• Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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  • ⟭⟬ Bitácora de experimento. Pt 2 ⟭⟬
    Sujeto CR-0001

    Día 10:
    CR-0001 comenzó a mostrar signos de descontrol al ser sometido a altos niveles de estrés. Su psique comenzó a fracturarse mientras más presión se le imponía. Indicó que aparecían números en su mente, números muy altos que comenzaban a descender mientras se le sometía a más estrés. Aún no sabemos qué ocurrirá cuando llegue al cero.

    Día 15:
    CR-0001 indica que los números continúan disminuyendo. Cada vez la cantidad va a la baja, aún no sabemos qué ocurrirá cuando llegue a cero. Se tomaron los signos vitales. La temperatura corporal volvió a rondar los 36.5. La psique vuelve a estar estable mientras no se le someta a un alto estrés. La investigación continúa.

    [...]

    Día 30:
    Algo colapsó. CR-0001 tuvo interacciones sociales con otras entidades. Aparentemente hubo una discusión, una pelea que no pudo evitar. Recibió bastantes golpes, todos fueron para evitar lastimar a su oponente.
    El contador llegó a cero.

    Según los registros, un aura glacial lo rodeó, ralentizando todo a su alrededor. Su temperatura corporal disminuyó drásticamente. Su psique fracturada se reestructuró solamente por la preocupación de haber causado daños graves a su contrincante.

    Día 35:
    CR-0001 cambió ligeramente su personalidad. Dejó de ser tan amable como originalmente, sus palabras se hicieron más medidas, cautelosas. También, se descubrió que posee la capacidad de generar hielo a voluntad. ¿Cuánto habrá perfeccionado la habilidad? No se sabe.

    Tras algunas pruebas intensivas se ha determinado que su temperatura corporal baja en el momento en el que comienza a hacer uso de sus recientemente descubiertas habilidades.

    ⟭⟬ Fin de la bitácora ⟭⟬

    Después de revisar los apuntes en la libreta, la guardó en el bolsillo del saco, la temperatura a su alrededor comenzó a disminuir significativamente. Tenues señales de escarcha se materializaron en sus manos, en las palmas, entre sus dedos.
    ⟭⟬ Bitácora de experimento. Pt 2 ⟭⟬ Sujeto CR-0001 Día 10: CR-0001 comenzó a mostrar signos de descontrol al ser sometido a altos niveles de estrés. Su psique comenzó a fracturarse mientras más presión se le imponía. Indicó que aparecían números en su mente, números muy altos que comenzaban a descender mientras se le sometía a más estrés. Aún no sabemos qué ocurrirá cuando llegue al cero. Día 15: CR-0001 indica que los números continúan disminuyendo. Cada vez la cantidad va a la baja, aún no sabemos qué ocurrirá cuando llegue a cero. Se tomaron los signos vitales. La temperatura corporal volvió a rondar los 36.5. La psique vuelve a estar estable mientras no se le someta a un alto estrés. La investigación continúa. [...] Día 30: Algo colapsó. CR-0001 tuvo interacciones sociales con otras entidades. Aparentemente hubo una discusión, una pelea que no pudo evitar. Recibió bastantes golpes, todos fueron para evitar lastimar a su oponente. El contador llegó a cero. Según los registros, un aura glacial lo rodeó, ralentizando todo a su alrededor. Su temperatura corporal disminuyó drásticamente. Su psique fracturada se reestructuró solamente por la preocupación de haber causado daños graves a su contrincante. Día 35: CR-0001 cambió ligeramente su personalidad. Dejó de ser tan amable como originalmente, sus palabras se hicieron más medidas, cautelosas. También, se descubrió que posee la capacidad de generar hielo a voluntad. ¿Cuánto habrá perfeccionado la habilidad? No se sabe. Tras algunas pruebas intensivas se ha determinado que su temperatura corporal baja en el momento en el que comienza a hacer uso de sus recientemente descubiertas habilidades. ⟭⟬ Fin de la bitácora ⟭⟬ Después de revisar los apuntes en la libreta, la guardó en el bolsillo del saco, la temperatura a su alrededor comenzó a disminuir significativamente. Tenues señales de escarcha se materializaron en sus manos, en las palmas, entre sus dedos.
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  • Paradógicamente el insignificante paso intrascendente de determinados sujetos por este monocromático sendero al que llaman vida, causa en mí una hastiada aunque perceptible sonrisa que denota excepcionalidad en mi ya conocida inexpresividad.
    Paradógicamente el insignificante paso intrascendente de determinados sujetos por este monocromático sendero al que llaman vida, causa en mí una hastiada aunque perceptible sonrisa que denota excepcionalidad en mi ya conocida inexpresividad.
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  • —He determinado que la biblioteca es un espacio con recopilación de información hecha por humanos representada de forma física, textual y visual: libros.

    Hay una sección que he detectado como relevante para mi adquisición de conocimientos sobre el comportamiento humano: Libros de crecimiento personal, motivación y autoayuda.

    He adquirido 19 libros, está recopilación tiene un 75% de probabilidades de mejorar mis capacidades interactivas y de procesamiento.

    Sin embargo, Keith, ingenuo e ignorante, no había analizado la posibilidad de que aquella cantidad de libros contenían ambigüedades que no sería capaz de cuantificar, ni procesar lógicamente. Un campo de minas de conceptos abstractos que incrementaría su inestabilidad de software...
    —He determinado que la biblioteca es un espacio con recopilación de información hecha por humanos representada de forma física, textual y visual: libros. Hay una sección que he detectado como relevante para mi adquisición de conocimientos sobre el comportamiento humano: Libros de crecimiento personal, motivación y autoayuda. He adquirido 19 libros, está recopilación tiene un 75% de probabilidades de mejorar mis capacidades interactivas y de procesamiento. Sin embargo, Keith, ingenuo e ignorante, no había analizado la posibilidad de que aquella cantidad de libros contenían ambigüedades que no sería capaz de cuantificar, ni procesar lógicamente. Un campo de minas de conceptos abstractos que incrementaría su inestabilidad de software...
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  • —bueno, ahora soy mujer por un tiempo indeterminado.. y conociéndo a los virgenes de mis "enemigos" van a tenerme aún mas miedo que antes, toco aprovecharlo a mi favor.
    *El conejo le da una calada a su cigarrillo, no puede evitar lamentarse mentalmente por lo que sea que lo llevo a volverse una woman, de todas formas incluso siendo mujer era muy pero que muy fea por lo que no cambio mucho*
    —y no pregunten como paso, gracias.
    —bueno, ahora soy mujer por un tiempo indeterminado.. y conociéndo a los virgenes de mis "enemigos" van a tenerme aún mas miedo que antes, toco aprovecharlo a mi favor. *El conejo le da una calada a su cigarrillo, no puede evitar lamentarse mentalmente por lo que sea que lo llevo a volverse una woman, de todas formas incluso siendo mujer era muy pero que muy fea por lo que no cambio mucho* —y no pregunten como paso, gracias.
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  • La noche era tan repetitiva. Siempre era lo mismo.
    Así que quiso hacer algo diferente.
    Se fue a lo más alto de los edificios, y comenzó a saltar entre los techos.

    Una cosa llevó a la otra.
    Lo único que le hacía sentir un poco de adrenalina, era pensar que debía evitar a toda costa dar un paso en falso.
    Sujetarse con fuerza.
    De lo contrario.. Todo podría ser fatal. -Si eso le hiciera daño-

    Una cosa llevó a la otra.
    Primero los techos, después, edificios cada vez más altos.
    La sensación del viento en su cara.
    Era algo que de por sí podía experimentar, pero no era igual.

    Esta era la poca emoción real que podía sentir en este tipo de ambientes.

    Se sujetó con firmeza, comenzó a subir piso tras piso lo alto del rascacielos.
    En determinado punto, se sujetó con una sola mano.
    Apoyó los pies con firmeza.
    Dio una mirada al vacío, tan movido como siempre.
    Autos pasando, gente seguramente caminando.

    La ciudad aún estaba activa.
    Aún estaba viva.
    Aún había ruido.

    Sonrió...

    ... Y se dejó caer.
    La noche era tan repetitiva. Siempre era lo mismo. Así que quiso hacer algo diferente. Se fue a lo más alto de los edificios, y comenzó a saltar entre los techos. Una cosa llevó a la otra. Lo único que le hacía sentir un poco de adrenalina, era pensar que debía evitar a toda costa dar un paso en falso. Sujetarse con fuerza. De lo contrario.. Todo podría ser fatal. -Si eso le hiciera daño- Una cosa llevó a la otra. Primero los techos, después, edificios cada vez más altos. La sensación del viento en su cara. Era algo que de por sí podía experimentar, pero no era igual. Esta era la poca emoción real que podía sentir en este tipo de ambientes. Se sujetó con firmeza, comenzó a subir piso tras piso lo alto del rascacielos. En determinado punto, se sujetó con una sola mano. Apoyó los pies con firmeza. Dio una mirada al vacío, tan movido como siempre. Autos pasando, gente seguramente caminando. La ciudad aún estaba activa. Aún estaba viva. Aún había ruido. Sonrió... ... Y se dejó caer.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Todo humano, o ser considera a Samael el angel de la muerte, pero es entonces donde uno, cree y etiqueta a otro con un determinado punto de vista, pero porque no, de igual manera, todos los ángeles tienen la habilidad de hacer aquel acto, todos son capaces, todos podemos hacerlo solo, solo no lo muestran.. Todos somos capaces
    Todo humano, o ser considera a Samael el angel de la muerte, pero es entonces donde uno, cree y etiqueta a otro con un determinado punto de vista, pero porque no, de igual manera, todos los ángeles tienen la habilidad de hacer aquel acto, todos son capaces, todos podemos hacerlo solo, solo no lo muestran.. Todos somos capaces
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    AVISO IMPORTANTE:

    Voy a estar unos días inactiva, debido a que, en mi país ya han comenzado las clases universitarias, y cómo estoy cursando ya el último año, la exigencia va a hacer muy hardcore. Si bien para los que están pendientes de nuestra historia y están participando en ella, queda por avisarles que el Arco de La Princesa del Inframundo está llegando a su fin para abrir el siguiente, en cuánto logre desocuparme un poco, podremos dar comienzo ya al tramo final del Arco, mis más sinceras disculpas por tardar en responder mis determinados turnos, pero pronto continuaremos con el rolplay, espero que tengan un excelente o que hayan tenido.
    AVISO IMPORTANTE: Voy a estar unos días inactiva, debido a que, en mi país ya han comenzado las clases universitarias, y cómo estoy cursando ya el último año, la exigencia va a hacer muy hardcore. Si bien para los que están pendientes de nuestra historia y están participando en ella, queda por avisarles que el Arco de La Princesa del Inframundo está llegando a su fin para abrir el siguiente, en cuánto logre desocuparme un poco, podremos dar comienzo ya al tramo final del Arco, mis más sinceras disculpas por tardar en responder mis determinados turnos, pero pronto continuaremos con el rolplay, espero que tengan un excelente o que hayan tenido.
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  • Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez.
    Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio.

    Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón.
    Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose.
    Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía...

    Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre...
    Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo.

    La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal.
    Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos.
    Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
    Las doradas cadenas envolvieron su cuello así como una serpiente constrictora a su presa, de nuevo su libertad arrebatada por un nuevo contrato pese a que sabía cuánto le había costado romper el que había formado con Rosie. Cuántos años tuvo que soportar el seguir órdenes que no le agradaban, saberse la mascota de alguien más para que, ahora libre, volviera a caer en garras angelicales esta vez. Y, sin embargo, en su interior se debatía el por qué aquellas cadenas que lo atrapaban ahora no se sentían tan pesadas como otras que portó. Por qué no las sentía asfixiantes alrededor de su cuello como se suponía debía ser... ¿Realmente había hecho aquello por poder? Tal y como Lucifer le había preguntado... ¿Realmente estaba tan desesperado por mantener lo obtenido como para rebajarse a vender su alma por la eternidad sin oportunidad de retorno está vez? Y aunque mantenía sus orejas abajo y de forma leve su ceño fruncido, cuando su mirada pasó de la cadena dorada a los ojos ajenos la respuesta había llegado tan rápido que incluso lo asustó; sí. Sí lo estaba. Más no estaba desesperado por retener en su alcance el poder que Lucifer le había dado, no, estaba desesperado por mantener al ángel a su lado así él tuviera que rebajarse a no más que cualquier miserable demonio. Antes de que su mente pudiera seguir dándole vueltas al asunto, sintió el tirón en su cuello que le hizo agacharse. Una acción que frunció su ceño y casi le arrebató un gruñido de desagrado... Casi. Pues antes de que un sólo sonido pudiera salir de sus labios se encontró silenciado. Sorprendido. De nuevo aquella suavidad de los labios ajenos sobre los suyos que apenas si le dejó abrir sus ojos ampliamente con sorpresa antes de verlo salir corriendo, siguiéndolo con su mirada hasta que desapareció por el balcón. Escuchó el aletear de sus alas hasta que el silencio volvió a rodearlo, observando la ventana abierta ya vacía, una suave ventizca que apenas movía las cortinas. Cuando una de sus manos ascendió, acariciando casi imperceptible sus labios de forma inconsciente, su sombra emergió a su lado mirándolo con una sonrisa. Ignorando su presencia y su mirada cuando tras varios minutos de pie en el mismo lugar logró dar un paso, alejándose. Sus pasos se sentían pesados ¿O tal vez eran livianos? Una mano en su pecho cuando comenzó a sentir su corazón latir acelerado ¿Por qué pasaba aquello? De nuevo las interrogantes, tal vez incluso la inseguridad o el estrés. Sus manos apoyándose con demasiada brusquedad sobre la superficie de su tocador cuando trastabilló al llegar, su respiración casi acelerada al no conseguir las respuestas a sus preguntas o tal vez no deseando admitirlas. Levantando su mirada, observando su reflejo en el espejo, logró ver el brillo dorado que ahora rodeaba su cuello. Una joyería delicada, preciosa y brillante que contrastaba demasiado con su estilo pero que, ahora, era un vivo recordatorio de a quién pertenecía... Una de sus manos se alzó, ascendiendo lentamente hasta que finalmente sus dedos rosaron la serpiente que rodeaba su cuello, acariciando la joyera como si temiera romperla... ¿Temiera romperla? De nuevo su ceño fruncido. ¿Cómo no quería que eso ocurriera? Si después de todo era la prueba de que ahora él no era un alma libre... Y su mirada pareció suavizarse, su sombra apareciendo de nuevo a su lado mirándole en silencio en lo que él bajaba su mano para servirse una copa de whisky y beber hasta el fondo antes de volver a ver su reflejo. A su mente llegó de nuevo aquel beso, ambos besos pero sin duda un poco más aquel más reciente. Su mano libre acarició sus propios labios aunque con más seguridad está vez. Sí, ahora le pertenecía a alguien y, aunque lo negara, la idea no le desagradara más no por el hecho de volverse mascota sino más bien por saber en manos de quién estaba... Y con ello también llegó una nueva frustración. Sí, ahora él pertenecía a Lucifer ¿Pero qué había del ángel? Pues él también lo quería en su poder más ya no para someterlo o dañarlo. Ni siquiera para humillarlo. La codicia que siempre lo había impulsado, aquella que siempre rugía ambrienta en su alma, de nuevo sintiéndose insatisfecha. Él que todo lo quería aunque todo lo tenía, esta vez anhelaba mucho más de lo que creyó imaginar alguna vez. Quería tener en su poder a Lucifer, quería tenerlo entre sus garras más no se refería a algo carnal. Al igual que el soberano tenía su alma, él quería la ajena. Quería su alma, sus pensamientos, su risa, su aliento, sus penas y su alegría... Quería su corazón y sus sentimientos. Su mirada brilló de un rojo intenso al ver una vez más su reflejo y su sombra sonrió a su lado. Aún a pesar del orgullo que no le permitía aún admitir una verdad tan cierta como la vida misma, ya tenía una meta que alcanzar pues, determinado, había decidido que quería a Lucifer.
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  • Me soprende mucho que los humanos, sean asi.de determinados con su decisiones ~
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