• °Decidida a que comenzaría desde cero —otra jodida vez—, me levanté de la cama y caminé directo al baño de una forma un tanto tambaleante.

    Con el desmaquillante comencé a borrar cada trazo de mi rostro, como si cada línea, cada sombra, fuera un error que debía desaparecer.
    Luego vinieron los piercings.
    Uno a uno, los fui quitando en silencio y dejándolos caer en el lavamanos.
    Después los tatuajes.

    Me los arranqué y no de una forma "emocional" , literalmente me los quite,como si fuera una serpiente mudando de piel,
    como si pudiera desprender de mi cuerpo todo lo que alguna vez me hizo sentir fuerte.
    Aquella " piel vieja" caían en espiral,
    hundidos al fondo del retrete como recuerdos que ya no quería volver a ver.

    Por un momento, mi rostro quedó en blanco.
    Sin expresión. Sin cicatriz. Sin historia.
    Una muñeca completamente limpia.°

    –"...."

    °Deslicé mi mano por la piel recién despojada de mi máscara…
    Y apagué la luz del baño.°
    °Decidida a que comenzaría desde cero —otra jodida vez—, me levanté de la cama y caminé directo al baño de una forma un tanto tambaleante. Con el desmaquillante comencé a borrar cada trazo de mi rostro, como si cada línea, cada sombra, fuera un error que debía desaparecer. Luego vinieron los piercings. Uno a uno, los fui quitando en silencio y dejándolos caer en el lavamanos. Después los tatuajes. Me los arranqué y no de una forma "emocional" , literalmente me los quite,como si fuera una serpiente mudando de piel, como si pudiera desprender de mi cuerpo todo lo que alguna vez me hizo sentir fuerte. Aquella " piel vieja" caían en espiral, hundidos al fondo del retrete como recuerdos que ya no quería volver a ver. Por un momento, mi rostro quedó en blanco. Sin expresión. Sin cicatriz. Sin historia. Una muñeca completamente limpia.° –"...." °Deslicé mi mano por la piel recién despojada de mi máscara… Y apagué la luz del baño.°
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  • El sitio es una puta trampa. Lo supe en cuanto crucé la verja rota. El contacto aseguró que el objetivo estaría solo. Michele De Santis, contador del clan Costa. Tenía que ser una ejecución rápida, limpia, sin testigos. Pero alguien le advirtió, porque hay movimiento. Dos hombres más, armados. Uno con una escopeta, y el otro parece nervioso, lo suficiente como para disparar antes de preguntar.

    Me agacho tras un bidón. Reviso el arma. Silenciador colocado, cargador completo. No tengo margen de error. No con un puto cartucho de escopeta apuntando a cada rincón.

    Escucho pasos a la izquierda. Uno de los tipos. Lo espero, dejo que cruce el ángulo muerto y cuando pasa junto a mí, lo agarro por la nuca, cuchillo en la garganta, directo. Cae sin ruido.

    Entonces el otro grita algo y dispara.

    El primer impacto me roza la pierna derecha. Siento el ardor al instante. No me detengo a comprobar si es grave. Me lanzo hacia un montón de madera podrida, disparo dos veces, lo escucho gritar, pero sigue vivo. Cambia de posición. Escopeta de corredera. Malas noticias si acierta el segundo.

    Corto el ángulo. Lo rodeo y tiro el cuchillo acertando en el hombro. Se desequilibra, así que me lanzo encima en un pequeño forcejeo. No me tiembla el pulso. Tres disparos cortos. Respira una vez y muere.

    Y entonces lo veo.

    Michele arriba corriendo. Segunda planta. Disparo y lo roza cayéndose.

    Subo con la pierna sangrando. Me arde, me quema. Aún así sigo. Me apoyo en la barandilla y lo alcanzo. Suplica. Pero le disparo en la cabeza sin decir nada.

    Silencio.

    El almacén queda vacío. El cuerpo de Michele en el suelo. Mi sangre en la pierna. Camino hacia la salida con la respiración acelerada. No sé si de dolor o de rabia. El encargo está cumplido, pero alguien mintió. No estaba solo, el informe estaba mal. Pudo haber salido peor y eso no se tolera.

    Salgo cojeando. Afuera llueve. Borra rastros. Camino dos calles hasta donde dejé la moto. Me subo.

    El muslo me duele. La sangre sigue fluyendo. No me va a matar, pero va a dejar una marca. Otra más. Aprieto los dientes. Ya pensaré después si me lo coso sola o llamo a alguien.

    Ahora solo quiero salir de aquí.
    El sitio es una puta trampa. Lo supe en cuanto crucé la verja rota. El contacto aseguró que el objetivo estaría solo. Michele De Santis, contador del clan Costa. Tenía que ser una ejecución rápida, limpia, sin testigos. Pero alguien le advirtió, porque hay movimiento. Dos hombres más, armados. Uno con una escopeta, y el otro parece nervioso, lo suficiente como para disparar antes de preguntar. Me agacho tras un bidón. Reviso el arma. Silenciador colocado, cargador completo. No tengo margen de error. No con un puto cartucho de escopeta apuntando a cada rincón. Escucho pasos a la izquierda. Uno de los tipos. Lo espero, dejo que cruce el ángulo muerto y cuando pasa junto a mí, lo agarro por la nuca, cuchillo en la garganta, directo. Cae sin ruido. Entonces el otro grita algo y dispara. El primer impacto me roza la pierna derecha. Siento el ardor al instante. No me detengo a comprobar si es grave. Me lanzo hacia un montón de madera podrida, disparo dos veces, lo escucho gritar, pero sigue vivo. Cambia de posición. Escopeta de corredera. Malas noticias si acierta el segundo. Corto el ángulo. Lo rodeo y tiro el cuchillo acertando en el hombro. Se desequilibra, así que me lanzo encima en un pequeño forcejeo. No me tiembla el pulso. Tres disparos cortos. Respira una vez y muere. Y entonces lo veo. Michele arriba corriendo. Segunda planta. Disparo y lo roza cayéndose. Subo con la pierna sangrando. Me arde, me quema. Aún así sigo. Me apoyo en la barandilla y lo alcanzo. Suplica. Pero le disparo en la cabeza sin decir nada. Silencio. El almacén queda vacío. El cuerpo de Michele en el suelo. Mi sangre en la pierna. Camino hacia la salida con la respiración acelerada. No sé si de dolor o de rabia. El encargo está cumplido, pero alguien mintió. No estaba solo, el informe estaba mal. Pudo haber salido peor y eso no se tolera. Salgo cojeando. Afuera llueve. Borra rastros. Camino dos calles hasta donde dejé la moto. Me subo. El muslo me duele. La sangre sigue fluyendo. No me va a matar, pero va a dejar una marca. Otra más. Aprieto los dientes. Ya pensaré después si me lo coso sola o llamo a alguien. Ahora solo quiero salir de aquí.
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  • Hora de ir a trabajar, con motivación para llegar al mismo objetivo de siempre: Tener un buen trabajo sin sacrificar a ningún trabajador humano que cometa algún error

    Eso me digo todos los días pero aun así me hacen enojar y tengo un mal día
    Hora de ir a trabajar, con motivación para llegar al mismo objetivo de siempre: Tener un buen trabajo sin sacrificar a ningún trabajador humano que cometa algún error Eso me digo todos los días pero aun así me hacen enojar y tengo un mal día
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  • Pérdida de la razón

    (Primera etapa: la negación) ( @El Murmullo)

    –“Aún no lo entiendo. Aún quería aferrarme a la idea de que todo lo que pasó fue solo un mal sueño…
    Quería creer que lo que hice no estuvo mal.
    Quería pensar que la del error no era yo.")

    °Tal vez si recordaba todo lo que hice mal, tal vez... solo tal vez, podría entender lo que estaba ocurriendo.

    Pero no importa.
    No quiero aceptar que esto está pasando.
    No quiero aceptar que mi miedo a sentir, mi miedo a aferrarme a alguien...
    sea la razón por la que ahora estoy sola.°

    °Mi tristeza me arrastró hasta la fría comodidad de mi cama.
    Aunque la ropa me estorbaba, la verdad era que lo que realmente deseaba era arrancarme de encima estos sentimientos que me carcomían la piel.
    Y, al parecer, quitarme las prendas fue la única forma que encontré de sentirme libre.°

    —"¿Pobre…?"

    —"¿Pero por qué? No pasó nada... Tal vez lo único que necesitábamos era tiempo… sí, eso.

    Tal vez el error fue de él, y no mío…"

    °Con los ojos nublados por las lágrimas y el desconcierto, miré hacia la puerta.
    Vi una sombra.
    Por un instante, parecía que todo había sido un mal sueño, y comencé a reír, desesperada, mientras las lágrimas escapaban sin control.°

    —Volviste…
    Lo sabía… sabía que todo fue una mentira.
    ¿Me fui por mucho tiempo, verdad?

    °A veces la tristeza es tanta que nos hace ver y sentir cosas solo para que el cuerpo pueda seguir.
    Pero para mí, esto era tan real…
    que, honestamente, no importaba si moría en ese momento.°
    Pérdida de la razón (Primera etapa: la negación) ( @El Murmullo) 💭 –“Aún no lo entiendo. Aún quería aferrarme a la idea de que todo lo que pasó fue solo un mal sueño… Quería creer que lo que hice no estuvo mal. Quería pensar que la del error no era yo.") °Tal vez si recordaba todo lo que hice mal, tal vez... solo tal vez, podría entender lo que estaba ocurriendo. Pero no importa. No quiero aceptar que esto está pasando. No quiero aceptar que mi miedo a sentir, mi miedo a aferrarme a alguien... sea la razón por la que ahora estoy sola.° °Mi tristeza me arrastró hasta la fría comodidad de mi cama. Aunque la ropa me estorbaba, la verdad era que lo que realmente deseaba era arrancarme de encima estos sentimientos que me carcomían la piel. Y, al parecer, quitarme las prendas fue la única forma que encontré de sentirme libre.° —"¿Pobre…?" —"¿Pero por qué? No pasó nada... Tal vez lo único que necesitábamos era tiempo… sí, eso. Tal vez el error fue de él, y no mío…" °Con los ojos nublados por las lágrimas y el desconcierto, miré hacia la puerta. Vi una sombra. Por un instante, parecía que todo había sido un mal sueño, y comencé a reír, desesperada, mientras las lágrimas escapaban sin control.° —Volviste… Lo sabía… sabía que todo fue una mentira. ¿Me fui por mucho tiempo, verdad? °A veces la tristeza es tanta que nos hace ver y sentir cosas solo para que el cuerpo pueda seguir. Pero para mí, esto era tan real… que, honestamente, no importaba si moría en ese momento.°
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  • "Jugada Final"
    Mensaje no entregado.
    Uno. Otro. Y otro más.
    El teléfono temblaba entre sus dedos, no por una notificación… sino por las palabras que jamás llegarían.
    “Come back”, escribió por última vez, aunque sabía que del otro lado no había nadie. O peor aún, que sí había… pero ya no quería responder.

    En el mismo cuarto, un tablero de ajedrez se bañaba en rojo.

    No era pintura. No era vino. Era la memoria coagulada de una traición disfrazada de amor.

    Él había dicho: “Vamos a jugar limpio esta vez.”
    Pero ella sabía que en el amor, como en el ajedrez, la reina es la más poderosa…
    Y también la más sacrificable.

    Una pelea. Un error. Una confesión tardía.
    La partida terminó cuando los sentimientos dejaron de ser fichas y comenzaron a doler como cuchillas. Y cuando las piezas cayeron, lo hicieron con la fuerza de una historia que ya no podía sostenerse.

    Ahora, el silencio respondía los mensajes.
    Y el tablero, sangrante, era un altar.

    ¿Quién fue el que se fue? ¿Quién traicionó a quién?
    ¿Fue una guerra de orgullo? ¿Una muerte literal?
    ¿Una jugada demasiado perfecta… o demasiado cruel?
    "Jugada Final" Mensaje no entregado. Uno. Otro. Y otro más. El teléfono temblaba entre sus dedos, no por una notificación… sino por las palabras que jamás llegarían. “Come back”, escribió por última vez, aunque sabía que del otro lado no había nadie. O peor aún, que sí había… pero ya no quería responder. En el mismo cuarto, un tablero de ajedrez se bañaba en rojo. No era pintura. No era vino. Era la memoria coagulada de una traición disfrazada de amor. Él había dicho: “Vamos a jugar limpio esta vez.” Pero ella sabía que en el amor, como en el ajedrez, la reina es la más poderosa… Y también la más sacrificable. Una pelea. Un error. Una confesión tardía. La partida terminó cuando los sentimientos dejaron de ser fichas y comenzaron a doler como cuchillas. Y cuando las piezas cayeron, lo hicieron con la fuerza de una historia que ya no podía sostenerse. Ahora, el silencio respondía los mensajes. Y el tablero, sangrante, era un altar. ¿Quién fue el que se fue? ¿Quién traicionó a quién? ¿Fue una guerra de orgullo? ¿Una muerte literal? ¿Una jugada demasiado perfecta… o demasiado cruel?
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  • ℛ𝑜𝒷𝒾𝓃 🎵 ante aviso, no hay engaño ni error
    [Robin] ante aviso, no hay engaño ni error
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    | Tengo que reescribir mi ficha, viéndola ahora noto ciertos errores en la redacción y también, porque desarrolle más a Jean estos meses

    Igualmente, la edición que pienso hacerle no afectará a ninguna de las tramas que llevo ahora.
    | Tengo que reescribir mi ficha, viéndola ahora noto ciertos errores en la redacción y también, porque desarrolle más a Jean estos meses 🙉 Igualmente, la edición que pienso hacerle no afectará a ninguna de las tramas que llevo ahora.
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  • No recuerdo cuándo fue la primera. Quizá fue aquella vez en el bosque de Breval, cuando aún creía que un escudo bastaba para detenerlo todo. O tal vez antes, cuando aún tenía casa y madre, y el miedo era solo una palabra, no una marca.
    Las cicatrices no duelen, al menos no las viejas, pero algunas arden cuando pienso demasiado.

    Cuando me quito la ropa y las luces de la mañana me tocan la espalda, entonces las siento respirar. Como si no fueran mías del todo, como si pertenecieran a todos los que ya no están.
    Cada una tiene una historia, algunas breves, un corte por error, una caída, un entrenamiento torpe. Pero hay otras que no quiero recordar, las que no me hice con espada en mano, sino con el alma en silencio. Las que no cerraron con medicina, sino con el tiempo o con rabia.

    La mayoría no entiende que este cuerpo está más remendado que construido. Que hay zonas que ya no sienten y hay noches en que despierto tocándome el pecho, buscando si alguna se ha abierto otra vez.
    No recuerdo cuándo fue la primera. Quizá fue aquella vez en el bosque de Breval, cuando aún creía que un escudo bastaba para detenerlo todo. O tal vez antes, cuando aún tenía casa y madre, y el miedo era solo una palabra, no una marca. Las cicatrices no duelen, al menos no las viejas, pero algunas arden cuando pienso demasiado. Cuando me quito la ropa y las luces de la mañana me tocan la espalda, entonces las siento respirar. Como si no fueran mías del todo, como si pertenecieran a todos los que ya no están. Cada una tiene una historia, algunas breves, un corte por error, una caída, un entrenamiento torpe. Pero hay otras que no quiero recordar, las que no me hice con espada en mano, sino con el alma en silencio. Las que no cerraron con medicina, sino con el tiempo o con rabia. La mayoría no entiende que este cuerpo está más remendado que construido. Que hay zonas que ya no sienten y hay noches en que despierto tocándome el pecho, buscando si alguna se ha abierto otra vez.
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  • Ella vio un mundo mejor. Ella vio un mundo en que la magia blanca triunfaba sobre la oscuridad y las sombras. Ella vio la llegada de tres brujas, emblema y estandarte de la magia buena y pura... Tres brujas poderosas que serian capaces de desterrar las sombras y la magia oscura.

    Quiero confiar en su visión. Debo confiar en su visión... Es todo lo que tengo ahora. A pesar del miedo, a pesar del terror de los años que me han tocado vivir, debo creer que el mundo que vio mi madre es real. Aunque trescientos años nos separen de ese futuro, debo creer que ella tenía razón...

    Aunque cuesta creer que la magia blanca sobrevivirá si aun hemos de pasar nuestros días escondidas, proscritas... No a todas se nos da bien escapar de los cazadores de brujas...
    Ella vio un mundo mejor. Ella vio un mundo en que la magia blanca triunfaba sobre la oscuridad y las sombras. Ella vio la llegada de tres brujas, emblema y estandarte de la magia buena y pura... Tres brujas poderosas que serian capaces de desterrar las sombras y la magia oscura. Quiero confiar en su visión. Debo confiar en su visión... Es todo lo que tengo ahora. A pesar del miedo, a pesar del terror de los años que me han tocado vivir, debo creer que el mundo que vio mi madre es real. Aunque trescientos años nos separen de ese futuro, debo creer que ella tenía razón... Aunque cuesta creer que la magia blanca sobrevivirá si aun hemos de pasar nuestros días escondidas, proscritas... No a todas se nos da bien escapar de los cazadores de brujas...
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  • “Tinta y Mentiras”
    Estaba recostada en su cama, el ventilador girando perezoso sobre su cabeza, mientras la luz filtrada de la tarde caía sobre su cuerpo como si lo adorara. Tomó su teléfono, lo apuntó al espejo, y con un click congeló su reflejo: mirada felina, delineado afilado, cabello como una tormenta sin domar, y el tatuaje en su hombro izquierdo aún fresco, con el nombre de alguien que ya no debía recordar.

    —"Bonito error... el número trece" —murmuró para sí misma con una sonrisa torcida.

    Vivía sola en un departamento con paredes rayadas por grafitis y poesía. No creía en las reglas, ni en las promesas. Pero esa noche tenía una cita no escrita, un encuentro que venía gestándose hace días con ese tipo misterioso de chaqueta de cuero que le dejó un diseño en su bandeja de entrada junto a un mensaje críptico: “Solo tú puedes tatuarme esto.”

    Encendió una vela, se puso su cadenita de seguridad con una llave rota en la punta, y sacó su kit de agujas. El corazón le latía más fuerte de lo que admitía.

    —“Si viene, va a llevarse más que tinta bajo la piel…” —dijo mientras observaba su reflejo una vez más, sabiendo que la próxima historia no se escribiría con palabras, sino con marcas, susurros, y miradas peligrosas.
    “Tinta y Mentiras” Estaba recostada en su cama, el ventilador girando perezoso sobre su cabeza, mientras la luz filtrada de la tarde caía sobre su cuerpo como si lo adorara. Tomó su teléfono, lo apuntó al espejo, y con un click congeló su reflejo: mirada felina, delineado afilado, cabello como una tormenta sin domar, y el tatuaje en su hombro izquierdo aún fresco, con el nombre de alguien que ya no debía recordar. —"Bonito error... el número trece" —murmuró para sí misma con una sonrisa torcida. Vivía sola en un departamento con paredes rayadas por grafitis y poesía. No creía en las reglas, ni en las promesas. Pero esa noche tenía una cita no escrita, un encuentro que venía gestándose hace días con ese tipo misterioso de chaqueta de cuero que le dejó un diseño en su bandeja de entrada junto a un mensaje críptico: “Solo tú puedes tatuarme esto.” Encendió una vela, se puso su cadenita de seguridad con una llave rota en la punta, y sacó su kit de agujas. El corazón le latía más fuerte de lo que admitía. —“Si viene, va a llevarse más que tinta bajo la piel…” —dijo mientras observaba su reflejo una vez más, sabiendo que la próxima historia no se escribiría con palabras, sino con marcas, susurros, y miradas peligrosas.
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