• El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana.
    Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía.

    Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores.
    El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes

    — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? —

    ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido.
    Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia.

    — Sabía que serías útil, gracias querido —

    Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras.
    La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar.

    Lilith había vuelto.
    El portal se abrió en medio de ciudad pentagrama atrayendo miradas sorprendidas. ¿Por qué allí? Si sus vacaciones iban a verse interrumpidas, al menos debía asegurarse de que su retorno fuera cuanto menos escandaloso; asegurarse que todos supieran que ella estaba allí. Aún si su plan de permanecer fuera algo temporal parecía que debía recordar quién era la reina de aquel lugar; la verdadera soberana. Que el cielo se enterara que había abandonado la tranquilidad y confort del Edén no era algo que le preocupara ¿Qué era un par de plumas menos en las engreídas alas de Sera? De todas formas sólo el propio narcisismo de los ángeles pudo haberlos engañado con una verdad tan falsa como podía serlo ella; que la tenían como prisionera. Jamás lo había sido. ¿Cómo atraparla si no fue ella misma quien decidió dejarse atrapar para tomarse un descanso? Si es que algún plan de doble sentido impulsado por sus propias ambiciones no era el motivo real, claro. Aunque eso era algo que sólo ella sabía. Cruzó el portal aún con el atuendo tan casual que llevaba desde el jardín celestial; sin molestarse en quitarse sus gafas o su sombrero. Ignorando por completo las mandíbulas caer en los pecadores a su alrededor que habían presenciado su aparición, incluso algún otro que se había agotado con su bebida o los ojos desorbitados en sus espectadores. El silencio sepulcral en las calles infernales mientras el portal se cerraba detrás de ella. Sólo el resonar de sus tacos con aquel cautivador andar mientras se acercó al primer desdichado que encontró que parecía anonadado por su presencia y... Honestamente ¿Cómo culparlo? Con un dedo de su mano apenas si rozó el cuello del demonio, ascendiendo hasta su mentón para obligarle a mantener la mirada en alto aunque jamás se molestó en bajarse los lentes — Ow, mi pobre, desdichada y casi inútil alma pecadora... La fortuna parece haberte sonreído pues tendrás la oportunidad de ayudarme. ¿Por qué no me dices dónde está el hotel de mi adorada e ingenua hija? — ¿Podía saber aquella información por su propia cuenta? Por supuesto, pero dónde estaría la diversión si lo hiciera aquello era por mucho más entretenido. Temblando cual gelatina, con evidente sudor, con unos nervios que parecían superar los de un perro rosado y un tartamudeo aún peor que los de un puerquito con traje; acabó por señalarle el camino. Su encantadora sonrisa en su rostro mientras al alejarse le lanzaba un beso desde la distancia. — Sabía que serías útil, gracias querido — Con su cabello que parecía ondear en una brisa inexistente, siguió alejándose por las calles infernales en un andar casi hipnotizante como su misma apariencia. Atrajo miradas y estaba segura que incluso la de cámaras. La expresión perpleja en el rostro de todos mientras, tras salir del trance, el rumor comenzaba a esparcirse; en voz alta, en redes, en cada lugar donde la noticia pudiera llegar. Lilith había vuelto.
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  • Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada.

    Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor.

    Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón.

    Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado.

    ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
    Cada siglo, aproximadamente, Kazuo decide tomar las riendas de un caballo y comenzar un viaje que se prolongaría por una larga temporada. Ahora más que nunca, ya que no encontraba las respuestas provenientes de los dioses, decidió que era momento de hacer un viaje. Aunque él era capaz de viajar entre épocas y mundos a través de los bosques, le gustaba el hecho de la travesía. Le ayudaba a pensar y a ser más consciente del mundo actual que le rodeaba. Pasaba siglos en el templo con interacción mínima humana, así que ver mundo para saber cómo actuaba este, en aquel momento, en ese tiempo, era enriquecedor. Eso no quería decir que dejase su tarea de mensajero. Podía volver al templo desde donde fuera siempre que fuera necesario, al igual que encontrarse con aquellos a los que estaba ligado por alguna razón. Pero necesitaba ese viaje... Necesitaba encontrar eso que había perdido, al menos, sanar aquello que no sabía que debía ser sanado. ¿Qué nuevos lugares, aventuras o personas conocería en esta travesía?
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  • Thamyr
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    ╰─── Fiadh ˢᵉˡᵏⁱᵉ

    ────────── ☼ ──────────

    En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis.

    Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros.

    Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta.

    Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez.

    Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo.

    Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
    ╰─── [Fiadh_Selkie] ────────── ☼ ────────── En Nazarkh, un imperio de oriente, ubicado en medio del desierto, habían diferentes maravillas e historias por las que turistas de todos lados llegaban para contemplar. Una de las actividades más importantes era el pasar por el Gran Mercado, lugar construído en el gran oasis Thamyr. Era el punto medio antes de llegar a la capital, Oradis. Para llegar allí se debían seguir senderos marcados, pues de desviarse de ellos era muy fácil perderse entre las grandes montañas de arena y, por ende, en las Dunas de Karesh, donde se decía habitaban criaturas enormes, como leones de arena, o las serpientes gigantes por las noches, entre otros. Al ser un punto muy turístico era común ver todo tipo de comerciantes y puestos: comidas, telas, metales, artesanías, plantas, cristales, etc. En ese momento era la época donde llegaban muchos pescadores para brindar lo mejor que lograron conseguir, así que las caravanas iban repletas de mariscos bien conservados para la venta. Zarukhan, que prefería estar lejos del palacio y de la capital en general, siempre tomaba la más mínima oportunidad para escaparse. Pero debía ser cuidadoso para que nadie lo notara, en especial los guardias, o iba a tener que volver y escuchar una de las miles reprimendas del sultán o de los sacerdotes, a veces ambos a la vez. Se vistió con ropas oscuras a pesar del calor y el sol a mitad del cielo, pero eran colores diferentes a los que solía vestir. Menos adornos y bordados, pero manteniendo algunos accesorios para no verse extraño entre la multitud. Lo más difícil era cubrir sus ojos dorados que podrían delatarlo al instante, así que utilizaba una especie de velo sobre ellos que apaciguaba el brillo. Había escapado temprano ese día, queriendo estar presente cuando las caravanas con la mercancía llegara, siempre le había interesado ver cómo entre las personas regateaban o conversaban porque sí, muchos con historias que él mismo deseaba experimentar por cuenta propia. Por tal razón, y estando ya en el Gran Mercado, se paseó entre dichos transportes mientras iban bajando la mercadería, a veces ayudando si veía a alguien con dificultad para bajar las cajas o barriles.
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  • Entre olas y cócteles
    Fandom Hellaverse Crossover
    Categoría Otros
    En un "humilde" intento de ayudar a su pequeña manzanita con las actividades del hotel y toda esa parafernalia infernal de la que necesitaban escapar por lo menos 1 vez cada tanto tiempo, se tomó la libertad de organizar un día de playa en el mundo humano.

    No era secreto que, entre las playas más hermosas, Cancún-México era de envidiar y, justamente ahí, su aventura comenzaría en Isla Mujeres.

    Un enorme portal se abrió para dejar paso a la arena blanca y fina, casi como la nieve, un agua tan azul pero cristalina a la vez que parecía fundirse perfectamente con el cielo y no saber donde empezaba cada uno, el oleaje suave, el aroma salado del mar y la fresca brisa que perfectamente armonizaba con el calor a su alrededor.

    —¡Muy bien, todos! ¿Listos para un fin de semana playero?~

    Claro, él no era el mejor anfitrión y eso se notaba a leguas, pero el esfuerzo y deseo por hacer de esos días algo maravilloso estaba presente.
    Para su suerte, la temporada del año no dejaba a demasiados turistas humanos alrededor, por lo que estaban seguros al ser demonios venidos del infierno, pero eso no quitaba un posible encontronazo.

    ¿Quién sabe? Quizá no solamente humanos, también otro tipo de criaturas que hayan decidido llegar a vacacionar como ellos.
    En un "humilde" intento de ayudar a su pequeña manzanita con las actividades del hotel y toda esa parafernalia infernal de la que necesitaban escapar por lo menos 1 vez cada tanto tiempo, se tomó la libertad de organizar un día de playa en el mundo humano. No era secreto que, entre las playas más hermosas, Cancún-México era de envidiar y, justamente ahí, su aventura comenzaría en Isla Mujeres. Un enorme portal se abrió para dejar paso a la arena blanca y fina, casi como la nieve, un agua tan azul pero cristalina a la vez que parecía fundirse perfectamente con el cielo y no saber donde empezaba cada uno, el oleaje suave, el aroma salado del mar y la fresca brisa que perfectamente armonizaba con el calor a su alrededor. —¡Muy bien, todos! ¿Listos para un fin de semana playero?~ Claro, él no era el mejor anfitrión y eso se notaba a leguas, pero el esfuerzo y deseo por hacer de esos días algo maravilloso estaba presente. Para su suerte, la temporada del año no dejaba a demasiados turistas humanos alrededor, por lo que estaban seguros al ser demonios venidos del infierno, pero eso no quitaba un posible encontronazo. ¿Quién sabe? Quizá no solamente humanos, también otro tipo de criaturas que hayan decidido llegar a vacacionar como ellos.
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  • Blanca y amarilla. Ambas redondas. Una es dos veces al día, la otra solo uno. Llevaba demasiado tiempo con ambas y no lograban hacer el efecto acordado.

    —Te sentirás somnolienta, quizás tu mente trabaje más lento y tengas movimientos algo torpes. La Quetiapina debes tomarla solamente cuando vayas a dormir porque te va a causar mucho sueño, ¿de acuerdo? —eso fue lo que el doctor le dijo la primera vez que le fueron recetadas las pastillas. En ese entonces eran dosis más bajas, pero ni siquiera al subirlas o cambiarles los compuestos sirvieron para disminuir sus alucinaciones.

    Estaba harta. No solo no prevenían sus ataques más intensos, si no que tampoco se sentía como le dijeron que iba a sentirse. Por el contrario, muchas veces estaba más alerta y el cansancio era causado más que nada por la falta de sueño al estar despierta la mayoría de las noches. Nunca lograba dormir ocho horas, ni siquiera dos que fueran de forma continua.

    La 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 idea de tomar más de las indicadas a veces cruzaba su mente, pero terminaba con consecuencias graves, usualmente sangrado. En contadas ocasiones fueron desmayos repentinos luego de varias horas de haberlas tomado.

    Justo en ese momento había comenzado a sangrar su nariz y, al toser, también salió un poco de sangre por su boca. Iba a tener que llamar al trabajo para tomarse esa noche, adelantándose al posible hecho que podría caer inconsciente.

    Quiso llamar a su tío para que estuviera con ella en ese caso, pero sabía que él no iba a responder o, en el mejor de los casos, desacreditaría la urgencia y le diría que estaba exagerando. En momentos así deseaba tener a alguien a quien acudir por ayuda, por refugio, pero no tenía a nadie.

    En todo caso, iba a tener que avisar que le cambien las recetas... o quizá debía cambiar de doctor... 𝙤𝙩𝙧𝙖 𝙫𝙚𝙯. Tal vez no sería mala idea empezar a buscar, aunque ya se conocía a varios.
    Blanca y amarilla. Ambas redondas. Una es dos veces al día, la otra solo uno. Llevaba demasiado tiempo con ambas y no lograban hacer el efecto acordado. —Te sentirás somnolienta, quizás tu mente trabaje más lento y tengas movimientos algo torpes. La Quetiapina debes tomarla solamente cuando vayas a dormir porque te va a causar mucho sueño, ¿de acuerdo? —eso fue lo que el doctor le dijo la primera vez que le fueron recetadas las pastillas. En ese entonces eran dosis más bajas, pero ni siquiera al subirlas o cambiarles los compuestos sirvieron para disminuir sus alucinaciones. Estaba harta. No solo no prevenían sus ataques más intensos, si no que tampoco se sentía como le dijeron que iba a sentirse. Por el contrario, muchas veces estaba más alerta y el cansancio era causado más que nada por la falta de sueño al estar despierta la mayoría de las noches. Nunca lograba dormir ocho horas, ni siquiera dos que fueran de forma continua. La 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 idea de tomar más de las indicadas a veces cruzaba su mente, pero terminaba con consecuencias graves, usualmente sangrado. En contadas ocasiones fueron desmayos repentinos luego de varias horas de haberlas tomado. Justo en ese momento había comenzado a sangrar su nariz y, al toser, también salió un poco de sangre por su boca. Iba a tener que llamar al trabajo para tomarse esa noche, adelantándose al posible hecho que podría caer inconsciente. Quiso llamar a su tío para que estuviera con ella en ese caso, pero sabía que él no iba a responder o, en el mejor de los casos, desacreditaría la urgencia y le diría que estaba exagerando. En momentos así deseaba tener a alguien a quien acudir por ayuda, por refugio, pero no tenía a nadie. En todo caso, iba a tener que avisar que le cambien las recetas... o quizá debía cambiar de doctor... 𝙤𝙩𝙧𝙖 𝙫𝙚𝙯. Tal vez no sería mala idea empezar a buscar, aunque ya se conocía a varios.
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  • ────En este lugar dicen que si una ola trae algo directamente hasta tus pies, es porque estaba destinado para ti. Y justo esa acaba de dejarme una caracola pequeña. Creo que el océano decidió regalarme un poquito de suerte. Y ya tengo planes para ella; la convertiré en un collar. Nunca se sabe cuando se necesita un poco de ayuda extra en las audiciones... y ey, siempre viene bien llevar algo bonito que complemente un buen outfit.
    ────En este lugar dicen que si una ola trae algo directamente hasta tus pies, es porque estaba destinado para ti. Y justo esa acaba de dejarme una caracola pequeña. Creo que el océano decidió regalarme un poquito de suerte. Y ya tengo planes para ella; la convertiré en un collar. Nunca se sabe cuando se necesita un poco de ayuda extra en las audiciones... y ey, siempre viene bien llevar algo bonito que complemente un buen outfit.
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  • Una Noche para no Olvidar
    Fandom Los Bridgerton
    Categoría Drama
    Fuera otra semana más en la que la lluvia es la protagonista absoluta, casi no recuerdo cuando fue la última vez que vi salir el sol en todo el terreno Kilmartin.
    Desde nuestro improvisado regreso al principio Michael Stirling nos evitaba en todo momento, sobre todo a mí.
    Han sido semanas muy intensas, donde todos hemos tenido que dar nuestro brazo a torcer (sobre todo mi primo y yo)
    Mi esposa Francesca Stirling es el pegamento que nos ayuda a seguir manteniéndonos juntos, vuelvo alejarme de la ventana al escuchar su voz.
    Una de nuestras doncellas hace su entrada en el salón llevando una bandeja de plata donde encima lleva el juego completo de té.
    -Muchas gracias, es muy amable.
    Respondo con amabilidad a la mujer tomando asiento en mi sillón favorito, prestando atención en la conversación entre mi primo y mi esposa.
    Fuera otra semana más en la que la lluvia es la protagonista absoluta, casi no recuerdo cuando fue la última vez que vi salir el sol en todo el terreno Kilmartin. Desde nuestro improvisado regreso al principio [WStirling] nos evitaba en todo momento, sobre todo a mí. Han sido semanas muy intensas, donde todos hemos tenido que dar nuestro brazo a torcer (sobre todo mi primo y yo) Mi esposa [Ladykilmartinn] es el pegamento que nos ayuda a seguir manteniéndonos juntos, vuelvo alejarme de la ventana al escuchar su voz. Una de nuestras doncellas hace su entrada en el salón llevando una bandeja de plata donde encima lleva el juego completo de té. -Muchas gracias, es muy amable. Respondo con amabilidad a la mujer tomando asiento en mi sillón favorito, prestando atención en la conversación entre mi primo y mi esposa.
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    Terminado
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  • //Todas mis escenas están abiertas a participar en rol a no ser que indique que son cerradas. Aunque soy de individual, no me importa que sea más de un perdonaje, pero que conecten las acciones entre sí y marcar un orden de turno //

    El zorro seguía sin respuesta. Ni el alcohol ni el opio ayudaron a llenar ese vacío. Quizás lo aliviaron momentáneamente.

    Pero no era suficiente.

    Él era mensajero, un puente entre el reino de los Kamis y el mundo mortal. Se encargaba como zorro celestial de recoger las plegarias de los humanos para entregarlas a Inari.

    Él jamás pedía nada para sí mismo. Sentía que había sido más que honrado con su "bendición", con ese poder que nunca pidió pero que por alguna razón le fue concedido.

    Pero ese día formuló una plegaria. Necesitaba respuestas: ¿Qué era ese vacío?, ¿Por qué sentía que le habían arrancado parte de algo que era suyo?, partes que no lograba recordar, y de intentarlo el dolor en su cabeza y pecho se volvía insoportable.

    Pero no tuvo respuestas...

    Pensó en ir directamente al mundo de los espíritus y pedir audiencia a los Kamis en perdón. Pero no había vuelto a ir ni verlos desde aquella vez que fue azotado por desobediencia.Dudaba que sus actos hubiesen sido perdonados en su totalidad como para merecer pedirle algo a los dioses.

    Espero allí, esperaría toda la noche si hiciera falta, en busca de esa respuesta.
    //Todas mis escenas están abiertas a participar en rol a no ser que indique que son cerradas. Aunque soy de individual, no me importa que sea más de un perdonaje, pero que conecten las acciones entre sí y marcar un orden de turno 🙏// El zorro seguía sin respuesta. Ni el alcohol ni el opio ayudaron a llenar ese vacío. Quizás lo aliviaron momentáneamente. Pero no era suficiente. Él era mensajero, un puente entre el reino de los Kamis y el mundo mortal. Se encargaba como zorro celestial de recoger las plegarias de los humanos para entregarlas a Inari. Él jamás pedía nada para sí mismo. Sentía que había sido más que honrado con su "bendición", con ese poder que nunca pidió pero que por alguna razón le fue concedido. Pero ese día formuló una plegaria. Necesitaba respuestas: ¿Qué era ese vacío?, ¿Por qué sentía que le habían arrancado parte de algo que era suyo?, partes que no lograba recordar, y de intentarlo el dolor en su cabeza y pecho se volvía insoportable. Pero no tuvo respuestas... Pensó en ir directamente al mundo de los espíritus y pedir audiencia a los Kamis en perdón. Pero no había vuelto a ir ni verlos desde aquella vez que fue azotado por desobediencia.Dudaba que sus actos hubiesen sido perdonados en su totalidad como para merecer pedirle algo a los dioses. Espero allí, esperaría toda la noche si hiciera falta, en busca de esa respuesta.
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  • Ayer fuimos Thomas y yo a visitar el hogar de mi cuñado para ver como se encuentra Anne, entre todos vamos ayudarlos.
    Sergio no puede hacerse cargo aunque diga lo contrario, he tenido suerte ya que me han podido dar cita en la peluquería a la que suelo ir.
    Me tratan como una reina, saben tratar muy bien mi cabello y a muchos los conozco de bastante tiempo.
    Este cambio la idea empezó a rondarme desde antes del día de mi boda, además echaba de menos volver a ese tono.
    Lo lleve con anterioridad y me gustaba mucho como me quedaba.
    Ayer fuimos Thomas y yo a visitar el hogar de mi cuñado para ver como se encuentra Anne, entre todos vamos ayudarlos. Sergio no puede hacerse cargo aunque diga lo contrario, he tenido suerte ya que me han podido dar cita en la peluquería a la que suelo ir. Me tratan como una reina, saben tratar muy bien mi cabello y a muchos los conozco de bastante tiempo. Este cambio la idea empezó a rondarme desde antes del día de mi boda, además echaba de menos volver a ese tono. Lo lleve con anterioridad y me gustaba mucho como me quedaba.
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  • El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más.

    Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío...

    A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo.

    Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada.


    ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar.

    -Maldita sea…

    Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor.

    Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad.

    —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies.

    -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona.

    Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice.

    -No te burles. Sigo trabajando.

    Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo.

    -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial.

    Daryl frunció el ceño.

    -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió.

    -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice.

    Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio.

    Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido.

    -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice.

    Kate sonrió también.

    —Claro -canturreó- Suerte.

    Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más.



    ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera.

    Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
    El sol caía pesado y desalentador sobre aquella carretera vacía perdida de la mano de Dios en Georgia. El calor llegaba a levantar ondas en el asfalto, dotando al escenario de una sensacion similar a la de caminar por el desierto, y el silencio se adheria al paisaje como un caminante más. Daryl caminaba sin prisa, la ballesta colgaba de su hombro y él mantenia la mirada fija en algún punto del camino, intentando mantenerse sereno, mantenerse cuerdo. Desde lo que habia ocurrido en la Terminal, dias atrás, todo parecía distinto. Más duro, vacío... A veces el camino hacía eso, pensó Daryl para sí, te dejaba demasiado espacio para pensar. Por lo que no era de extrañar que el recuerdo acudiera a su memoria sin previo aviso, sorprendiéndole incluso a él mismo. Primero el olor. Gasolina vieja, aceite, y el del metal caliente bajo el sol. Después acudió el ruido de herramientas golpeando el cemento y generando esa ligera vibración acerada. ··· El patio de la prisión estaba tranquilo aquella tarde, lo cual era casi un milagro teniendo en cuenta el aumento de la población en esta las ultimas semanas. Daryl tenía la moto, unica herencia de su hermano Merle (si podia considerarla tal) medio desmontada delante de él, con piezas esparcidas por todos lados a su alrededor como si hubiera explotado sobre el suelo. El sureño tenía las manos negras, manchadas de grasa mientras forcejeaba con una puñetera junta que no hacía la labor de encajar. -Maldita sea… Golpeó, con cierta frustración la llave inglesa contra el cemento y volvió a inclinarse sobre el motor. Aquel trasto era importante para él. Más de lo que nunca admitiria en voz alta. Porque... ¿qué imbécil se apegaba a objetos materiales en los tiempos que corrian? Pero para Daryl simbolizaba demasiadas cosas. Era velocidad. Ruido. Y, sobre todo libertad. —Llevas media hora peleándote con eso -dijo una voz desde su espalda. Al reconocerla, Daryl alzó apenas la cabeza y la vio acercarse: Kate, con los brazos cruzados delante del pecho, la mirada curiosa y una ligera sonrisa divertida, mientras observaba el desastre mecánico a sus pies. -¿Vas a arreglarla o vas a seguir gruñéndole?- preguntó burlona. Daryl soltó un bufido gruñón pero claramente complice. -No te burles. Sigo trabajando. Kate dio un paso más y se agachó a su lado, mirando el motor como si de verdad supiera lo que estaba viendo. -Claro -dijo con calma- Eh, no te juzgo. Tiene pinta de estar yendo genial. Daryl frunció el ceño. -¿Nunca te han dicho que eres muy graciosa? -le preguntó. Con el paso de los meses juntos, Kate ahora podia entender que el tono de la voz de Daryl no era mosqueado ni enfadado, tan solo concentrado. Así que, con intención de ayudar al arquero, Kate cogió una de las piezas del suelo y se la tendió. -Creo que esto va ahí -señaló la morena con su dedo indice. Daryl detuvo su tarea y la miró un segundo… luego miró la pieza… y luego, volvio a mirar a Kate. Tomó la pieza que su novia le tendía y, finalmente, la encajó en su sitio. Se hizo un breve silencio tan solo roto por la risita suave de Kate, en tono triunfal cuando la junta del motor hizo un pequeño clic debido al perfecto ajuste de la pieza. Daryl levantó una ceja, sorprendido. -Bueno, has tenido suerte -dijo, y terminó por esbozar una sonrisa cómplice. Kate sonrió también. —Claro -canturreó- Suerte. Durante un momento permanecieron así, sentados en el suelo del patio de la prisión, rodeados de herramientas y piezas de moto. Desde una de las torres se oían voces lejanas de los demás. Por un instante… todo parecía normal, tranquilo, como si la vida siempre fuera a ser asi de calmada hasta el final. Como si el mundo no fuera a irse a la mierda nunca más. ··· El recuerdo se rompió en cuanto a los oidos de Daryl llegó el ligero gemido moribundo de un caminante entre los árboles. El sureño volvió al presente. Parpadeó una vez, apartando aquella imagen de su mente y le dedicó un ligero silbido a Kate tratando de llamar su atención para que se hiciera cargo del segundo caminante que ahora entraba en la carretera. Por su parte, Daryl se quitó la ballesta, cargó una flecha... apuntó certeramente contra el primer caminante y... disparó.
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