𝚎𝚝: "Бизнес".
    Fandom Mafia
    Categoría Drama
    Durante años, desde una edad temprana había tomado control de la mayor parte de San Petersburgo, dominando el mercado negro y fomentando las apuestas mediante los juegos de azar. Algo que le entretenía bastante. Poco a poco fue haciéndose del control de la ciudad desde las sombras, actuando con sigilo y en el casi completo anonimato mientras dejaba que otros grupos, otras familias se mataran entre sí para tomar el control por la fuerza. Pero él, se acopló de manera inteligente a través del soborno, la manipulación y el ofrecimiento de favores que sin duda más tarde cobraría. Había construido algo propio, sin embargo, el mundo cambia.

    Ahora, tras varios eventos que involucran la lucha de territorio, el orden mundial y riñas familiares, hasta hace poco le llegó una notificación que era a hijo de Di Vincenzo, un Capo de la mafia italiana que se dedicó a no solo construir un imperio, sino a dejar vástagos alrededor del mundo. El muy hijo de perra sabía lo que tenía, no solo financieramente…y fue entonces que un día una de sus hermanas le reveló su árbol familiar. Ahora, el caos en su vida no paraba de crecer, y eso tan solo hacía crecer su molestia, pues todo se le estaba saliendo de las manos.

    Durante un encargo para visitar Corea del Sur su ausencia en Rusia comenzaba a prolongarse más de lo programado. Tras su visita en Corea fue hasta Italia para la reunión familiar. No podía postergarlo más, tenía que volver o los demás notarían su ausencia. No acostumbraba a que fuese por mucho tiempo.

    Finalmente volvió y los informantes que tenía le comentaron sobre un nuevo Capo de la Bratva… Y cuando el cambio de líderes se daba, siempre había caos. Tenía que poner orden antes de que su grupo desapareciera. Y para eso, tenía que reunirse con la mesa para poder hacer acto de presencia y lidiar con ello. Mejor dicho, negociar su existencia, aunque podía suponer diversos resultados de aquella plática.

    En esta ocasión llevó únicamente a su mano derecha Dimitri, quien había sido su amigo desde la infancia, aunque mayor que él, pero siempre apoyando cada decisión que tomaba. Lo que la mafia italiana denominaba Consigliere. Ambos fueron guiados hacia la oficina donde al parecer los atenderían para comenzar con la charla. Tenía la esperanza de que el nuevo líder fuese alguien razonable para aceptar las propuestas que traían consigo para poder acordar un aumento significativo en ambas partes.

    Mαrαl Roмαɴov
    Durante años, desde una edad temprana había tomado control de la mayor parte de San Petersburgo, dominando el mercado negro y fomentando las apuestas mediante los juegos de azar. Algo que le entretenía bastante. Poco a poco fue haciéndose del control de la ciudad desde las sombras, actuando con sigilo y en el casi completo anonimato mientras dejaba que otros grupos, otras familias se mataran entre sí para tomar el control por la fuerza. Pero él, se acopló de manera inteligente a través del soborno, la manipulación y el ofrecimiento de favores que sin duda más tarde cobraría. Había construido algo propio, sin embargo, el mundo cambia. Ahora, tras varios eventos que involucran la lucha de territorio, el orden mundial y riñas familiares, hasta hace poco le llegó una notificación que era a hijo de Di Vincenzo, un Capo de la mafia italiana que se dedicó a no solo construir un imperio, sino a dejar vástagos alrededor del mundo. El muy hijo de perra sabía lo que tenía, no solo financieramente…y fue entonces que un día una de sus hermanas le reveló su árbol familiar. Ahora, el caos en su vida no paraba de crecer, y eso tan solo hacía crecer su molestia, pues todo se le estaba saliendo de las manos. Durante un encargo para visitar Corea del Sur su ausencia en Rusia comenzaba a prolongarse más de lo programado. Tras su visita en Corea fue hasta Italia para la reunión familiar. No podía postergarlo más, tenía que volver o los demás notarían su ausencia. No acostumbraba a que fuese por mucho tiempo. Finalmente volvió y los informantes que tenía le comentaron sobre un nuevo Capo de la Bratva… Y cuando el cambio de líderes se daba, siempre había caos. Tenía que poner orden antes de que su grupo desapareciera. Y para eso, tenía que reunirse con la mesa para poder hacer acto de presencia y lidiar con ello. Mejor dicho, negociar su existencia, aunque podía suponer diversos resultados de aquella plática. En esta ocasión llevó únicamente a su mano derecha Dimitri, quien había sido su amigo desde la infancia, aunque mayor que él, pero siempre apoyando cada decisión que tomaba. Lo que la mafia italiana denominaba Consigliere. Ambos fueron guiados hacia la oficina donde al parecer los atenderían para comenzar con la charla. Tenía la esperanza de que el nuevo líder fuese alguien razonable para aceptar las propuestas que traían consigo para poder acordar un aumento significativo en ambas partes. [Maral_Romanov]
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    1
    6 turnos 0 maullidos
  • A Quiet Place
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    «La vida es una ruleta, dónde todos formamos parte. No hay nada más qué odie que la absurda consciencia humana y la depravación qué, cómo consecuencia; deja rastros de caos y daños colaterales»

    ─¿Qué estoy haciendo aquí ─preguntó el voz alta el hombre mientras se abría paso en un encharcado camino lleno de vegetación silvestre y fango dónde se atoraban sus botas.

    Todo comenzó con la noticia de experimentos clandestinos qué una organización llevaba a cabo en Uganda en África.
    El comandante Chris Redfield fue enviado a investigar la zona, en la frontera del lugar. En conjunto con grupo de experimentados hombres. Sin embargo, las cosas habían ido de mal en peor. No solo porque apenas descendieron del helicóptero local fueron emboscados, también porque los cinco hombres a cargo del comandante habían sido masacrados por una figura "invisible".
    Parecía una película de ciencia ficción, pues ni la experiencia del hombre había servido para salvaguardar a su pelotón.

    La noche comenzaba a caer, con ello un frío que calaba los huesos. La sangre y los cadáveres alrededor suyo no hacían más que prolongar la desesperación en él.

    Se hallaba con una rodilla sobre el fango, el rifle de asalto M4A1 contra su pecho y los sentidos prestos en su totalidad para disernir una pista que pudiera hacerle sobrevivir. No había comunicación con la base africana, la munición propia era escasa, por lo que no le quedó de otra que revisar los cadáveres y hacerse con un poco del equipamento de sus hombres caídos.

    ─Balas, pistola, linterna, baterías... Me llevaré también esta mochila...─hizo una pausa a sus pensamientos mientras retiraba del cuerpo la mochila y la rellenaba con armamento qué "ellos" ya no usarían ─El cuchillo también ─dijo retirándolo del cinturón de Michael y adaptándolo al propio en el costado derecho.

    Levantó la muñeca izquierda contemplando el reloj inteligente dónde un punto luminoso señalaba una geolocalización.

    ─En marcha, Redfield... No hay nada más qué hacer aquí ─exclamó para sí en un intento de tranquilizarse.

    Algo asechaba constantemente, algo que lo tenía por presa. El hombre se levantó, mantuvo el arma cerca del pecho. Revisó el cargador, volvió a colocarlo y cargó el arma.

    ─Seas lo que seas, te topaste con la persona equivocada.




    «La vida es una ruleta, dónde todos formamos parte. No hay nada más qué odie que la absurda consciencia humana y la depravación qué, cómo consecuencia; deja rastros de caos y daños colaterales» ─¿Qué estoy haciendo aquí ─preguntó el voz alta el hombre mientras se abría paso en un encharcado camino lleno de vegetación silvestre y fango dónde se atoraban sus botas. Todo comenzó con la noticia de experimentos clandestinos qué una organización llevaba a cabo en Uganda en África. El comandante Chris Redfield fue enviado a investigar la zona, en la frontera del lugar. En conjunto con grupo de experimentados hombres. Sin embargo, las cosas habían ido de mal en peor. No solo porque apenas descendieron del helicóptero local fueron emboscados, también porque los cinco hombres a cargo del comandante habían sido masacrados por una figura "invisible". Parecía una película de ciencia ficción, pues ni la experiencia del hombre había servido para salvaguardar a su pelotón. La noche comenzaba a caer, con ello un frío que calaba los huesos. La sangre y los cadáveres alrededor suyo no hacían más que prolongar la desesperación en él. Se hallaba con una rodilla sobre el fango, el rifle de asalto M4A1 contra su pecho y los sentidos prestos en su totalidad para disernir una pista que pudiera hacerle sobrevivir. No había comunicación con la base africana, la munición propia era escasa, por lo que no le quedó de otra que revisar los cadáveres y hacerse con un poco del equipamento de sus hombres caídos. ─Balas, pistola, linterna, baterías... Me llevaré también esta mochila...─hizo una pausa a sus pensamientos mientras retiraba del cuerpo la mochila y la rellenaba con armamento qué "ellos" ya no usarían ─El cuchillo también ─dijo retirándolo del cinturón de Michael y adaptándolo al propio en el costado derecho. Levantó la muñeca izquierda contemplando el reloj inteligente dónde un punto luminoso señalaba una geolocalización. ─En marcha, Redfield... No hay nada más qué hacer aquí ─exclamó para sí en un intento de tranquilizarse. Algo asechaba constantemente, algo que lo tenía por presa. El hombre se levantó, mantuvo el arma cerca del pecho. Revisó el cargador, volvió a colocarlo y cargó el arma. ─Seas lo que seas, te topaste con la persona equivocada.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    Me enjaja
    7
    10 turnos 0 maullidos
Ver más resultados
Patrocinados